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jueves, 26 de junio de 2014

LA TOMA DE TERRITORIOS EXTREMEÑO-ALENTEJANOS Y EL FRACASO EN BADAJOZ DE GERALDO SEM PAVOR
MOISÉS CAYETANO ROSADO
En Badajoz, la ciudad más poblada de Extremadura, como en Évora, la mayor de nuestro vecino Alentejo, tenemos un personaje que en la lejana Edad Media efectuó sus correrías, como por gran parte de nuestras dos regiones. En el caso de Évora, con un triunfo definitivo contra los musulmanes, incorporándola al recién fundado Reino de Portugal; en el caso de Badajoz, con un fracaso estrepitoso, que supuso la no incorporación a su Corona de nuestra ciudad y de buena parte de los territorios extremeños.
Vamos, por ello, a aproximarnos sucintamente al conocimiento de este personaje y de sus correrías por nuestras dos regiones, hasta su definitivo apartamiento.
GERALDO EN EL TERRITORIO EXTREMEÑO-ALENTEJANO.
Geraldo era un caballero portugués que nació alrededor de 1132 y estuvo al servicio de D. Afonso Henriques, primer rey de Portugal, con el que tuvo unas iniciales desavenencias que se esforzó en limar conquistando para D. Afonso importantes territorios -aunque algunos efímeramente o incluso de forma simbólica- como: Serpa, Moura, Monsaraz, Évora y Juromenha en Portugal, y Trujillo, Santa Cruz de la Sierra, Cáceres, Montánchez, Lobón y Badajoz, en España.
La “Chrónica Gothorum” se refiere a sus tropas como bando de ladrões, que fazia a guerra por conta própia y Giraldo cognominato sine pauore, et latronibus sociis eius. La “Crónica de la Monarquía Lusitana”, de Frei António Brandão, en el siglo XVI, por contra, lo tilda de hum Cavaleiro muy esforçado”, si bien reconoce que ganhava o necessario a ponta da lança.
Los más importantes historiadores portugueses del siglo XIX -Alexandre Herculano y Oliveira Martins- lo tachan de  jefe de companhias de bandidos. Otros, como David Lopes o José Pires lo comparan con El Cid Campeador. Uno de los más conocidos investigadores lusos de finales del siglo XX y principios del XXI, José Hermano Saraiva, recoge ambas versiones, sin arriesgarse a emitir un juicio propio
En España, los historiadores José Luis Martín y María Dolores García, en el tomo II de la “Historia de Extremadura” indican que es un noble portugués que en 1165 conquistó Trujillo, Évora y Cáceres, y un año después Montánchez, Serpa, Juromenha y hasta planeaba la conquista de Badajoz. Algo más explícitos son los responsables de los capítulos de “Historia Medieval” (Julián Clemente, José Luis de la Montaña y Ángel Bernal) en “Extremadura: la historia”, reconociendo que llega a dominar la ciudad de Badajoz, aunque no consigue conquistar la Alcazaba, enfrentado a los almohades que tienen el apoyo en ello del rey leonés Fernando II. La conquista de la capital pacense -dicen- suponía prácticamente el control de la Extremadura musulmana. Estos historiadores se deciden por acusar a Geraldo de “aventurero”, al tiempo que lo llaman “el Cid luso”.
FRACASO EN BADAJOZ.
Fernando II de León, yerno de D. Afonso Henriques, tenía pacto de mutua defensa con los almohades, gozando por ello Badajoz de su protección. A pesar de ello, Geraldo Sem Pavor convenció a D. Afonso para tomar la ciudad, consiguiendo apoderarse de los arrabales y cercar la Alcazaba en mayo de 1169, algo que ya había intentado en el año anterior.
El rey leonés se presentó con sus huestes, atacando desde fuera a su suegro, al tiempo que los musulmanes lo hacían desde la fortificación, donde D. Afonso Henriques había conseguido entrar. Al verse cercado, intenta la huída a caballo, pero al pasar por una de las puertas se hiere gravemente, rompiéndose una pierna al tropezar con uno de los cerrojos de la misma y caerse del caballo, siendo apresado por los leoneses y quedando prisionero de Fernando II.
D. Afonso es atendido de sus heridas en la Corte de su yerno, si bien nunca recuperará la agilidad que le permita volver a cabalgar. A raíz de ello, a cambio de su liberación -como la de Geraldo, que también había sido hecho prisionero-, ha de devolver a Fernando las plazas extremeñas conquistadas, fijándose los terrenos de frontera luso-extremeña y en definitiva hispano-portuguesas.
Así, el fracaso en la toma de Badajoz va a significar el freno a las conquistas de Portugal en los territorios actuales de Extremadura, al tiempo que la pérdida de confianza de su rey en Geraldo Sem Pavor.

Geraldo pasará posteriormente al servicio de los musulmanes. Murió en territorio del actual Marruecos, acusado de traición por sus nuevos aliados: acabaron con su vida temiendo que mantuviera pacto secreto con D. Afonso para avanzar en sus conquistas en terreno aún bajo dominio islámico en el suroeste de nuestra Península.

jueves, 28 de noviembre de 2013

ACUEDUCTO DA ÁGUA DA PRATA: UN PASEO CON GERALDO SEM PAVOR
Moisés Cayetano Rosado
Inaugurado el 28 de marzo de 1537, las el Aqueduto da Água da Prata de Évora fue construido en tiempo record: solamente duraron seis años las obras; casi un centenar tardó en hacerse el de Amoreira, de Elvas.
Bajo la dirección del arquitecto real Francisco de Arruda -el mismo que inició el elvense-, trae sus aguas desde donde hoy tenemos el Barragem do Divor, al sur de Arraiolos, descendiendo al sureste hasta Évora, con casi 19 kilómetros de recorrido.
A pesar de esta considerable extensión -como ocurre con el de Amoreira, y como es común a todos los acueductos-, la mayor vistosidad la adquiere en los valles, que en ambos casos citados corresponde precisamente con la entrada a la ciudad.
Así, el Acueducto da Água da Prata resulta especialmente atractivo en sus últimos dos kilómetros antes de entrar en la población, que es además el tramo más antiguo de los conservados, pues corresponde a la restauración del siglo XVII (tras los desperfectos ocasionados por la Guerra de Restauração, de 1640-1668). Los tramos anteriores son mitad subterráneos y la otra mitad fueron reconstruidos en el siglo XIX.
Este tramo final se prolonga en el interior de la ciudad, donde se conservan las arquerías -si bien algunas están solapadas por las construcciones urbanas-, llegando hasta la plaza central, la Praça do Giraldo, donde una excelente fuente de mármol blanco, con ocho caños (Fonte Henriquina, por el cardenal D. Henrique, rey de Portugal, que la mandó construir) sustituyó a la anterior -más modesta- antes de finalizar el siglo XVI.
Curiosamente, todo este espacio monumental -de arquerías airosas, levantadas en granito bien tallado, con espaciosos arcos de medio punto alzados sobre enormes pilares reforzados-, que va desde el Convento de S. Bento de Castris hasta la Praça do Giraldo, además de su belleza artística y complejidad técnica admirable, constituye un espacio digno de recorrer, en un paseo de 2’5 kilómetros (0’5 kms. en el interior de la ciudad) que nos hará rememorar las hazañas del guerrero cuyo nombre lleva la Praça, y que montado a caballo enarbola una espada ensangrentada, con dos cabezas cortadas a los lados: Giraldo Sem Pavor.
Al servicio del primer rey de Portugal -D. Afonso Henriques-, conquistó la ciudad a los musulmanes en 1165. Legendario guerrero cuyas peripecias se asemejan a las del Cid español, llegó incluso a invadir ciudades extremeñas como Trujillo, Cáceres, Montánchez, Santa Cruz de la Sierra, Badajoz y Lobón. Tenía su cuartel general en Juromenha, y la toma de Évora está envuelta en la leyenda.
Según las crónicas del siglo XVI (de Frei António Brandão y Mestre André de Rezende), estando Évora en una planicie descubierta, solamente una atalaya de S. Bento (donde está el Convento de S. Bento de Castris) era el punto estratégico de avistamiento de enemigos. Pero Geraldo aprovechó que el moro que vigilaba había cedido su puesto a su propia hija para retirarse a descansar, escaló la torre y degolló a la muchacha, haciendo lo mismo a continuación con su padre. Entonces, pudo hacer desde allí señales falsas a los servidores musulmanes de la plaza, que salieron en persecución de una partida de soldados que Geraldo dispuso para distraerlos, en tanto conseguía, en la confusión, entrar en la ciudad fortificada, apoderándose de ella.
Es una tentación, por ello, ir desde el Convento de S. Bento (cisterciense, del siglo XIII) a la Praça do Giraldo, siguiendo el Acueducto, que tras el anterior pasa al lado del Convento da Cartuxa (renacentista y barroco) y penetra en el Forte abaluartado de S. António (del siglo XVII).
Así, seguimos la ruta de leyenda de um esforçado capitão (en palabras de un investigador: Manuel de Carvalho Moniz -1966-) o um bandido que tinha por culto apenas a ladroagem (en palabras de otro: Oliveira Martins -1879-). Un Cid portugués, en suma, según otro más (David López-1940-). Disfruten del doble tesoro: la ruta y la leyenda de Geraldo -o Giraldo- Sem Pavor.

miércoles, 16 de octubre de 2013

LA APOSTURA ENCUMBRADA DEL CASTILLO DE PALMELA
Moisés Cayetano Rosado
La mole del castillo de Palmela se encuentra a unos 5 kilómetros del estuario del río Sado y poco más de 15 del que forma el Tajo frente a Lisboa, ambos ante el Océano Atlántico. Ubicado en lo alto de un promontorio de la Serra da Arrábida, a 240 metros sobre el nivel del mar cercano, vigila el casco urbano de la localidad y domina una amplísima panorámica de los alrededores.
Allá los musulmanes realizan la primera fortificación entre los siglos VIII y IX, siendo ampliada notablemente entre los siglos X y XII. Conquistada por el rey D. Afonso Henriques a mediados del siglo XII,  se realizaron importantes obras de refuerzo. Su sucesor, D. Sancho I, cede la población y sus dominios a la Orden Militar de Santiago en 1186; en los años finales del siglo cayó bajo el poder de los almohades, pero de nuevo pasa a la Orden en los primeros años del siglo  XIII.
La muralla interior, primero de los tres perímetros defensivos que integran el complejo, data de los tiempos de este dominio santiaguista. La torre del homenaje se levantó a principios del siglo XIV, reinando en Portugal D. Dinis (1279-1325), bajo cuyo reinado se realizaron gran cantidad de fortificaciones y se completaron otras anteriores en el área de Lisboa y Alentejo.
Ya durante el reinado de D. João I se procedió a las obras de ampliación y consolidación del castillo (1423), construyéndose la Iglesia -de estilo tardogótico- y Convento, donde se instaló la Orden de Santiago a partir de 1443,  hasta 1834 en que se extinguen las órdenes en Portugal. Todo el legado patrimonial, artístico-monumental interior que hoy disfrutamos, está configurado desde esos tiempos del final del Medievo.
En el siglo XVII, a lo largo de la Guerra de Restauración con España, se levantó el tercer y último perímetro amurallado, necesario para adaptar la fortaleza a las exigencias defensivas surgidas por la aparición de la artillería. Se construyen tres medios baluartes, un baluarte irregular con tenaza, un revellín -ante la puerta del castillo-, todo con camino cubierto, hacia el norte (espacio más vulnerable, de pendiente relativamente suave); se continúa con tenaza y reducto angular al este y otro medio baluarte al sur, espacio defendido fundamentalmente por la muralla primitiva y el propio precipicio del terreno. Y este es el otro legado, complementario, que en el exterior podemos disfrutar y que desde lo alto del castillo observamos como si fueran espolones de un gallo de pelea.
El Convento santiaguista es ahora una de las Pousada más acogedoras del país, y todo el conjunto fortificado está abierto gratuitamente al visitante, que en este espacio reducido tiene ante sí todo un tesoro inigualable de arte religioso, palaciego y militar de la Plena y Baja Edad Media, así como de la Edad Moderna; tesoro también natural, por la belleza del paisaje que domina, de la extensa planicie que se abre hacia el este, los estuarios del Tajo y el Sado al oeste y las ciudades “a sus pies”: Palmela y Setúbal, contempladas a vista de pájaro, que incluso nos lleva más allá de Lisboa.
Únase a ello la oferta hotelera (amplia en la ciudad, aparte de la Pousada), completada con la gastronómica, donde se conjugan los pescados de la cercana Bahía de Setúbal con los afamados queijos amanteigados de Azeitão, el vino tinto de Palmela y sus doces conventuais de amêndoa, açucar e ovos, más las compotas y licores locales, todo tan gustoso de sabor como discreto en el precio.

Hermanada con la extremeña Barcarrota y la valenciana Jávea (además de con S. Filipe y Praia, de Cabo Verde), es fraternal con todo visitante que se acerque a ella, y de ella guardaremos siempre grato recuerdo en la visita.

martes, 3 de septiembre de 2013


GERALDO SEM PAVOR, UN PERSONAJE DE LA FRONTERA
En: REVISTA DE ESTUDIOS EXTREMEÑOS. Número II, 2013Pg. 933-950. (Homenaje a Julio Fernández Nieva.)

Geraldo era un caballero portugués que nació alrededor de 1132 y estuvo al servicio de D. Afonso Henriques, primer rey de Portugal, con el que tuvo unas iniciales desavenencias que se esforzó en limar conquistando para D. Afonso importantes territorios -aunque algunos efímeramente o incluso de forma simbólica- como: Serpa, Moura, Monsaraz, Évora y Juromenha en Portugal, y Trujillo, Santa Cruz de la Sierra, Cáceres, Montánchez, Lobón y Badajoz, en España.
La “Chrónica Gothorum” se refiere a sus tropas como bando de ladrões, que fazia a guerra por conta própia y Giraldo cognominato sine pauore, et latronibus sociis eius. La “Crónica de la Monarquía Lusitana”, de Frei António Brandão, en el siglo XVI, por contra, lo tilda de hum Cavaleiro muy esforçado”, si bien reconoce que “ganhava o necessario a ponta da lança.
Los más importantes historiadores portugueses del siglo XIX: Alexandre Herculano y Oliveira Martins, lo tachan de  indiferente à luta do predomínio das duas raças, e atento só a saciar a própria crueldade e cobiça nas suas correrias e assaltos sem objecto político y jefe de companhias de bandidos que batalhavam por conta propia, sem noção de pátria a que pertencessem. Otros historiadores lusitanos posteriores, como David Lopes o José Pires, en base a fuentes cristianas y musulmanas, lo comparan con El Cid Campeador, defendiendo su figura como noble, valerosa y desprendida.
Uno de los más conocidos historiadores portugueses de finales del siglo XX y principios del XXI, José Hermano Saraiva, recoge ambas versiones, sin arriesgarse a emitir un juicio propio, si bien reconoce que su actuación en terreno extremeño -de competencia del rey leonés Fernando II- era un servicio importante que prestaba al monarca luso numa região em que os compromissos políticos do monarca o impediam de  fazer a guerra .
En España, los historiadores no han abordado suficientemente esta figura, que José Luis Martín y María Dolores García, en el tomo II de la “Historia de Extremadura”, tocan de pasada, precisando que es un noble portugués que en 1165 conquistó Trujillo, Évora y Cáceres, y un año después Montánchez, Serpa, Juromenha y hasta planeaba la conquista de Badajoz. Algo más explícitos son los responsables de los capítulos de “Historia Medieval” (Julián Clemente, José Luis de la Montaña y Ángel Bernal) en “Extremadura: la historia”, reconociendo que llega a dominar la ciudad de Badajoz, aunque no consigue conquistar la Alcazaba, enfrentado a los almohades que tienen el apoyo en ello del rey leonés Fernando II. La conquista de la capital pacense -dicen- suponía prácticamente el control de la Extremadura musulmana. Estos historiadores se deciden por acusar a Geraldo de “aventurero”, al tiempo que lo llaman “el Cid luso”.
Ver trabajo completo en el Documento 2 de:


domingo, 1 de septiembre de 2013

SESIMBRA, TESORO ESCONDIDO EN LA SERRA DA ARRÁBIDA
Moisés Cayetano Rosado
Desde el estuario del río Sado hasta el del Tejo, tenemos un rosario de playas que son el destino más cercano de los veraneantes de Badajoz y de gran parte de Extremadura, al tiempo que cita obligada para los propios portugueses.
Inmediatamente después de Setúbal, comienza la intrincada y bellísima Serra da Arrábida, Parque Natural, que en su borde sur se arrima al mar por medio de pequeñas calas, en las que se disfruta del agua rodeados de intensos, apretados bosques de pinos y alcornoques.
La Serra da Arrábida, de donde procede el delicioso queso de Azeitão y espléndidos vinos de cosechas pequeñas y selectas, tiene un encanto natural que encontraremos en pocos lugares, con sus senderos sinuosos, intrincados cerros, pequeños pueblecitos, sosiego y paz inalterados en medio mismo del bullicio al borde de Setúbal y a un paso de la gran Lisboa.
Portinho da Arrábida, con su playa a medio camino entre Sétubal y Sesimbra y su Museo Oceanográfico en el Forte de Santa María -que vigila este entrante- es una buena opción de parada entre las múltiples del camino. Sus restaurantes, alzados sobre pilotes a la orilla del mar, ofrecen toda clase de pescados y mariscos asados y cocidos, para degustar bajo el azote de las olas y entre la espera de las múltiples gaviotas que vigilan nuestros movimientos.
Participando de su verdor -y anunciando otro espacio increíble de gigantescas piedras calizas con plegamientos aflorados al borde del mar-, la ciudad de Sesimbra. Precioso pueblo de pescadores, de una extensísima playa que termina en el puerto pesquero y queda recogida por las montañas que protegen la población como si fueran grandes manos formando un cuenco.
Sesimbra está escoltada desde lo alto por un magnífico castillo de origen musulmán, tomado en 1147 por D. Afonso Henriques, primer rey de Portugal. Rehabilitado en 1200 por el rey D. Sancho I, tras intensas guerras con los almohades, pasó a manos de la Orden de Santiago. Las vistas a la Serra da Arrábida y a Sesimbra desde allí son espectaculares, y el paseo por las laderas, muy cuidadas, resulta gratificante, con la visión del mar inmenso al fondo.

Abajo -cortando en dos la playa, en marea alta- está la Fortaleza de Santiago, mandada construir por el rey D. Manuel, concluída en 1648. Se mantuvo como fortaleza militar hasta 1832 y actualmente pertenece a la Guarda Fiscal, pero puede visitarse libremente durante gran parte del día. Hasta allí nos llega el olor irresistible de los asados de los múltiples restaurantes de la ciudad. Pescados y mariscos recién capturados son una tentadora oferta para el visitante, que aquí se encuentra en un paraíso gastronómico portuario, con precios razonables.
A unos doce kilómetros está el Cabo Espichel, cortado sobre el mar a una imponente altura, y desde donde vemos, diminutas, playitas que nos parecen como de juguete. Aquí podemos seguir las huellas de dinosaurios que poblaron la zona hace doscientos millones de años y encontrar -con un poco de suerte- algunos fósiles de ammonites y pedruscos calizos de caprichosos plegamientos en tirabuzón, rizo, espiral...
Desde este cabo hasta la misma desembocadura del Tajo, nuevamente las playas se dan la mano una a otra, entre escarpes calizos y de arenisca profundamente erosionados y de gran belleza: Praia de Albufeira, de suave inclinación arenosa hasta Caparica, con un fondo interior impresionante de relieve fósil, que posee la calificación de Paisagem Protegida. Sus cárcavas en abanico, iluminadas por el sol poniente, adquieren tonos anaranjados que dan la sensación de grandes masas de tierra encendida.

Lugares para pasear, recrearse en la fantasía de las rocas, respirar tranquilidad. A un paso mismo de allí, la Bahía del Tajo forma un mar interior que nos conduce hasta el bullicio de Lisboa.