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lunes, 19 de agosto de 2019


ALENTEJO Y EXTREMADURA: DEL SUBDESARROLLO HEREDADO A LA NECESARIA COOPERACIÓN TRANSFRONTERIZA. EL CASO DE OLIVA, CIUDAD DE FRONTERA.

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

Resumen:
La conformación geomorfológica y productividad de los suelos, así como los avatares de la historia han llevado a la zona rayana extremeño-alentejana, de lo que Oliva de la Frontera es un ejemplo crucial (incluso en su nombre), a una economía agro-ganadera de grandes latifundios con una población dependiente, azotada por el desempleo. Ello ha conducido a una intensa emigración que en los años  sesenta y primeros setenta del siglo XX supuso casi el 40% de su población total (40’21% para el caso de Oliva), que supuso el 50% si sumamos el decenio anterior. Esto ha condicionado su proceso evolutivo futuro, al marchar fundamentalmente población joven en edad de producir y reproducirse, con lo que en la actualidad, no sólo se sigue perdiendo población (por un crecimiento vegetativo negativo) sino que las posibilidades de retorno o nuevos inmigrantes son un anhelo sin posibilidades de realización. El Producto Interior Bruto de ambas regiones per cápita se sitúa en ambas regiones a la cola peninsular y europea, de lo que Oliva no es una excepción.
Se necesita, para afrontar el futuro, responder a tres retos fundamentales: el reto demográfico (de renovación poblacional), el reto productivo (de reactivación económica, en base a la calidad productiva, el ciclo completo de producción-elaboración-comercialización, con proyectos de acción conjunta Extremadura-Alentejo), y el reto de las comunicaciones y servicios (que faciliten las transacciones y la fijación poblacional; en este sentido, la conexión Oliva-Barrancos, con extensión Beja-Sines, es de importancia crucial para el desarrollo local).

domingo, 7 de octubre de 2018


LA RAYA IBÉRICA
Moisés Cayetano Rosado
La Raya Ibérica, desde el inicio de su conformación a mediados del siglo XII, hasta ya entrado en siglo XIX, ha sido un espacio de enfrentamientos fronterizos, de lo que es testimonio presente un patrimonio fortificado de extraordinario valor, construido con el sudor, el esfuerzo, el sacrificio, de los habitantes de un lado y otro de la frontera. Una frontera que sufrió la sangría de los enfrentamientos y que, una vez pacificada, verá esa otra sangría que fue la de la emigración, tan espectacular en el siglo XX y curiosamente de recepción de extranjeros en el despertar del siglo XXI, que se irá adormeciendo con la crisis iniciada en 2008 y mantenida largamente, como lo fue la de 1929 y 1973, impidiendo entonces la prosecución de nuestra hemorragia migratoria de aquellos años.
Me llaman mucho la atención las correrías de los inicios de la conformación de un singular guerrero portugués por la Raia/Raya alentejano-extremeña -esa especie de Cid lusitano que fue Geraldo Sem Pavor-, como me la llaman los levantamientos defensivos en la zona durante la Baja Edad Media, proseguidos en el Renacimiento con nuevas técnicas adaptadas a la irrupción de la artillería.
Y es extraordinario el desarrollo de las fortificaciones abaluartadas que “cosen” la frontera, desde Galicia y Minho, hasta Andalucía y el Algarve, pasando por Tras-Os-Montes, León, Beiras y Extremadura. La Guerra de Restauração (1640-1668), la de Sucesión a la Corona Española (1701-1714), la Fantástica (1761-1763), la de Las Naranjas (1801) y las de Invasiones Napoleónicas (1807-1814), marcaron la vida y la muerte en la Raia/Raya, devastándola, arruinándola, despoblándola y… dejando ese testimonio artístico-monumental constituido por fortificaciones urbanas, fuertes, fortines, obras complementarias, que están en la Lista Indicativa del Patrimonio de la Humanidad a instancias de Portugal (antes estuvo en la Lista española, sin el justo y suficiente empuje), bajo el impulso de cuatro de sus elementos más emblemáticos: Valença do Minho, Almeida, Marvão y Elvas (cuyo conjunto fortificado ya es Patrimonio Mundial desde 2012).
Y espectacular ha sido la “huida” migratoria rayana -en busca de trabajo y mejores perspectivas de futuro, que tanta huella ha dejado en la literatura y la canción de los artistas de la zona- a lo largo del siglo XX, especialmente durante los años del “desarrollismo europeo”, de 1960 a 1975, que vació demográficamente esos espacios, ya “sangrados” por las contiendas bélicas y por el proceso migratorio continuado desde mediados del siglo XIX. La media de pérdida poblacional en el siglo XX ronda el 40% de sus habitantes, con la singularidad de ser la cohorte poblacional en edad más activa, tanto desde el punto de vista económico-productivo como de reemplazo vegetativo, por estar en idónea edad reproductiva.
Los focos industriales de ambos países (Lisboa y Porto; Madrid, Barcelona, Bilbao…) y Europa Occidental (Francia, Alemania, Suiza,…) se nutren de habitantes rayanos que “vacían” sus lugares de origen y dinamizan los de recepción, volviendo a sufrir estas franjas rayanas un nuevo quiebro en su desarrollo que con la prosperidad generalizada que surge en occidente al iniciarse el siglo XXI parece cambiar positivamente de signo. Como quedó dicho, la fuerte crisis iniciada en 2008, frustrará las expectativas, que ahora, diez años después, siguen en suspenso.
De todo esto trata el libro LA RAYA IBÉRICA, DEL CAMPO DE BATALLA AL DE LA EMIGRACIÓN, Y OTRAS CUESTIONES PENINSULARES, que ahora, en este mes de octubre, sale de imprenta, con el sello editorial de la Fundación Caja Badajoz, y que he tenido el placer de escribir.

domingo, 10 de junio de 2018


LA MINA DE S. DOMINGOS EN EL BAJO ALENTEJO: COLONIALISMO INGLÉS EN UN PAÍS COLONIAL
Moisés Cayetano Rosado

La Mina de São Domingos es una aldea situada en el distrito de Beja, municipio de Mértola y freguesía de Corte do Pinto. Aldea minera creada a partir de la exploración moderna del depósito mineral que tuvo lugar entre 1858 y 1966.
Anteriormente, el depósito pirítico de São Domingos fue explorado al menos durante la época romana, extrayéndose cobre, plata y, probablemente, oro. Durante el milenio anterior a esa ocupación se exploraron los mismos depósitos, pero probablemente sólo para la extracción de plata. Durante el período islámico continuaría esta actividad minera. Ahora bien, la exploración moderna se centró en la masa de pirita inalterada, buscando, esencialmente, el cobre y el azufre.
Este período de exploración moderna es el que dicta la importancia histórica del legado de la Mina de S. Domingos. Con una intensa actividad minera que desarrolló la firma británica Mason & Barry, extrayendo más de 20 millones de toneladas de mineral (cobre, azufre, zinc y plomo).
Casas de los mineros
Al tiempo, en el espacio urbano de la Mina de S. Domingos hubo una fuerte separación social de las comunidades existentes. Por un lado, los mineros y sus familias vivían en barrios obreros construidos “en banda”, con casitas muy pequeñas (de 14 a 20 metros cuadros, para familiares generalmente bastante numerosas), sin ningún tipo de condiciones de confort, con horno, aseos y letrinas comunes; por el otro lado, los “ingleses” y altos directivos vivían en amplias mansiones con electricidad, lujosos aseos en sus casas y agua corriente, jardines, arbolados, pista de tenis y hasta un cementerio con el suelo importado de Inglaterra.
Cantera y agua
Curiosamente, esta concesión de explotación minera dentro de suelo portugués peninsular coincide en el tiempo con la etapa álgida de la explotación colonial portuguesa en los territorios africanos de Angola, Mozambique, Guinea y Cabo Verde, dándose la paradoja de “colonizaje extranjero”, en tanto se “colonizaba en el extranjero”. Hablamos de los años que van de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX, en que África era una “despensa” bien surtida para los colonizadores europeos: ingleses, franceses, belgas, alemanes, portugueses… De vida relajada, cómoda, muy provechosa generalmente para el colonizador y, sobre todo, para los grandes inversores europeos -tranquilamente asentados en las metrópolis-, y de dificultades, sacrificios, explotación, miseria, para la inmensa mayoría de los nativos, aunque no faltaban los “colaboracionistas interiores”.
La compañía británica Mason & Barry no tenía otro objetivo en esta mina alentejana que el que Portugal tenía en las tierras africanas ocupadas: el máximo beneficio de sus recursos, con capital propio, pero mano de obra autóctona sometida a las más duras condiciones de explotación.
Henrique Zarco escribía en “Imagens do Alentejo”, de 1930 (Imprensa Artística. Colecção Amanhã. Lisboa), sobre los mineros de S. Domingos: O minheiro nom gana o suficiente para sí e para a familia. Luta com déficit. Que acontece então? É isto simplesmente: o minheiro, que trabalhou durante oito horas na contramina e que chega cá acima exausto, sem fórças nem vontade de se mexer, tem de ir procurar nos trabalhos agrícolas o indispensável para cubrir êsse déficit (pág. 128).
Más duro aún es Albino Forjaz de Sampaio, que anteriormente, en 1909, denunciaba en “Crónicas inmorais” (Libraria Clássica. Editora de A.M Teixeira. Lisboa), en el Capítulo “Os minheiros”: S. Domingos é uma feitoria inglêsa. Tem polícia própria, armada de belas carabinas, carabinas último modêlo para, emquanto os mineiros se estorcem de fome, ela patrulhar, na soturnidade da noite, de dedo no gatilho, o sono dos senhores. Os mineiros são 3.000. Trabalham uma infinidade de horas, e o salário é pouco. Como o salário é pouco e o trabalho muito, a alimentação é má. E como a alimentação nom presta,  à saude é péssima. Y más adelante: A canalha revolta-se? Muito bem. Espingardeia-se. A canalha parlamenta? Acutila-se. A canalha não tem nomem, a canalha não tem voz. A canalha é a canalha, nada mais (pág. 35).
Visito las ruinas actuales de la mina y allí están las canteras enormes, el gran lago de aguas (testimonio de fluidos hidrotermales responsables de los procesos físico-químicos de esta riqueza geológica) que parecen sangre y yodo. Los restos de los muelles de carga, de las maquinarias de elevación, de las conducciones de agua; el variado mineral aún en las laderas, los túneles en estas rocas volcánicas y sedimentarias paleozoicas, de unos 350 millones de años; las zonas de privilegio “colonial”, las casitas humildes de los trabajadores…
Hablo con algunos descendientes de los mineros. Recuerdan las penalidades de sus antecesores. Su miseria. La necesidad de completar el sueldo con contrabando practicado en la raia/raya,  labores agrícolas y otras más de subsistencia. Evocan el bullicio poblacional de más de siete, ocho mil personas en los alrededores, donde ahora no hay más de mil habitantes, buen número muy envejecido, teniendo los jóvenes que buscar trabajo en los núcleos cercanos (Beja, Serpa, Mértola…), siendo para ellos este lugar una especie de pueblo-dormitorio. ¡Menos en el verano, en que vuelven los que marcharon tras cerrarse la mina y sus descendientes, y que hoy residen en Francia, Bélgica, los alrededores de Lisboa, en donde encontraron trabajo, muchos como mineros, la profesión que bien sabían! Más de 6.000 personas -me cuentan- se reúnen en los meses de julio y agosto. Por lo demás, un sitio “fantasmal”, lugar para el recuerdo. Contradictorio. De explotación colonial en un país que estaba en “otros mares” practicando la misma explotación.

lunes, 21 de mayo de 2018


DE LA TRAGEDIA A LA ESPERANZA (1918/36-1974/75). GUERRA, REVOLUCIÓN Y HAMBRE DE TIERRAS EN LA RAYA EXTREMEÑO-ALENTEJANA
Presentación de la conferencia por el Presidente de la Fundación Caja Badajoz, Emilio Vázquez
Moisés Cayetano Rosado
 (Puede consultarse, bajarse, copiarse, etc. el power point proyectado en la conferencia en el Documento 96 de mi enlace http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html )


El 9 de abril de 1918 se dio la Batalla de la Lys, en la frontera franco-belga, constituyendo de los mayores desastres militares portugueses (que participaba con los aliados en la 1ª Guerra Mundial) después de la Batalla de Alcácer-Quibir de 1578, con centenares de muertos y 6.000 prisioneros.
Las víctimas reclutadas pertenecían al grupo social “mais desprotegido” pues los pertenecientes a familias pudientes “en troca de pagamento de uma quantia em dinheiro, livravam-se do cumprimento de servir a Pátria”, según denunciaba el capitão de Elvas António Braz, prisionero en el enfrentamiento.
O sea, lo mismo que ocurrió en las intervenciones españolas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, que condujeron al “Desastre del 98”, siendo crucial la declaración de guerra de EE.UU. tras el hundimiento de su acorazado Maine en la Bahía de La Habana el 25 de abril de 1898.
Luego pasaría en la “Guerra del Rif” (1911-1927), tan emotivamente retratada por el escritor de Badajoz Arturo Barea en “La ruta”, de la trilogía “La forja de un rebelde”, y en la que el Desastre de Annual se llevó la vida de más de 10.000 españoles el 22 de julio de 1921, comparable a la tragedia de la Batalla de las Linhas de Elvas, de 14 de enero de 1659.
Al tiempo, en nuestras “tierras del Sur”, “a todos ruína uma ambição: ter terra”, que escribía el alentejano Manuel Ribeiro en 1927. Tierra en manos  absentistas, que nos llevó a la “huída”, la emigración: “se estaba aquí tan rematadamente daos al mesmísimo demóngano que na se perdiese por cambiá, manque hubiá de sel en el infierno”, que escribió el extremeño Felipe Trigo (novela “Jarrapellejos”) en 1914.
Tras estos reveses vendrían los años oscuros, las dictaduras, la represión, el hambre, el miedo… y en España la esperanza de una II República con su Reforma Agraria, llevando a las míticas ocupaciones de tierras en Extremadura del 25 de marzo de 1936, a colectivizaciones… truncadas por la inmediata Guerra Civil (con medio millón de muertos y otros tantos exiliados).
Nuevamente, la feroz represión, cuya sombra alargada se extendió junto al hambre, el paro obrero, hasta llevar a una auténtica “estampida migratoria” que desde mediados de los años cincuenta a mediados de los setenta expulsó de Extremadura a más del 40% de su población. No menos oscuro sería el transcurrir alentejano, con un porcentaje similar de emigración: siempre los jóvenes, siempre la fuerza productiva y reproductiva, quedando en los pueblos de origen una población envejecida.
Y así se llegaría a… la nueva esperanza: Revolução dos Cravos en Portugal, de 25 de abril de 1974, que puso fin a la dictadura y las traumáticas guerras coloniales, que desde 1961 a 1974 supusieron una de las mayores tragedias de Portugal y los territorios sojuzgados. Aparejado a ella se vivió un ilusionado proceso -¡tan efímero!- de Reforma Agraria en Alentejo y Ribatejo, con ocupación de más de 1.100.000 hectáreas de latifundios por campesinos sin tierra. Una Contrarreforma –con lacerantes luchas- volvió a dejar las cosas como estaban…
Y en España a las reivindicaciones democráticas a partir de 1975, muerto Franco, con la implantación de las autonomías regionales, débil asidero para Extremadura, cuyo Estatuto de Autonomía se aprobó el 25 de febrero de 1983.
Después, un periodo convulso… y una “reconducción” en los años ochenta, que ya constituyen otro capítulo de nuestra historia, de la que en otro momento deberemos hablar. Pero al menos decir que en el tránsito del siglo XX al XXI asistimos en la península Ibérica a la llegada masiva de inmigrantes (medio millón en Portugal y seis millones en España, con tímida repercusión en la Raia/Raya) procedentes de Europa del Este, Iberoamérica y norte africano, que la Crisis mundial de 2008 retrajo, al tiempo que iniciábamos una nueva emigración de nuestros jóvenes, como en los tiempos pasados del desarrollismo europeo (1961-75), con tendencia demográfica de nuevo a la baja.

miércoles, 16 de mayo de 2018


MOISÉS CAYETANO: “EL PATRIMONIO FORTIFICADO QUE TENEMOS EN EXTREMADURA Y ALENTEJO ES INCOMPARABLEMENTE MÁS RICO QUE EL DEL RESTO DE LA RAYA
Emilio Vázquez, Presidente de la Fundación Caja Badajoz presentado al
conferenciante.
Publicado por Esmeralda Torres | 15 May 2018 | CULTURAHISTORIAPORTUGAL |  

EL DOCTOR EN GEOGRAFÍA E HISTORIA OFRECE UNA CONFERENCIA SOBRE LA RAYA EXTREMEÑO-ALENTEJANA EN LA RESIDENCIA UNIVERSITARIA CAJA BADAJOZ
Doctor en Geografía e Historia, su currículum lo presenta como profesor, escritor y político. Pero si algo hay que subrayar con fluorescente en la carrera profesional de Moisés Cayetano Rosado son sus investigaciones sobre La Raya hispano-lusa. En esta línea, y bajo el epígrafe ‘De la tragedia a la esperanza. Guerra, revolución y hambre de tierras’, ofrece esta tarde una conferencia en la Residencia Universitaria Caja Badajoz (RUCAB) en la que analizará los últimos tiempos en la frontera extremeño-alentejana. Con lupa, detenimiento y precisión. 

– Esta tarde tenemos una cita en la agenda. A las 20:00 horas en la RUCAB. ¿Qué vamos a escuchar?Fundamentalmente el desenvolvimiento que tuvo la sociedad y la economía en España y Portugal en sus momentos más importantes, y en concreto en Extremadura y Alentejo. Partiré de finales del siglo XIX y llegaré hasta el inicio de la democracia; es decir, casi cien años de historia, de sociedad, de economía, de vivencias, etc.
Un momento de la intervención
– ¿Por qué partir de los últimos cien años, por no extenderla más o porque los últimos cien años fueron más importantes?
– Es simplemente dar un repaso a todo lo que son las últimas causas de la situación actual. También hablaré un poquito del siglo XIX, sobre todo de lo que fue la desamortización y el reparto de tierras. Un poco de cómo se distribuye la propiedad en el campo extremeño-alentejano, y de cómo intervienen España y Portugal. También, por supuesto de nuestras tierras en las últimas colonizaciones, por nuestra parte en Cuba y Filipinas, y por la parte portuguesa la implantación en Angola, Mozambique y Guinea. Lo que supuso eso de sacrificio, de soldados, de esfuerzos…
De ahí partíamos...
– ¿Hasta qué punto la frontera o el país vecino ha marcado acontecimientos en el otro? Por ejemplo, ¿cómo pudo influir España en la Revolución de los Claveles?
– La influencia es bastante pequeña en ese caso, en el de la Revolución de los Claveles o en el caso de la Guerra Civil Española, que son dos momentos trágicos en la frontera y que supuso un movimiento en La Raya bastante importante. Durante la Guerra Civil española, Portugal supuso para los españoles, y para los extremeños en concreto, un lugar de refugio, aunque luego hubiese muchos problemas. En cuanto a la Revolución de los Claveles, nosotros aquí estábamos terminando una etapa de Dictadura Franquista. Quedaba prácticamente un año y poco y fue un acontecimiento como visto desde lejos a pesar de estar más cerca, porque fue no tuvo repercusiones en nuestra tierra. Lo que sí es muy interesante es comparar el desenvolvimiento que tuvimos con la democracia en un lado y en otro.
La ilusión y la esperanza...
– Prácticamente ambos países vivieron al mismo tiempo los inicios de la democracia.
– Sí, todo lo que es, por ejemplo, el desenvolvimiento político, la constitución, las distintas leyes… Fueron paralelas, solo que allí partían de una revolución que tuvo como consecuencia, en Alentejo fundamentalmente, una reforma agraria bastante extensa, muy parecida a la que intentó Extremadura en la Segunda República, en 1936. Esa reforma agraria fue bastante problemática en Portugal. Dio lugar a una ocupación de tierra que posteriormente desembocó en unas devoluciones muy traumáticas, un proceso que duró más de 12 años. Aquí, en cambio, no hubo nada de eso. Fueron más sosegados, más calmados que en Portugal.
– ¿En qué sectores se notó más la frontera?
– En los pueblos transfronterizos no. Especialmente para nosotros, durante la Guerra Civil, no la hubo, porque fueron lugares de acogida. Es decir, las zonas cercanas a la frontera tienen unas relaciones de tipo personal, de amistad y familiar bastante arraigadas, y además muy mezcladas con todo lo que es la vida de subsistencia, el propio contrabando. Son pueblos que subsisten en gran medida por el intercambio comercial no regulado, algo que crea unos lazos de amistad, de familiaridad que en algunos lugares son extraordinariamente ricos. Está bastante estudiado, sobre todo en los refugiados extremeños con respecto a Portugal, especialmente los del sur de la provincia de Badajoz. Esa especie de confrontación en La Raya dio lugar después a muchos lazos familiares que aún se conservan, aunque no tan profundos como nos gustarían porque a veces hay poca confrontación, sobre todo en los tiempos contemporáneos.
Aquella dureza...
– ¿La apertura de la frontera no supuso también una parte importante en la historia rayana?
– Sí, para los pueblos rayanos de subsistencia acabó con aquel sistema. Por otro lado, la apertura hacia Europa significaría la llegada de fondos estructurales y sociales que supusieron una aporte económico importante. Muchos de los fondos, además, son fondos transfronterizos que necesitaban de proyectos comunes entre unos pueblos y otros, y eso dio lugar a muchas acciones de tipo oficial, económico y empresarial en las que un pueblo y otro participaban y obtenían beneficios comunes que se siguen manteniendo en la actualidad.
– ¿Existen muchas diferencias entre La Raya extremeño-alentejana y el resto de fronteras?
– Nuestra frontera es una de las fronteras más permeables. Es bastante extensa y abierta, geográficamente es muy fácil de traspasar. Si nos situamos un poquito más al norte, hacia la zona de Castilla y Beirã, digamos que es una frontera con menos población situada en La Raya, con menos relaciones. En el norte, en Galicia, sí hay unas relaciones intensas, pero desde el punto de vista geográfico son más difíciles, más complicadas, no son tan diáfanas como las nuestras. No obstante, cada uno tiene sus peculiaridades, aunque siempre hemos tenido unas relaciones muy especiales, incluso desde el punto de vista histórico anterior. Por ejemplo, el patrimonio fortificado que tenemos en Extremadura y Alentejo es incomparablemente más rico que el del resto de La Raya porque era una frontera mucho más transitada.
– Creo que Portugal y su frontera se lleva el peso de sus investigaciones.
– En los trabajos que yo he hecho, sí. Desde el punto de vista académico he trabajado fundamentalmente en cuestiones migratorias y demográficas de Extremadura y movimientos de población. Pero, sin embargo, luego fui estudiando todo lo que se refiere a los conflictos en La Raya y el patrimonio que esos conflictos han ido dejando, y me fui especializando en fortificaciones en las fronteras, desde el siglo XVII al XIX. Después he ido retomando los temas demográficos, he ido comparando y viendo las similitudes, diferencias y causas porque me llamó muchísimo la atención que entre 1960 y 1975 perdiésemos casi el 45% de la población, prácticamente igual que en el Alentejo. Estuve investigando a donde había ido esa gente, por qué habían salido y fui comparando los grandes parecidos entre unas tierras y otras.
Otro momento de la intervención.
– ¿A qué conclusiones le llevó esas investigaciones?
– Me llevó a la conclusión de que las causas de pobreza del Alentejo y de Extremadura eran muy parecidas. Eran tierras de grandes extensiones latifundistas donde había unos sectores que detentaban el poder, muy poderosos, y unos grandes sectores de población bastante desposeídos, de jornaleros, de gente sin tierras que venían arrastrando ese modelo desde la Reconquista y que se acentuó con la venta de tierras comunales del siglo XIX. Esa especie de hambre de tierras, de necesidad de un lugar de sacar para comer, se vivió en ambos sitios, y en ambos sitios se tenía como un sueño poder hacer una reforma agraria. Eso de la reforma se materializó en Extremadura, en la Segunda República, y fracasó por razones bélicas. Los portugueses lo siguieron manteniendo en una especie de utopía que se materializó también en la Revolución de los Claveles, y también de otra manera no tan traumática pero sí bastante triste, fracasó. Ambos pueblos tuvieron que emigrar en masa por falta de trabajo y ambos pueblos, extremadura y alentejo, tienen una despoblación brutal. Ellos tienen unos 600.000 habitantes, nosotros tenemos un millón. Estamos hablando de dos grandes regiones muy despobladas y muy envejecidas, con una posibilidad de desarrollo futuro bastante poco prometedora y una nueva emigración de gente joven.
Autores y libros extremeño/alentejano, esenciales para
comprender nuestra historia contemporánea.
– ¿Por qué estudiar la frontera? ¿Por la localización, quizá?
– No lo sé exactamente. Quizá se mezcla mucho que cuando empecé a relacionar cosas de Portugal era concejal en el Ayuntamiento de Badajoz y me ofrecieron llevar relaciones con Portugal. Me relacioné mucho con los municipios del entorno, con gente muy acogedora y muy amable que me invitaba a dar conferencias, a participar en actos propios. Y eso un poco me fue enganchando, me fue gustando, y fue haciendo que ampliara mi campo de estudios, que no solamente lo limito a la parte histórica sino también a la patrimonial, o a lo social, a la económica. Y son estas cosas que se empiezan y cada vez encuentras más lugares que investigar.
– ¿Cree que tenemos suerte por vivir en La Raya?
– Este lugar donde nosotros vivimos es un lugar bastante interesante y privilegiado. Yo estoy equidistante de Campomaior, Elvas y Badajoz; me desplazo en un cuarto de hora a cualquiera de ellas, hablando distinto idioma, teniendo distinta gastronomía, viendo distintas riquezas patrimoniales, etc., y en cuanto uno se desplaza un poquito más, a 40 o 50 kilómetros, va descubriendo mundo mucho más variado de rico. Encima tenemos la suerte de tener cerca toda esa zona costera, de llegar muy pronto a una ciudad tan preciosa como es Lisboa o a esas playas envidiables que son las playas alentejanas. Esto hace que Extremadura, y sobre todo los que viven mas a La Raya, tengamos una cantidad grande de territorio de gran belleza física alrededor y un gran tesoro patrimonial a nuestro alcance. 
– Le doy la razón, pero no entiendo por qué entonces seguimos mirando a Portugal con desprestigio, sin valorar lo que allí hay. Son muchos los que van a Elvas a comer y no saben que tiene, por ejemplo, una fortificación modélica para su tiempo. ¿Por qué pasa esto?
– Es una cosa curiosa que cada vez sucede menos. Recuerdo cuando era joven, que de Elvas lo único que conocíamos es que era un lugar donde comprar toallas. Ese sentimiento ignorante en la realidad está bastante extendido, pero ya menos. Ya hablas con la gente y te dice que qué fuerte más magnífico hay en Elvas, por ejemplo. Cada vez se es menos ignorante. Se desprecia lo que se ignora pero si alguien profundiza en el conocimiento de Portugal lo tiene que admirar. Aunque por otra parte también hay que tener en cuenta que en La Raya, sobre todo a lo largo del siglo XX, la gente normal lo pasaba muy mal, era muy pobre, y había mucha emigración de jornaleros, de trabajadores temporales, que venían a buscar trabajo en la siega o en la recolección y eran muy pobres. A lo mejor los identifican con esa pobreza terrible. De hecho, hasta  entre los mismos portugueses existía ese sentimiento de desprecio. Existe como una especie de crueldad en el pueblo de despreciar al que es más pobre que uno mismo.


lunes, 12 de junio de 2017

NUESTRA IDENTIDAD O “HECHO DIFERENCIAL”
Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

Hace unos días, asistí como ponente a una Jornada sobre “Regionalização e Desenvolvimento” en Évora, dentro de la campaña que en Alentejo se está llevando a cabo para dar cumplimiento a la implantación de las “Regiones Administrativas”, reconocidas en la Constitución portuguesa de 1976 y diversas leyes de desarrollo de la misma, que no han conducido a su aplicación todavía.
El obstáculo parece ser siempre el mismo: ¿hay una identidad regional que lo justifique?, ¿un hecho diferencial? Porque en esto parece que chocamos con el mayor impedimento. Incluso en España, después del acuerdo en que se formalizaron las Comunidades Autónomas, a poco de aprobarse la Constitución de 1978, se debatía sobre esta cuestión, que parece no acabarse de resolver. No son pocas las voces que se alzan en contra de lo que se dio en llamar “café para todos”, basándose en que “identidades diferenciales” apenas si estaban y están en Cataluña, el País Vasco… y por extensión aquellas comunidades que tienen idioma propio.
Esta visión del idioma como “hecho diferencial” esencial, aparejando a ello cultura diferente, idiosincrasia especial, y por tanto “comunidades nacionales o nacionalistas” de primera, frente a regiones de segunda, es al menos simplista.
Si nos circunscribimos al idioma, el castellano abarca Centroamérica y gran parte de Suramérica, que en forma alguna se sienten -ni nadie reivindica que lo hagan- integrantes de una hipotética “nación castellana”.
Y si nos fijamos en la historia, el legado artístico-patrimonial, la cultura, el desarrollo socio-económico, las condiciones geomorfológicas…, o sea, aquello que conforman nuestro ser y estar, nuestro desenvolvimiento cotidiano, ¿cómo no darnos cuenta de lo mucho que sí nos define e identifica?
Es un claro hecho diferencial de -por ejemplo- Alentejo y Extremadura con respecto a sus respectivos estados el recorrido histórico que nos ha ido conformando: las luchas lusitanas en tiempos de las invasiones romanas; el cruce de vías de comunicación oeste-este y norte-sur durante la romanización, con una capital floreciente -Mérida- al ser zona central de ambos caminos peninsulares; la fijación de una frontera estable cristiano-musulmana, con presencia decisoria de Órdenes Militares y formación de un reino taifa en Badajoz, cuya influencia llegaba hasta Lisboa; el foco de guerras luso-española que tuvo en nuestro suelo incidencia especial en los siglos XVII, XVIII y XIX; nuestro destino de pueblo emigrante, que nos llevó en la Edad Moderna y siglo XIX a Iberoamérica y en el XX a Centroeuropa (aparte de a las zonas industriales de nuestros respectivos países), despoblándonos traumáticamente.
Fruto de lo anterior es nuestro “diferencial” patrimonio artístico monumental, tanto religioso, como civil y militar, que tiene sus hitos en los puentes y calzadas romanos, en los palacios y castillos señoriales medievales, en las fortificaciones abaluartadas de la Edad Moderna; en los monasterios y conventos que marcaron delimitaciones territoriales, como las mismas fortificaciones.
Y como la cultura que enriquece a los pueblos participa de sus acontecimientos históricos y del destino de sus hombres, la nuestra es una cultura artística y literaria muy influenciada por los sobresaltos de las inestabilidades y por el amor a una tierra sometida a vaivenes que tantas veces nos vinieron dados por decisiones impuestas. Simbolismo y realismo dándose la mano en la plástica, en la literatura, en el cante, en el folklore…
Estos pueblos de inmensos latifundios, conformados en el sistema de repoblación medieval, desarrollaron especialmente una ganadería extensiva donde el cerdo en los encinares y alcornocales, y la oveja en los pastizales fueron la punta de lanza de una producción y economía señorial. Ello se vio refrendado por las desamortizaciones del siglo XIX, donde una nobleza y una ascendente burguesía absentistas sostuvieron un modelo de desarrollo “insostenible”… ante el crecimiento demográfico especialmente de los dos últimos siglos. Por esto, llegaríamos a migraciones laborales masivas, que terminaron por distanciarnos significativamente de nuestros respectivos estados. Regiones, la de Alentejo y Extremadura, abocadas a ser desiertos poblacionales, si no se implantan medidas de desarrollo dinámico en todos los sectores productivos.
Pueblos, los nuestros, con una extraordinaria “señal de identidad” geomorfológica en la mayor parte de su territorio: penillanuras rodeadas de barreras montañosas, con predominio de materiales primarios (granito y pizarra) y formación geológica paleozoica que confieren a nuestras dehesas y campiñas una morfología de grandes panorámicas, de amplios espacios que se han mantenido ecológicamente preservados. Auténtica reserva de la biosfera que ha de conjugarse con la productividad necesaria para “fijar” población, que es uno de nuestros mayores retos de futuro, junto a la creación de infraestucturas productivas en todos los sectores y en las vías de comunicación.

¡Claro que somos un “hecho diferencial”! Con un pasado de luchas y pesares, y un legado altamente valioso y peculiar. Con un presente dificultoso y como de “reloj parado”, que ha de ponerse a funcionar. Con un futuro que hay que diseñar conociendo y viviendo muy bien y muy de cerca la realidad. Por eso, un eficaz autogobierno con competencias de legislación y ejecución nos son tan necesarias como a aquellos que reivindican un mayor alcance de las mismas por sus “hechos diferenciales”, que no son más (ni menos) importantes que los que conforman nuestra identidad.

sábado, 7 de mayo de 2016

Los años sesenta en la Raya
extremeño-alentejana: entre la pobreza,
la represión y la emigración
CD donde se incluye el trabajo. (Nº I-2016); en papel saldrá
próximamente de imprenta.

MOISÉS CAYETANO ROSADO
Doctor en Geografía e Historia
Director de la Revista “O PELOURINHO”
correo electrónico: mcayetano14@gmail.com

RESUMEN
Extremadura y Alentejo han compartido a lo largo de la historia dificultades semejantes, que en los años sesenta del siglo XX -del “desarrollismo” europeo- se caracterizaron por una situación de pobreza angustiosa, desembocando en una masiva emigración. La dictadura en ambos países condicionó la vida de sus habitantes, controlados en sus reivindicaciones por la maquinaria represiva de sus regímenes políticos, con significativa incidencia en la vida campesina de Extremadura y Alentejo.
PALABRAS CLAVE: Extremadura, Alentejo, dictadura, pobreza, represión, emigración.

ABSTRACT
Extremadura and Alentejo have shared through history similar difficulties, which in the sixties of the twentieth century -of the European development- were characterized by a distressing situation of poverty, leading to massive emigration. The dictatorship in both countries conditioned the life of its inhabitants, their claims controlled by the repressive machinery of political regimes, with significant impact on country life of Extremadura and Alentejo.
KEYWORDS: Extremadura, Alentejo, dictatorship, poverty, repression, emigration.

Ver el trabajo completo en el Documento 72 de este enlace: http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html

Una versión ampliada e ilustrada con documentos será publicada próximamente en las Actas del “Congreso Internacional sobre el asesinato del General Humberto Delgado en Badajoz, 50 años después”, celebrado en el Salón de Plenos de la Diputación de Badajoz entre los días 19 y 21 de marzo de 2015.

viernes, 26 de febrero de 2016

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "CANTO MATINAL" DE ANTÓNIO MURTEIRA. 
Moisés Cayetano, Antonia Cerrato y António Murteira, de izquierda a derecha
El jueves, 25 de febrero, a las 20’00 horas, y por espacio de más de hora y media, tuvo lugar en el Casino de Badajoz (Calle Ramón Albarrán, 14) la presentación del poemario de António Murteira Canto Matinal, magníficamente editado por Edições Colibrí, a cargo de Fernando Mão de Ferro.
Antonia Cerrato Martín-Romo -coordinadora de las actividades- presentó al escritor evorense, introduciéndonos en su biografía, y Moisés Cayetano Rosado, -prologuista del libro- analizó la obra en general de Murteira y el contenido en forma y fondo de este nuevo trabajo en verso y prosa poética. Ver: http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2016/02/canto-matinal-entre-la-lucha-yel-amor.html
Actuación de Nuno de O
Actuaron, además, el cantante y guitarrista portugués Nuno de O -tan gran amigo de Murteira como magnífico cantor-, y los poetas badajocenses Clara Blázquez, Julita de la Cruz, J. Félix Sánchez-Satrústegui, Fernando Garduño, José Manuel Ferrera, así como los cantantes locales Daniel López y Manuel Ciprián y Paco Pino, más Jesús Poves, que tocó en solitario la armónica.
Resultó, nuevamente, como ya ha ocurrido en otras ocasiones con António Murteira, y como viene sucediendo por los más diversos motivos culturales, un hermanamiento entre vecinos de un lado y otro de la Raia/Raya, entre Alentejo y Extremadura, entre Portugal y España, mezclando culturas, mezclando arte, mezclando ingenio, canto y poesía, sentires y vivencias.
Vista parcial de los asistentes al acto
António Murteira no solamente es un gran poeta, un escritor de sensibilidad extraordinaria, enamorado de su tierra y la nuestra, de los colores y la luz mediterráneos, de los pueblos que bañan sus orillas y que tan presentes están en todas sus creaciones, sino un defensor de la fraternidad, de la justicia y la igualdad entre los seres humanos, como predica siempre en sus escritos. Y como ha ido demostrando en su vida infatigable de luchas políticas, sociales, sindicales.
La Revista Alentejo -que dirige-, editada por la Casa do Alentejo de Lisboa, es un fiel reflejo de todas estas inquietudes, y es un ejemplo de sus desvelos, que sabe compartir con sus múltiples colaboradores (entre los que tengo el honor de estar), ofreciendo un producto muy a su medida, lleno de calidad y calidez, de fuerza y de rigor. ¡Que siga así por siempre, para beneficio de todos y progreso de la sociedad!

Moisés Cayetano Rosado

miércoles, 20 de enero de 2016

CUSTÓDIO GINGÃO, UM PERCURSO DE CIDADANÍA
Moisés Cayetano Rosado

La historiadora Teresa Fonseca es una escritora de calidad literaria demostrada, una investigadora paciente de amplia trayectoria y una historiadora rigurosa que se acerca a la realidad contemporánea con una capacidad y sensibilidad admirables. Su libro A Memória das Mulheres. Montemor-o-Novo em tempo de ditadura, publicado en 2007, aún sigue resonando en mi propia memoria, pues me dejó marcado por la huella emotiva de los testimonios que refleja, por el respeto y el cuidado con que se acerca a los hechos constatados y los ofrece para nuestro conocimiento, asombro y lección de historia y de futuro.
En la Revista de Estudios Extremeños y en la Revista Transfronteriza O Pelourinho, he tenido la oportunidad y satisfacción de publicar algunos de sus trabajos de Historia Moderna y Contemporánea, donde demuestra sus dotes, enriqueciendo dichas publicaciones.
Ahora me llega otra de sus aportaciones, que -como las otras que he leído de Teresa Fonseca- he abordado “de un tirón”, porque su lectura atrae, engancha y apasiona: Custódio Gingão, um percurso de cidadanía, publicado a finales de 2015 por ese inquieto y extraordinario editor que es Fernando Mão de Ferro, en Edições Colibrí, editorial tan presente en las publicaciones alentejanas.
La obra, de 148 páginas, aborda monográficamente la vida de un alentejano de Montemor-o-Novo, campesino, activista sindical, político al servicio de los que más lo necesitan, cuya discurrir es un ejemplo de entereza, firmeza, compromiso social, capacidad de superación, generosidad y entrega.
Custódio Gingão -nacido en el seno de una familia campesina sin tierras, hecho a sí mismo en medio del penar de los campos de Alentejo, del hambre y del frío invernal, así como de los rigores del calor veraniego en la planicie alentejana-, representa en su vida el discurrir dificultoso de la gente sencilla de las tierras del sur durante la segunda mitad del siglo XX y estos primeros años del XXI.
En las páginas del libro se va mostrando no solamente la biografía aleccionadora de Gingão sino que, hábilmente, la autora nos va situando en las distintas etapas por las que Portugal ha ido pasando en los últimos setenta años: buena parte de la dictadura salazarista, las guerras coloniales, la esperanza y lucha de la Revolução dos Cravos, la Reforma Agraria, los primeros años de democracia, el discurrir posterior, la actualidad…
Custódio Gingão es militante del Partido Comunista y dentro del mismo ha ido discurriendo fundamentalmente su actividad, tanto en Portugal como en sus etapas de servicio militar obligatorio y emigrante después en Europa. Envuelto y comprometido con la Reforma Agraria como trabajador agrícola, sería durante once años diputado en la Asamblea de la República y después representante municipal en su concelho de origen, donde afortunadamente continúa activo.
En este ensayo biográfico, Teresa Fonseca nos muestra esa vida dinámica y fructífera, contextualizada en la historia contemporánea del país, a lo largo de cinco capítulos, que se cierran con una interesante colección de fotografías, además de una selecta reseña de fuentes y bibliografía utilizadas.
Su infancia, la entrada en la vida adulta, el servicio militar, la emigración, la vuelta tras la Revolução de Abril (el más amplio capítulo, con varios subapartados), sirven de motivo para explorar en la vida del activista y del discurrir de la nación. Su papel en la Reforma Agraria y experiencia como diputado (con amplio detalle de su actividad parlamentaria en temas de sector primario productivo, emigración, administración del territorio y enseñanza, fundamentalmente) constituyen la parte esencial del trabajo de este sencillo campesino que cobra grandeza, solidez y respeto ante sus camaradas, compañeros y vecinos a medida que desarrolla una ejemplar labor de compromiso solidario.

Custódio es todo un ejemplo de vida, y este libro otro ejemplo de buen hacer, de rescate histórico, que sabe conjugar las fuentes documentales con las orales para ofrecernos un “producto” a la altura del biografiado y de la biógrafa, de trayectorias -cada uno en su campo- tan dignas de agradecimiento y consideración.