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miércoles, 18 de enero de 2017

POSESIÓN DE LA TIERRA Y LUCHAS CAMPESINAS EN LA RAIA/RAYA DURANTE LA EDAD CONTEMPORÁNEA
Pintura mural alusiva à Reforma Agrária no Alentejo em 1975
De nuevo, el jueves 19 de enero, tendré una intervención de un par de horas en las clases de postgrado de la Universidad de Mayores de Badajoz, en la que están matriculados más de 200 alumnos, con los que da gusto compartir conocimientos, por su extraordinaria disposición y su capacidad. A continuación va el resumen de lo que tengo preparado para esa sesión de tarde (de 17’00 a 19’00) en el Salón de Actos de la Facultad de Educación.

REPARTO DE TIERRAS EN LA BAJA EDAD MEDIA.
Tras la reconquista cristiana de los siglos XI, XII y XIII se adjudicaron las tierras ocupadas a las poderosas Órdenes Militares del Temple, Santiago y Alcántara, así como a grandes señores civiles y eclesiásticos. De esta manera, se forman fundamentalmente dos grupos desiguales que se reafirman en la Edad Moderna: grandes latifundistas y campesinos sin tierras. Gerald Brenan, en su libro The Spanish labryrinth (1943), escribe: Viajando al sur del Tajo hacia La Mancha y Extremadura, se ve cómo las fincas aumentan de extensión y el número de pequeños propietarios y arrendatarios disminuye. Estas grandes fincas tienen origen diferente de las de Castilla la Vieja. Se constituyeron durante la segunda etapa de la Reconquista, entre 1085 y 1248, cuando los reyes de Castilla empezaron a incorporarse territorios que contaban ya con una población musulmana bien asentada. La tierra que iban conquistando era entregada, no a individuos de la nobleza, sino a las recién constituidas órdenes militares que, formando el núcleo principal de la caballería del reino, eran más capaces de defenderlas.
DESAMORTIZACIONES.
Pero en España se comienza  la venta de bienes de los jesuitas y reparto de propiedades municipales en la temprana fecha de 1766; ya en 1798 y hasta 1808, Godoy llevará a efecto la desamortización de parte de los bienes de la iglesia. En Portugal, de 1798 a 1820, se ponen en venta algunas encomiendas de las órdenes militares y de bienes de la Corona. Durante el Trienio Liberal (1821-1823), que coincide en ambos países, se ponen a la vez en venta parte de los bienes del clero regular. La segunda mitad del siglo XIX vine marcada en España por la desamortización de bienes municipales, también del clero, Instrucción Pública, beneficencia y la Corona, llevada a efecto por Madoz, importantísima en volumen. En Portugal, continúa la venta de bienes religiosos, baldíos municipales y de Instrucción Pública, aunque con menos impacto.
Ahora bien, el pueblo, con la implantación y consolidación del sistema liberal en el siglo XIX, no ve mejorar su vida. El escritor extremeño de principios de siglo XX Felipe Trigo escribe en su obra Jarrapellejos, publicada en primera edición en 1914:
- ¿Qué quieren? ¿Qué piden?
- ¡No sé! –dijo el alcalde.
- No se les entiende.
- A ver que abramos el balcón –decidió Jarrapellejos.
Asomáronse. En la confusión horrenda pudieron escuchar lo que pedían: “¡Pan! ¡Pan! ¡Abajo los ricos miserables! ¡Abajo las limosnas!... ¡Que nos entreguen el pósito...!”

DINÁMICA LABORAL Y LUCHA CAMPESINA.
Estas situaciones eran habitualmente controladas con “cargas” de las fuerzas del orden público y fuertes represiones: encarcelamientos y torturas. En su libro recopilatorio Sessenta anos de luta nos presenta el PCP esta represión sangrienta en el distrito de Beja, en 1954: De tras de um molho de favas surge o tenente Carrajola, apontando uma pistola-metrahadora. Dirige-se para a mulher que segue à frente da delegação e grita-lhe: “Que queres, bruta!” Catarina respondeu: “O que eu quero é pão para matar a fome aos meus filos. Quero pão. Tenho fome!” E então Carrajola, friamente, afasta os pés do filho que Catarina traz ao colo e dispara três tiros.
De otro lado, cualquier plante por exigencias laborales o salariales en las épocas cruciales de recolección o cultivo -en las que el tiempo es clave para evitar pérdidas graves- era resuelto con incorporación de mano de obra trasladada de otros lugares. Escribe Saramago en Levantado do Chão:
Están ahora dos grupos de jornaleros frente a frente, diez pasos los separan. Dicen los del norte, Hay leyes, fuimos contratados y queremos trabajar. Dicen los del sur, Aguantáis que os paguen menos, venís aquí a perjudicarnos, marchaos a vuestra tierra, ratinhos. Dicen los del norte, En nuestra tierra no hay trabajo, sólo piedras y aliagas, somos de la Beira, no nos llaméis ratinhos, que es ofensa. Dicen los del sur, Ratinhos, sois ratones, venís aquí a roer nuestros mendrugos. Dicen los del norte, Tenemos hambre. Dicen los del sur, También nosotros, pero no queremos sujetarnos a esta miseria, si aceptáis trabajar por ese jornal, nos quedamos nosotros sin trabajo.
El historiador Fernando Sánchez Marroyo lo expone así: A comienzos del otoño de 1870 un grupo de jornaleros portugueses, que había llegado en busca de trabajo, fue agredido y obligado a abandonar la ciudad de Badajoz. El motivo de la disputa radicaba en que estaban dispuestos a trabajar en la vendimia por un real menos.
Ya al filo del siglo XX los trabajadores van organizándose de manera más sistemática, creándose Centros Obreros y Casas del Pueblo. La sociedad La Germinal en Badajoz, de creciente fuerza e importancia como grupo de presión y negociación, en su periódico El Obrero expone: Planteado el régimen colectivista, la propiedad sería de todos, sin ser exclusivamente de ninguno; y entonces, cuando nadie fuera dueño exclusivo de nada, seríamos económicamente iguales. (30-06-1901)
En enero de 1912 se organiza la “Primeira Greve Geral de Solidaridade” en la historia del movimiento obrero portugués, que fue duramente reprimida.
Felipe Trigo denuncia con este cuadro sobrecogedor la situación de los campesinos: Sobre un camastro, una extenuadísima mujer se abrasaba al calor de la terciana, procurando acallar con sus flácidos pechos, agotados, el llanto de dos mellizos; la abuela, cojeando por los reúmas y por sus setenta y cinco años, hacíala a la lumbre de taramas caldo de peces y morcilla. El médico se renegó. Aquello, que a un sano le haría echar el estómago por la boca, mal podía servir para la enferma. ¡No disponían de otro alimento!
El periodista Luis Bello publicaba en El Sol, de Madrid: En la plaza de Don Benito hay, por las mañanas, trabajadores de todos los oficios, especialmente jornaleros del campo y albañiles, que aguardan ajuste en las esquinas y alrededor del cafetín. Suelen ir un rato hasta los obreros fijos y los que ya tienen jornal; pero pronto se ve cuáles son los que van a jugarse el albur del jornal módico o del paro forzoso. Aumenta el número de días difíciles como el de hoy. A medida que la mañana va avanzando, se desparraman y, a falta de jornal, buscan ocupaciones libres. Serán pajareros, pescadores, esparragueros... Cuando el campo no da nada, en épocas en que todo se niega, son las mujeres las que salen a los portales demandando socorro. Los pobres se ayudan unos a otros y el primer remedio es el préstamo de pan entre compañeros.
Y en otra entrega, el mismo periodista expone: ¿Qué importa el mejor plan de enseñanza? Diez maestros –pobres para diez escuelitas de pobres en ciudad industrial de doce mil habitantes, pueden hacer muy poco. Señor Filipe Chavais, profesor primario oficial de Portalegre -¡tan correcto, tan inteligente, tan agudo! ¡Sr. Cesáreo Augusto Marques, compañero de lucha: los tiempos son malos! La escuela se ve obligada a esperar. A un lado y a otro de la frontera, ¡paciencia!
REFORMAS AGRARIAS.
Y en medio de tanta necesidad, una esperanza: la creada por la II República española de 1931. Había llegado el tiempo para España, y en concreto para Extremadura, de la soñada Reforma Agraria.
Ocupaciones-tierras-Badajoz-ARMHEx.
El 23 de septiembre de 1931 se publica la Ley de laboreo forzoso (boicoteada por los latifundistas), el 9 de septiembre de 1932 se aprueba la Ley de Bases para la Reforma Agraria (faltaban los decretos de desarrollo) y el 1 de noviembre de 1932 un Decreto de intensificación de cultivos (ante tanta tierra mal explotada, permitiendo la ocupación forzosa en arrendamiento durante dos temporadas). Pero en diciembre de 1933 -más de un año después de este decreto de emergencia- en Extremadura sólo hay 110.000 ha. ocupadas, y apenas se contemplan partidas presupuestarias oficiales para seguir arrendando en los presupuestos oficiales de 1934 y 1935. Sólo con el triunfo del Frente Popular el 16 de febrero de 1936 se acelerará el proceso.
Cuando el 25 de abril de 1974 los jóvenes capitanes del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) dan el golpe contra el gobierno portugués, el pueblo se echa a la calle, en apoyo inmediato y masivo. Atrás quedaban las indescriptibles torturas de la PIDE, a las que fueron sometidos tantos campesinos alentejanos y que alcanzan una crueldad impresionante, como denuncia el dirigente obrero António Gervásio en un relato estremecedor:
É difícil exprimir por palabras a violencia da célebre tortura do sono, que consiste en não deixar dormir o preso durante 5, 6, 8, 10, 12, 13, 14, 15 16 e mais dias e noites seguidos (eu estive na última prisão 18 dias e noites, seguidos nesta tortura, impedido de dormir); tortura que é acompañada de espancamentos, de gritos e pancadas nas paredes e outros ruidos, agua fria pela cabeça e corpo; tortura que provoca dolorosas alucinações visuais e auditivas e vai até ao esgotamento físico quase total do preso.
El primer decreto-ley de Reforma Agraria se dicta en abril de 1975, a un año del comienzo de la Revolución de los Claveles, y tres meses después han sido ocupadas 500.000 hectáreas en Alentejo. A finales del mes de julio se publican los más importantes decretos de Reforma, llegándose al final del verano a una ocupación de más de 1.000.000 de hectáreas, asentándose unos 70.000 campesinos en más de 500 UCPs.
En septiembre de 1975 existía el proyecto de continuar con las expropiaciones, y otro millón de hectáreas estaba ya en trámite de ocupación. Pero a partir de esas fechas, las luchas políticas en el gobierno de la nación provocaron una serie de crisis que desembocaron en noviembre de 1975 en un golpe militar que recondujo todo el proceso de nacionalizaciones de empresas y la Reforma Agraria.
EL DIFÍCIL FUTURO EN LA RAIA/RAYA.
Las enormes carencias de estas tierras del Sur, el Alentejo y Extremadura, llevarán a una impresionante sangría migratoria que despuebla su territorio entre 1955 y 1975, años de enorme despegue industrial en Centroeuropa y las grandes ciudades de ambos países, donde buscaban un medio de vida más esperanzador dentro de la industria y los servicios. Algo que se volverá a repetir con la nueva crisis económica mundial de principios del s. XXI.
La Política Agraria Común del mercado europeo, en que se encuentran España y Portugal desde su ingreso en la Comunidad Económica Europea en 1986, ha implantado una nueva dinámica en la cuestión agraria, creando un nuevo panorama, alejado del modelo de explotación de los siglos XIX y XX, pero el modelo sigue sin significar un impulso de desarrollo suficiente para los territorios de la Raia/Raya, siempre a la cola de los indicadores de bienestar de la Europa Comunitaria.
Moisés Cayetano Rosado

domingo, 11 de diciembre de 2016

FRONTERA Y VIDA COTIDIANA EN LOS ESCRITORES CONTEMPORÁNEOS DE LA RAYA/RAIA
Entrada al cementerio de Vila Viçosa y tumba de Florbela Espanca
Moisés Cayetano Rosado
De nuevo estaré con los alumnos de postgrado de la Universidad de Mayores de Badajoz (el 15 de diciembre) para hablar de la Raia/Raya, como ya hiciera el 20 de octubre pasado (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2016/10/curso-de-postgrado-de-la-universidad-de.html).
Esta vez, “remataré” lo que quedó pendiente de la sesión anterior (Red fortificada luso-española) y avanzaremos en el tiempo para pasar a finales del siglo XIX y el siglo XX, de la mano de escritores que nacieron y vivieron la Raia/Raya con amor y pasión.
La poeta calipolense Florbela Espanca nos situará en este espacio seco y duro de Alentejo-Extremadura, con su sed de agua, de horizontes de futuro, a través de uno de sus sonetos más sobrecogedores: “Árvores do Alentejo”. Es impresionante que una persona que vivió solamente 36 años llegara a tal profundidad en su poesía y a una intensidad de vida tan extraordinaria… a la que puso fin tras dos intentos anteriores. Allá, en su pueblo, descansan sus restos, dentro del bellísimo recinto medieval de Vila Viçosa.
“Árvores do Alentejo”. Florbela Espanca (1894-1930), en "Charneca em Flor” (1931) https://www.youtube.com/watch?v=WSrY0rJELdM
Ao Prof Guido Battelli

Horas mortas... Curvada aos pés do Monte
A planície é um brasido... e, torturadas,
As árvores sangrentas, revoltadas,
Gritam a Deus a bênção duma fonte!

E quando, manhã alta, o sol posponte
A oiro a giesta, a arder, pelas estradas,
Esfíngicas, recortam desgrenhadas
Os trágicos perfis no horizonte!

Árvores! Corações, almas que choram,
Almas iguais à minha, almas que imploram
Em vão remédio para tanta mágoa!

Árvores! Não choreis! Olhai e vede:
- Também ando a gritar, morta de sede,
Pedindo a Deus a minha gota de água! 

Monumento a Gabriel y Galán
en Cáceres
A continuación, nos “cogeremos de la mano” de José María Gabriel y Galán (salmantino que arraiga en la provincia de Cáceres), ligeramente anterior a Florbela, pero que igualmente murió joven, con 35 años, y que ha sido tan admirado como denostado, por el costumbrismo de muchas de sus composiciones, tildadas de “conservaduristas”, pero que contienen una “sabiduría popular” verdaderamente extraordinaria. Aparte de que en buena parte de su extensa producción asistimos a la exposición de una denuncia social de la situación de los campesinos verdaderamente conmovedora, valiente, apasionada, como ocurre en “Los postres de la merienda” o en “Los sedientos”, de una fuerza poética y una crudeza que pocas veces vemos en la literatura universal, y que constituyen un “aguafuerte” de lo que en nuestra Raia/Raya era destino común de tantos indigentes. Su muerte por enfermedad nos privó de la prosecución de una obra y la consolidación de una mentalidad raramente igualada.
José María Gabriel y Galán (1870-1905)
Los postres de la merienda (1901)
El sol quemaba, y al mediar el día
interrumpió Francisco la faena:
una faena trabajosa y ruda,
menos propia de hombres que de bestias.
Y laxos ya los músculos de acero,
medio asfixiado, con las fauces secas,
limpiándose los ojos escaldados
y mascando el polvillo de la tierra,
a la sombra candente de un olivo
se dispuso a comerse la merienda:
un pedazo de pan como caliza
y un trago de agua... si la hubiese cerca.
«¡Y entavia gruñi el amo! -meditaba-.
...   …   …    …   …   …   …   …   …
Seguiremos asín, como poamos,
aguantando, aguantando lo que venga,
jasta que ya se llenin las medías,
¡porque me gieri que el muchacho y ella
no se puéan jartal de pan de trigo
ni un torresnino pa colalo tengan!...» 

Por aquí iba Francisco en sus pensares
cuando de pronto resonó ya cerca
el trote de la jaca que montaba
el amo que no daba la peseta
Y ante Francisco, en ademán airado,
gruñó el verdugo con la voz muy seca:
«No quiero jornaleros comodones
que a la sombra tan frescos se me sientan,
ni señoritos finos que se tardan
una hora en comerse la merienda.
La herramienta parada, tú sentado,
y luego, ¡que te paguen a peseta!
Te debo medio día, deja el corte
y a la noche te vas a por la cuenta.»
No dijo más, y al trote de la jaca
salió del olivar por la vereda.
Mirándole Francisco como a veces
suele mirar al domador la fiera,
murmuró con la voz un poco ronca,
preñada de amenazas y algo trémula.
«¡Me caso en Reus!... ¡Lo que yo jaría
si el chico y la mujel se me murieran!...»
Los sedientos (1901)
Vagando va por el erial ingrato,
detrás de veinte cabras,
la desgarrada muchachuela virgen,
una broncínea enflaquecida estatua.
Tiene apretadas las morenas carnes,
tiene ceñuda y soñolienta el alma,
cerrado y sordo el corazón de piedra,
secos los labios, dura la mirada...
Sin verla ni sentirla
la estéril vida arrastra
encima de unas tierras siempre grises,
debajo de unas nubes siempre pardas.
Come pan negro, enmohecido y duro,
bebe en los charcos pestilentes aguas,
se alberga en un cubil, viste guiñapos,
y se acuesta en un lecho de retamas.
No sueña cuando duerme,
no piensa cuando vela desvelada;
si sufre, nunca llora;
si goza, nunca canta,
y vive sin terrores ni deleites,
que no la dicen nada
ni los fragores de las noches negras,
ni los silencios de las noches diáfanas,
ni el rebullir del convecino sapo,
ni los aullidos de la loba flaca
que yerra sola venteando carne
de chivos y de cabras.
Nunca sintió las alboradas tristes,
nunca sintió las bellas alboradas,
ni el ascender solemne de los días
ni la caída de las tardes mansas,
ni el canto de los pájaros,
ni el ruido de las aguas,
ni las nostalgia del rumor del mundo,
ni los silencios que el erial encalman.
Su padre fue el pecado,
su madre, la desgracia,
y otra pareja infame
de carne estéril y de infames almas,
la robó de la cuna de los huérfanos
con hórrida codicia calculada.
El mirar de sus ojos ofendidos
por el erial resbala
como el osado pensamiento humano
que osa escrutar los reinos de la nada.
Ciegos los ojos, sordos los oídos,
la lengua muda y soñolienta el alma,
vagando va por el erial escueto
detrás de veinte cabras
que las tristezas del silencio ahondan
con la música opaca
del repicar de sus pezuñas grises
sobre grises fragmentos de pizarras...

Rosalía de Castro
Y estamos llamados a ir retrocediendo ligeramente en el tiempo, para seguir el hilo “tierra-desenvolvimiento interior-salida en busca de un porvenir mejor”. Nos acercamos, así, a Rosalía de Castro, la poeta gallega de Santiago de Compostela, fallecida en Padrón, a los cuarenta y ocho años de edad, que relata como pocos la vida de aquellos que se ven obligados a emigrar para buscarse el pan que en su tierra no tienen. ¡Con qué desgarro nos muestra el desamparo y la “saudade” de tantos trabajadores que desde Galicia y toda la Raia/Raya empobrecida marchan “a las Américas”, esperanzados y después tan nostálgicos!
“En las orillas del Sar” (1874). Rosalía de Castro (1837-1885) https://www.youtube.com/watch?v=W3U_-TJv8Qs

En la última noche,
la noche de las tristes despedidas,
y apenas si una lágrima empañaba
sus serenas pupilas.
Como el criado que deja
al amo que le hostiga,
arreglando su hatillo, murmuraba
casi con la emoción de la alegría:

   -¡Llorar! ¿Por qué? Fortuna es que podamos
abandonar nuestras humildes tierras;
el duro pan que nos negó la patria,
por más que los extraños nos maltraten,
no ha de faltarnos en la patria ajena.

   Y los hijos contentos se sonríen,
y la esposa, aunque triste, se consuela
con la firme esperanza
de que el que parte ha de volver por ella.
Pensar que han de partir, ése es el sueño
que da fuerza en su angustia a los que quedan;
cuánto en ti pueden padecer, oh, patria,
¡si ya tus hijos sin dolor te dejan!

Volved, que os aseguro    
que al pie de cada arroyo y cada fuente
de linfa trasparente
donde se reflejó vuestro semblante,
y en cada viejo muro
que os prestó sombra cuando niños erais
y jugabais inquietos,
y que escuchó más tarde los secretos
del que ya adolescente
o mozo enamorado,
en el soto, en el monte y en el prado,
dondequiera que un día
os guió el pie ligero...,
yo os lo digo y os juro
que hay genios misteriosos

que os llaman tan sentidos y amorosos
y con tan hondo y dolorido acento,
que hacen más triste el suspirar del viento
cuando en las noches del invierno duro
de vuestro hogar, que entristeció el ausente,
discurren por los ámbitos medrosos,
y en las eras sollozan silenciosos,
y van del monte al río
llenos de luto y siempre murmurando:
«¡Partieron...! ¿Hasta cuándo?
¡Qué soledad! ¿No volverán, Dios mío?»

   Tornó la golondrina al viejo nido,
y al ver los muros y el hogar desierto,
preguntóle a la brisa: -¿Es que se han muerto?
Y ella en silencio respondió: -¡Se han ido
como el barco perdido
que para siempre ha abandonado el puerto!


Pasando del verso a la prosa -y una vez más con el problema de la tierra que no se posee-, seguimos en ese cambio de siglo XIX al XX con dos autores rayanos imprescindibles: Manuel Ribeiro, nacido en Albernoa (Beja-Alentejo), también muerto tempranamente, con 36 años, pero que nos ha dejado obras tan conmovedoras como “Planicie heróica”, editada póstumamente, donde nos presenta la triste realidad de los desposeídos frente a los grandes detentadores de la tierra. Y Felipe Trigo, nacido en Villanueva de la Serena (Badajoz), que a los cincuenta y dos años se suicidaría, tras una vida intensa, coronada por el éxito como novelista, cuya obra “Jarrapellejos” es uno de los mejores retratos del caciquismo de comienzos del siglo XX y del problema de la propiedad latifundista absentista.
“Planicie heróica” (1927), de Manuel Ribeiro (1878-1914):
A todos ruía uma ambição: ter. Ter terra, uma morada de casas, carro e parelha de bestas. Mas, por desgraça, a terra estava ainda em regime latifundiário. Alguns lordes dominicais, que ninguém conhecia, que nunca ninguém vira, senhoreavam as mayores herdades da redondeza, todas grandes como condados, e estendia o temor da sua soberania absoluta por tudo quanto a vista abarcava, léguas e léguas cuadradas de montado e lavra. Ninguém se insurgia. Tudo achava legítima a posse: cada um é señor daquilo que é seu. Mas roía-os o desespero desta sina maldita que lhes fechavam a eles e a seus filos, como fechara já a seus pais, a posse daquela terra que eles tinham criado e feito com tanto esforço e amor, a terra que era o seu sangue e vida, e que um qualquer que a não conhecia nem andava nela, podia orgullosamente dizer: É minha! – e deitá-los para fora dela, quando muito bem quisesse.


“Jarrapellejos” (1914) , de Felipe Trigo (1864-1916):
¡Pobre Patria, tanto más digna de cariño cuanto más decaída a la presente condición por torpezas de sus hombres!... Leguas y leguas de rañas, de estériles jarales, que se pudieran roturar; tierras que debieran cambiarse de cultivo; latifundios a repartir entre los pobres; saltos de agua en futura industria utilizables, y puntos de la ribera de más sencilla acometida para el riego de los campos…


Avanzando unos años, nos enfrentamos con dos autores de amplio reconocimiento a finales del siglo XX y comienzos del XXI. El extremeño de Casas de Don Pedro (Cáceres), Pedro de Lorenzo, novelista y periodista de amplísima trayectoria, en cuya novela “Gran Café” nos ofrece unas interesantes consideraciones sobre la necesidad de la Reforma Agraria durante la II República española en Andalucía y Extremadura, y el ribatejano de Azinhaga, José Saramago, Premio Nobel de Literatura, que en la novela “Levantado do Chão” hace lo mismo con respecto a la Reforma Agraria de la Revolução dos Cravos de 1974 en las tierras de Ribatejo y Alentejo.
“Gran Café” (1974), de Pedro de Lorenzo (1917-2000):
Pues ese otro año de 1933 -narra el cacereño Pedro de Lorenzo en su novela Gran Café-, que es al que me refiero, otra vez se fueron a las fincas. Y otra vez la Guardia Civil mandó desalojar las tierras ocupadas. Había terrenos que no se cultivaban desde mediado el siglo XIX. Fincas de pasto y encina. La más parcelada ese año fue Las Golondrinas, lindera a La Quintana. Las Golondrinas es una dehesa enorme. Se les aconsejó, al echarlos, que aguardasen la reforma agraria. Y lo que ellos decían:
- Para entonces ya se ha pasado el tempero.


“Levantado do Chão” (1980), de José Saramago (1922-2010):
Estava o trigo na terra e não o ceifaram, não o deixam ceifar, searas abandonadas, e quando os homens vão pedir trabalho, Não há trabalho, que é isto, que libertação foi esta, então já se fala que vai acabar a guerra em África e não acaba esta do latifúndio. Tanto se apregoou de mudanças e de esperanças, saíram as tropas dos quartéis, coroaram-se os canhões de ramos de eucalipto e os cravos encarnados, diga vermelhos, minha senhora, diga vermelhos, que agora já se pode, andam aí a rádio e a televisão a pregar democracias e outras igualdades, e eu quero trabalhar e não tenho onde, quem me explica que revolução é esta.


Una pequeña muestra, en fin, de escritores “rayanos” de los siglos XIX y XX, que claramente apuestan por el ser humano, su dignidad, la vida de dificultades y sufrimientos de los más inermes, el transcurrir cotidiano en nuestros pueblos. Muestra ampliable a tantos autores de la Raia/Raya, que unen a su indudable calidad literaria una extraordinaria sensibilidad, testimonio histórico y vital de lo que tanto podemos aprender.

martes, 17 de marzo de 2015

CONOCER EXTREMADURA Y ALENTEJO DURANTE LAS DICTADURAS IBÉRICAS A TRAVÉS DE LA LITERATURA
Moisés Cayetano Rosado
            Preparando mi aportación al CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE EL ASESINATO DEL GENERAL HUMBERTO DELGADO EN BADAJOZ (que se celebrará en el Salón de Plenos de la Diputación de Badajoz durante todo el día 20 de marzo -viernes-, precedido en la tarde del día 19 de la película Operação Outono y seguido el sábado de una visita tras los últimos pasos de Humberto Delgado), he repasado -aparte de documentos de la época- diversas obras literarias que retratan fielmente el tiempo en que se desarrollan los sucesos, sus precedentes, causas y consecuencias.
Y es que podemos conocer con bastante fidelidad la situación general de España y Portugal, y más en concreto del sur peninsular -y específicamente de Extremadura y Alentejo-, a través de diversas obras literarias maestras, publicadas a lo largo del siglo XX.
Algunas son lamentablemente poco conocidas, como Planicie Heróica, del alentejano Manuel Ribeiro, o Paredes, un campesino extremeño, del extremeño Patricio Chamizo. Otras, en cambio, perviven en la historia de la literatura, como la más celebrada del extremeño Felipe Trigo: Jarrapellejos (esencial para entender el caciquismo y la situación de los jornaleros del campo en los primeros años del siglo XX, que no difiere de los tiempos que le anteceden ni de toda la primera mitad del siglo XX ¡y más!).
Pero seguramente la más significativa sea Levantado do Chão, de José Saramago, que recrea con soltura y realismo, dureza unas veces y otras con desenfado, el transcurrir cotidiano en los campos del sur (tanto da Extremadura como Andalucía, Alentejo como Algarve). La ostentación y soberbia de unos pocos; las estrecheces, el hambre de los más. Los férreos controles de las fuerzas del orden puestas al servicio de la minoría poseedora, contundente en la represión de la mayoría desheredada.
Todo un recorrido preciso, tenso, dramático, crudamente descriptivo, con algunas concesiones a la distensión para aliviar al lector de la tremenda carga emocional. Una historia novelada de los primeros 75 años del siglo XX, pues Levantado do Chão “levanta” su testimonio con el siglo y va hasta la explosión y desarrollo de la “Revolução dos Cravos” portuguesa, que en España corresponde al final del franquismo.

Magnífica forma de aprender historia, de sentirla, de vivirla de nuevo, desde la reflexión y la tranquilidad de que, conforme pasamos las páginas del libro, vamos dejando atrás unos tiempos oscuros que no deben volver.

viernes, 27 de febrero de 2015

LA SECULAR POBREZA EXTREMEÑO-ALENTEJANA


Moisés Cayetano Rosado

Leemos en la emblemática obra del escritor extremeño Felipe Trigo -publicada por primera vez en 1914- “Jarrapellejos”: se estaba tan mal aquí, “tan rematadamente daos al mesmísimo demóngano que nada se perdiese por cambiá, manque hubiá de sel en el infierno”. Se refería a esta tierra de hambre y miseria que era Extremadura para una mayoría, para el inmenso “ejército” de jornaleros y trabajadores de la tierra, que soñaban con cambiar radicalmente su fortuna marchando a Suramérica.
Aquí y en miles de pueblos, ocurría la habitual y pequeña cosa de que los braceros, como por la langosta en la primavera anterior, como por la excesiva lluvia en el pasado otoño, volvían a pedir limosna. Ahora por la sequía, escribe más adelante, reafirmando que en cualquier circunstancia el destino era el mismo dentro de la región para los desposeídos.
Algo parecido les ocurría a nuestros vecinos alentejanos, afectados por el mismo mal del reparto desigual, magistralmente retratados por el escritor de  Albernoa (Beja), Manuel Ribeiro, en su obra de 1927 “Planície Heróica”. Y nos presenta con firmeza su “otro hambre”: A todos ruía uma ambição: -ter. Ter Terra, uma morada de casas, carro o parelha de bestas. Mas, por desgraça, a terra estava ainda em regime latifundiário. Alguns lordes dominicais, que ninguém conhecia, que nunca ninguém vira, senhoreavam as maiores herdades da redondeza, todas grandes como condados, e estendia o temeor da sua soberania absoluta por tudo quanto a vista abarcava, léguas e léguas quadradas de montado e lavra.
Sí, el “hambre de tierras” de los más, en tanto “los menos”, absentistas, lejanos, detentaban inmensas propiedades mal explotadas o abandonadas, servidas por braceros que trabajaban “de sol a sol” apenas por algo más que la comida.
De ahí que a lo largo del siglo XX las luchas campesinas hayan tenido como objetivo la Reforma Agraria, que fugazmente se realizaría durante la II República y la Guerra Civil españolas, así como en el período de intensificación de la Revolución portuguesa, tras el Golpe dos Capitães, conocido como Revolução dos Cravos. Ambas de escasa duración, aunque por motivos diferentes: traumático el primero y de “reconducción” el segundo.
Al margen de la lucha organizada, los campesinos trataron de buscarse el pan, en sus largos periodos de inactividad laboral por falta de trabajo, con métodos de subsistencia, como la rebusca de aceitunas, uvas, grano de cereales, tras la cosecha de los propietarios, la caza y pesca furtiva, el contrabando en la frontera… Actividades perseguidas, castigadas muchas veces con dureza a un lado y otro, como señala también en otra obra testimonial el escritor José Saramago, en “Levantado do Chão” (1980), localizada en Alentejo y que es una historia novelada de la región especialmente de los setenta y cinco primeros años del siglo veinte:
Até uma criança sabe que a guarda está aquí para guardar o latifúndio, Guardá-lo de quê, se ele não fuge, Dos perigos de roubo, saque e perversidades várias, que esta gente de que venimos falando é de má casta, imagine, uns miseráveis que toda a vida deles e dos pais e dos avós e dos pais dos avós tiveram fome. Sí, la “guarda”: GNR en Portugal y Guardia Civil en España,, cuyo papel de control y represión hasta la Revolução dos Cravos en Portugal y la implantación de la democracia en España fue de gran dureza.
Esta situación denunciada a principios de siglo XX (F. Trigo), tras iniciarse el segundo cuarto del siglo (M. Ribeiro) y en los “años de la esperanza” (J. Saramago), condujo al mayor éxodo que hemos tenido en nuestra historia: emigración hacia las zonas industriales de nuestros respectivos países y a Centroeuropa de casi el 50% de nuestra población entre 1955 y 1975; años de “la gran estampida migratoria”, que nos dejó sin el capital humano de la gente más joven, en edad de producir y reproducirse.

Hoy en día, con una población a duras penas renovada, envejecida, parece que también la historia se repite: nuevo éxodo forzado por falta de perspectivas laborales. Secular pobreza y secular emigración que nos desertifica.