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martes, 3 de marzo de 2020

lunes, 22 de diciembre de 2014

Una larga excursión transfronteriza.
CORREDOR DE INVASIÓN MADRID-LISBOA: TESORO FORTIFICADO DE LA RAYA

Moisés Cayetano Rosado

Las sucesivas guerras de la Edad Moderna convirtieron la Raya, en la línea de invasión Madrid-Lisboa, en una sucesión de “escudos abaluartados”, que ya en la Baja Edad Media tuvo una importante implantación de fortalezas góticos, de defensa activa.
Este corredor, este inmenso valle del Guadiana fronterizo, que se prolonga por la planicie alentejana hasta Setúbal-Lisboa, presenta en la parte española una importante población que fue sucesivamente fortificada desde su fundación islámica: Badajoz. A lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX completaría unas defensas artilladas y abaluartadas. Al norte estaba auxiliada por Alburquerque, e inmediatamente al sur por su poblado efímero de Telena; fortaleza esencialmente bajomedieval la primera y del siglo XVII la segunda.
ESCUDOS SUCESIVOS.
Pero el “embudo de contención” alentejano superaría con creces estas construcciones de defensa e impulso a la infiltración, teniendo ante Badajoz una inmediata tenaza primero de fortalezas medievales y después revestidas de abaluartadas, con enorme despliegue técnico: Campo Maior al norte, Elvas al centro y Olivença al sur. Vanguardia fortificada de impresionante alarde bélico y extraordinaria belleza monumental mirándolo como legado histórico.
A esta línea de inmediato choque le sucede como una primera e inmediata retaguardia otro conjunto donde igualmente lo medieval ha sido revestido a partir de la Guerra de Restauração de 1640-1668: Arronches más al norte de Campo Maior; Ouguela en el norte inmediato, y Juromenha a espaldas de Olivenza, a orillas del Guadiana.
Estrechándose ese “tubo de embudo”, internándose hacia el inmenso llano alentejano que lleva cómodamente hacia Lisboa, una segunda, casi horizontal línea de retaguardia: Vila Viçosa, Estremoz y Évora. Otra vez más lo medieval se reviste de abaluartado, y -como los anteriores- protagonizan importantes confrontaciones entre portugueses y alentejanos, con sus respectivos aliados, ingleses y franceses en la Edad Moderna, tras las guerras de frontera anteriores ante las conquista a los musulmanes.
De todo ello nos ha quedado un patrimonio artístico-monumental verdaderamente extraordinario, único; testimonio singular de una prolongada época de lucha fronteriza, en muy buena parte preservado en cuanto a su integridad y autenticidad. Digno de contemplarse, “leerse”, disfrutarse en serie.
RECORRIDO POR LAS LÍNEAS DE CHOQUE Y CONTENCIÓN.
Partir de Alburquerque, con su incomparable castillo roquero del siglo XV y sus redientes artillados del siglo XVIII (sin olvidar su barrio gótico) para dirigirse a Arronches, que conserva gran parte de la muralla abaluartada iniciada en el siglo XVII, es un buen comienzo. No falta en el camino muestras interesantes de pintura esquemática rupestre, como en sus cascos históricos un notable patrimonio arquitectónico religioso.
De Arronches podemos bajar a Ouguela, deliciosa y mínima población de apenas 50 habitantes que sorprende por su fortaleza medieval artillada y complementos abaluartados, con enorme cisterna en el patio de armas y envidiables vistas alrededor, que rivalizan con las de Alburquerque, visible desde allí.
Una decena de kilómetros más abajo: Campo Maior, conjunto medieval, renacentista y moderno extraordinario en cuanto al patrimonio militar, civil y religioso, complementado con sus museos etnográficos e industriales.
El paseo desde allá nos lleva a Badajoz, a dieciséis kilómetros, distancia que prácticamente no hemos superado en los anteriores recorridos con parada. El tesoro de esta ciudad, la mayor de su entorno, con más de 150.000 habitantes, es de sugerente complejidad: desde su alcazaba musulmana hasta su Museo de Arte Contemporáneo ubicado donde estuvo -y fue lamentablemente destruido- el Fuerte de Pardaleras, recorremos todo el arte y la historia cuando menos de los siglos X al XXI.
Al sur, la Olivenza española (Olivença portuguesa), que une a su patrimonio fortificado neurobalístico y pirobalístico -como las demás- su riquísimo y variado patrimonio monumental y urbano, así como un Museo Etnográfico de los más completos que podamos contemplar.
El “plato fuerte” puede que lo detente la siguiente parada: Elvas, con uno de los conjuntos de fortificaciones abaluartadas y sus complementos más grandiosos e íntegros del mundo, enriquecidos por dos cercas islámicas y otra más bajomedieval, en parte conservadas (y coronadas por su castillo, primer Monumento Nacional clasificado en Portugal, en 1906), así como un conjunto de iglesias donde la riqueza gótica, manuelina y barroca se muestra con generosidad.
Estas poblaciones de primera línea geográfica en la Raya, que exigen parada y fonda en su amplia y sugerente oferta de estancia y gastronomía, se completa con Juromenha -en la “cola” impresionante del Barragem (embalse) de Alqueva, apenas una decena de kilómetros debajo de Elvas, cuyas murallas musulmanas en adobe quedan amparadas por un inmenso fuerte abaluartado que eleva sus murallas en el cerro a orillas del Guadiana, ofreciendo una estampa llena de grandeza.
Y ya internándonos en la planicie, defendiendo el camino de Lisboa, tres sucesivas maquinarias defensivas, a punto también para la ofensiva de contraataque: Vila Viçosa, a la que el viajero puede acceder desde Juromenha sin necesidad de volver a la carretera principal. La ciudad es un libro abierto de arte y de historia, bajo el signo principal de los duques de Bragança, no solo por su Palacio Ducal incomparable, sino también por su castillo artillado del siglo XVI, imponente, a un lado de su fortificación medieval, y revestido de tenazas, más hornabeque interior.
Enseguida: Estremoz, magnífico en su Torre del Homenaje, donde vivieron el rey D. Dinis y la reina Dña. Isabel, extraordinario en su cerca abaluartada y único en su mercado de los sábados en la espaciosa plaza principal, donde las antigüedades se alternan con productos artesanales y hortofrutícolas de los propios productores.
Para terminar, cerrando la “flecha abaluartada” del corredor de invasión Madrid-Lisboa: Évora, Patrimonio de la Humanidad, como también lo es Elvas, y como ella con extraordinario acueducto, obra esencial de los hermanos Arruda, del siglo XVI, que igualmente intervendrían en el castillo artillado de Vila Viçosa o el de Evoramonte, en el camino entre ambas poblaciones. Ciudad-museo, como habríamos de calificar a Elvas y Vila Viçosa, y como todas las demás testigo esencial de la historia fronteriza desde las correrías de Geraldo Sem Pavor (a quien recuerda en su escudo), del siglo XII, hasta últimas confrontaciones en las invasiones napoleónicas, siete siglos después.

Tesoro en serie inigualable de la Raya, testimonio y ejemplo de conjuntos urbanos fortificados que ejemplifican el desarrollo tecnológico e ilustran etapas esenciales de la Baja Edad Media y de la Edad Moderna. Patrimonio indiscutible de la Humanidad. Recreo artístico-monumental para las generaciones actuales y para las venideras.

jueves, 20 de noviembre de 2014

CONCELHO DE ALANDROAL, LA TIERRA DE LOS TRES CASTILLOS
Moisés Cayetano Rosado

El concelho de Alandroal está pegado a la Raya en uno de los espacios más discutidos de nuestra frontera: la zona limítrofe de Olivenza. En los mapas y planos oficiales portugueses, esa separación no aparece, pues su reivindicación sobre todo el territorio oliventino continúa siendo materia apasionada.
Están separadas ambas comarcas (Llanos de Olivença y Concelho de Alandroal) por el río Guadiana, que al comenzar el concelho de Alandroal -en la freguesía de Juromenha- adquiere gran prestancia: estamos en la “cola del embalse de Alqueva”, ancha todavía en esta gran planicie. Antes de la construcción de la presa, en verano, podía pasarse de un lado a otro, con el río prácticamente sin agua en el lugar donde ahora barcas, barcazas, lanchas y otras embarcaciones a motor navegan a placer.
Juromenha -de la que en alguna ocasión hemos hablado-  es población mínima, de un par de largas calles, con casas primorosamente encaladas, de altas chimeneas, tan altas como las fachadas. Desde su fortificación se divisa un amplio territorio (en especial de Los Llanos de Olivenza) y el río, que ofrece magníficos espectáculos visuales, especialmente en los atardeceres.
Sus lienzos de muralla del siglo XVII se conservan en muy buena parte, con agudísimos ángulos, fosos profundos y baluartes de impresionante solidez. Dentro quedan los restos del castillo de origen musulmán, de tierra compactada, así como una hermosa iglesia, una capilla y diversas construcciones de estancias militares, pues el enclave fue históricamente importantísimo en la frontera tanto en tiempos medievales como modernos.
Dieciséis kms. más al suroeste está Alandroal. Su castillo -en el centro de la villa- fue fundado por D. Dinis, pero tiene amplias influencias musulmanas en su construcción. Con dos puertas de arcos góticos, al norte y al oeste, encerraba en su interior un caserío en semiabandono que ha sido demolido recientemente, ofreciendo una “plaza de armas” expedita. El recorrido por el adarve de la muralla resulta especialmente agradable, por la visión del caserío y de los alrededores que ofrece, así como las vistas a su interior, especialmente su Igreja de Nossa Senhora da Graça, de trazos renacentistas.
Son dignas de conocer en Alandroal la judería, así como las múltiples iglesias que ennoblecen con su porte la ciudad, y su fuente renacentista de mármol, en la Praça da República, donde también se encuentra la monumental Câmara Municipal.
La cocina de sus restaurantes es bastante seductora, y tiene gran fama A Maria, donde el cozido de grão, chispe assado no forno, borrego à Ti Maria, pezinhos de coentrada o su repostería se elevan a la categoría de arte. Pero no hay que desdeñar otros restaurantes menos afamados, aunque más visitados por los lugareños, como puede ser Zé do Alto, que une a sus assados de borrego, carne de porco à alentejana y sus bacalhaus unos deliciosos platos de peixes fritos, pescados en el Guadiana y servidos tan frescos que a veces nos encontraremos con la camioneta que los trae del río cuando accedemos a su interior.
Todo el concelho, en fin, es digno de recorrer con detenimiento. Y, en cualquier caso, no deberíamos salir de él sin visitar, 10 kms. más al sur, Terena, de esbelto castillo medieval, al que se llega atravesando su atractiva y sencilla rua directa, de portadas góticas, renacentista y barrocas, inmensas chimeneas y artístico pelourinho con fuste de pizarra.
A 1’5 kms. se encuentra el Santuário de Nossa Señora do Boa Nova, Monumento Nacional, mandado edificar por la reina castellana doña María -mujer de Alfonso XI e hija de D. Afonso IV el Bravo- al tener la feliz noticia de la ayuda portuguesa a Castilla, tras inicial oposición de la Corte, en la Batalla del Salado (1340). Con planta de cruz griega y almenas musulmanas, es una fortificación gótica de singular belleza, como una maqueta de castillo en el llano, de valiosas pinturas interiores. La romería que allí celebran en mayo conserva un sabor popular y medieval extraordinario, como ocurre con la Semana do Guadiana, organizada cada mes de junio por el concelho, en diversos lugares del mismo, incluidas estas tres poblaciones.

En los alrededores, la huella prehistórica se esparce en diversas dólmenes a los que se llega por caminos de encinas y alcornoques, rebaños de ovejas y de cabras, quedando en otros lugares (especialmente cerca de Terena) restos de castros celtas, en parajes que hacen las delicias de los senderistas.

jueves, 9 de enero de 2014

JUROMENHA, LA ESPLENDOROSA CENICIENTA

Por Moisés Cayetano Rosado

Juromenha es una cenicienta, esplendorosa todavía, a pesar de los derribos del tiempo y la desidia, desde donde las vistas al Guadiana no tienen rival; esa “cola” del Embalse de Alqueva forma una lámina de agua propicia para los deportes náuticos, para la contemplación de puestas de sol realmente increíbles.
Sus escasas dos calles conservan la tipología constructiva alentejana con esmero: pequeñas casitas en hilera; paredes blancas, con bordes de añil en puertas, ventanas y balcones; chimeneas troncocónicas gigantescas.
Su Fuerte no desdice de las grandes construcciones de la Edad Moderna: lo justifica su importancia histórica, que ya lo fue en la Edad Media y continuaría a comienzos del siglo XIX.
Llevo 20 años visitando esta fortificación, a tan solo 14 kilómetros de Elvas, hacia el sur. Admirando su amplio legado, superpuesto por el tiempo como hojas de un libro. Esos pilares, columnas y sillares romanos en paños de murallas; las cruces patadas visigodas; las murallas levantadas por los musulmanes que la conquistaron, la perdieron ante D. Afonso Henriques, la vuelven a conquistar dos veces, hasta quedar definitivamente en poder cristiano a partir de 1242.
D. Dinis (1279-1325) implanta importantes refuerzos: 17 torres cuadrangulares, torre del homenaje de 44 metros de altura, murallas revestidas en cantería de granito… Con la Guerra de Restauração (1640-1668), se cerca con una magnífica fortificación abaluartada, diseñada por Nicolau de Langres, que posteriormente se pasa al bando castellano, al que facilita planos secretos que permiten su toma.
En 1659, el estallido del polvorín arruina en gran parte sus instalaciones, lo que  un siglo después (con el terremoto de Lisboa, de 1755) llevará a repetir las destrucciones. Pero su importancia como “llave” de Portugal hará que se opere su recomposición; precisamente en 1808 sería uno de los lugares de inicio en la rebelión contra Napoleón.
Pero en los veinte años en que llevo admirándola, nuevas conquistas, nuevos estallidos, nuevos terremotos, nuevas invasiones y traiciones, la van hiriendo de muerte: el abandono, la desidia, la falta de cuidado para con esta perla del arte fundamentalmente islámico, medieval cristiano, abaluartado…, testigo de más de dos mil años de historia defensiva.
Veo cada vez un nuevo atentado: paños de murallas que se derrumban, interiores que se nos caen al suelo, elementos que se pierden (o que se van en manos amigas de lo ajeno).
Desolación ahora, donde antes admiré grandeza. Decadencia. Ruina. Soledad destructiva. Pérdida irreversible.

Se intentó una reconstrucción y puesta en uso, que entre lo discutible del proyecto y las crisis se ha quedado paralizada. ¿Cuál es el futuro para semejante tesoro que se nos está yendo, cayendo de las manos? Urge una actuación inmediata sobre ella, una de las señas de identidad histórico y artísticas más señaladas que tenemos en la Raya.

domingo, 3 de febrero de 2013

VISITA A LA FORTIFICACIÓN DE JUROMENHA

Por Moisés Cayetano Rosado

Llevo 20 años visitando la fortificación de Juromenha. Admirando su amplio legado, superpuesto por el tiempo como hojas de un libro. Esos pilares, columnas y sillares romanos en paños de murallas; las cruces patadas visigodas; las murallas levantadas por los musulmanes que la conquistaron, la perdieron ante D. Afonso Henriques, la vuelven a conquistar dos veces, hasta quedar definitivamente en poder cristiano a partir de 1242.
D. Dinis (1279-1325) implanta importantes refuerzos: 17 torres cuadrangulares, torre del homenaje de 44 metros de altura, murallas revestidas en cantería de granito… Con la Guerra de Restauração (1640-1668), se cerca con una magnífica fortificación abaluartada, diseñada por Nicolau de Langres, que posteriormente se pasa al bando castellano, al que facilita planos secretos que permiten su toma.
En 1659, el estallido del polvorín arruina en gran parte sus instalaciones, lo que  un siglo después (con el terremoto de Lisboa, de 1755) llevará a repetir las destrucciones. Pero su importancia como “llave” de Portugal hará que se opere su recomposición; precisamente en 1808 sería uno de los lugares de inicio en la rebelión contra Napoleón.
Pero en los veinte años en que llevo admirándola, nuevas conquistas, nuevos estallidos, nuevos terremotos, nuevas invasiones y traiciones, la van hiriendo de muerte: el abandono, la desidia, la falta de cuidado para con esta perla del arte fundamentalmente islámico, medieval cristiano, abaluartado…, testigo de más de dos mil años de historia defensiva.

Veo cada vez un nuevo atentado: paños de murallas que se derrumban, interiores que se nos caen al suelo, elementos que se pierden (o que se van en manos amigas de lo ajeno).
Desolación ahora, donde antes admiré grandeza. Decadencia. Ruina. Soledad destructiva. Pérdida irreversible.
Se intentó una reconstrucción y puesta en uso, que entre lo discutible del proyecto y las crisis se ha quedado paralizada. ¿Qué futuro? ¿Cuál es el futuro para semejante tesoro que se nos está yendo, cayendo de las manos?