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sábado, 3 de noviembre de 2018


HISTÓRIAS DE VIDA NO PORTUGAL DO SÉCULO XX
Cuando leí A memória das mulheres. Montemor-o-Novo em tempos de ditadura (Edições Colibri,2007), me reafirmé en que Teresa Fonseca no solo es una extraordinaria investigadora y una escritora de alta calidad sino que también es una persona de una sensibilidad y compromiso social conmovedores.
Tras muchas obras más que he tenido la fortuna de leer -libros, artículos; ensayos, investigaciones-, me he ido reafirmando en aquella impresión, al tiempo que he comprobado su generosidad, pues cada vez que le he pedido colaboración para cualquier aportación en revistas o actos públicos, lo ha hecho con una entrega completa, sin reserva alguna.
Ahora aparece en su fiel editorial una nueva entrega, que en sus 154 páginas nos vuelve a situar en el magnífico pálpito de la emoción sostenida y la fuerza testimonial lograda en las “historias de vida” de la gente sencilla, que en su lucha diaria hace grande la historia cotidiana y la eleva a la categoría de Historia con mayúsculas.
Baja el título de Histórias de vida no Portugal do século XX. Estudantes da Universidade Sénior do Grupo dos Amigos de Montemor-o-Novo, Teresa Fonseca nos retrata la vida en Portugal desde los años 30 del siglo XX hasta la actualidad, a través de las vivencias de 28 estudiantes y profesores de la Universidad de Mayores de Montemor-o-Novo.
En una Primera Parte relata la formación y funcionamiento del Grupo dos Amigos de Montemor-o-Novo y su Universidade Sénior, de la que Teresa Fonseca forma parte activa como alumna y profesora.
Y en una Segunda Parte, más densa y testimonial, va recorriendo casi 90 años de la vida cotidiana de Portugal, a través de los recuerdos y vivencias de sus compañeros estudiantes y profesores. Son impresionantes las páginas que dedica a los primeros años de los participantes: duros años treinta, cuarenta y cincuenta, aquellos descarnados tiempos de carencias, de pobreza a veces tan extrema, al tiempo que de superación de la tristeza y el dolor en los juegos sencillos infantiles. A ello sigue el apartado de los tiempos juveniles, de lucha, estudios y trabajo. Pasa después a las dificultades de la vida adulta, en que la dictadura salazarista se ve envuelta en las guerras coloniales, que tanto marcaron a la sociedad portuguesa en general y a los compañeros que aquí testimonian sus vivencias, para pasar después a la emoción y la alegría de la Revolução de Abril.
Termina el libro con la situación actual de los participantes en esta inolvidable “historia de vida”, que es la historia palpitante, fiel, del pueblo portugués en una larga pesadillas de dificultades, temor y terror, que despertó con el aire fresco de Abril, siendo ahora sereno recuerdo en estas personas admirables, cuyo testimonio impagable ha sido conducido con ejemplar maestría por Teresa Fonseca, nuestra rigurosa historiadora y escritora, incansable en su trabajo y proyectos, que afortunadamente se renuevan sin fin.
MOISÉS CAYETANO ROSADO

domingo, 19 de marzo de 2017

PRESENCIA “HUMANA” EN GRUTAS CALCÁREAS
 Cueva del Tesoro. Rincón de la Victoria
Moisés Cayetano Rosado

He visto grutas calcáreas por diversas partes del mundo. La mayoría con formaciones extraordinariamente caprichosas de estalactitas y estalagmitas, así como columnas hercúleas que parecen enormes velones por los que resbalan lagrimones calizos que brillan a la mínima luz.
Muchas de ellas han sido habitadas desde la noche de los tiempos y conservan en sus paredes el testimonio de sus antiguos inquilinos en forma de pinturas y grabados, que se remontan al Paleolítico y Neolítico: arte figurativo y esquemático que nos maravilla por su precisión y simbolismo, como nos maravillan las oquedades sinuosas y su grandiosidad.
Huella "deshumana" en grutade Portinho
Algunas, sin que estén explotadas para visitas de turistas, sufren el vandalismo de los que quieren dejar huella de su presencia en el lugar o llevarse alguna punta de piedra caliza con su gota de agua que enseguida desaparecerá. Es lo que ocurre con una hermosa gruta que da directamente al mar en Portinho da Arrábida, cerca de Setúbal, que no está señalizada, pero muchos conocemos y sabemos acceder a través de un sendero que baja hasta ella entre la maleza del Parque Natural.
¡Lástima de cueva labrada por los siglos, los milenios, en la que, curiosamente, se practican reuniones religiosas de sincretismo cristiano-santero-animista, con un altar lleno de santos y de flores, pero donde también graban su nombre, fechas y mensajes los desaprensivos e insensibles!
No es de extrañar que en algunas se tomen medidas rigurosas y el guía que te conduce en todo momento no deje ni siquiera fotografiar el interior. La medida es algo desproporcionada, y nada frecuente, pues en la inmensa mayoría los turistas pueden dejar constancia en máquinas fotográficas y móviles de su presencia y gozo ante tanta belleza natural. Este caso radical se da no muy lejos del abandono de la anterior: en la Gruta de Escoural, del municipio de Montemor-o-Novo; pequeña, pero deliciosa cavidad multiforme, con algunos grabados figurativos de animales y otros esquemáticos de pequeño tamaño, aunque bastante llamativos.
Pero, ¡ay!, esa tendencia a mostrar la propia burricie de quien lo hace, esa obsesión por dejar estúpidamente su testimonio absurdo en cuanto no haya vigilancia que lo impida, acecha inmisericorde.
Desierto de Wady Rum, Jordania
Por eso me asombró que en los enormes pedruscones de arenisca del Desierto de Wady Rum, en Jordania, se mantuvieran los grabados de sus abundantes paredones sin el trazo contemporáneo de turistas ávidos por dejar testimonio de su presencia. Tal vez los camelleros del desierto, tan presentes, fueran advertencia suficiente…
Postojna. Eslovenia
O me llama la atención que en las inmensas cuevas de Postjona, en Eslovaquia, de las más grandes del mundo (con más de 20 kilómetros), y donde has de internarte primero en tren subterráneo con un recorrido de 5 kilómetros, rodeado de cientos y cientos de curiosos, y bajo discreta y mínima guía-vigilancia, no descubriera ni un rasguño ocasionado por manos “tentadoras”.
Sin embargo, dentro de la abundancia de este tipo de cavidades que tenemos en España, he visitado recientemente la “Cueva del Tesoro” del Rincón de la Victoria, en Málaga, y otra vez el triste testimonio de la barbarie me ha vuelto a sobresaltar. Sobresaltar porque en estas magníficas cavidades de 1.500 metros de longitud, de origen marino, modelados por las olas sus componentes calizos, arcillosos y cuarcíticos, con restos de pinturas rupestres paleolíticas y neolíticas, se visitan sin guía que te acompañe. No es que hagan mucha falta como tales, pues el recorrido es fácil y de limitada dificultad, pero dejar al personal por libre, sin vigilancia personal ni electrónica resulta desastroso: la constancia de nombres y de fechas se superponen a restos de pinturas prehistóricas, las arrasan, como también arrancan puntas de disoluciones carbonatadas o pisotean corrientes discretas de agua que discurren entre los huecos de las rocas.
Preguntando en la entrada por la razón de esta falta de personal de acompañamiento, la respuesta es la de tantas en otros tantos lugares (me ocurrió recientemente en la antigua y celebérrima ciudad romana de Herculano -Patrimonio de la Humanidad-, con salas cerradas al público): falta de personal contratado para esos menesteres.
¡Así nos luce el pelo! La ignorancia campando y devorando a sus anchas, y el patrimonio de milenios ultrajado por los que bien harían con quedarse tomando vinazo en la taberna.

lunes, 26 de agosto de 2013

VISITANDO ARRAIOLOS, EVORAMONTE Y ÉVORA
 
Igreja da Misericordia. Arraiolos.
Un grupo de amigos -portugueses venidos fundamentalmente de Setúbal y algunos españoles, convocados por el Grupo de facebook Caminhadas…-, decidimos desafiar al calor en estos finales de agosto y deambular por la planicie alentejana.
ARRAIOLOS. TAPETES Y AZULEJOS.
El punto de encuentro es Arraiolos, y la “mecha calórica” un buen café y deliciosos pastéis de toucinho, de la pastelaria Reis, en el centro de la población. Muy cerca está la Igreja da Misericordia, construida en el siglo XVI, cuya azulejería interior, de 1753, reviste casi la totalidad de sus paredes representando las obras de misericordia, y constituyendo una obra de arte asombrosa.
No menos asombrosa es la azulejería interior del Convento dos Lóios, fundado en 1527 y dedicado a Nossa Senhora da Assunção, a donde vamos tras visitar la Câmara Municipal y las valiosas pinturas de Dordio Gomes en su Salão Nobre. La Praça do Municipio, espaciosa, entrelarga, a manera de circo romano, merece también una visita reposada, por la belleza del caserío, los pórticos y ventanales góticos y renacentistas, su pelourinho del siglo XVI…
Tapete de Arraiolos
 En la Igreja del Convento dos Lóios, la combinación en su pórtico e interior de estilos manuelino-mudéjar y barroco son de una belleza serena que invitan a la contemplación sosegada, al paseo interior, a la visita a las demás estancias, ocupadas por la Pousada de N. Sra. Da Assunção, donde contemplamos, en su claustro, una exposición de tapetes de Arraiolos espectacular.
Castelo de Arraiolos
La visita a Arraiolos ya merece todo un día de admirado deambular, pero nuestro coordinador -Diamantino Vasconcelos- nos tiene preparada más tarea para este día que ha comenzado… ¡frío!, y nos hace añorar alguna manteleta para la espalda, si bien enseguida cambiará. Ya cambia cuando subimos al Castelo de la población, edificado en el siglo XIV por orden de D. Dinis, con singular muralla elíptica, que sigue las curvas de nivel del promontorio donde se ubica y desde el que se contempla la gran planicie alentejana de alrededor, que nos conduce al oeste hacia Montemor-O-Novo, al este hacia Estremoz, al norte a Mora y al sur a Évora, que será el punto final de nuestro periplo.
COMIDA EN AZARUJA.
Antes, como ha llegado la hora de comer, probamos un lugar nuevo para muchos de nosotros: el restaurante O Bolas, de Azaruja, entre Evoramonte (a donde enseguida nos encaminaremos) y Évora.
Comida en Azaruja
Nuestro almoço: entradas de queijo y presunto; después, sopa de poejos com ovos, cachaço do porco no forno, doces tipo conventuais, pan, agua, vinho da terra y café o chá. Una delicia, como es habitual en esta tierra de honda sabiduría culinaria.
EVORAMONTE: ENSUEÑO MEDIEVAL.
Entrada fortificación de Evoramonte
En Evoramonte volveremos a encontrar la mansedumbre del tiempo detenido. El ejemplo de una fortificación perfecta, triangular, mandada a construir por el rey D. Dinis, después de que Geraldo Sempavor (especie de Cid Campeador del primer rey de Portugal, Afonso Henriques) conquistara la villa a los moros. Adentrarnos allí es como retroceder en la historia 700 años, no sólo por su amurallamiento sino por el ambiente interior.
Castelo de Evoramonte
Fundamentalmente, dispone de una calle -la rua Direita- y sendos callejones laterales que van a dar al campo interior del recinto, donde hay, a un lado, olivos y pastos; al otro, pequeñas huertas familiares. Comprendemos que, en caso de asedio, con las ovejas que allí pueden recogerse, con los frutos hortícolas y de la siembra, sus enormes aljibes y la seguridad del enorme castillo (rehecho tras el terremoto de 1531 en su actual estilo renacentista-manuelino), alzado al medio, puede aguantarse una prolongada temporada.

¡Ahora sí aprieta el calor! ¡Parecemos, bajando del castillo, un ejército en costosa retirada! Y es que después de la comida, tan buena y copiosa, el sol en su esplendor y el secarral de finales de agosto, no dan para otra cosa.
LA INABARCABLE ÉVORA.
En Évora nos concentramos en las Portas de Avis -de la muralla medieval (s. XIV)- y bajo los arcos de su acueducto de “Agua de Prata”, del siglo XVI, cuya construcción fue dirigida por Francisco de Arruda, el mismo proyectista de la Torre de Belém en Lisboa o el acueducto de Amoreira en Elvas.
De allí callejeamos hasta la Universidade, de puro estilo renacentista italiano, que se ordena alrededor de un claustro central porticado, al que se abren las aulas que aún mantienen preciosos púlpitos de madera y revestimiento en sus paredes de azulejería con motivos de las materias que allí se enseñaban.
Entrada al Claustro mayor de la Universidade de Évora
Luego nos llegamos hasta el Largo da Porta de Moura, una amplia plazoleta con fuente y abrevadero de mármol en estilo renacentista, limitada al sur por la casa Cordovil, con elegante terraza de arcos geminados y tejado almenado, rematado en flecha cónica, de estilo árabe.
A partir de ahí, toda la inabarcable inmensidad de un Patrimonio muy justamente clasificado como “de la Humanidad” por la UNESCO en 1986. Rápidamente pasamos por su (catedral gótica de transición), el vecino Templo romano, la cercana Praça do Giraldo, bulliciosa, alegre, colorista, como siempre. Y salimos del recinto amurallado donde se encuentran la cerca medieval (de bases romanas en diversos tramos) con la abaluartada del siglo XVII.
Es hora de volver. La noche cae y la planicie alentejana amarillenta de este agosto de calor se llena de sombras, donde de cuando en cuando sobresalen los puntos de luz en los promontorios donde siguen vigilando el espacio estas inolvidables poblaciones, llenas de historia, patrimonio y tranquilo buen gusto en el vivir.

Moisés Cayetano Rosado