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martes, 3 de marzo de 2020

miércoles, 26 de febrero de 2020


ALTER DO CHÃO, CRATO Y PORTALEGRE
 
La ciudad de Portalegre, importante núcleo desde el Medievo, por su producción de tejido de lana, posee un castillo de finales del siglo XIII, ordenado construir por el rey Don Dinís. Se conservan aún tres de las diez torres originales de la muralla y otras tres puertas de las ocho que se abrieron en ella; lo podemos ver en nuestro paseo por sus calles laberínticas.
La (catedral), construida entre los siglos XVI y XVIII, sobresale -como el castillo- del caserío, con sus dos torres rematadas en punta, destacando en el interior sus cinco capillas. Al lado está el Museo Municipal, instalado en una casona del siglo XVI, con importantes piezas de arte sacro, mobiliario y cerámica, así como una destacada colección iconográfica de San Antonio.
Ciudad de conventos (imprescindible visitar el que aloja a la GN) y palacios, sin igual en patrimonio del siglo XVIII, es digna de callejear reposadamente, descubriendo en sus pequeños restaurantes las habas guisadas con chorizo y tocino, sopa de bacalao, cabrito asado, conejo empanado, su delicioso pan con pasas y, de postre, tocinillo de cielo y bolo real.
En Crato, porque en esta villa, que fue sede de la Orden Militar de los Hospitalarios y después de Malta, tenemos un apreciable conjunto de casas de piedra labrada, con arcos ojivales, y un buen patrimonio religioso y palaciego barroco, sin olvidar su recia fortificación abaluartada, curiosamente encalada sobre la misma piedra. Un kilómetro antes, veremos el monasterio fortificado Flor da Rosa, del siglo XIV, donde lo religioso y militar de las órdenes de caballería queda de manifiesto de la forma más clara y bella, dada su robustez, potencia de los arcos y magnificencia del conjunto.
Más adelante -siempre hablando de entre 10 y 20 kms.- tenemos Alter do Chão. ¡Qué magia la de sus calles antiguas empedradas y las fachadas blancas, con esa especie de brazos levantados que son las chimeneas! Ciudad de creación romana, fue reconstruida en el siglo XIII y mantiene en su centro un castillo del siglo siguiente, donde se alternan las torres rectangulares con las cilíndricas, de cobertura cónica: ¡inexcusable la visita!

miércoles, 26 de julio de 2017

PORTUGAL ARDE
Al norte del Tajo, yendo de Portalegre a Coimbra, me encuentro con una situación terrible: desde Gavião ya se ve el efecto devastador de los incendios.
Llegando a São Pedro do Esteval se hace la inmensa nube blanca -que se alza desde el suelo- más trágica. En Proença-a-Nova se ve el fuego, las cenizas humeantes, el discurrir de camiones de bomberos, avionetas, retenes en las carreteras; el susto en la gente de las aldeas que son desalojadas.

Más y más terreno calcinado acercándonos a Pedrogão Grande (donde hace tan poco ocurrió la tragedia con tantas víctimas mortales, que aún se cuentan). Y allí, entre lo quemado de hace unas semanas, la vida vegetal renace: helechos y eucaliptos devuelven la vida que los hombres, seguramente con intención espuria, quitan sin templar y sin remordimientos.

Portugal arde intencionadamente y sus bomberos voluntarios, su gente, se juegan la vida, que unos malvados no tiemblan en quitarles, y otros innombrables no son capaces o no quieren atajar la situación.

En tanto, enormes camiones se llevan la madera de inmensos árboles que ardieron, y en algunos lugares vemos de nuevo replantaciones de eucaliptos que un día más adelante seguramente volverán a incendiarse.

sábado, 13 de julio de 2013

EL MIRADOR DE PORTALEGRE
Sé de Portalegre 
Cuando desde Campo Maior partimos hacia Portalegre, hemos de pasar -en ese recorrido de 47 kms.- por tres poblaciones que hacen más corto y grato el camino: Degolados, Arronches y San Tiago. La primera es un núcleo pequeño, de casas bajas muy blancas y chimeneas alentejanas de buen porte. La segunda es una villa similar a Campo Maior en tamaño, con una iglesia de torres muy airosas y un caserío irregular, compacto y llamativo, pero al que apenas rozaremos, pues la carretera lo va dejando a nuestra izquierda. A esa altura, vamos a contemplar al este la Sierra de San Mamede, amplia y espesa. Al llegar a la aldea de San Tiago, ya el Parque Natural de esta sierra, nos invita decididamente a adentrarnos en él.
Estamos enseguida en Portalegre. Ciudad construida en lo alto de un montículo y rodeada de otros, a cual más esbelto. Podemos elegir: campo o ciudad. Nos internamos en el espeso bosque, que asciende por encima del caserío, oteando el horizonte desde altitudes de 1.000 metros, en medio de una fabulosa vegetación mediterránea, o nos adentramos en una ciudad donde entre sus casas blancas, de calles empinadas, admiraremos importantes vestigios de las Edades Media y Moderna.
El Parque Natural de la Sierra de San Mamede ocupa casi 32.000 hectáreas y allí se encuentra el pico más alto de Alentejo: de São Mamede, de 1.025 m., desde el cual una gran extensión de Alentejo y Extremadura nos queda a la vista. Una red de caminos medievales conecta distintos puntos del Parque, que nos llevan al norte hasta Castelo de Vide y al sur hasta Esperança, donde existe un núcleo arqueológico con pinturas rupestres. Encinas, alcornoques, robles; jaras, madroños, romero, brezo... copan el terreno que pisamos.
Claustro gótico en Portalegre
La ciudad de Portalegre, importante núcleo desde el Medievo, por su producción de tejido de lana, posee un castillo de finales del siglo XIII, ordenado construir por el rey Don Dinís. Se conservan aún tres de las diez torres originales de la muralla y otras tres puertas de las ocho que se abrieron en ella; lo podemos ver en nuestro paseo por sus calles laberínticas.
La (catedral), construida entre los siglos XVI y XVIII, sobresale -como el castillo- del caserío, con sus dos torres rematadas en punta, destacando en el interior sus cinco capillas. Al lado está el Museo Municipal, instalado en una casona del siglo XVI, con importantes piezas de arte sacro, mobiliario y cerámica, así como una destacada colección iconográfica de San Antonio. Otro museo esencial, subiendo a la Sierra, es la Casa de José Regio, instalado en el que fue hogar de este gran poeta (1901-1969), de valiosa colección artesana reunida por él. Muy cerca, para el que guste del arte funerario, el magnífico cementerio, con valiosas tumbas y panteones neogóticos, neoclásicos, de arte moderno, etc.; pocos le ganan en originalidad.

Ciudad de conventos y palacios, sin igual en patrimonio del siglo XVIII, es digna de callejear reposadamente, descubriendo en sus pequeños restaurantes las habas guisadas con chorizo y tocino, sopa de bacalao, cabrito asado, conejo empanado, su delicioso pan con pasas y, de postre, tocinillo de cielo y bolo real. ¡Más que suficientes calorías para seguir subiendo hasta el picacho de Marvão!
MOISÉS CAYETANO ROSADO