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domingo, 18 de marzo de 2018


FORTIFICACIONES ABALUARTADAS. EL PAPEL DE OLIVENZA EN EL SISTEMA LUSO-ESPAÑOL.

El 17 de marzo celebramos en Olivenza una “Jornada sobre Fortificaciones Abaluartadas y el papel de Olivenza en el sistema luso-español”, en la Capilla del Convento San Juan de Dios, organizada por la Asociación Limbo Cultura, con la colaboración de la Asociación para la Defensa del Patrimonio de Olivenza y el patrocinio de la Fundación Caja Badajoz, el Ayuntamiento de Olivenza y la Diputación Provincial.
LEGADO HISTÓRICO-PATIMONIAL.
De todos es sabido el protagonismo de las principales poblaciones de la Raia/Raya luso-española en los enfrentamientos que desde la misma creación del Reino de Portugal se han vivido y sufrido, hasta ya entrado el siglo XIX, con las invasiones napoleónicas.
Las incursiones del primer rey portugués Afonso Henriques a principios del siglo XII; los enfrentamientos de D. Dinis con María de Molina -tutora de Fernando IV de Castilla, en su minoría de edad-, que desembocan en el Tratado de Alcañices (1297); las Guerras Fernandinas del siglo XIV (desde 1369 a 1382, con intermitencias, entre tres contiendas básicas); la de Restauração del XVII (1640-1668); la de Sucesión española (1701-1714); la llamada Guerra Fantástica (1762-1763); la de las Naranjas (1801), y las de Invasión francesa (1808-1813)… han ido configurando una frontera fortificada, con sus precedentes en los asentamientos medievales musulmanes y sus consecuentes en el “acorazamiento” de las fortificaciones abaluartadas en la etapa de los asedios napoleónicos.
A pesar de los desmantelamientos y destrucciones desde mediados del siglo XIX hasta fechas recientes (y la desidia actual en muchos casos, cuando no desaciertos), este ambiente bélico nos ha dejado un legado patrimonial fortificado de alto valor universal, significación histórica, excepcionalidad, coherencia en red de actuaciones, que -con mucho acierto- Portugal ha colocado en su Lista Indicativa a Patrimonio Mundial. Algo que partió de los municipios -de extraordinarias fortificaciones- de Valença do Minho, Almeida, Marvão y Elvas, y que en el “XI Seminário Internacional de Arquitectura Militar de Almeida” -celebrado a finales de agosto de 2017- apoyó con entusiasmo el Presidente de la República portuguesa, que allí mismo se comprometió a interceder para que en la parte española también lo respalde el Rey de España.
LA JORNADA DE OLIVENZA.
Municipios portugueses como Vila Viçosa también ha mostrado su intención de unirse a la propuesta. Y españoles, como Alcántara y Olivenza -a quienes ha expresado su voluntad de unirse en la tarea el municipio de Valencia de Alcántara- se están volcando igualmente en la misma tarea. Precisamente por eso, ahora, se ha celebrado esta Jornada significativa en Olivenza, plaza tan especial, por su significado histórico para ambos países.
Jornada que ha contado con la presencia de casi un centenar de interesados, destacando numerosos especialistas de amplia trayectoria en la investigación y divulgación del patrimonio en general y del fortificado en particular, de un lado y otro de la Raia/Raya. Los municipios de Olivenza y Almeida estuvieron representados respectivamente por su alcalde (y varios concejales) y su Presidente da Câmara Municipal respectivamente; también asistió el primer teniente de alcalde de Valencia de Alcántara y representantes de Alcántara, además de la diputada delegada de Cultura de la Diputación de Badajoz y de la Secretaria General de Cultura de la Junta de Extremadura.
Allí  contamos con estudiosos comprometidos desde hace ya mucho tiempo en ese proyecto: Fernando Parcero, militar que coordinó hace dos años el “I Curso de Fortificación y Poliorcética”, organizado por el Aula Militar de Cultura Palacio de Capitanía de Badajoz,  presentó la ponencia Las fortificaciones de Olivenza. Aprendiendo a leer sus piedras. Julián García Blanco, historiador, ponente en diversas Jornadas de Fortificaciones Abaluartadas organizadas por la Revista transfronteriza “O Pelourinho” y uno de los mayores especialistas en fortificaciones de la Raya, disertó sobre La fortificación abaluartada de Olivenza, origen y desarrollo. A Ramón García Gómez, profesor de la Universidad de Salamanca, asiduo en los Seminários Internacionales de Almeida y las Jornadas de “O Pelourinho”, otro especialista de primera línea en la Raya, correspondió introducirnos en El papel de Alcántara en la candidatura a Patrimonio Mundial de la Raya Abaluartada.
Tras  una "pausa para el café", João Campos, doctor arquitecto, consultor de la Praça Forte de Almeida, coordinador de los Seminários de esa población, asiduo en las Jornadas de “O Pelourinho”  y uno de los mayores expertos mundiales en fortificaciones, nos ilustró sobre Fortificações da Raia. Património Mundial (com adenda acerca de uma carta pouco estudada sobre a Raia Central e a Guerra da Sucessão). Juan Manuel Vázquez Ferrera, investigador oliventino, también colaborador de “O Pelourinho” y excelente experto en las fortificaciones de Olivenza, habló de Pasado y presente de la fortificación abaluartada de Olivenza. Y Moisés Cayetano Rosado, doctor en Geografía e Historia, director de la Revista “O Pelourino” y asiduo a los Seminários de Almeida, trató en su ponencia de El papel de Olivenza en la candidatura a Patrimonio Mundial de la Raia/Raya abaluartada.
La Jornada fue inaugurada por Luis Ignacio González Franco (Presidente de la Asociación Limbo Cultura), Cristina Núñez Fernández (diputada provincial del Área de Cultura, Juventud y Bienestar Social), Manuel J. González Andrade (alcalde de Olivenza) y Moisés Cayetano Rosado (director de la Jornada).
Sería clausurada por los ya presentes en la inauguración Presidente de Limbo Cultura, alcalde de Olivenza y director de la Jornada, y la Secretaria General de Cultura de la Junta de Extremadura, Miriam García Cabezas.
EXPOSICIONES COMPLEMENTARIAS.
Como complemento a esta sesión que ocupó toda la mañana los asistentes pudieron disfrutar de dos magníficas exposiciones:
Una muestra cartográfica recogiendo 18 planos que muestran la evolución de Olivenza desde sus inicios a nuestros días, en un lateral del claustro del Convento. Valiosísima colección que no solamente nos sitúan en la evolución de Olivenza sino en el “sistema evolutivo” de las fortificaciones en general y de las raianas/rayanas en particular, desde los modelos neorobalísticos a los pirobalísticos, cada vez con mayor potencia de fuego destructivo y por ello a los que se había de oponer mayor ingenio defensivo.
Y un espacio expositivo en uno de sus amplios salones, con paneles, armamentos y otros objetos complementarios que cuentan la historia del emblemático edificio ubicado en el baluarte de San Juan de Dios, del que declaraba Gemma Álvarez Benítez (de la Asociación para la Defensa del Patrimonio de Olivenza): Sólo espero que cumpla su misión: informar sobre la historia que encierra un edificio que fue precursado por una mujer, Leonor Velha, hace 462 años, y que aunque no tiene el uso para el que fue concebido, aquí sigue en pié
Trabajo minucioso, como el de atención a participantes e inscritos, distribución de materiales bibliográficos, documentación, revistas, publicaciones, etc., llevado a cabo por las asociaciones para la Defensa del Patrimonio de Olivenza y Limbo Cultura.
De todo ello deberá surgir un renovado impulso a la candidatura a Patrimonio Mundial “de este otro lado de la Raia/Raya”, de España, una vez que Portugal está totalmente volcado en ese objetivo. Queda que se sigan sumando municipios con legado patrimonial fortificado en la Raya, y queda que se continúe apostando por el reacondicionamiento respetuoso de este “tesoro”, fruto de nuestros desencuentros, como muestra de nuestro fructífero encuentro actual, hermanamiento, que debemos seguir cultivando sin cesar.
Ya en la misma clausura se habló de una Segunda Jornada, que el mismo alcalde de Olivenza se ofrece -en nombre del Ayuntamiento- a acoger como sede “fija”, algo que desde los otros municipios españoles presentes también desean, como “modelo rotativo”.
En cualquier caso -que se tratará en su momento-, queda garantizada la continuidad de estos encuentros. El precedente de las Seis Jornadas de Fortificaciones Abaluartadas de la Raia/Raya, organizadas por la Revista “O Pelourinho”, de la Diputación de Badajoz (celebradas en Badajoz, Castelo de Vide, Castro Marim, Chaves, Vila Viçosa y Almeida) y la referencia de los once Seminários Internacionales de Arquitectura Militar desarrollados en Almeida, organizados por su Câmara Municipal, en convocatorias anuales, son un referente en que apoyar este proyecto raiano/rayano unido de futuro.

lunes, 4 de noviembre de 2013

VALENCIA DE ALCÁNTARA, PURA RAYA
Fortificación abaluartada, castillo medieval e Iglesia de Rocamador
Moisés Cayetano Rosado

El nombre de Valencia de Alcántara va especialmente unido a su fabuloso patrimonio de dólmenes neolíticos y al bellísimo barrio judío de portadas graníticas ojivales. Arropada por la Sierra de San Pedro al norte y al este, la Sierra de Alburquerque al sur y la Serra de Marvão al oeste, la población se eleva sobre una fabulosa masa granítica de la que han ido saliendo los sillares de sus construcciones.
Valencia es sin duda una ciudad y un espacio geográfico hechos para el paseo. Paseo por las calles, callejuelas, plazas y plazoletas de su casco antiguo, de su barrio medieval; paseo por los cerros y sierras de los alrededores, con sus enormes encinas y alcornoques, sus castaños, robles y nogales, sus bolos graníticos, dorsos pétreos de ballena, gigantescos pedruscos de todas las formas y disposiciones.
Una entrada al barrio gotico de Valencia de Alcántara
La visita urbana debe comenzarse por el citado barrio gótico-judío, derramado por diecinueve calles en las que se atesoran más de 200 portadas en las que reina el granito y los arcos ojivales, conservándose una sinagoga de arcos de medio punto peraltado y columnas de fuste cilíndrico muy similar a la portuguesa de Tomar, y todo ello de traza y ambiente parecido a la judería de Castelo de Vide.
Cristo atribuido a Berruguete en la Iglesia de Rocamador
Al este se encuentra la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Rocamador, de los siglos XV y XVI, declarada de interés histórico-artístico, en cuyo interior se guarda una hermosa tabla de Luis de Morales y una talla de Cristo crucificado atribuida a Berruguete, sobrecogedora en su retorcimiento expresionista.
Al lado mismo está el castillo, de enorme torre de homenaje, que data del siglo XIII y se encuentra reforzado por un recinto abaluartado de los siglos XVII y XVIII, con recios paredones, bien restaurado, aunque las casas adosadas en buena parte del conjunto le resta prestancia exterior. Lamentablemente, de la fortificación abaluartada que rodeaba toda la ciudad a comienzos del siglo XIX, apenas queda una puerta, un baluarte y restos de otro y de una cortina de murallas, pues arrasó con ellos la expansión urbana.
Valencia de Alcántara desde el castillo
De allí hemos de volver al centro de la población, llegando ahora a la Plaza Mayor, pavimentada en 1873 con piedras calcáreas traídas de Portugal, remodelada posteriormente, pero conservando el antiguo trazado en ondas a dos colores. Ahí se encuentra el Ayuntamiento, de amplio atrio con arcos de medio punto y columnas cilíndricas; el Mercado de Abastos; la iglesia gótico-renacentista de la Encarnación; el Palacio del Gobernador de la villa, y la antigua Prisión, que forman un conjunto de gran belleza y armonía.
Con todo lo esbozado y ser de suma importancia además su acueducto de origen romano, los conventos de Santa Clara y San Francisco, sus paseos ajardinados de las expansiones del sur y los múltiples caseríos y pedanías de los alrededores, hemos de destacar especialmente el patrimonio megalítico, del que se conservan en el término municipal 33 dólmenes graníticos y 8 de pizarra, además de varios castros y construcciones de falsa cúpula de la Edad del Bronce.
La excursión para verlos siempre es una delicia, subiendo entre rocas y espesa vegetación, por veredas y caminos bien asentados, serpenteantes. Hay señalizadas y bien atendidas varias rutas, cada una de las cuales lleva a unos cuatro o seis dólmenes, donde lo impactante de los monumentos funerarios se une a la rica vegetación y la amplitud de vistas paisajísticas.

Buche de cerdo
Un regreso a la población, tras las excursiones, nos lleva al primor de su gastronomía. No debemos marcharnos sin probar el buche de cerdo (sólo en primavera), las cachuelas, el frite de cordero, la chanfaina, el gazpacho (de verano) y las migas, sin olvidar los platos a base de caza mayor y menor, así como la variadísima repostería, de la que los fritos borrachos, las roscas, tortas de chicharrones y bollos de Pascua son “bocati di cardinali”.

domingo, 21 de julio de 2013

MARVÃO Y CASTELO DE VIDE
Castillo y fortificación de Marvão
Marvão y Castelo de Vide están en el mismo paralelo que Valencia de Alcántara. Y casi equidistantes de la raya fronteriza: a un tiro de piedra, unos ocho kilómetros de gran belleza, a través de la Serra de Marvão, de grandes picachos cortados en vertical y con frondosa vegetación de auténtico, bien preservado bosque mediterráneo. ¡Qué preciosos lugares para recorrer sin prisa, andando, como lo harían en el Neolítico nuestros antecesores, que tantos restos megalíticos -especialmente dólmenes- han dejado en la zona!
Es Marvão una freguesía (http://es.wikipedia.org/wiki/Freguesia) que no llega a 500 habitantes, totalmente fortificado, con doble amurallamiento: medieval y abaluartado moderno. Situado en lo alto de una cima de 865 m., se accede a él por una carretera serpenteante que nos va descubriendo desde lo alto un magnífico panorama: la región plana de Castelo Branco al norte, vislumbrándose más allá la Serra da Estrela, y la Serra de São Mamede al sur y sureste. En los alrededores, la vegetación es densa, de grandes árboles y frondoso sotobosque.
Tras atravesar los grandes lienzos de muralla del siglo XVII, entramos en una red de callejuelas en cuesta, de casas blancas, balcones floridos, rejas forjadas, puertas góticas y ventanas manuelinas, sin que falten capillas mínimas y plazoletas de árboles centenarios, desde donde se abarca una hermosa panorámica de los alrededores transfronterizos.
Más arriba está el amurallamiento medieval, con su castillo levantado a finales del siglo XIII, coronando el picacho como nido de águila. Subiendo a la torre del homenaje, descubriremos una de las vistas más impresionantes de todo Portugal, y veremos la cercana Castelo de Vide, villa no suficientemente valorada a pesar de su belleza, compleja y concentrada en una red urbana relativamente pequeña.
Ciudad romana de Ammaia
Antes de llegar a este alzamiento cuarcítico, viniendo de Portalegre, podemos visitar la magnífica Cidade romana de Ammaia, del siglo I, en la freguesía de São Salvador de Aramenha. Las excavaciones arqueológica están dejando a la vista un yacimiento de enorme importancia estratégica, económica, social… y singular belleza.
Castelo de Vide también presenta doble fortificación: la medieval, con un amplio castillo del siglo XII -que encierra varias callejuelas empedradas, de fachadas blancas, tejados rojos y numerosos tiestos con flores- y la abaluartada -casi completa en su original traza, con sólido fuerte en extremo contrario al castillo-, reforzando externamente la anterior.
Entrada a Castelo de Vide
A los pies del cerro donde se alzan estas fortificaciones está el barrio judío. Pintoresco barrio de casas muy blancas y portadas góticas, en el que se encuentra una Sinagoga y la fonte da Vila, amplia fuente renacentista de granito, con agua fresquísima. Un poco más abajo, la Praça de Dom Pedro IV, muy espaciosa y rodeada de monumentales construcciones de los siglos XVII y XVIII; los restaurantes que hay en este lugar son estupendos, tanto para comer açordas, ensopados, cocido alentejano o asado de cabrito y borrego, como para recrearse con su repostería, sin olvidar los vinos densos de este Alto Alentejo.

No debemos marcharnos sin visitar su cementerio, en la ladera, con vistas muy reconfortantes a un valle verde y exuberante. Allí está enterrado uno de los grandes héroes de la Revolução dos Cravos de 1974: el capitão Salguero Maia. Su tumba, muy visitada, es un ejemplo de austeridad, romanticismo y amor del pueblo sencillo hacia sus grandes hombres, llenos de entrega y dignidad.

miércoles, 6 de febrero de 2013


FORTIFICACIONES ABALUARTADAS, GUERRA CONTRA LAS INVASIONES FRANCESAS, AVATARES POSTERIORES Y FUTURO

Por Moisés Cayetano Rosado
FORTIFICACIONES RAYANAS AL COMENZAR EL S. XIX.
El mantenimiento de las fortificaciones siempre supuso un coste económico muy gravoso para los respectivos países y para las poblaciones que las tenían. En la Raya hispano-portuguesa -de tantas confrontaciones bélicas a lo largo de los siglos XVII y XVIII- su mantenimiento se hacía aún más dificultoso, pues la economía de España y Portugal, y en particular de las regiones rayanas, tocaba fondo.
Por eso, a comienzos del siglo XIX, las deficiencias son generales en todas ellas, y las necesidades de reparación se veían dificultadas por todo este cúmulo de problemas; además, hay que tener en cuenta que la complejidad de las obras en el interior de las plazas (cuarteles, depósitos de intendencia, polvorines, almacenes de pertrechos militares, hospitales…), en la cintura de murallas (parapetos, cortinas, baluartes, garitas, cañoneras… de mayor grosor y consistencia), en los elementos exteriores (amplios fosos, revellines y mediaslunas,  glacis, galerías, contraminas…), etc. exigían una mayor inversión, para enfrentarse con éxito a una artillería de ofensiva cada vez más potente.

PRIMERA INVASIÓN FRANCESA EN LA RAYA. RESISTENCIA DE CASTRO MARIM.
En medio de estas circunstancias de deficiencias materiales y necesidades económicas, se producirán las primeras acciones de ocupación francesa en la Raya.
El Algarve se revuelve a mediados de año contra la administración francesa encomendada al general Antoine Maurin desde febrero de 1808. Castro Marim, notablemente fortificado (con castillo medieval adaptado a la ofensiva artillera, fuerte abaluartado en lado opuesto, cerco envolvente de murallas y baluartes, baterías exteriores, imponente revellín…), se constituye en primordial núcleo de resistencia, conteniendo el intento de invasión del coronel Marazin, y no vuelve a ser molestada en toda la contienda, estando bien dotada de soldados y armas. Posteriormente, entre 1819 y 1829, verá reforzados sus baluartes, cortinas y casamatas, acogiendo el Batalhão de Caçadores 4; solo a mediados de siglo se romperán las murallas de comunicación, por la expansión urbana.
En julio del mismo año, Évora y Estremoz -que se rebelan contra los franceses- sufrirán la represión de las tropas invasoras, que entraron por la Beira Baixa, donde destruyeron parcialmente el Fuerte de la Concepción, elemento esencial en este eje de penetración, entre Ciudad Rodrigo y Almeida.

SEGUNDA INVASIÓN. DESTRUCCIÓN PUENTE DE ALCÁNTARA.
Tras haber salido de Portugal, por la Convención de Sintra -al ser vencidos por los ingleses en septiembre de 1808-, protagonizarán una segunda invasión al año siguiente. Entran esta vez por el norte, comandados por el mariscal Soult, tomando Chaves. En estas ofensivas de marzo a mayo de 1809, sufrirá Alcántara un saqueo y destrucción importante el 14 de mayo de 1809, a lo que los aliados “responderán” el 10 de junio destruyendo el segundo arco del Puente romano, vía crucial de comunicación entre España y Portugal.
Sir Arthur Wellesley, futuro Duque de Wellington, consigue repeler esta segunda invasión, ocasionando una penosa retira de Soult en dirección a Ourense. No obstante, las acciones más duras de la invasión francesa aún no se habían producido; éstas serán sistemáticas en la Raya desde mayo de 1810 a junio de 1811.

TERCERA INVASIÓN. TOMA DE CIUDAD RODRIGO Y ALMEIDA.
Así, el mariscal Michael Ney sitia Ciudad Rodrigo a finales de abril de 1810, ocupándola el 10 de julio. A consecuencia de ello, y para que no cayera en poder francés, el general inglés Robert Crawford -de acuerdo con Wellington- mandó volar el cercano Fuerte de la Concepción ese mismo mes, quedando en ruinas hasta la actualidad (aunque con menos piedras, por las muchas que se han ido llevando los lugareños…), en que parcialmente se ha restaurado para funciones hoteleras e histórico-culturales.
A consecuencia del sitio de Ciudad Rodrigo, el brigadier Herrasti -al mando de la plaza- consiguió con su resistencia retrasar la penetración en Portugal, permitiendo a Wellington reorganizar la defensa general y construir las “Linhas de Torres Vedras”. Las “Linhas” son un conjunto de fortificaciones y otros elementos situados en el norte y noreste de la península de Lisboa, para su defensa y en caso de derrota permitir el embarque seguro del ejército británico en repliegue. Precisamente, en esta tercera invasión, consiguen impedir que el ejército francés al mando de André Masséna acceder a la capital del reino, y finalmente provocan su retirada de Portugal. 
Inmediatamente, Masséna, pasó a Almeida, que cercaría el 24 de julio y toma el 28 de agosto, tras hacer estallar un proyectil francés su polvorín principal el día 26, causando fuertes destrozos.
Wellington la recuperó en 1811, cercándola del 12 de abril al 10 de mayo; los franceses volvieron a volar la fortificación al huir, destruyendo tres de los seis baluartes. Previamente, ambos ejércitos habían mantenido una importante Batalla, entre Vilar Formoso (Portugal) y Fuentes de Oñoro (España), del 3 al 5 de mayo, en la que el mariscal Masséna, con 40.000 infantes y 5.000 de caballería, fracasó frente a Wellington, que comandaba a 34.500 soldados de infantería y 1.500 de caballería. A partir de ahí, el mando francés pasaría al mariscal Marmont, que mantiene diversos enfrentamientos con los aliados, culminando en la Batalla de Arapiles (en Salamanca, julio de 2012), donde fue derrotado por Wellington.
Antes de esta batalla, el mariscal inglés consiguió recuperar Ciudad Rodrigo, el 19 de enero de 1812, tras doce días de asedio, siendo sometida la ciudad a terribles saqueos, violaciones, asesinatos: el gobernador de la plaza, Barrié, se había negado a rendirse y ésta era la “compensación” de guerra a que la soldadesca asaltante tenía derecho.

ASEDIOS A BADAJOZ, OLIVENZA, ALBURQUERQUE, CAMPO MAIOR.
Durante esta tercera invasión francesa, Badajoz sufrirá cuatro asedios. El primero a cargo de los franceses, del 26 de enero al 10 de marzo de 1811, en que tras morir en la ofensiva el gobernador de la misma -general Menacho-, fue sustituido por el general Imaz, el cual capituló ante el mariscal Soult, que había abierto brecha de más de 30 metros entre los baluartes de Santiago y San Juan, en la zona sur de la ciudad, a la izquierda del río Guadiana.
El segundo asedio, de 8 a 14 de mayo (primero de los aliados), es dirigido por el general Beresford, que “se encontró con una fortificación más fortificada y perfeccionada de lo que se esperaba y tuvo que optar por atacar la ciudad desde la orilla derecha del Guadiana, dirigiendo sus ataques contra el fuerte de San Cristóbal y la Alcazaba”, como afirma Carlos Sánchez Rubio en “Los asedios de Badajoz” (O Pelourinho, nº15, pg. 69). El sitio fue levantado para participar en la Batalla de la Albuera, que tuvo lugar a 22 kilómetros de Badajoz el 16 de mayo, con más de 60.000 contendientes y pírrica victoria aliada.
El día 20 de mayo, y hasta el 17 de junio, se retomaría el asedio. Este tercer asedio (segundo aliado), dirigido por el mismo Wellington, realizado desde las mismas posiciones que el anterior, se levantó también sin éxito, ante la inminente llegada de tropas de socorro encabezadas por Marmont y Soult, que efectivamente aparecieron el día 20.
Por fin, un cuarto asedio (tercero aliado) llevaría a la conquista de la plaza por éstos. Wellington la toma al asalto desde distintas brechas abiertas, tomando la ciudad “a sangre y fuego”, y siendo sometida durante más de dos días al pillaje, robo, destrucción, violaciones, asesinatos superiores incluso a los de Ciudad Rodrigo; también en esta ocasión el gobernador, general Philippon, se había negado a rendirse, y éste era el castigo aliado… para la población ¡invadida por los francés!
Olivenza igualmente padecería por estas fechas el asedio napoleónico; el mariscal Soult la tomó el 23 de enero de 1811, tras doce días de cerco. La reacción aliada triunfaría poco después, el 15 de abril, tras un asedio de seis días, al que siguió nueva recuperación francesa el 21 de junio, procediendo a destruir la fortificación en las jornadas posteriores. Once meses después pasaría a dominio español.
Otras poblaciones asediadas en este año trágico de 1811 serían Alburquerque, tomada por Latour-Maubourg el 16 de marzo, procediendo a continuación a destrozar los refuerzos artilleros. O, al otro lado de la frontera, Campo Maior, sitiada por el mariscal Mortier del 8 al 21 de marzo, en que se rinde el mayor Talaya -que la comandaba-, ante su inferioridad de efectivos y la falta de pólvora para continuar la defensa.
En esta zona, Elvas había sido concienzudamente reforzada en sus fortificaciones. Entre 1763 y 1792 se construyó el portentoso Forte de Nossa Senhora da Graça, bajo las propuestas del mariscal conde Lippe y la dirección de los ingenieros Valleré y Étienne. A inicios del siglo XIX se reforzaría el conjunto con fortines, dos flanqueando al Forte de S. Luzia y el otro al lado del acueducto.

BREVE CUARTA INVASIÓN DE PORTUGAL.
Durante el mes de abril de 1812, el ejército francés -que se había retirado de Portugal en el mes de junio del año anterior- vuelve a invadir, nuevamente al mando del mariscal Marmont, penetrando por el valle de Côa. El general Clausel intentó tomar, sin éxito, Almeida. Atacan también a Castelo Branco y saquean a continuación Pedrogão y Medelim. Pero el día 24 se retira Marmont de Portugal, acabando así cuatro años de ruina y destrucción, de sangrientos enfrentamientos, saqueos, robos, violaciones en unas poblaciones alternativamente invadidas, liberadas, vueltas a invadir y liberar… a pesar de sus fortificaciones, a veces abandonadas, pero otras veces reforzadas con gran esfuerzo, aporte humano y económico, y escasamente efectivas ante los avances de las técnicas de sitio y de la creciente potencia artillera.

AVATARES Y FUTURO DE LAS FORTIFICACIONES ABALUARTADAS.
Pasadas las Guerras Napoleónicas, al tiempo que se va restableciendo la concordia peninsular, se asiste paulatinamente a una expansión urbana extramuros en las poblaciones de frontera. Si a ello unimos lo costoso del mantenimiento de las fortificaciones y lo insalubre de los fosos al llenarse de agua de lluvia que se empantana, de escombros que allí se arrojan… se entiende que las poblaciones con fortificaciones abaluartadas vean en estos elementos defensivos “un corsé que aprisiona”, un escollo al progreso expansivo del urbanismo, una carga económica  y un peligro por los derrumbes que ocasiona su falta de mantenimiento.
Así, recurren a peticiones las entidades oficiales municipales, los vecinos, los medios incipientes de comunicación, en el sentido de desmantelar las murallas, a partir de mediados de siglo XIX.
Una Real Orden española de 22 de enero de 1859 mandaba, precisamente, abandonar las plazas y fuertes siguientes: Castillo de Jaca, Bayona, La Guardia, Ayamonte, Bayona, San Sebastián, Almería, Alicante, Ciudadela de Valencia, Alburquerque y Valencia de Alcántara (aunque conservándose sus castillos, enajenándose al mismo tiempo los terrenos y edificios militares interiores con arreglo a la Ley de Desamortización). En otras fortificaciones, como son Molina de Aragón, Berga, Denia, Peñas de San Pedro, Castro Urdiales, Motril, Guetaria, Ciudadela de Menorca y Olivenza, no debía invertirse cantidad alguna en su mejora, mandándose demoler lo que se considerara necesario.
Y así, por ejemplo, en el Plan de Ensanche de Valencia de Alcántara, en 1861, se permitía ampliar las casas contra la muralla, e incluso utilizar a éstas como canteras, comenzando por los revellines delante de las puertas de entrada. Hoy día, lo que queda de su fortificación abaluartada es solamente un baluarte, un fragmento de cortina de otro y una puerta de entrada, aparte del fuerte que rodea el castillo.
En Olivenza, desde 1859 se permitió construir libremente en el circuito abaluartado, consintiéndose la demolición de las murallas, utilizada en parte para cercado de parcelas rústicas. ¡Pero incluso a comienzos del siglo XXI se ha vaciado de tierra todo un baluarte, dejando la camisa peligrosamente “desnuda” y provocando la caída parcial de un caballero interior!
En Vila Viçosa, en los años treinta -de tantas modificaciones desafortunadas en el patrimonio fortificado- se eliminó una puerta de entrada al recinto medieval, lienzos y un revellín de su abaluartado (sometido ahora al abandono).
Y es que en el siglo XX continuaron las destrucciones, incluso contraviniendo el ordenamiento jurídico vigente, como es el caso de Badajoz en los años sesenta al arrasar con un baluarte y varios tramos de muralla, a lo que se opuso tajantemente la Dirección General de Bellas Artes, que logró paralizar en parte los derribos. ¡E incluso hoy día se eliminan partes significativas de las edificaciones militares interiores del Fuerte de San Cristóbal, para facilitar la construcción de una terraza-mirador cubriendo gran parte del espacio interior, con tal de utilizarlo en festejos, bodas, reuniones…!
En otras, ¡en tantas!, la destrucción, el abandono, la desidia, han ido haciendo estragos muchas veces irreparables. Pese a todo, nos queda en la Raya patrimonio abaluartado suficiente como para poder sumar todo un “rosario de fortificaciones” a la calificación de Patrimonio de la Humanidad, que a finales de junio de 2012 obtuvo Elvas, en la reunión de la UNESCO que tuvo lugar en San Petersburgo (Rusia).

domingo, 28 de octubre de 2012


VISITA A BROZAS, ALCÁNTARA Y VALENCIA DE ALCÁNTARA
Fortificación abaluartada de Alcántara vista desde el Puente romano
Por Moisés Cayetano Rosado
Desde cuando investigaba el proceso migratorio español de los años de posguerra, me impresionó el comportamiento demográfico de la zona de Alcántara: presentaba los saldos migratorios más extremados de la Península ibérica, que es tanto como decir de toda Europa.
Esas tierras florecientes de la antigua Orden de San Julián del Pereiro, poderosas en la Edad Media y Moderna, se convertían en las cenicientas, y así la población de Brozas pasaba de 6.500 habitantes en 1940 a 2.000 en la actualidad; Alcántara, de 4.700 a 1.600, y Valencia de Alcántara, de 15.700 a 6.200. En tanto, España subió de 26 a 47 millones de habitantes. O sea, mientras estas tres poblaciones cacereñas perdían en conjunto dos tercios de su población, el estado la duplicaba.
Pero ahora no íbamos a eso, a estudiar su decadencia demográfica, sino a disfrutar del legado histórico-artístico de sus tiempos mejores, convocados por el Grupo de facebook “Fortificaciones abaluartadas de la Raya a Patrimonio Mundial” y las Asociaciones de Amigos de Badajoz y Cívica Ciudad de Badajoz, si bien pesa como una losa ese latigazo migratorio sobre unas poblaciones que son todo belleza y todo pasado lleno de sobresaltos fronterizos y testimonios de esos avatares.
Castillo-palacio abaluartado de Brozas
Cabecera y retablo. Santa María la Mayor. Brozas.
En Brozas queríamos ver el castillo-palacio de la Encomienda Mayor de Alcántara, comenzado a construir en el siglo XIV, conformado en el XVI y reforzado con baluartes en el XVII, a causa de la Guerra de Restauração de Portugal, que fue de consecuencias tan ruinosas para la zona, pegada a la frontera, y objetivo militar apetecido en la línea Lisboa-Madrid. Pero el competente guía local Isidro García Barriga, aparte de introducirnos en el recinto -hoy cerrado al público- de lo que fue su puerta principal y recorrer la línea de baluartes, nos regaló con una impagable visita a la vecina iglesia de Santa María la Mayor, de trazas catedralíceas, proyectada por Pedro de Ibarra en el siglo XVI y concluida en el XVIII, sin que sus sucesores adulteraran el grandioso diseño original, lo que la hace tan homogénea y armoniosa. ¡Cuánto hemos de aprender de este respeto a las obras maestras!
En Alcántara, inevitablemente hay que ir a su Puente Romano del siglo II, pero desde allí contemplamos en lo alto la silueta de sus murallas abaluartadas, que recorreríamos guiados por  nuestro compañero de Grupo Antonio Carmona, que tan bien las conoce. Murallas extensas, ambiciosas, para proteger a una población que sufrirá los efectos de la Guerra de Restauração (1640-68), de la Guerra de Sucesión española (1701-1714) y de las Guerras contra la Invasión Francesa (1808-1814), siendo tan difícil su defensa, dados los múltiples montículos cercanos desde donde asediarla con la artillería enemiga. ¡Difícil defensa con sus murallas de piedra de pizarra, la que hay por la zona, aún en pie en muchos tramos, pese a su fragilidad!
Conventual de San Benito (exterior). Alcántara. 
Allí nos esperaría un complemento extraordinario: la visita al Conventual de San Benito, del siglo XVI, Casa matriz de los Caballeros de la Orden de Alcántara, con magnífica iglesia, claustro y dependencias conventuales, sostenida en la actualidad por la Fundación San Benito de Alcántara, que ha rescatado el monumento de las ruinas en que hace no muchos años se encontraba.
Palacios y casas solariegas impresionantes abundan en estas dos poblaciones, con sus escudos nobiliarios, fachadas de granito tallado, cuidada rejería, lujosas dependencias… Algo que se repetirá en Valencia de Alcántara, donde disfrutamos además del paseo por uno de los barrios góticos mejor conservados de la Península, con infinidad de portadas ojivales, calles laberínticas, sinagoga, y ese castillo reforzado con baluartes en la Edad Moderna, a causa de las guerras enumeradas más arriba, en que la población fue objetivo constante de conquista y de rapiña.
Tabla de Luis de Morales
Cristo de Berruguete
La amabilidad de nuestra compañera de Grupo Juana Gadella y del guía voluntario Paco Rodríguez, nos llevaron relajadamente por todo este conjunto, rematado en la Iglesia de Rocamador, del siglo XVI, que atesora una de las tablas marianas más admirables de Luis de Morales y una talla de Cristo crucificado de Alonso de Berruguete, que son dos joyas incomparables del manierismo español.
Plano de Valencia de Alcántara.
Apenas queda de la fortificación la fortaleza inferior.
Lo curioso de la fortificación de Valencia de Alcántara es que solo ha salvado el fuerte abaluartado que rodea al castillo medieval y la anterior iglesia, habiendo perdido casi todo el recinto que rodeaba ampliamente a la ciudad, del que queda únicamente una puerta de entrada, un trozo de lienzo de muralla y un baluarte. La Real Orden de 22 de enero de 1859 permitió desmantelar la fortificación, algo que desde 1854 venían pidiendo con insistencia los vecinos, a lo que se une en 1861 el permiso para utilizarlas como canteras “comenzando por los revellines” y consintiendo ampliar casas contra la muralla. Resultado: casi todo se ha perdido y/o adulterado en cuanto a la fortificación abaluartada, aunque queda ese testigo impagable que es el castillo, como queda ese magnífico barrio gótico y, en los alrededores, más de cuarenta dólmenes repartidos por todo el municipio, levantados en la piedra granítica de la zona, que presenta una morfología de gran belleza paisajística.
Baluarte e Iglesia de Rocamador. Valencia de Alcántara.
Dejamos para otro día “saltar incruentamente la Raya” y enfrentarnos a otro legado fundamental: las fortificaciones medievales y modernas, los barrios góticos, los paisajes montañosos de Marvão y Castelo de Vide, que este Grupo entusiasta pretende visitar en primavera.