Mostrando entradas con la etiqueta alentejana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alentejana. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de enero de 2014

JUROMENHA, LA ESPLENDOROSA CENICIENTA

Por Moisés Cayetano Rosado

Juromenha es una cenicienta, esplendorosa todavía, a pesar de los derribos del tiempo y la desidia, desde donde las vistas al Guadiana no tienen rival; esa “cola” del Embalse de Alqueva forma una lámina de agua propicia para los deportes náuticos, para la contemplación de puestas de sol realmente increíbles.
Sus escasas dos calles conservan la tipología constructiva alentejana con esmero: pequeñas casitas en hilera; paredes blancas, con bordes de añil en puertas, ventanas y balcones; chimeneas troncocónicas gigantescas.
Su Fuerte no desdice de las grandes construcciones de la Edad Moderna: lo justifica su importancia histórica, que ya lo fue en la Edad Media y continuaría a comienzos del siglo XIX.
Llevo 20 años visitando esta fortificación, a tan solo 14 kilómetros de Elvas, hacia el sur. Admirando su amplio legado, superpuesto por el tiempo como hojas de un libro. Esos pilares, columnas y sillares romanos en paños de murallas; las cruces patadas visigodas; las murallas levantadas por los musulmanes que la conquistaron, la perdieron ante D. Afonso Henriques, la vuelven a conquistar dos veces, hasta quedar definitivamente en poder cristiano a partir de 1242.
D. Dinis (1279-1325) implanta importantes refuerzos: 17 torres cuadrangulares, torre del homenaje de 44 metros de altura, murallas revestidas en cantería de granito… Con la Guerra de Restauração (1640-1668), se cerca con una magnífica fortificación abaluartada, diseñada por Nicolau de Langres, que posteriormente se pasa al bando castellano, al que facilita planos secretos que permiten su toma.
En 1659, el estallido del polvorín arruina en gran parte sus instalaciones, lo que  un siglo después (con el terremoto de Lisboa, de 1755) llevará a repetir las destrucciones. Pero su importancia como “llave” de Portugal hará que se opere su recomposición; precisamente en 1808 sería uno de los lugares de inicio en la rebelión contra Napoleón.
Pero en los veinte años en que llevo admirándola, nuevas conquistas, nuevos estallidos, nuevos terremotos, nuevas invasiones y traiciones, la van hiriendo de muerte: el abandono, la desidia, la falta de cuidado para con esta perla del arte fundamentalmente islámico, medieval cristiano, abaluartado…, testigo de más de dos mil años de historia defensiva.
Veo cada vez un nuevo atentado: paños de murallas que se derrumban, interiores que se nos caen al suelo, elementos que se pierden (o que se van en manos amigas de lo ajeno).
Desolación ahora, donde antes admiré grandeza. Decadencia. Ruina. Soledad destructiva. Pérdida irreversible.

Se intentó una reconstrucción y puesta en uso, que entre lo discutible del proyecto y las crisis se ha quedado paralizada. ¿Cuál es el futuro para semejante tesoro que se nos está yendo, cayendo de las manos? Urge una actuación inmediata sobre ella, una de las señas de identidad histórico y artísticas más señaladas que tenemos en la Raya.

lunes, 14 de octubre de 2013

Final del formulario
LA INTENSA LUCHA DE LA MUJER RURAL ALENTEJANA – por Moisés Cayetano Rosado


Quiero hablar, en la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Rurales, de A Memória das Mulheres. Montemor-o-Novo em tempos de ditadura. Uno de esos libros que se leen con emoción, sobrecogidos por lo que allí se relata, lleno el lector de rabia por lo que de cruel puede tener una dictadura, pero también repleto de esperanzas viendo como hay seres humanos que en los peores momentos y las más duras circunstancias mantienen la lucha por la justicia, por la libertad, por el bien común y la solidaridad.
La historiadora Teresa Fonseca -con la colaboración técnica de Elvira Cabrela y la de dos de las protagonistas del libro, Maria Margarida Machado y Vitalina Roque Sofio- entrevista a 24 mujeres nacidas entre 1921 y 1956, ofreciendo a través de ellas una historia social de los tres-cuatro decenios anteriores a la implantación de la democracia en las tierras de Alentejo, y dando voz a los más olvidados de todos los procesos de la historia: las mujeres sencillas, trabajadoras, luchadoras,de la base del pueblo concienciado.
Tras una breve presentación espacio-temporal de la problemática que se aborda, en las 116 páginas del libro (más 14 de fotos y cartas sublimes de protagonistas del momento), publicado por la editorial lisboeta Colibrí, van apareciendo una tras otra las 24 mujeres entrevistadas. Entre 4 y 5 páginas de media ocupa cada una de ellas, relatando su testimonio a modo de autobiografía, de manera sencilla, directa, descriptiva, sin apenas concesiones a las apreciaciones subjetivas y sentimentales.
El testimonio es claro y aparentemente distanciado, pero ¡cuánta fuerza contiene! ¡Cuánto dolor y sacrificio! ¡Cuántas dificultades sufridas, cuánta hambre, cuánta represión y salvajismo padecido!
Son fundamentales las referencias a las persecuciones obreras de los años cuarenta; las huelgas campesinas de los años 50; las esperanzadas, frustradas, manipuladas elecciones presidenciales de 1958; las luchas por las jornadas de 8 horas organizadas por el PCP, que consiguieron el éxito -por la masiva participación sostenida de abril y mayo- en 1962; las guerras coloniales de los años 60 y primeros 70; la Revolução dos Cravos de 1974 y el brotar general de la esperanza…
Y entre ellas, el hambre, la miseria, la emigración, el paro, los salarios escandalosamente insuficientes…, la organización de la protesta campesina, la represión, la cárcel, las torturas, la presencia brutal de la GNR (Guardia Nacional Republicana) y el refinamiento represivo de la PIDE (policía secreta); los sacrificios personales, familiares, las vidas destrozadas… pero siempre llevado con inmensa dignidad.
El libro, que transmite con tanta serenidad el odio de los verdugos y la fuerza siempre renovada de estas luchadoras, es un documento necesario para entender ese cuarto y medio de siglo anterior a la democratización del país y las condiciones de vida y lucha de unas mujeres, de un pueblo, entregados a la liberación de todos los seres oprimidos.
Los testimonios, obtenidos cuando habían pasado una treintena de años largos de la increíble pesadilla, redoblan su valor y son, con su llaneza, un aldabonazo a las conciencias y una lección sobre las dictaduras y el tesón indoblegable del pueblo luchador.

Ahora, seis años después de su publicación, bueno sería una reedición o su versión digitalizada, para que aquellos que no pudieron acceder a este documento de tanta intensidad histórica y vital puedan enriquecerse con el intenso testimonio de las vidas de lucha y de fraternidad de esas mujeres rurales del Sur, de las que tanto tenemos que aprender.

jueves, 22 de agosto de 2013

LA IRRESISTIBLE COSTA ALENTEJANA
 
Atardecer en Sines
Moisés Cayetano Rosado

Cuando estamos viajando por la inmensa planicie alentejana, abrasante en verano, siempre necesitada de un golpe de lluvia, apetece hacer una escapada hacia el mar, estirando la raya hasta el Atlántico en esa Costa Azul que es el destino de tantos alentejanos y extremeños, no sólo en vacaciones sino frecuentemente en fines de semana. Una especie de tesoro salado a nuestro alcance.
Si accedemos desde el sur, entramos por el concelho de Sines, topándonos con un reguero de playas bajas y arenosas, suaves, delimitadas por roquedos calizos, de plegamiento inclinado hacia el mar, que las acotan y evitan la monotonía de una costa sin fin.
Vista da Ilha de Pessegueiro desde el Forte exterior
Son tantas que hemos de escoger. Yo me quedo primero con la playa frente a la islita do Pessegueiro, donde además de comer un envidiable arroz de mariscos podemos deambular por su impresionante fuerte del siglo XVII al borde mismo del agua; enfrente tenemos el islote, al que se puede llegar en lancha de pescadores (se organizan paseos en barcazas desde Porto Covo): allí encontraremos restos de otra fortificación similar y vestigios cartagineses y romanos -especialmente instalaciones para salazones-, que durante siglos fueron saqueados por los múltiples piratas que buscaron refugio en el lugar.
Cala de Porto Covo
A unos 3 kms. tenemos Porto Covo, que merece mención aparte. Aldea de pescadores, conserva una plaza y calles que confluyen a ella de enorme plasticidad, maravilla de urbanismo y arquitectura alentejana preservados desde el siglo XVIII, restaurado y acondicionado todo: pavimentos, fachadas, casas, bares... con un gusto fuera de lo común, predominando el adoquinado calcáreo, el blanco de fachada, azulón en zócalos, rojo y blanco en puertas y ventanas, teja árabe y mucho arbolado. A este atractivo se une el de sus playitas -debajo de sus enormes acantilados- de arena blanca y fina, sus aguas cristalinas y el pescado abundante, que podemos tomar en sugerentes caldeiradas de peixes.

De ahí, todo un rosario de playas nos llevan hasta Sines. Es posible que la de San Torpes nos interese más ahora. Si las anteriores eran pequeñitas, familiares, aquí estamos ante varios kilómetros de arena, que entroncan con Sines, capital del concelho, donde podremos visitar su castillo medieval y la Iglesia Matriz gótica, reconstruida en el siglo XVIII.
A unos 17 kms. al este se encuentra Santiago de Cacém; antes de continuar por las playas, merece una ojeada: la justifica su sobresaliente castillo, con muralla casi completa de diez torres y barbacana prácticamente íntegra; pero sobre todo, la cercana ciudad romana de Miróbriga, uno de los ejemplos romanos más completos que se conservan en el mundo.
Troia vista desde el Forte de S. Filipe, de Setúbal
De allá, volvemos de nuevo a las inacabables playas, todas seguidas, 60 kms. más, hasta la Reserva Natural del Estuario del Sado. Habremos ido pasando por la muy frecuentada de Melides, por la de Carvalhal, la de Comporta, y recalaremos en esa lengua de tierra rodeada de mar que es Troia, que nos pone enfrente de Setúbal y conserva unas valiosas ruinas romanas -Cetóbriga- con 2000 años de antigüedad.
Bordeando el río Sado, dejamos las playas para descansar en Alcácer do Sal, la Salatia Urbs Imperatoria de los romanos, ciudad episcopal con los visigodos y uno de los emplazamientos más poderosos de la Península con los árabes, reconquistada por los cristianos en 1217. Todas estas civilizaciones han dejado allí su impronta, destacando su monumental castillo, síntesis de estas culturas. Él le ha dado su nombre a la ciudad: Alcácer, alcazaba, fortificación (topónimo árabe). Y do Sal por haber sido ya con los romanos un gran productor de sal. Hoy lo es de arroz, de corcho, de piñones, y lugar delicioso para el turista reposado.

Todo un reto para un verano caluroso que aquí se ve suavizado por el Océano Atlántico, siempre suave y acogedor.