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domingo, 2 de octubre de 2016

SALINAS DE CASTRO MARIM
Moisés Cayetano Rosado
Salinas, con Castro Marim al fondo
Recinto medieval y castillo
Siempre es un placer pasear por Castro Marim. Admirar al norte su recinto medieval -reconstruido en 1279, en el reinado de D. Dinis, tras la conquista a cargo de la Orden de Santiago-, donde se enclava uno de los castillos más interesantes de Portugal, de planta cuadrangular, reforzado por amplios cubos artilleros en sus esquinas, de la época del rey D. Manuel, a principios del siglo XVI.
Murallas del siglo XVII
Al sur, en su magnífico complejo defensivo de mediados del siglo XVII -levantado a causa de la Guerra de Restauração de 1640/1668- destaca el pequeño Forte de São Sebastião, flanqueado por dos grandes hornabeques, desde los que parten sendos lienzos de murallas que enlazan con el recinto medieval. Uno y otro coronan elevaciones y protegen el caserío, recogido al medio.
Revelim de St. António
A oriente queda el llamado Revelim de Sto. António, una imponente elevación artillada que vigila al río Guadiana y a la población de Ayamonte, y de donde las vistas de las salinas de Castro Marim son excelentes. En realidad, desde cualquiera de los puntos anteriores lo son, pues estas elevadas zonas defensivas “contemplan” ampliamente el grandioso espacio de llanuras, sembrado por el este  de las pequeñas “piscinas” de almacenaje de agua marina, que llega a través de un ramal abierto al Guadiana casi en su desembocadura.
Salinas de Castro Marim
Y es a esas salinas a donde ahora tenemos la oportunidad de dirigirnos, de entrar en ellas, de conocer un poco su funcionamiento, gracias a la gestión hecha en brevísimo tiempo por Nuria Guerreiro -que trabaja para el municipio y la Eurociudad del Guadiana-, demostrando la misma eficacia que cuando allá realizamos las III Jornadas de Valorización de las Fortificaciones de las Raya (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2014/09/celebradas-las-iiijornadas-sobre.html).
Vista de Castro Marim desde las salinas. Revelim a la iquierda;
abaluartados al centro; recinto medieval a la derecha.
¡Magnífico llano pantanoso de brillantes resplandores, caminos compactados y a los bordes rectángulos de inundación con distintos tonos en la evolución de la sal: desde el verdoso del agua que entra del Guadiana hasta el blanco impoluto de la sal, coronando los pequeños embalses! ¡Y qué decir de la silueta de Castro Marim desde allí: la visión de su monumentalidad (castillo, murallas medievales y modernas, fuerte, hornabeques, revellín…) y blanco caserío cubierto con teja roja, despuntando torres de iglesias y siluetas de molinos de viento delicadamente conservados!
El propio municipio tiene su parcela de explotación de salinas, para que sirva de impulso, acicate y apoyo a otras iniciativas particulares, en el sentido de seguir practicando la extracción artesanal de la sal, que se viene realizando desde tiempo inmemorial, ligada a la salazón de pescados especialmente, adquiriendo gran importancia durante el Imperio Romano para la fabricación del “garum” (salsa de pescado preparado con vísceras fermentadas).
Averiguamos que si durante la Edad Media y Moderna tuvo una importancia económica crucial para la zona -con gran actividad exportadora-, a finales del siglo XVIII entran en decadencia, por la competencia de otras explotaciones de la Península, quedando reducida su actividad en el siglo XIX al consumo de los mercados locales y de lugares próximos.
Vista de las salinas desde el castillo
Durante casi todo el siglo XX sigue el declive de esta industria artesanal, que únicamente cobra impulso a partir de finales del mismo, aunque coexistiendo la producción tradicional con los métodos industrializados, con una intensa mecanización que en forma alguna se da en los primeros, donde toda la labor es manual. Al ser ésta de más costoso proceso, encarece el producto, si bien resulta de una altísima calidad, con la conservación de todas las propiedades: pureza natural no “forzada” con métodos químicos, que la extracción con retroescavadoras hacen necesarios para eliminar impurezas de arrastre de arcillas, aceites, etc., pero eliminando propiedades y componentes esenciales como yodo, flúor, manganeso, hierro…
La Câmara Municipal de Castro Marim es un ejemplo de potenciación de estas “buenas prácticas extractivas”: recolección manual con rascador de madera unido a palo largo, con el que se arrastra la sal hasta los bordes de los recintos rectangulares en que se deposita el agua marina, tras pasar por distintos estanques (todos de arcilla compactada a mano) donde se va depurando el agua, calentando y evaporando.
Señalando la sal
Así obtienen una producción de altísima calidad tanto de “flor de sal”, (cristalizada en superficie por contraste térmico a la caída del sol, que únicamente puede recogerse -con pértigas de malla fina- en determinadas condiciones de “reposo” del viento, siendo recolección muy limitada, pero de inigualable valor gastronómico y en oligoelementos claves para nuestra salud), como de sal natural, en volumen quince veces mayor que el de “flor” (que cuesta en la compra casi esas quince veces más).
Ciertamente, se trata de un trabajo penoso para el operario que ha de cuidar tanto de la limpieza de los estanques como de la obtención de la sal por raspado y arrastre en los mismos, y su manipulación desde ellos hasta el exterior en pequeños sacos que transportan a hombros.
El encargado de la Salina municipal nos enseña a recoger la sal...
Las temperaturas en las mejores épocas de extracción (verano) pueden llegar en este espacio rebajado de la superficie a 50º y la humedad es enorme. Todo es esfuerzo de brazos, de hombros, para el que manipula el producto, a pleno sol. En nuestra visita, de hora temprana y tiempo suavizado de principios de otoño, lo hemos podido comprobar, como comprobamos la delicadeza, la entrega profesional del encargado de la explotación municipal que amable y pacientemente nos acompaña, sabe su labor y sabe explicar los pormenores, transmitiendo cariño por esta empresa de recuperación de tradición y calidad.

Trabajo duro para lograr un producto sin igual,  saludable y de gourmet, que Castro Marim ha sabido revitalizar, cuando la vorágine mecanizadora parecía que iba arrasar con lo que durante tantos siglos fue para la zona una señal de identidad. Hoy se exporta a todo Portugal, España, Reino Unido, Alemania, Holanda, EE.UU., etc., constituyendo un recurso económico importante para este municipio, por añadidura siempre en “pase de revista”, pulcro, agradable de recoger, de bello caserío y abiertamente acogedor.

miércoles, 6 de julio de 2016

DE CASTELO BRANCO A PUEBLA DE SANABRIA Y REGRESO (y V)
Castelo de Trancoso
DE TRANCOSO A LINHARES, RECALANDO EN CELORICO DA BEIRA
Moisés Cayetano Rosado

Tras visitar los grabados rupestres de Foz Côa y Siega Verde, nos “adelantamos” unos cuantos milenios para recalar en la Baja Edad Media que representa toda la Serra da Estrela (ese Parque Natural de impresionante valle glaciar), donde esta vez solo toca “rozarla por el norte”, bajando desde Trancoso a Linhares, una de las poblaciones más deliciosas de la Serra, y donde nos recomiendan que después volvamos sobre nuestros pasos para no perdernos Celorico da Beira, que parece (¡solo parece!) un pariente pobre del rico tesoro asentado en el profundo meandro del Mondego, ribete azulado del Parque Natural.
Trancoso es la población donde se casaron el rey D. Dinis y doña Isabel de Aragón en 1282. Y también la “Tierra de Bandarra”, Gonçalo Anes, un zapatero, trovador y profeta, perseguido por la Inquisición, por sus profecías mesiánicas, muy seguidas por el pueblo.
Pero lo que más me admira de la población es su núcleo amurallado, levantado en los reinados de D. Afonso III y D. Dinis, y perfeccionado bajo D. Fernando: de mediados del siglo XIII a finales del XIV, conservándose en casi su totalidad. Dentro de él, en su extremo nororiental, se encuentra el castillo, recinto almendrado, con cinco torres de planta cuadrangular, inmenso torreón de entrada y una espléndida Torre del Homenaje, de silueta tronco-piramidal y planta cuadrada, a la que accedemos por puente colgado a media altura.
Igreja de S. Pedro y Pelourinho manuelino de Trancoso
El casco histórico es una delicia por su traza urbana laberíntica, sus casas de sillería y sillarejo granítico y el empedrado de sus calles, muchas de las cuales repletas en sus laterales de hortensias que arrancan del encuentro de las fachadas y el suelo. En el centro tenemos la Igreja Matriz de S. Pedro -de finales del siglo XV-  y un esbelto pelourino manuelino, rematado “por uma gaiola, onde sobressaem os oito colunelos laterais, ornados com anéis e meias-esferas, e o coroamento com esfera armilar, sobrepujada por uma cruz em ferro”, como reza su cartel indicador.
Castelo de Linhares
De allí a Linhares, carretera con buenas panorámicas, que se adensa en bosque frondoso conforme nos adentramos en la Serra da Estrela. Linhares tiene una calzada romana de más de un kilómetro y un castillo que parece serpentear por lo alto de la elevación granítica en que se ubica: Torre de Homenaje, alto torreón defensivo y gran espacio de abrigo para la población, con puerta de entrada ojival, conforman la fortaleza altomedieval, a cuyos pies se extiende la vila, “detenida en el tiempo”, con su profusión de granito en paredes y suelos, calles quebradas y en tramos cubiertas.
Callejuela de Linhares da Beira
La Igreja Matriz data de la Plena Edad Media, aunque remodelada en los siglos XVII y XVIII, con interior de retablos manieristas. También tiene pelourinho del reinado de D. Manuel, época de mayor prosperidad de la zona, lo que se refleja en su urbanismo y construcciones.
Pero allí nos recomiendan volver hacia el norte, para visitar Celorico da Beira, ¡y comer en uno de sus restaurantes su arroz de pato delicioso! Nos indican “O Botas”, casero, apetitoso, económico, donde atienden con rapidez y simpatía, siempre te invitan a que repitas más de lo que pides (¡por el mismo precio!), y además de pato, preparan con maestría cabrito, borrego, trutas, bacalhau, y no digamos las sopas serranas, quesos “de untar” (los queijos de Celorico tienen fama de ser los mejores del país) y sobremesas caseras deliciosas.

Celorico da Beira
Castelo de Celorico da Beira
Su castillo del siglo X conserva un enorme torreón (no está claro que fuese en su día la Torre del Homenaje), a cuya entrada elevada se accede por escalera desmontable, y alterna en su recinto los elementos románicos con los góticos. También destaca en la población su Igreja de Santa Maria, de portada renacentista y capilla mayor y sacristía barrocas. Y ¡cómo no!, sus muchos pequeños comercios donde te ofrecen su irresistible queijo da Serra, buena alternativa al souvenir turístico con que a veces cargamos y que llegados a destino se arrincona. ¡Muy al contrario en este caso “tan apetitoso”!

viernes, 7 de agosto de 2015

Redondo y sus fantasiosas Ruas Floridas

Moisés Cayetano Rosado
Cuando vas acercándote a Redondo -desde Alandroal o Vila Viçosa al este, o Évora al oeste- ya ves en lo alto los restos de su castillo medieval, su torre del homenaje, que te guía hasta la base del promontorio en que se enclava.
La construcción del castillo tiene sus inicios en el reinado de D. Dinis, por el año 1319, aunque algunos investigadores discuten la fecha y la sitúan algunos años más tarde. El reducto es de modestas dimensiones, de planta ovalada, recorrido de suroeste a noreste por la Rua do Castelo, muy armoniosa y con varias puertas de casas enmarcadas por arcos góticos; a ella entramos por la Puerta del Sol (o del Postigo, que tiene al medio) en el ángulo poniente y salimos por la Puerta de Ravessa (localismo que significa “del promontorio”, “del montículo”) en el ángulo naciente. Al norte y al sur del trazado, quedan dos airosos torreones con amplia vista al territorio circundante.
En este pequeño espacio medieval destaca, en medio de su hermoso caserío, una interesante “olaría” (taller alfarero: el concelho tiene los más afamados talleres “de barro” de la región, y en el cercano Convento de Santo António da Piedade hay un Museo monográfico sobre esta artesanía) y una sorprendente Enoteca -local donde se sirve vino con pan alentejano, queso, embutidos y jamón de la zona-, instalada en  un antiguo granero público del siglo XVII, admirablemente restaurado.
Una vez recorrido este recinto, merece bajar por su caserío, de fachadas impolutas, blancas ribeteadas de añil, desde la inmediata Praça de D. Dinis (en la que se encuentra la Igreja Matriz, barroca, de finales del siglo XVI) hasta la Praça da República, en que se alza el monumental Palacio Municipal, y muy cerca el Museo Regional del Vino: no en vano Redondo es uno de los enclaves más apreciados del reputado vino alentejano.
Tiendas de artesanía, restaurantes de cartas y ambientación regionales, placitas, trama urbana de trazo rectilíneo, aunque tendiendo a embolsarse hacia el sur, hacia esta Praça da República, diáfana, hermosa y amplia, jalonan el recorrido
Y a cada dos años, en los impares, como ocurre ahora del día 1 al 9 de agosto, se desarrolla en este espacio y sus alrededores la fiesta de las “Ruas Floridas”, que ahora cumple su XIV edición.
Más de quince toneladas de papel y más de noventa toneladas de madera y varias también de cola de pegar  fueron utilizadas para engalanar cuarenta y una calles, en un trabajo realizado por la propia población, con una dedicación voluntarista admirable.
Cada una de las calles recrea un motivo diferente, que van desde los más locales: Tapetes de Arraiolos, a los regionales: el Plato Alentejano, los nacionales: Sardinas Portuguesas, o de otras partes del mundo: Patio Sevillano, motivos de Marruecos, así como recreación de cuentos, leyendas, tradiciones, oficios, costumbres, vestimentas, paisajes, etc.
Toda una explosión de luces, colores, formas, en que el papel, el cartón, la madera, sabiamente combinados, ensamblados, pegados, obran el milagro de trasladarnos desde un mundo fantástico a una realidad interpretada con acierto, cubriendo suelos, paredes, elevándose por encima de nuestras cabezas, cubriendo fachadas, calles, plazas…
Completan el variado espectáculo vital continuas actuaciones musicales y la oferta variada de bares, restaurantes, parrilladas al aire libre, muestras de artesanía, con que atraer a un público que trasciende cada vez más lo local y regional, para adquirir importancia nacional y transfronteriza.

¡Magnífica explosión de luz y de color en una población cuyo patrimonio urbano ya de por sí es un atractivo suficiente! Buen lugar para disfrutar de algo ciertamente original, que dentro de unas semanas tendrá otra versión, otra prueba de imaginación y calidad en un punto cercano: las Festa do Povo de Campo Maior, que este año (la periodicidad la decide el propio pueblo campomaiorense) tendrán lugar entre el 22 y el 30 de agosto, y a la que deberemos prestar la atención que se merece.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

DE MOURÃO A ALCONCHEL, ATRAVESANDO LA RAYA
Sierras rayanas entre Mourão y Alconchel
Moisés Cayetano Rosado

En el Baixo Alentejo, marcado en la Raya por castillos y fortificaciones, lomas adehesadas y rebaños de ovejas, nos acerca Mourão, por la inmensa planicie, hasta Villanueva del Fresno.
Pero Mourão merece una visita, un paseo tranquilo por sus quebradas calles, y en especial subir a su Castelo, antes de cruzar la frontera. Castillo construido en 1343, bajo el reinado de D. Afonso IV, en un punto dominante de la villa, alternando la predominante pizarra con mármol y granito. Su planta rectangular se refuerza con seis torres cuadradas, accediéndose al interior por dos grandes puertas.
Maqueta y castillo real al fondo, Mourão
Las guerras medievales tendrán continuidad en la Edad Moderna, especialmente con la sublevación de Portugal contra la Unión Peninsular (1640-1668), por lo que se remodela la cerca exterior, dotándola con cuatro baluartes en los ángulos de la muralla, así como revellines protegiendo las cortinas de la misma. De todo ello, queda un patrimonio interesante que precisa, especialmente en los refuerzos abaluartados, de una rehabilitación que resalte su valiosa monumentalidad.
Villanueva también es otro símbolo contundente de nuestras luchas de frontera. De su fundación, seguramente templaria, apenas quedan en pie unos paredones del castillo defensivo: al capitular durante la Guerra de Restauración, fue saqueado y arrasado. De esa fecha, eso sí, nos resta el diseño de su traza urbana, de calles amplias y rectas, que salen de la plaza central donde se encuentran la Iglesia parroquial y el Ayuntamiento.
Villanueva del Fresno en las Guerras de Restauração (en 1662)
Importa destacar la armonía de este pueblo encalado, de los más representativos de nuestros pueblos blancos, muy agradable de pasear con sosiego y tapear en sus bares, sin olvidar una visita a la Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, neoclásica, del siglo XVIII, con importantes retablos barrocos.
Hacia el norte, a una docena de kilómetros, está Alconchel. Desde mitad de camino ya vamos disfrutando de la airosa vista del castillo. Impresionante fortaleza templaria, del siglo XIV, que culmina un monte en forma de triángulo equilátero casi perfecto. La Torre del Homenaje, prismática, de sección cuadrangular, domina un amplísimo entorno. El castillo tiene refuerzos para disponer armas pesadas de artillería, a causa también de la Guerra de Restauración, lo que contribuye a acentuar su carácter inexpugnable y de bronca belleza.
Vista de Alconchel desde el castillo
Desde allí, las vistas al caserío son excelentes, destacando la blancura de las fachadas, el rojo de las techumbres, el serpenteo de sus calles. Y en ellas, encontramos esa disposición para la copa y el tapeo tan propia de nuestros pueblos extremeños, que aquí se completa con la calidad y buen precio de la comida extremeña de sus restaurantes, cuidados y agradables.

Si fuéramos desde esta población a Badajoz, no estaría mal desviarnos hasta Cheles, en la frontera, al pie del Guadiana, en ese gran remanso que forma la cola del embalse de Alqueva, y donde se guarda el secreto de la preparación de los peces de río, que como en pocos lugares podremos disfrutar.

jueves, 9 de octubre de 2014

UN PASEO POR LISBOA
Moisés Cayetano Rosado
Si tuviera que escoger lugares en Lisboa para hacer una visita rápida, de un día, me vería en un apuro indescriptible. Iba a ser necesario levantarme muy temprano y acostarme con la noche vencida para dar un mínimo vistazo a lo que luego tendría que dedicar varias jornadas y ampliar a unos cuantos lugares no menos atrayentes.
Pero de momento la Baixa pombalina sería un punto de partida. Recorrer, abriendo el día, la Rua Augusta, hasta la Praça do Comercio (Terreiro do Paço), por la que  asomarme al Estuario do Tejo. Contemplar desde allí la arquitectura racionalista de la plaza (con la impresionante estatua de D. José I al medio) y las calles en cuadrícula de la Baixa, con sus “cerros guardianes” a ambos lados; el Chiado hacia el oeste y Alfama al este, a donde iría de inmediato, antes de que lo invadan multitudes de turista, como ocurre cada día.
Hay que subir, callejeando, hasta el Castelo de São Jorge. Contemplar desde lo alto el espectáculo de los puentes sobre el Tejo: el 25 de Abril, con su soberbia altura, y el Vasco de Gama, interminable, e igualmente magnífico. Admirar el derrame del caserío por todas las colinas; los tejados brillantes -encendidos de rojo-, las fachadas blancas, las muchas plazoletas, monumentales cúpulas. El trajinar de los barcos y barcazas en el encuentro del río con el mar.
Bajar después, tranquilamente, degustando rincones, plazuelas, azulejerías en las esquinas, ruas y ruelinhas quebradas de la Alfama, hasta el Panteón Nacional, barroco edificio cupulado donde se custodian las tumbas de presidentes y grandes personalidades portuguesas, y desde cuya terraza volveremos a disfrutar de las vistas irrepetibles de Lisboa.
Es gratificante coger desde sus cercanías el Eléctrico 28, ese tranvía emblemático, pequeñito, centenario, que no para de subir y bajar por toda esta intrincada orografía ribereña. Al llegar a la Sé-Catedral es conveniente bajar para una visita a esta joya gótica fortificada, cuyo claustro guarda importantes vestigios arqueológicos en su patio, desde la Edad del Hierro a la ocupación cristiana, pasando por romanos, visigodo, musulmanes.
Tras la visita (y comida en los pequeños restaurantes de sus alrededores, donde el olor de sardinas y bacalao asados resulta seductor), podemos volver a tomar el tranvía para ir -estuario adelante- hasta el Monasterio de los Jerónimos, la gran joya manuelina, Patrimonio de la Humanidad, calificación que también posee la cercana Torre de Belén, emblemático monumento artillado de principios del siglo XVI, obra igualmente manuelina, del arquitecto portugués Francisco de Arruda, uno de los constructores más universales de Portugal.
No sé si a uno le quedan fuerzas para más, tras una jornada tan apretada, recorriendo la historia, el arte, el patrimonio de la zona “fluvial” de Lisboa. Pero si fuera posible, merecería subir hacia Campo Pequeño, dejando atrás la monumental Praça do Marqués de Pombal (con su estatua imponente subida a pedestal de 40 metros de altura, repleta de figuras alegóricas), desde donde la Avenida da Liberdade lleva a la Baixa en que empezamos el recorrido.
Desde Campo Pequeño -cuya Plaza de Toros tiene en la planta subterránea múltiples restaurantes, tiendas de todo tipo, multicines…- hasta la Praça de Espanha hay un agradable recorrido urbano y al borde de ésta última tenemos la Fundação Calouste Gulbenkian. La Fundación posee un agradable y extenso jardín, y especialmente colecciones de arte incomparables: del Antiguo Egipto, cerámicas orientales, vidrios sirios, mobiliario francés, monedas griegas, medallas italianas, numerosas obras pictóricas (destacando los impresionistas)…

No es posible estirar el tiempo más pero hay que apuntar para otro día el Museu do Azulejo y el Monasterio de S. Vicente de Fora (al este y oeste respectivamente del Panteón); el Museu de Arte Antiga (entre la Praça do Comercio y la base -cerca del río- del Ponte 25 de Abril); la Basílica da Estrela, un poco más arriba; el Palácio da Fronteira y el Jadim Zoológico, al noroeste… ¡sin olvidar, claro, el tomar un café en A Brasileira, del Chiado -donde lo hacía Fernando Pessoa-, tras visitar las ruinas del Convento do Carmo y recorrer algunas de las múltiples iglesias y librerías de viejo de la zona!

jueves, 18 de septiembre de 2014

ALMEIDA. O CASTELO DE D. DINIS E A FRONTEIRA DE PORTUGAL

Moisés Cayetano Rosado

Nos tiene acostumbrados João Campos -doctor arquitecto, historiador, inigualable conocedor de las fortificaciones portuguesas y su proyección en el mundo colonial- a estudios de investigación sobre el patrimonio artístico-monumental de extraordinaria importancia.
Junto a otro arquitecto de similares características profesionales, el español Fernando Cobos -tan imprescindible en los Seminários Internacionales que anualmente organiza el primero en Almeida-, publicó el año pasado una obra de singular valor: Almeida/Ciudad Rodrigo. La fortificación de la Raya Central (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2013/05/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html), a la que ahora suma otro trabajo magistral: Almeida. O Castelo de D. Dinis e a frontera de Portugal, bajo coordinación editorial de la Câmara Municipal.
Si a ellas unimos la de parecido porte, Almeida. Candidatura das fortificações abaluartadas da Raia Luso-Espanhola a Património Mundial.-UNESCO, de 2009, coordinada por J. Campos -en la que también interviene, entre otros especialistas, F. Cobos-, tendremos una adecuada y justa visión de lo que significa Almeida en el Patrimonio Fortificado Mundial.
Añadamos a esto las publicaciones en la Revista del CEAMA (Centro de Estudios de Arquitectura Militar de Almeida) de las ponencias presentadas en los anuales Seminários Internacionales (de los que ya van ocho ediciones), donde alrededor del “centro de interés” que Almeida significa se presentan trabajos e investigaciones de las más variadas procedencias del mundo, aparte de otras publicaciones monográficas. Así comprenderemos la ingente labor sostenida por este relevante Consultor del Municipio y por la Câmara de Almeida, cuyo Presidente -António Baptista Ribeiro- es todo un ejemplo de cómo debe actuar un gestor político en el mundo de la Cultura, el Patrimonio y la promoción de sus valores monumentales.
ALMEIDA. O CASTELO DE D. DINIS.
Almeida. O Castelo de D. Dinis e a frontera de Portugal, con 191 páginas, impresas en portugués e inglés y profusamente ilustradas de fotografías, documentos, planos y mapas históricos, así como diseños propios de proyectos de intervención, consta de siete capítulos, a los que antecede un Prefacio de José Blanco (Presidente de World Monuments Fund) y cierra una minuciosa Cronología comentada -que va desde el año711 (conquista de la Península Ibérica por los musulmanes) al 1927 (cuando la fortaleza de Almeida deja de tener funciones militares), con especial incidencia al área de estudio de esta obra-, además de Bibliografía y Posfácio de Adriano Vasco Rodrigues (historiador, arqueólogo y publicista).
El primer capítulo aborda la cuestión de Que fazer com o Castelo?, donde introduce la temática a tratar en el volumen.
Un segundo capítulo nos explica el Significado histórico da frontera portuguesa. A delimitação da Raia como factor identitario, extendiéndose sobre el rey D. Dinis y el Tratado de Alcañices, pasando revista a los conflictos de frontera de la época bajomedieval, Edad Moderna y siglo XIX.
El tercero, titulado A representação de Portugal e da frontera central, se detiene en la fijación de los límites fronterizos y nos presenta mapas de crucial interés sobre ellos, destacando el de Fernando Álvares Seco, de 1560, o el de límites de Portugal de Brás Pereia (1642), entre otros.
Os castelos de Riba-Côa no “Livro das Fortalezas” de Duarte de Armas centra el cuarto capítulo, detallando el contenido del mítico libro de Duarte, algo que ya había abordado con extensión en la obra citada Almeida/Ciudad Rodrigo. La fortificación de la Raya Central. El libro de Duarte de Armas constituirá una fuente de investigación para João Campos esencial a la hora de proyectar la actuación sobre este Castelo de D. Dinis.
A las Torres de Menagem, barreiras artilheiras e fossos dedica el quinto capítulo, haciendo una referencia especial a cómo debió ser la medieval de Almeida (desaparecida por la tempestad y el rayo -o rayos- caído el 23 de agosto de 1695 en sus almacenes de pólvora), en base a los diseños de Duarte de Armas: “Ocorre à lembrança, pela escala e pela determinação em fazer, a congénere de Olivença. Mas a torre oliventina é muito mais tardia” (pg 64). Más adelante hace referencia a sus posteriores bastiones circulares, señalando que “Almeida é, um pouco, como se fosse uma miniatura de La Mota” (pg. 71).
El capítulo más extenso es el sexto, con 66 páginas (ninguno de los otros llega a las 20): Evolução conjectural do Castelo de Almeida (séc. XIII-séc. XIX); analiza las tres fases en que divide su historia. La primera, “O Castelo de D. Dinis. Fim séc. XIII/inícios séc. XVI”; la segunda, “O Castelo de D. Manuel. Inícios séc. XVI/fim séc. XVII”, y la tercera, “O fortim moderno. Inícios do séc. XVIII-1810”.
Entra en la “reconstrucción cronológica” del Castillo advirtiendo que “A documentação mais utilizada, quando se fala do Castelo Medieval de Almeida, é a Planta e as duas Vistas do Livro das Fortalezas de Duarte de Armas. Não obstante, esses desenhos são feitos mais de dois séculos após a construção do castelo” (pg. 88). O sea, con adaptación artillera, proto-moderna, como observa a continuación.
Pasa después a reformular el núcleo de la fortificación tras la explosión de 1695, recurriendo a los “desenhos espanhóis durante a ocupação de Almeida, após o cerco (1762/63)” (pg. 120-123), lo que le sirve -como escribe previamente- “para compor, com um grau de fidelidade que reputamos grande, a imagen geral da terceira fase da evolução do Castelo de Almeida” (pg. 119), deteniéndose a continuación en “Os relatórios do coronel engenheiro Jacques Funck, 1766”, cuya “Carte de la situation de la ville d’Almeida/ 1766” utilizará en la magnífica portada de este libro.
El 26 de agosto de 1810, en el cerco a que sometían a la Plaza los franceses, dos bombas penetran en el polvorín del Castillo, destruyéndolo. Y así, señala J. Campos, “Ao retomar a posse da praça, em 1811, o primeiro registro cartográfico do estado em que se encontrava a fortaleza (de autoria do Tenente-coronel Engenheiro Bernardo de Caula e do Major Engenheiro Neves da Costa) retrata o castelo como ruína” (pg. 135). A partir de 1836 se proyecta transformar el espacio en Passeio Público, si bien quedará en abandono.
J. Campos nos detalla, finalizando el capítulo, el proyecto de instalar allí una Pousada alrededor de 1960, que no se concretiza sino en otro lugar cercano al castillo, en tanto allí se realizan distintas campañas de excavaciones arqueológicas y limpieza, con ligero acondicionamiento de variada fortuna.
El último capítulo de esta interesante obra, el séptimo, nos presenta una Proposta preliminar para intervenção, que además ha sido recogida en la última edición de la Revista del CEAMA, la número 11, de 2014. Incluye diversos planos, vistas “a vuelo de pájaro”, secuencias de perspectivas, explicación de intervenciones en el interior y alrededores (con correcciones de actuaciones anteriores, restauraciones, remodelaciones, equipamientos, musealización, etc.).

Ojalá que esta intervención que propone João Campos no demore en el tiempo, contribuyendo al enaltecimiento de la Plaza militar de Almeida, un Patrimonio Histórico, Artístico y Monumental de primera dimensión no solamente en la Raya/Raia sino en el mundo entero.

lunes, 26 de agosto de 2013

VISITANDO ARRAIOLOS, EVORAMONTE Y ÉVORA
 
Igreja da Misericordia. Arraiolos.
Un grupo de amigos -portugueses venidos fundamentalmente de Setúbal y algunos españoles, convocados por el Grupo de facebook Caminhadas…-, decidimos desafiar al calor en estos finales de agosto y deambular por la planicie alentejana.
ARRAIOLOS. TAPETES Y AZULEJOS.
El punto de encuentro es Arraiolos, y la “mecha calórica” un buen café y deliciosos pastéis de toucinho, de la pastelaria Reis, en el centro de la población. Muy cerca está la Igreja da Misericordia, construida en el siglo XVI, cuya azulejería interior, de 1753, reviste casi la totalidad de sus paredes representando las obras de misericordia, y constituyendo una obra de arte asombrosa.
No menos asombrosa es la azulejería interior del Convento dos Lóios, fundado en 1527 y dedicado a Nossa Senhora da Assunção, a donde vamos tras visitar la Câmara Municipal y las valiosas pinturas de Dordio Gomes en su Salão Nobre. La Praça do Municipio, espaciosa, entrelarga, a manera de circo romano, merece también una visita reposada, por la belleza del caserío, los pórticos y ventanales góticos y renacentistas, su pelourinho del siglo XVI…
Tapete de Arraiolos
 En la Igreja del Convento dos Lóios, la combinación en su pórtico e interior de estilos manuelino-mudéjar y barroco son de una belleza serena que invitan a la contemplación sosegada, al paseo interior, a la visita a las demás estancias, ocupadas por la Pousada de N. Sra. Da Assunção, donde contemplamos, en su claustro, una exposición de tapetes de Arraiolos espectacular.
Castelo de Arraiolos
La visita a Arraiolos ya merece todo un día de admirado deambular, pero nuestro coordinador -Diamantino Vasconcelos- nos tiene preparada más tarea para este día que ha comenzado… ¡frío!, y nos hace añorar alguna manteleta para la espalda, si bien enseguida cambiará. Ya cambia cuando subimos al Castelo de la población, edificado en el siglo XIV por orden de D. Dinis, con singular muralla elíptica, que sigue las curvas de nivel del promontorio donde se ubica y desde el que se contempla la gran planicie alentejana de alrededor, que nos conduce al oeste hacia Montemor-O-Novo, al este hacia Estremoz, al norte a Mora y al sur a Évora, que será el punto final de nuestro periplo.
COMIDA EN AZARUJA.
Antes, como ha llegado la hora de comer, probamos un lugar nuevo para muchos de nosotros: el restaurante O Bolas, de Azaruja, entre Evoramonte (a donde enseguida nos encaminaremos) y Évora.
Comida en Azaruja
Nuestro almoço: entradas de queijo y presunto; después, sopa de poejos com ovos, cachaço do porco no forno, doces tipo conventuais, pan, agua, vinho da terra y café o chá. Una delicia, como es habitual en esta tierra de honda sabiduría culinaria.
EVORAMONTE: ENSUEÑO MEDIEVAL.
Entrada fortificación de Evoramonte
En Evoramonte volveremos a encontrar la mansedumbre del tiempo detenido. El ejemplo de una fortificación perfecta, triangular, mandada a construir por el rey D. Dinis, después de que Geraldo Sempavor (especie de Cid Campeador del primer rey de Portugal, Afonso Henriques) conquistara la villa a los moros. Adentrarnos allí es como retroceder en la historia 700 años, no sólo por su amurallamiento sino por el ambiente interior.
Castelo de Evoramonte
Fundamentalmente, dispone de una calle -la rua Direita- y sendos callejones laterales que van a dar al campo interior del recinto, donde hay, a un lado, olivos y pastos; al otro, pequeñas huertas familiares. Comprendemos que, en caso de asedio, con las ovejas que allí pueden recogerse, con los frutos hortícolas y de la siembra, sus enormes aljibes y la seguridad del enorme castillo (rehecho tras el terremoto de 1531 en su actual estilo renacentista-manuelino), alzado al medio, puede aguantarse una prolongada temporada.

¡Ahora sí aprieta el calor! ¡Parecemos, bajando del castillo, un ejército en costosa retirada! Y es que después de la comida, tan buena y copiosa, el sol en su esplendor y el secarral de finales de agosto, no dan para otra cosa.
LA INABARCABLE ÉVORA.
En Évora nos concentramos en las Portas de Avis -de la muralla medieval (s. XIV)- y bajo los arcos de su acueducto de “Agua de Prata”, del siglo XVI, cuya construcción fue dirigida por Francisco de Arruda, el mismo proyectista de la Torre de Belém en Lisboa o el acueducto de Amoreira en Elvas.
De allí callejeamos hasta la Universidade, de puro estilo renacentista italiano, que se ordena alrededor de un claustro central porticado, al que se abren las aulas que aún mantienen preciosos púlpitos de madera y revestimiento en sus paredes de azulejería con motivos de las materias que allí se enseñaban.
Entrada al Claustro mayor de la Universidade de Évora
Luego nos llegamos hasta el Largo da Porta de Moura, una amplia plazoleta con fuente y abrevadero de mármol en estilo renacentista, limitada al sur por la casa Cordovil, con elegante terraza de arcos geminados y tejado almenado, rematado en flecha cónica, de estilo árabe.
A partir de ahí, toda la inabarcable inmensidad de un Patrimonio muy justamente clasificado como “de la Humanidad” por la UNESCO en 1986. Rápidamente pasamos por su (catedral gótica de transición), el vecino Templo romano, la cercana Praça do Giraldo, bulliciosa, alegre, colorista, como siempre. Y salimos del recinto amurallado donde se encuentran la cerca medieval (de bases romanas en diversos tramos) con la abaluartada del siglo XVII.
Es hora de volver. La noche cae y la planicie alentejana amarillenta de este agosto de calor se llena de sombras, donde de cuando en cuando sobresalen los puntos de luz en los promontorios donde siguen vigilando el espacio estas inolvidables poblaciones, llenas de historia, patrimonio y tranquilo buen gusto en el vivir.

Moisés Cayetano Rosado