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domingo, 19 de agosto de 2018


DEPORTACIONES DE INMIGRANTES EN LA ESPAÑA DE LOS AÑOS CINCUENTA
Palacio de las Misiones. Exposición Internacional de Barcelona, 1929.
Lugar de concentración para la deportación inmediata.
Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia
Tras la Guerra Civil española se detuvo el flujo migratorio,  sangría de la España contemporánea -dirigido principalmente a Ultramar-, que ante la saturación del mercado americano se intensificó en el interior del país. La periferia minera e industrial (principalmente la cornisa cantábrica y Cataluña) fue recibiendo trabajadores provenientes del sector agrario, en especial andaluces, castellanos y extremeños. Y aunque los años cuarenta serían de “paralización migratoria”, la situación en los campos del sur era desesperada para los jornaleros, que en los años cincuenta comenzarían a salir de sus lugares de origen para buscar acomodo en esas zonas de “prosperidad” que eran Asturias, País Vasco y Cataluña.
Las avalanchas de inmigrantes “a la aventura” serían considerables, hasta el punto de que enseguida se rebasaba la oferta, originándose otros problemas anexos, fundamentalmente el de la vivienda, que los nuevos obreros resolvían de manera primaria, construyendo ilegalmente barracones, chabolas, todo tipo de infraviviendas, dando lugar a barrios sin infraestructuras de ninguna clase.
La Comisión Católica Española de Migración divulgaba en 1956 una circular, haciéndose eco de una carta del Capellán de los Obreros de Llanes-Avilés, donde se daba cuenta “de encontrarse en esta localidad de Avilés muchos obreros de esa y otras regiones de España sin trabajo y sin recursos”, ante lo cual el Capellán ruega que “los Curas de Parroquias avisen públicamente a sus feligreses sobre este estado de cosas, con objeto de que no sigan viniendo y agravando el problema”, pues gran parte “están a merced de la caridad, debido a que dichos obreros vienen por su cuenta y riesgo, en contra de los avisos oficiales cursados a esas regiones”.
El problema era aún más grave en Barcelona, localidad fundamental de destino en esos años cincuenta, por lo que el Gobernador Provincial, Felipe Acedo Colunga, tomó una tajante decisión. El 4 de octubre de 1952 dictó una Orden, publicada en el Boletín Oficial de la Provincia dos días después, en la que -alegando “la necesidad de hacer frente al complejo problema de la vivienda”- ordenaba a los Ayuntamiento “el cierre o vallado de los predios urbanos que se encontraren enclavados dentro del casco habitable”, así como realización de “estadística completa de las ‘viviendas no autorizadas’, con expresión de sus habitantes y de los cabezas de familia que aparecieren como titulares, con el dato obligado de su profesión y contrato de trabajo”. Ordenaba a Alcaldes, Jefe superior de la Policía de la provincia, Comandantes del Puesto de la Guardia Civil y comisarías locales que impidan “la entrada y subsiguiente permanencia en los respectivos términos municipales, de aquellas personas que por no tener domicilio tuvieren que recurrir a la ‘vivienda no autorizada’, debiéndolos remitir a este Gobierno Civil para su evacuación por el Servicio que se encuentra a este efecto establecido”.
Lo de la “evacuación” es un eufemismo, que debemos sustituir por “expulsión” o, si se quiere, por “deportación”, pues una vez localizados los inmigrantes sin vivienda autorizada (las avalanchas humanas en los cinturones industriales no podían contar más que con infraviviendas ilegales), eran confinados en el antiguo Palacio de las Misiones desde donde se les reenviaba compulsivamente a su lugar de origen.
Este Palacio de las Misiones fue una obra del arquitecto Antoni Darder, para la Exposición Internacional de Barcelona, de 1929-1930. Tenía una superficie de 5000 m2, dedicados a dar a conocer la labor de las instituciones misioneras. Durante la Guerra Civil sirvió como prisión, y posteriormente fue un refugio de indigentes. Ahora iba a desempeñar esa función de reclusión temporal de inmigrantes, en tanto se tramitaba su retorno forzado.
“Ignorantes, inmorales, mendigos, delincuentes, etc., toda una serie de acusaciones se difundieron desde púlpitos y desde tribunas de prensa, sobre los inmigrantes venidos de otras partes de España. Un clima de animadversión social que facilitó la puesta en marcha de (estas) duras medias”, recordaba Manuel Peña Díaz el 11 de marzo pasado, en https://cronicaglobal.elespanol.com/.
Las estaciones de tren y de autobuses de Barcelona y poblaciones cercanas pasaron a estar permanentemente vigiladas por la policía armada, la guardia civil y los agentes del Servicio de Evacuación, que detectaban a potenciales inmigrantes, devolviéndolos a su origen fulminantemente. Esto dio lugar a que los trabajadores se las ingeniaran de mil formas para burlar la vigilancia: bajarse con cierta anterioridad y proseguir el viaje a pie; saltos por ventanillas y entre vagones; camuflarse entre equipajes…
En Madrid, un decreto similar a esta orden (aun que sin “centro de evacuación”) se dictaría desde Presidencia del Gobierno el 23 de agosto de 1957, publicado en el BOE el 21 de septiembre -y en el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid tres días después-, en el que se decía que “las Empresas de toda clase se abstendrán de contratar productores que no acrediten su residencia en Madrid”, se procederá “al inmediato derribo de las cuevas, chabolas, barracas y construcciones similares realizadas, sin licencia, en el extrarradio de Madrid” y “llevará aparejada el traslado de los que en ellas habiten a su sitio de origen”.
Esta terrible “aventura” finalizaría cuando -con los Planes de Desarrollo de los años sesenta- se necesitara gran número de trabajadores sin cualificar para el “desarrollismo” subsiguiente a los Planes, de gran “explosión” industrial, servicios y construcción civil, a resultas de la liberalización en la entrada de inversiones y capitales extranjeros, desenvolvimiento turístico proveniente del exterior y apertura a los mercados internacionales. Ahora ya no importaba el problema de la vivienda -excusa del Gobernador de Barcelona y sus “imitadores” por otros lugares del país-, que siguió siendo la gran asignatura pendiente de los movimientos poblacionales interiores de esa década; ni importaba la infraestructura de agua, luz, pavimentaciones, saneamientos, escuelas inexistentes… de esos barrios de aluvión. Ahora todo era “productividad”, desarrollo desigual, consolidación de guetos donde “la ciudad cambia su nombre”, como tituló una de sus memorables novelas Francisco Candel -escrita en 1957-, emigrante también, que vivió en sus carnes el problema.
Bueno será, una vez más, con el problema de la emigración candente para nosotros que volvemos a marchar, y para aquellos que pretende entrar, por las convulsiones de las encadenas crisis que nos envuelven, reflexionar sobre este pasado reciente, por otra parte no suficientemente conocido.

sábado, 7 de mayo de 2016

Los años sesenta en la Raya
extremeño-alentejana: entre la pobreza,
la represión y la emigración
CD donde se incluye el trabajo. (Nº I-2016); en papel saldrá
próximamente de imprenta.

MOISÉS CAYETANO ROSADO
Doctor en Geografía e Historia
Director de la Revista “O PELOURINHO”
correo electrónico: mcayetano14@gmail.com

RESUMEN
Extremadura y Alentejo han compartido a lo largo de la historia dificultades semejantes, que en los años sesenta del siglo XX -del “desarrollismo” europeo- se caracterizaron por una situación de pobreza angustiosa, desembocando en una masiva emigración. La dictadura en ambos países condicionó la vida de sus habitantes, controlados en sus reivindicaciones por la maquinaria represiva de sus regímenes políticos, con significativa incidencia en la vida campesina de Extremadura y Alentejo.
PALABRAS CLAVE: Extremadura, Alentejo, dictadura, pobreza, represión, emigración.

ABSTRACT
Extremadura and Alentejo have shared through history similar difficulties, which in the sixties of the twentieth century -of the European development- were characterized by a distressing situation of poverty, leading to massive emigration. The dictatorship in both countries conditioned the life of its inhabitants, their claims controlled by the repressive machinery of political regimes, with significant impact on country life of Extremadura and Alentejo.
KEYWORDS: Extremadura, Alentejo, dictatorship, poverty, repression, emigration.

Ver el trabajo completo en el Documento 72 de este enlace: http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html

Una versión ampliada e ilustrada con documentos será publicada próximamente en las Actas del “Congreso Internacional sobre el asesinato del General Humberto Delgado en Badajoz, 50 años después”, celebrado en el Salón de Plenos de la Diputación de Badajoz entre los días 19 y 21 de marzo de 2015.

jueves, 23 de abril de 2015

Tierras del Sur de Portugal y España
Moisés Cayetano Rosado
Las tierras del Sur de Portugal y España han padecido secularmente una grave situación de pobreza y miseria, afectando a una inmensa mayoría de su población, campesinado sin tierras, a merced de las contrataciones estacionales en extensas propiedades, muchas veces infraexplotadas, y donde los salarios por trabajos “de sol a sol” apenas daban para la subsistencia.
El “hambre de tierras” de esta población desasistida fue fugazmente atendida por la Reforma Agraria de la II República y Guerra Civil en el bando republicano en cuanto a España y la de los Gobiernos Revolucionarios de los años 1975 y 1976 en Portugal, sin mayor proyección en el tiempo, volviéndose a la situación latifundista infrautilizada anterior.
La situación para el campesinado sería extremadamente difícil, entrando en los años cincuenta y sesenta en una etapa de éxodo que llevaría a gran parte de la población a las zonas industrializadas de sus respectivos países y a Centroeuropa. En tanto, los que quedaban en la tierra de origen seguían padeciendo la situación de calamidades y hambre que les llevaba a buscar su subsistencia, aparte de en los escasos y magros jornales, en diversas modalidades de “rebusca”, furtivismo y contrabando estrechamente perseguido por la GNR y Guardia Civil, respectivamente.
La presencia opositora del general Humberto Delgado en 1958 supuso un “aire de esperanza” en Portugal, que se vio enseguida frustrado por el fraude electoral, que llevaría al general al exilio, la oposición clandestina y finalmente la muerte (asesinado en Badajoz), como le ocurriría a tantos portugueses en general y alentejanos en particular.
En los años centrales de prosperidad desarrollista -los años sesenta-, el impulso a las infraestructuras, la extracción minera, la industrialización, la urbanización de grandes espacios y la construcción de viviendas y lugares de recreo, hace que la demanda de mano de obra se dispare. De las zonas rurales hacia las urbanas y de los países mediterráneos al centro y norte de Europa, grandes masas de “capital humano” se desplazan buscando un porvenir que en origen tienen dificultoso.
Portugal y España serán dos de las naciones que entre 1961 y 1975 más se vean afectadas por el trasvase poblacional: casi el 11% de la población portuguesa y más del 4% de la española se envuelven en el proceso, siendo Alemania, Francia y Suiza los principales receptores.
El caso de Portugal resulta más extremo (el porcentaje lo delata), pues la dureza de las guerras coloniales -que se desenvuelven principalmente en Angola (desde 1961), Guinea (desde 1963) y Mozambique (desde 1964)- suponen una sangría económica para la nación que acentúa la pobreza, al tiempo que una espoleta para la emigración de los más jóvenes, que “huyen” de una guerra en la que se ven forzosamente enrolados.
El desarrollo es desigual en España, pues ante un “norte” que prosperaba existía un “sur” de pobreza y forzada emigración, que nutre de capital humana a las zonas más prósperas.
Desde su destino, los emigrantes ahorrarán cuanto puedan -incluso pasando estrecheces y a veces miseria de alimentación y hospedaje- para remitirlo a sus pueblos, donde queda buena parte de familia y donde invierten en el pago de deudas, compra de viviendas, pequeños negocios (bares, comercios…), tierras, etc. que suponen un balón de oxígeno para la economía peninsular, pues contribuyen con eficacia a equilibrar la Balanza exterior de pagos.
No obstante, las regiones emisoras, como Extremadura y Alentejo, Andalucía y Algarve presentan al final del proceso unos indicadores socio-económicos que les siguen situando en la cola del mundo occidental, en tanto las regiones receptoras estaban y siguen tras el proceso migratorio a la cabeza del bienestar. De otra parte, esa pérdida de habitantes (los más jóvenes, en edad de tener descendencia) continúa siendo una muesca irrecuperable en la envejecida pirámide de todas las zonas de emigración.

De nuevo, esa situación se reproduce con la crisis mundial en la que estamos ahora hundidos. Otra vez el sur emigrando a Centroeuropa, y otra vez vaciando unas regiones secularmente envejecidas, empobrecidas y ennegrecidas en cuanto a su futuro.

jueves, 2 de abril de 2015

POBREZA, EMIGRACIÓN Y DESARROLLO


Moisés Cayetano Rosado
La voluminosa emigración laboral, sostenida durante todo el período desarrollista (1960-1973), además de ser un alivio en la presión de la demanda de empleo interno, supuso una fuente de ingresos decisivos para los países mediterráneos, endémicamente rozando índices masivos de pobreza por parte de su población asalariada y de pequeños y medianos propietarios.
El emigrante -en especial si marcha en solitario, dejando a su familia en el lugar de origen-, vive obsesionado con el ahorro, pues lleva en su pensamiento una cifra como condición del retorno, que desea cuanto antes, aunque muchos no pudieron cumplir sus objetivos y se vieron obligados a permanecer fuera, optando en el mejor de los casos por la reagrupación familiar. Pero esos años de la “Edad de Oro” del sistema capitalista -que impulsan la prosperidad en Centroeuropa- van a servir también para procurar un alivio a los emisores mediterráneos, que además recibirán de sus vecinos del norte una avalancha anual de turistas veraniegos, reactivándose el sector de la construcción, la hostelería, la restauración y los complejos de ocio y diversión, generando riqueza y empleos autóctonos en las zonas costeras. Si a ello unimos las inversiones de capital exterior que llevan aparejado, junto a otras inversiones en el impulso industrial de estos años, la Balanza de Pagos se verá extraordinariamente favorecida.
Este desahogo de la presión del paro en origen y la inyección económica de las remesas de emigrantes, siendo claramente factores positivos para las regiones emisoras de mano de obra, no significarían su despegue económico, como tampoco un hándicap para el desenvolvimiento de las receptoras, a las que se les detrae capital con dichas remesas y se les carga de servicios necesarios para la población extranjera (emigrantes y descendientes, con su necesidad de centros educativos, sanitarios, asistenciales, recreativos, de vivienda, etc.): las situaciones iniciales de zonas más demandantes de mano de obra y zonas pobres que la ofrecen se perpetúa con el tiempo.
Así, estudiando un indicador tan significativo como el Producto Interior Bruto por habitante antes (1950) y después (1977) del boom migratorio en la Comunidad Europea, comprobamos que con 27 años de diferencia a la cabeza de la riqueza están los grandes receptores de emigrantes, como Ile de France, Hamburg (Alemania), Brabant (Bélgica) y otras regiones de los países de mayor afluencia. En cambio, a la cola están las zonas emisoras de España, Portugal y Grecia: Extremadura, Alentejo, Islas de Portugal, Algarve, Kriti (Grecia), Epeiros (Grecia), etc.
Es decir, que el masivo proceso migratorio no significó un salto adelante para quien más población “excedentaria” perdió, sino que la situación desigual se ha mantenido, con pérdida -y eso es muy grave- de capital humano joven, en edad de procurar el reemplazo poblacional, dejando en origen una población notablemente envejecida, constriñendo por la base la pirámide de edades y ensanchándola en la altura: las edades no productivas, necesitadas de más servicios asistenciales y que no propicia el reemplazo generacional, desertificando poblacionalmente el territorio.

Así, la pobreza condujo a la emigración de zonas como Extremadura en España o Alentejo en Portugal, que perdieron entre 1955 y 1975 más del 40% de sus habitantes, los más jóvenes, productivos y “reproductivos”, sin obtener la contrapartida de un desarrollo regional que evitara lo que ahora se está nuevamente produciendo: nuevas salidas de jóvenes, esta vez con óptima preparación académica y profesional, camino de lo que parece que es nuestro destino inevitable: la búsqueda del “pan” que en la tierra de origen no pueden encontrar. ¿Volveremos, así, al fatídico destino de los años del desarrollismo, vaciándonos aún más de “capital humano”?

sábado, 11 de mayo de 2013


OTRA VUELTA DE TUERCA EN LA EMIGRACIÓN
Moisés Cayetano Rosado
Los países mediterráneos hemos sido históricamente territorios de intensos movimientos de población. De migraciones que en el fondo tenían una motivación común y profunda: la necesidad de encontrar una tierra de promisión, un lugar donde vivir sin las extremas necesidad que impulsan a buscar suerte en un lugar distinto al de partida.
De ahí nuestra variedad étnica, nuestra diversidad cultural, social, artística, material. Y de ahí nuestra presencia por todos los rincones del planeta, que en el caso concreto de España y Portugal nos llevó a una representación inigualada en América, donde siguen viviendo tantos de nuestros compatriotas y descendientes.
Por lo que respecta al período de posguerra, tras la convulsa II Guerra Mundial, el destino de nuestra diáspora cambió, llevándonos fundamentalmente a Europa, además de a movimientos demográficos internos -del campo a la ciudad, del interior a la costa-. En el caso de regiones como Alentejo en Portugal y Extremadura en España, supuso el trasvase de casi el 50% de su población, o sea, la pérdida de la mitad de sus habitantes, desde 1955 a 1975, en que se detuvo el proceso a causa de la Crisis Mundial de 1973.
Más de dos millones de españoles y un millón y medio de portugueses marcharon a Centroeuropa entre 1960 y 1975, lo que supuso a uno y otro el 6% y el 16’5% de su población. Además, para esa fecha, quedaban en Argentina 1.300.000 españoles y en Brasil 950.000 portugueses.
En cuanto a las dos regiones mencionadas -que fueron los casos más extremos- , extremeños en el resto de España eran por ese tiempo más de 800.000 y alentejanos 400.000; quedaban en sus regiones poco más de 1.000.000 y 500.000 respectivamente. Con el agravante que los emigrantes eran personas jóvenes en edad productiva y reproductiva, con lo que el crecimiento vegetativo de los que marcharon fue mucho mayor que el de los que quedaron; así, se puede concluir que ellos y sus descendientes suponen tantos habitantes como la población residente.
Pasada la Crisis del 73, asistimos a un fenómeno nuevo en nuestra Edad Contemporánea: la recepción de emigrantes del exterior en nuestro suelo, en cantidades masivas. Así, España pasa a tener de 198.000 emigrantes regularizados en 1981 a 5.750.000 en 2010 (el 12’5% de sus habitantes), momento culmen del proceso y a partir del cual comienza la cifra a descender paulatinamente, a resultas de la nueva crisis mundial del momento. En Portugal había 54.000 inmigrantes en 1981, que pasan a 455.000 en 2009 (el 4’3% de su población), fecha a partir de la cual descienden por la misma causa.
Procedían los asentados en España fundamentalmente de Rumanía (850.000 en 2011, el 14’8%), Marruecos (770.000, el 13’4%) y Ecuador (360.000, el 6’3%). En Portugal, de Brasil (120.000, el 30%), Ucrania (50.000, el 11’2%) y Cabo Verde (44.000, el 10%).
Incluso las regiones más castigadas en los años del desarrollismo europeo (1960-75, esa época de planificación desigual, especulativa y dilapidadora de recursos limitados) también recibieron trabajadores de fuera, aunque en proporciones menores, cual es el caso de Extremadura y Alentejo, con  50.000 la primera y menos de la mitad la segunda.
¿Con qué nos encontramos hoy día? Con un nuevo proceso: un crecimiento del paro y unas expectativas de futuro extremadamente pesimista, que están llevando a muchos inmigrantes a regresar a sus lugares de origen, y un “nuevo proyecto migratorio” para nuestros jóvenes que ven su posible salida laboral de nuevo en Centroeuropa, además de Canadá o Brasil, e incluso en lugares tan apartados como el Este asiático.
¿Diferencia? Ahora hablamos de jóvenes más preparados, cualificados técnicamente, con dominio de idiomas en gran parte, que buscan una salida laboral en su profesión o similares, o incluso “en lo que sea”. Pero aun así, las posibilidades de una solución satisfactoria son hoy por hoy una utopía, con escasas ofertas, muy por debajo de las expectativas y contrataciones inestables. En ese sentido, el “bloqueo migratorio” se nos presenta como una particularidad nueva e imprevisible. Es otra vuelta de tuerca en este “tornillo sin fin” de nuestro constante vaivén de emigración-inmigración, en la que los orígenes y destinos se hunden en la nebulosa de un tiempo en que parece que hemos perdido la partida. ¿Acaso ha llegado la hora de los países del Extremo Oriente, a cuyos emigrantes que en el siglo XIX engañaban en América como “a chinos” y han despertado como un dragón durmiente al que le llegó la hora del dominio?

miércoles, 27 de marzo de 2013


LA DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO-ARTÍSTICO MONUMENTAL
 
Moisés Cayetano Rosado
A raíz de la reciente publicación de La destrucción del patrimonio artístico español. W.R. Hearst: “el gran acaparador”, de Mª José Martínez Ruiz y José Miguel Merino Cáceres -un denso volumen de 704 páginas editado en la colección Arte Grandes temas, de Cátedra-, vuelvo a reflexionar sobre la destrucción del patrimonio histórico-artístico monumental de España y por extensión de Portugal.
La obra se centra especialmente en la época de los grandes coleccionistas extranjeros de obras de arte, sobre todo el  estadounidense magnate periodístico y multimillonario Hearst, objeto básico del estudio. Pero yo quisiera ahora recordar brevemente que en el maltrato y destrucción de nuestro patrimonio hemos vivido en la Edad Contemporánea cuatro etapas cruciales, en la última de las cuales estamos.
Una vez que pasamos la época de guerras en la Península, tras la invasión napoleónica y las carlistas (miguelistas, en Portugal), llegamos a una fase de tranquilidad en que las miradas de la población y sus representantes se posaron sobre el patrimonio, viendo sus fortificaciones como un estorbo.
Vecinos y autoridades locales pedían poder actuar sobre ellas para eliminar esos “cinturones que nos asfixian”, esos corsés que impiden el desarrollo urbano incipiente. En España se dio el “pistoletazo de salida” con la Real Orden de 22 de enero de 1859, permitiendo abandonar plazas fuertes, derribar y reutilizar materiales http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/06/conferencia-y-mesa-redonda-sobre.html.
Toda la 2ª mitad del siglo XIX iba a ser un continuo trasiego de peticiones y actuaciones en este sentido, que tuvieron en Barcelona un desgraciado precedente, siguiendo otros como Valencia, Olivenza, Valencia de Alcántara… http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2013/02/fortificaciones-abaluartadas-guerra.html.  Y las actuaciones no fueron mayores porque escaseaba el presupuesto para emprender las destrucciones, como ocurrió con la Torre almohade de Espantaperros en Badajoz http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/06/hoy-digital-apertura-de-brecha-en-la.html.
Una segunda acometida sería en el periodo de entreguerras mundiales. Época de los multimillonarios coleccionistas americanos, que compraban iglesias, conventos enteros para llevarlos piedra a piedra a sus mansiones y ranchos, y que en buena parte vendieron a museos y galerías tras la crisis de 1929: ahí están muchas, en el The Cloisters Museum de Nueva York, como sus pinturas murales y arte mueble en el Metropolitan Museum of Art, a pesar de nuestro tímido Decreto de 9 de enero de 1923, obligando a tener autorización para enajenar obras artísticas.
Sólo la Ley republicana de 13 de mayo de 1933 cortaría la sangría, aunque demoliciones se siguieron haciendo, especialmente en las murallas urbanas. Al mismo tiempo, Portugal entraría en la “fiebre medievalista”, que llevó a una reinterpretación escenográfica de sus monumentos, adulterando su autenticidad, como ocurriría en Guimarães, en Évora, en Elvas o en Vila Viçosa http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/12/autenticidad-eintegridad-en-el.html.
La tercera actuación arrasadora iba a tener lugar con el “desarrollismo” de los años sesenta. Época de entrada de divisas en nuestra Península a causa del auge del turismo, la remesas de nuestros emigrantes en Europa y la inversión de capitales extranjeros en la infraestructura “playera” y la industria incipiente. Ese “dinero fácil” esponjó las arcas nacionales y municipales, insuflando al mismo tiempo un deseo de “modernidad”, que como nuevos ricos empleamos en “renovar” nuestro patrimonio urbano y expandirlo: tirar murallas, destruir edificios ruinosos cargados de años para sustituirlo por modernas moles acristaladas y de hormigón, derribar construcciones militares… http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/09/cuarteles-militares-en-las.html. Y con el abandono de la vida rural, abandono también de ese patrimonio “preciosista” de las pequeñas iglesitas, de los monumentales cortijos rústicos, de los caserones… http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/02/la-casa-destruida-cuando-pequeno-mi.html. Hasta que la crisis mundial de 1973 nos volvió a poner en nuestro sitio y dimos un descanso al patrimonio.

Ahora, en esta cuarta agresión al filo del siglo XXI y primeros años del mismo, con más conocimiento del valor de nuestro legado histórico-artístico monumental, con más leyes internacionales, comunitarias y estatales de protección, somos como… más delicados. Dejamos que se caiga a pedazos el patrimonio, sin adulterarlo (véase la fortaleza de Juromenha http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2013/02/visita-lafortificacion-de-juromenha-por.html o el Convento de San Antonio de Padua de Garrovillas), o le damos un “hachazo” a lo que consideramos innecesario (vaciado de baluartes en Olivenza http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/04/atentados-institucionales-contra-el.html, edificaciones militares de los siglos XIX y XX en el Fuerte de San Cristóbal de Badajoz http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/07/fuerte-de-sancristobal-continuacion-del.html), o lo travestimos como si fuera un elefante de circo con corbata (Forte de la Praia de Guincho, al norte de Lisboa http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/10/la-ingrata-tarea-de-defender-el.html).
Toda una historia contemporánea de desatinos, que continúa, pese a la concienciación y legislación que existe a este respecto.

domingo, 18 de noviembre de 2012


TRATAMIENTO DEL ENTORNO MONUMENTAL ABALUARTADO

Por Moisés Cayetano Rosado

Cuando se ven desde el aire los espacios monumentales, adquieren una visión de conjunto relevante. Se ve el bien patrimonial en sí y su relación con el entorno, que lo preserva o lo asfixia, que lo enaltece o lo minimiza.
Así, cuando uno monta en globo, sobrevolando la ciudad de Elvas, declarada el pasado 30 de junio Patrimonio de la Humanidad por sus fortificaciones, observa no solo sus líneas de murallas, respetadas en su integridad y autenticidad, sino también el tratamiento de su entorno, ese respeto por lo que constituye parte esencial de lo que fueron las defensas: los glacis, el terreno expedito de los alrededores.
Los glacis forman parte del significado histórico, utilitario, estratégico de la muralla abaluartada, pues constituyen un lugar abierto que ha de salvar el enemigo para tomar la plaza, al tiempo que un espacio necesario para vigilar y “hacer blanco” desde dentro. Pero, hoy, además de explicarnos el significado global de esta maquinaria de defensa, constituye un bien artístico complementario de primera magnitud, que embellece la monumentalidad de las construcciones complejas de la fortificación, dándole gran perspectiva visual.
Elvas ha sabido conservar estos entornos libres de edificaciones no solamente en sus murallas urbanas, sino en las construcciones periféricas, como son los fuertes y fortines. Los fuertes, ciertamente, continúan alejados espacialmente de la voracidad urbanística, pero algunos fortines han quedado englobados dentro de las urbanizaciones periurbanas, como es el caso del Fortim de São Pedro. Pues bien, ni en este caso se ha sufrido la colmatación de los espacios exteriores, de sus glacis, sino que el propio barrio se  ha anillado a él, como si las viviendas fueran las “tropas de cerco”, guardando una distancia “de respeto”.
No es el caso de Badajoz, ahí al lado, a catorce kilómetros de este afortunado ejemplo. En Badajoz, no únicamente glacis, sino contraescarpas, fosos, revellines, baluarte, han desaparecido ante el “ataque” de bloques de pisos, de urbanizaciones pegadas a la fortificación, cuando no “sustituyendo a esa fortificación”, o sea, destruyendo y ocupando el espacio de cortinas, Baluarte de San Juan, cuarteles, además de fuertes y fortines. En este sentido es interesante comparar las fotos en globo que se hicieron en 1914, con todos los elementos preservados -como siguen en Elvas- y la visión que hoy día obtenemos por satélite, con todo ocupado, engullido, por dentro y por fuera de las líneas amuralladas. Fue especialmente el “desarrollismo” de los años sesenta el que se llevó este patrimonio histórico-artístico por delante.
Hoy solo nos queda lamentarnos… y tomar lección de los atropellos y destrozos para no volver a cometerlos. Se suele decir que el que no conoce la historia está condenado a repetir los errores perpetrados en el pasado; ¿seguiremos repitiéndolos, aun conociendo las tropelías perpetradas?

lunes, 15 de octubre de 2012



La insaciable voracidad de los poderosos alemanes
OPINIÓN
POR MOISÉS CAYETANO ROSADO
Dicen los alemanes de los órganos de decisión que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y quieren cobrarse en los trabajadores portugueses, españoles, griegos… sus desatinos, su ambición que nos ha conducido al borde del abismo
hoy.es      Lunes, 15 octubre 2012     Periódico HOY

LA INSACIABLE VORACIDAD DE LOS PODEROSOS ALEMANES
La inmensa mayoría de los alemanes que manejan los hilos del poder están convencidos de que la causa de la profunda crisis en que estamos metidos -especialmente los portugueses, españoles y griegos- es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Y algunos, muy pocos, reconocen que en ese “vivir por encima” tienen mucho que ver las operaciones financieras de sus bancos, que facilitaron dinero sin control a las inversiones inmobiliarias en las costas mediterráneas, donde la construcción de horribles  edificaciones ha sembrado de cemento espacios que siempre debieron ser altamente protegidos, y por extensión promovieron la burbuja inmobiliaria que nos ha estallado tan de lleno.
Desde aquellos años sesenta del siglo pasado, con el boom del desarrollismo económico -basado en el impulso desigual a regiones y sectores productivos, sin planes de futuro coherentes y responsables-, se viene gestando el problema. Años de dinero fácil para algunos y de masiva emigración para los trabajadores del Mediterráneo, con destino a Centroeuropa, siendo Alemania el principal beneficiario de la mano de obra barata. Años de inversión de capitales extranjeros -otra vez Alemania a la cabeza- en el sector industrial subsidiario (del suyo propio) y en la industria turística de sol, playa, apartamentos en torres-rascacielos y adosados, macro hoteles, macro discotecas, chiringuitos, recalificaciones fraudulentas, corrupciones y fraudes a raudales, que destruyeron hermosas playas y reservas naturales también del Mediterráneo. Años de un turismo masificado de cervezas, bailes a todas horas, sol y cremas bronceadoras, que les servían a precios de gangas los que no marcharon a producir en sus núcleos fabriles y sus minas.
Años después, tras la crisis económica del 73-79, hubo unos años de “descanso”, pero con el despunte de prosperidad en los años noventa (proporcionada por la recogida de divisas que supuso ese trinomio: remesas de emigrantes-inversión de capitales extranjeros-ingresos del turismo), estos países ahora demonizados por ellos entraron en la rueda del consumismo a plazos: los créditos de los bancos alemanes apoyaron a los de los bancos nacionales, endeudando a las familias en un espejismo de prosperidad que incluso atrajo a emigrantes del Este europeo, del norte de África, del África subsahariana y de Latinoamérica, a nuestras naciones arrasadas por el paro y por emigraciones anteriores. España llegó a seis millones de inmigrantes (más que jamás tuvo fuera: un 14 % de su población), Portugal a medio millón (5%), similar a Grecia.
Ese espejismo de riqueza, jaleado por la industria publicitaria del capitalismo financiero, explotó con la burbuja inmobiliaria gigantesca y falsaria. Y ahora, los que la propiciaron nos reprochan a las víctimas el no haber medido nuestras fuerzas reales, que muy bien se encargaron de enmascarar con sus poderosas maquinarias de manipulación. Y claro, aquellos que en su momento se aprovecharon del capital humano que supuso la mano de obra joven y bien dispuesta de nuestros emigrantes; aquellos que sacaron tajada como nadie en las inversiones inmobiliarias en nuestras respectivas dictaduras desarrollistas, protectoras de sus negocios con bonificaciones crediticias, fiscales y de amordazamiento de los trabajadores a su servicio; aquellos que tanto se jactaban de nuestro “sol y playa”, ahora dicen “que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Supongo que nos lo reprochan por el estado de bienestar (salud-educación-prestaciones sociales) que más o menos logramos conformar. Y supongo que por la dignificación de las condiciones laborales que se habían ido fraguando. Y por la mejora palpable en vivienda e infraestructuras urbanas, de comunicaciones, etc.
Ahora, cuando las cosas se han ido torciendo -en lo que tanto tiene que ver, como ha quedado dicho, su política crediticia-, nos dan vuelta de tuerca. Amarran a los estados, los quieren como fiadores de los créditos que se han de habilitar para que no naufrague la macroeconomía. Exigen que saneen sus cuentas y sean los fiadores de sus propios bancos. Y para ello, exprimiendo recursos por la parte más débil, quieren que se siga sacrificando a los de siempre: la “masa salarial”, flexibilizando lesivamente las condiciones laborales, impulsando los contratos-basura, conteniendo salarios y reduciéndolos, aumentando las horas de explotación laboral, cortando prestaciones y mejoras sociales, desarmando el estado del bienestar que costó tanta lucha, sacrificio y sangre.
Dicen los alemanes de los órganos de decisión que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y quieren cobrarse en los trabajadores portugueses, españoles, griegos… -sin importarles extender los sacrificios a los propios-, sus desatinos, su insaciable ambición que nos ha conducido al borde del abismo.

jueves, 6 de septiembre de 2012


¿HASTA CUÁNDO LA CRISIS?

El grupo decisorio es un manojo solo de grandes potentados, que podrían ser barridos con un soplo, de no ser por la red clientelar de la que siempre saben rodearse. Señores y mesnadas forman un buen equipo, que todo lo manejan.
Ahora toca otra crisis nuevamente, para poner las cosas en su sitio.  Ha sido así de siempre, rasgando los velos de la historia. Y entre las más recientes, recordemos la de 1929, que venía a dar al traste con los “felices años veinte”, en los que parecía que había llegado para siempre la prosperidad y que terminaría universalizando el bienestar. O más cercanamente, la de 1973, que rebotó con más fuerza todavía en 1979. ¡Ya está bien -dirían los forajidos encumbrados- de tanto boom desarrollista! Que aunque era desigual y movilizó a tanta población camino del éxodo migratorio, llevó la esperanza a gran número de hogares.
Tras unos años de escarmiento, retornaría la bonanza, con nuevos avances decisivos… pero siempre estaba ahí la tremenda guadaña de los fuertes, sin miramientos, sin escrúpulos. Y ahora, con el final de siglo parecía que el estado social y de derecho se asentaba (en la franja de lo que llamamos “Mundo desarrollado”), lo cual les resultó a la postre más que peligroso: educación generalizada y gratuita; cultura accesible para todos; universalización de los servicios sanitarios en la vanguardia de occidente; vivienda al alcance de cada vez más manos; seguridad de subsidio en la vejez; popularización de los viajes de placer y del turismo; suavización de las jornadas laborales, acortadas, al tiempo que se extendían las vacaciones; empleo razonablemente estable; sueldos tendiendo a suficientes; fortaleza de formaciones políticas y sindicales que apostaban –moderadamente- por la dignidad de los trabajadores, de las personas todas… Demasiadas “conquista” que había que laminar.
Y llega así la nueva crisis, a poco de comenzar el siglo XXI, renovando escarmientos y volviendo a colocar las cosas en su sitio: reforma laboral, conformando otra vez el necesario ejército de parados; medidas económicas, para meter mano en los bolsillos de las masas ya desprevenidas; recortes sanitarios, educativos, culturales, sociales, ciudadanos… colocando a millones de personas en la miseria de la que se “atrevieron” a salir, pidiendo derechos humanos, dignidad, tal como afirman los acuerdos mundiales, hechos para leer, que no para cumplirlos.
Sí, como en cada crisis, lección para dejar sentado que quien manda son ellos: los sin escrúpulos, los sin conciencia, los jugadores de vidas y haciendas de los otros, con su especulación bursátil, sus inversiones fraudulentas, sus acuerdos ficticios, sus gigantescos movimientos virtuales de capital, sus bancos usureros conniventes con políticos de grandes tragaderas, sus “primas de riesgo”, su manipulación, su heladora crueldad, ese sadismo que solo se tranquiliza ante el sometimiento.
¿Hasta cuándo la crisis? Pues hasta cuando ese grupo malvado -que desde sus despachos sin patria maneja las finanzas y el discurrir del mundo- se quede convencido de que han llenado el campo de batalla de sangre, de sudor y de lágrimas, y toque otra vez levantarse pacientemente -humilde, resignadamente, para su gusto- desde el yermo de la desolación y las cenizas. Luego, cuando la mayoría vaya tomando “carrerilla”, de nuevo abrirán un socavón en el que hinquemos la cabeza: otra vez, el ciclo de la historia volverá a repetirse a su placer.
MOISÉS CAYETANO ROSADO