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lunes, 19 de agosto de 2019


ALENTEJO Y EXTREMADURA: DEL SUBDESARROLLO HEREDADO A LA NECESARIA COOPERACIÓN TRANSFRONTERIZA. EL CASO DE OLIVA, CIUDAD DE FRONTERA.

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

Resumen:
La conformación geomorfológica y productividad de los suelos, así como los avatares de la historia han llevado a la zona rayana extremeño-alentejana, de lo que Oliva de la Frontera es un ejemplo crucial (incluso en su nombre), a una economía agro-ganadera de grandes latifundios con una población dependiente, azotada por el desempleo. Ello ha conducido a una intensa emigración que en los años  sesenta y primeros setenta del siglo XX supuso casi el 40% de su población total (40’21% para el caso de Oliva), que supuso el 50% si sumamos el decenio anterior. Esto ha condicionado su proceso evolutivo futuro, al marchar fundamentalmente población joven en edad de producir y reproducirse, con lo que en la actualidad, no sólo se sigue perdiendo población (por un crecimiento vegetativo negativo) sino que las posibilidades de retorno o nuevos inmigrantes son un anhelo sin posibilidades de realización. El Producto Interior Bruto de ambas regiones per cápita se sitúa en ambas regiones a la cola peninsular y europea, de lo que Oliva no es una excepción.
Se necesita, para afrontar el futuro, responder a tres retos fundamentales: el reto demográfico (de renovación poblacional), el reto productivo (de reactivación económica, en base a la calidad productiva, el ciclo completo de producción-elaboración-comercialización, con proyectos de acción conjunta Extremadura-Alentejo), y el reto de las comunicaciones y servicios (que faciliten las transacciones y la fijación poblacional; en este sentido, la conexión Oliva-Barrancos, con extensión Beja-Sines, es de importancia crucial para el desarrollo local).

lunes, 5 de febrero de 2018

DESENVOLVIMIENTO SOCIO-ECONÓMICO DE PORTUGAL DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL. LA DIFÍCIL SITUACIÓN EN LA ZONA FRONTERIZA

Al norte del río Tejo, la zona rayana portuguesa se caracteriza por una propiedad minifundista, de mísera producción, que aboca a buen número de sus habitantes a la emigración transoceánica; al sur, los grandes latifundios mal explotados mantienen en la penuria a una población mayoritaria de jornaleros sin tierras, que llevan a anarquistas y socialistas a importantes movilizaciones desde 1909. Hambre, represión, abandono estatal y despoblación serán las señas de identidad de la Raia/Raya en el periodo bélico, que ahondará más los problemas.
MOISÉS CAYETANO ROSADO


jueves, 23 de julio de 2015

EL ALENTEJO DE LA REFORMA AGRARIA Y EL DE AHORA

Moisés Cayetano Rosado 
Estoy visitando la inmensa planicie alentejana. Este desierto poblacional donde la emigración sigue siendo seña de identidad y de condena. Inmenso territorio que hace cuarenta años por ahora, en aquel verão quente do 75, despertó a la esperanza iniciando una Reforma Agraria que habría de acabar con el secular hambre de pan y tierras de las masas campesinas.
Todo páramo, todo desierto -salvo honrosas excepciones-, pese al gigantesco embalse de Alqueva, que se nos ofreció como remedio para tantos males jamás atendidos. Menos en aquellos tiempos de ocupación de tierras que inició el proyecto de comida,  salud, cultura y  trabajo para todos.
Un millón ciento treinta mil hectáreas de terreno fueron ocupadas en 1975 y repartidas en 550 Unidades Colectivas de Producción, donde encontraron trabajo setenta y dos mil personas. El proyecto era duplicar el número de tierras colectivizadas y multiplicar aún más el empleo campesino. Empleo que se iba diversificando no solo en las tareas agro-ganaderas sino también en sus derivados: industrialización y comercialización. Aparte de ello, obtención de puestos laborales indirectos creados con la reinversión de beneficios: escuelas, centros sanitarios, residencias de ancianos, complejos deportivos y de ocio, dinamización cultural y turística…
El hachazo que supuso la Ley socialista de 1977, de revisión de las ocupaciones y de la propia Reforma, con adecuación a las exigencias del Mercado Común Europeo, supuso una ofensiva que desangraría el proyecto año tras año. Ya en 1979 habían desaparecido 51 Unidades Colectivas de Producción (UCP´s) y 27.000 puestos de trabajo, con una disminución de 250.000 hectáreas colectivizadas.
La devolución a sus antiguos propietarios terratenientes (por la fuerza y con derramamiento de sangre en muchos casos, y hasta declaradas ilegales por los Tribunales de Justicia en diversas ocasiones), en gran parte absentistas, cuya propiedad para ellos era un recurso de recreo, cinegético, de secundario valor dentro de sus “valores” y posesiones, fue una de las causas principales del desmoronamiento. A ello se une el corte del crédito agrícola, las trabas al funcionamiento colectivista, a la comercialización, etc.
Unidad Colectiva e Producción en Campo Maior, abandonada
En 1985, diez años después de aquella explosión ilusionada tan rápidamente detenida, ya solo quedaban 320 Unidades, con 410.000 hectáreas en su poder y 18.850 trabajadores en ellas.
A finales de 1989, cuando se celebra la 12ª Conferência da Reforma Agrária en Évora, última de la serie, en que se iba dando cuenta de la producción, industrialización, comercialización, inversiones, ocupaciones, etc., así como el proceso de ofensiva oficial contra ella, apenas existían 225 UCP’s en 236.000 hectáreas, con 12.500 trabajadores.
Ahora, a cuarenta años del proceso, no hay tales UCP’s, sino alguna cooperativa “moderna”, recuerdo en sueños de lo que aquello fue, con unos pocos trabajadores que sobreviven en medio de dificultades inmensas. Lo demás todo es eso: páramo, erial, con algunas excepciones de emprendedores particulares que merecen todo el respeto y admiración, pues los gobiernos sucesivos apenas le prestaron ayuda y atención.

No es de extrañar que el Alentejo de 1975, con 600.000 habitantes (a pesar de la enorme sangría migratoria de los años sesenta, que se llevó a 400.000 hacia Centroeuropa y otros destinos ultramarinos), haya bajado en la actualidad a menos de 500.000, siendo además una población alarmantemente envejecida, pues (aparte de que la tasa bruta de natalidad bajó entre 1975 y 2014 de 18 a 7’5 por mil habitantes) la juventud ha de seguir procurándose el porvenir fuera de allí. ¡Hasta el propio Gobierno así lo recomienda!: buscar fuera lo que la tierra le niega, lo que la tierra pareció prometer en 1975 y ahora, cuarenta años después, vemos como un sueño que ni en una parte mínima pudo hacerse realidad.

viernes, 1 de mayo de 2015

LA SANGRÍA DE EXTREMADURA Y LA HEMORRAGIA DE ALENTEJO
 
Moisés Cayetano Rosado

Los años del desarrollismo fueron traumatizantes para regiones europeas del sur, como Alentejo interior (distritos de Portalegre, Évora y Beja) y Extremadura española. Las buenas perspectivas económico-laborales de Centroeuropa y de las áreas industriales de nuestros dos respectivos países les colocaron a la cabeza de la emigración mediterránea.
Entre 1951 y 1975 Extremadura perdió 671.000 habitantes, el 48% de su población, y Alentejo 308.000, el 44% de sus habitantes: los más jóvenes, en edad de trabajar y de reproducirse. Quedaron así ambas regiones sin un magnífico capital humano y con un índice de ancianidad devastador.
Las consecuencias se han arrastrado decenio tras decenio, pues el retorno ha sido una utopía irrealizable y la renovación poblacional ha estado lastrada por el envejecimiento de la pirámide de edades.
Cierto que para buen número de los que emigraron eso supuso una liberación de la miseria, la falta de recursos y futuro, pero para ambas regiones fue una pérdida de capital humano extraordinario, sin que la contrapartida de ahorros trasvasados, envíos de remesas y transferencias económicas, les haya levantado de su postración.
Así, en la Europa de 12 miembros y 107 regiones de la época, en el ranking Producto Interior Bruto/Población antes de comenzar las grandes migraciones, por 1950, Alentejo ocupaba el puesto 97 y Extremadura el 107. Varios años después de la crisis mundial de 1973 (que acabó con la masificación migratoria), en 1977, Alentejo pasó al puesto 104 y Extremadura ocupó el 102, según datos de la Oficina Estadística de la C.E. (Basic Statistics of the Commumity).
Y si en el caso de Extremadura ha llevado el fenómeno a un estancamiento en el número de habitantes, en el de Alentejo ha sido mucho peor, pues la emigración no ha cesado en todo el tiempo, algo que parece puede ser el signo de futuro para ambas regiones, tras la nueva crisis de 2008.
Así, en 1981, acabada aquella arrolladora etapa migratoria desarrollista europea, la región extremeña tenía 1.065.000 habitantes, de los 37.750.000 que poblaban España. Treinta años antes, eran 1.400.000 del total nacional de 28.100.000.
¿Nos vamos recuperando de esta tendencia desertizadora? Hoy día, a comienzos de 2015, Extremadura no pasa de 1.100.000 habitantes (España subió a 47.000.000), o sea se ha estancado, al tiempo que su población se envejece irremisiblemente.
¿Cuál es el caso de este Alentejo interior tan castigado? Pues que en 1981 lo poblaban 505.000 personas, de las 9.850.000 que tenía Portugal. También antes de iniciarse la estampida migratoria, en 1950, las cifras eran sustancialmente distintas: 700.000 habitantes Alentejo, de los 8.450.000 de Portugal.
¿Y qué ocurre en la actualidad? Pues que Portugal ha subido -como España- en número de habitantes: 10.500.000, mientras que Alentejo baja considerablemente, quedando en 395.000 residentes. (Ver CUADRO DE POBLACIÓN)
CUADRO DE POBLACIÓN
Año              España           Extremadura                Portugal          Alentejo interior
1950        28.100.000               1.400.000             8.450.000                      700.000
1981        37.750.000               1.065.000             9.850.000                      505.000
2015        47.000.000               1.100.000           10.500.000                      395.000
Densidad en
año 2015    93’13 (h/km2)            26’42                113’65                           16’68   ..
Fuente. INE España y Portugal (cifras redondeadas)

De esta manera, podemos decir que si la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI han sido para Extremadura de una sangría permanente, que en los años sesenta fue de auténtica hemorragia, para Alentejo la hemorragia incontenible ha continuado. En ambas regiones el futuro es difícil, pero en el caso alentejano es fatal, como nos muestra su alarmante baja densidad (16’68 habitantes por kilómetro cuadrado, casi siete veces menor que la media portuguesa), diez puntos por debajo de la ya de por sí bajísima densidad extremeña (26’42 h/km2, 3’5 veces menor que la media española). Y muchas comarcas de ambas regiones son ya auténticos desiertos poblacionales, con pueblos que terminarán vaciándose por completo.

sábado, 14 de diciembre de 2013

NUESTRO FUTURO DEMOGRÁFICO
Moisés Cayetano Rosado

Cuando comenzó el siglo XX, Extremadura tenía 882.410 habitantes censados, el 4’8 % de la población española, que alcanzaba 18.616.630. Casi la mitad de lo que nos correspondería en un reparto por extensión, pues suponemos el 8’2% del territorio nacional.
Así nos mantendríamos durante más de la mitad del siglo, ya que el crecimiento natural (nacidos menos fallecidos) era similar en ambos casos y los movimientos migratorios  apenas fueron significativos.
Sin embargo, en el censo de 1960  se nota una disminución porcentual: frente a nuestros 1.406.329 habitantes, España sube a 30.582.936, quedándonos en el 4’6%. Y es que en 1955 comenzó un flujo migratorio desde las zonas interiores rurales a las periféricas que iniciaban el despegue industrial, acelerado exponencialmente en esa década.
Los veinte años que van de 1961 a 1981 serían muy negativos demográficamente para Extremadura (como para todas las zonas rurales de España), pues la sangría migratoria fue extraordinaria, especialmente dirigida a Cataluña, País Vasco y Madrid, además de la exterior a Francia, Alemania y Suiza.
Ahora sí que nuestra región sufre un bajón aparatoso: bajamos al 2’8 % del total nacional, descendiendo la población absoluta a 1.064.968 habitantes, mientras la española era de 37.742.561. Y ello a pesar del boom de la natalidad y de la prolongación de la esperanza de vida; en esos años, la emigración afectó al 40% de los extremeños, precisamente los más jóvenes, en edad fértil, quedando aquí una población más envejecida, como ocurriría en toda la España agrícola y rural.
Así llegamos a la situación de 2013, en que con 1.100.139 habitantes suponemos el 2’4 % del total nacional, que asciende a 46.704.314. El parón migratorio de las sucesivas crisis no ha permitido la remontada, pues en estos últimos años nuestro crecimiento vegetativo ha sido menor (dado nuestro envejecimiento poblacional) y el aporte de la inmigración extranjera menos decisivo: 40.000 extranjeros, frente a los 5.700.000 del total español, el 0’7 %.
¿Cuál es el futuro? Teniendo en cuenta la previsible prolongación de la crisis económica -que difícilmente desaparecerá en la próxima década-, contaremos con cuatro factores demográficos negativos:
- Retorno de emigrantes extranjeros a sus lugares de origen, al perder aquí el empleo y las perspectivas de mejora.
- Contención de nuevos emigrantes foráneos, por la falta de oferta laboral.
- Emigración de jóvenes nacidos aquí, buscando empleo nuevamente en Centroeuropa y países emergentes.
- Descenso del crecimiento vegetativo, por la baja natalidad, que es una tónica de las últimas décadas, acentuada con la crisis.
Las perspectivas para el caso español son de una población en 2023 de poco más de 44 millones de habitantes, lo cual supone una bajada de casi 3 millones. Extremadura quedaría en 1.060.000 habitantes (seguimos en el 2’4 % de participación en el total español), perdiendo unos 40.000: siempre los más jóvenes, en edad fértil, con capacidad de reemplazo y renovación.
Aún así, España duplicaría la población que tenía un siglo más atrás, mientras que Extremadura quedaría en el mismo número de habitantes de esos años. Una prospección a más largo plazo resulta arriesgada, y al mismo tiempo más luctuosa todavía, a no ser que se produjera un “milagro económico”, difícil de entrever en las actuales circunstancias.