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martes, 16 de julio de 2019


NUESTRA EMIGRACIÓN  HOY


Cuando los días 21 y 22 de diciembre pasados se celebró en Mérida el “I Congreso Mundial de la Ciudadanía Extremeña en el Exterior”, organizado por la Junta de Extremadura, diversos representantes de asociaciones de emigrantes extremeños quedaron decepcionadas por la escasa atención prestada a la problemática de la emigración extremeña del pasado y el presente, así como a las organizaciones de emigrantes.
Desde la inauguración por un astronauta con ascendientes extremeños a un premiado presentador de televisión americana (de nacencia emeritense) encantadísimo de haberse conocido, que se marcó un show en que únicamente hizo falta que se pusiera a claquear al estilo hollywoodiense, pareciera que queremos ser otra vez aquellos que “triunfaron en América”, ignorando que esa minoría es anecdótica en medio del dolor y los problemas de la emigración forzosa y forzada.
Por ello, con la finalidad de realizar una reflexión sosegada, independiente de los poderes institucionales, pero con vocación de hacerles llegar los debates y conclusiones para una actuación institucional efectiva, hablamos allí mismo algunos de los ponentes y dirigentes asociativos de la emigración de la posibilidad de celebrar un Encuentro de Asociaciones de Emigrantes Extremeños. Pasados ahora cuarenta años del “I Congreso de Emigrantes Extremeños”, celebrado en Cáceres bajo el impulso de las propias asociaciones, nos pareció oportuno hacerlo bajo el título genérico de “Asociaciones Extremeñas en la Emigración, labor del pasado, situación actual y perspectivas de futuro”, en el que el propio movimiento asociativo presentaría las ponencias respectivas a su labor, proyectos y perspectivas, a las que seguirían debates y aportaciones directas.
La Fundación Caja Badajoz -entidad de reconocida solvencia en el campo de la acción social, cultural, asociativa, de amplia proyección pública- aceptó su patrocinio, reservando 50 plazas en su Residencia Universitaria para alojar a los participantes: alojamiento y manutención completos desde la noche del viernes 23 de agosto hasta la mañana del domingo, día 25.
Durante seis meses -de finales de diciembre a finales de junio- hemos estado en contacto asociaciones y federaciones en España y el exterior, para conformar el programa, ponentes y asistentes. Y después de muchos intercambios y… silencios, finalmente no ha habido forma de darle “forma” a lo que parecía un anhelo de muchos, quedando en una aspiración de muy pocos.
¿Por qué? Acaso…
- Porque el tiempo no perdona, y muchos de los dirigentes asociativos ya no tienen el impulso que hace cuarenta años nos llevó a organizar el “I Congreso de Emigrantes Extremeños” en Cáceres, sin medios propios, pero haciendo de la necesidad virtud hasta conseguir suficientes subvenciones y las instalaciones de la Universidad Laboral de Cáceres.
- Porque la renovación asociativa no tiene la fuerza de que se dotó en aquellos tiempos y da para ir moviendo actividades lúdicas y a veces culturales en su entorno, pero sin alcance global.
- Porque tras muchas luchas y derrotas hay una “descreencia” en las posibilidades de la unión y la reivindicación.
- Porque este Encuentro puede ser tomado por las “autoridades” como un enfrentamiento y entonces peligran las más que pírricas ayudas que institucionalmente se les da.
- Porque hemos perdido el tren, otro tren más, de los proyectos al margen de la oficialidad.
- Porque nos “calentamos” de momento ante lo que creemos injusto, innecesario, “escaparatista”, superficial… pero luego las aguas se remansan.
- Por desencuentro interiores.
- Por desconfianzas exteriores.
En fin, el proyecto se chafó. Pero ahí queda la intención y la constancia de lo que pudo ser y no fuimos capaces de llevar hacia adelante.
Moisés Cayetano Rosado

martes, 15 de enero de 2019


IGNORAR LA HISTORIA. OLVIDAR EL PASADO.

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

En la celebración del “I Congreso Mundial de la Ciudadanía Extremeña en el Exterior”, desde el público nos increpó airadamente un asistente, diciendo que se sentía ofendido por llamar emigrantes a los extremeños en Cataluña, pues él era un “ciudadano extremeño que se había desplazado dentro de España”, no que había emigrado.
Fue la primera vez que oí semejante argumento en los más de 45 años que llevo hablando de este tema dentro y fuera de nuestra región. Sin embargo, he vuelto a toparme con el mismo argumento en las redes sociales en distintas ocasiones desde entonces. ¡Madre mía! -pienso- cientos de trabajos universitarios, tesinas y tesis doctorales sobre movimientos migratorios interiores tendrán que ser revisadas, y ya veremos si no nos quitan a más de uno la titulación obtenida con esas investigaciones. Entonces, ¿ya no hablamos de 48% de saldo migratorio extremeño entre 1951 y 1975, sino del 6% de emigrantes: lo que marchó legalmente a Europa?
Por otra parte, cuando en algunos foros he mencionado expulsiones habidas en los años cincuenta de trabajadores con origen extremeño, andaluz, castellano… en Cataluña y Madrid, directamente se me ha dicho que es mentira. Y cuando he publicado la Disposición de 4 de octubre de 1952 del Gobernador de Barcelona ordenando la expulsión de los que allí no acreditaran vivienda y trabajo, internándolos en tanto duraba la tramitación en un Pabellón habilitado a tal fin, aún han seguido algunos negando la evidencia. Evidencia también para la provincia de Madrid que también he mostrado en el Decreto de 23 de agosto de 1975, publicado en el Boletín Oficial de la Provincia el 24 de septiembre (tres días después de que lo hiciera el Boletín Oficial del Estado).
En ese mismo Congreso, un ponente atestiguó que él había sido víctima del proceso en Barcelona, y parece que tampoco se le creyó lo suficiente. ¡Cuántos trabajadores hacían la última parte del trayecto a pie, para evitar la detención por parte de la entonces Policía Armada!
Pero como parece que lo de “negar tres veces” es una especie de maldición bíblica, también asisto últimamente a la aseveración contundente de que jamás hubo emigración ilegal a Europa. Nosotros -aseguran los convencidos de la verdad universal a través de su experiencia personal- siempre fuimos con contrato en regla, asistidos por las autoridades españolas, controlados en frontera y destino.
No vale que incluso el propio Instituto Español de Emigración (entonces encargado de la “emigración asistida”, legalizada) reconozca que entre 1961 y 1975 (los años en que hubo convenios bilaterales generalizados de prestación laboral) más del 35% de nuestra emigración fue irregular, contrastando las fuentes de padrones municipales de los lugares de recepción. No sirve que se explique que era práctica generalizada en esos años de “desarrollismo” acelerado, con premura continua por mano de obra en la industria y los servicios, que acudía desde Turquía (fundamentalmente a Alemania), España (Alemania, Francia, Suiza), Marruecos, Argelia y Portugal (estos tres esencialmente a Francia).
Precisamente el caso portugués podría servirles de reflexión: un millón y medio de emigrantes en esos quince años para una población de menos de nueve millones de habitantes, que entre 1961 y 1975 precisamente se vio envuelta en guerras coloniales con Angola (desde 1961), Guinea (desde 1963) y Mozambique (desde 1964), con masivo reclutamiento militar de población civil, dificultando extraordinariamente la salida al extranjero de los comprendidos entre 16 y 35 años de edad (los más demandados en Europa). ¿Cómo fueron casi el 40% de ellos? Pues cruzando ilegalmente las fronteras de España y Francia, en un periplo digno de novelas de aventuras en muchos de los casos.
¿Por qué hay quien se niega a aceptar que la movilidad interregional es movilidad migratoria? ¿Por qué califican de mentira las expulsiones que están acreditadas con disposiciones y decretos oficiales, aparte de testimonios personales? ¿Y por qué cerrarse en banda ante la aceptación de que nosotros también nos vimos envueltos en emigración exterior irregular (no olvidemos que la oferta laboral exterior establecía cupos inferiores a la demanda), cuando a los testimonios de los protagonistas se suman los razonamientos históricos, cual es el caso portugués y los padrones municipales de los lugares de recepción?

jueves, 1 de noviembre de 2018

XIX JORNADA DE HISTORIA DE FUENTE DE CANTOS. LA EMIGRACIÓN EXTREMEÑA.
Estamos cerca de la celebración de las Jornadas de Historia de Fuente de Cantos (sábado, 10 de noviembre) en que la emigración constituirá el tema a tratar: la antigua y la nueva emigración que tanto afectó y afecta a nuestra tierra.

Los organizadores han tenido a bien encargarme la ponencia sobre la emigración extremeña de los años sesenta (precedentes y consecuentes).
Transcribo el resumen de mi ponencia:
Resumen:
Desde mediados de los años cincuenta se va acelerando un proceso de emigración campo-ciudad, que las circunstancias políticas del país habían retenido. En los años sesenta, y hasta la crisis económica mundial de 1973, será una auténtica sangría migratoria para las zonas agrarias del territorio nacional, dirigida hacia las zonas industrializadas de España y Europa occidental.
Extremadura perderá más de 500.000 personas entre 1960 y 1975, fundamentalmente jóvenes, quedando en la región  apenas un millón y una pirámide poblacional claramente envejecida. Comarcas como la cacereña Penillanura del Salor o la badajocense La Campiña perderían alrededor del 55 % de sus habitantes. La Sierra de Jerez vería partir al 38% de su población, y dentro de ella el antiguo Partido Judicial de Fuente de Cantos el 42%, más de la mitad de los cuales en el primer quinquenio.
Espero aportar datos y documentos innovadores con respecto a lo que ya vengo tratando desde hace ¡casi cincuenta años! Espero que muchos amigos podáis asistir.

martes, 3 de julio de 2018


Éxodo rural de 1960-1975. Incidencia en el antiguo partido judicial de Fuente de Cantos.
Resumen:
Desde mediados de los años cincuenta se va acelerando un proceso de emigración campo-ciudad, que las circunstancias políticas del país habían retenido. En los años sesenta, y hasta la crisis económica mundial de 1973, será una auténtica sangría migratoria para las zonas agrarias del territorio nacional, dirigida hacia las zonas industrializadas de España y Europa occidental.
Extremadura perderá más de 500.000 personas entre 1960 y 1975, fundamentalmente jóvenes, quedando en la región  apenas un millón y una pirámide poblacional claramente envejecida. Comarcas como la cacereña Penillanura del Salor o la badajocense La Campiña perderían alrededor del 55 % de sus habitantes. La Sierra de Jerez vería partir al 38% de su población, y dentro de ella el antiguo Partido Judicial de Fuente de Cantos el 42%, más de la mitad de los cuales en el primer quinquenio.
Moisés Cayetano Rosado

domingo, 19 de noviembre de 2017

LA ALARMANTE PÉRDIDA POBLACIONAL DE EXTREMADURA
Moisés Cayetano Rosado

En 1960, Extremadura alcanzó el más alto número de habitantes de su historia: 1.406.780 habitantes. Había sido tras un crecimiento sostenido a lo largo de todo el siglo (y los anteriores), con un ritmo incluso ligeramente superior al de España en la progresión. Sin embargo, a partir de esa fecha, todo se quiebra y se inicia un proceso irrefrenable en que Extremadura irá perdiendo población en todo el resto del siglo XX, especialmente en los fatídicos años sesenta y primeros setenta, a causa de una masiva, hemorrágica migración, que se llevó de su suelo al 40% de sus habitantes: los jóvenes en edad de producir y reproducirse, con lo que se envejeció nuestra pirámide de edades, que tradicionalmente había sido más joven que la del resto del Estado.
El que en los primeros años del siglo XXI tuviéramos una subida en el número de residentes (de 1.069.420 en el año 2000 a 1.107.220 en 2010) se deberá a un hecho insólito: la llegada de inmigrantes extranjeros, en número de 50.000 nuevos residentes en esa década (el total de España sube a 5.000.000), algo que con la crisis de 2008 se tuerce de manera radical, perdiendo de 2010 a 2016 quince mil de esos residentes extranjeros (para el total de España subiría a 1.300.000 el saldo de pérdidas).
Con todos estos datos en la mano, vemos que Extremadura tiene en la actualidad una población parecida a la que teníamos en 1920: poco más de un millón de habitantes, pero con una salvedad, ya que mientras en aquellos “felices veinte” teníamos un potente crecimiento vegetativo positivo (20 nuevos habitantes anuales por cada mil), ahora estamos en crecimiento alarmantemente negativo: -2’24 por mil anual. O sea, entonces se iba a una “región de jóvenes” en crecimiento, ahora estamos en una “región de ancianos”, con recesión poblacional.
Cierto que al resto de España no le va muy boyante, pues la contención de los nacimientos y las salidas migratorias afectan a todos de manera tremenda; pero aún el crecimiento vegetativo está casi “en tablas”: 0’005 por mil anual.
El futuro demográfico en general es bastante pesimista, pero por lo que a Extremadura se refiere no puede ser más negativo. Y tengamos en cuenta que nuestra densidad poblacional es de 25’92 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que el global estatal es de 92’15, o sea que tenemos 3’5 veces menos poblado el territorio, rozando en muchas partes el “desierto poblacional”.
 Este es, seguramente, nuestro principal problema. Y debería ser una preocupación primordial para todos, y especialmente para los dirigentes políticos, que deben generar dinámicas de atracción poblacional en un pacto con empresarios y sindicatos; con pequeños y medianos empresarios; con autónomos; con antiguos emigrantes y sus descendientes dispuestos al retorno productivo; con el gobierno central que debe dar cumplimiento a las disposiciones de compensación interterritorial para hacer competentes nuestras infraestructuras de comunicaciones, de polígonos de desarrollo, de potenciación de las áreas rurales, de la producción de calidad de producción autóctona… ¡Mucho por hacer para que este “encefalograma plano” del millón de habitantes que venimos sosteniendo en los últimos cuarenta años reinicie la ascensión que ya tuvimos en los sesenta primeros años del pasado siglo.




martes, 27 de septiembre de 2016

PREGÓN EN EL HOGAR EXTREMEÑO DE BARCELONA EN SEPTIEMBRE DE 2006
LOS OTROS CONQUISTADORES
(Diez años después del pregón, de nuevo mi homenaje)
A menudo, en actos de exaltación regionalista y de fiestas autonómica, comarcal, local…, en aperturas o clausuras de actividades culturales, cuando se trata de bucear en nuestras raíces, en nuestros momentos de gloria, en el pasado del que enorgullecerse, salta al discurso el tiempo de “los conquistadores”, aquellos que otros días trunfaron en América según el verso de Luis Chamizo; los dioses del Conde de Canilleros, o sea, la lista que encabezan Hernán Cortés y Pizarro, seguida por un buen número de capitanes atrevidos, que nutren otra relación, interminable, de no menos arriesgados extremeños, innominados la mayoría, que ayudaron, e incluso más: hicieron posible, con su contribución imprescindible, el triunfo de la conocida minoría de la que año tras año vertemos halagos en buen número de nuestras celebraciones.
Fueron “conquistadores en la sombra” los miles de colonos de aquella América de la Edad Moderna, la mayoría de los cuales no sólo pasó sin pena ni gloria por la historia sino con mucha pena y discutida gloria por la vida. Pero, como en los versos de Bertolt Brecht, las Siete Puertas de Tebas no las construían sólo los reyes sino los numerosos obreros que pusieron en ello su sangre y sus sudores, su sacrificio, su existencia; las batallas no las ganan en exclusiva los generales sino las tropas que están sobre el terreno en cada enfrentamiento, a pesar de la resonancia de los grandes como Alejandro Magno, Federico II o los Césares de Roma.
Tesina de licenciatura en Geografía e Historia
Y así, hoy, cuando haya que evocar las conquistas que desde Extremadura se emprendieron, se emprenden, no estaría mal que recordáramos a estas masas y su contribución. En efecto, ¿no ha reparado nadie en esos extremeños -el cuarenta por ciento de los habitantes que había en la región a mediados del siglo XX- que marcharon a otras comunidades de España, a los países más prósperos de Europa Central y Occidental, y allí se asentaron, entre penalidades, incomprensiones y batallas diarias por el trabajo, la vivienda, el mínimo bienestar que aquí no habían logrado?
De 1951 a 1975, nuestro saldo migratorio fue de 670.000 personas. Así, si en 1950 tenía Extremadura 1.365.000 habitantes, en 1975 no llegan más que a 1.066.000, de tal manera que mientras el conjunto de España crecía, pasando de 25.976.000 habitantes en 1950, a 35.471.000 en 1975, nosotros perdíamos lo mejor de nuestro capital: el humano, en especial jóvenes en edad laboral, de entre 16 y 40 años en gran parte, dispuestos a producir, quedando la región envejecida.
Téngase en cuenta esto: de 1960 a 1975, los quince años más duros del proceso migratorio, la Penillanura del Salor resta el 55’2% de su población; La Campiña, el 51’63%; Las Villuercas, el 46’61%; la zona de Valencia de Alcántara, el 44’74%; la Siberia Extremeña, el 43’97%. La pérdida para el conjunto de Extremadura en esos 15 años fue del 36%,
En el quinquenio más extremo, de 1961 a 1965, cada año perdimos más de 46.000 habitantes, es decir cada año perdíamos casi tantos vecinos como los que hay en Mérida, o como todos los habitantes que pueblan las Vegas Altas del Guadiana, con sus 9 pueblos y ciudades más sus pedanías, o el doble de los que habitan en La Campiña, con sus 18 pueblos y ciudades, o el triple de los que viven en la comarca de Sierra de Montánchez, de 14 pueblos, o cuatro veces los que se asientan en la Penillanura del Salor, de 8 pueblos: ¡cada año de ese fatídico quinquenio! Fijémonos bien: ¡año a año del quinquenio 1961-1965 se perdían como 32 pueblos del tipo de la Penillanura del Salor, o 42 pueblos como los de la Sierra de Montánchez! ¿A alguien puede, por tanto, extrañarle que ahora tengamos los mismos habitantes que en 1925, aunque -eso sí- con unos índices de ancianidad incomparablemente mayores?
Tesis doctoral en Geografía e Historia
Sí, se nos fue de Extremadura población necesitada de trabajo, de nuevos horizontes despejados, de futuro. Como decía Salvador Távora: de aceite verde/ pa’ echárselo al pan. De un porvenir mejor para los suyos.
¿Y qué es del emigrante hoy en día, treinta, cuarenta, cincuenta años después de aquella diáspora masiva? Algunos fueron barridos por los tremendos huracanes de las dificultades, de las incomprensiones, de las durezas de la emigración incontenida; pero muchos se asentaron con firmeza, prosperando, consiguiendo para sí y sobre todo para los hijos un porvenir que sólo en la imaginación expectante se entrevió lejanamente al estar en el lugar de origen.
He conocido, conozco emigrantes que desempeñan altos cargos en la política, en la administración pública, en las finanzas, en la empresa privada, en los negocios, en los despachos profesionales, en la Universidad… fuera de Extremadura. Otros, en puestos medios o discretos, pero enormemente respetados, considerados, admirados por los que les rodean. Y buen número de ellos, ¡de vosotros!, son, ¡sois!, (tanto individualmente como a través de eficaces asociaciones de emigrantes, de las que este Hogar Extremeño de Barcelona es una de las primeras y de las más destacadas siempre) “embajadores de primera”de la tierra que les vio nacer y no supo en aquellos tiempos retenerlos. Salieron, salisteis, a conquistar el pan, el techo para los suyos, para los vuestros, un porvenir mejor, prosperidad, logrando lo imaginado en sueños casi alocados, ¡y más!
¿No podemos hablar, entonces, de conquistadores, de “los otros conquistadores”, los pacíficos, los persistentes, los firmes luchadores del difícil y etéreo territorio del día a día? Sí, al hablar en fiestas, en las aperturas y clausuras de acontecimientos reseñables, en actividades de afirmación regionalista, en actos de reflexión colectiva… de las hazañas de las que estamos satisfechos, hemos de rememorar las incruentas luchas de estos cientos de miles de extremeños que se han ganado, que os habéis ganado, un puesto digno, fructífero, útil para todos, fuera del suelo en que nacieron y que, como a aquellos de “las Américas”, les vio salir, os vieron salir, porque -siguiendo lo que escribía Felipe Trigo en “Jarrapellejos”- se estaba tan mal aquí que nada se perdiera con irse al mismo infierno, en buena parte de los casos. Y todo ello además con una ventaja impagable por añadidura: están ahí, siguen, seguís, en contacto con nosotros, perdura el amor en ellos, en vosotros, y en los hijos, a la tierra de origen, formando parte real de nuestra comunidad extremeña, que ha de seguir contando con ellos por orgullo, por solidaridad, por lo que de beneficioso reportan y reportáis a “los de dentro” y porque es de justicia que mantengamos ese espíritu común que la lejanía no ha conseguido, con los años, erradicar.
Unidad didáctica para alumnos de
Educación Secundaria
Se ha pagado, sin duda, un alto precio: el desarraigo, el alejamiento de tantísimos seres queridos, familiares, amigos; cortar con las costumbres, esa especie de patria inalterable que en el suelo de la infancia, y los recuerdos siempre revividos, como escribía nuestro paisano Juan Moreno Aragoneses en 1989:
Ecos de campanas,
tambor, banderas, gritos,
el vino de pitarra,
los vivas a ese santo,
las calles empedradas,
las chispas y las voces
de las recién herradas
bestias de sombra y sueño
en esta noche mágica.

Rememoraba, como lo seguiría, seguirá haciendo cada año, la “Carrera de San Antón” en su Navalvillar de Pela, cuya ausencia tanto le duele. Y así escribía en 2005:
Otro año más
sin coger el buñuelo.
Otro año más
sin pitarra ni puro,
sin caballo ni hogueras.

O como decía el poeta portugués Teixeira de Pascoais:
Homens, que trabalhais na minha aldeia!
Como as árvores, vos sois a Natureza.
E se vos falta, um dia, o caldo para a ceia
e tendes a emigrar,
troncos desarraigados pelo vento
levais terra pegada ao coração.

Como escribió el poeta de Tomelloso, Eladio Cabañero, emigrado desde su pueblo (tan añorado siempre) a Madrid:
Miro de lejos,
memoro, nombro, toco oscuro, oh paredes,
saco a relucir vidas, materiales, historia
de manera que nadie equivocado piense
que escribo algún poema misterioso
sino de alta protesta y de dolor.

¡Cuánto me acompañaron esos versos cuando yo, con 20 años, vivía, solitario, fuera de los míos y de lo mío, en Barcelona, al comienzo de los años setenta! Proseguía el poeta:
Ahora, aquí, tan lejos
de cuando yo dormía echado hacia el Saliente
filmando versos vírgenes y oyendo a medianoche
el sueño de los míos en la casa.

O los de nuestro paisano emeritense Félix Grande:
Ellos duermen allí su clandestina frustración
se oye roncar de pared a pared o velar o agitarse
consultar su billetera de badana reunida con una gomita
manoseando retratos y cartas de presentación
se sientan sobre la cama cuyas sábanas envolvieron
oficinistas albañiles desempleados se sientan y meditan
recuerdan épocas de siembra el paseo del domingo
la boda antiguo del primo carnal la yegua muerta
casi hacen bueno lo que fue sórdido –se apoyan
un poco más en la almohada alquilada fumando
y memoran los súbitos abrazos la asustada mujer
los pechos que en su entrega parecían decir haz fortuna
encuentra trabajo.
 
Compendio de Emigración Extremeña Siglo XX
Aún quedan ejemplares para presentar públicamente
Y esa conquista, la del trabajo, y la de la fortuna (en dinero o en la satisfacción de asentarse con desahogo, recuperar a los suyos, aclarar porvenires, conquistar una reputación honrada, respetada, admirada, querida, reconocida y aplaudida) ha sido conseguida por una inmensa mayoría, que les ha hecho, que os ha hecho, ganar un doble suelo: en el que se asientan y el que dejaron atrás, éste en que os asentáis y el que dejasteis junto a la infancia, que siempre está presente en la memoria.
Una infancia, una juventud en la dura, extrema y tan querida tierra extremeña que se lleva siempre en el corazón y que duele en la nostalgia. Pero -como decía Natalie Wood en la película “Esplendor en la hierba”, del director Elia Kazan-, no hay que afligirse/ porque la belleza/ siempre subsiste en el recuerdo. La belleza de una tierra que no se perdió. Y la que ha sido conquistada por el emigrante, para ellos, para vosotros mismos y para hijos, para familiares que hasta ella se desplazaron, os desplazasteis, asentado el hogar, aquí, en esta tierra de promisión que ha de enorgullecerse por vuestra contribución a su prosperidad, como Extremadura también debe estar orgullosa por vuestro decidido espaldarazo a su prestigio y desarrollo.
Por vuestra generosidad, me atrevo a pediros una cosa más: no olvidéis nunca a la tierra que os vio nacer, o que vio nacer a los vuestros, tan queridos. Y, como decía una familia emigrante en Bélgica, la familia Velarde del Amo, en carta publicada en el suplemento “Centro Extremeño”, del Periódico Extremadura, el 13 de mayo de 1974, otro ruego a Extremadura, a sus dirigentes, a sus grupos de decisión, influencia y presión: que se preocupe por los que quedan, para que ningún hijo tenga que salir más. En definitiva: que estamos sobradamente en la hora de conquistar la tierra que tanta gente dio en sucesivas y externas conquistas. Para que el conquistador quede en la tierra de nacimiento, definitivamente conquistada.

MOISÉS CAYETANO ROSADO