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miércoles, 11 de septiembre de 2013

EL PATIO “ENDURECIDO” DEL PALÁCIO DOS MARQUESES DE PRAIA E MONFORTE, DE ESTREMOZ


Aparece en la foto -antes de la actuación reformadora- con fuente de amplia base receptora octogonal, fuste ligeramente troncocónico, plato de recogida circular y boca vertical, todo de mármol blanco. Amplia vegetación detrás, trepando por el muro, blanco también como el resto de las paredes, menos la generosa arcada roja de la derecha, que da paso a un atrio abovedado, en el que se abre una puerta; arriba, una ligera azotea y un cuarto recoleto a su izquierda. El suelo del patio es de losetas, en combate con la vegetación espontánea, verde y fácil de vencer.
“Depois”, la fuente ha dejado de existir (o ha sido llevada sabe dios a dónde). El escenario es todo blanco, menos en el ribete que indica la puerta que hubo a la derecha, amarillento; acristalados los ventanales que sustituyen a la azotea y cuartito de al lado; una escalera suspendida recorre el muro de la izquierda, donde estuvo la pared forrada de vegetación. El suelo es una plataforma continua, blanca, como una pista de patinaje donde el hielo es el mármol abundante de la zona.
El patio romántico ha sido transformado en una aséptica estancia abierta como de hospital, de donde ha huido el alma y la vida de los genios que habitaron la fuente, el verdor de las enredaderas y la hierba. Pasear por él, más que un ejercicio tranquilizante que invita al ensueño como indica la foto del “Antes”, es un sofoco aséptico y arterioesclerotizado, que inquieta e insta a atravesarlo cuanto antes.
Son los misterios de algunas “rehabilitaciones”, que además se exhiben como ejemplares, mostrando fotos en sus fachadas de lo que fue y ahora es. Fotos que a algunos nos hacen pensar lo peligroso que resulta en ciertas manos de “inspirados artistas” la actuación que -nos parece- bastaba con unos retoques en la jardinería, una paleta discreta de albañil y un par de manos de pintura.
Moisés Cayetano Rosado

martes, 11 de junio de 2013

CASTILLO DE SANTA CATALINA. CÁDIZ.
MOISÉS CAYETANO ROSADO
La fortaleza abaluartada de Santa Catalina (conocida como “Castillo”), en Cádiz, es otro ejemplo más de aceptable restauración y utilización acertada, con los que por fortuna me estoy encontrando últimamente. Deberían servir de modelo para los que solo ven un destino posible a nuestros fuertes: la de “contenedores” de restaurantes, salones de boda y hoteles de diseño y uso para unos pocos.
Esta impresionante maquinaria defensiva fue mandada construir por el rey Felipe II, en 1598, tras el terrible asalto inglés de dos años antes, que arrasó la ciudad, sometiéndola a pillaje, saqueo y destrucción. El proyecto fue del ingeniero militar Cristóbal de Rojas (autor de “Teoría y Práctica de la Fortificación”, el primer tratado de este género publicado en España), que fallecería en la ciudad antes de terminar la obra, pero que fue culminada con sus extraordinarias aportaciones.
Tras contribuir a la defensa de la ciudad a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX, el llamado Castillo de Santa Catalina (por albergar en su interior una capilla construida en 1693, dedicada a Santa Catalina de Alejandría), sería utilizado por el Ministerio de Defensa como prisión en diversas épocas, dejando de hacer uso del mismo en 1991.
Después de unos años de abandono, el Ayuntamiento se ha hecho cargo de la fortaleza, rehabilitándola (con algunas actuaciones controvertidas en las cañoneras y revoco de cemento) y poniéndola en uso y disfrute público, que es como ahora la encontramos.
Construcción pentagonal, que hacia el mar muestra una estrella de tres puntas -a manera de corona- y hacia tierra una tenaza por cuyo medio tiene la entrada, presenta dos niveles en sus estancias:
- En la planta baja está, a un lado y otro inmediatamente -en los antiguos polvorines-, una muestra museística del castillo y las fortificaciones de Cádiz, vista en su evolución histórica; en el centro, el patio de armas y al fondo una amplia sala de exposiciones, donde siempre hay una muestra temporal de pintura, fotografía, etc.; a la izquierda, la capilla de Santa Catalina, de alerón apoyado en pilastras y pequeña espadaña; a la derecha, otra sala de uso artístico.
Exposición fotográfica temporal en la planta baja.
- Subiendo a la planta alta, las vistas desde el paseo de ronda hacia la bahía y hacia el Fuerte de San Sebastián (en obras de rehabilitación) son extraordinarias. Y allá tenemos otra sala más de exposiciones, para muestras temporales, y unas amplias dependencias cedidas a distintos artistas locales de las más diversas disciplinas, que las utilizan como talleres de trabajo y creación, abiertas a la visita pública.
Exposición pictórica temporal en la planta superior.

Magnífico espacio para una ciudad que en los últimos años está poniendo en valor un patrimonio monumental religioso, civil y militar extraordinario, enclavado en una red urbana vitalista, llena de palacetes, caserones, placitas bien tratadas, jardines, restos arqueológicos que desde los fenicios nos llegan a la actualidad, pasando por los griegos y romanos… justificando su calificativo de “tacita de plata” con justicia.

miércoles, 27 de junio de 2012


RECUPERAR EL FUERTE DE SAN CRISTÓBAL DE BADAJOZ
El Fuerte de San Cristóbal de Badajoz, a principios de siglo XX.
MOISÉS CAYETANO ROSADO 
El Fuerte de San Cristóbal es el elemento más antiguo de toda la fortificación abaluartada de Badajoz, y afortunadamente el que se conserva en mejores condiciones para una rehabilitación digna y valorativa de todo lo que en su historia significó, pues no tiene ocupaciones exteriores, se conservan mínimamente  las interiores de uso histórico y no se han adulterado sus componentes.
Construido entre 1641 y 1668, a lo largo de toda la Guerra de Restauração de Portugal, significó la barrera defensiva más eficaz para la ciudad, a la que en lo sucesivo protegerá en todo intento de invasión por la orilla derecha del Guadiana (el camino natural desde Portugal) junto al hornabeque (del que se está terminando una afortunada rehabilitación) de la cabeza del Puente Viejo, con el que se unía mediante un camino cubierto (ya desaparecido), además de diversas defensas menores y también desaparecidas al norte.
Su extraordinaria ubicación y construcción cumplen con las normas más exigentes de la ingeniería abaluartada, pues aunque situado en lo alto del cerro de su nombre, no es visible desde el exterior, sino que se “esconde” tras los glacis que lo rodean, contando con una recia contraescarpa, camino cubierto, profundo foso y voluminoso revellín en la zona más expuesta al enemigo: la que mira a los cerros de Orinaza, en donde se ubica la barriada de las “800 viviendas”, al norte.
Con dos baluartes al oeste y dos semibaluartes al este, su forma rectangular irregular, de puerta de entrada al sur, tiene en su interior las huellas de toda la historia desde mediados del siglo XVII a mediados del siglo XX.
El Fuerte de San Cristóbal ahora
Así, conserva en buen estado de recuperación la Casa del Gobernador, tan esencial y señera en todos los fuertes (magníficas son las cercanas de los elvenses de Santa Lucía y da Graça), así como dependencias para la guardia de servicio, que sufriría diversas transformaciones con el tiempo, desembocando en los años treinta del siglo XX -cuando se ceden a la ciudad las murallas, por parte del Gobierno Central- en presidio militar, motivo por el que siguió bajo competencia del Ministerio de la Guerra.
Al cesar esta función, pasó definitivamente el fuerte a la ciudad, perdiendo sus funciones y pasando al abandono, a pesar de distintos proyectos de rehabilitación y uso que nunca fraguaron.
Ahora, cuando ya hay dotación económica, proyecto y perspectivas de actuación, surge el problema. ¿Qué se pretende hacer? Pues eso, poner en uso el monumento, actuar en él para ofrecer a la ciudadanía esta fortaleza abaluartada singular, adecentando sus exteriores, como es preceptivo, conservado expeditos sus glacis, y actuando en el interior… para darle fundamentalmente uso hotelero.
Y aquí viene el problema: uso hotelero ocupando el interior, hasta la colmatación, con edificaciones de nuevo cuño y plataforma superior inventada por la que deambular como si fuera una gran terraza de nuevo cuño.
"Rehabilitación" oficial propuesta del Fuerte
Es decir, estamos ante una actuación que respeta la “cáscara” del monumento del siglo XVII pero ignora su significación en todo el resto de la Edad Moderna y la Edad Contemporánea hasta mediados del siglo XX, en que se detiene la “lectura histórica posible” del mismo, al quedar sin uso.
Y este es el error. Un monumento tan complejo no es “el inicio de su construcción”, el primer uso -defensivo y con pocos elementos interiores en este caso-, sino lo que a lo largo de los años, de los siglos, fue significando, con los elementos que se le añadieron mientras tuvo la misma significación inicial: defensa y uso militar.
Por ello, una rehabilitación debe ser respetuosa con la reconstrucción de esa “lectura histórica” y no interpretarla con la libertad de un nuevo “creador”. Como se ha dicho por parte de expertos variados: rehabilitar es actuar con discreción para que solo se vea la imagen que el tiempo deterioró y nunca la del rehabilitador; si se ve, si interpreta, entonces está haciendo “nueva construcción”. Y eso es algo prohibido por las normas sobre Patrimonio Cultural internacionales y las leyes de Patrimonio Histórico española e Histórico-Cultural extremeña. Además, demoledor e irreversible para lo que debe ser el reconocimiento evolutivo de nuestra identidad.

Propuesta respetuosa de rehabilitación del Fuerte de San Cristtóbal.


Publicación simultánea de www.badajoz7dias.com moisescayetanorosado.blogspot.com