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viernes, 13 de julio de 2018


MEMÓRIAS DE UMA FALSIFICADORA, LUCHADORA DE LA LIBERTAD

Moisés Cayetano Rosado

Para el día 15 de mayo se anunciaba la presentación en el Museu do Aljube, de Lisboa, el libro de Margarida Tengarrinha Memórias de Uma Falsificadora, a Luta na Clandestinidade pela Liberdade em Portugal, y desde entonces he sentido la necesidad de leer las reflexiones de esta luchadora de 90 años, que con veinte inició su actividad política en la Escola Superior de Belas Artes de Lisboa; con veinticuatro fue expulsada de la misma y se le prohibió ejercer como profesora y asistir como alumna a cualquier Universidad; con veintisiete años pasó a la militancia comunista clandestina, y ya con treinta y cuatro partió para el exilio, retornando, volviendo a salir, continuando con su militancia política tras el 25 de Abril del 74.
Margarida Tengarrinha ha escrito un libro de una templanza, de una dulzura y de una firmeza comparable al que Helena Pato (tan cruzadas en sus vidas familiares y políticas) acaba de publicar (http://moisescayetanorosado.blogspot.com/2018/07/a-noite-mais-longa-de-todas-as-noites.html), bajo el sello de la misma editorial: Edições Colibri, que con tanta fortuna dirige Fernando Mão de Ferro. En su prólogo, el profesor Manuel Loff indica: O que hoje descrevemos como as conquistas de Abril, conseguidas nas lutas sociais que se desenvolveram durante a Revolução e que mudaram o destino coletivo dos portugueses, não é inteligível sem perceber o que elas devem a décadas de resistência antifascista. Y enseguida: daqueles que, como Margarida Tengarrinha, comprometeram toda a sua vida na opção que ela fez num dia de 1955 (pág. 13).
Y a ese compromiso se refieren estas Memorias, que en 176 emotivas páginas van desgranando los sacrificios, temores, privaciones, ausencias, terrores, que vivieron los resistentes de esa dictadura salazarista, que los ensangrentó en las prisiones, en las mazmorras, en la calle, en el dolor de los exilios y las separaciones.
Tras las luchas estudiantiles vendría en 1954 entrar para as fileiras clandestinas do Partido Comunista (pág. 19), lo que Margarida hará con su cuñada Maria Adelaide y su marido Carlos Aboím Inglez, y con su compañero José Diaz Coelho (intelectual y artista como ella).
Vivir en Lisboa como militantes clandestinos, de una casa a otra, con falsa identidad, sintiendo siempre el aliento de la PIDE -la omnipresente policía política portuguesa-, era ya en sí una tortura, y más aún cuando ya fueron padres de una niña, Teresa, que a partir de su cuarto año, por seguridad de todos, tendrían que dejar -a saber por cuánto tiempo- al cuidado de sus abuelos y tía: Pior do que a prisão, pior do que as torturas, no dizer de todas as camaradas que tiveram esas experiências, muito mais terrivel para todas elas, foi a separação dos filhos, escribe Margarida (pág. 53).
Y su cometido era ése: falsificadores. Hacer documentación falsa, identidades supuestas para los compañeros activistas. Crear un perfecto taller de expedición de todo tipo de documentos que facilitaran la movilidad de los militantes antifascistas, comunistas, dentro y fuera de Portugal. Trabajo burocrático, tedioso, nada “brillante”, pero absolutamente imprescindible para burlar el control de la precisa maquinaria del poder represor.
Linogravura de José Dias Coelho
Un día… A morte saiu à rua num dia assim…, como titula el apartado diecisiete (págs. 81-84) de los treinta y tres que componen el libro: José Dias Coelho, el militante comprometido, artista reconocido, compañero necesario, sería asesinado a quemarropa en la calle por un agente de la PIDE. Fue el 19 de diciembre de 1961.
En el apartado anterior y en el siguiente, Margarida reflexiona también sobre la personalidad de Dias Coelho, apartado tan vilmente del mundo a los treinta y siete años de edad. Pero será en este capítulo, encabezado con el nombre de la canción que le dedicó Zeca Afonso (https://www.youtube.com/watch?v=P3SPkq3hw-c), donde encontremos un testimonio, una denuncia aún más estremecedora ya que traspasa el tiempo de la dictadura y se centra en los de la democracia traída por la Revolução dos Cravos: quando o julgamento (del asesinato)se realizou, em 1977, já a situação política tinha sofrido tais recuos e o Tribunal Militar de Santa Clara mantinha uma composição tão reacionária, que a sentença foi de prisão de três anos e meio para o António Domingues (el asesino) enquanto os outros, entre eles o criminoso chefe de brigada José Gonçalves, que se apresentou como um velhinho que tinha perdido a memoria, saíram todos em liberdade (pág. 83): ¡cuánto sabemos también nosotros de eso en España… aunque aquí no hubo una Revolución progresista armada, sino una Evolución desde la dictadura!
Pero aún así viene ahora lo peor, ya que los familiares interpusieron recurso a la sentencia, logrando siete años de condena… que se cumplió solo en parte: Mas os pides, que o seu amigo Spínola sempre tinha protegido, estavam já nessa altura tão arrogantes e sentiam-se tão impunes, que não só assistiam às sessões do julgamento olhando para os juizes com um desplante ameaçador, como nesse dia da sentença do recurso fizeram alas na escaderia de Santa Clara e insultaram-nos provocatoriamente, com os palavrões mais soezes, a mim e à minha cunhada Maria Adelaide, quando vínhamos a descer (pág. 84): ¡a la compañera y a la hermana del asesinado! ¡Así fue “castigada” en buena parte la PIDE, como la Brigada político-social franquista en España, cuyo ejemplo sangrante en la persona de Antonio González Pacheco “Billy el Niño”, paradigma de integral represor, sigue disfrutando de tres medallas del mérito policial pensionadas, otorgadas ya en democracia!
Casi finalizando este emocionante libro de memorias, tras llevarnos de casa en casa clandestina, de huida en huida, de país en país durante el exilio, dedica un capítulo vibrante: A força ignorada de mães, país e avós, sobre estos familiares de los militantes perseguidos y represaliados (págs. 161-169). Y ahí leemos frases tan desgarradoras como éstas: a casa de Juliana Dias Coelho (su suegra, madre del asesinado José) foi assaltada pela PIDE e a neta, (mina filha) Maria Teresa Tengarrinha Dias Coelho, que estudava nas Belas-Artes, foi levada presa enquanto a irmã, minha filha Guida, então como treze anos, saía para a escola, escondendo na mochila manifestos estudantis de protesto pelo crime que poucos dias antes vitimara Ribeiro dos Santos, para sonegá-los às buscas que os pides estavam a fazer na casa dos avós, onde ambas viviam. A Teresinha foi interrogada e submetida à tortura do sono, impedida de dormir seis dias e seis noites, o que a deixaria desde então com graves perturbações do sono. Negou-se a responder às perguntas da PIDE, tal como aconteceu na segunda prisão, quando estava numa reunião, já perto do 25 de Abril (pág, 166).
Estremecedor, aleccionador relato todo él. Triste constatación de que tampoco en Portugal se ha hecho la Reparación y Justicia necesarias.

jueves, 12 de julio de 2018


A NOITE MAIS LONGA DE TODAS AS NOITES, MARTILLO DE REALIDADES.

Moisés Cayetano Rosado

Escribía el poeta español Eladio Cabañero en su poemario Recordatorio (1961): “saco a relucir vidas, materiales, historia/ de manera que nadie equivocado piense/ que escribo algún poema misterioso/ sino de alta protesta y de dolor”.
Me vienen estos versos nuevamente a la memoria tras leer el libro de Helena Pato A noite mais longa de todas as noites: 1926-1974, editado pulcramente -como todos los suyos- por la editorial lisboeta Colibrí, que dirige con admirable acierto Fernando Mão de Ferro.
Y es que a lo largo de sus 258 páginas -que vieron la luz el pasado mes de mayo y ahora se va presentando por la geografía portuguesa- salen a relucir vidas (magníficas descripciones de personas llenas de sensibilidad, tan fieramente humanas que parecen sacadas de los poemas del bilbaíno Blas de Otero o del beirense Eugénio de Andrade), materiales (documentos, fotografías, citas precisas), historia (certero recorrido por todo el salazarismo y sus tentáculos represivos)… que no conducen a la exposición de ningún misterio, sino que constituyen, ciertamente, un alegato de alta protesta y de dolor.
Y, como en la obra de Eladio Cabañero, o de Blas de Otero, o de Eugénio de Andrade y tantos grandes de nuestra literatura, todo ello lo hace con la hermosura de una prosa “tocada de la gracia”. No de la manoseada “gracia divina”, sino de la gracia, de la calidad literaria de quien sabe manejar el lenguaje y presentarnos con belleza formal lo que es un mensaje de penares, pesadilla, miedo: “O medo foi o que realmente me ficou com maior nitidez do regime fascista” (pág. 13).
El libro lleva un prólogo de la escritora Maria Teresa Horta, en que resalta su Luta após luta, após luta” (pág. 7), y unas palabras finales del historiador Luís Farinha, que resume magistralmente su contenido, resaltando la idea de la autora de “prestar um testemunho de vida, sempre compartilhada com outras vidas” (pág. 256) y del e que fuera Presidente de la República Jorge Sampaio, testigo y protagonista de buena parte de lo que Helena Pato expone en estas memorias, que “lêem-se de uma assentada” (pág. 257).
Dividido en 60 breves apartados, va haciendo un recorrido lineal por la vida de la autora desde su infancia hasta los años ochenta, con la democracia formal ya asentada en Portugal, tras pasar por los tétricos años de la dictadura salazarista, los cosméticos cambios de Marcelo Caetano, y -ya de pasada- la Revolução dos Cravos.
Pero, efectivamente, como indica Maria Teresa Horta, y la propia Helena Pato remarca, no “se trata de uma autobiografía” (pág. 11), sino de ofrecer una mirada reposada sobre toda esta larga y oscura época amordazadora siguiendo el hilo de una “resistente”; de una luchadora por la justicia, la dignidad y la libertad dentro de su país como anónima, clandestina, presa y torturada, y fuera como exiliada, sin sucumbir al desaliento, tal como tantas otras y tantos otros portugueses que expusieron su comodidad, su seguridad, su vida, ante la crueldad inmisericorde de la tiranía.
Todo el libro se lee -como indica Sampaio- de “una sentada”. Y nos atrapa desde el primer capítulo, donde describe los miedos como seña de identidad de los tiempos vividos.  Y nos encoleriza cuando narra su apresamiento y torturas, especialmente en los capítulos del 28 al 34 (págs. 127-149). Antes nos había enternecido con ilusiones juveniles, luchas estudiantiles compartidas, primer amor… (“O meu coração batia tolamente, baralhando o esforço da subida com a emoção por caminar ao lado dele”, pág. 36). O nos ofrecía una silente denuncia social al mostrarnos la mísera vida de una “criadita” que les ayudaba a sus padres en los años cuarenta y que les contaba como “os país travalhavam de sol a sol -na época das colheitas- mas a comida não chegava para todos” y “no Inverno, estavam condenados a satisfazer a fome com ervas que apanhavam nas valetas” (pág. 26), alcanzando una sublime y emotiva belleza en el capítulo 56: “Ana, una negrinha doce que tapava o riso”, encuadrada ya en el “Verão quente del 75”, en que traza un certero “aguafuerte” de la explotación de los nativos en las colonias, en medio del hambre y los castigos de látigo en mano (págs. 229-231).
En su último capítulo, el 60: “Valeu a pena, sim”, hay una frase final que es un perfecto resumen de todo lo que Helena Pato nos quiere transmitir: “De uma maneira ou de outra, aquí estamos nós, libertados, e libertando-nos de uma gigantesca memoria de violencia -da repressão, da guerra colonial, da brutalidade física e psicológica das prisões, da amargura do exílio, da pobreza e do atraso que grassavam no país-, mas como uma refrescante lembrança dos dias em que, apesar de tudo isso, fomos incomensuravelmente felizes” (pág. 240).
Los días de la ilusión, de la esperanza, de los sueños, de la juventud; del amor y el temor; del miedo y el coraje; del sufrimiento y de la rebeldía, están ahí, en este libro de memorias, delicado, elegante, sosegado, vencedor del horror que ahora sentimos como una pesadilla que hasta parece que nunca haya sido realidad.

jueves, 18 de enero de 2018

EL INFIERNO DE AQUELLOS INTERNADOS INFANTILES

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia
Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación

Durante algunos años, me dediqué a estudiar con cierta intensidad la vida en ciertos internados infantiles de nuestro país. El discurrir diario de esa infancia recogida en centros asistenciales -bajo iniciativa de diputaciones provinciales o de tutela estatal-, procedentes de familias desestructuradas, de muy escasos recursos y /o necesidades especiales; también otras instituciones de formación específica, como pudieran ser Seminarios, o Correccionales -del Tribunal Tutelar de Menores-.
Recorrí centros por diversas localidades españolas, si bien profundicé especialmente en Barcelona, Madrid, Toledo, Olivenza y Badajoz. Fruto de ello fueron diversos reportajes publicados en medios informativos, que luego se transformarían en un libro publicado por la Editorial HOAC, de Madrid, en 1975, bajo el título de “Una niñez hundida en la tortura”.
Como por entonces ejercía mi profesión de Profesor de EGB (así se denominaba por esa época) en un centro concreto de Badajoz, y muchas de las experiencias y confidencias se me había hecho por jóvenes que habían residido allí (algunos, compañeros míos de profesión), aparte de compartir vivencias cercanas, algunos pensaron que me refería concretamente a ese lugar en todo lo contado. Aportaciones todas de cierta, e incluso mucha dureza, en cuanto a sentimientos, trato y carencias.
Hoy en día, algunos antiguos residentes de diversas localidades -¡casi tan mayores como yo!- publican sus testimonios desgarradores en redes sociales, que dan lugar a más aportaciones en sucesivos comentarios, reafirmando lo que exponía en aquel libro, por el que a punto estuve de ser llevado a los Tribunales de Justicia por la institución oficial que regía el centro que se sintió aludido.
¿De qué trataba en él? De severos castigos para mantener la disciplina; de las tremendas consecuencias que conllevaban actos tan inevitables como la incontinencia urinaria nocturna en chicos privados de afecto familiar; de la exposición a “vergüenza pública” o represalias en la concesión de permisos de salida, regalos, postres o estancia en lugares de expansión por cualquier menudencia. De la disparatada disciplina “militarista”. De la soledad, la incomprensión, la falta de empatía… Algo lamentablemente más común de lo que pudiera parecer en un buen número de aquellos internados.
No otra cosa más averigüé. Quiero decir que, aparte de los castigos corporales -a veces de enorme dureza-, las humillaciones, el desamparo, la extrema necesidad de cariño muy pocas veces compensada, no conocí esa otra cara del problema que ahora, tantas veces, nos descubren los medios de comunicación: el sometimiento a los abusos sexuales que están solventándose en instancias judiciales, a veces cometidos por quien se supone que más habrían de proteger al menor, los propios cuidadores e incluso tutores oficiales, siendo algunos miembros de instituciones religiosas.
Ya hace más de cuarenta años que indagué en aquel mundo de dolor. Y aquellos que lo padecieron, e incluso lo han seguido padeciendo después, arrastran en su interior esa desgarradora experiencia infantil y juvenil. Aquella corporal y afectiva, y… ésta que nadie me confesó y ahora se airea de manera aterradora.
Ésta, tan deleznable, y que ahora sí me comentan algunos testigos de los hechos, e incluso víctimas de los mismos, en esta “segunda vuelta” de mi versión de “Una niñez hundida en la tortura” que… no voy a escribir, porque el infierno de aquellos internados infantiles ya está suficientemente divulgado, ampliado en esta nueva perspectiva, tan terrible, y renovada incluso por oficiantes de antaño y otros que se les unen, animados por la vulnerabilidad de nuevos colectivos infantiles, e incluso de las propias “familias” que deberían ser su amparo.

Pero dejo estas líneas de recuerdo, y de denuncia de lo que sigue siendo noticia desgraciadamente todavía, para continuar llamando a la conciencia colectiva, y porque quedan testigos y víctimas que luchan por la Justicia todavía, e insisten uno, y otro, y otro, en pedirme este acto de recuerdo y esta llamada de atención, que espero sirva para aliviarles su dolor y estimular a que entre todos consigamos que no queden impunes estos horrendos atropellos a la dignidad y la vida de los seres más vulnerables de nuestra sociedad.

viernes, 6 de enero de 2017

LO QUE MÁS ME HA IMPRESIONADO
Interior del Forte de Peniche. Prisión política.
Visitamos Peniche, Óbidos y Nazaré. Despacio, reposadamente. Viendo de todo, con lluvia y con sol, con ráfagas de viento y con serenidad. Y les pregunto a mis nietos qué es lo que más les ha llamado la atención de lo que han contemplado en medio de tanta variedad, belleza natural y artística, tesoros históricos y patrimoniales.
- La prisión del Forte de Peniche, me dice el mayor.
- El gato que casi salta al vació en “El Sitio” de Nazaré. “El gato suicida”, declara el menor.
El Sitio de Nazaré. El gato se situó en la punta del abismo. (Reconstrucción)
La brusca realidad, la horrible historia de represiones, torturas, crueldades sistemáticas de un Régimen dictatorial que secuestró la libertad de todo un pueblo, de toda su nación, y sometió a los peores castigos a los más luchadores en una fortaleza que un día sirvió de defensa contra las invasiones exteriores y después de brutal prisión para esos hijos concienciados, activos, solidarios.
La inquietante reacción de un felino que defiende su autonomía lanzándose más allá del parapeto protector hacia el abismo impresionante que se abre debajo del barrio alto de un precioso pueblo de pescadores, y se defiende así de lo que teme sea un secuestro de su absoluta libertad. (Ja,ja, ja… les impresionó a los dos que ante su preocupación yo les dijera: “¡Dejadlo ya, que ese es su problema!”)
El secuestro de la libertad, la lucha, la defensa de la libertad. Les ha impactado el enfrentamiento de unos seres vivos (humanos o no) contra la privación de su bien más preciado. Las tremendas represalias para unos; el aire fresco, arriesgado, colgado en lo más alto para el otro. La lucha, en fin, la lucha por la vida.

Moisés Cayetano Rosado

jueves, 26 de marzo de 2015

ASÍ, EN LA TIERRA DE LAS DICTADURAS
Moisés Cayetano Rosado
Ahora que se cumplen 50 años del asesinato en la provincia de Badajoz del líder opositor salazarista General Humberto Delgado, hemos de rememorar lo que las luchas populares sostenidas durante las dictaduras suponen de férreo control y represión de las fuerzas del orden a su servicio. Entonces y ahora; en Portugal y en España; en todos los lugares privados de libertad.
Sirva el caso de Portugal como ejemplo cercano, al que no hemos sido ajenos en esta Raya/Raia tan sufrida.
La represión de cualquier tipo de protesta, manifestaciones o huelga laboral era habitualmente brutal, siendo especialmente conocidos el caso de Germano Vidigal, torturado hasta la muerte en el Puesto Local de la GNR de Montemor-o-Novo en 1945; José António Patuleia, de Vila Viçosa, asesinado por la PIDE en 1947; Alfredo Lima, de Alpiarça, muerto a tiros en la calle por la GNR en 1950; la joven campesina Catarina Eufémia, asesinada en 1954 a quemarropa por un teniente de la GNR en una acción de protesta en el pueblo de Baleizão (Bajo Alentejo), donde se pedía “trabajo y pan”; José Adelino dos Santos, jornalero de Montemor-o-Novo (Alentejo Centro), igualmente muerto en “carga policial” ante la protesta popular por la farsa electoral de las elecciones presidenciales a que se presentó Humberto Delgado en 1958; António Dângio y Francisco Madeira, de Aljustrel, muertos a tiros de ametralladoras de la GNR en la calle, a finales de abril de 1962, cuando preparaban las huelgas y manifestaciones de mayo, en la gran lucha alentejana por la “jornada de 8 horas de trabajo”.
Luego estaban las actuaciones en caso de detención, llegando a extremos de crueldad inimaginables. António Gervásio -uno de los principales dirigentes campesinos del Sur de Portugal- me ha proporcionado un documento autobiográfico de gran importancia, en el que indica que foi preso 3 vezes pela PIDE: em 1947, em 1960 e em 1971. Faço parte daquele grupo de militantes antifascistas mais brutalmente torturados, e indica que en 1960 estive 18 dias na “tortura do sono” com intervalos de 5 dias, mais 7, mais 4 e mais 2. Sempre acompanhado de espancamentos. Tortura de largas jornadas continuadas impidiéndoles dormir, en tanto se les apaleaba sin compasión.
Coincide en la descripción  con lo que narra Saramago en su célebre novela “Levantado do Chão”, cuando denuncia: João Mau-Tempo vai fazer setenta e duas horas de estátua. Vão-se-le inchar as pernas, terá vertigens, será espancado com a régua e com o cacete. El suplicio de “la estatua”, inmovilizados, golpeados de continuo varios días.
Algo que también testimonian algunas de las mujeres entrevistadas por Teresa Fonseca en su libro documental “A memoria das Mulheres”: Meu pai foi torturado durante 20 dias e 20 noites, ao ponto de se encontrar físicamente transfigurado, le declara Maria Margarida dos Santos Machado.
Esta situación terrible en las prisiones no impedía que el recuerdo de los hijos se mantuviera tiernamente en aquellos penados sometidos a tanta aberración. La misma Maria Margarida, cuyo testimonio refería más arriba, dice: O meu pai enviava-me da cadeia cartas, contos que inventava para mim, desehos, bonecos articulados de papel e até pintou o meu retrato.
La memoria de los niños víctimas de aquella situación resulta extremadamente emotiva. Precisamente Paulo Varela Gomes, hijo del entonces capitão João Varela Gomes, que  encabezó el asalto al cuartel de Beja de la noche del 31 de diciembre al 1 de enero de 1962, y que proyectaba derrocar la dictadura salazarista elevando a la Jefatura de la nación al general Humberto Delgado -con su acuerdo y colaboración-, nos da este vibrante testimonio: Lembro-me: a mina mãe, a quem não deisaram abraçar os filhos pequenos, encharcando como lágrimas os punhos cerrados de fúria com que agarrava as grades do parlatorio de Caxias (allí estuvo presa año y medio). O nosso terror. O meu pai, numa cela da Penitenciária de Lisboa, entubado, magríssimo, a voz quase apagada, um fantasma desvanecido contra a luz da janela, aquel homem que eu recordava grande, alegre, garboso na sua farda. Desapareceu de vez a infatigável alegria do meu irmão, um miúdo palrador e de olhos cheios de luz.
Más adelante, extrapola su discurso intimista y dice: Quando visitávamos os meus pais em Caxias, em Peniche, encontrábamos pessoas que sufreron muito mais que nós e estavam muito mais desamparadas. Especialmente os familiares de militantes do PCP, gente heróica sem bravata.

Terribles tiempos que van desde los años treinta hasta la “Revolução dos Cravos”, de 25 de abril de 1974. Tiempos tremendos que no nos son a nosotros tan desconocidos, y que se perpetúan hoy día desgraciadamente por todos los rincones donde falta  el aire de la libertad.

viernes, 6 de febrero de 2015

OTRA NIÑEZ HUNDIDA EN LA TORTURA
Moisés Cayetano Rosado
Hace cuarenta años, la Editorial HOAC, de Madrid, me publicó un libro de ensayo-reportaje titulado Una niñez hundida en la tortura. Denunciaba el desamor, el maltrato y la crueldad que en muchos internados para niños desasistidos, huérfanos, víctimas de familias desestructuradas o en la indigencia, se practicaba más o menos sistemáticamente.
El tema era muy delicado y mis primeros informadores, que habían vivido en sus carnes la tremenda tortura en medio de su inmensa soledad, me conmovieron hasta lo indecible. Por entonces, impartía docencia en un internado de niños tutelados por una institución pública en Badajoz y uní a las reflexiones sobre aquellas vivencias que me fueron confiadas mis propias observaciones, donde si bien no se daban los casos terribles que había oído, sí pude palpar tremendas carencias afectivas y el terrible desamparo de muchos en su recogimiento.
Completé el trabajo expurgando bibliografía específica y visitando centros de este tipo por todo el país, incluyendo en el libro algunos reportajes que publiqué en prensa periódica sobre esta cuestión tan desgarradora.
¡Muchos dolores de cabeza me dio la publicación del libro, que en Extremadura tuve que retirar de las librerías para “tranquilizar” a las conciencias influyentes del periodismo y la política de la época (la Diputación Provincial de Badajoz de entonces estudió querellarse contra mí, aunque el texto iba mucho más allá de lo local o provincial, e incluso lo estatal, pues el fenómeno lamentablemente entraba en lo universal)!
Eso sí, no detecté ni se me denunció, por entonces, ningún caso de pederastia, de abusos sexuales contra los niños acogidos. Sin embargo, ahora están saliendo a la luz múltiples delitos de este tipo cometidos precisamente en internados, y en gran medida de la Iglesia, teniendo como víctimas a chicos de años incluso posteriores a los que yo investigué.
Nos constan en los lugares más diversos, y me insisten en la existencia de semejantes crímenes incluso en esta tierra de la que tuve que retirar mi libro (que, por cierto, pasó a venderse -¡y mucho!- de forma clandestina, para después volver a normalizarse su presencia).
No le importa a mi principal informante que escriba su nombre, y -porque lo conozco- sé de su trauma insuperable. Se trata de un apreciable artista que, a pesar de haber reconducido su vida, no olvida ni un momento los abusos padecidos a manos de alguien hoy precisamente imputado porque en su ejercicio “pastoral” ha seguido presuntamente con las prácticas que en una institución educativa confesional sufrió J.A.P. (no estimo conveniente publicar su nombre y apellidos), junto a otros muchos compañeros, que prefieren pasar página, olvidar, cerrar como quiera que sea la herida supurante.
Me consta que ha pedido audiencia al Papa, tras haber hablado con diversas jerarquías eclesiásticas sobre el caso, sin que se haya pasado de buenas intenciones con sordina. Y me consta, también, que otras autoridades -civiles- le han ayudado para tratar de desenmascarar a lo culpables.

Necesario es que a esta otra niñez hundida en la tortura se le haga la justicia del esclarecimiento de los hechos. Y que no queden sin castigo quienes tanto dolor les han causado, para que sirva de barrera a los que puedan venir y de bálsamo a los que necesitan que esta página oscura se cierre poniendo en su sitio a cada uno.

lunes, 24 de noviembre de 2014

EL CASTILLO DE MONTJUIC EN BARCELONA: LUGAR DEFENSIVO, OFENSIVO, DE REPRESIÓN, DE OCIO Y DE CULTURA
Moisés Cayetano Rosado
Con el inicio de la Revuelta de los Segadores (1640) comienza a construirse el Castillo de Montjuic, en torno a la torre atalaya existente en lo alto de la montaña. Construcción defensiva que no impidió su toma por los ejércitos de Felipe IV en 1652.
Una refortificación del mismo va a tener lugar a finales del siglo XVII, a causa de los asedios marítimos de esas fechas, construyéndose una ciudadela, tres baluartes y una línea de redientes orientada hacia el mar.
Con la Guerra de Sucesión a la Corona española iniciada en 1701, volverá a tener nuevo protagonismo, al inclinarse Cataluña a favor del archiduque Carlos de Austria, en contra de Felipe V de Borbón. Las hostilidades se manifestarán en el año 1705, prolongándose hasta el final de la guerra, en 1714. El Castillo será un bastión de la defensa borbónica, en cuyo poder estaba, aunque muy brevemente, pues fue conquistado en octubre de 1705. A ello seguirá nueva ocupación borbónica en la primavera de 1706, otra retirada inmediata y una nueva ocupación -ya definitiva- por las tropas de Felipe V en septiembre de 1714.
Todas estas acciones de defensa y ataque -primero de la corona española de los Austrias (mediados s. XVII) y luego de los Borbones (principios s. XVIII), frente a independentistas o contrarios a la nueva dinastía de origen francés-, llevarán a una consideración del castillo de Montjuic de Barcelona como un elemento defensivo de primer orden, acordándose su remodelación y reforzamiento, que dotaría a partir de 1751 al castillo de una extraordinaria fortificación abaluartada. Prácticamente es la que nos ha llegado hasta nuestros tiempos.

El proyecto es del ingeniero militar Juan Martín Cermeño, y está constituido por un trapezoide adoptado a las curvas de nivel de la montaña. Tiene dos baluartes flanqueando la cortina de la puerta de entrada (de puente levadizo sobre el foso perimetral), dos largas cortinas laterales con profundo terraplén formando abruptos glacis, y hornabeque con revellín al medio en el extremo opuesto (zona suroeste) a la puerta de entrada. En 1799 se culminarían las obras, pero sus soberbias defensas no fueron obstáculo suficiente como para que durante la Invasión Napoleónica fuera tomado (sin resistencia), en 1808.
Esta “maquinaria de guerra”, con su “juego defensivo-ofensivo”, va a tener a partir de 1842 un nuevo y triste papel: el represivo. En ese año y el siguiente, el gobierno del general Espartero reaccionará por la revuelta barcelonesa de protesta contra su política autoritaria bombardeando sistemáticamente desde el castillo a la ciudad. Ocasionará cientos de muertos y de heridos, tremendos daños materiales y la huída de decenas de miles de habitantes.
Este papel coercitivo del castillo abaluartado contra su propia ciudad se volverá a repetir en 1856, con otro balance de cientos de muertos, ocupación militar de la ciudad por el gobierno conservador y represión extrema.
Todo el siglo XIX estará marcado precisamente por esta función controladora, represiva  de la ciudad desde el castillo. Y a partir de 1893 unirá nuevo uso directo de sus instalaciones militares: centro de detención y tortura para centenares, miles de opositores, especialmente anarquistas, sindicalistas en general y obreros participantes en huelgas y conflictos. A este respecto, destacan las detenciones y fusilamientos en sus fosos de la Semana Trágica de 1909 (el pedagogo libertario Francesc Ferrer i Guàrdia será una de las víctimas más famosas) y de la huelga de La Canadiense y conflictos consecuentes, entre 1919 y 1922.
Durante la II República española y la Guerra Civil volverá a tener nuevo protagonismo como prisión y ejecuciones políticas, primero dirigidas por organizaciones antifascistas y después por los militares franquistas, que lo ocuparon a partir de enero de 1939. Desde entonces, la concentración de miles de prisioneros y las ejecuciones sumarias no cesarán, siendo el caso más destacado el del presidente de la Generalitat, Lluís Companys, fusilado el 15 de octubre de 1940 en el foso de Santa Eulàlia, de la cortina sur de la fortificación.
El castillo sería prisión militar hasta el año 1960, en que fue cedido a la ciudad parcialmente, con encargo de construir en él un Museo Militar (exaltador de “las glorias castrenses patrias”, estando en funcionamiento desde 1963 hasta 2009).
En la actualidad, tras obtener la ciudad la cesión total y definitiva en 2007, acoge en sus fosos actividades deportivas variadas y en el interior exposiciones artístico-culturales temporales en sus galerías perimetrales, así como actividades lúdicas en su patio central. Las terrazas son miradores privilegiados hacia la ciudad y el mar.

Un objetivo de futuro es convertir este espacio (primero defensivo-ofensivo militar, luego de represión ciudadano-político-sindical contra la propia ciudad y sus habitantes, y ahora lúdico-deportivo-artístico-cultural) en un lugar para la Memoria, la enseñanza histórica y la reivindicación de la libertad y los derechos individuales y colectivos. Así lo señala el folleto que facilitan con la entrada al monumento, editado por el Ayuntamiento de Barcelona (“Castillo de Montjuic, Barcelona”, Ajuntament de Barcelona, 24 pgs.), con textos de Manuel Risques e Itineraplus, de donde he tomado fundamentalmente las ideas que expongo en estas líneas.