sábado, 5 de septiembre de 2020


EL MISTERIO DE LAS TRES “D”


Moisés Cayetano Rosado

Acabo de “volver” sobre la película La casa de los espíritus, dirigida por el danés Bille August, basada en la extraordinaria novela del mismo nombre escrita por Isabel Allende.
Son impresionantes las escenas finales, del golpe militar del general Pinochet el 24 de marzo de 1973 contra el gobierno democrático de Salvador Allende, auspiciado por los EE.UU. y sustentado por la temerosa burguesía enriquecida, que temía las nacionalizaciones de los socialistas en el poder, y se vieron envueltos -siendo muchos también víctimas- en la brutal dictadura militar.
Con esas imágenes finales de “búsqueda y captura” de revolucionarios y demócratas, incluidos liberales y conservadores, aplastados por la bota uniformada, iba recordando otras situaciones parecidas en el sufrido subcontinente americano (a veces se me llevaba la memoria hacia otras zonas similares del mundo y de esa época de “Guerra Fría”, tan ardientemente maquinada por las potencias emergentes tras la II Guerra Mundial).
Así, el golpe de 11 de octubre de 1968 en Panamá, perpetrado por el mayor Boris Martínez, el teniente coronel José Humberto Ramos y el general Rubén Darío, entre otros. El 31 de marzo de 1964 en Brasil, que llevó al poder al general Humberto de Alencar. Una década antes, en Guatemala, el 18 de junio, el del coronel Castillo Armas. Sucesivamente, los golpes en República Dominicana, desde 1930, con el general Leónidas Trujillo y en 1963 con el coronel Elías Wessin.
Y ya después, el devastador golpe del general Videla de 24 de marzo de 1976, en Argentina, tan sanguinario como los anteriores, y cuyas resonancias han superado a los demás por los procesos seguidos sobre el mismo. Los desaparecidos, torturados, asesinados, sistemáticamente perseguidos y “cazados” como alimañas han superado las mayores escenas de crueldad imaginables.
Por todo ello, y por mucho que reflexiono y vuelvo a buscar explicaciones, me sorprende lo ocurrido en Portugal, su golpe militar de 25 de abril de 1974, y la consiguiente “Revolução dos Cravos”, dirigida por las fuerzas uniformadas, bajo la admirable consigna de las tres “D”: democratización (de las instituciones del país), desenvolvimiento (socio-económico) y descolonización (de los territorios africanos y asiáticos, acabando con las guerras coloniales que se prolongaban en África a lo largo de trece años, con precedente en las colonias asiáticas).
Aquí, no se trataba de implantar una implacable dictadura militar, sino impulsar una democracia participativa, mediante voto universal, elecciones libres y Constitución. Y se aspiró a una justicia social, distribución de rentas y trabajo que acabara con la miseria que se extendía por todo el territorio nacional y llevaba a muchos portugueses a una emigración laboral imprescindible para subsistir. Y se empeñó prioritariamente en acabar con la sangría de las guerras en África, que tantas vidas estaba costando y tanta ruina llevó a los hogares portugueses y a las cuentas del Estado, que dilapidaba casi la mitad de sus recursos económicos en este empeño imposible, cuando la independencia de los pueblos sometidos estaba prácticamente completada por parte de todos los estados coloniales europeos.
Nada de muertes, nada de torturas, nada de prisiones indiscriminadas y bestiales en el proceso de la Revolución. Nada de imposiciones a golpe de cárceles, desapariciones, ciegas dictaduras militares.
Y uno mira a la España precedente, a la de la Guerra Civil, y sobre todo a la de la posguerra, tan terribles, y vuelve nuevamente a preguntarse cómo esos jóvenes capitanes y mayores (comandantes) llevaron a cabo una acción tan ejemplar. No solo en lo militar -que buen entrenamiento tenían con los 13 años de guerra en Angola, y luego Guinea (11 años) y Mozambique (10 años)-, sino en el desarrollo del proceso posterior, incluido el de esa noche y día siguiente del golpe, tan sereno, paciente con el gobierno derrocado (que resistía obstinadamente en un poder ya inexistente) y “arropado” abrumadoramente por el pueblo, en la calle, formando bloque compacto “Povo-MFA” (Pueblo-Movimiento de las Fuerzas Armadas).
¿Es posible algo tan ejemplar como esta Revolución de Portugal, en medio de los sadismos golpistas y revolucionarios de otros lados, y concretamente de nuestros “hermanos” de América, donde los militares se constituyeron tantas veces en los principales enemigos de su pueblo, y precisamente por fechas cercanas? ¡Aún sigo reflexionando sobre el “Misterio de las tres D”…! ¡Ayúdenme a comprender!

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