LA REPRESIÓN INTERNA SIN MIRAMIENTOS HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS
Moisés Cayetano Rosado
En las
charlas que he estado dando este verano en Portugal sobre la Guerra Civil
española, organizadas por la União de
Resistentes Antifascistas Portugueses, me preguntaban frecuentemente si
hubo discordias dentro de las fuerzas fieles al Gobierno de la República. ¡Y
tanto! Dentro de las fuerzas fieles y dentro de las fuerzas que se sumaron al
Golpe. ¡Parece el sino humano!
Así,
tenemos la encarnizada lucha entre el Partido Comunista de España y el Partido
Obrero de Unificación Marxista, con víctimas mortales de por medio; o
entre comunistas y socialistas en general ante anarquistas de distintas
tendencias, igualmente violenta. Y del lado sublevado, no hay que olvidar el
encono entre carlistas y falangistas, los dos grandes puntales civiles del
Levantamiento, con altercados callejeros, incidentes violentos y atentados,
pese a la unificación forzosa decretada por Franco el 19 de abril de 1937.
Es el
ejemplo global de “represión interna sin miramientos hasta las últimas
consecuencias”. Sin miramientos… ¡a que el enemigo fundamental estaba en la
otra acera! Hasta las últimas consecuencias, ¡con la muerte en refriegas o
incluso paredón!
Y en cuanto a esto, al ir trabajando mi libro MILITARES DEL GOLPE EN ESPAÑA DE 1936 Y EN PORTUGAL DE 1974, he visto entre otros muchos dos casos que me han llamado la atención especialmente, ilustrando de manera contundente lo anterior: los de los generales Miguel Campins y Domingo Batet.
El general Campins era Gobernador Militar de Granada al producirse el Golpe, y tenía tras de sí un curriculum militar brillante. Había sido un héroe en las guerras del Rif, donde estuvo combatiendo entre 1911 y 1915 en una primera etapa y entre 1921 y 1926 en otra segunda, obteniendo varias cruces al Mérito Militar, la Cruz de María Cristina (la segunda en importancia, tras la Laureada de San Fernando) y la de Oficial de la Legión de Honor Francesa. De 1927 a 1931, tras refundarse la Academia General Militar, en Zaragoza, con Franco de director, él pasó a ser subdirector y jefe de estudios; ambos habían forjado y reafirmarían una profunda amistad. Apenas una semana antes del Golpe, el Gobierno republicano le destino como Gobernador Militar de Granada, donde le cogió el mismo, y al que dudó sumarse en las primeras horas, tras llamarlo desde Sevilla Queipo de Llano, y no tener suficiente información de los preparativos, al tiempo que sufría presiones del Gobierno, que le ocultaba información precisa. No obstante, el día 20, dos días después de Queipo lanzar su bando de guerra, Campins lo secundó, redactando el suyo. Pero aún así fue sometido a juicio sumarísimo, al declararlo rebelde, falto de entusiasmo y poner obstáculos a la intervención de sus subordinados comprometidos con la rebelión. Condenado a muerte, este militar de ideas conservadoras, católico e impecable profesional, fue ejecutado el 16 de agosto, pese a las reiteradas peticiones de clemencia dirigidas por Franco (que aún no era Generalísimo y que no gozaba del aprecio de Queipo) y también por Emilio Mola.
El general Domingo Batet era Jefe de la VI División Orgánica, con sede en Burgos. Participó en la Guerra de Cuba, fue juez en la investigación sobre el Desastre de Annual (muy crítico con algunos altos mandos españoles en Marruecos, entre ellos con Franco) y fue el encargado de controlar la insurrección de la Generalitat catalana de 1934. Estaba en posesión de la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo y de la Gran Cruz Laureada de San Fernando. Durante los preparativos de la sublevación, el general Mola, su amigo y subordinado -como Gobernador Militar de Pamplona-, lo tanteó para que se sumara, lo que él rechazó, pese a ser ferviente católico y de ideas conservadoras. El 18 de julio, al oponerse a la rebelión fue detenido por sus subordinados, sometido a consejo de guerra sumarísimo y condenado a muerte. Por él intercedieron ante Franco los generales Queipo de Llano y Miguel Cabanellas, grandes amigos. En esta ocasión sería Franco el que hiciera caso omiso de la petición de clemencia, consumándose la sentencia el 18 de febrero de 1937.
¡Terrible
intercambio de desaires! El general Campins fue fusilado en Sevilla,
circunscripción a las órdenes del “virrey de Andalucía”, Queipo de Llano, pese
a la petición de indulto de Franco. El general Batet sufriría la misma “suerte”
en Burgos, estando ya toda la zona sublevada bajo el poder de Franco, Jefe del
Gobierno y Generalísimo de los Ejércitos.


