ACTITUDES MILITARES. DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA A LA REVOLUÇÃO DOS CRAVOS.
(Breve capítulo de mi intervención que tendrá lugar en Serpa (día 3) y en Seixal (día 4), sobre la Guerra Civil española, comparando actitudes militares de España en dicha guerra y de Portugal en la Revolução dos Cravos)
Vaya una breve reflexión final sobre las
actitudes militares en el proceso de la Guerra Civil española y de la Revolução
dos Cravos, que en los objetivos planteados al iniciarse con sus respectivos
golpes militares se mantuvo en el tiempo en ambos países.
En el caso español así fue durante los
tres años de guerra e incluso tras la misma, por más de una década, con
sistemática prosecución en su empeño de destruir al enemigo, al disidente,
eliminarlo, borrarlo del propio suelo patrio, instaurando una dictadura
presidida por el general Franco hasta su muerte el 20 de noviembre de 1975; la
paradójica, grave y mortal acusación de “apoyo a la rebelión militar” para con
los fieles con la República legalmente constituida fue un instrumento jurídico
de condena inapelable.
En el caso portugués, en cambio, se dio
paso al poder civil en poco más de un año, al convocar elecciones libres
(celebradas al año exacto del golpe militar) para elegir a los diputados de la
Asamblea Constituyente que aprobaría la Constitución democrática el 2 de abril
de 1976, seguida de inmediato por elecciones legislativas y presidenciales, en
tanto se depuraban responsabilidades políticas judicialmente, sin revanchas, e
incluso con generosidad para los sustentadores de la dictadura
salazarista-caetanista derrocada.
Es significativo leer la Introducción
del Bando inicial del general Emilio Mola (el “director” del Levantamiento
militar) de 19 de julio de 1936, que va a ser la tónica seguida por los demás
generales golpistas en sus circunscripciones, y que será la norma seguida en el
tiempo de la dictadura en sus primeros años de implantación:
El
restablecimiento del principio de AUTORIDAD exige inexcusablemente que los
castigos sean ejemplares, por la seriedad con que se impondrán y la rapidez con
que se llevarán a cabo, sin titubeos ni vacilaciones.[1]
A ello hay que unir lo que ese mismo día
dijo a los alcaldes de la provincia de Pamplona: Hay que sembrar el terror […] hay que dar la sensación de dominio
eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como
nosotros. Nada de cobardías. Si vacilamos un momento y no procedemos con la
máxima energía, no ganamos la partida. Todo aquel que ampare u oculte [a] un
sujeto comunista o del Frente Popular será pasado por las armas.[2]
Esta contundencia beligerante, radical y
destructora contrasta con lo que serían los numerosos comunicados de las
Fuerzas Armadas de Portugal (redactados fundamentalmente por el capitán Vasco
Lourenço y el mayor Otelo Saraiva de Carvallo, líderes del Movimiento)
dirigidos al país en la noche del 24 de abril de 1974 y todo el día, que siguen
la tónica de lo que fue el primero, emitido por radio algo antes de las cuatro
de la madrugada:
Aqui Posto de
Comando do Movimento das Forças Armadas. As Forças Armadas Portuguesas apelam
para todos os habitantes da cidade de Lisboa no sentido de recolherem a suas
casas nas quais se devem conservar com a máxima calma.
Esperamos
sinceramente que a gravidade da hora que vivemos não seja tristemente
assinalada por qualquer acidente pessoal para o que apelamos para o bom senso
dos comandos das forças militarizadas no sentido de serem evitados quaisquer
confrontos com as Forças Armadas. Tal confronto, além de desnecessário, só
poderá conduzir a sérios prejuízos individuais que enlutariam e criariam
divisões entre os portugueses, o que há que evitar a todo o custo.
Não obstante a
expressa preocupação de não fazer correr a mínima gota de sangue de qualquer
português, apelamos para o espírito cívico e profissional da classe médica
esperando a sua acorrência aos hospitais, a
fim de prestar a sua eventual colaboração que se deseja, sinceramente,
desnecessária.[3]
El contraste entre ambos comunicados, y
consecuentes con ello de todo el proceso de represión en el primer caso y de
“contención” en el segundo, es extraordinario.
Proceden ambas actitudes del estamento
militar, de militares de carrera, si bien en el primer caso dirigidas por
generales y en el segundo fundamentalmente por oficiales de rango medio
(tenientes, capitanes, mayores y tenientes coroneles). Ambos salidos de unas
misiones de servicio en zonas coloniales en conflicto: los primeros de las
guerras sangrientas y prolongadas del Rif (Marruecos) de 1909 a 1927; los
segundos de similares conflictos en Guinea, Angola y Mozambique, de 1961 a
1974. Se estima que los españoles perdieron en sus enfrentamientos 30.000
militares (de ellos, unos 11.000 en el “Desastre de Annual”, de 22 de julio a 9
de agosto de 1921); los portugueses, unos 10.000, aparte en ambos de los muchos
miles de heridos de gravedad, amputados y mutilados de todo tipo.
El Ejército español en África (los
llamados “africanistas”) nunca se rebelaron significativamente contra el poder
político de la monarquía de Alfonso XIII, hasta el Golpe del general Miguel
Primo de Rivera, en 1923, en que se conjuntaron la inestabilidad política, la
corrupción endémica, la creciente agitación obrera y el desastre militar en el
Rif: el rey no hizo más que confirmar en el poder al dictador, sin mayores
conflictos.
El Ejército portugués en África estuvo
en los primeros años de los levantamientos (hasta mediados de los años sesenta)
al lado del Gobierno de Salazar, si bien con los años fue tomando conciencia
(fundamentalmente los oficiales que luchaban sobre el terreno, especialmente
tenientes y capitanes) de que estamos do
lado errado[4].
Así, las conspiraciones para acabar con el estado
em que chegámos (en palabras del capitão Salgueiro Maia, uno de los más
significados oficiales) fueron madurando a finales de los años sesenta para
cuajar en 1973, con múltiples reuniones clandestinas preparatorias, que
desembocaron en la llamada Revolução dos
Cravos del 25 de abril de 1974.
El golpe militar diseñado por el general
Mola y que tuvo sus primeros ejecutores en él mismo desde Pamplona y otros
generales, como Sanjurjo (exiliado en Portugal), Queipo de Llano desde Sevilla,
Goded desde Barcelona, Fanjul desde Madrid, Cabanellas desde Zaragoza y
Francisco Franco desde Canarias y norte de Marruecos, fracasó en más de la
mitad del territorio nacional en los primeros días y meses del levantamiento, dando
lugar a la Guerra Civil, con crueles y cruentos enfrentamientos de militares y
civiles.
El golpe militar diseñado por el Movimento das Forças Armadas (MFA), de
Portugal, integrado por varios cientos de jóvenes oficiales, triunfó desde el
primer momento, adhiriéndose la población civil nada más comenzar la toma de
posiciones en la Praça do Comercio de Lisboa, sede de los ministerios. La
multitud civil siguió, protegió, secundó y ayudó a los militares en todo su
recorrido hasta la sede de la Guardia Nacional Republicana, en el Largo do
Carmo, del barrio alto (donde se ocultaba y fue apresado el Primer Ministro,
Marcelo Caetano), pese a las recomendaciones de los comunicados de las Fuerzas
Armadas pidiendo que se recluyeran en sus casas, para evitar derramamientos de
sangre en posibles enfrentamientos. Estos enfrentamientos no pasaron de conatos
en los alrededores de la Praça do Comercio, con triunfo de los ocupantes,
comandados por el capitán Fernando Salgueiro Maia, vitoreado por los ciudadanos
que los envolvían, repartiéndose finalmente claveles, que se colocaron en las
bocas de los fusiles, tras una primera iniciativa de la empleada de una
cafetería -Celeste Caeiro- que iban a decorar con ellos el local, por una
celebración en el mismo.
O sea, en el primer caso constatamos la
intencionalidad de reprimir ferozmente a la República legalmente constituida, a
sus dirigentes, apoyantes y simpatizantes, para subvertir el orden establecido
por la Constitución progresista de 1931, instaurando un régimen militar, tras
cinco años de democracia; en el segundo, se trata de propiciar un cambio bajo
tres postulados: descolonizar, democratizar y desarrollar el país (conocido
como las “tres D” del Programa de las Fuerzas Armadas, coordinado por el mayor
Ernesto Melo Antunes), dando paso a unas elecciones libres tras casi cincuenta
años de dictadura.
Los militares sublevados en España
abortaron una democracia progresista, reprimiendo con dureza a sus defensores y
seguidores. Los militares sublevados en Portugal abortaron una dictadura de
tendencias “fascistizantes”, devolviendo incruentamente la democracia de
progreso.
[1] Diario de Navarra, 19 de julio de 1936.
[3] Textos históricos da Revolução. Diabril Editora. Lisboa, 1975. Pág. 29. https://www.marxists.org/portugues/tematica/livros/textos/texto-historicos-vol01.pdf
[4] CAYETANO ROSADO, Moisés: Salgueiro Maia. Das guerras em África à Revolução dos Cravos. Edições Colibri. Lisboa, 2024 (4ª edição)
