martes, 5 de noviembre de 2019


SICILIA: LA PRESENCIA DEL ETNA Y EL REPASO A LA HISTORIA Y EL ARTE MEDITERRÁNEO
 
Moisés Cayetano Rosado

Vas a Sicilia y lo primero que se te hace presente, omnipresente, es el volcán Etna, que parece como si estuviese constantemente fumando una gran pipa inacabable.
Desde el avión crees que es una nube blanca que se alza al cielo, pero es el desahogo eterno del volcán, que a veces se enfurece y es un dragón de fuego.
Ya estamos en Catania, donde sorprende el barroquismo de su Catedral, de su Universidad, de sus grandes palacios, magníficos restos del anfiteatro romano… y el popular mercado en que las voces atronadoras de los pescaderos envuelven la belleza multicolor de peces y mariscos.
Solo los hombres venden; solo los hombres compran. Y es que dicen que “las mujeres se llevan lo superfluo” y “malgastan”. ¡Ese machismo mediterráneo del que aún se hace gala…!
Otro día, desde ese extremo centro oriental de la Isla, nos internamos hacia el noroeste hacia el Etna. Viaje por curvas y subida en autobús, al que reemplaza a continuación el teleférico y más arriba potentes vehículos 4x4, que desafían las pendientes y las curvas más curvadas que uno pueda coleccionar.
Y allí, el volcán, que son los volcanes, porque los cráteres del Etna son múltiples, y los picos y simas se suceden a un lado y otro de la elevación principal de 3.342 metros, entre la negrura de las leves piedras quemadas, muchas calientes y humeantes cuando abres un pequeño agujero en el suelo con las manos.
Bajando la falda del conjunto volcánico, nos acercamos hacia el este, un poco más al norte, a Taormina. Nueva belleza de paisaje hacia el interior y hacia el mar, que culmina con el portentoso teatro Greco-Romano de la población, desde cuyo graderío se nos ofrece la costa recortada, el mar inmenso, el verdor añorado más atrás en las quemadas tierras-piedras del Etna.
Así, desde las entrañas de la tierra hemos pasado a las entrañas de nuestra civilización mediterránea, en un día de contrastes y belleza, que habremos de completar con una buena “reposición” a base de pescados y mariscos de la zona, generosa en ellos.
Una asombrosa jornada nos esperará otro día, con la visita a la Villa Romana del Casale, ya casi al centro de la Isla. Los corrimientos de tierra preservaron del expolio y la ruina lo que es la más asombrosa colección de mosaicos romanos del mundo, donde la “mundanidad” representada en las escenas de la vida cotidiana se abrillanta con la habilidad artística de figuras, combinaciones de colores, movimiento y viveza que nos atestiguan el “buen vivir” de los poderosos… como siempre.
Merece subir al norte, una vez más a la costa, y visitar la deliciosa Cefalú, antigua plaza cartaginesa, de catedral normanda y mosaicos bizantinos, donde la figura de “Cristo Pantocrátor” (que se repetirá con igual mérito en otras iglesias y catedrales sicilianas) es una de las más impactantes que nos sea dado contemplar.
Y ya, a Palermo, la capital. ¡Qué decir de sus palacios (fuera de lo común el de los Normandos, con su Capilla Palatina, de gran derroche de mosaicos bizantinos. a cuya entrada se recuerda el destino de receptores de refugiados e inmigrantes, tan rechazados por las autoridades y apoyados tantas veces por una población que sabe bien de los sufrimientos de las partidas forzadas, porque la historia se las hizo vivir bastantes veces!
Resulta necesario acercarse a Monreale: ¡qué Pantocrátor, con sus dorados y azules increíbles!, en su Catedral árabe-normanda. Seguramente en mosaicos bizantinos no tenga rival.
Y de nuevo en Palermo, sus calles, sus palacios, sus iglesias, sus curiosos teatros de marionetas (Ópera dei Pupi), de extraordinario colorido, maestría en la ejecución de los movimientos hábilmente llevados entre bambalinas, historias de caballeros, damas y dragones, con sabor medieval, revivido en estos tiempos. A  pesar de nuestra “alta tecnología”, siguen subyugándonos con su ingenuidad y gracia.
De Palermo a Segesta, nos lleva el aliciente de contemplar su magnífico Templo Dórico, cuya singularidad lo hace más majestuoso. Enseguida en Érice y Trápani, ya en el extremo noroccidental de Sicilia, nos cautivará su caserío, su preservado urbanismo medieval, sus vistas al mar, su sosiego vital, que iremos contemplando en pueblos y pequeñas ciudades costeras y del interior.
Llegaremos, en el suroeste, a Agrigento, donde nos espera el admirable “Valle de los Templos”. Una especie de “torres vigías” rodeando a la populosa y desaparecida ciudad griega, de las que se preservan como una docena de restos significativos, entre los que destacan el Templo de Júpiter Olímpico y el Templo de la Concordia. ¡Cuesta un poco dejar atrás este conjunto armonioso de templos dóricos, uno de los cuales serviría a la UNESCO como símbolo de las ciudades, sitios y conjuntos declarados “Patrimonio de la Humanidad”!
Carretera adelante, un testimonio sobrecogedor de las miserias de las guerras: varios bunkers de la Segunda Guerra Mundial, testimoniando la desgracia de unos tiempos que esperemos no se vuelvan a repetir, siendo estas moles “aviso a navegantes”.
Continuamos nuestra visita “circular”, siguiendo al sureste, hacia Ragusa: ciudad barroca por excelencia, todo iglesias y palacios alternándose, como rivalizando en presencia y porte ostentoso, ornamental hasta la saciedad en fachadas, puertas, balconadas…
Un poco más adelante, la ciudad de Noto. Otra vez una catedral digna de admiración, donde encontramos testimonios desgarradores de lo que es la emigración a la desesperada en barcazas sin consistencia de miles de refugiados y emigrantes que huyen del horror, desde el norte de África. Aquí, con los maderos y otros restos de las embarcaciones, los artistas han levantado esculturas que sobrecogen, como una cruz formada por restos de uno de los múltiples naufragios.
Y finalmente, torciendo ligeramente al noreste, Siracusa, un mundo de sorpresas, tesoros y belleza. Su Catedral, en el barrio portuario de Ortigia, aprovecha en sus muros -empotradas- magníficas columnas de un anterior templo dórico (¡siempre el dórico en Sicilia!).
Su Museo Arqueológico es una tentación: se pasaría uno en él horas y horas, ante las espléndidas colecciones que comienzan con restos fósiles y estudios geomorfológicos, y va recorriendo la prehistoria, la historia antigua y medieval de la isla, clasificando los hallazgos por yacimientos, de cada uno de los cuales se nos muestra su estratigrafía civilizatoria de manera pormenorizada.
¿Para cuánto da Sicilia? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Un mes? ¡Más siempre, porque su admirable legado físico, geológico, arqueológico, arquitectónico, urbano, artístico en general, gastronómico no tiene rival! ¡Y encima, la “guinda” incomparable del volcán!

lunes, 28 de octubre de 2019


EXILIADOS Y REFUGIADOS: NUESTRA HISTORIA OLVIDADA

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia 
Ahora que una vez más se intensifica el drama de los refugiados por todo el mundo, no estará de más rememorar lo que a veces se esconde en los rincones del olvido. Aquello que  se vivió en el pasado de enfrentamiento civil y militar, del que guardamos una memoria confrontada: desplazamientos, refugio, exilio, huyendo de las represiones y la muerte.
En la Revista Transfronteriza “O Pelourinho”, que llevamos 25 años editando, bajo el patrocinio de la Diputación de Badajoz, publicábamos en 2018 un monográfico sobre “exilio, emigración y represión”, en que dábamos cuenta de nuestra tragedia de la Guerra Civil. Señalábamos la dureza en la desesperada huida de cerca de medio millón de españoles, mayoritariamente a través de los Pirineos, cuando la guerra estaba perdida para los republicanos.
Una de esas víctimas, Carlos Velo, lo narra así en el libro de Francisco Caudet “El exilio republicano de 1939”: “A patadas, a empellones, a culatazos, nos arrebañaron en una playa. Gente hambrienta, aterrorizada, liquidada toda esperanza./…/ Dormitábamos, que era estado permanente; esperar, sin esperar nada de nada. Y oímos de pronto un magnavoz. Salimos poco a poco. ¿Y sabes lo que estaba diciendo? Estaba diciendo: ‘¡Republicanos españoles: Lázaro Cárdenas, presidente de México, en nombre de su gobierno y de todos los mexicanos, les anuncia: México está abierto para ustedes; es su casa, será su nueva patria’. Hablaba de un barco que llegaría  de un momento a otro, de libertad, de pan, de respeto, de futuro”.
Fue decisivo para acelerar el proceso el informe del diplomático mexicano Isidro Fabela, enviado por el presidente Cárdenas, en el que señalaba al hablar del Campo de Concentración de Refugiados de Argelés: “Esta enorme avalancha humana de 100.000 personas quedó instalada frente al mar, sin otro límite que la playa y una cerca de alambre con púas fijadas en una extensión de dos kilómetros y medio de largo por uno y medio de ancho. Sin una tienda de campaña, ni una barraca, ni un cobertizo, ni un muro, ni una hondonada, ni una colina; ni tampoco árboles, arbustos ni piedras. Ni fuego para contrarrestar el frío invernal, ni un techo que les resguardara del cierzo, ni una pared que les defendiera de los aires marinos. Todos los días había muertos de frío y de hambre”.
Sí, sería especialmente México quien acogiera de forma definitiva a miles de exiliados españoles, que habían perdido la esperanza de un retorno más o menos cercano, tras refugiarse en un principio en Francia, Norte de África y la Raya con Portugal.
Precisamente de esto, de los republicanos “fronterizos” con el país vecino, tratará el próximo número de “O Pelourinho”, previsto para mediados de 2020. Ya en el anterior número aludido, la antropóloga Dulce Simões, escribía este adelanto: “O primeiro grande fluxo ocorreu na última semana de Julho de 1936, quando centenas de carabineiros e milicianos republicanos que haviam resistido às forças revoltosas de Pontevedra, Ourense, Tuy e Vigo procuraram refúgio no norte de Portugal. O segundo fluxo na fronteira do Caia, provocado pelos bombardeamentos e ocupação da cidade de Badajoz. O terceiro verificou-se a 12 de Agosto, quando os habitantes de Encinasola afetos ao golpe militar procuraram refúgio na vila vizinha de Barrancos, e foram acolhidos pelas autoridades locais. O ultimo êxodo registou-se na fronteira de Barrancos, nas margens do rio Ardila que serve de linha divisória entre Portugal e Espanha, após a ocupação da vila raiana de Oliva de la Frontera (Badajoz), a 21 de Setembro de 1936”.
El Portugal salazarista era muy poco receptivo a estos refugiados. Alrededor de 1.500 serían embarcados en octubre de 1936 con destino a la republicana Tarragona, procedentes de Extremadura, Andalucía y Galicia. Otros quedaron “escondidos”, viviendo cercanos a la frontera, e incluso en otros puntos de la geografía portuguesa, gracias a la solidaridad del pueblo vecino. Solidaridad que ha estudiado Dulce Simões con respecto al caso de Barrancos (que volverá a tratar), pero que en la publicación que estamos preparando nos expondrán para otros puntos geográficos Luis Cunha y Rui Rosado Vieira (caso de Campo Maior), Moisés Alexandre Antunes Lopes y Jacinto César (Elvas), Maria Fernanda Sande Candeias (que ha estudiado en general a refugiados en Alentejo), Bruno Sampaio Lobo (Figueira de Foz), Carolina Henriques Pereira (Caldas da Rainha), Jorge Fernandes Alves y Ángel Rodríguez Gallardo (con respecto a Galicia), y Paula Godinho, Manuel Loff, Fábio Faria, entre otros, sobre todo el proceso.
Lo había anticipado el mismo 13 de agosto de 1936 el periodista  Mário Neves en el “Diario de Lisboa”: “Os funcionarios do posto de Caia abriram uma subscrição entre os oficiais e outras pessoas presentes para matar a fome a os filhinhos dos emigrados”. ¡Historia de solidaridad que hoy más que nunca deberemos recordar!


En tanto se publicaba este texto en el Periódico HOY de Extremadura, visitando Sicilia, me encontré con estos dos testimonios escultóricos en la Capilla Palatina de Palermo y  en la catedral de Noto.
El primero, presentando un desembarco de africanos, tan frecuentes en la isla. Muy expresivo tanto por el monolitismo de los que están en tierra como por la esperanza actitud de los que desembarcan o están en la cubierta, de donde se disponen a bajar.
El otro encierra la tragedia de los naufragios, con el terrible añadido de que está construido con restos de maderas e hierros pertenecientes a una barcaza destruida en el mar: se conserva en el interior de la Catedral de Noto: dolor y esperanza, como dice el texto que acompaña a esta escultura de Elia Li Gioi.

lunes, 7 de octubre de 2019


SAN PETERSBURGO-MOSCÚ: LIMPIEZA Y URBANIDAD RODEANDO EL ESPLENDOR (y II)

EL MÁGICO MOSCÚ 
Moisés Cayetano Rosado

De San Petersburgo a Moscú hay más de 700 kilómetros y no es mala opción recorrerlos en tren de alta velocidad. En cuatro horas se cubre el trayecto, y es una oportunidad para ir viendo un paisaje frondoso de la taiga rusa, de alerces, pinos, abetos, abedules, álamos, alisos… bien tupidos, con sotobosque de helechos, líquenes y musgos. También para contemplar una buena cantidad de pueblecitos, de casas aisladas entre la vegetación frondosa, en medio de verdes prados brillantes.
Ya instalados en Moscú, siempre el turista tiende a “buscar” la Plaza Roja y el Kremlin, demandando en la primera la “fotogénica” Catedral de San Basilio, el Mausoleo de Lenin y los famosos Almacenes GUM. Nos quedarán respectivamente enfrente, a la izquierda y a la derecha de la Plaza, si entramos por el noroeste, procedentes desde la famosa calle peatonal Arbat, en cuyas cercanías están los principales (y gigantescos) hoteles.
La Catedral de San Basilio, construida por orden de Iván el Terrible a mediados del siglo XVI, es Patrimonio de la Humanidad desde 1990 junto con el conjunto del Kremlin. Sus torres bulbosas, multiformes y multicolores son la referencia mundial de la capital rusa y objeto principal de las cámaras fotográficas de las multitudes que durante el día copan la Plaza… curiosamente casi solitaria en la noche, que con el brillo ambiental (de luces en la fachada de los Almacenes GUM, así como del Kremlin, y de la frecuente agua de lluvia en el pavimento) cobra un aspecto romántico inigualable.
Los Almacenes GUM, construidos al final de la época imperial, no perdieron su importancia durante la implantación de la URSS, y menos en la actualidad. Con sus lujosas tiendas, su decoración esplendorosa, su fachada de 242 metros, combina elementos arquitectónicos medievales, con estructuras de acero, techo e interiores de vidrio, y original decoración en barandillas, escaleras, etc.
El Mausoleo de Lenin, pegado a la muralla del Kremlin, simula ser una pirámide escalonada, y hoy en día despierta poco la atención de los turistas de la Plaza, mayoritariamente chinos, que desvían siempre sus cámaras hacia San Basilio.
El Kremlin por dentro es toda una ciudad monumental donde las catedrales, los palacios de uso oficial, los museos y el gran despliegue de armamento artillero, nos embobarán sin remedio.
Allí, la Catedral de la Asunción, o Dormición, mezcla los estilos italiano y ruso, conservando en su interior la tumba de Iván el Terrible, y está adornada en el exterior por fantásticas cúpulas bulbosas doradas. En ella se coronaban los zares y se enterraba a los Patriarcas de la Iglesia Ortodoxa.
La Catedral de la Anunciación presenta los mejores frescos del siglo XVI, cubriendo todo su interior: mayor profusión de cúpulas bulbosas doradas contemplaremos en su exterior.
La Catedral del Arcángel San Miguel, también del siglo XVI, alberga las tumbas de casi todos los zares de Rusia. Es curioso esta denominación de “catedrales” a tantos recintos sagrados, pero el sentido del nombre es el de iglesia con especial significación por su uso histórico y su monumentalidad.
Entre los cañones del patio central destaca el “Cañón del Zar, de 1586, el mayor del mundo, con 5’34 metros de largo y 40 toneladas de peso. Su calibre es de 890 milímetros y el diámetro externo de 1.200 milímetros.
Otro de los grandes atractivos de Moscú (también lo es en San Petersburgo) resulta ser el Metro. Creado en 1935, no cesa en su ampliación, llegando ya a tener 380 kilómetros de red y 230 estaciones.
La profundidad de sus túneles es espectacular, pero lo es aún más el esplendor artístico de sus galerías, estaciones, pasillos, rincones… Todo un gran y múltiple museo de esculturas, pinturas, mosaicos, decoraciones de suelos, paredes, techos… hasta el punto que solo por verlo merece una visita la ciudad; en este caso, el subsuelo “palaciego” de la ciudad.
Una ciudad enormemente rica en patrimonio acumulado a lo largo de los siglos… y en la actualidad, en que se siguen construyendo con gusto edificaciones singulares, como son sus rascacielos comerciales, de entre 240 y 370 metros de altura: los más elevados de Europa, un auténtico mini-Manhattan, de cuidado alarde técnico y artístico.
Y rodeando estratégicamente al Casco Histórico, las “Siete Hermanas”, de la época de Stalin: edificaciones de los años 40 y 50, con robusta aguja central e inmensos cuerpos laterales, levantados para mostrar el “poderío” soviético, hoy reconvertidos en edificios públicos y privados de diversa índole.
En cuanto a los alrededores de la capital, a 70 kilómetros al noreste, el Monasterio de la Santísima Trinidad y San Sergio, en la ciudad de Serguiev Posad, tildado de “Vaticano Ruso”, lugar de peregrinación de los creyentes ortodoxos, atraídos por las reliquias de San Sergio. Actualmente alberga a unos 300 monjes, y pertenece desde 1993 a la Lista del Patrimonio de la Humanidad, tratándose según la UNESCO de «un buen ejemplo de monasterio ortodoxo en funcionamiento, con rasgos militares típicos de los siglos XV al XVIII, período durante el que se desarrolló».
Una vez más, sus iglesias de cúpulas bulbosas, sus estancias palaciegas, sus murallas; sus mosaicos y pinturas murales… son dignos de admiración, a pesar de las grandes masas turísticas que pululan por sus estancias y explanadas.
Todo un lujo de limpieza y belleza, donde la urbanidad rusa se manifiesta en todo su esplendor.

viernes, 4 de octubre de 2019


SAN PETERSBURGO-MOSCÚ: LIMPIEZA Y URBANIDAD RODEANDO EL ESPLENDOR (I)

LA BRILLANTEZ DE SAN PETERSBURGO

Moisés Cayetano Rosado

Lo primero que me sorprende al callejear por San Petersburbo, entrar en sus palacios, museos, iglesias, hoteles, caserío, patios interiores… es su limpieza. Los suelos impolutos, a pesar de los tropeles de turistas en sus espacios monumentales, los miles de turistas que se agolpan (especialmente chinos, que nos “acompañarán” en todos los circuitos, sobre todo en Moscú, donde pienso que suben al 90% del total, como un 10% más que en los otros lugares).
Lo de los chinos tiene su explicación, entre otras cosas, en los acuerdos favorables intergubernamentales, las rebajas en las entradas a cualquier lugar visitable de pago, y a que la presencia hotelera de sus lugares de origen es muy notable. Lo del resto de los turistas, porque la belleza incomparable de su legado artístico, la variedad del mismo y lo accesible de todo ello, sin mucho trajín de separaciones entre dichos “tesoros”, hacen de estas dos macro poblaciones y sus alrededores un destino irresistible.
Empezamos la visita por la fortaleza de San Pedro y San Pablo, origen de San Petersburgo, de 1703, de Domenico Trecini, enclavada en un islote al que rodea el río Neva. Acoge los restos de varios zares, destacando entre ellos Pedro el Grande, fundador de la ciudad. Su óvalo fortificado con seis baluartes y rediente defensivo exterior, es por dentro una miniciudad, que ya en sí nos da una idea de la grandeza de toda la urbe.
El patrimonio eclesiástico es abrumador en el centro histórico, destacando la Catedral de San Isaac, un templo neoclásico, con tintes barrocos, de comienzos del siglo XIX. De fantástica cúpula y linterna recubiertas por unos 100 kilogramos de oro, con interior de mármoles rusos, italianos y franceses, zócalo de granito y columnas del retablo cubiertas de lapislázuli y malaquita. Ello sin dejar atrás la Catedral de Nuestra Señora de Kazán -igualmente neoclásica y grandiosa-, consagrada a la Virgen más venerada de Rusia, siempre con largas colas de fieles esperando a rezar ante su icono.
Pero tal vez la más “rusa” de las iglesias sea la de San Salvador sobre la Sangre Derramada, que conmemora el asesinato en 1881 del emperador reformador  Alejandro II. Más tardía en su construcción, sus cúpulas bulbosas, policromadas y doradas, así como la profusión ornamental, modernista, de la fachada, hacen de ella un monumento excepcional. Actualmente es museo estatal, donde destacan los mosaicos del interior, que cubren sus paredes, columnas y cúpulas.
No menos importante que esta profusión arquitectónica es la escultórica, entre la que deberemos destacar el “Jinete de Bronce”, escultura ecuestre de Pedro I, realizada por Étienne Maurice Falconet, sobre enorme roca (“La Piedra del Trueno”), a orillas del río Neva. El gran poeta ruso Aleksandr Pushkin, escribiría un famoso poema-leyenda sobre el mismo, recorriendo su grandeza y la arriesgada situación de esta ciudad que fundó en zona pantanosa e inundable.
Pero quizás lo más conocido de San Petersburgo sea el Museo Hermitage, uno de los más importantes del mundo, con más de tres millones de obras de arte, de todas las épocas, distribuidas en diversos palacios, entre los que sobresale el Palacio de Invierno (residencia de los antiguos zares), de inigualable grandeza. Podemos seguir desde él la historia del arte occidental y asiático, recorriendo sus lujosas salas, profusamente decoradas con pinturas, mosaicos, bajorrelieves, etc. y dotadas de lujoso mobiliario, lámparas, espejos…
Pero San Petersburgo también son sus calles y canales; sus avenidas (destacando la Nevsky) que atesoran edificaciones monumentales, librerías excepcionales, tiendas de todo tipo, más y más iglesias, palacetes, edificios con patios interiores accesibles, que conservan sabor decimonónico…, y el rio Neva, canales navegables (excepto en el invierno, que se hielan), desde donde admirar la ciudad y el Crucero Aurora, que participó en diversas guerras (Ruso-Japonesa, II Guerra Mundial) y donde se desenvolvió uno de los primeros incidentes de la Revolución de Octubre.
En las cercanías, no podemos dejar de visitar el Palacio de Peterhof, a 30 kilómetros, en el sur del Golfo de Finlandia, que forma parte del “Centro Histórico de San Petersburgo y conjuntos monumentales anexos”, calificados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1990.
Tildado como el “Versalles Ruso”, era la residencia principal de verano de los zares, y en su parque existen 150 fuentes y tres cascadas, gran número de estatuas, jardines, arboledas, láminas de agua con espectaculares chorros que se ponen en funcionamiento en diversos momentos del día, atrayendo a los curiosos por sus juegos espectaculares.

jueves, 3 de octubre de 2019


CALENTANDO MOTORES PARA 2020 

Estamos metidos en faena. Estos muy queridos proyectos colectivos -que tengo el honor y la satisfacción de coordinar- ya están en marcha. Y tendrán su andadura inicial en la primavera de 2020, para ir después “aireándose ibéricamente” durante todo el año.
El libro-homenaje a Manuel Pacheco, por el centenario de su nacimiento, que reunirá a críticos, analistas, creadores, compañeros y amigos de nuestro genial poeta, en unas páginas variadas y sustanciales que editará la Fundación Caja Badajoz, dentro de su colección de “Personajes singulares”. A partir de ahí, la Fundación seguirá profundizando en el homenaje con actos, presentaciones y exposiciones bibliográficas y materiales de diferente procedencia, como se informará oportunamente.
La Revista Transfronteriza O PELOURINHO (editada por la Diputación Provincial de Badajoz), que en su número 24, será un monográfico dedicado a los “Refugiados españoles en Portugal durante la Guerra Civil española e inmediata postguerra”, con aportación de reconocidos especialistas en este fenómeno de traumático dolor pero también de emocionante solidaridad raiana/rayana, que en Extremadura-Alentejo tuvo una incidencia especial.
La III Jornada de Fortificaciones Abaluartadas de Olivenza, dedicada en esta ocasión a los siglos XVIII y XIX, con especial incidencia en los cuarteles militares de la época, los puentes estratégicos rayanos y las rehabilitaciones del patrimonio histórico-artístico militar de nuestro entorno. Igualmente, contaremos con estudiosos reputados de un lado y otro de la Raia/Raya, y -como las anteriores- las Actas de las ponencias serán publicadas por la Asociación Cultural LIMBO (organizadora) y Ayuntamiento de Olivenza y Diputación de Badajoz (co-organizadoras y patrocinadoras).
Moisés Cayetano Rosado

martes, 1 de octubre de 2019

En CUADERNO DE BANCO. BADAJOZ.


ANOCHECER EN BADAJOZ
La tarde fue llenándose
de pinceladas grises,
como si fuera el cielo
un gran manto nevado de cenizas.
El sol se abría camino
languideciendo en su fatiga,
sin acertar a destacarse
entre el boscaje oscuro.
Pero de pronto, en un temblor final,
abrió sus venas, derramando
su belleza postrera por el río,
por la suave silueta de la ciudad vecina.
El cotidiano espectáculo
iba paralizando a caminantes
del diario paseo por entre puentes,
mientras los cormoranes se esforzaban
en buscar a la luna y su refugio.
Un silencio de alas desplegadas
se apoderó del agua enrojecida,
y apenas nos dio tiempo
de eliminar resuellos,
cuando definitivamente
la noche bajó el telón del espectáculo.
Moisés Cayetano Rosado


LATERAL DE LA PUERTA DEL AYUNTAMIENTO
Ahí, en los soportales,
he visto muchas veces el llanto, la tristeza.
Y aunque también el rebullir
de fiestas, cohetería, confetis, vocerío
mezclados con canciones y gritos de alegría,
abajo queda el poso de la urgencia,
el nerviosismo del que busca
                                                      alguna solución
para seguir acarreando el fardo de la vida.
¿Qué turno espera cada uno?
¿Acaso el banco, donde por un momento
se sientan a coger
resuello, les sirve de reposo y esperanza?
Todos cifran -rampa arriba-
su apuesta en una leve frase
que sirva para abrir
la espita de una luz.
A veces la llamada se produce
y el color de los pétalos inunda
el gris pulido del granito
donde se paran, pausados, a esperar.
Moisés Cayetano Rosado

sábado, 21 de septiembre de 2019



SÁBADO EN EL MERCADO MUNICIPAL DE ELVAS
Moisés Cayetano Rosado

Es sábado y, para los que vivimos en la Raya/Raia, resulta una ocasión propicia para “dar el salto”. Pequeño salto en la diluida frontera si partimos de Badajoz y nos dirigimos a Elvas, una de las ciudades con mayor, mejor y más acertadamente restaurado patrimonio monumental de la Península.
Apenas una docena de kilómetros (Badajoz “se pega” a la Raya como una lapa gigantesca) y ya estamos ante la silueta admirable del Forte de Santa Luzia, levantado a partir de 1640, cuando daba comienzo la Guerra de Restauração, que duraría 28 años, y por la que los Austrias procedentes de España perderían el Reino portugués a favor de la nueva dinastía de la Casa de Bragança. Vamos contemplando los agudos salientes de sus enormes baluartes, la puerta exterior, a nuestra izquierda, el camino cubierto, que llevaba a la ciudad.
Y ahí está Elvas, que en nuestro camino parece que se esconde tras sus glacis inmensos: da la sensación que tras estos notables terraplenes no haya ninguna otra defensa, pero si dejáramos el coche y nos fuéramos acercando podríamos admirar la inmensidad de sus escarpas, fosos, contraescarpas, revellines, baluartes… y tras ello las elevadas torres de sus iglesias y su Sé. Magnífico cinturón defensivo perfectamente “recorrible” como ruta senderista llena de belleza.
Más adelante, acercándonos ya a nuestro destino, el Acueducto de Amoreira, construido en el siglo XVI, una de las obras hidráulicas más majestuosas, grandiosas, de la Península; en el Valle de San Francisco -que vamos dejando a nuestra inmediata izquierda, según subimos hacia la Porta da Esquina- alcanza los 31 metros de altura, con cuatro órdenes de arcadas, más los arquillos superiores de la canalización. Esta monumental construcción de más de 8’5 kilómetros de longitud y 843 arcos forma parte del conjunto “Guarnición fronteriza y fortificaciones de la ciudad de Elvas”, Patrimonio de la Humanidad desde 2012.
Atravesamos bajo sus arcos y ya nos enfrentamos a la Porta exterior da Esquina, construida en el revellín de defensa exterior, con amplia curva de sólida estructura, tras la cual pasamos a la puerta interior, en el paño de muralla, para situarnos en el interior de la Plaza fuerte. Impenetrable doble defensa de notable grosor, amplios fosos, puente levadizo y profusión de cañoneras.
Ya estamos a punto de llegar al Mercado. Inmediatamente, dejamos a la izquierda el antiguo Quartel do Trem, construido entre 1694 y 1715, para fabricar, almacenar, preparar y reparar el armamento pesado y municiones militares. Hoy Escuela Superior Agraria, de extraordinaria fachada y portada monumental, tiene al lado mismo antiguas dependencias residenciales militares y detrás un admirable y gigantesco polvorín: el Paiol da Conceição, de la segunda mitad del siglo XVII, edificio circular con un radio de más de 7 metros, que merecería una visita, cuando terminemos la compra en el Mercado; desde allí, las vistas son inigualables para contemplar las fortificaciones elvenses y la campiña que se extiende al oeste. Enfrente al Cuartel está el antiguo Convento de São Paulo, de finales del siglo XVII-principios del siglo XVIII, de recio estilo barroco, hoy habilitado como hotel de lujo.
Un lugar espacioso para dejar el coche es la explana de los fosos a que se accede por la Poterna de S. Martinho, inmediata al anterior Quartel, y que es otro de los elementos de la fortificación primigenia, desde la que podremos nuevamente admirar todo el entorno exterior, en tanto dejamos el coche aparcado.
La vista del Forte da Graça, “donde culmina el arte de fortificar del siglo XVIII”, es sobrecogedora. Una maravilla si luce el sol, pero no menos atractiva si el día es de llovizna, como ocurre ahora, destacando la Casa del Gobernador, sobre el reducto central en el medio de esta maquinaria “escondida” en el glacis estrellado, dejándose apenas ver los edificios de residencia de oficiales y las garitas de vigilancia. Una vez más, si nos acercáramos, podríamos admirar la reciedumbre e inmensidad de sus completos elementos abaluartados, toda una lección de la mejor arquitectura militar de finales del siglo XVIII.
Y ya, saliendo de la poterna, o mejor, entrando por la poterna, llegamos al Mercado Municipal, cincuenta metros más arriba: antigua Casa das Barcas, pues el edificio construido entre 1703 y 1705, sirvió para construir y almacenar barcas con las que fabricar puentes con que atravesar los ríos Caia y Guadiana, en los enfrentamientos con España durante nuestra Guerra de Sucesión. Sus tres naves, con 24 columnas, sirven ahora para albergar el Mercado local, fundamentalmente sabatino, que constituye un lujo para la población y para los que tenemos la fortuna de acceder a él.
Esencialmente, la oferta es de producción local y comarcal, y no es malo iniciar el recorrido “fortaleciéndose” con unas “farturas” (churros de notable grosor), que se hacen allí, y que pueden tomarse con café en los puestos interiores.
Luego, el recorrido por los puestos nos tienta con su variada oferta: huevos de campo; verduras y frutas de las huertas cercanas; legumbres, patatas… de pequeños productores; quesos de oveja y cabra de los montes comarcales; aceite de un verdor “que alimenta”; pan artesano, dulces caseros; peces del barragem do Caia y otros -marítimos- llegados del lejano Peniche; flores de temprada… y también algunos tejidos ofrecidos por vendedores ambulantes.
Asombra la edad de algunos vendedores y vendedoras, que también son productores de lo que ofrecen. ¡Tan mayores y ahí, luchando por la vida! A veces, no hay el necesario relevo generacional y vemos -con el paso del tiempo- que algunos puestos van quedando vacíos…
Hay, en el Mercado, un bullicio como en sordina, y una elegancia general que fascina. Uno sale de allí compensado por la calidad de los productos y el señorío de los que te lo venden. Y vuelve de nuevo a recrearse con la monumentalidad de los cuarteles, las fortalezas, el acueducto incomparable… ¡No estaría mal tomarse algo de tiempo y entrar en la ciudad, una ciudad de palacios elegantes, de iglesias que son toda una lección de historia del arte gótico, renacentista, barroco, neoclásico…, de bellos jardines, plazas, fuentes, calles de artístico empedrado.
¡Sábado en el Mercado Municipal de Elvas, para saborear lo auténtico y perderse caminando por un legado histórico, artístico y monumental inigualable!