jueves, 2 de julio de 2026

ACTITUDES MILITARES. DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA A LA REVOLUÇÃO DOS CRAVOS.

(Breve capítulo de mi intervención que tendrá lugar en Serpa (día 3) y en Seixal (día 4), sobre la Guerra Civil española, comparando actitudes militares de España en dicha guerra y de Portugal en la Revolução dos Cravos)

Vaya una breve reflexión final sobre las actitudes militares en el proceso de la Guerra Civil española y de la Revolução dos Cravos, que en los objetivos planteados al iniciarse con sus respectivos golpes militares se mantuvo en el tiempo en ambos países.

En el caso español así fue durante los tres años de guerra e incluso tras la misma, por más de una década, con sistemática prosecución en su empeño de destruir al enemigo, al disidente, eliminarlo, borrarlo del propio suelo patrio, instaurando una dictadura presidida por el general Franco hasta su muerte el 20 de noviembre de 1975; la paradójica, grave y mortal acusación de “apoyo a la rebelión militar” para con los fieles con la República legalmente constituida fue un instrumento jurídico de condena inapelable.

En el caso portugués, en cambio, se dio paso al poder civil en poco más de un año, al convocar elecciones libres (celebradas al año exacto del golpe militar) para elegir a los diputados de la Asamblea Constituyente que aprobaría la Constitución democrática el 2 de abril de 1976, seguida de inmediato por elecciones legislativas y presidenciales, en tanto se depuraban responsabilidades políticas judicialmente, sin revanchas, e incluso con generosidad para los sustentadores de la dictadura salazarista-caetanista derrocada.

Es significativo leer la Introducción del Bando inicial del general Emilio Mola (el “director” del Levantamiento militar) de 19 de julio de 1936, que va a ser la tónica seguida por los demás generales golpistas en sus circunscripciones, y que será la norma seguida en el tiempo de la dictadura en sus primeros años de implantación:

El restablecimiento del principio de AUTORIDAD exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares, por la seriedad con que se impondrán y la rapidez con que se llevarán a cabo, sin titubeos ni vacilaciones.[1]

A ello hay que unir lo que ese mismo día dijo a los alcaldes de la provincia de Pamplona: Hay que sembrar el terror […] hay que dar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros. Nada de cobardías. Si vacilamos un momento y no procedemos con la máxima energía, no ganamos la partida. Todo aquel que ampare u oculte [a] un sujeto comunista o del Frente Popular será pasado por las armas.[2]

Esta contundencia beligerante, radical y destructora contrasta con lo que serían los numerosos comunicados de las Fuerzas Armadas de Portugal (redactados fundamentalmente por el capitán Vasco Lourenço y el mayor Otelo Saraiva de Carvallo, líderes del Movimiento) dirigidos al país en la noche del 24 de abril de 1974 y todo el día, que siguen la tónica de lo que fue el primero, emitido por radio algo antes de las cuatro de la madrugada:

 Aqui Posto de Comando do Movimento das Forças Armadas. As Forças Armadas Portuguesas apelam para todos os habitantes da cidade de Lisboa no sentido de recolherem a suas casas nas quais se devem conservar com a máxima calma.

Esperamos sinceramente que a gravidade da hora que vivemos não seja tristemente assinalada por qualquer acidente pessoal para o que apelamos para o bom senso dos comandos das forças militarizadas no sentido de serem evitados quaisquer confrontos com as Forças Armadas. Tal confronto, além de desnecessário, só poderá conduzir a sérios prejuízos individuais que enlutariam e criariam divisões entre os portugueses, o que há que evitar a todo o custo.

Não obstante a expressa preocupação de não fazer correr a mínima gota de sangue de qualquer português, apelamos para o espírito cívico e profissional da classe médica esperando a sua acorrência aos hospitais, a fim de prestar a sua eventual colaboração que se deseja, sinceramente, desnecessária.[3]

El contraste entre ambos comunicados, y consecuentes con ello de todo el proceso de represión en el primer caso y de “contención” en el segundo, es extraordinario.

Proceden ambas actitudes del estamento militar, de militares de carrera, si bien en el primer caso dirigidas por generales y en el segundo fundamentalmente por oficiales de rango medio (tenientes, capitanes, mayores y tenientes coroneles). Ambos salidos de unas misiones de servicio en zonas coloniales en conflicto: los primeros de las guerras sangrientas y prolongadas del Rif (Marruecos) de 1909 a 1927; los segundos de similares conflictos en Guinea, Angola y Mozambique, de 1961 a 1974. Se estima que los españoles perdieron en sus enfrentamientos 30.000 militares (de ellos, unos 11.000 en el “Desastre de Annual”, de 22 de julio a 9 de agosto de 1921); los portugueses, unos 10.000, aparte en ambos de los muchos miles de heridos de gravedad, amputados y mutilados de todo tipo.

El Ejército español en África (los llamados “africanistas”) nunca se rebelaron significativamente contra el poder político de la monarquía de Alfonso XIII, hasta el Golpe del general Miguel Primo de Rivera, en 1923, en que se conjuntaron la inestabilidad política, la corrupción endémica, la creciente agitación obrera y el desastre militar en el Rif: el rey no hizo más que confirmar en el poder al dictador, sin mayores conflictos.

El Ejército portugués en África estuvo en los primeros años de los levantamientos (hasta mediados de los años sesenta) al lado del Gobierno de Salazar, si bien con los años fue tomando conciencia (fundamentalmente los oficiales que luchaban sobre el terreno, especialmente tenientes y capitanes) de que estamos do lado errado[4]. Así, las conspiraciones para acabar con el estado em que chegámos (en palabras del capitão Salgueiro Maia, uno de los más significados oficiales) fueron madurando a finales de los años sesenta para cuajar en 1973, con múltiples reuniones clandestinas preparatorias, que desembocaron en la llamada Revolução dos Cravos del 25 de abril de 1974.

El golpe militar diseñado por el general Mola y que tuvo sus primeros ejecutores en él mismo desde Pamplona y otros generales, como Sanjurjo (exiliado en Portugal), Queipo de Llano desde Sevilla, Goded desde Barcelona, Fanjul desde Madrid, Cabanellas desde Zaragoza y Francisco Franco desde Canarias y norte de Marruecos, fracasó en más de la mitad del territorio nacional en los primeros días y meses del levantamiento, dando lugar a la Guerra Civil, con crueles y cruentos enfrentamientos de militares y civiles.

El golpe militar diseñado por el Movimento das Forças Armadas (MFA), de Portugal, integrado por varios cientos de jóvenes oficiales, triunfó desde el primer momento, adhiriéndose la población civil nada más comenzar la toma de posiciones en la Praça do Comercio de Lisboa, sede de los ministerios. La multitud civil siguió, protegió, secundó y ayudó a los militares en todo su recorrido hasta la sede de la Guardia Nacional Republicana, en el Largo do Carmo, del barrio alto (donde se ocultaba y fue apresado el Primer Ministro, Marcelo Caetano), pese a las recomendaciones de los comunicados de las Fuerzas Armadas pidiendo que se recluyeran en sus casas, para evitar derramamientos de sangre en posibles enfrentamientos. Estos enfrentamientos no pasaron de conatos en los alrededores de la Praça do Comercio, con triunfo de los ocupantes, comandados por el capitán Fernando Salgueiro Maia, vitoreado por los ciudadanos que los envolvían, repartiéndose finalmente claveles, que se colocaron en las bocas de los fusiles, tras una primera iniciativa de la empleada de una cafetería -Celeste Caeiro- que iban a decorar con ellos el local, por una celebración en el mismo.

O sea, en el primer caso constatamos la intencionalidad de reprimir ferozmente a la República legalmente constituida, a sus dirigentes, apoyantes y simpatizantes, para subvertir el orden establecido por la Constitución progresista de 1931, instaurando un régimen militar, tras cinco años de democracia; en el segundo, se trata de propiciar un cambio bajo tres postulados: descolonizar, democratizar y desarrollar el país (conocido como las “tres D” del Programa de las Fuerzas Armadas, coordinado por el mayor Ernesto Melo Antunes), dando paso a unas elecciones libres tras casi cincuenta años de dictadura.

Los militares sublevados en España abortaron una democracia progresista, reprimiendo con dureza a sus defensores y seguidores. Los militares sublevados en Portugal abortaron una dictadura de tendencias “fascistizantes”, devolviendo incruentamente la democracia de progreso.




[1] Diario de Navarra, 19 de julio de 1936.

[3] Textos históricos da Revolução. Diabril Editora. Lisboa, 1975. Pág. 29. https://www.marxists.org/portugues/tematica/livros/textos/texto-historicos-vol01.pdf

[4] CAYETANO ROSADO, Moisés: Salgueiro Maia. Das guerras em África à Revolução dos Cravos. Edições Colibri. Lisboa, 2024 (4ª edição)

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