LA ETERNA INCOMPRENSIÓN
Leo en el “muro de facebook” de mi admirada amiga, la “resistente portuguesa” -de amplia y acreditada trayectoria progresista, democrática, luchadora- Helena Pato, lo siguiente:
«Dos
Bidonvilles ao voto na Extrema-Direita».
«A Memória curta de uma Comunidade.
Nos anos 60 e 70, dezenas de milhares de portugueses fugiram da miséria, da
repressão política e da guerra colonial para buscar refúgio em França. Muitos
chegaram clandestinamente, atravessando os Pirenéus com uma mala de cartão e os
bolsos vazios. O destino? Os arredores de Paris. O acolhimento? Barracas de
zinco e madeira improvisadas nos chamados bidonvilles.
O mais conhecido, Champigny-sur-Marne, albergou mais de 15 mil portugueses
entre 1956 e 1973. Viviam sem água, sem esgoto, sem luz. Trabalhavam duro na
construção civil, nas limpezas, nas fábricas. Sofriam o desprezo das
autoridades e da população local. Eram tratados como “estrangeiros a mais”,
marginalizados, invisíveis. Mas havia solidariedade. A comunidade portuguesa
resistiu com força, fé e entreajuda. Padres operários, associações locais e
redes informais garantiram que, aos poucos, estas famílias fossem realojadas em
bairros sociais (HLM). Os filhos destes emigrantes estudaram, trabalharam,
prosperaram. Muitos tornaram-se taxistas, funcionários públicos, pequenos
empresários. A integração foi conquistada com suor, sacrifício e dignidade.
Hoje, vemos com perplexidade e tristeza que muitos desses
luso-descendentes, integrados e estabilizados, apoiam discursos xenófobos e
votam em partidos de extrema-direita.
“A história não serve para ser esquecida, mas para nos lembrar quem fomos —
e quem não devemos ser.” (Yves Léonard, historiador)
É um paradoxo amargo: aqueles que foram vítimas da exclusão repetem agora o
ciclo, apontando o dedo a outros imigrantes — africanos, muçulmanos,
refugiados. Como se tivessem esquecido que já foram “os outros”.
A história dos bidonvilles é uma lição que não pode ser apagada. Porque
recordar é resistir. É manter viva a empatia. É impedir que o passado se
repita, desta vez com os papéis trocados.
[Excerto de um post de Armando Reis, a quem agradecemos]
¡Cuánta similitud a lo
que nos aconteció a los españoles por las mismas fechas, por los mismos
destinos…! Me vienen, además, a la memoria los acontecimientos que tuvieron
lugar en México, destino (junto a Argentina, Cuba, Venezuela, etc.) de nuestra
emigración de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con la llegada
de los exiliados republicanos tras la Guerra Civil de 1936-1939, y que hemos
estudiado en un extenso trabajo publicado en la Revista de Estudios Extremeños
en 2007[1],
el ya fallecido y exiliado en México Antonio Rodríguez Rosa y yo mismo, del que
extraigo lo siguiente:
La emigración republicana española en México -la más
importante numéricamente del exilio republicano español- se inicia en 1939, en
el periodo del General Lázaro Cárdenas, bajo su patrocinio; sigue su desarrollo
en el del General M. Ávila Camacho y termina en el del Licenciado Miguel
Alemán, encauzándola con acierto y reafirmando así con ello su fe en los
destinos de los regímenes democráticos.
Pero estas hornadas de españoles derrotados por una
amalgama de intereses fascistas mundiales es muy diferente de otras
emigraciones que habían venido a México anteriormente, gente ruda que venía en
busca de fortuna, aconsejada por algún pariente, y a través de años de
sacrificio tras un mostrador de una tienda de abarrotes (ultramarinos) o
manejando brutalmente a los peones de las haciendas (cortijos) lograban hacer
unos pequeños ahorros, sacrificando el cine, el teatro o cualquier evento de
diversión, hasta lograr independizarse en el comercio o la industria, en casa
de alquiler, panaderías, hoteles, baños públicos o en el campo, en cuyas
actividades hacían brillantes fortunas a base de tremendas restricciones a su
espíritu y su salud, y explotando al máximo a sus trabajadores. Rechazaban a la
emigración republicana, a sus propios compatriotas, como si se tratara de una
masa extraña y enemiga, como seres indeseables.
El gran poeta, también exiliado en México, León
Felipe, lo expresaba así en su libro “El
español del éxodo y del llanto”:
“los viejos gachupines de América,
los españoles del éxodo de ayer
que hace cincuenta años
huisteis de aquella patria vieja para no
servir al Rey
y por no arar el feudo de un señor…
y ahora… nuevos ricos,
queréis hacer la patria nueva
con lo mismo,
con lo mismo
que ayer os expatrió…”.
¡Siempre
la historia repitiéndose, el egoísmo, la incomprensión, la insolidaridad, la
falta de empatía! ¡Y qué poco aprendemos de la historia!
MOISÉS CAYETANO ROSADO
[1] En “La
emigración republicana en México”, por ANTONIO RODRÍGUEZ ROSA y MOISÉS
CAYETANO ROSADO. Revista de Estudios
Extremeños. T. LXIII n. 3 2007 sept.-dic. Pág.
1152-1153.

Leído lo publicado Querido Moisés, llegó a la conclusión, de que no tenemos remedio.
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