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domingo, 13 de noviembre de 2016

SAN MARTINHO EN CASA DE ELIA Y ANTÓNIO GONÇALVES
He perdido la cuenta de los años que llevamos celebrando San Martinho en la Adega de Elia y António Gonçalves.
Cada 11 de noviembre, puntual a la cita, decenas de amigos (portugueses, españoles y de alguna que otra nacionalidad más), nos reunimos en torno al vino nuevo que produce anualmente nuestro amigo António, corriendo el blanco, el tinto y el bagaço por nuestras gargantas como una bendición del entrañable dios Baco.
Y en medio de las variadas viandas que unos y otros aportamos, entre las que destacan la buena cocina y la repostería sin rival de los alentejanos, surge el canto profundo de fados ancestrales, acompañados de guitarra, viola, acordeón, que llenan el ambiente de música y poesía de alta calidad.
A veces nos atrevemos a introducir algún poema, alguna canción extremeña, española en general, un ligero discurso, algún chascarrillo que distiende el ambiente, que con el fado se va haciendo solemne, nostálgico, subiendo a desgarrado. Pero se vuelve al lujo sin par de la canción portuguesa que tiene en nuestros amigos de Campo Maior y alrededores virtuosos sin cuento, que se van sucediendo en las intervenciones.
Alguna vez he hecho referencia a estos sucesos:
Nuestro buen amigo António Gonçalves y el extenso puñado de artistas que le rodean son asiduos de festivales y encuentros por nuestra geografía rayana, y siempre están dispuestos a compartir su emocionante, timbrada voz en reuniones de amigos, en acontecimientos sociales, culturales, cuando se lo solicitamos.
Es un honor volver siempre a la Adega, compartir el milagro renovado cada año del vino que renace, emocionarnos con la calidez y calidad de la voz de los fadistas, con el rasgar de sus guitarras, la dulzura del acordeón, en tanto damos cuenta del arroz com lebre, costelas de porco, chouriço, lingüiça, queijo, azeitonas… bolo de bolacha, pudim de ovos, pastéis de nata…
Queda siempre la amistad renovada, y las ganas de volver a un encuentro como éste, con San Martinho o sin él, con los amigos siempre, con la entrañable concurrencia llena de arte y bondadosa sencillez.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

viernes, 7 de agosto de 2015

Redondo y sus fantasiosas Ruas Floridas

Moisés Cayetano Rosado
Cuando vas acercándote a Redondo -desde Alandroal o Vila Viçosa al este, o Évora al oeste- ya ves en lo alto los restos de su castillo medieval, su torre del homenaje, que te guía hasta la base del promontorio en que se enclava.
La construcción del castillo tiene sus inicios en el reinado de D. Dinis, por el año 1319, aunque algunos investigadores discuten la fecha y la sitúan algunos años más tarde. El reducto es de modestas dimensiones, de planta ovalada, recorrido de suroeste a noreste por la Rua do Castelo, muy armoniosa y con varias puertas de casas enmarcadas por arcos góticos; a ella entramos por la Puerta del Sol (o del Postigo, que tiene al medio) en el ángulo poniente y salimos por la Puerta de Ravessa (localismo que significa “del promontorio”, “del montículo”) en el ángulo naciente. Al norte y al sur del trazado, quedan dos airosos torreones con amplia vista al territorio circundante.
En este pequeño espacio medieval destaca, en medio de su hermoso caserío, una interesante “olaría” (taller alfarero: el concelho tiene los más afamados talleres “de barro” de la región, y en el cercano Convento de Santo António da Piedade hay un Museo monográfico sobre esta artesanía) y una sorprendente Enoteca -local donde se sirve vino con pan alentejano, queso, embutidos y jamón de la zona-, instalada en  un antiguo granero público del siglo XVII, admirablemente restaurado.
Una vez recorrido este recinto, merece bajar por su caserío, de fachadas impolutas, blancas ribeteadas de añil, desde la inmediata Praça de D. Dinis (en la que se encuentra la Igreja Matriz, barroca, de finales del siglo XVI) hasta la Praça da República, en que se alza el monumental Palacio Municipal, y muy cerca el Museo Regional del Vino: no en vano Redondo es uno de los enclaves más apreciados del reputado vino alentejano.
Tiendas de artesanía, restaurantes de cartas y ambientación regionales, placitas, trama urbana de trazo rectilíneo, aunque tendiendo a embolsarse hacia el sur, hacia esta Praça da República, diáfana, hermosa y amplia, jalonan el recorrido
Y a cada dos años, en los impares, como ocurre ahora del día 1 al 9 de agosto, se desarrolla en este espacio y sus alrededores la fiesta de las “Ruas Floridas”, que ahora cumple su XIV edición.
Más de quince toneladas de papel y más de noventa toneladas de madera y varias también de cola de pegar  fueron utilizadas para engalanar cuarenta y una calles, en un trabajo realizado por la propia población, con una dedicación voluntarista admirable.
Cada una de las calles recrea un motivo diferente, que van desde los más locales: Tapetes de Arraiolos, a los regionales: el Plato Alentejano, los nacionales: Sardinas Portuguesas, o de otras partes del mundo: Patio Sevillano, motivos de Marruecos, así como recreación de cuentos, leyendas, tradiciones, oficios, costumbres, vestimentas, paisajes, etc.
Toda una explosión de luces, colores, formas, en que el papel, el cartón, la madera, sabiamente combinados, ensamblados, pegados, obran el milagro de trasladarnos desde un mundo fantástico a una realidad interpretada con acierto, cubriendo suelos, paredes, elevándose por encima de nuestras cabezas, cubriendo fachadas, calles, plazas…
Completan el variado espectáculo vital continuas actuaciones musicales y la oferta variada de bares, restaurantes, parrilladas al aire libre, muestras de artesanía, con que atraer a un público que trasciende cada vez más lo local y regional, para adquirir importancia nacional y transfronteriza.

¡Magnífica explosión de luz y de color en una población cuyo patrimonio urbano ya de por sí es un atractivo suficiente! Buen lugar para disfrutar de algo ciertamente original, que dentro de unas semanas tendrá otra versión, otra prueba de imaginación y calidad en un punto cercano: las Festa do Povo de Campo Maior, que este año (la periodicidad la decide el propio pueblo campomaiorense) tendrán lugar entre el 22 y el 30 de agosto, y a la que deberemos prestar la atención que se merece.

domingo, 2 de febrero de 2014

LA MAGIA DEL FADO EN CAMPO MAIOR

En diversas ocasiones ha salido el nombre, el sentir, el latir intenso del fado en estas páginas (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2012/05/fados-de-carlos-saura-por-moises.html)(http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2013/12/fados-por-sanmartinho-con-antonio.html). Fado que me transporta con su magia al mundo insondable del alma portuguesa, tan poética, tan sentida, tan firmemente humanizada.
Y cada vez que puedo vuelvo al altar de su presencia, como rito que obra el milagro de reconciliarnos con el hombre y el mundo, mostrando la grandeza que obra desde su tierna, conmovedora humildad, rico tesoro sin precio que lo pague.
¡Cómo no disfrutar y sentir lo sublime con estos “fadistas amadores” que el 1 de febrero actuaron para más de 200 personas en el Salón-Restaurante del Rancho Folclorico e Etnografico de Campo Maior! Acompañados de un jantar delicioso (¡ah!, esas inigualables soupas alentejanas, sus asados tan acertadamente sazonados, esas esparragadas, sus postres y sus vinos…), la desgarrada, intensa voz de António Gonçalves, la potente y alegre de Elena Brita, la cálida, arropadora de Joele Moriano, la nostálgica, dulce de Ana Catarina Morcela, la alegre, fuerte de Nelson Cardoso, lujosa, elegantísima de Tina Morcela… nos demostraron lo bien justificado de la elevación del fado a Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Bien arropados a la guitarra portuguesa por Nuno Cirilo y a la viola por Alexandre Gomes, cuyas guitarradas fueron extraordinarias -y brillantemente presentados por Ana Isabel-, los artistas nos hicieron disfrutar, emocionarnos, alegrarnos también, pues entre los mensajes de tristeza que acompañan generalmente al fado se muestra al mismo tiempo la férrea alegría de vivir.
Noite de fados para no olvidar y repetir. Magia en Campo Maior tantas veces capital de fadistas y de amantes de este arte profundo, universal.

Moisés Cayetano Rosado

Fados en Campo Maior 1 de febrero de 2014

martes, 11 de diciembre de 2012


FLAMENCO-TANGO-FADO
Fado en la adega de mi amigo António Gonçalves. Campo Maior.
Por Moisés Cayetano Rosado
He vuelto a ver, seguidas, las tres películas que dirigió Carlos Saura, regalándonos el espectáculo del profundo sentimiento de nuestra alma universal. “Flamenco” (1995), “Tango” (1998) y “Fados” (2011) son tres films que nos sumergen en la esencia de unos pueblos sufrientes, que han conseguido que sus versos, su música, de desgarrada soledad, de nostalgia y añoranza, de taberna humilde, de desarraigo y frustración, de sueños esfumados… hayan conseguido elevarse a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La UNESCO así lo reconoció en 1999 para el cadencioso, soñador canto porteño, en el que lo autóctono se enriqueció con la aportación de nuestros emigrantes europeos, llegados en masa a finales del siglo XIX y principios del XX, principalmente desde Italia y España. En 2010 le llegó la nominación al flamenco, que se desarrolló en Andalucía como una muestra de su creatividad surgida desde el dolor y la protesta intensa que brota desgarrada como un torrente desbocado. Un año después sería el fado quien lograra el galardón, este emotivo canto tan profundo, tan íntimo, conmovedor en la elegancia de Coimbra y dulce, poético, en los barrios populares de Lisboa.
En este blog ya abordé recientemente el tema, a propósito de “Fados”:
Ahora vuelvo brevemente para  recomendarlas otra vez, y para reafirmar mi cercanía a estas tres manifestaciones del genio universal, elevadas a esta categoría desde su enraizamiento localista. Porque el tango se pega como lapa a las tugurios del puerto de Buenos Aires; el flamenco a los patios de nuestros pueblos del sur, y el fado a las casas humildes de Lisboa, a los rincones de las calles del casco viejo de Coimbra. Y desde allí se extienden a sus países respectivos, y crecen, dan la vuelta al mundo, girando en rotación con él, y en traslación al infinito.
¡Cómo viví de niño el flamenco, de joven el tango y de mayor el fado! Tenerlos ahora unidos a los tres, gracias a la labor documental, cinematográfica de Carlos Saura, es reunir el hilo de toda una vida, nuestras vidas al fin, en una sola tarde de sueños y misterios.