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sábado, 12 de junio de 2021

 CONVENTO DE JESUS: UNA MAGNÍFICA JOYA EN EL TESORO QUE ES SETÚBAL

Moisés Cayetano Rosado

Ya sabía, cuando visité por primera vez la Igreja do Convento de Jesus de Setúbal, que iba a contemplar el monumento que sirvió de inspiración para la construcción interior de la admirable Iglesia de la Magdalena, de Olivenza. Fray Henrique de Coimbra, confesor del rey D. Manuel, nombrado obispo de Ceuta en 1506, había fijado su residencia en Olivenza (tierras del obispado de la ciudad norteafricana), tras pasar algún tiempo como confesor de las clarisas en el Convento de Jesús, del que admiraba su construcción tardo-gótica/manuelina, e impulsó esta monumental construcción.

Varias veces he vuelto a visitarla hasta que hace unos años acotaron el espacio entorno a ella para realizar una profunda restauración, aplicada fundamentalmente al Convento, cerrado al público y que nunca pude ver.

                         Esta envidiable población marinera que es Setúbal estuvo privada por un largo período de uno de sus principales atractivos, aunque siempre era y es más que digna de visitar: por su Mercado do Livramento, uno de los más bonitos del mundo; por su Forte de S. Felipe, construcción renacentista de soberbio porte y admirable presencia en alto desde el que admirar la península de Troya; por sus playas y paseo marítimo; por su hermoso Casco Antiguo, de rico patrimonio arqueológico, civil y religioso; por su apetitosa cocina de pescado y mariscos… ¡Por tantas cosas más!

De nuevo ha reabierto al público (ya hace unos meses, en octubre de 2020, pero con las restricciones de la pandemia, como si fuera ahora), y no solamente nos ofrece el regalo de su explana exterior (con cruz al medio, de primera mitad del S. XVI, sobre columna y gradas) y el templo tantas veces admirado, sino que su Convento se presenta al visitante con todo su esplendor y un apreciable Museo en el interior.

El conjunto fue fundado hacia 1490, entonces a extramuros de la ciudad, encomendándole el rey D. Juan II de Portugal la construcción al arquitecto Diogo de Boitaca, que ahí comenzó sus trabajos en Portugal, siendo muy activo durante el reinado de D. Manuel, bajo cuyo reinado terminó la construcción.

La Iglesia (como la cruz exterior y buena parte de convento) tiene la particularidad de estar construida en cuanto a su portada y ventanal tardo-góticos, sus comunas interiores torcidas como soga marinera y bóveda de crucería y estrellada en el ábside, en piedra de la Serra de Arrábida: “brecha Arrábida”, una durísima piedra sedimentaria, conglomerado calizo y arenisco multicolor de gran dureza, que se asemeja al mármol, de una belleza única, rarísima en la naturaleza.

Exteriormente, la Iglesia parece una fortaleza, con recios contrafuertes rematados en pináculos, crestería superior y ábside poligonal más elevado, con los mismos elementos de sustentación y ornato. La portada, de arquivoltas apuntadas, presenta nichos vacíos para colocación de estatuas que, al parecer, nunca llegaron a instalarse. Las letras, en piedra, alfa y omega, decoran el tímpano. Un grueso parteluz divide la entrada en dos arcos compuestos gemelos.



El interior está distribuido entre una amplia nave y dos pasillos laterales, dividiéndolos columnas torcidas, tipo salomónico, muy airosas, pese a su grosor y altura, sosteniendo bóvedas de crucería ojivales en el centro y de cañón en los laterales. En las paredes laterales hay una hermosa azulejería de los siglos XVII y XVIII, con escenas de la vida de la Virgen, en colores azul y blanco, y ribetes dorados encuadrando los episodios, de leyendas latinas. La majestuosidad del altar, con su amplia bóveda estrellada, azulejos geométricos blancos y azules culminan el monumental conjunto.


El convento, de dos pisos, tiene un claustro que es todo un “festival de piedra de Arrábida”
, de brecha endurecida tras elevarse del mar en la sierra frondosa de los alrededores. Sobre fustes cilíndricos, con basa y capitel de reminiscencias dóricas, se alzan arcos ojivales, mostrando al interior un amplio espacio abierto, con fuente central y lavatorio monumental esquinado, existiendo una generosa profusión de rostros labrados en la piedra, en esquinas y gárgolas.


Ya en el piso superior, se encuentra un amplio museo de arte sacro
, en el que destacan pinturas renacentistas y barrocas de gran calidad, y especialmente, en el amplio coro, la sillería central, el revestimiento de azulejos geométricos en las paredes, y las columnas y arcadas de medio punto policromadas. Pero más especialmente, su amplio relicario, de diversos santos y santas, cubriendo la pared que da desde el coro a la iglesia, a ambos lados de los ventanales cerrados y cubiertos por retratos de religiosos y religiosas, con sus hábitos y símbolos distintivos.


Y como elementos curioso y asombroso, a la izquierda de la entrada a este coro, la momia yacente en ataúd de chapa y vidrio de una niña de entre 18 y 24 meses de edad, hija de D. Jorge de Lencastre (1481-155), Maestre de la Orden de Santiago, hijo ilegítimo del rey D. João II.

Variedad de gustos, estilos y concepciones, pureza en el arte de arranque de la Edad Moderna, que no solamente es de lo más valioso de esta ciudad-tesoro, sino toque inicial, referencia universal del patrimonio artístico manuelino. Hay que verlo, volver de nuevo una y otra vez, saborearlo en directo, para poder apreciarlo en todo su valor.

miércoles, 6 de julio de 2016

DE CASTELO BRANCO A PUEBLA DE SANABRIA Y REGRESO (y V)
Castelo de Trancoso
DE TRANCOSO A LINHARES, RECALANDO EN CELORICO DA BEIRA
Moisés Cayetano Rosado

Tras visitar los grabados rupestres de Foz Côa y Siega Verde, nos “adelantamos” unos cuantos milenios para recalar en la Baja Edad Media que representa toda la Serra da Estrela (ese Parque Natural de impresionante valle glaciar), donde esta vez solo toca “rozarla por el norte”, bajando desde Trancoso a Linhares, una de las poblaciones más deliciosas de la Serra, y donde nos recomiendan que después volvamos sobre nuestros pasos para no perdernos Celorico da Beira, que parece (¡solo parece!) un pariente pobre del rico tesoro asentado en el profundo meandro del Mondego, ribete azulado del Parque Natural.
Trancoso es la población donde se casaron el rey D. Dinis y doña Isabel de Aragón en 1282. Y también la “Tierra de Bandarra”, Gonçalo Anes, un zapatero, trovador y profeta, perseguido por la Inquisición, por sus profecías mesiánicas, muy seguidas por el pueblo.
Pero lo que más me admira de la población es su núcleo amurallado, levantado en los reinados de D. Afonso III y D. Dinis, y perfeccionado bajo D. Fernando: de mediados del siglo XIII a finales del XIV, conservándose en casi su totalidad. Dentro de él, en su extremo nororiental, se encuentra el castillo, recinto almendrado, con cinco torres de planta cuadrangular, inmenso torreón de entrada y una espléndida Torre del Homenaje, de silueta tronco-piramidal y planta cuadrada, a la que accedemos por puente colgado a media altura.
Igreja de S. Pedro y Pelourinho manuelino de Trancoso
El casco histórico es una delicia por su traza urbana laberíntica, sus casas de sillería y sillarejo granítico y el empedrado de sus calles, muchas de las cuales repletas en sus laterales de hortensias que arrancan del encuentro de las fachadas y el suelo. En el centro tenemos la Igreja Matriz de S. Pedro -de finales del siglo XV-  y un esbelto pelourino manuelino, rematado “por uma gaiola, onde sobressaem os oito colunelos laterais, ornados com anéis e meias-esferas, e o coroamento com esfera armilar, sobrepujada por uma cruz em ferro”, como reza su cartel indicador.
Castelo de Linhares
De allí a Linhares, carretera con buenas panorámicas, que se adensa en bosque frondoso conforme nos adentramos en la Serra da Estrela. Linhares tiene una calzada romana de más de un kilómetro y un castillo que parece serpentear por lo alto de la elevación granítica en que se ubica: Torre de Homenaje, alto torreón defensivo y gran espacio de abrigo para la población, con puerta de entrada ojival, conforman la fortaleza altomedieval, a cuyos pies se extiende la vila, “detenida en el tiempo”, con su profusión de granito en paredes y suelos, calles quebradas y en tramos cubiertas.
Callejuela de Linhares da Beira
La Igreja Matriz data de la Plena Edad Media, aunque remodelada en los siglos XVII y XVIII, con interior de retablos manieristas. También tiene pelourinho del reinado de D. Manuel, época de mayor prosperidad de la zona, lo que se refleja en su urbanismo y construcciones.
Pero allí nos recomiendan volver hacia el norte, para visitar Celorico da Beira, ¡y comer en uno de sus restaurantes su arroz de pato delicioso! Nos indican “O Botas”, casero, apetitoso, económico, donde atienden con rapidez y simpatía, siempre te invitan a que repitas más de lo que pides (¡por el mismo precio!), y además de pato, preparan con maestría cabrito, borrego, trutas, bacalhau, y no digamos las sopas serranas, quesos “de untar” (los queijos de Celorico tienen fama de ser los mejores del país) y sobremesas caseras deliciosas.

Celorico da Beira
Castelo de Celorico da Beira
Su castillo del siglo X conserva un enorme torreón (no está claro que fuese en su día la Torre del Homenaje), a cuya entrada elevada se accede por escalera desmontable, y alterna en su recinto los elementos románicos con los góticos. También destaca en la población su Igreja de Santa Maria, de portada renacentista y capilla mayor y sacristía barrocas. Y ¡cómo no!, sus muchos pequeños comercios donde te ofrecen su irresistible queijo da Serra, buena alternativa al souvenir turístico con que a veces cargamos y que llegados a destino se arrincona. ¡Muy al contrario en este caso “tan apetitoso”!

viernes, 23 de octubre de 2015

Del castelo de Almourol a Peniche, pasando por Tomar, Batalha, Alcobaça, Nazaré y Óbidos (I)
ALMOUROL Y TOMAR: EL DOMINIO TEMPLARIO
Castelo de Almourol
Moisés Cayetano Rosado
Quizás lo que más me haya atraído siempre del Castelo de Almourol es su soberbia presencia en medio del río Tajo, en esa islita que parece que ha sido hecha para él. Entregado a los Templarios a mediados del siglo XII, fue reedificado por ellos, que lo terminaron en 1171, con nueve torres circulares perimetrales y una magnífica Torre del Homenaje en su centro.
Accedemos al monumento en una barquita que nos hace sentirnos conquistadores en los pocos metros que lo separan de la orilla. Subimos por el montículo que le sirve de base como unos guerreros esforzados, que van a ser recompensado por un interior recio y monumental, de unas vistas sobrecogedoras al entorno, con sensación de riesgo y de vacío desde su corona almenada, de triple barrera: torre, adarve y barbacana.
A pocos kilómetros, hacia el noroeste, llegamos a Tomar. De nuevo, la huella templaria nos espera en la ciudad (esa extraordinaria Igreja de Santa Maria dos Olivais, primera sede de la Orden del Templo, reconstruida por el Gran Maestre Gualdim Pais en el siglo XII, con posteriores añadidos manuelinos), pero especialmente en su Castelo, enclavado en lo más alto del territorio. Gualdim Pais inició su construcción en 1160, con modelo similar al de Almourol, pero magnificado; el alambor que lo rodea es de unas dimensiones colosales, constituyendo un declive defensivo de extraordinaria eficacia tanto para dificultar el ataque como para evitar la acumulación en rampa de materiales en caso de derribo de la muralla, al hacerlos resbalar a lo lejos.
Y allí, dentro de los cuarenta mil metros cuadrados de su amurallamiento, está el Convento de Cristo, un libro abierto, una lección completa de los estilos artísticos románico, gótico, manuelino, renacimiento, manierismo y barroco.
Lo primero que nos impresiona es la monumental Charola Templaria, de traza románica, en planta central, rememorando al Santo Sepulcro de Jerusalén, a cuyos pies se edificaría la iglesia del siglo XVI. Entre el castillo y la charola tenemos dos hermosos claustros mandados edificar por el Infante D. Henrique. En el extremo opuesto, a los pies del templo, otros cinco claustros más completan el conjunto, enlazando con el del extremo sur (Claustro dos Corvos) un acueducto del siglo XVI con 6 kilómetros de largo.
De especial belleza es el Claustro de D. João III, colosal obra del renacimiento, llevada a cabo por el arquitecto Diogo de Torralva.
Pero lo más visitado, contemplado, admirado y fotografiado de todo este laberinto de bellezas es la exuberante “Janela” manuelina, todo un alarde de ornamentación y simbolismo, brillante alegoría de los descubrimientos portugueses, de sus conquistas y aventuras por el mar.

La Orden de Cristo, sucesora y heredera de los Templarios en Portugal, alcanza en este convento la más alta expresión de su poder y su grandeza artística, obteniendo con toda justicia la calificación de Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1984.
Moisés Cayetano Rosado

viernes, 2 de enero de 2015

NUEVAS APORTACIONES: PORTA DO NÓ Y PORTA DOS NÓS EN VILA VIÇOSA
Dibujo del rey D. Luis
Terminamos 2014 con el tema (abierto) de  la Porta dos Nós y la Porta do Nó de Vila Viçosa y comenzamos 2015 con reflexiones sobre ello, también abiertas, sobre un tema curioso, interesante y grato en que, como siempre, se agradecen aportaciones…
Moisés Cayetano Rosado

Dentro del riquísimo patrimonio monumental de Vila Viçosa (que se proyecta candidatar a Patrimonio de la Humanidad), siempre hemos admirado la PORTA DOS NÓS (Puerta de los Nudos, de los entrelazados, cordones y ataduras). Magnífico ejemplar de estilo manuelino, del siglo XVI, que nos queda a la derecha conforme entramos en la población, procedentes de Borba (entrada lateral del Palacio Ducal). Representa el poder de la Casa de Bragança, en su extraordinaria robustez, con un espléndido nudo en lo alto y cuatro anillos/cordones laterales.
El rey D. Luis -artista consumado-  hizo en 1885 un notable dibujo de la misma, recreando lo que fue la divisa de D. Jaime I (1479-1532), 4º duque de Bragança, y que está presente en dicha puerta: Cordas com nós, como “Cuerpo de Divisa”, que en cuanto al “Alma de la Divisa” sería: Depois de Vós, Nós, en referencia al abolengo de la Casa de Bragança, siguiente en importancia tras la Casa Real reinante. Con ello, la palabra Nós queda encuadrada como “Nudos” (enlaces, uniones) y como “Nosotros” (la dinastía que iba a reinar tras la Guerra de Restauração).
Pero existe también una PORTA DO NÓ (Puerta del Nudo, de la ligazón, de la atadura), especie de arco triunfal construido en 1654 para sustituir a otra anterior más humilde, que había estado en la Cerca Nova (la muralla que rodeaba a la población extramuros de la medieval), y que en 1939 fue reinstalada casi enfrente de la anterior. Recibe este nombre porque se construyó para conmemorar la "liberación del yugo, del nudo, con España" a raíz de la Guerra de Restauração. Es una exaltación de don João IV, como tal liberador “del nudo opresor”, al tiempo que un homenaje a la Inmaculada Concepción como “Padroeira” de Portugal.
Precisamente en una inscripción situada a la izquierda del arco de medio punto que la conforma leemos el genitivo latino NODURUM acompañado de FATALIS: “de los lamentables nudos”, para de inmediato indicar: JOANNES IV NODO HESPERIAE LIBERAT: “João IV corta al nudo de España”. Y a la derecha del arco, el acusativo latino NODUM, antecedido de SOLVIT: “desató el nudo”, “libró de la atadura (del yugo)”. Una consciente insistencia en la tarea gloriosa de la “Restauração”.
Nudo, en definitiva, material, físico, iconográfico, en el primer caso (además de simbólico), y claramente alegórico en el segundo, de lo que mucho he hablado con mi buen amigo y gran conocedor de todo lo que a Vila Viçosa hace referencia, Luis Martins, que defiende para la primera puerta el nombre de PORTA DO NÓ (es verdad que tiene un solo nudo como tal) y para la segunda PORTA DOS NÓS (ataduras que se lograron deshacer).

Ambas puertas, en mármol de la zona, son dos magníficos ejemplares renacentista y barroco respectivamente, que representan un pórtico magnífico para una población que es todo historia, arte y monumentalidad. Visitar después su recinto medieval, su castillo artillado renacentista, sus tenazas de la Edad Moderna, su Palacio Ducal, múltiples iglesias, conventos, casonas señoriales, acueductos, campos frondosos de los alrededores, constituyen una experiencia que invita siempre a repetir.

domingo, 28 de diciembre de 2014

PORTA DO NÓ Y PORTA DOS NÓS EN VILA VIÇOSA

Dentro del riquísimo patrimonio monumental de Vila Viçosa, siempre hemos admirado la PORTA DOS NÓS (Puerta de los Nudos, de los entrelazados, cordones y ataduras). Magnífico ejemplar de estilo manuelino, del siglo XVI, que nos queda a la derecha conforme entramos en la población, procedentes de Borba (entrada lateral del Palacio Ducal). Representa el poder de la Casa de Bragança, en su extraordinaria robustez.
Pero existe también una PORTA DO NÓ (Puerta del Nudo), de mediados del siglo  XVII, que había estado en la Cerca Nova (la muralla que rodeaba a la población extramuros de la medieval), y que en 1939 fue reinstalada casi enfrente de la anterior. Recibe este nombre porque fue construida para conmemorar la "liberación del yugo, del nudo, con España" a raíz de la Guerra de Restauração. Es una exaltación de don João IV, como tal liberador “del nudo opresor”, y un homenaje a la Inmaculada Concepción como “Padroeira” de Portugal.
Vista de la fortificación medieval desde el cerro de São Bento, donde hubo un Fuerte
abaluartado que sería demolido en 1664 por el peligro para la población si era tomado por el enemigo.
Ambas puertas, en mármol de la zona, son dos magníficos ejemplares renacentista y barroco respectivamente, que representan un pórtico extraordinario para una población que es todo historia, arte y monumentalidad. Visitar después su recinto medieval, su castillo renacentista, sus tenazas de la Edad Moderna, su Palacio Ducal, múltiples iglesias, conventos, casonas señoriales, campos frondosos de los alrededores, constituyen una experiencia que invita siempre a repetir.

Moisés Cayetano Rosado
P.D.- Nuestro buen amigo Luis Martins -tan buen conocedor del patrimonio de Vila Viçosa-, que tanto me ha hablado de estas dos puertas, sostiene que las indicaciones están equivocadas, puesto que la llamada PORTA DOS NÓS tiene un único nudo, y en cambio en la llamada PORTA DO NÓ hay una leyenda a la izquierda, sobre el arco de medio punto, que indica: "HAEC EST FATALIS NODORUM PORTA", indicando por tanto en plural: "DE LOS NUDOS". Obrigado, Luis.