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martes, 15 de septiembre de 2015

DE TUY A VALENÇA DO MINHO: MONUMENTAL ENTRADA A PORTUGAL
Livro das Fortalezas. de Duarte de Armas. Valença y Tui.
Moisés Cayetano Rosado
¡Qué peligroso recorrido a lo largo de la historia el que nos lleva desde Galicia a Portugal, atravesando el Miño! Extraordinario corredor que, especialmente en la Edad Moderna, sería como punta de flecha que atraviesa el solar lusitano por el norte, como la línea Ciudad Rodrigo-Almeida lo sería más abajo, o Badajoz-Elvas un poco más al sur.
No es de extrañar, entonces, que en ese gran cabezo en que se alza Valença do Minho se encuentre una de las tres fortificaciones más portentosas de la Raia/Raya. Las otras dos son las que corresponden a las poblaciones portuguesas más atrás mencionadas.
Valença presenta una doble fortaleza, unidas por la Porta do Meio. Hacia Tuy, se alarga la Fortificación Magistral (o de la Vila Velha) con siete baluartes y unos glacis de enorme inclinación, que constituye el recinto abaluartado levantado envolviendo la antigua población medieval. Hacia el interior portugués (al sur), presenta una Obra Coroada -creada para reforzar la defensa de la villa en un padrastro peligroso de ser ocupado por el enemigo -de tres baluartes y dos medios baluartes.
En el proyecto de Manuel Pinto Villalobos, de 1691, la Obra Coroada aparece sin caserío, como obra nueva creada ex profeso para la defensa; la primitiva población medieval está rodeada por cuatro baluartes y un semibaluarte, más otra Obra Coroada -de tres baluartes- orientada hacia la anterior, también sin caserío.  Ya en el plano de Gonzalo Luis da Silva Brandão, de 1758, la Obra Coroada del sur se presenta como en la actualidad se conserva (idéntico al que presenta Villalobos), y la que prolonga a la envolvente del recinto antiguo se diseña formando con dicha envolvente un “todo”, de siete baluartes (uno es, en realidad, semibaluarte): ahora todo el conjunto está urbanizado, si bien en la Obra Coroada predominan los espacios libres (que en buena parte así permanecen). Similar es el plano de Champalimaud de Nussane, de 1766. Y similar es la planta que nos ha sido legada y que está en óptimas condiciones de recuperación y revitalización.
Y ese interior nos recuerda lo que fue hace pocos años Elvas: ciudad de múltiples comercios detallistas, primorosamente ambientados para satisfacer todos los gustos de los turistas que complementan la visita monumental con compras de recuerdos. Sus calles estrechas y empedradas, iglesias, casas señoriales, plazas, etc. nos presentan una población acogedora, tranquila y rica en patrimonio urbano monumental.
Con todo, lo más impresionante es la fortificación abaluartada, los recios baluartes, amplios revellines, puertas monumentales, profundos fosos y glacis despejados. Desde ella, la vista del entorno es espectacular, especialmente hacia el norte, por donde discurre el Miño y se encuentra la vecina Tuy, con la que hoy día forma una hermanada eurociudad.
La fortaleza consiguió resistir las incursiones del comienzo de la Guerra de Restauração (1643), si bien cayó en manos españolas en 1654, aunque enseguida sería recuperada, reforzándose la construcción, que se culmina en 1713.
Valença desde la catedral de Tuy
Durante las Guerras Napoleónicas sería tomada por las tropas del comandante general francés Jean de Dieu Soult (1809), y de nuevo cobrará protagonismo durante las Guerras Liberales de Portugal (1828-1834). Todo ello redundará en la actuación de refuerzo y recomposición de las murallas, que actualmente, tras una reciente rehabilitación, le han otorgado una grandeza extraordinaria.
Vista de Tuy desde una cañonera de Valença
Desde allí, la vista de Tuy resulta admirable. A la otra orilla del Miño, la ciudad española tiene el aire medieval que el ser un lugar clave de la ruta jacobea le fue dando. Se conservan especialmente numerosas edificaciones de los siglos XV y XVI, blasonadas y con arcos conopiales, así como parte de sus murallas, pero la “joya de la corona” es su Catedral de Santa María.
Su construcción tuvo inicio en 1120 y se finalizó sesenta años después. Esto hace que la composición sea puramente románica, si bien tuvo reformas posteriores, como es el caso de la fachada principal, ya de principios del siglo XIII, como ocurre con el claustro, magnífico ejemplo de gótico cisterciense. El complejo escultórico de su entrada, de un gótico inicial, con cierta rigidez compositiva, está considerada el primer conjunto escultórico gótico de la Península ibérica.
Sus coronamientos almenados y la estructura compacta, de escasa aberturas, nos sitúan ante una catedral-fortaleza, edificio religioso y al mismo tiempo defensivo, como corresponde a su situación geoestratégica. Desde la terraza de su claustro, la vista de la Fortificación Magistral y parte de la Obra Coroada de Valença do Minho es estratégicamente extraordinaria.
Alrededor de su plaza -amplia, despejada-, se extiende un callejero laberíntico, cuya traza delata su pasado medieval, con restos de paños de sus antiguas murallas.
La fortificación abaluartada, que ampliaba hacia el norte su recinto medieval, se nos muestra en el Proyecto del Conde de Humanes, de 1670, con tres baluartes completos y cuatro semibaluartes que protegen todo el espacio que no linda con el río Miño (barrera natural). Parecida composición tenemos en plano anónimo de 1730, si bien con el añadido de dos defensas exteriores (un talud y un revellín) hacia el norte, en los paños de murallas comprendidos entre un baluarte y dos semibaluartes que lo flanquean, a orillas el último del Miño.

En el plano de Miguel de Hermosilla, de 1777, se nos muestra el denso caserío del antiguo recinto medieval, que contrasta con la ligera ocupación del resto del espacio protegido por la fortificación abaluartada, donde existen espacios libres, de labor y arbolado. Algo que persiste en el plano de Francisco Coello, de 1856, en que el recinto abaluartado aún se muestra completo, quedando rebasado por la expansión urbana, formándose arrabales por todas las direcciones (menos en el este, lógicamente, por la barrera del río).

jueves, 26 de junio de 2014

LA TOMA DE TERRITORIOS EXTREMEÑO-ALENTEJANOS Y EL FRACASO EN BADAJOZ DE GERALDO SEM PAVOR
MOISÉS CAYETANO ROSADO
En Badajoz, la ciudad más poblada de Extremadura, como en Évora, la mayor de nuestro vecino Alentejo, tenemos un personaje que en la lejana Edad Media efectuó sus correrías, como por gran parte de nuestras dos regiones. En el caso de Évora, con un triunfo definitivo contra los musulmanes, incorporándola al recién fundado Reino de Portugal; en el caso de Badajoz, con un fracaso estrepitoso, que supuso la no incorporación a su Corona de nuestra ciudad y de buena parte de los territorios extremeños.
Vamos, por ello, a aproximarnos sucintamente al conocimiento de este personaje y de sus correrías por nuestras dos regiones, hasta su definitivo apartamiento.
GERALDO EN EL TERRITORIO EXTREMEÑO-ALENTEJANO.
Geraldo era un caballero portugués que nació alrededor de 1132 y estuvo al servicio de D. Afonso Henriques, primer rey de Portugal, con el que tuvo unas iniciales desavenencias que se esforzó en limar conquistando para D. Afonso importantes territorios -aunque algunos efímeramente o incluso de forma simbólica- como: Serpa, Moura, Monsaraz, Évora y Juromenha en Portugal, y Trujillo, Santa Cruz de la Sierra, Cáceres, Montánchez, Lobón y Badajoz, en España.
La “Chrónica Gothorum” se refiere a sus tropas como bando de ladrões, que fazia a guerra por conta própia y Giraldo cognominato sine pauore, et latronibus sociis eius. La “Crónica de la Monarquía Lusitana”, de Frei António Brandão, en el siglo XVI, por contra, lo tilda de hum Cavaleiro muy esforçado”, si bien reconoce que ganhava o necessario a ponta da lança.
Los más importantes historiadores portugueses del siglo XIX -Alexandre Herculano y Oliveira Martins- lo tachan de  jefe de companhias de bandidos. Otros, como David Lopes o José Pires lo comparan con El Cid Campeador. Uno de los más conocidos investigadores lusos de finales del siglo XX y principios del XXI, José Hermano Saraiva, recoge ambas versiones, sin arriesgarse a emitir un juicio propio
En España, los historiadores José Luis Martín y María Dolores García, en el tomo II de la “Historia de Extremadura” indican que es un noble portugués que en 1165 conquistó Trujillo, Évora y Cáceres, y un año después Montánchez, Serpa, Juromenha y hasta planeaba la conquista de Badajoz. Algo más explícitos son los responsables de los capítulos de “Historia Medieval” (Julián Clemente, José Luis de la Montaña y Ángel Bernal) en “Extremadura: la historia”, reconociendo que llega a dominar la ciudad de Badajoz, aunque no consigue conquistar la Alcazaba, enfrentado a los almohades que tienen el apoyo en ello del rey leonés Fernando II. La conquista de la capital pacense -dicen- suponía prácticamente el control de la Extremadura musulmana. Estos historiadores se deciden por acusar a Geraldo de “aventurero”, al tiempo que lo llaman “el Cid luso”.
FRACASO EN BADAJOZ.
Fernando II de León, yerno de D. Afonso Henriques, tenía pacto de mutua defensa con los almohades, gozando por ello Badajoz de su protección. A pesar de ello, Geraldo Sem Pavor convenció a D. Afonso para tomar la ciudad, consiguiendo apoderarse de los arrabales y cercar la Alcazaba en mayo de 1169, algo que ya había intentado en el año anterior.
El rey leonés se presentó con sus huestes, atacando desde fuera a su suegro, al tiempo que los musulmanes lo hacían desde la fortificación, donde D. Afonso Henriques había conseguido entrar. Al verse cercado, intenta la huída a caballo, pero al pasar por una de las puertas se hiere gravemente, rompiéndose una pierna al tropezar con uno de los cerrojos de la misma y caerse del caballo, siendo apresado por los leoneses y quedando prisionero de Fernando II.
D. Afonso es atendido de sus heridas en la Corte de su yerno, si bien nunca recuperará la agilidad que le permita volver a cabalgar. A raíz de ello, a cambio de su liberación -como la de Geraldo, que también había sido hecho prisionero-, ha de devolver a Fernando las plazas extremeñas conquistadas, fijándose los terrenos de frontera luso-extremeña y en definitiva hispano-portuguesas.
Así, el fracaso en la toma de Badajoz va a significar el freno a las conquistas de Portugal en los territorios actuales de Extremadura, al tiempo que la pérdida de confianza de su rey en Geraldo Sem Pavor.

Geraldo pasará posteriormente al servicio de los musulmanes. Murió en territorio del actual Marruecos, acusado de traición por sus nuevos aliados: acabaron con su vida temiendo que mantuviera pacto secreto con D. Afonso para avanzar en sus conquistas en terreno aún bajo dominio islámico en el suroeste de nuestra Península.