Mostrando entradas con la etiqueta poetas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poetas. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de enero de 2026

 CUATRO POETAS PARA UN RECUERDO PERMANENTE

Culminamos con la edición de un libro homenaje al poeta recientemente fallecido Rufino Félix Morillón (2025), una tarea que iniciamos con Manuel Pacheco al conmemorarse el centenario de su nacimiento (2020), seguimos con el centenario del nacimiento del poeta y escultor Luís Álvarez Lencero (2023) y continuamos con el poeta y narrador Jesús Delgado Valhondo (publicación de 2024).

Ediciones a cargo de la Fundación CB, que contaron en el caso de Pacheco con 13 colaboraciones; en el caso de Lencero, con 16, y en el caso de Valhondo con 21. Ahora hemos aumentado el número de trabajos a 23, con lo que el total de estudios-homenajes suben a 63, más las respectivas introducciones. No menos de 1.500 páginas para analizar, enjuiciar, comentar e interrelacionar a cuarto poetas esenciales de la segunda mitad del siglo XX, y en el caso de Rufino extendiéndose al primer cuarto del siglo XXI.

En la web de la Fundación CB se pueden descargar en PDF los tomos ya publicados, como lo será en los próximos meses también accesible en el caso de nuestro último homenajeado.

En mis páginas de: moises cayetano rosado dialnet.unirioja.net y moises cayetano rosado academia.edu también pueden encontrarse con facilidad.

Estos son los índices de los respectivos trabajos:


MANUEL PACHECO. CENTENARIO DE UN POETA EXTREMEÑO UNIVERSAL.

INTRODUCCION. Moisés Cayetano Rosado.

PROSEMA EN FORMA DE DIÁLOGO 2019 CON MANUEL PACHECO Y LAURENTINO AGAPITO AGAPUTA. Antonio Viudas Camarasa.

PACHECO, AQUÍ Y AHORA: EL HOMBRE ES LO QUE IMPORTA. Pedro Francisco de las Heras Salas.

INFIERNO Y PARAÍSO. Gregorio González Perlado.

TEXTOS INÉDITOS DE MANUEL PACHECO EN EL ARCHIVO DE MIGUEL LABORDETA. José Antonio Llera.

AMÉRICA EN PACHECO Francisco, PACHECO EN ÁMERICA. Manuel Pulido Mendoza.

CONTINUIDAD Y RUPTURA EN EL DIARIO DE LAURENTINO AGAPITO AGAPUTA DE MANUEL PACHECO (ENTRE LA HETERONIMIA Y EL PANFLETO. Luis Alfonso Limpo Píriz.

RECUERDOS DE JUVENTUD. Javier Pérez González.

CENTENARIO BUZO PARA LAS CIGARRAS VERSOS DE PACHECO. Rosa María Lencero Cerezo.

RECORDANDO A MANUEL PACHECO. Arturo Sancho de la Merced.

CONSUETUDINARIO PACHECO. Caridad Jimenez Parralejo.

PACHECO Y LA TERTULIA DE ESPERANZA SEGURA. Carlos D. Tristancho

HABÍA UN POETA. Sigfrido Álvarez San Simón.

RECORRIDO DE LA MANO DE MANUEL PACHECO. Moisés Cayetano Rosado.

 

LUÍS ÁLVAREZ LENCERO. CENTENARIO DE UN RECIO FORJADOR DE LA POESÍA.

INTRODUCCIÓN: LUIS ÁLVAREZ LENCERO. ANÁLISIS Y AFECTOS. Moisés Cayetano Rosado.

EL HOMBRE QUE SE BUSCÓ EN EL ARTE, PERO NO SE ENCONTRÓ A SÍ MISMO. José María Pagador Otero.

DIMENSIÓN ARTÍSTICA DE LUIS ÁLVAREZ LENCERO. ESCULTURA, PINTURA Y DIBUJO. Moisés Bazán de Huerta.

EXTREMADURA SIGUE EN DEUDACONEL EXCMO. SEÑOR LUIS ÁLVAREZ LENCERO. Gregorio González Perlado.

LUIS ÁLVAREZ LENCERO: MEMORIA INTELIGENTE CAJALIANA E INTRAHISTORIA. Antonio Viudas Camarasa.

LA POÉTICA DE ÁLVAREZ LENCERO. Francisco López-Arza.

LUIS ÁLVAREZ LENCERO Y GERARDO DIEGO: A LA SOMBRA DE DIOS. José Luis Bernal Salgado.

LUIS ÁLVAREZ LENCERO EN LA REVISTA GÉVORA DE BADAJOZ. Antonio Salguero Carvajal.

 “JUAN PUEBLO”, LA MARCA DEL POETA LUIS ÁLVAREZLENCERO. Moisés Cayetano Rosado.

LUIS ÁLVAREZ LENCERO. Juan Pérez Zarapico.

LUIS ÁLVAREZ LENCERO VERSUS JUAN POETA. Rosa Lencero.

RECUERDOS SOBRE LUIS ÁLVAREZ LENCERO. Antonio Vélez Sánchez.

CON EL CORAZÓN AL HOMBRO. Antonia Cerrato Martín-Romo.

EN TORNO A “HUMANO”. HIERRO Y CARNE. Tomás Martín Tamayo.

LA DEDICATORIA. POEMAS PARA HABLAR CON DIOS. Plácido Ramírez.

VOZ DE POETA. José María del Álamo González.

A LUIS ÁLVAREZ LENCERO. Rufino Félix Morillón.

 

JESÚS DELGADO VALHONDO. LA TIERNA RECIEDUMBRE MEDITADA.

INTRODUCCIÓN Moisés Cayetano Rosado (coordinador).

CANTA EL CUERPO DE JESÚS. Ángel Sánchez Pascual.

PANORÁMICA DE LA OBRA POÉTICA DE JESÚS DELGADO VALHONDO. Antonio Salguero Carvajal.

PINCELADAS RETROSPECTIVAS SOBRE JESUS DELGADO VALHONDO. Antonio Vélez Sánchez.

JESÚS DELGADO VALHONDO. SER EXTREMADURA: HISTORIA Y ANHELO. Antonio Viudas Camarasa.

NUESTRO PADRE JESÚS DELGADO VALHONDO. Fernando y Gloria Delgado Rodríguez.

LECTURA LITERARIA DEL POEMA DOBLAR UNA ESQUINA. Francisco Luis López-Arza Mora.

CUENTOS DE AYER Y HOY. Francisco Luis López-Arza Mora.

EL TRIÁNGULO POÉTICO. Francisco López-Arza Moreno.

“EN LA LLANURA, TRÉMULO DE EMOCIÓN”… Gregorio González Perlado .

RECUERDO DE JESÚS DELGADO VALHONDO. Jaime Álvarez Buiza.

ÍNDICE MI AMIGO JESÚS. José María Álvarez Martínez.

VALHONDO NO ES POETA DEL TERRUÑO. José María Delgado Rodríguez.

JESÚS DEL ALMA MÍA. Manuel Martínez Mediero.

LA ROTUNDA PROFUNDIDAD DE JESÚS DELGADO VALHONDO. Moisés Cayetano Rosado.

VALHONDO, PACHECO Y LENCERO. Nando Juglar.

MI VECINO POETA. Plácido Ramírez Carrillo.

DESPIERTE EL ALMA DORMIDA... Rosa María Lencero Cerezo.

CRESTERÍA DE LA SAL. Rufino Félix Morillón.

JDV GENIO Y FIGURA… Santiago Corchete Gonzalo.

JESÚS Y NOSOTROS. Tomás Martín Tamayo.

MONUMENTO A LOS TRES POETAS, DE LUIS MARTÍNEZ GIRALDO. Moisés Cayetano Rosado.

 

RUFINO FÉLIX MORILLÓN. LA SUAVE ELEGANCIA HECHA POESÍA.

INTRODUCCIÓN

TODO SOBRE RUFINO. Francisco Rangel Rodríguez.

RUFINO FÉLIX: PASIÓN POR ANTONIO MACHADO. Francisco López-Arza García-Mora.

PLATAFORMA DE SALIDA DE UN GRAN POETA. Francisco López-Arza Moreno.

RUFINO FÉLIX, UN HOMBRE HERIDO POR EL TIEMPO. Antonio Salguero Carvajal.

ÚLTIMO REGALO DE UN POETA HASTA EL FINAL. Enrique García Fuentes.

RAFAEL RUFINO FÉLIX MORILLÓN (MÉRIDA, 1929-2025). Manuel Pecellín Lancharro.

PRESENTACIÓN DEL POEMA “EL AIRE VERDECIDO”. Jesús Mendo Sánchez.

PRESENTACIÓN DE “Y EL ALBA NOVENDRÁ”. Jesús Mendo Sánchez.

RELOJ DE ARENA, RUFINO FÉLIX Y SU EMERITENSISMO. José María Álvarez Martínez.

EL TIEMPO, EL MAR Y, NATURALMENTE, MÉRIDA. José Luis de la Barrera Antón.

RUFINO FÉLIX MORILLÓN: LA SUMA ELEGANCIA DE UN POETA ESENCIAL. Moisés Cayetano Rosado.

RAFAEL RUFINO FÉLIX MORILLÓN, “LA NOSTALGIA HECHA POESÍA”. Ana María Castillo Moreno.

UN HOMBRE, UN CHICO Y EL RÍO. José Luis Mosquera Müller.

EL ADIÓS A UN BUEN AMIGO. Ricardo Hernández Megías.

TE VAS Y VUELVES A TI MISMO. Rosa Lencero Cerezo.

MARINERO EXTREMEÑO DE LOS TRINOS. Plácido Ramírez Carrillo.

MISIVA PÓSTUMA. Antonia Cerrato Martín-Romo.

RAFAEL Y LA AMISTAD QUE NACIÓ DE “GALLOS QUIEBRAN ALBORES”. Eladio Méndez Fernández.

LA CIUDAD QUE PERVIVE EN MI MEMORIA. Fernando Garduño Maya.

ME GUSTA IMAGINAR A RUFINO FÉLIX MORILLÓN. Irene Sánchez Carrón.

NOS QUEDA SU OBRA. Tomás Martín Tamayo.

LA ETERNIDAD DE RUFINO FÉLIX. Antonio Rodríguez Osuna.

MI PADRE, MI ABUELO. Isaac Álvarez Félix.

jueves, 2 de junio de 2022

 CUMPLIMENTAR A RUFINO FÉLIX MORILLÓN

Hace varias décadas conocí a Rufino Félix Morillón. Me hablaban de él varios jóvenes poetas extremeños que se quejaban de la poca atención que se dispensaba en Extremadura al que era uno de los mejores poetas que había dado la región en el siglo XX.

Tras leer su obra de entonces, y seguir su trayectoria hasta la actualidad, me convencí de que estábamos ante el poeta más completo que había dado Extremadura en el siglo XX y lo que va del XXI.

Aquellos jóvenes poetas seguían admirándolo y se alegraron de que los Premios Ciudad de Salamanca y Ciudad de Badajoz ratificaran la calidad de su poesía.

Luego llegó la edición de sus Obras Completas (1.500 páginas) por parte del Ayuntamiento de Mérida, que lo nombró Hijo Predilecto.

Había llegado el momento de publicar una Antología de su obra, que acercara a los lectores una obra tan ingente de este autor que ya rebasó los noventa años, pero que tiene la ilusión y la fuerza poética de un joven adolescente.

Y la Fundación Caja Badajoz acometió el objetivo con generosidad, en una cuidada edición, bajo la selección del profesor Francisco López-Arza y su hijo del mismo nombre, que tiene intención de hacer su tesis doctoral sobre Rufino.

Al presentar su obra en Mérida el 24 de mayo nos vimos rodeados de un entrañable grupo de amigos y admiradores, que pensé se repetiría en Badajoz el 31 de mayo. Y más cuando un buen número de los poetas que me alabaron una y otra vez su obra, y se quejaban de la poca atención que se le había tenido residen en esta ciudad.

Pero a la presentación únicamente asistieron tres de esos poetas “reivindicativos”, y no los al menos treinta que esperaba (aquí los poetas abundan más que las piedras en el río Guadiana). Esos tres y algunos otros amigos y amantes de la buena poesía, dispuestos a disfrutar del autor, cumplimentándolo en su senectud.

Me siento, sí, defraudado. Esos “prolíferos vates” que se prodigan en redes sociales no encontraron tiempo para saludar y disfrutar con el viejo amigo. ¡Seguramente están muy atareados redondeando su impagable obra personal!

viernes, 8 de agosto de 2014

ELOGIO DE LA POBREZA
MOISÉS CAYETANO ROSADO

Cuando yo era muy joven y apretado de recursos (aunque no tan pobre como tantos a mi alrededor, muchos de los cuales se me perdieron en una emigración laboral compulsiva), llegué a un mundo que rompía mis esquemas de muchacho de pueblo envuelto en el sopor. Era para mí muy importante la poesía y tuve el privilegio de relacionarme con poetas de los que llamábamos “consagrados”, en mi tierra y allá a donde también me llevó la emigración.
Algunos, muy admirados, reconocidos, respetados, habían vivido grandes dificultades en su niñez y me parecía que estaban orgullosos de ello. Algo que nunca comprendí. La pobreza siempre me pareció muy triste, dura, traumatizante, sórdida, “moída pelo inferno duma aspiração sem esperança”, como retrataría a los desposeído de la tierra  el alentejano Manuel Ribeiro.
Pienso que estar hundido en las dificultades económicas, en la necesidad de las cosas más elementales, siempre desgarra, y para la infancia es claramente demoledor.
De ahí que tampoco entendiera el elogio de la pobreza en el Evangelio de San Lucas, que tanto nos habían remarcando en la escuela: “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios” (6:20) y “Bienaventurados los que ahora padecéis hambre, porque seréis hartos” (6:21). Me recuerda aquella escena de “Las Hurdes (Tierra sin pan)”, en la que un niño paupérrimo escribe en la pizarra: “Respetad los bienes ajenos”: podría ser la “lectura subliminar” de lo anterior. O a los alumnos que en tantas escuelitas españolas de finales de los años veinte del pasado siglo (poco antes de la filmación de la película de Buñuel) vio el periodista Luis Bello: “los niños descalzos, muchos con las huellas inequívocas del paludismo, soportan mal el frío de diciembre, y tosen” (en “Viaje a las escuelas de España”).

Cómo voy a cantar a la rosa/ mientras muere un niño sin casa y sin ventana”, escribía el poeta zamorano Florentino Huerga, que conocí en Barcelona a comienzos de los años setenta del siglo pasado. Estaba muy ligado al extremeño oliventino Manuel Pacheco, poeta de hondas raíces humanistas, encuadrado fundamentalmente como el anterior en la poesía social: Pacheco, huérfano y hospiciano (“entraste en un hospicio a la edad en que los niños estaban defendidos por los regazos de sus madres”), pobre casi siempre o siempre. ¡Tan rico ambos en profundidad poética y en solidaridad! Tan abiertos a los jóvenes que nos acercábamos a su sabiduría.
Pero a ellos les dolía, como tantas veces le leí al argentino Ernesto Sábato (“los veo hurgar entre las bolsas de basura, hundiendo en la inmundicia sus pequeñas manos, destinadas a los columpios y a las calesitas”), esa niñez perdida entre los sueños imposibles y la terrible realidad. “¡Cantad, soñad, niños pobres! Pronto, al amanecer vuestra adolescencia, la primavera os asustará, como un mendigo, enmascarada de invierno”, denuncia Juan Ramón Jiménez en “Platero y yo”. ¡Ay, el niño yuntero de Miguel Hernández, “a los golpes destinado”!

Sin embargo, en mis amigos poetas existía una especie de elogio de su propia pobreza, como si el verso les pusiera a salvo de las dentelladas del hambre en sus tiempos de inocencia. Pero sus tiempos de inocencia no eran aún tiempos de verso, sino tiempos crudos de miseria, y eso pasa factura por mucho que se trate de sublimar tanta tristeza.

Mis amigos poetas llevaban en sus versos ese dolor. El dolor de una infancia que les fue robada, que les es robada a tantos niños, a tanta gente, a causa de una crisis que se superpone a otra, porque para los pobres la crisis cabalga siempre en la montura de sus cuerpos, llevando el fruto de su sudor para los mismos desalmados que viven siempre en el derroche, ejerciendo hipócritamente de salvadores del mundo y de la vida.

jueves, 15 de mayo de 2014

NOMBRE OFICIAL Y POPULAR EN LOS MONUMENTOS URBANOS
Moisés Cayetano Rosado
Hay veces que los nombres que se le colocan a los monumentos no pueden estar más lejos de la visión que ellos mismos ofrecen a la ciudadanía. De ahí que la sabiduría popular haga un requiebro y los bautice con su atinado proceder dándole el sentido que realmente expresan y no el que le quieren otorgar.
En Badajoz -la ciudad más poblada de la Raia/Raya- se está especialmente dotado para este trueque, porque de buenas intenciones están… las rotondas llenas. Bautizadas en muchas ocasiones con grandilocuencia, el sentido real baja el nombre oficial a la altura del imaginativo popular, que tiende, eso sí, a ser mordaz y lapidario.
Véase si no, lo que llaman formalmente el “Monumento a los tres Poetas”, en la cabeza del Puente de la Autonomía, a los pies de la Alcazaba. Un magnífico trío badajocense de la segunda mitad del siglo XX: Jesús Delgado Valhondo, Manuel Pacheco y Luis Álvarez Lencero, cuyas cabezas se sostienen desgarradas sobre una base común, que forman varios libracos que más que pliegos de poesía parecen tesis doctorales. Claro, para el común de los viandantes es el “Monumento de los Cabezones” o la “Rotonda de los Ahorcados”. Triste apelativo para quienes fueron unos dinámicos agentes culturales en una época oscura, tiernos y humanos, buenos amigos con los que compartí momentos entrañables que no se pueden olvidar.
O no digamos el “Monumento de Bienvenida a los Portugueses”, en la entrada a Badajoz desde Elvas, representado por una mujer hierática, con los brazos en cruz y las palmas de las manos hacia abajo. ¡Vaya manera de dar la bienvenida! Si al menos le hubiesen puesto los brazos un poco abombados y las manos con las palmas hacia adentro, podría parecer que iba a abrazar; pero así, más parece que vaya a lanzarse hacia el vacío. No es malo, por tanto, su nombre alternativo: “Rotonda de la Suicida”. ¡Y es que está a punto de saltar hacia el abismo… del asfalto!
Por último, traigo el monumento levantado -este mismo año- a los afectados por el atentado terrorista en Madrid el 11 de marzo de 2004. Bajo el nombre de “Monumento a las Víctimas del Terrorismo” se alzan sobre pequeños mástiles especies de siluetas coloreadas de corazones, con una base de florecillas entre los pinos de una rotonda de la Avenida Sinforiano Madroñero, una de las arterias principales de la ciudad. Pues bien, he aquí la alternativa: “Rotonda de las piruletas”. Pese a lo serio y respetable de la idea, la plasmación escultórica pienso que no da para un nombre diferente del que se ha popularizado.

¿Falta de imaginación del artista? ¿Falta del “hálito divino” a la hora de encontrar la inspiración y su consiguiente plasmación? ¿Interferencia de las “autoridades” pertinentes a la hora de encargar el monumento? ¿Ganas de “diferenciarse”, ser original, sin que “la Gracia del Señor” los acompañe? De todo un poco. Y a lo mejor también nuestras ganas de buscarle a todo las cosquillas…