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viernes, 11 de agosto de 2023

 CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE LUIS ÁLVAREZ LENCERO

Moisés Cayetano Rosado


Conmemoramos ahora el nacimiento hace cien años -el 9 de agosto- de Luis Álvarez Lencero, poeta volcánico, artista contundente con la tinta, el martillo, el cincel y la brillante soldadura; personalidad arrolladora, apasionada y laberíntica.

Pocos artistas vivían y viven su vida tan pegada a la creación, a la chispa que les inspira y les hace revolverse contra todo, vivir a contrapelo. Saltar de un lado a otro, con la vitalidad del hombre fuerte que fue, con el tormento de dar forma a lo que bulle en su interior y le recome hasta que es capaz de sacarlo a la luz y compartirlo.

Luis Álvarez Lencero forma parte de ese “trío” que hemos dado en llamar “el triángulo poético”. Los tres creadores que en la segunda mitad del siglo XX iluminaron una Extremadura que se debatía entre el atraso económico, las múltiples necesidades de una sociedad anclada en el pasado y proyectada a una emigración sangrante que nos vaciaba de juventud y de futuro. Jesús Delgado Valhondo, Manuel Pacheco y él, eran un faro de innovaciones y contacto con un mundo creativo, en el que sus nombres eran respetados y queridos dentro y fuera de nuestras fronteras regionales y también nacionales.

Se nos fue muy joven todavía, con 59 años bastante trabajados y dañados por su propia actividad, en que la labor del taller de soldadura fue minando sus pulmones. Por ello, apenas pudo disfrutar del muy digno espacio de trabajo que el Ayuntamiento de Mérida le ofreció, ya casi al final de su vida, y donde esperaba seguir con su empeño escultórico, con su lucha manual y mental para convertir el hierro y el latón en expresiones de belleza y de denuncia ante un mundo de injusticias, de represiones y de guerras.

Era un apasionado de la poesía y el ejemplo de sencillez y dignidad de Miguel Hernández, y le homenajeó en su obra escrita y en sus esculturas, principalmente en un memorable toro brioso, dispuesto a la arrancada contra la adversidad.

Su libro de poemas “Juan Pueblo” es un auténtico emblema de la defensa del más débil, de la denuncia contundente por cualquier atropello contra el hombre. Le “valió” un amenazador expediente por parte de los censores del último franquismo, cuando se publicó en 1972: se salvó de consecuencias ¡a saber cuánto de graves! porque no se había distribuido y estaban todos los ejemplares depositados en la propia Delegación de Información y Turismo de Badajoz. Algunas copias no declaradas correrían de mano en mano como un catecismo laico, venerado, y después el Ayuntamiento de Mérida lo reeditaría en 1982, poco antes de morir el poeta.

Como homenaje a tan soberbio artista, la Fundación CB publica este año un libro coral, con la participación de dieciséis estudiosos, críticos y amigos, de 490 páginas, analizando y glosando su figura y su obra. Está a disposición de todos, libremente, en formato PDF dentro de su colección de publicaciones https://fundacioncb.es/wp-content/uploads/2023/05/libro-luis-alvarez-lencero-personajes-singulares_baja.pdf. Iniciativa similar a la que se tomó hace tres años con el centenario del nacimiento de Manuel Pacheco, y se proyecta hacer con Jesús Delgado Valhondo, aunque éste sobrepase en quince años el centenario.

Que estos homenajes y recuerdos nos sirvan para resaltar las figuras señeras de nuestra cultura contemporánea y la humanidad de unos artistas entrañable y fieramente humanos.

domingo, 11 de septiembre de 2022

 CENTENARIO DEL POETA LUIS ÁLVAREZ LENCERO


El 9 de agosto de 2023 se cumplen 100 años del nacimiento del poeta, pintor y escultor extremeño Luis Álvarez Lencero.

La Fundación Caja Badajoz proyecta la publicación de un libro de estudio, semblanza y homenaje al artista, como ya hiciera hace dos años por el centenario de Manuel Pacheco, y tengo la satisfacción de coordinar el trabajo. A lo largo de 2023 "pasearemos" el nombre y obra de Lencero por nuestra geografía.

Pero hay algo que quisiera indicar, porque deberían "recoger el guante" las instituciones:
Francisco López-Arza tiene el deseo de hacer una edición crítica de las obras completas de Luis Álvarez Lencero. Algo que ya hizo Antonio Viudas Camarasa sobre las de Manuel Pacheco, así como Antonio Salguero Carvajal sobre Jesús Delgado Valhondo, ambas bajo el sello de la Editora Regional de Extremadura.

Francisco López-Arza dedicó al poeta Álvarez Lencero su tesis doctoral y sigue trabajando sobre la figura de este tercer componente del “triángulo poético” más significativo de la literatura extremeña del siglo XX. Hasta ahora, sus gestiones para que se aborde la edición no han dado resultados y sería una lástima que esta “tercera figura” quedara atrás en cuanto a recoger toda su obra literaria.

Espero que entre todos podamos hacer alguna “fuerza” para culminar el objetivo de tener a los tres poetas unidos en la edición de sus obras completas, como unidos están en la escultura (hecha por Luis Martínez Giraldo) que en Badajoz los representa. 


Moisés Cayetano Rosado

domingo, 19 de diciembre de 2021

 LA CASA ENCENDIDA DE MANUEL PACHECO


Siento no estar presente hoy (19 de diciembre de 2021) en el homenaje a Manuel Pacheco, cuando él cumple 101 años y yo acabo de hacer 70. Esta coincidencia me “ata” -en el mejor sentido de la palabra- a compromisos familiares, pero no me desliga de la alegría de ver que se le sigue queriendo, recordando, homenajeando.

Pacheco nos acoge hoy en su primera casa, como nos acogió siempre allá donde vivía. Su casa era siempre una “casa encendida”, como en el poemario imprescindible de Luis Rosales: “Gracias, Señor, la casa está encendida”, escribía el poeta granadino. Sí, también la casa de Pacheco resplandecía, acogiéndonos a todos aquellos jóvenes de entonces que acudíamos a charlar, oír su voz, su risa bronca, su verso refrescante.

Cuando los viajeros y turistas vayan en adelante a Olivenza -como me dice su “albacea espiritual”, Antonio Viudas Camarasa- habrán de incluir en su itinerario la “ruta pachequiana” y admirarán la nueva y hermosa placa colocada en el lugar de su nacimiento, fruto del empeño decidido de un grupo de incondicionales amigos y admiradores, que no han reparado en esfuerzos para conseguirlo.

El luminoso retrato de Vaquero Poblador que “azulea” la cerámica es como un guiño a la transfronteriza población de Olivenza, tan rica en azulejería en sus diversos monumentos religiosos. Y el azul enciende la casa, ilumina el camino que nos lleva siempre hacia Pacheco.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

viernes, 11 de diciembre de 2020

 POEMAS DE MANUEL PACHECO FORJADOS POR JUAN GAMINO

Inaugurada con brillantez en el Espacio CB Arte, de Badajoz la exposición escultórica de Juan Gamino, con obras magistrales que ilustran poemas de Manuel Pacheco, homenajeando el centenario de su nacimiento. Extraordinaria disposición de paneles con fotos envidiables de Pepe Calero y José Bayón, los poemas que sirvieron de inspiración y las obras originales. Abrieron el acto inaugural el Director General de la Fundación Caja Badajoz (impulsora y patrocinadora de la exposición y catálogo), Emilio Jiménez; la Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Badajoz, Paloma Morcillo; el hijo del poeta, Manuel Pacheco Cañón, y el propio escultor.
Me hicieron el honor de abrir la presentación del catálogo que se ha impreso, con todo lujo de detalles. Aquí va mi aportación:

Cuando empezaba a frecuentar la casa de Manuel Pacheco, a finales de los años sesenta del pasado siglo, me parecía que entraba en un templo del arte, en medio de la sencillez de una salita estrecha, fortificadas sus paredes por libros y revistas, y defendidas desde la mesa-camilla por una antigua máquina de escribir.

Pacheco y su inseparable mujer, Manola, eran como una torrentera de palabras, en donde el verso, la música y el cine fluían como lava volcánica, imponiéndose al entorno humilde, que así quedaba enriquecido por el milagro comunicativo, impetuoso y jovial.

La voz de Pacheco fue siempre cavernosa, como la hubiera querido Platón para su mito. Y sus poemas, fuertemente alambicados con herramientas misteriosas de metáforas, símbolos, imágenes inéditas, donde el azul y los arcángeles sobrevolaban en las tardes que nos pasaban sin ser conscientes del tiempo transcurrido.

Luego musicarían sus versos cantantes, cantautores que supieron bucear en la profundidad de sus mensajes, destacando el disco-homenaje “Cantares de ojos abiertos”, de José Antonio Espinosa. También se llevaron a los lienzos de pintores tan destacados e íntimos para el poeta como Vaquero Poblador, o más recientemente a collages de su “discípulo” querido, Pedro de las Heras.

A ello se han unido otros artistas inspirados en su creatividad, y rendidos a su magia alternante entre el realismo crudo, el surrealismo expresionista, la musicalidad simbolista, el misticismo “laico”. Y el reflejo de un mundo tan diverso y rico, se nos presentan en las obras forjadas por la compleja fragua/taller de Juan Gamino, un escultor sorprendente que hace del metal más duro materia moldeable como si fuera plastilina, desde volúmenes abstractos de gruesas líneas sinuosas hasta figuras estilizadas, depuradas al mínimo de materia a base de soldaduras, y que devuelve a la vida y al milagro del arte raíces olvidadas y materia vegetal inerte.

Juan Gamino lee, relee, vuelve una y otra vez sobre los innumerables poemas de Manuel Pacheco, buscando inspiración, transformando la palabra escrita en dura materia forjada, moldeada, soldada, con amor y dolor. Con misteriosa identificación, plasmación material de la espiritualidad del verso, al que homenajea y redondea. ¡Feliz “encuentro” de poeta y escultor en el mundo del Arte con mayúsculas, que en esta entrega viene abrillantada por las fotos magistrales de Pepe Calero y José Bayón!

Moisés Cayetano Rosado

miércoles, 21 de octubre de 2020

COLECCIÓN 'PERSONAJES SINGULARES' DE LA FUNDACIÓN CB

Cien años con Manuel Pacheco

Un libro colectivo coordinado por Moisés Cayetano conmemora el centenario del poeta

El libro se presentó anoche en la Rucab. - ANTONIO HERNÁNDEZ


Ascensión Martínez Romasanta

21/10/2020

Podrían haber sido más los intervinientes, muchos más. Pero todos los que han participado son imprescindibles para desgranar la vida y la obra de Manuel Pacheco (Olivenza,1920 - Badajoz,1998). Cuando se cumple el centenario del nacimiento del poeta, Fundación CB entendió que debe formar parte de su colección de ‘Personajes singulares’ y encargó la coordinación a Moisés Cayetano. El resultado es un libro colectivo: ‘Manuel Pacheco. Centenario de un poeta extremeño universal’. Se presentó anoche en la Residencia Universitaria de Fundación CB (Rucab), en Badajoz.

Manuel Pacheco cumpliría 100 años el próximo 19 de diciembre. Como existe publicada una biografía, de Antonio Viudas Camarasa para la Editora Regional, Moisés Cayetano optó por un libro coral con la participación de investigadores y escritores conocedores del poeta. «Lo investigadores de una manera académica y los escritores, de manera directa». Confeccionó una relación de colaboradores que, al mismo tiempo, le sugirieron otros y resultaron 15 participantes.

Según explica Cayetano, el libro contiene investigación de aspectos claves de la obra de Pacheco. También estudios de sus distintas aportaciones estéticas y, por último, un apartado muy denso de facsímiles de sus escritos. Pacheco escribía siempre sus poemas a máquina, hacía muchas copias y las repartía. De ahí que prácticamente todos los colaboradores del libro tengan copias de los poemas originales. Se han incluido los considerados esenciales para el conocimiento de su obra. Al mismo tiempo se han incorporado inéditos, que nunca se han publicado. Por ejemplo, el poeta Sigfrido Álvarez tiene poemas dedicados a sus hijos y a momentos vividos en compañía. O el propio Cayetano tiene uno que le escribió cuando contrajo matrimonio.

Además de Cayetano y Sigfrido Álvarez, han participado Viudas CamarasaRosa LenceroLuis LimpoGregorio González PerladoRaquel ManzanoPedro de las HerasManuel PulidoJosé Antonio LleraFrancisco Joaquín Pérez GonzálezArturo SanchoCaridad JiménezCarlos Tristancho y Juan José Poblador.

En muchas intervenciones del libro está muy presente la vida del poeta, porque estos autores iban a menudo a su casa y, sobre todo, a las tertulias de Esperanza Segura. «Las referencias a nuestras vivencias en estas tertulias son continuas en esta obra», explica Cayetano. Casi todos los colaboradores conocieron al poeta a finales de los 60 y principios de los 70 y muchos eran entonces muy jóvenes. «Para nosotros aquello era un mundo fantástico, porque a las tertulias de Esperanza iba gente bastante progresista y en un ambiente tan cerrado como el de aquella época, conocerlos era asombroso». De tal forma que los marcó muchísimo. Cayetano recuerda que en aquellos encuentros Pacheco era casi la figura central. «Se hablaba de todo, se recitaban muchos poemas y el que más recitaba era Pacheco». Esos poemas eran comentados y daban lugar a aportaciones que tienen su traslación en este libro.

lunes, 19 de octubre de 2020

 MANUEL PACHECO. CENTENARIO DE UN POETA EXTREMEÑO UNIVERSAL

Moisés Cayetano Rosado


Cuando la Fundación Caja Badajoz me encargó la realización de un libro para conmemorar el centenario del nacimiento de Manuel Pacheco, lo tuve absolutamente claro: tendría que ser un libro colectivo, en el que colaboraran estudiosos y escritores amigos del poeta, conocedores de su vida y obra, e incluso que lo hubieran tratado en alguna etapa de su vida y hubieran sentido el fuerte latido de su poder creativo.

Así, enseguida fueron convocados:

El profesor Antonio Viudas Camarasa, biógrafo y antólogo de Pacheco, al que ha dedicado muchos años de su vida, y lo sigue haciendo.

La poeta Rosa Lencero, conocedora como pocos de la obra y vida de Pacheco. Rosa, sobrina del poeta -y amigo del anterior- Luis Álvarez Lencero.

Luis Limpo, el archivero-bibliotecario de Olivenza, que precisamente custodia el archivo fundamental de Manuel Pacheco.

No podía faltar en forma alguna el periodista y poeta Gregorio González Perlado. Como redactor en el periódico HOY de Extremadura, en la redacción de Badajoz impulsó como pocos el conocimiento del poeta oliventino.

También era imprescindible otra de las primeras investigadoras de la poesía de Pacheco, que escribió una tesina de licenciatura, presentada en la Sorbonne en 1982 y publicada por la Diputación de Badajoz en 1985: Raquel Manzano González.

Otro “imprescindible” más habría de ser Pedro de las Heras, muy joven a finales de los años sesenta y primeros setenta del pasado siglo, admirador infatigable de Pacheco.

Antonio Viudas me sugirió la incorporación de Manuel Pulido Mendoza, antiguo alumno suyo en la Universidad de Extremadura, y actualmente Director de la Escuela de Posgrado de la Universidad Francisco Marroquín, de Ciudad de Guatemala.

El mismo Manuel Pulido iba a sugerir otro nombre que enriquece sobradamente este trabajo colectivo: José Antonio Llera, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, igualmente antiguo alumno de Antonio Viudas Camarasa.

La “cadena de sugerencias” iba a continuar. Luis Limpo me sugiere a Francisco Joaquín Pérez González, que se aventuró a editar en 2006 el texto mecanografiado conservado en la Biblioteca de Olivenza, de memorias juveniles de Pacheco, “La muerte y la doncella”.

Y va a ser Francisco Joaquín el que me ponga en contacto con otro colaborador más: el bibliófilo Arturo Sancho, que también está presente en este volumen, con una breve pero sustanciosa aportación.

Pero la “lista de sugerencias” no cesó. Emilio Jiménez, director de la Fundación Caja Badajoz que edita este volumen, sugiere a la poetisa Caridad Jiménez Parragalejo.

Pedro de las Heras “avisa” a Carlos Tristancho, que ha sido repetidamente citado por él y por Antonio Viudas, con lo que se hace necesaria su aportación.

Otro amigo de los “sabáticos”, joven poeta, sugerirá Pedro de las Heras: su “compañero de letras” Sigfrido Álvarez, se incorpora a este homenaje..

Pedro de las Heras también “avisa” al novelista Juan José Poblador -amigo de Pacheco desde los años cincuenta.

Queda por decir que va, para rematar la parte evocativa, nostálgica, “discipular”, de mi recuerdo.

Con estos mimbres está hecho el libro que a todos se nos ofrece y que se presenta el 20 de octubre de 2020 a las 20'00 horas en la residencia Universitaria de la Fundación Caja Badajoz (editora de la obra). Libro de estudio de su poesía, de su vida; aportaciones de fotos del poeta, dibujos, poemas a mano y mecanografiados de Pacheco, textos inéditos… Que a todos nos sea de provecho y sirva de homenaje de uno de los poetas más completos, rigurosos, prolíficos y valiosos que ha dado el siglo XX.

jueves, 3 de octubre de 2019


CALENTANDO MOTORES PARA 2020 

Estamos metidos en faena. Estos muy queridos proyectos colectivos -que tengo el honor y la satisfacción de coordinar- ya están en marcha. Y tendrán su andadura inicial en la primavera de 2020, para ir después “aireándose ibéricamente” durante todo el año.
El libro-homenaje a Manuel Pacheco, por el centenario de su nacimiento, que reunirá a críticos, analistas, creadores, compañeros y amigos de nuestro genial poeta, en unas páginas variadas y sustanciales que editará la Fundación Caja Badajoz, dentro de su colección de “Personajes singulares”. A partir de ahí, la Fundación seguirá profundizando en el homenaje con actos, presentaciones y exposiciones bibliográficas y materiales de diferente procedencia, como se informará oportunamente.
La Revista Transfronteriza O PELOURINHO (editada por la Diputación Provincial de Badajoz), que en su número 24, será un monográfico dedicado a los “Refugiados españoles en Portugal durante la Guerra Civil española e inmediata postguerra”, con aportación de reconocidos especialistas en este fenómeno de traumático dolor pero también de emocionante solidaridad raiana/rayana, que en Extremadura-Alentejo tuvo una incidencia especial.
La III Jornada de Fortificaciones Abaluartadas de Olivenza, dedicada en esta ocasión a los siglos XVIII y XIX, con especial incidencia en los cuarteles militares de la época, los puentes estratégicos rayanos y las rehabilitaciones del patrimonio histórico-artístico militar de nuestro entorno. Igualmente, contaremos con estudiosos reputados de un lado y otro de la Raia/Raya, y -como las anteriores- las Actas de las ponencias serán publicadas por la Asociación Cultural LIMBO (organizadora) y Ayuntamiento de Olivenza y Diputación de Badajoz (co-organizadoras y patrocinadoras).
Moisés Cayetano Rosado

sábado, 8 de noviembre de 2014

Moisés Cayetano Rosado
Acabo de regresar de Cataluña. Allí me he entrevistado con antiguos compañeros, alumnos de hace decenas de años, dirigentes de asociaciones de emigrantes, amigos, conocidos, gentes de la calle… “Catalanistas” convencidos y “españolistas” que lo tienen absolutamente claro; pero también personas indecisas, expectantes ante el aluvión de argumentos y consignas.
He recorrido las cuatro provincias. Pueblos y ciudades. Sitios bulliciosos y recónditos. Todos magníficos lugares. Y extraordinaria gente, como me ha ocurrido en tantas ocasiones que allí he vuelto, tras haber vivido mi primera experiencia laboral hace ya varias décadas.
Cada uno un mundo, un argumento, una razón expresada con convencimiento, aunque también en muchos con cierto grado de inconsistencia, o de duda. Pero no he visto, en forma alguna, tensión, malos modos, incomodidad. Me recuerdan los versos de María Elvira Lacaci, de su poema “La Puerta del Sol”, a la que tantas veces he hecho referencia, cuando se preguntaba “¿Quiénes eran España?”: “Cada cual/ un amor, una lágrima,/ un rencor que no cesa./ Una perenne lucha. En su existencia”.
Porque he visto la preocupación cotidiana por la vida, el ansia de vivir, el temor, la alegría, el fatigar diario, la renovada ilusión, las recaídas y el nuevo levantarse en las múltiples facetas de la vida.
He visto, también, el deseo de expresarse. De la forma que cada cual entiende. Afirmando o negando. Reafirmándose en convicciones que no se pueden taponar, como no se pueden poner puertas al campo.
Y en ningún momento una Cataluña de buenos y de malos. De saqueadores y de saqueados.

¿No fue aquello de “Habla pueblo, habla”, lema de la Transición que tanto alabamos? Hablar es necesario, porque como decía el poeta extremeño Manuel Pacheco, “en boquita cerrada no entran moscas/ pero tampoco salen las palabras”, y es necesario que salgan las palabras para que no nos asfixien, agolpadas en nuestra garganta. Impedir ahora la consulta es mantener la incógnita de qué quiere mayoritariamente el pueblo que vive en Cataluña, y seguir dilatando el cacareo de políticos que en gran medida cuidan de su “huerto” con la excusa de mantener una u otra postura que a la postre es la razón de su estar en candelero.

viernes, 5 de septiembre de 2014

OS DEJO MI PALABRA


Moisés Cayetano Rosado
La Editora Regional de Extremadura saca en su Serie Rescate un libro singular, emotivo, justo y necesario: La antología poética de Pedro Belloso Rodríguez, fallecido hace una década, cuando preparaba precisamente los poemas de esta obra.
Se trata de un libro singular porque hace tiempo no tenemos la oportunidad de leer poemas que nos trasladen a las postrimerías de la “poesía social”, que hizo su furor en España en los años cincuenta y sesenta; en Extremadura se mantuvo con fuerza en la década de los setenta e incluso en parte de los años ochenta. No podemos olvidar a sus máximos representantes regionales: Manuel Pacheco y Luis Álvarez Lencero, pero tras ellos hubo un gran número de poetas. Algunos dieron en hablar de “la generación del 75” (bajo idea de Francisco Lebrato Fuentes); yo siempre he preferido denominarlo “Movimiento poético del 75”, pues la proliferación de recitales de ese año no tiene parangón, llenando plazas, salones, cines… de personas expectantes ante poetas que en sus versos denunciaban las múltiples injusticias del mundo y de la cercanía.
Es un libro emotivo, porque sus versos no pueden dejar indiferente a nadie, en su mensaje tan pegado a la tierra, al hombre que sufre, al niño que desde muy pequeño lucha por ganarse la vida, a los pueblos olvidados, al campesino tan desposeído, a la dureza física y social del entorno en que el poeta se desenvolvió.
Es justo que se publique, porque en vida no se le apoyó suficientemente por parte de las instituciones que podían haberle publicado, y a las que lo solicitó él mismo antes de recurrir a la autoedición. Ahora se le rinde este homenaje póstumo dignamente presentado, con una introducción de Ignacio Pavón Soldevila, de unas setenta páginas, en que recorre los avatares de su vida, sus inquietudes y la repercusión de su obra, recurriendo a testimonios epistolares y publicados en periódicos y revistas de la época. El editor desempolva críticas y comentarios que nos resultan agridulces; lo primero, al recordar el tiempo que nos ha ido avasallando y reduciendo a recuerdos, con muchos muertos de por medio, y lo segundo, porque en el fondo comprobamos que Pedro Belloso estuvo “arropado” por buen número de amigos poetas y críticos que supieron valorar y admirar su obra.
Y es necesario que se dé a la luz, porque cuando tanto se desprecia por parte de algunos lo que dimos en llamar “poesía social” o “poesía de compromiso” -a la que se tilda de falta de calidad-, este libro nos muestra la altura de unos versos que rompen con los tópicos.
La antología presenta cincuenta y cinco poemas de distinta extensión, libres de rima en su mayoría, pero con ritmo y cadencia musical en las composiciones. Desde las primeras, de 1957 a las últimas, de 1992.
Los títulos de los libros de origen son en sí altamente significativos, destacando por su compromiso Hombres de barro (“Le sellaron los labios con decretos;/ segaron sus palabras./ Pero habló el corazón. Y desde entonces,/ ardiendo está su casa”), Campo y pueblo (“Apenas era un niño y ya tenía/ todo el campo metido en sus palabras./ Cuando pedía pan, dejaba un eco/ de trigal resonando en su garganta;/ y si decía ‘padre’, era un aroma/ de yunta con arado y madrugada.”), Entre encinas (“El silencio en mi cantar/ es largo compás de espera./ Vivir también es callar,/ igual que la sementera”).
Y es que Pedro Belloso era un hombre unido al terruño, al pueblo sencillo, a la gente sufriente y laboriosa. Poeta muy en la línea de los grandes del siglo XX, como Miguel Hernández o Federico García Lorca; también de Gerardo Diego -con el que sostuvo correspondencia epistolar- o Dámaso Alonso. Hombre lleno de compromiso, apegado a lo rural (“Era la gran ciudad. Tenía el cielo/ enfermo de tristeza por el humo./ Nadie hablaba con nadie y, sin embargo,/ era un enjambre loco de ruidos”, escribe en su “Salmo 12” del poemario “Salterio de mis horas”).
Lo traté muchas veces en mi casa, a donde iba con sus versos y sus inquietudes, tras haberle publicado su primer libro en la Editorial Esquina Viva, que fundamos a finales de los años ochenta un grupo de poetas extremeños. Se lamentaba de la falta de atención de las instituciones, del desamparo del poeta solitario y perdido en los pueblos de nuestra Extremadura.

Hoy le hubiera gustado ver su antología publicada, bien impresa, hermosamente ilustrada por su sobrino Isidro Belloso Sánchez, que ha sabido captar el paisaje extremeño desde el mensaje de su tío, el sacerdote-poeta Pedro Belloso, testigo de su tiempo, defensor del hombre, de aquellos desvalidos que le rodeaban, de la belleza silenciosa de un paisaje hermoso y duro que nunca quiso abandonar: “He salido a la calle. Me sorprendo/ rezándole a una nube de mi aldea/ por las grandes ciudades que no huelen/ a pan recién cocido”, escribía en “El pan nuestro de cada día”, de “Calle y camino”. Camino sencillo y sublime que nos invita a recorrer en estos poemas, que son un bálsamo y una fuente de arte y vida para todos.

viernes, 8 de agosto de 2014

ELOGIO DE LA POBREZA
MOISÉS CAYETANO ROSADO

Cuando yo era muy joven y apretado de recursos (aunque no tan pobre como tantos a mi alrededor, muchos de los cuales se me perdieron en una emigración laboral compulsiva), llegué a un mundo que rompía mis esquemas de muchacho de pueblo envuelto en el sopor. Era para mí muy importante la poesía y tuve el privilegio de relacionarme con poetas de los que llamábamos “consagrados”, en mi tierra y allá a donde también me llevó la emigración.
Algunos, muy admirados, reconocidos, respetados, habían vivido grandes dificultades en su niñez y me parecía que estaban orgullosos de ello. Algo que nunca comprendí. La pobreza siempre me pareció muy triste, dura, traumatizante, sórdida, “moída pelo inferno duma aspiração sem esperança”, como retrataría a los desposeído de la tierra  el alentejano Manuel Ribeiro.
Pienso que estar hundido en las dificultades económicas, en la necesidad de las cosas más elementales, siempre desgarra, y para la infancia es claramente demoledor.
De ahí que tampoco entendiera el elogio de la pobreza en el Evangelio de San Lucas, que tanto nos habían remarcando en la escuela: “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios” (6:20) y “Bienaventurados los que ahora padecéis hambre, porque seréis hartos” (6:21). Me recuerda aquella escena de “Las Hurdes (Tierra sin pan)”, en la que un niño paupérrimo escribe en la pizarra: “Respetad los bienes ajenos”: podría ser la “lectura subliminar” de lo anterior. O a los alumnos que en tantas escuelitas españolas de finales de los años veinte del pasado siglo (poco antes de la filmación de la película de Buñuel) vio el periodista Luis Bello: “los niños descalzos, muchos con las huellas inequívocas del paludismo, soportan mal el frío de diciembre, y tosen” (en “Viaje a las escuelas de España”).

Cómo voy a cantar a la rosa/ mientras muere un niño sin casa y sin ventana”, escribía el poeta zamorano Florentino Huerga, que conocí en Barcelona a comienzos de los años setenta del siglo pasado. Estaba muy ligado al extremeño oliventino Manuel Pacheco, poeta de hondas raíces humanistas, encuadrado fundamentalmente como el anterior en la poesía social: Pacheco, huérfano y hospiciano (“entraste en un hospicio a la edad en que los niños estaban defendidos por los regazos de sus madres”), pobre casi siempre o siempre. ¡Tan rico ambos en profundidad poética y en solidaridad! Tan abiertos a los jóvenes que nos acercábamos a su sabiduría.
Pero a ellos les dolía, como tantas veces le leí al argentino Ernesto Sábato (“los veo hurgar entre las bolsas de basura, hundiendo en la inmundicia sus pequeñas manos, destinadas a los columpios y a las calesitas”), esa niñez perdida entre los sueños imposibles y la terrible realidad. “¡Cantad, soñad, niños pobres! Pronto, al amanecer vuestra adolescencia, la primavera os asustará, como un mendigo, enmascarada de invierno”, denuncia Juan Ramón Jiménez en “Platero y yo”. ¡Ay, el niño yuntero de Miguel Hernández, “a los golpes destinado”!

Sin embargo, en mis amigos poetas existía una especie de elogio de su propia pobreza, como si el verso les pusiera a salvo de las dentelladas del hambre en sus tiempos de inocencia. Pero sus tiempos de inocencia no eran aún tiempos de verso, sino tiempos crudos de miseria, y eso pasa factura por mucho que se trate de sublimar tanta tristeza.

Mis amigos poetas llevaban en sus versos ese dolor. El dolor de una infancia que les fue robada, que les es robada a tantos niños, a tanta gente, a causa de una crisis que se superpone a otra, porque para los pobres la crisis cabalga siempre en la montura de sus cuerpos, llevando el fruto de su sudor para los mismos desalmados que viven siempre en el derroche, ejerciendo hipócritamente de salvadores del mundo y de la vida.

lunes, 18 de marzo de 2013


PARA EL DÍA DE MAÑANA
Moisés Cayetano Rosado
Siempre me ha fascinado esa advertencia propia de la “educación bancaria”, de la educación “depositaria” -tan bien expuesta en “Pedagogía del oprimido”, de Paul Freire- en la que todo se cifra para después. Guardar para luego, prever, acumular. Sacrificarse. Almacenar. Atesorar, porque “el día de mañana” nos hará falta.
Creo que fue uno de los primeros artículos que escribí, y publiqué, siendo adolescente. Una reflexión sobre esta precaución, que vale para cualquier edad, para cualquier circunstancia, y que forma una cadena “que va a dar en la mar,/ que es el morir”, como en las Coplas de Jorge Manrique.
¿Cuándo es ese día de mañana?
“Niño, has de hacer esto, lo otro, para que el día de mañana…”
“Joven, hay que sacrificarse  porque el día de mañana….”
“Tienes una edad madura; cuida esto y aquello, porque si no el día de mañana…”
“No puedes despilfarrar (dinero, esfuerzos, recursos, medios…) siendo tan mayor, porque en cualquier momento puedes necesitar…”
Siempre hay un día de mañana. Una razón para la contención, para la previsión, para mortificarse, con tal de que el día de mañana…
“Comer ahora la espina, para luego saborear la sardina”, decía mi maestro de primeras letras cuando sudábamos sangre y lágrimas con la tabla de multiplicar y los picos más altos de los sistemas montañosos.
No he sabido todavía cuál es ese ansiado día definitivo y final, sino es el de la mar de Jorge Manrique. Pero para eso, como decía el poeta Manuel Pacheco, no hay que tener “donde caerse muerto”, porque un muerto se cae en cualquier lado y no se preocupa de lo que pueda molestar.
Sigo pensando aún en la esencia esquiva de ese día, lleno de etapas parciales en que pararse como el corredor de fondo a beber agua: tan reparadora y placentera que ha de ser disfrutada plenamente, como si fuera el objetivo alcanzado de cada “día de mañana”. ¿Será, acaso, éste el ansiado día: las pequeñas paradas de refresco? ¡Disfrútense, entonces,  y sígase sosegada, recreada, saboreada, la carrera, hasta la meta!