Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Lebrato Fuentes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Lebrato Fuentes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de mayo de 2021

FRANCISCO LEBRATO FUENTES. MEMORIAS DE UN LEGO (…Y ALGUNAS DESMEMORIAS) 

Autora: Piedad González-Castell Zoydo.

Edita: Fundación Caja Badajoz, 2021. 213 páginas.


La Fundación Caja Badajoz, entre su infinidad de actividades y múltiples publicaciones, tiene una colección verdaderamente admirable: “Personajes singulares”, donde rescata y homenajea a personas del entorno extremeño (e incluso transfronterizo), con notable acierto.

Así ocurre con una entrañable y singular biografía que la escritora Piedad González-Castell Zoydo realiza del polifacético escritor y artista de Oliva de la Frontera, universal en su obra y actividades, Francisco Lebrato Fuentes: personaje central de la cultura extremeña en buena parte de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, fallecido en el verano de 2020.

Piedad González-Castell no realiza una biografía al uso, lineal, cronológica y aséptica, sino circular, temática y apasionada. No en vano protagonizaron juntos actividades culturales, poéticas, por los más diversos puntos de la geografía extremeña (fundamentalmente en los años setenta y ochenta del pasado siglo), siendo además asidua de sus tertulias -tanto en la casa de Lebrato como en otros lugares públicos- a los que ambos han sido tan aficionados. Y también ha sido mucha la relación mantenida en los actos de la Obra Cultural de la Caja de Badajoz, donde Lebrato era encargado profesional y enamorado vocacional, y en los que Piedad era una incondicional colaboradora.

Así, estamos ante una obra en que biógrafa y biografiado tienen una comunión fraternal, que la hace más emotiva, sin por ello restar rigor, al tiempo que viene engalanada por una notable calidad literaria, envuelta en estilo coloquial, muy directo y ameno.

La autora, durante mucho tiempo, recogió grabadas las conversaciones que mantuvo con el personaje, bajo el confesado propósito de escribir estas memorias, y con sabiduría va mezclando las declaraciones de Lebrato desde un remoto pasado juvenil en su pueblo de origen hasta sus encuentros finales en 2004. Y en esas visitas irá desgranando los recuerdos, haciendo narración de los mismos y de los propios encuentros, con una soltura que le da frescor y liman las rigideces formales de una estricta biografía.

El libro se divide en quince apartados, alternándose el transcurso vital de Francisco Lebrato con el desarrollo de su obra creativa (pictórica y literaria) junto a su actividad de promotor cultural, tertuliano infatigable, observador de paisajes y personajes, cultivador de amistades destacadas y animador e impulsor de proyectos.

Subraya la biógrafa de entre estos últimos su concepción de la “Generación del 75”, con la que denominó y sostuvo las actividades de un numeroso grupo de poetas de las más diversas edades (desde los consagrados Manuel Pacheco y Jesús Delgado Valhondo -que ya pasaba cada uno de los cincuenta años de edad-, hasta un gran número de jóvenes “promesas” en la veintena de su edad, buena parte de ello escritores destacados más adelante). Fue un tiempo, aquel de los años setenta (sobre todo el “75”, y de ahí el nombre) y ochenta, de frecuentes recitales por pueblos y ciudades, por los más diversos escenarios, en que Lebrato tuvo papel de protagonista y activista de primer orden.

También se detiene insistentemente Piedad González-Castell en numerosos personajes que Lebrato trató en su vida, a muchos de los cuales conoció y con los que intimó en diversas tertulias madrileñas, así como también consiguió traerlos para conferenciar en actos organizados desde la Obra Cultural de la Caja Badajoz. ¡Qué bien destaca Piedad la generosidad e intimidad de Lebrato al hablar de las prolongadas tertulias que mantenía con ellos en su propia casa, a donde los solía llevar tras los actos culturales, ofreciéndoles unas siempre alabadas cenas que preparaba su mujer!

El libro, además de conformar una acertada visión artística, literaria, de este hombre culto, humanista, delicado, fino observador, dialogante y tolerante, constituye una fuente esencial para conocer el desenvolvimiento cultural del último medio siglo que nos antecede, tanto en ese “rompeolas de todas las Españas” que era Madrid, como en Extremadura, y especialmente la provincia de Badajoz.

Buena contribución la de esta nueva publicación de la Fundación Caja Badajoz para valorar y valorizar la aportación de personajes esenciales en nuestra historia reciente, con un componente firme de ejemplaridad.

MOISÉS CAYETANO ROSADO


miércoles, 5 de agosto de 2020

FRANCISCO LEBRATO FUENTES
Francisco Lebrato, Moisés Cayetano y Santiago Castelo
Francisco Lebrato Fuentes, Moisés Cayetano Rosado y Santiago Castelo
Hace unos días murió un buen hombre, excelente gestor cultural, tertuliano incansable en la organización y la acción, buen articulista, pintor, poeta. Persona templada, de modales palaciegos, irónico y culto.
Lo conocí en Oliva de la Frontera en el verano de 1974, al invitarme a dar una charla-coloquio allí; yo tenía 22 años y desde entonces siempre se mostró incondicional a cualquier iniciativa que le planteara.
¡Cuántos pueblos y ciudades recorrimos en aquellos recitales que abundaron en 1975 y se prolongaron algunos años más! Él bautizó a aquel grupo de poetas que íbamos de un lado para otro con nuestra ilusión y nuestros versos como “Generación del 75”. En un Encuentro que organizamos en Badajoz defendió esa tesis con una ponencia inolvidable, acompañado por Santiago Castelo y por mí, como organizador.
Luego siguieron más intervenciones, que planificó desde el Aula de Cultura de Caja Badajoz, donde trabajaba. Éramos como una “trupe artística ambulante” en que a nadie se vetaba. “El que quiera -decía Lebrato- que se vete a sí mismo”.
En su casa de la calle Santa Lucía asistí a alguna de sus tertulias-recitales. Siempre discreto, acogía a un variado grupo de “espontáneos”, sin escatimar elogios a los esfuerzos literarios de cualquiera.
Guardo algunas cosas escritas de él. Sobre todo, el poema que recitó en mi boda con Rosa María, ¡hace 44 años el 7 de agosto próximo! Y también mantenemos en el salón de nuestra casa el cuadro que nos regaló por entonces, y que fuimos a recoger a Oliva, donde por aquellas fechas vivía.
Me acuerdo que una vez me habló de las dificultades de la postguerra, de las penalidades de los jornaleros. Estábamos paseando por una espléndida dehesa de su pueblo y le surgió esa reflexión espontáneamente: cómo eran perseguidos por coger bellotas para espantar su hambre… Fue la única ocasión en que mostró una idea socio-política de compromiso; siempre era comedido en sus manifestaciones, en tanto depuraba su arte pictórico y literario.
Y ahora se ha ido en silencio, cuando ya los poetas y artistas parece que están más silenciados que nunca, y pareciera que él haya pensado que es el momento de correr el telón.
Moisés Cayetano Rosado