martes, 7 de enero de 2020


NOCHE OSCURA VESTIDA DE ESPLENDORES
En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados,
de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos,
porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza.
(“LA CAVERNA”, Libro VII de LA REPÚBLICA o EL ESTADO. PLATÓN)

A menudo oigo aullidos que me hablan de España
y despiadados sones para iniciar desfiles
que nos lleven de nuevo a la catástrofe.
A menudo recuerdo que los mismos
siguen luciendo en la garganta idénticos collares,
revelando su identidad que sobrecoge.
¿Cómo encontrar palabras para la reflexión,
palabras que remuevan conciencias
y amansen embestidas y ladridos?
¿Cómo decirles que las víctimas siguen siendo las mismas
y que ellos son los herederos de los que propiciaron
las largas noches del dolor y de los miedos,
si son sordos y ciegos, y llevan la misma empuñadura?
Ellos tildan de claridad y de esplendor
lo que fue larga noche de oscurantismo y de miseria:
¿dónde encuentro argumentos para decirle a la caverna
que la luz está fuera y que lo suyo
es simplemente siniestras apariencias?
MOISÉS CAYETANO ROSADO

lunes, 6 de enero de 2020


A SEGOVIA, CON PARADA EN ÁVILA Y, DE REGRESO, EN PLASENCIA.
 
Moisés Cayetano Rosado

Salimos de Badajoz, tras un desayuno de café/chocolate, con migas y churros en el “Rincón de Vicente”, de Badajoz, siempre tan concurrido, bien servido,  módico de precio y atractivo de calidad. Vamos a Segovia, con la ilusión perdida de encontrar nieve cercana, pero la perspectiva placentera de su belleza, riqueza patrimonial urbana, compensa.
Antes paramos en Ávila, que sigue siendo una ciudad admirable, aunque ya se las ve y se las desea uno para aparcar en una zona no muy lejana de su cintura de murallas impecables. El turismo, y más en estos días de comienzo de año, es arrollador, y todo lo devora.
Siempre busco la cercanía de la Basílica de San Vicente, pues es un lugar sin par para comenzar la visita, que ha de acoger el recorrido por este magnífico templo románico, en el que el cenotafio de Vicente, Sabina y Cristeta,  santos cristianos martirizados por no adjurar de su fe, es de una belleza increíble, en sus fajas historiadas, que parecen un comic de insuperable calidad.
De ahí, hasta la cercana Catedral, por la Puerta de San Vicente. Una de las primeras catedrales góticas de la Península, con reminiscencias románicas, cuyo ábside constituye uno de los cubos (gigantesco) de la muralla medieval, cuyo adarve invita a un paseo de extraordinaria belleza, pues desde allí la vista de la propia Catedral, la Basílica de San Vicente y los otros múltiples monumentos urbanos, religiosos y civiles, resulta admirable.
Eso sí, todo es “a golpe de talón”, de talón bancario, o sea, pagando a precio generoso nuestra curiosidad cultural. Como también lo es el comer, ya que los restaurantes se “aprovechan” del tirón turístico para ofrecerte sus famosos chuletones a un precio “generoso”. Pero en fin, todo sea por la cultura espiritual y… material. Cierto que un chuletón de 750 gramos da para dos comensales, lo que unido a la bebida, algún entrante y unas yemitas de Santa Teresa hace que cada uno desembolso al menos 30 euros.
De allí a Segovia, con la barriga bien tratada, es casi como un paseo. Y la ciudad del levantamiento comunero contra Carlos I, que le costó tanta sangre, y la decapitación de su héroe, Juan Bravo (de magnífica estatua en bronce al lado de la iglesia románica de San Martín), se nos ofrece con sus múltiples atractivos: el impresionante acueducto romano, de principios del siglo II d.C., una de las imágenes más fotogénicas de España, ante cuya estampa se agolpan chinos y japoneses hasta hacerte pensar que en sus países han debido quedar muy pocos; la Catedral de gótico tardío (se estima que la última de ese estilo construida en España); el Alcázar, en la otra punta del moro en que se asienta el Casco Histórico, casi imposible de visitar por dentro en estas fechas, pues las colas ante la taquilla son interminables, pero de unas vistas impagables por fuera, con su profundísimo foso y las airosas torres terminadas en finísimas agujas; las múltiples iglesias románicas (tantas como Zamora), con sus amplios atrios y perfectos ábsides semicirculares.
Todo, eso sí, de nuevo a “golpe de tarjeta de crédito o billetera”, pues no hay barreras a la hora de cobrar entradas por doquier: como nos pasará en el Palacio de la Granja de San Ildefonso, esa hermosa estancia concebida por Felipe V de España a la manera del Palacio de Versalles, de su abuelo Luis XIV de Francia.
En Segovia, el tópico gastronómico es el cochinillo y el cordero lechal en horno de leña. Muy difícil de degustar en el archifamoso Mesón de Cándido, porque hay que hacer en estos días reserva con tiempo para lograrlo; pero la oferta es abundante, y los precios y calidades similares. Aquí la cuenta sube con respecto a Ávila. Un trozo de cochinillo o un pernil de corderito da para uno, y vale casi como el chuletón (para dos) de Ávila. Si le añades unos entrantes, la bebida y algún postre, no pienses en menos de 40 euros por persona.
En cualquier caso, son visitas que merecen la pena a estas dos ciudades mandadas a crear y poblar por Alfonso VI, con encargo a su yerno Bernardo de Borgoña, casado con doña Urraca a finales del siglo XI. Aunque con el paso de los años, especialmente Segovia, se está pareciendo peligrosamente a un “parque temático”, pues casi todo se está orientando al turismo, al turista de “admiraciones rápidas y tópicas”, y eso deforma la realidad y “artificializa” el sentido histórico, patrimonial, artístico, del lugar.
Al regresar, lo hacemos por el Valle del Jerte. No hace falta esperar a la primavera para contemplar la belleza de este valle en pronunciada “uve”, lleno de robles en lo más alto y cerezos en rampas humanizadas en el plano medio y bajo, con agua cayendo en cascada por todos los rincones y curvas del trayecto.
Y llegamos a Plasencia, la ciudad refundada por Alfonso VIII, que no ha de tenerle “envidia” a las anteriores. Su río tranquilo; sus hermosas murallas; la Plaza Mayor, tan diáfana y noble, presidida por el Palacio Municipal renacentista; los grandes palacios, caserones, iglesias, museos…; su doble Catedral: la antigua románica y la nueva plateresca… ¡y la tranquilidad de un “turismo controlado” todavía…! la hacen especialmente llamativa.
Y a la hora de comer, no me resisto a nombrar “La Pitarra del Gordo”, un bar-restaurante de lo más aconsejable: la apetitosa y bien asada  parrillada de carnes de cerdo, acompañada de jarra de vino de pitarra, da para tres comensales (17’80 euros en total). Si a ella le unes unos entrantes, como pueden ser croquetas variadas, y unas tartas de queso servidas en generosa cantidad, sale cada usuario por no más de 12 o 14 euros: la mitad que en Ávila y un tercio del precio pagado en Segovia.
Para finalizar, le pregunto a mis tres adolescentes acompañantes por cuál comida les pareció mejor. Unanimidad: la de Plasencia; después, la de Ávila, y en último lugar la de Segovia. O sea, al revés de la masificación turística y precio de cada lugar. ¡Es lo que pasa con las afluencias masivas y el marketing…!

sábado, 21 de diciembre de 2019


EL BOM CANTINHO DE VITORINO INVERNO
 
Hace unos años, mi buen amigo João Miguel Inverno, nos llevó a su casa para conocer la obra artesana de su padre, Vitorino Inverno. Allí estaba Vitorino, en el “quintal” hermoso, amplio y soleado de Freixo (Redondo), y nos introdujo en su “santuario”: una amplia estancia donde estaban expuestas sus creaciones en corcho, madera, latón y pieles y cuernos de animales variados. Magníficas escenas de la vida campesina y figuras religiosas, talladas con primor, con minuciosa precisión, con un sentido poético de las composiciones que enriquecía esa labor prodigiosa y paciente de convertir objetos inanimados en seres que cobran vida, transmitiéndonos belleza y emoción.
Poco después, me llegaría la triste noticia de su fallecimiento, y parecía imposible que alguien tan lleno de vida y energía, dejara de existir. Y la verdad que es realmente imposible, porque Vitorino Inverno sigue viviendo en sus objetos tallados, en su obra paciente y delicada. Y sigue viviendo también en sus versos, sus “décimas”, que iría componiendo a lo largo de su vida y ahora se recopilan en un libro emotivo, bajo el título de “Deus lhe dê um Bom cantinho”.
La edición de este tomo ha corrido a cargo de su familia, con el apoyo compositivo y editorial de João Canha, y de la Câmara Municipal de Redondo, la Freguesía de Redondo y la Casa do Povo de Freixo.
Cuenta con una pequeña biografía del autor, un Pórtico de João Canha, y los emocionantes testimonios de su esposa: Maria Caliço, su hijo: João Inverno, su nuera: Carolina Inverno, su nieto: José Inverno, y otros compañeros y amigos de Vitorino, que ensalzan su figura de hombre trabajador, honrado, virtuoso artesano y poeta popular.
A continuación vienen sus múltiples décimas, que son un repaso a su vida, a sus gentes, a su tierra, a sus inquietudes, creencias, pensamientos, aspiraciones, reflexiones, en los que el paso de la vida va dejando maravillosos momentos, pero también un cansancio, fruto de la edad y los esfuerzos propios de los hombres sencillos de nuestros pueblos.
Intercaladas, van diversas fotos de sus producciones artesanales, que enriquecen el libro y nos dan cuenta de sus múltiples inquietudes artísticas y humanas.
Es realmente un “pequeño tesoro” esta edición, este merecido homenaje a un hombre, a un artesano, a un artista, que deja una huella profunda en los suyos, y para toda la sociedad, con este trabajo manual y poético, de largo recorrido vital y pensamiento firme en la denuncia: “O Goberno de Portugal/ Faz promessa ao povinho/ Só faz bem ao capital/ Não quer saber do pobrezinho”, un agudo amargor en los recuerdos: “Um dia pus-me a pensar/ Como ter sido o meu viver/Em pequenino foi brincar/ Depois de grande, sofrer y un sentido firme de la solidaridad: Quem trabalha passa mal/ Tem uma vida amargurda/ Se para todos fosse igual/ A ninguém faltava nada”.
Agradezco, por tanto, a João Miguel Inverno este obsequio, este libro de su padre que en nuestro último encuentro, tras un día agradable buscando setas por la sierra y comiendo hermanadamente en la Casa do Povo de Freixo, me entregó con todo su cariño de buen hijo y amigo incondicional.
MOISÉS CAYETANO ROSADO

martes, 17 de diciembre de 2019


VIAJE CULTURAL DE LOS SOCIOS MECENAS DEL CONSORCIO A TÚNEZ
                    Durante el Puente de Diciembre los Socios Mecenas del Consorcio han visitado Túnez.
              El viaje lo iniciamos con una comida en el popular barrio de La Goulette de la capital tunecina desde donde nos trasladamos a la turística Hammamet. La visita cultural y patrimonial comenzó en la ciudad de Monastir con la visita al mausoleo de Burgiba, padre de la independencia tunecina y primer presidente de la Republica de Túnez en 1957, y al Ribat o fortaleza de la ciudad. Desde allí visitamos el sobrecogedor anfiteatro romano de El Jem. Anfiteatro construido en el año 268 d.C., con una capacidad para 35.000 espectadores, equiparable al mismísimo Coliseo de Roma, es Patrimonio de la Humanidad. Seguidamente, el viaje nos llevó a la medina, el Ribat y el Museo arqueológico de Sousse, la Hadrumetum púnica.
                     El día siguiente se inició con la visita a Kairouan, a su medina, al “mausoleo del Barbero”, donde está enterrado Abu Dhama, compañero del profeta Mahoma y, sobre todo, a la mezquita, una de las más respetadas y veneradas mezquitas de todo el mundo musulmán.
                                    El viaje por el interior del país nos condujo a la impresionante ciudad de Sbeitla, la antigua ciudad romana de Sufetula, con ese majestuoso foro presidido por los templos dedicados a la triada capitolina.
                        Otra ciudad romana excelentemente conservada, como muchas ciudades norteafricanas, es Dougga, con su capitolio que, desde el lugar más elevado, domina toda la ciudad, incluido el teatro. Kairouan, Sufetula y Dougga son Patrimonio de la Humanidad.
El día concluyó con la visita a Testour, pueblo donde la influencia de los moriscos expulsados de España en el s. XVII es notable, y el sagrado Templo de las Aguas en Zaghouan, construido por el emperador Adriano desde donde partía, en un recorrido de 123 km, el acueducto romano que abastecía de agua potable a Cartago.
                   
El último día lo dedicamos a visitar la capital del país, Túnez. Disfrutamos de sus ámbitos administrativos, la medina, el bullicioso zoco y, cómo no, el impresionante Museo del Bardo que alberga, posiblemente, la mejor colección de mosaicos del mundo. Dimos fe de ello con las amenas explicaciones de Santi.

                         Cerca de Túnez, bajo una intensa lluvia, visitamos la mítica e histórica Cartago, con su puerto púnico o las termas de Antonino a orillas del Mediterráneo. Acabamos en la pintoresca ciudad Sidi Bou Said brindando, bajo un fondo azul y blanco, con un té de menta y almendras.
                      
Desde el Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida queremos agradecer la magnífica labor de nuestro guía tunecino Jaled, el buen hacer del conductor de autobús y, sobre todo, la excelente disposición y actitud de nuestros Socios Mecenas.
CONSORCIO DE LA CIUDAD MONUMENTAL DE MÉRIDA

Añadir a sus apreciaciones que Túnez es un país “a medio camino” entre la cultura musulmana y la occidental. Que su y la zona norte, así como la litoral mediterránea en general, apenas se diferencia en la dinámica urbana y elcapital  desenvolvimiento de los ciudadanos del que tenemos en el Mediterráneo europeo.
Sin embargo, conforma penetramos hacia el interior, al sur, la disposición urbana, la vestimenta ciudadana, el ambiente general en las calles, se aproxima al modelo musulmán, se identifica con lo que podemos ver en las calles, en los zocos de Marruecos, o de Egipto. Eso sí, estamos siempre entre una población amable, respetuosa, dispuesta a la ayuda, a la información para con el viajero.
Túnez es un país rico en recursos naturales agro-ganaderos (destacando el olivo, dátiles, quesos y leche de oveja…), si bien su amplio desierto limita la producción, para una población creciente y joven, necesitada de salidas laborales y económicas de futuro. El turismo es para el país una fuente prioritaria de ingresos.
Su patrimonio monumental es, ya vimos, magnífico. Fundamentalmente en ruinas púnicas, restos arqueológicos romanos, maravilloso mundo de mosaicos, fortalezas medievales musulmanas admirablemente conservadas (medinas con kasbas, ribat, mezquitas, zocos abiertos y cerrados…). Colores, olores, sabores… nos ofrecen un mundo variado, cercano a nuestro desenvolvimiento de origen en unas ocasiones, y en otras tan lejano como si estuviéramos adentrándonos en las leyendas del pasado.
Moisés Cayetano Rosado

domingo, 1 de diciembre de 2019

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD EN LA EUROCIUDAD DEL SUROESTE IBÉRICO

 
Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

CONCLUSIONES.
El Patrimonio fortificado de Elvas (Patrimonio de la Humanidad desde 2012) se complementa y obtiene su explicación histórica dentro del “triángulo” formado con Olivenza y Campo Maior, frente a Badajoz. Los conflictos en frontera, que han tenido lugar desde el mismo momento de la creación del Reino de Portugal, a mediados del siglo XI, hasta bien entrado el siglo XIX, han dado lugar en estas poblaciones, así como en sus términos municipales (en el de Elvas contamos con la importante presencia del Fuerte de Barbacena, además del antiguo Ponte de Ajuda -que salvaba al Guadiana camino de Olivenza-, destruido durante la Guerra de Sucesión española; en Campo Maior, con la fortaleza de Ouguela, y en las dos, más Olivenza y Badajoz, con elementos fortificados complementarios y estancias de servicios variados, así como torres de vigía estratégicas) a una “maquinaria de guerra” que hoy es un admirable conjunto artístico-monumental.
La importancia de Elvas aún se refuerza más contemplando este subsistema expresamente creado para la finalidad de defensa y “llaves” de sus respectivos reinos: España y Portugal, dotándose de la singularidad que exige el Criterio IV de selección de la UNESCO para calificarse como Patrimonio Mundial, y en este caso “extender” el ya obtenido por Elvas:Ofrecer un ejemplo eminente de un tipo de conjunto arquitectónico, tecnológico y paisaje, que ilustra una etapa significativa de la historia humana”.
La evolución de sus construcciones militares al compás de los avances técnicos de los tiempos, desde la neurobalística a la pirobalística; la autenticidad de gran parte del legado construido, así como la suficiente integridad del mismo pese al afán “higienista” y urbanístico de finales del siglo XIX y buena parte del XX (sin olvidar lamentables desaciertos recientes, sobre todo en Badajoz, al destruir las ruinas interiores del Fuerte de San Cristóbal, en lugar de consolidarlas, así como recargar de hormigón y empinadas escaleras el Baluarte de la Trinidad, y en Olivenza, con actuaciones desafortunadas y derribos de murallas y vaciados en el Baluarte de San Juan de Dios); el formar parte de las “Fortalezas abaluartadas de la Raya”, en la Lista Indicativa de Portugal -paso previo a la Declaración definitiva- desde 2017-; el ser el conjunto más compacto y completo de toda la Península ibérica… hacen de esta Eurociudad (a la inicial Elvas-Badajoz se une Campo Maior, y debería completarse con Olivenza) una firme candidata a la Declaración de Patrimonio de la Humanidad, bien como extensión de Elvas, o dentro del Sistema fronterizo luso-español.

martes, 26 de noviembre de 2019


SÃO TOMÉ, COLOR, CALOR Y LUCHA POR LA VIDA
Moisés Cayetano Rosado
Tras atravesar -procediendo de Lisboa- los desiertos de Marruecos y Mauritania, después de una escala en Malí, llegamos a la Isla de São Tomé. Los tremendos terrenos resecos, erosionados como paisajes lunares o marcianos, dan paso al verdor de la costa guineana y a la explosión vegetal de la pequeña isla ocupada y poblada bajo dirección portuguesa a partir del siglo XVI, e independiente desde 1975.
El color de São Tomé es de un verde brillante que apabulla. Que te llena de luz esperanzada. Los palmerales, cocoteros, cafetales, bananeras, árboles-pan… junto a los gigantescos árboles madereros y el sotobosque gigantesco de plantas trepadoras, lo cubren todo, abriéndose entre ellos caminos transitados siempre por grupos de personas, o personas solitarias, que van y vienen. Los niños a la escuela, o de la escuela, haciendo diez, veinte kilómetros diarios de ida y vuelta desde sus “roças”, donde viven en humildes casas de madera y chapa, a veces sobre pilotes, para salvar los barrizales de las frecuentes lluvias; los mayores al trabajo o transportando humildes mercancías que venden en los pueblos o las ciudades-pueblos, que nunca llegan -ni la capital- a la categoría de ciudad.
Entre las multitudes de niños, de jóvenes, de esta población total de unos 200.000 habitantes para 1.000 kilómetros cuadrados, con una intensa explosión demográfica y escasez de ancianos, llama la atención su alegría de vivir, su explosión de calor, su coraje al enfrentarse con una vida dura, con recursos escasos, carestía en la cesta de la compra (que depende en gran parte de la importación), infraestructura vial, de colectores y recolectores deficientes, viviendas humildísimas, frágiles y vulnerables al calor, a la humedad, a la lluvia y los vientos…
La lucha por la vida es una constante en esta tierra de encantadoras playas, de paisajes de ensueño, de grandes recursos naturales en su suelo que precisan de un reparto equitativo, de abundante pesca que rebosa luego en los mercados bulliciosos abiertos desde que amanece (5’5 h. de la mañana) hasta bien entrada la noche (20’00 h.).
Y siempre, ese afán por cuidarse, por reafirmar su presencia que la naturaleza dotó de indudable belleza. Humildemente cultivada, pero llena de dignidad y de elegancia; parece un milagro que en medio de múltiples carencias levanten su figura como dioses dotados de la Gracia siempre con mayúsculas.
Apenas si hay monumentalidad arquitectónica en la Isla. Podríamos destacar el Forte abaluartado de S. Sebastião, levantado por los portugueses en 1575, y actualmente transformado en un discreto museo de la historia de São Tomé, con todas sus luchas, sufrimientos y atropellos cometidos en la explotación de los recursos económicos, así como un repaso enorgullecido a su independencia y construcción democrática de los últimos decenios.
Isla tranquila; personas amables, acogedoras; tiempo lento para pasar la vida y comprender con qué poco es suficiente para encarar el futuro con una luz constante de alegría, de esperanza y bondad.

martes, 5 de noviembre de 2019


SICILIA: LA PRESENCIA DEL ETNA Y EL REPASO A LA HISTORIA Y EL ARTE MEDITERRÁNEO
 
Moisés Cayetano Rosado

Vas a Sicilia y lo primero que se te hace presente, omnipresente, es el volcán Etna, que parece como si estuviese constantemente fumando una gran pipa inacabable.
Desde el avión crees que es una nube blanca que se alza al cielo, pero es el desahogo eterno del volcán, que a veces se enfurece y es un dragón de fuego.
Ya estamos en Catania, donde sorprende el barroquismo de su Catedral, de su Universidad, de sus grandes palacios, magníficos restos del anfiteatro romano… y el popular mercado en que las voces atronadoras de los pescaderos envuelven la belleza multicolor de peces y mariscos.
Solo los hombres venden; solo los hombres compran. Y es que dicen que “las mujeres se llevan lo superfluo” y “malgastan”. ¡Ese machismo mediterráneo del que aún se hace gala…!
Otro día, desde ese extremo centro oriental de la Isla, nos internamos hacia el noroeste hacia el Etna. Viaje por curvas y subida en autobús, al que reemplaza a continuación el teleférico y más arriba potentes vehículos 4x4, que desafían las pendientes y las curvas más curvadas que uno pueda coleccionar.
Y allí, el volcán, que son los volcanes, porque los cráteres del Etna son múltiples, y los picos y simas se suceden a un lado y otro de la elevación principal de 3.342 metros, entre la negrura de las leves piedras quemadas, muchas calientes y humeantes cuando abres un pequeño agujero en el suelo con las manos.
Bajando la falda del conjunto volcánico, nos acercamos hacia el este, un poco más al norte, a Taormina. Nueva belleza de paisaje hacia el interior y hacia el mar, que culmina con el portentoso teatro Greco-Romano de la población, desde cuyo graderío se nos ofrece la costa recortada, el mar inmenso, el verdor añorado más atrás en las quemadas tierras-piedras del Etna.
Así, desde las entrañas de la tierra hemos pasado a las entrañas de nuestra civilización mediterránea, en un día de contrastes y belleza, que habremos de completar con una buena “reposición” a base de pescados y mariscos de la zona, generosa en ellos.
Una asombrosa jornada nos esperará otro día, con la visita a la Villa Romana del Casale, ya casi al centro de la Isla. Los corrimientos de tierra preservaron del expolio y la ruina lo que es la más asombrosa colección de mosaicos romanos del mundo, donde la “mundanidad” representada en las escenas de la vida cotidiana se abrillanta con la habilidad artística de figuras, combinaciones de colores, movimiento y viveza que nos atestiguan el “buen vivir” de los poderosos… como siempre.
Merece subir al norte, una vez más a la costa, y visitar la deliciosa Cefalú, antigua plaza cartaginesa, de catedral normanda y mosaicos bizantinos, donde la figura de “Cristo Pantocrátor” (que se repetirá con igual mérito en otras iglesias y catedrales sicilianas) es una de las más impactantes que nos sea dado contemplar.
Y ya, a Palermo, la capital. ¡Qué decir de sus palacios (fuera de lo común el de los Normandos, con su Capilla Palatina, de gran derroche de mosaicos bizantinos. a cuya entrada se recuerda el destino de receptores de refugiados e inmigrantes, tan rechazados por las autoridades y apoyados tantas veces por una población que sabe bien de los sufrimientos de las partidas forzadas, porque la historia se las hizo vivir bastantes veces!
Resulta necesario acercarse a Monreale: ¡qué Pantocrátor, con sus dorados y azules increíbles!, en su Catedral árabe-normanda. Seguramente en mosaicos bizantinos no tenga rival.
Y de nuevo en Palermo, sus calles, sus palacios, sus iglesias, sus curiosos teatros de marionetas (Ópera dei Pupi), de extraordinario colorido, maestría en la ejecución de los movimientos hábilmente llevados entre bambalinas, historias de caballeros, damas y dragones, con sabor medieval, revivido en estos tiempos. A  pesar de nuestra “alta tecnología”, siguen subyugándonos con su ingenuidad y gracia.
De Palermo a Segesta, nos lleva el aliciente de contemplar su magnífico Templo Dórico, cuya singularidad lo hace más majestuoso. Enseguida en Érice y Trápani, ya en el extremo noroccidental de Sicilia, nos cautivará su caserío, su preservado urbanismo medieval, sus vistas al mar, su sosiego vital, que iremos contemplando en pueblos y pequeñas ciudades costeras y del interior.
Llegaremos, en el suroeste, a Agrigento, donde nos espera el admirable “Valle de los Templos”. Una especie de “torres vigías” rodeando a la populosa y desaparecida ciudad griega, de las que se preservan como una docena de restos significativos, entre los que destacan el Templo de Júpiter Olímpico y el Templo de la Concordia. ¡Cuesta un poco dejar atrás este conjunto armonioso de templos dóricos, uno de los cuales serviría a la UNESCO como símbolo de las ciudades, sitios y conjuntos declarados “Patrimonio de la Humanidad”!
Carretera adelante, un testimonio sobrecogedor de las miserias de las guerras: varios bunkers de la Segunda Guerra Mundial, testimoniando la desgracia de unos tiempos que esperemos no se vuelvan a repetir, siendo estas moles “aviso a navegantes”.
Continuamos nuestra visita “circular”, siguiendo al sureste, hacia Ragusa: ciudad barroca por excelencia, todo iglesias y palacios alternándose, como rivalizando en presencia y porte ostentoso, ornamental hasta la saciedad en fachadas, puertas, balconadas…
Un poco más adelante, la ciudad de Noto. Otra vez una catedral digna de admiración, donde encontramos testimonios desgarradores de lo que es la emigración a la desesperada en barcazas sin consistencia de miles de refugiados y emigrantes que huyen del horror, desde el norte de África. Aquí, con los maderos y otros restos de las embarcaciones, los artistas han levantado esculturas que sobrecogen, como una cruz formada por restos de uno de los múltiples naufragios.
Y finalmente, torciendo ligeramente al noreste, Siracusa, un mundo de sorpresas, tesoros y belleza. Su Catedral, en el barrio portuario de Ortigia, aprovecha en sus muros -empotradas- magníficas columnas de un anterior templo dórico (¡siempre el dórico en Sicilia!).
Su Museo Arqueológico es una tentación: se pasaría uno en él horas y horas, ante las espléndidas colecciones que comienzan con restos fósiles y estudios geomorfológicos, y va recorriendo la prehistoria, la historia antigua y medieval de la isla, clasificando los hallazgos por yacimientos, de cada uno de los cuales se nos muestra su estratigrafía civilizatoria de manera pormenorizada.
¿Para cuánto da Sicilia? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Un mes? ¡Más siempre, porque su admirable legado físico, geológico, arqueológico, arquitectónico, urbano, artístico en general, gastronómico no tiene rival! ¡Y encima, la “guinda” incomparable del volcán!