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miércoles, 15 de marzo de 2023

 REDESCUBRIR CAMPO MAIOR

Moisés Cayetano Rosado (texto y fotos)

PASADO Y LEGADO.

A estas alturas quizás sea una exageración hablar de redescubrir Campo Maior, cuando tantos rayanos hemos disfrutado de sus calles engalanadas con flores de papel en las fiestas que -sin una periodicidad exacta- celebran en septiembre. Otros muchos van al cercano Barragem do Caia, amplio y pintoresco embalse, para pescar, bañarse, practicar el campismo, coger espárragos, etc. También algunos disfrutan de sus cada vez mejor acondicionados restaurantes, que hacen la competencia a los de Elvas y de Badajoz, sobre todo en la preparación del bacalao, el ensopado de borrego, los asados de todo tipo, los dulces caseros, los vinos y licores propios.

Sin embargo, Campo Maior es mucho más. Ya cuando vamos por la carretera que nos lleva desde Badajoz (no el “atajo” que, llegando, se indica a la derecha, sino de frente) tenemos una vista impresionante de su castillo medieval -mandado edificar originalmente por el rey D. Dinis en 1310, reconstruido tras la  explosión en 1732 del polvorín de su Torre del Homenaje- y de la Iglesia Mayor (Igreja Matriz), precioso templo de los siglos XVI-XVII, de altísima fachada flanqueada por dos torres gemelas, manierista, con interior de tres naves separadas por pilastras con arcos de medio punto y nueve altares barrocos.

Como hay que dar un amplio rodeo hasta entroncar con la carretera que viene de Elvas, durante todo el trayecto -a mano derecha- nos irá acompañando esta vista de la ciudad dominada por ambos monumentos a cuyos pies se extiende un caserío de tejados rojos y blancas fachadas que emparientan el urbanismo rural alentejano con el extremeño. Delimitando este espacio, tenemos amplios lienzos de muralla abaluartada de los siglos XVII y XVIII.

No olvidemos que estamos ante una ciudad fuertemente fortificada, fronteriza, enfrentada tantas veces con España, de la que a principios del siglo XIII (1219) dependió, al ser conquistada a los musulmanes, hasta que en 1297 pasó a formar parte de Portugal, por el Tratado de Alcañices. En 1509, bajo el reinado  de D. Manuel, el escudero de la Casa Real Duarte de Armas registraría su panorámica general en dos dibujos excepcionales y una planta minuciosa del castillo, que son un registro imprescindible para conocer la estructura de la época, como ocurre con otros 55 castillos fronterizos más, dentro de su obra Livro das Fortalezas.

Posteriormente, la Guerra de Restauração (1640-1668) impulsaría a realizar la ambiciosa fortificación abaluartada, primero bajo la dirección del matemático e ingeniero holandés y jesuita João Pascácio Cosmader, y a continuación por el ingeniero francés Nicolau de Langres. Por entonces, junto a Elvas y Juromenha, este enclave pasaría a ser de “defensa prioritaria”, al estar situado en el punto más vulnerable de la frontera: llano, con mínimas dificultades para la artillería, de buenos recursos en agua y alimentos para los invasores y caballerías, y en la línea directa del corredor Madrid-Lisboa.

Durante la Guerra de Sucesión española (1701-1714) volverían los enfrentamientos, al aliarse Portugal con el pretendiente austríaco, en contra del francés Felipe de Anjou, Felipe V de España. El cerco padecido en 1712, inmediatamente posterior a la cercana Batalla de la Gudiña, de 1709, obligó a nuevos refuerzos y obras de consolidación del amurallamiento. En el plano de João Tomás Correia sobre dicho asedio tenemos una visión completa de la fortificación abaluartada, así como de sus desaparecidos fuertes, que nos dan cumplida idea de su importancia defensiva.

Ya durante las Guerras de Invasión Napoleónica (y su antecedente “Guerra de las Naranjas”, 1801), sufrirá nuevos asedios y ocupaciones, especialmente en 1812, no sin antes haber vivido una tragedia especialmente devastadora: en la madrugada del 16 de septiembre de 1732 un rayo provocó la explosión del polvorín situado en la Torre del Homenaje del Castillo, donde se almacenaban unas 60 toneladas de pólvora y 5.000 cartuchos, ocasionando 316 muertos, cerca de 2.000 heridos y quedando destruido el castillo y gran parte del caserío.

 

CAMPO MAIOR HOY.

Tras los muchos reveses históricos, Campo Maior ha sabido sobreponerse a las contrariedades y, precisamente a causa de la necesidad de defensa y al modelo urbanístico impuesto por las guerras (con gran presencia de cuarteles militares y almacenes del ejército), se nos muestra ahora como una población de extraordinarios recursos patrimoniales, muy bien valorizados por la Câmara Municipal y por la población en general.

Esta ciudad, tan hermanada con Extremadura, y más concretamente con Badajoz, que supo acoger de manera ejemplar a los refugiados extremeños que huían de las represalias de la Guerra Civil española de 1936-39, es una referencia obligada para todos.

Callejear por su zona antigua es una delicia. El entramado medieval de la misma, lleno de rincones, calles que se estrechan o ensanchan, que se ondulan, que suben la cuesta hasta el castillo (visitable, con un Centro de Interpretação das Fortificações realmente admirable) de hermosas vistas al territorio circundante y caserío en anillo, de amplias chimeneas) nos trasporta en el tiempo y nos envuelve con su serenidad, su remanso de paz.

 

Son de garantía sus pequeños restaurantes, en muchos de los cuales han recuperado la artística bóveda extremeño-alentejana, y sus pastelerías, con estupendos dulces y café. De garantía son también, en el Jardim -la plaza principal-, sus terrazas, donde podemos comer unos deliciosos caracoles a precio más que asequible, y deambular entre la densidad de su arbolado, arbustos y parterres.

Entre este Jardim y la Iglesia principal está la Plaza del Ayuntamiento (Câmara Municipal), que al medio tiene uno de los Pelourinhos (Picota o Royo, en castellano) más hermosos de la Península. Y al lado de esta Iglesia más atrás nombrada, una capilla (Capela dos Ossos) forrada de huesos humanos de la que existe un modelo similar en Alentejo, en Évora; recordatorio tétrico y pintoresco de que “todos tenemos que morir” y de que “Nós ossos que aquí estamos, pelos vossos esperamos”. En fin, siempre es un alivio poder seguirlo viendo... Buena parte de estos restos óseos se deben a los enterramientos tras la explosión del polvorín de 1732.

Diversos museos completan el aliciente de la visita, como el del Lagar (Palácio Visconde d’Oliva), el Museu Aberto do Quartel do Assento (donde también se encuentra el Centro de Interpretação das Festas do Povo -Casa das Flores-), la Casa-Museu Santa Beatriz da Silva (santa del siglo XV, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, que conserva un monumental Monasterio en la localidad), el de Arte Sacra (que se encuentra  instalado en la Igreja de São João Baptista, espectacular templo neoclásico de planta octogonal y fachada de mármol tallado)  o el Centro de Ciencia do Café (amplísimo espacio moderno periurbano que pretende difundir la cultura del café, promover espacios dinámicos de conocimiento y ocio con los mejores medios tecnológicos).

La amabilidad y buena profesionalidad de todas y todos los responsables y guías de estos museos y centros de interpretación hacen que las visitas resulten plenamente agradables y provechosas.

Siendo todos altamente recomendables, quiero llamar la atención sobre el doble Museo del antiguo Quartel do Assento, o sea, el amplísimo cuartel donde se fabricaba el pan y se almacenaban otras vituallas para la tropa. En gran parte de su planta baja se encuentra el Museu Aberto, de carácter etnográfico (como los que también tienen en sus respectivos “Quarteles do Assento” Elvas u Olivenza), con un recorrido histórico desde la prehistoria hasta la actualidad.

El resto y plantas superiores se destinan a la “Casa das Flores”, que alberga la historia, los métodos y el encanto de esta muestra de la cultura popular, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en diciembre de 2021. En la planta alta encontraremos “mujeres artesanas” que confeccionan las flores de papel y ayudan al visitante a realizar su propia “obra de arte”. Éste, como casi todos los demás, es un museo interactivo, dotado de los máximos avances informáticos, que facilitan la información y entretienen acertadamente al visitante.


OUGUELA.

A siete kilómetros en dirección noreste se encuentra una pequeña aldea que recomiendo conocer: Ouguela, con poco más de un centenar de habitantes, castillo de la misma época que el anterior. La misma está reforzada por asombrosa fortificación de la Edad Moderna, realizada por el ingeniero Nicolau de Langres. Sin embargo, las actuaciones más importantes tendrán lugar a mediados del siglo XVIII, en que se le dota a la fortaleza de un baluarte, un medio baluarte, hornabeque y revellín.


 Una vez más se nos muestra la importancia estratégica de la zona en las guerras con España, teniendo al medio una cisterna visitable, a la que se accede por una cómoda escalera recientemente rehabilitada. Igualmente, contiene en el interior la rehabilitada Casa del Gobernador y un horno comunal. En el exterior del perímetro amurallado: profundo foso perimetral, contraescarpa, camino cubierto, parapetos y plazas de armas. Todo ello, muy similar (aunque de dimensiones lógicamente inferiores) a la Plaza fortificada de Campo Maior.

Una amplísima vista de la campiña hasta Alburquerque hace las delicias de cualquiera. Todo alrededor es silencio, quietud, rumor de agua, canto de pájaros del amplio valle extendido a sus pies. Desde ahí se puede ir -por buena carretera- a esta ciudad española, con la que tantas relaciones tuvo siempre, a pesar de los polvorientos y vigilados caminos en las épocas del contrabando con que tanta gente humilde se ganaba la vida.

En la carretera que comunica Campo Maior a Ouguela, antes de llegar a ésta última, a la derecha, tenemos una carretera que nos lleva en pocos kilómetros al Santuário de Nossa Senhora de Enxara, de estilo barroco y “tintes” alentejanos, muy frecuentada por la población local, que allí celebra cada año una frecuentada romería, por la Pascua.

domingo, 1 de diciembre de 2019

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD EN LA EUROCIUDAD DEL SUROESTE IBÉRICO

 
Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

CONCLUSIONES.
El Patrimonio fortificado de Elvas (Patrimonio de la Humanidad desde 2012) se complementa y obtiene su explicación histórica dentro del “triángulo” formado con Olivenza y Campo Maior, frente a Badajoz. Los conflictos en frontera, que han tenido lugar desde el mismo momento de la creación del Reino de Portugal, a mediados del siglo XI, hasta bien entrado el siglo XIX, han dado lugar en estas poblaciones, así como en sus términos municipales (en el de Elvas contamos con la importante presencia del Fuerte de Barbacena, además del antiguo Ponte de Ajuda -que salvaba al Guadiana camino de Olivenza-, destruido durante la Guerra de Sucesión española; en Campo Maior, con la fortaleza de Ouguela, y en las dos, más Olivenza y Badajoz, con elementos fortificados complementarios y estancias de servicios variados, así como torres de vigía estratégicas) a una “maquinaria de guerra” que hoy es un admirable conjunto artístico-monumental.
La importancia de Elvas aún se refuerza más contemplando este subsistema expresamente creado para la finalidad de defensa y “llaves” de sus respectivos reinos: España y Portugal, dotándose de la singularidad que exige el Criterio IV de selección de la UNESCO para calificarse como Patrimonio Mundial, y en este caso “extender” el ya obtenido por Elvas:Ofrecer un ejemplo eminente de un tipo de conjunto arquitectónico, tecnológico y paisaje, que ilustra una etapa significativa de la historia humana”.
La evolución de sus construcciones militares al compás de los avances técnicos de los tiempos, desde la neurobalística a la pirobalística; la autenticidad de gran parte del legado construido, así como la suficiente integridad del mismo pese al afán “higienista” y urbanístico de finales del siglo XIX y buena parte del XX (sin olvidar lamentables desaciertos recientes, sobre todo en Badajoz, al destruir las ruinas interiores del Fuerte de San Cristóbal, en lugar de consolidarlas, así como recargar de hormigón y empinadas escaleras el Baluarte de la Trinidad, y en Olivenza, con actuaciones desafortunadas y derribos de murallas y vaciados en el Baluarte de San Juan de Dios); el formar parte de las “Fortalezas abaluartadas de la Raya”, en la Lista Indicativa de Portugal -paso previo a la Declaración definitiva- desde 2017-; el ser el conjunto más compacto y completo de toda la Península ibérica… hacen de esta Eurociudad (a la inicial Elvas-Badajoz se une Campo Maior, y debería completarse con Olivenza) una firme candidata a la Declaración de Patrimonio de la Humanidad, bien como extensión de Elvas, o dentro del Sistema fronterizo luso-español.

jueves, 11 de julio de 2019


PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD EN LA EUROCIUDAD DEL SUROESTE IBÉRICO

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

Hace por estas fechas siete años, la “Guarnición fronteriza y fortificaciones de la ciudad de Elvas” fueron declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, de acuerdo con su Criterio IV de selección:Ofrecer un ejemplo eminente de un tipo de conjunto arquitectónico, tecnológico y paisaje, que ilustra una etapa significativa de la historia humana”. Declaración que viene a reconocer el valor histórico y monumental de un complejo defensivo excepcional, que incluye no solamente la fortificación abaluartada de los siglos XVII y XVIII sino todo el conjunto fortificado (castillo medieval y amurallamientos islámicos y fernandinos), instalaciones interiores: cuarteles, polvorines, hospitales, almacenes, dependencias militares complementarias, acueducto, cisternas, espacios exteriores con sus fuertes, fortines, caminos cubiertos, glacis, etc.
Sin embargo, reconozcamos que todo ello se explica en su conformación por la relación con el entorno, esencialmente el entorno próximo: aquellas poblaciones cuya presencia fue un condicionamiento de su propia significación como “llave del Reino”: Badajoz, su rival fronterizo desde la misma configuración del Reino de Portugal por su primer rey, D. Afonso Henriques, a mediados del siglo XII, y Campo Maior, tan ligada a los anteriores en las sucesivas ofensivas bélicas medievales y muy especialmente de la Edad Moderna. No olvidar también el papel protagonista de Olivenza (“Olivença” portuguesa desde el Tratado de Alcañices de 1297 hasta la anexión a España durante la Guerra de las Naranjas de 1801).
Este triángulo de primera línea de frontera, en el espacio de incursión más vulnerable, por ser llano, bien dotado de recursos agro-ganaderos y de privilegiada situación geográfica en la línea más corta entre los dos núcleos capitalinos de España y Portugal, forma en sí un conjunto permanentemente interrelacionado en la historia, lo que les ha llevado sistemáticamente a presentar unas defensas urbanas y periurbanas necesarias para protegerse entre sí a un lado y otro de la línea fronteriza: Elvas, Olivenza y Campo Maior del lado portugués; en frente, Badajoz, del lado español.
Esto hace que las “Guarniciones fronterizas y fortificaciones de Elvas, Olivenza, Campo Maior y Badajoz” se expliquen como un subsistema propio de defensa dentro del gran sistema luso-español. Y sus avatares históricos así como el legado patrimonial heredado ofrezcan un ejemplo eminente de un tipo de conjuntos arquitectónicos, tecnológicos y paisajísticos, que ilustran una larga etapa significativa de la historia humana”. O sea, digno el conjunto como complemento explicativo de la propia existencia de cada uno de sus elementos, lo que hace razonable que la Declaración de Patrimonio de la Humanidad pueda “extenderse” (figura contemplada en los modelos de clasificación de la UNESCO) a estas poblaciones vecinas, siempre y cuando las tres candidatas a dicha extensión adecúen su Patrimonio a las exigencias del organismo internacional: cuidar su autenticidad, respetar lo que hemos heredado de su integridad y acondicionarlo con una restauración racional de sus elementos: algo que hizo ejemplarmente en su día Elvas, está acometiendo Campo Maior (tanto en la ciudad en sí como en su población dependiente, Ouguela), y que deberá abordar de una manera integral Olivenza y Badajoz.
Juegan a favor de lo razonable de esta clasificación en serie los siguientes factores:
- La evolución de sus construcciones militares al compás de los avances técnicos de los tiempos, desde la neurobalística a la pirobalística, presentes la primera en los castillos medievales de Elvas, Campo Maior y Olivenza, y en la alcazaba musulmana de Badajoz
 - La autenticidad de gran parte del legado construido, así como la suficiente integridad del mismo pese al afán “higienista” y urbanístico de finales del siglo XIX y buena parte del XX, aunque hayamos de lamentar desaciertos recientes, sobre todo en Badajoz, al destruir las ruinas interiores del Fuerte de San Cristóbal, en lugar de consolidarlas, así como recargar de hormigón y empinadas escaleras el Baluarte de la Trinidad, y en Olivenza, las actuaciones desafortunadas y derribos de murallas y vaciados en el Baluarte de San Juan de Dios.
- El formar parte de las “Fortalezas abaluartadas de la Raya”, en la Lista Indicativa de Portugal -paso previo a la Declaración definitiva- desde 2017, con lo que todas las fortificaciones rayanas están en disposición de presentar la candidatura formal.
- Y el ser el conjunto más compacto y completo de toda la Península ibérica.
Todo ello hace de esta Eurociudad: Elvas (con su otra fortificación del municipio: Barbacena), Campo Maior (con otra fortaleza más en su municipio: Ouguela), Olivenza (que comparte con la primera el Ponte de Ajuda) y Badajoz (de alcazaba inigualable, como complemento excepcional y único en la Raya) una firme candidata a la Declaración de Patrimonio de la Humanidad, bien como extensión de Elvas, o dentro del Sistema fronterizo luso-español. ¡Ahora es buen momento para ponerse en ello a trabajar, para hacerlo realidad!

lunes, 4 de mayo de 2015

OUGUELA COMO PROTAGONISTA: LIBRO Y VISITA 

Ouguela es un pequeño-gran tesoro de la Raya/Raia luso-española (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2014/11/ouguela-pequeno-gran-tesoro-vigilando.html). Y sobre ella ha recopilado unos útiles “elementos para a sua história” el profesor e historiador Francisco Galego (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2015/01/a-antiga-vila-de-ouguela-elaboracion.html).
El viernes, 8 de mayo, a las 20’00 horas, vamos a presentar precisamente este libro en el Salón de Plenos de la Diputación de Badajoz (Calle Obispo San Juan de Ribera, 6. Badajoz), y le serán ofrecidos ejemplares del mismo a los asistentes por parte de la Câmara Municipal de Campo Maior (de la que depende esta Vila).
Intervendrán, junto al propio autor -Francisco Galego-, el Presidente de la Câmara Municipal de Campo Maior -Ricardo Miguel Furtado Pinheiro-, el Presidente de la Asamblea Municipal de Campo Maior -Pedro Murcela- y los historiadores José Ribeiro (Subdirector del Museu Militar de Elvas), Luis Alfonso Píriz (Archivero-bibliotecario de Olivenza) y Moisés Cayetano Rosado (Director de la revista transfronteriza “O Pelourinho”), moderando la Mesa Francisco Muñoz Ramírez, director del Área de Cultura de la Diputación de Badajoz.
Al día siguiente -el sábado, 9 de mayo-, giraremos una visita a la propia Vila y sus fortificaciones, dirigida por el mismo autor del libro, Francisco Galego, y el historiador Julián García Blanco, competente estudioso de las fortificaciones de la Raya/Raia. El punto de encuentro será la entrada de Ouguela, a las 10’30 horas españolas.

Ambas actividades son libres y se invita a todos los interesados a asistir y participar en las mismas.

miércoles, 21 de enero de 2015

A ANTIGA VILA DE OUGUELA
Elaboración: Francisco Galego.
Edita: Municipio de Campo Maior. Campo Maior, 2014. 149 páginas.


Ouguela, pequeña población del concelho de Campo Maior, enclavada en el borde central de la Raya hispano-portuguesa, ha desempeñado a lo largo de la historia un papel decisivo en la fijación de la frontera y su defensa. Situada a la vista de Alburquerque y ligeramente al noroeste de Badajoz, constituye un primer escudo defensivo contra las anteriores poblaciones españolas, junto a Arronches al norte y Campo Maior, Elvas y Juromenha hacia el sur, que se prolonga en la Olivença portuguesa. De ahí la importancia en todas ellas de sus castillos medievales y en la Edad Moderna de sus fortificaciones abaluartadas.
Francisco Galego, reputado historiador campomaiorense, ha querido rescatar su papel a lo largo de la historia con el libro que ahora nos ofrece: A Antiga Vila de Ouguela. Elementos para a sua história, que edita el Municipio de Campo Maior, con el patrocinio de Cafés Delta.
Ya anteriormente el profesor Galego nos había dado obras de indudable interés sobre Campo Maior y su entorno, referidas a nuestros frecuentes conflictos de los siglos XVIII y XIX, como: Uma celebração maior em Campo Maior. O cerco de 1811, en que rescata una importante bibliografía y documentos referidos a este conflicto peninsular, elaborando una cronología de gran utilidad desde 1801 a 1812. Igualmente, un año después nos entregaba su 3º Centenário do Sítio de 1712. Um episódio da Guerra da Sucessão de Espanha em Campo Maior, también antología de textos y documentos, más cronología de la Guerra de Sucesión española de 1703 a 1713, en que de nuevo el entorno de Badajoz-Elvas-Campo Maior cobra especial protagonismo.
También en 2012 publicaba en la Revista transfronteriza “O Pelourinho”, de la Diputación de Badajoz, sus Notas de leitura cronológicamente organizadas sobre Campo Maior como praça de guerra, que van desde el siglo XIII hasta finales del XX, en un esfuerzo de síntesis que lo convierte en obra de consulta de gran utilidad para fijar ideas sobre los conflictos de este entorno transfronterizo en la “línea caliente” Madrid-Lisboa.
(Foto E. Moitas)
La obra que ahora se edita fija su atención en esta población tan significativa en la historia medieval y moderna, que hoy apenas llega al centenar de habitantes, pero que conserva en gran parte los elementos patrimoniales de su pasado trascendente en los conflictos de frontera: el recinto medieval, con sus cortinas de murallas y torreones; los refuerzos abaluartados, formados por un espléndido hornabeque de defensa orientado hacia la población exterior, un semibaluarte de protección en la entrada, profundo foso perimetral, camino cubierto, parapeto y plazas de armas exteriores, así como Casa del Gobernador, amplísima cisterna y horno comunal interior.
Francisco Galego divide su obra en seis capítulos, siendo el primero una introducción a la importancia de Ouguela. El segundo, un ensayo monográfico, geohistórico, sobre la población y el castillo, estableciendo su cronología desde el siglo XIII (Ouguela pasó a integrarse en el dominio portugués por el Tratado de Alcañices, de 12 de septiembre de 1297, bajo el reinado de D. Dinis) hasta 2014 en que se inaugura la restauración de la Casa del Gobernador, dirigida por el técnico elvense José Kuski Vieira.
El tercer capítulo -y más amplio- se compone de unas variadas “Notas de leitura”, diecinueve en total, en que rescata textos que nos permiten conocer los avatares de esta población tan significativa en la Raya. Van desde crónicas del siglo XVII (“Monarchia Lusytana”, de Fr. Francisco Brandão) a textos contemporáneos que circulan por internet de manera dispersa, pasando por los episodios fundamentales de su historia. Se detiene en trabajos fundamentales como la presencia de Ouguela en el Livro das Fortalezas, de Duarte Darmas (reproduciendo la planta y dos vistas panorámicas que en él se contienen de la población a comienzos del siglo XVI), los trabajos de fortificación allí y en el entorno del ingeniero militar del siglo XVII Nicolau de Langres, o la presencia e influencia del Visconde de Ouguela, en el siglo XIX, así como referencia a las importantes atalayas de los alrededores.
El capítulo cuarto nos presenta diversas fotografías, grabados y planos históricos de Ouguela y sus atalayas, que reflejan la importancia del patrimonio histórico-artístico heredado. El quinto capítulo son las referencias bibliográficas del estudio, así como el sexto los “sitios” de internet con documentación complementaria, de los que también se ha servido el historiador para su trabajo.
Un estudio, por tanto, muy útil para comprender las relaciones históricas del espacio transfronterizo en general, el alentejano-extremeño en particular y el de un enclave tan decisivo en el corredor Madrid-Lisboa -a la altura de ese escudo con que Badajoz se encontraba hacia el oeste-, tan reforzado especialmente en la Edad Moderna, y cuyo legado es hoy elemento de alto valor cultural.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

lunes, 12 de enero de 2015

CITAS CULTURALES INELUDIBLES EN ELVAS Y CAMPO MAIOR

Pasado el paréntesis de las celebraciones de Navidad-Fin de Año-Año Nuevo-Reyes, tenemos de inmediato dos citas de indudable interés: una en Elvas, el 14 de enero, y la otra en Campo Maior, el 16 del mismo mes.
En Elvas se presenta el Atlas Médici de Lorenzo Possi 1687, del que ya tuve ocasión de ocuparme (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2014/11/volver-la-vista-atras-con-elatlas-de.html). Tendrá lugar en el Museu Militar, a las 12’30 horas de Portugal, y se enmarca en las conmemoraciones de las Linhas de Elvas (14 de janeiro), batalla tan decisiva para Portugal en la Guerra de Restauração, estando organizado el acto por la Câmara Municipal con apoyo de la Fundación Caja Badajoz, patrocinadora de la publicación.
La presentación correrá a cargo de los autores del libro y de este descubrimiento del valioso e inédito (hasta ahora) Atlas del siglo XVII, donde la Raya/Raia extremeño-alentejana tiene un protagonismo de primera magnitud. Carlos Sánchez Rubio, Rocío Sánchez Rubio e Isabel Testón Núñez -documentalista el primero y director de la Editorial 4 Gatos (de cuyo sello es la publicación) e historiadoras de la Universidad de Extremadura las otras dos- ya son “viejos conocidos” en el mundo del hallazgo documental, el análisis y la crítica de valiosas joyas cartográficas, como es la que ahora presentan en Elvas, tras haber sido hecho igualmente en fechas recientes en Badajoz.
En Campo Maior, también será una publicación la protagonista del acto cultural: se trata del libro A Antiga Vila de Ouguela-Elementos para a sua história. La presentación tendrá lugar en el Centro Cultural de Campo Maior a las 21’30 horas de Portugal del día 16 de enero, bajo la organización de la Câmara Municipal, con el apoyo de Café Delta.
El autor del libro es el historiador Francisco Pereira Galego, muy conocido en los estudios referentes a la Raia/Raya, que ha recopilado paciente y rigurosamente documentación sobre conflictos en la misma a lo largo de toda la Edad Moderna, especialmente de Campo Maior y alrededores. La presentación de la obra correrá a cargo del teniente-coronel José Ribeiro, también reputado historiador militar, cuyos estudios sobre Elvas y zonas limítrofes son de considerable rigor. El que ahora nos convoquen para desmenuzar elementos históricos de Ouguela resulta de especial interés, pues se trata de una de las poblaciones fortificadas, artillada y abaluartada, menos conocida pero decisiva en los conflictos peninsulares de la Edad Moderna y el siglo XIX, conservando hoy en día un patrimonio artístico-monumental digno de contemplar y disfrutar http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2014/11/ouguela-pequeno-gran-tesoro-vigilando.html
Dos citas, por tanto, ineludibles para todos aquellos que venimos admirando un legado que, levantado en tiempos de conflicto y penalidades, nos deja hoy una herencia digna de ser elevada a Patrimonio de la Humanidad.

Moisés Cayetano Rosado

lunes, 22 de diciembre de 2014

Una larga excursión transfronteriza.
CORREDOR DE INVASIÓN MADRID-LISBOA: TESORO FORTIFICADO DE LA RAYA

Moisés Cayetano Rosado

Las sucesivas guerras de la Edad Moderna convirtieron la Raya, en la línea de invasión Madrid-Lisboa, en una sucesión de “escudos abaluartados”, que ya en la Baja Edad Media tuvo una importante implantación de fortalezas góticos, de defensa activa.
Este corredor, este inmenso valle del Guadiana fronterizo, que se prolonga por la planicie alentejana hasta Setúbal-Lisboa, presenta en la parte española una importante población que fue sucesivamente fortificada desde su fundación islámica: Badajoz. A lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX completaría unas defensas artilladas y abaluartadas. Al norte estaba auxiliada por Alburquerque, e inmediatamente al sur por su poblado efímero de Telena; fortaleza esencialmente bajomedieval la primera y del siglo XVII la segunda.
ESCUDOS SUCESIVOS.
Pero el “embudo de contención” alentejano superaría con creces estas construcciones de defensa e impulso a la infiltración, teniendo ante Badajoz una inmediata tenaza primero de fortalezas medievales y después revestidas de abaluartadas, con enorme despliegue técnico: Campo Maior al norte, Elvas al centro y Olivença al sur. Vanguardia fortificada de impresionante alarde bélico y extraordinaria belleza monumental mirándolo como legado histórico.
A esta línea de inmediato choque le sucede como una primera e inmediata retaguardia otro conjunto donde igualmente lo medieval ha sido revestido a partir de la Guerra de Restauração de 1640-1668: Arronches más al norte de Campo Maior; Ouguela en el norte inmediato, y Juromenha a espaldas de Olivenza, a orillas del Guadiana.
Estrechándose ese “tubo de embudo”, internándose hacia el inmenso llano alentejano que lleva cómodamente hacia Lisboa, una segunda, casi horizontal línea de retaguardia: Vila Viçosa, Estremoz y Évora. Otra vez más lo medieval se reviste de abaluartado, y -como los anteriores- protagonizan importantes confrontaciones entre portugueses y alentejanos, con sus respectivos aliados, ingleses y franceses en la Edad Moderna, tras las guerras de frontera anteriores ante las conquista a los musulmanes.
De todo ello nos ha quedado un patrimonio artístico-monumental verdaderamente extraordinario, único; testimonio singular de una prolongada época de lucha fronteriza, en muy buena parte preservado en cuanto a su integridad y autenticidad. Digno de contemplarse, “leerse”, disfrutarse en serie.
RECORRIDO POR LAS LÍNEAS DE CHOQUE Y CONTENCIÓN.
Partir de Alburquerque, con su incomparable castillo roquero del siglo XV y sus redientes artillados del siglo XVIII (sin olvidar su barrio gótico) para dirigirse a Arronches, que conserva gran parte de la muralla abaluartada iniciada en el siglo XVII, es un buen comienzo. No falta en el camino muestras interesantes de pintura esquemática rupestre, como en sus cascos históricos un notable patrimonio arquitectónico religioso.
De Arronches podemos bajar a Ouguela, deliciosa y mínima población de apenas 50 habitantes que sorprende por su fortaleza medieval artillada y complementos abaluartados, con enorme cisterna en el patio de armas y envidiables vistas alrededor, que rivalizan con las de Alburquerque, visible desde allí.
Una decena de kilómetros más abajo: Campo Maior, conjunto medieval, renacentista y moderno extraordinario en cuanto al patrimonio militar, civil y religioso, complementado con sus museos etnográficos e industriales.
El paseo desde allá nos lleva a Badajoz, a dieciséis kilómetros, distancia que prácticamente no hemos superado en los anteriores recorridos con parada. El tesoro de esta ciudad, la mayor de su entorno, con más de 150.000 habitantes, es de sugerente complejidad: desde su alcazaba musulmana hasta su Museo de Arte Contemporáneo ubicado donde estuvo -y fue lamentablemente destruido- el Fuerte de Pardaleras, recorremos todo el arte y la historia cuando menos de los siglos X al XXI.
Al sur, la Olivenza española (Olivença portuguesa), que une a su patrimonio fortificado neurobalístico y pirobalístico -como las demás- su riquísimo y variado patrimonio monumental y urbano, así como un Museo Etnográfico de los más completos que podamos contemplar.
El “plato fuerte” puede que lo detente la siguiente parada: Elvas, con uno de los conjuntos de fortificaciones abaluartadas y sus complementos más grandiosos e íntegros del mundo, enriquecidos por dos cercas islámicas y otra más bajomedieval, en parte conservadas (y coronadas por su castillo, primer Monumento Nacional clasificado en Portugal, en 1906), así como un conjunto de iglesias donde la riqueza gótica, manuelina y barroca se muestra con generosidad.
Estas poblaciones de primera línea geográfica en la Raya, que exigen parada y fonda en su amplia y sugerente oferta de estancia y gastronomía, se completa con Juromenha -en la “cola” impresionante del Barragem (embalse) de Alqueva, apenas una decena de kilómetros debajo de Elvas, cuyas murallas musulmanas en adobe quedan amparadas por un inmenso fuerte abaluartado que eleva sus murallas en el cerro a orillas del Guadiana, ofreciendo una estampa llena de grandeza.
Y ya internándonos en la planicie, defendiendo el camino de Lisboa, tres sucesivas maquinarias defensivas, a punto también para la ofensiva de contraataque: Vila Viçosa, a la que el viajero puede acceder desde Juromenha sin necesidad de volver a la carretera principal. La ciudad es un libro abierto de arte y de historia, bajo el signo principal de los duques de Bragança, no solo por su Palacio Ducal incomparable, sino también por su castillo artillado del siglo XVI, imponente, a un lado de su fortificación medieval, y revestido de tenazas, más hornabeque interior.
Enseguida: Estremoz, magnífico en su Torre del Homenaje, donde vivieron el rey D. Dinis y la reina Dña. Isabel, extraordinario en su cerca abaluartada y único en su mercado de los sábados en la espaciosa plaza principal, donde las antigüedades se alternan con productos artesanales y hortofrutícolas de los propios productores.
Para terminar, cerrando la “flecha abaluartada” del corredor de invasión Madrid-Lisboa: Évora, Patrimonio de la Humanidad, como también lo es Elvas, y como ella con extraordinario acueducto, obra esencial de los hermanos Arruda, del siglo XVI, que igualmente intervendrían en el castillo artillado de Vila Viçosa o el de Evoramonte, en el camino entre ambas poblaciones. Ciudad-museo, como habríamos de calificar a Elvas y Vila Viçosa, y como todas las demás testigo esencial de la historia fronteriza desde las correrías de Geraldo Sem Pavor (a quien recuerda en su escudo), del siglo XII, hasta últimas confrontaciones en las invasiones napoleónicas, siete siglos después.

Tesoro en serie inigualable de la Raya, testimonio y ejemplo de conjuntos urbanos fortificados que ejemplifican el desarrollo tecnológico e ilustran etapas esenciales de la Baja Edad Media y de la Edad Moderna. Patrimonio indiscutible de la Humanidad. Recreo artístico-monumental para las generaciones actuales y para las venideras.

jueves, 27 de noviembre de 2014

OUGUELA, PEQUEÑO-GRAN TESORO VIGILANDO LA RAYA

Moisés Cayetano Rosado 
Subiendo de Campo Maior hacia el norte -camino de la Raya/Raia, para ir hasta Alburquerque-, nos encontramos a 10 kilómetros de la primera, casi pegando a la frontera, esta pequeña población de poco más de cincuenta habitantes.
Su lugar privilegiado, en un pronunciado cerro cercano al río Gévora, rodeado de tierras feraces y de manantiales, le han hecho centro de ocupación poblacional desde época prerromana hasta la actualidad, en que ha quedado tan mermado de ocupantes. Celtas, romanos, visigodos, musulmanes… han ido pasando por este promontorio, fortificándolo estos últimos, antes de que la ocupación cristiana le diera su conformación definitiva.
Será el rey D. Dinis el que le otorgue fuero propio en 1298, que D. Manuel renueva en 1512. Conservará estatuto de villa hasta la reforma administrativa de 1836, en que pasa a depender del concelho de Campo Maior.
Alburquerque y su castillo al fondo visto desde Ouguela
Desde uno a otro de estos dos reinados, se configurará definitivamente el castillo, pasando a ser una de las plazas fuertes más importantes del Alto Alentejo, defensora de la frontera frente al poderoso señorío castellano de Alburquerque.
Esta función de control fronterizo y defensivo volverá a desempeñarla activa y reiteradamente a lo largo de la Edad Moderna, especialmente durante la Guerra de Restauração o independencia de Portugal (1640-1668), en que fue tomada por los ejércitos españoles durante veinte años (1642-1662). Después, durante la Guerra de Sucesión de la Corona española (1701-1714), especialmente en la ofensiva de 1709. Sufre nueva invasión en 1762, y otra más en la llamada Guerra de las Naranjas (1801), en que volvió a ser ocupada.
Por todo ello, su amurallamiento medieval sería complementado con refuerzos abaluartados desde un primer momento de estos conflictos modernos, bajo proyecto de uno de los ingenieros más importantes del siglo XVII, que trabajó intensamente en la frontera alentejana: el francés Nicolau de Langres.
Sin embargo, las actuaciones más importantes tendrán lugar a mediados del siglo XVIII, en que se le dota a la fortaleza de un baluarte, un medio baluarte y revellín.
Bajada a la cisterna.
A resultas de ello, nos ha quedado un hermoso patrimonio, consecuencia de estos conflictos medievales y de la Edad Moderna. Así, tenemos en la actualidad un espacioso patio de armas aún habitado, con amplísima cisterna al medio (pudiéndose contemplar en un hueco central las escaleras de bajada y en otro la cavidad de la misma), horno comunal y huertas entre el caserío, además de monumental Casa del Gobernador, recientemente rehabilitada.
Casa del Gobernador
Protegiéndolo todo, conserva una hermosa muralla medieval, con extraordinarios torreones, que puede ser recorrida por su paseo de ronda, contemplándose a esta altura de más de 260 metros sobre el nivel del mar el extraordinario valle transfronterizo. Ello nos permite disfrutar al norte de la Serra de São Mamede y la Sierra de San Pedro (contemplándose claramente la silueta del castillo de Alburquerque), al oeste la inmensa planicie alentejana hasta más allá de Arronches y del barragem (pantano) do Caia, al este la vega pizarrosa de Villar del Rey, y al sur Campo Maior.
La puerta de entrada de la fortificación medieval -posteriormente remodelada- fue protegida en el siglo XVII por un semibaluarte, perfectamente conservado, como también lo están otras construcciones “a la moderna”: hornabeque al este, la zona más expuesta a la ofensiva; profundo foso perimetral, contraescarpa, camino cubierto, parapetos y plazas de armas.

La visita a este patrimonio monumental resulta siempre grata. El paseo por sus ronda elevadas, un goce para todos los sentidos: inmensas vistas circulares a valles y planicies; avistamiento de aves que sobrevuelan el castillo y los alrededores; el olor de la naturaleza cambiante de una densa vegetación contrastada de riveras y montes; el sonido relajado de algún rebaño de ovejas… y ese aroma de la cocina casera alentejana, que nos viene de las casitas de este interior fortificado, o de las otras viviendas que ascienden desde sus calles empinadas hasta la fortaleza. Goce general para experimentar y que a partir de ahí siempre nos gustará de repetir.