martes, 29 de septiembre de 2020


CARA Y CRUZ DE LAS MENTALIDADES MILITARES. EL CASO EXCEPCIONAL DE LOS CAPITÃES DE ABRIL 


Moisés Cayetano Rosado 

Juan Paz y Miño, historiador y analista ecuatoriano, escribía en julio de 2019, a raíz de que la Corte de Apelaciones de Roma impusiera cadena perpetua a 24 jerarcas militares y represores de Bolivia, Chile, Uruguay y Perú, comprometidos directamente en la “Operación Cóndor” (de lo que se libraron los dictadores argentinos fallecidos Videla y Massera, por trabas en el proceso):

Tras la Segunda Guerra Mundial, al desatarse la “guerra fría” y en el marco del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, 1947), las fuerzas armadas de los países latinoamericanos progresivamente fueron entrenadas y preparadas por los EE.UU. para “colaborar” y frenar cualquier avance “comunista” en la región, a través de becas para oficiales, visitas técnicas y pasantías en distintas bases o centros militares. El más famoso fue el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, conocido también como “Escuela de las Américas”, donde se graduaron más  de 60 mil militares y policías latinoamericanos, algunos de los cuales han recibido la condena italiana.

En esas instituciones, y bajo la sombra de la CIA, se forjaron y reforzaron las mentalidades dictatoriales y sanguinarias que conformarían el núcleo esencial de las Fuerzas Armadas de Latinoamérica, para las que todo lo que sonara a reivindicación popular, obrera, social, intelectual, cultural… era sinónimo de subversión comunista. Quedaba muy cerca en el tiempo, y metida en su propio espacio, la Revolución Cubana (1959), que EE.UU. no había sido capaz de fulminar, pese a sus denodados intentos, y no estaban dispuestos a dejar que se repitiera y extendiera la experiencia, con tantos intereses económicos como se tenían en juego, por parte de las poderosas compañías frutícolas, cafeteras, cacaoteras, mineras y petrolíferas.


Los militares latinoamericanos serían el dique contundente de contención de unas democracias
que se empeñaran en luchar contra lo que aquí en nuestra área, los Capitães de Abril, que hicieron la revolución contra la dictadura salazarista-caetanista, llevaron como bandera: Democratización-Desenvolvimiento-Descolonización.

Una Democratización llevaría consigo elecciones libres de los dirigentes políticos, creación de partidos y sindicatos, libertad de manifestación, expresión y reunión, derecho a la huelga laboral y social.

La aspiración al Desenvolvimiento económico y al progreso implicaría contrataciones laborales y salarios dignos, supervisión económica y productiva de los países por parte de los dirigentes electos, impuestos justos y progresivos según niveles de ingresos, control de la actividad de las multinacionales y posibilidad de expropiaciones por necesidades sociales, así como creación de empresas controladas por el Estado.

En cuanto a la Descolonización, se trataría de impedir que el territorio nacional estuviese bajo la batuta de grandes oligopolios extranjeros que a la postre someten a las naciones a su control, planificando su funcionamiento socio-económico como si se tratara de auténticas colonias, en un nuevo modelo más sofisticado que el propio control directo por sus fuerzas militares: se actúa por medio de ejércitos nacionales al servicio de los intereses foráneos.


De ahí lo sorprendente de la Revolução dos Cravos, coetánea de las terribles actitudes militares latinoamericanas. ¿Cómo esa contraposición?

Tema apasionante en el que sigo profundizando, aunque por lo pronto hay que apuntar algunas diferencias de entrada:

Las fuerzas militares que actuaron en Latinoamérica bajo la batuta de EE.UU. lo hacían generalmente contra democracias con aspiraciones de implantar las tres “D” que comentamos; en Portugal lo hicieron bajo esas tres “D”, en contra de una larga dictadura que se acercaba al medio siglo.

Los militares latinoamericanos habían sido aleccionados contra el “terror comunista” por instituciones de EE.UU, experimentadas en forjar mentalidades a su conveniencia; los militares portugueses no estuvieron bajo ese control y sí bajo la presión de unas guerras coloniales sin salida que arrastraban 13 años continuos de sufrimiento, muerte, ruina económica y masacres golpeando las conciencias.

A los EE.UU. les interesaba que Portugal perdiera el control de las colonias africanas, estratégica y económicamente muy apetecibles (como también lo eran para la URSS, que jugó también su papel, para situarlas en su órbita, como también hicieron otros países comunistas): la dictadura portuguesa era un obstáculo molesto que había que sacudirse. El descontento y actuación de los jóvenes capitanes les venía muy bien en un principio, lo que les ahorraba una “Operación Cóndor” lusitana: el manejo indirecto llegaría después, con la “reconducción” de la Revolución.

Las consecuencias de la irrupción militar en unos y otro caso, a la vista queda. ¡Aquellos crímenes inhumanos y estos ejemplos de hermandad “Povo-MFA” que tanto asombraron a todas las personas de buena voluntad!

 

PREFACIO COLECTÂNEA RAIA/RAYA

 

Tras la reciente presentación exitosa de la “Colectânea de Literatura e Artes. Raia Luso-Espanhola” en Santa Eulalia (Elvas) y en la Feria del Libro de Badajoz, transcribo aquí el Prefacio que me fue encargado para la misma por su coordinadora e impulsora entusiasta, Graça Foles Amiguinho. Una iniciativa que tiene como precedente una obra similar circunscrita a Elvas, después a la Eurocidade Elvas-Campo Maior-Badajoz, y a la que seguramente seguirá una ampliación a toda la Península. Força e adiante!


 

El Prefacio de la “Colectânea – Literatura e Artes. Eurocidade Badajoz Elvas Campo Maior” lo acababa Carlos Beirão con la exclamación: Venha o próximo! Y no ha tardado más de un año en que… ¡Ha llegado el próximo!: la “Colectânea -  Literatura e Artes. Raia Luso – Espanhola”, o sea, una nueva obra de arte colectiva en que nos damos la mano de un lado y otro de la Raia/Raya. ¡y esta vez no limitada al espacio triangular cercano que forman Badajoz, Elvas y Campo Maior, sino abierto a ese extenso lugar de encuentros y fraternidades que es nuestra hermandad transfronteriza, de norte a sur.

De los 63 autores que conforman este trabajo, hay un cierto desequilibrio entre mujeres y hombres, decantado ligeramente hacia las primeras: 35, frente a 28. Y una preponderancia clara de autores nacidos en Galicia (14 hombres y 12 mujeres) y Alentejo (15 mujeres y 9 hombres), estando representados en menor medida las procedencias de Beiras, Algarve, Extremadura y Andalucía, aunque también están presentes artistas de otros lugares, con relación más o menos intensa con la Raia/Raya, por su asentamiento, lazos familiares, etc.: Lisboa, Asturias… ¡incluso Brasil!

En cuanto al tipo de aportaciones, abrumadoramente se trata de composiciones poéticas en verso, sin que falten prosas poéticas, además de composiciones fotográficas, pinturas, dibujos, bordados…

Graça Foles Amiguinho -la impulsora y mantenedora de estos proyectos-, en la Introdução ha tenido el acierto de rescatar dos sonetos brillantes de sendos poetas -de un lado y otro de la Raia/Raya- memorables: Luís Vaz de Camões y Francisco Gómez de Quevedo, cantando al amor. Quevedo se sirve del trabajo de Camões, lo reinterpreta, lo “hace suyo”, incluso copiando literalmente un par de versos. Es un sentido de comunión en el arte, de “traducción” y transposición que transciende por encima de los nombres.

Y eso es la Colectânea que ahora nos ocupa. Una comunión rayana, un sentir y vibrar ante inquietudes similares; una particularización de la universalidad del arte en que la obra colectiva está por encima de las individualidades, formando un todo.

A uno puede llegarle más al fondo un tipo de mensaje que otro tipo, una fotografía que unos versos, o unos versos que un dibujo, o unas líneas de prosa que unas palabras rimadas. Pero por encima de todo está un sentimiento, un palpitar artístico, una armonía repleta de poesía.

Y en el conjunto podemos encontrar nutrida variedad de inquietudes. No podía faltar el amor en sus múltiples manifestaciones; la evocación de la infancia; los recuerdos de la tierra que nos vio nacer; los sentimientos más trascendentales; la observación del mundo que nos rodea y la reacción del artista ante el mismo; los momentos de alegría y esos otros de tristezas; la nostalgia… ¡Todo un volcán de vida! ¡Toda una explosión multiforme en estos sesenta nombres, cuyas edades oscilan desde los veinte y pocos años a los setenta y muchos más!

Acaso éste sea un paso más en esa construcción colectiva que en una primera edición se centró en Elvas, una segunda en el triángulo Badajoz-Elvas-Campo Maior, ahora en buena parte de la Raia/Raya, y en un futuro puede seguir extendiéndose a este suelo peninsular, ibérico, A jangada de pedra/La balsa de piedra que ideó José Saramago.

La “Colectânea -  Literatura e Artes. Raia Luso – Espanhola” es obra que ha de leerse, verse, sentirse, de manera pausada, con la ventaja de que puede hacerse sin mantener la linealidad de las páginas, sino con la sorpresa que nos pueda dar abrir por cualquiera de las mismas, por una u otra, uno u otro de las y los autores, pues el orden es meramente el alfabético de los nombres. Libro, por tanto, para ratos libres, para cualquier momento, para tomar y dejar, coger, dejar reposar, volver de nuevo, servirse de él como compañero en momentos de intimidad con uno mismo, que al presentarse ante nuestros ojos nos abre un mundo variado de confidencias, con las que nos sentiremos gratamente acompañados.

Moisés Cayetano Rosado

sábado, 5 de septiembre de 2020


EL MISTERIO DE LAS TRES “D”


Moisés Cayetano Rosado

Acabo de “volver” sobre la película La casa de los espíritus, dirigida por el danés Bille August, basada en la extraordinaria novela del mismo nombre escrita por Isabel Allende.
Son impresionantes las escenas finales, del golpe militar del general Pinochet el 24 de marzo de 1973 contra el gobierno democrático de Salvador Allende, auspiciado por los EE.UU. y sustentado por la temerosa burguesía enriquecida, que temía las nacionalizaciones de los socialistas en el poder, y se vieron envueltos -siendo muchos también víctimas- en la brutal dictadura militar.
Con esas imágenes finales de “búsqueda y captura” de revolucionarios y demócratas, incluidos liberales y conservadores, aplastados por la bota uniformada, iba recordando otras situaciones parecidas en el sufrido subcontinente americano (a veces se me llevaba la memoria hacia otras zonas similares del mundo y de esa época de “Guerra Fría”, tan ardientemente maquinada por las potencias emergentes tras la II Guerra Mundial).
Así, el golpe de 11 de octubre de 1968 en Panamá, perpetrado por el mayor Boris Martínez, el teniente coronel José Humberto Ramos y el general Rubén Darío, entre otros. El 31 de marzo de 1964 en Brasil, que llevó al poder al general Humberto de Alencar. Una década antes, en Guatemala, el 18 de junio, el del coronel Castillo Armas. Sucesivamente, los golpes en República Dominicana, desde 1930, con el general Leónidas Trujillo y en 1963 con el coronel Elías Wessin.
Y ya después, el devastador golpe del general Videla de 24 de marzo de 1976, en Argentina, tan sanguinario como los anteriores, y cuyas resonancias han superado a los demás por los procesos seguidos sobre el mismo. Los desaparecidos, torturados, asesinados, sistemáticamente perseguidos y “cazados” como alimañas han superado las mayores escenas de crueldad imaginables.
Por todo ello, y por mucho que reflexiono y vuelvo a buscar explicaciones, me sorprende lo ocurrido en Portugal, su golpe militar de 25 de abril de 1974, y la consiguiente “Revolução dos Cravos”, dirigida por las fuerzas uniformadas, bajo la admirable consigna de las tres “D”: democratización (de las instituciones del país), desenvolvimiento (socio-económico) y descolonización (de los territorios africanos y asiáticos, acabando con las guerras coloniales que se prolongaban en África a lo largo de trece años, con precedente en las colonias asiáticas).
Aquí, no se trataba de implantar una implacable dictadura militar, sino impulsar una democracia participativa, mediante voto universal, elecciones libres y Constitución. Y se aspiró a una justicia social, distribución de rentas y trabajo que acabara con la miseria que se extendía por todo el territorio nacional y llevaba a muchos portugueses a una emigración laboral imprescindible para subsistir. Y se empeñó prioritariamente en acabar con la sangría de las guerras en África, que tantas vidas estaba costando y tanta ruina llevó a los hogares portugueses y a las cuentas del Estado, que dilapidaba casi la mitad de sus recursos económicos en este empeño imposible, cuando la independencia de los pueblos sometidos estaba prácticamente completada por parte de todos los estados coloniales europeos.
Nada de muertes, nada de torturas, nada de prisiones indiscriminadas y bestiales en el proceso de la Revolución. Nada de imposiciones a golpe de cárceles, desapariciones, ciegas dictaduras militares.
Y uno mira a la España precedente, a la de la Guerra Civil, y sobre todo a la de la posguerra, tan terribles, y vuelve nuevamente a preguntarse cómo esos jóvenes capitanes y mayores (comandantes) llevaron a cabo una acción tan ejemplar. No solo en lo militar -que buen entrenamiento tenían con los 13 años de guerra en Angola, y luego Guinea (11 años) y Mozambique (10 años)-, sino en el desarrollo del proceso posterior, incluido el de esa noche y día siguiente del golpe, tan sereno, paciente con el gobierno derrocado (que resistía obstinadamente en un poder ya inexistente) y “arropado” abrumadoramente por el pueblo, en la calle, formando bloque compacto “Povo-MFA” (Pueblo-Movimiento de las Fuerzas Armadas).
¿Es posible algo tan ejemplar como esta Revolución de Portugal, en medio de los sadismos golpistas y revolucionarios de otros lados, y concretamente de nuestros “hermanos” de América, donde los militares se constituyeron tantas veces en los principales enemigos de su pueblo, y precisamente por fechas cercanas? ¡Aún sigo reflexionando sobre el “Misterio de las tres D”…! ¡Ayúdenme a comprender!

lunes, 31 de agosto de 2020


MORTU NEGA, LA GUERRA COLONIAL EN GUINÉ VISTA POR “LA CONTRA” AL IMPERIALISMO
Moisés Cayetano Rosado
El cineasta guineense Flora Gomes (nacido en Cadique, diciembre de 1949, y formado en el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos de La Habana) realizó en 1988 una película que descubro ahora, casualmente, regalo de verano en que esperamos la lluvia salvadora, como acontece al final del film: Mortu Nega (La muerte me niega). Estando en lenguaje original criolo, podemos seguirla con subtítulos en inglés o en portugués, en yootube: https://www.youtube.com/watch?v=TNZ_4lczt5A.
Historia mínima e íntima, centrada en 1973 (finales de la lucha por la independencia de Guiné-Bissau contra el colonialismo portugués) y los comienzos de la independencia, en 1974 y 1975, está conformada por tres partes claramente diferenciadas y sucesivas: el período de enfrentamientos, de todo el año 1973 (lucha que había comenzado 10 años antes) y primeros meses de 1974 (cerrado el ciclo bélico con la Revolução dos Cravos Portuguesa de Abril); los dos primeros años de pacificación y normalización del país, devastado, empobrecido y por reconstruir, y un final “rompedor”, en que el mito sustituye a la realidad para reconformarla, invocando a la lluvia salvadora de las cosechas y de una nueva vida creada desde el fondo de la tierra para la gente sencilla y maltratada.
En la primera parte, un grupo amplio de mujeres y niños transportan material de guerra desde Guinea Conacry hasta las zonas interiores de Guiné Bissau, para hacer frente a las tropas portuguesas en terreno “caliente”. Atravesando ríos, pantanos, selvas, estepas y páramos, van sorteando dificultades naturales y peligrosos enfrentamientos con helicópteros enemigos -a los que se enfrentan con modernas ametralladoras los soldados guineense que les escoltan- y con minas antipersonas.
Enseguida surge entre el amplio grupo la “heroína” del largometraje: Diminga, una mujer de treinta años que tiene la esperanza de encontrar en el destino al que se dirigen a su marido combatiente, Sako. Será a través de ella que Flora Gomes rinde homenaje subrepticio a la valerosa, sufrida y enérgica mujer guineense, tan importante en la lucha, la resistencia y el sostenimiento de la comunidad rural.
Diminga encuentra a Sako y con él continúa en el ardiente y sangriento enfrentamiento bélico, como única mujer en el grupo guerrillero, con un tesón que mantendrá en el resto de la historia.
Y ese resto comienza en una segunda parte, pacificado el territorio, vueltos a sus hogares los combatientes, en medio de la devastación. Y en medio, también, de las terribles consecuencias de la guerra: muerte, mutilaciones, heridas que no sanan, en el cuerpo y alma, aunque el cineasta se encarga con acierto de no centrarse en el melodrama, el sensacionalismo y la congoja, sino en la naturalidad de la lucha por la vida, como se encargan de mostrar y decir los protagonistas en la aldea de retorno.
El marido de Diminga tiene una herida engangrenada en uno de los pies, lo que le inutiliza para el trabajo y le proporciona fortísimos dolores, yendo a peor cada día. Buscan la forma de remediarlo en el deficiente hospital en donde es internado, visitando Diminga por sugerencia del marido a dos antiguos camaradas de lucha. Ahí surge el contraste de la vida, tan común en cualquier parte: el antiguo amigo, ahora bien situado en la administración pública, que nada quiere saber de los compañeros de fatiga en el combate y finge no conocerlo, para no tener que prestar alguna ayuda; el otro, no vacila en ponerse a su disposición para conseguir los mejores remedios.
Una sequía que persiste año tras año acentúa los problemas, diezmando las cosechas, y ahí entramos en la tercera parte de la obra, donde prevalece el mito, que se presenta de manera magistral, constituyendo lo más dinámico del largometraje, filmado hasta entonces a ritmo lento, recreado en silencios bien logrados. Diminga sueña con que la lluvia ha de llegar invocando a los antepasados, llevando a todo el poblado a realizar un ritual religioso, invocando a Djon Cago, deidad del pueblo Balanta, el mayor grupo étnico de la nación. Hay ciertas connotaciones políticas en el ritual, que discretamente Flora Gomes no revela, pero que constituyen la denuncia de los nuevos poderes opresores, contra los que la ceremonia se celebra… y que por fin consiguen atraer la lluvia necesaria (la justicia precisa).
Diminga y Sako contempla en la escena final cómo cae la lluvia salvadora, cómo llega el remedio sencillo que precisa el pueblo, esperanzado y feliz de nuevo.
¡Vean este film tierno y sensible, magníficamente dirigido, narrado e interpretado, homenaje explícito a un pueblo y a una mujer, a unas mujeres luchadoras, grandes en su tierna humanidad!

domingo, 9 de agosto de 2020


ABRIL DE PORTUGAL. BALANCE DE UNA REVOLUCIÓN Y TRANSICIÓN ESPAÑOLA/BALANÇO DE UMA REVOLUÇÃO E TRANSIÇÃO ESPAÑOLA
Gracias al buen hacer de Javier Figueiredo, puedo poner a disposición pública mi crónica sobre ABRIL DE PORTUGAL: BALANCE DE UNA REVOLUCIÓN Y TRANSICIÓN ESPAÑOLA/BALANÇO DE UMA REVOLUÇÃO E TRANSIÇÃO ESPAÑOLA.
Crónica reflexiva del Seminario celebrado en Cáceres en el año 2000, organizado por el Gabinete de Iniciativas Transfronterizas de la Junta de Extremadura, sobre la Revolução portuguesa de los Claveles de Abril de 1975, y la Transición española. Participaron relevantes políticos españoles (destacando Santiago Carrillo) y militares españoles de la Unión Militar Democrática, periodistas y estudiosos entre otros, y políticos, periodistas y estudiosos portugueses, así como militares participantes en la Revolução dos Cravos, como Vasco Lourenço, Otelo Saraiva de Carvalho, Pezarat Correia y Rosa Coutinho. Se estudiaron los dos modelos de cambio de la dictadura a la democracia: revolucionario el portugués, y pactado el español, así como su proceso posterior hasta la “normalización democrática”.


miércoles, 5 de agosto de 2020

FRANCISCO LEBRATO FUENTES
Francisco Lebrato, Moisés Cayetano y Santiago Castelo
Francisco Lebrato Fuentes, Moisés Cayetano Rosado y Santiago Castelo
Hace unos días murió un buen hombre, excelente gestor cultural, tertuliano incansable en la organización y la acción, buen articulista, pintor, poeta. Persona templada, de modales palaciegos, irónico y culto.
Lo conocí en Oliva de la Frontera en el verano de 1974, al invitarme a dar una charla-coloquio allí; yo tenía 22 años y desde entonces siempre se mostró incondicional a cualquier iniciativa que le planteara.
¡Cuántos pueblos y ciudades recorrimos en aquellos recitales que abundaron en 1975 y se prolongaron algunos años más! Él bautizó a aquel grupo de poetas que íbamos de un lado para otro con nuestra ilusión y nuestros versos como “Generación del 75”. En un Encuentro que organizamos en Badajoz defendió esa tesis con una ponencia inolvidable, acompañado por Santiago Castelo y por mí, como organizador.
Luego siguieron más intervenciones, que planificó desde el Aula de Cultura de Caja Badajoz, donde trabajaba. Éramos como una “trupe artística ambulante” en que a nadie se vetaba. “El que quiera -decía Lebrato- que se vete a sí mismo”.
En su casa de la calle Santa Lucía asistí a alguna de sus tertulias-recitales. Siempre discreto, acogía a un variado grupo de “espontáneos”, sin escatimar elogios a los esfuerzos literarios de cualquiera.
Guardo algunas cosas escritas de él. Sobre todo, el poema que recitó en mi boda con Rosa María, ¡hace 44 años el 7 de agosto próximo! Y también mantenemos en el salón de nuestra casa el cuadro que nos regaló por entonces, y que fuimos a recoger a Oliva, donde por aquellas fechas vivía.
Me acuerdo que una vez me habló de las dificultades de la postguerra, de las penalidades de los jornaleros. Estábamos paseando por una espléndida dehesa de su pueblo y le surgió esa reflexión espontáneamente: cómo eran perseguidos por coger bellotas para espantar su hambre… Fue la única ocasión en que mostró una idea socio-política de compromiso; siempre era comedido en sus manifestaciones, en tanto depuraba su arte pictórico y literario.
Y ahora se ha ido en silencio, cuando ya los poetas y artistas parece que están más silenciados que nunca, y pareciera que él haya pensado que es el momento de correr el telón.
Moisés Cayetano Rosado


viernes, 17 de julio de 2020


Revista AZAGALA. Nº 114. Junio de 2020

LA MAGIA DE ALBURQUERQUE Y SU CASTILLO
La Revista AZAGALA ha publicado en su número 114, junio de 2020, en sus páginas 44 y 45, el trabajo que va a continuación, lo que le agradezco y me honra. 

Moisés Cayetano Rosado
(Texto y fotos)
De Badajoz hasta Alburquerque hay 44 kms. de deliciosa campiña, en un principio regada por el río Zapatón que va paralelo y cercano a la carretera hasta Bótoa; luego, se espesa un encinar-alcornocal que asciende por cerros y sierras que, a partir del Puerto de los Conejeros, nos dejan ver al fondo la imagen majestuosa del castillo de Luna, como un enorme cirio levantado en la roca gigantesca en que se alza Alburquerque.
Esta espectacular fortificación roquera sería levantada fundamentalmente en el siglo XV, tras haber sido disputado el lugar por cristianos y musulmanes en la Edad Media, pasando a la Orden de Santiago, cuyo Maestre -don Álvaro de Luna- lo reformó, amplió y mandó construir la enorme Torre del Homenaje en 1445, visible a varias decenas de kilómetros a la redonda.
Su sucesor, don Beltrán de la Cueva, continuó la adecuación de las instalaciones, que se completan entre 1465 y 1472, dotándola de unas espléndidas murallas exteriores, con altura media de 10 metros. Hoy día, recorrer su adarve es todo un espectáculo, que nos regala la visión extraordinaria de la Sierra de San Pedro al medio y los extensos valles del norte y sur, de Extremadura y Alentejo.
Paseo de ronda de la muralla.
Iglesias exteriores e interior del castillo.
Además de la belleza de la Torre del Homenaje, con sus cinco pisos, es una grata experiencia el propio acceso a través de la Torre de las Cinco Puntas y el puente que las comunica, así como el recorrido perimetral por la Plaza de Armas y la Iglesia románica tardía de Santa María del Castillo, que allí se encuentra.
Desde lo alto de los paseos de ronda, mirando hacia la población, las vistas al caserío nos permiten contemplar la belleza del estilo constructivo rural medieval y sus expansiones posteriores, con las cubiertas de teja roja y el encalado de fachadas. También se observa desde allí la línea de defensa en forma de “redientes” levantada por los portugueses durante su ocupación en la Guerra de Sucesión española, a principios del siglo XVIII: el único vestigio de “fortificación abaluartada” efectuado en Alburquerque, y que aquel “sueño” de Hospedería alteró abriendo ventanales que simulan aspilleras y puertas en muros cuyo sentido histórico es de defensa cerrada.
Vista a los redientes de los portugueses y a la población
Inmediatamente que salimos del castillo, nos encontramos con la Iglesia de Santa María del Mercado, gótica, de los siglos XIII y XIV, con añadidos barrocos del siglo XVIII. Monumento muy digno de visitar con detención. En uno de sus laterales, hacia el Barrio de Villa Adentro, se conservan varias tumbas antropomorfas en roca viva.
Y ya en este barrio medieval, también llamado “de la Teta Negra”, disfrutamos de un callejero quebrado, adaptado a las curvas de nivel del montículo del castillo, con buen número de casas que conservan sus puertas de entrada ojivales, de granito. Barrio Judío hasta su expulsión a finales del siglo XV, que protege en buena parte la muralla medieval recogiéndolo, con dos magníficas puertas de entrada: la de Valencia, flanqueada por dos torreones cilíndricos de 13 metros de altura, y la Puerta de la Villa, por donde salimos a la plaza principal de la población.
Fachada de la antigua Ermita de Nuestra Señora de la Soledad
En esta plaza podemos tomar -de entre las múltiples ofertas de bares y restaurantes de la zona- alguna copa y tapa en la antigua Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, construcción barroca del siglo XVIII, convertida en discreta, agradable cafetería.
A un lado y otro, como guardianes del entorno, la Sierra del Puerto del Centinela y la Sierra del Castaño, nos muestran los efectos caprichosos de la erosión diferencial sobre el granito y la pizarra de distinta consistencia: es una de las vistas más bellas que nos sean dado contemplar.
La población, declarada Conjunto Histórico-Artístico, no sólo atesora el castillo roquero de Luna, construido a partir del s. XIV, junto a la mayor parte de lienzos, torres y puertas del recinto fortificado que envolvía a la antigua villa, sino también los salientes abaluartados del s. XVII, levantados a causa de los continuos conflictos con Portugal. Pero, sobre todo, hemos de añadir el ya nombrado delicioso barrio medieval de puertas y ventanas ojivales y adinteladas en recia piedra de granito: afortunadamente se encuentra en continuo proceso de restauración, tras anteriores actuaciones “modernizadoras” desafortunadas. Ello se completa con el sinuoso y estrecho callejero, sus vueltas, revueltas, plazoletas, cuestas, terraplenes...
Barrio medieval
Uniremos a todo esto la notable iglesia de Santa María del Castillo, dentro del mismo, románica del s. XII; la ya nombrada de Santa María del Mercado, del s. XIV, de buena estampa gótica, en la explanada occidental de las fortificaciones, y la parroquial de San Mateo, herreriana, del s. XVI, al lado del restaurado y revalorizado Ayuntamiento, que da a su vez a una espaciosa plaza rectangular en dos niveles donde siempre podremos hilvanar una charla sustanciosa con los acogedores habitantes de la ciudad... y tapear en sus bares.
Desde el castillo, las vistas a la villa y al amplísimo entorno son inigualables. Queda a sus pies la auténtica dehesa mediterránea occidental satisfactoriamente conservada, y prolongándose al norte sucesivas cadenas montañosas que forman la Sierre de San Pedro, sucedida en Portugal por las Serras de Marvão y de San Mamede, inigualables tesoros ecológicos, todo ello declarado Reserva Natural, que invitan a las excursiones a pie, en bicicleta de montaña o a lomos de caballo.
Hacia las Sierras de Marvão y S. Mamede
Indicación de las pinturas rupestres esquemáticas
Alburquerque da, desde luego, para mucho más, pero en este breve recorrido motivado por la visita al castillo, no estará demás acercarnos  a unos abrigos rupestres que hay lindantes con las piscinas municipales, donde podremos contemplar diversas pinturas esquemáticas en la roca, que fueron declaradas Monumento Nacional en 1942, y que datan de la Edad de Bronce. Lugar, por cierto, desde donde las vistas del castillo y sus altivas torres son fantásticas, y nos confirman lo que ya sabíamos: que el de Alburquerque es uno de los castillos roqueros más grandiosos y admirables que podemos contemplar.