HOY QUIERO TRAER AQUÍ UNA
RECREACIÓN DEL TIEMPO EMOCIONAL, DEL TIEMPO SUBJETIVO, QUE A VECES SE IMPONE AL
RACIONAL, AL OBJETIVO, Y NOS HACE RETROCEDER INCONSCIENTEMENTE, NO
TENIENDO SOBRE ELLO CONTROL, COMO SI LOS AÑOS QUE PASAN NO EXISTIERAN...
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VEINTICINCO AÑOS NO ES NADA
Moi, el
mayor, es de los primeros en salir. Llega al patio, me deja la cartera y juega
con varios compañeros. Su hermano suele demorarse unos minutos.
Aguardo,
admirando tanta vitalidad multicolor, gritante, saltarina. A mis espaldas, oigo
llamar con esa urgencia de los niños, sorpresiva: “¡Javi, Javi!”. Finalmente
salió.
Busco
con la mirada; estoy sintiéndolo llegar. Confuso apenas un segundo, recalando
veinticinco años atrás, cuando ese nombre me anunciara a mi… segundo hijo, no a
Marco Antonio, igualmente el segundo, ¡pero
nieto!
Javier
a esta hora estará recogiendo ya a sus dos hijas…
Dos décadas
y media refundidas. ¡El patio del colegio! ¡La máquina del tiempo!
Moisés Cayetano Rosado
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