EL
HAMBRE DE VIVIR Y EL TIEMPO QUE DEVORA
Moisés Cayetano Rosado
Escucho, reescucho, vuelvo a escuchar La bohème. Voy de una a otra voz: me
quedo, sí, con la de Charles Aznavour (autor, también, de la letra), y más en
francés que en castellano; también la inolvidable Edith Piaf; no estuvo mal
Dulce Pontes, en el Teatro romano de Mérida hace cuatro años, y voy de una a
otra:
https://www.youtube.com/watch?v=3zIbbg9nbNs https://www.youtube.com/watch?v=qgU66s8ElrA https://www.youtube.com/watch?v=iEMggo5o0FM https://www.youtube.com/watch?v=_pGzXUMBzKY
¡Esa
música, esa melancolía! ¡Esas voces fantásticas, que arrullan y desgarran! ¡Esa
letra nostálgica del mundo que se pierde, del tiempo que se arrastra!
Porque no
es que hoy regresé a París, crucé su niebla gris,/ lo encontré
cambiado, las lilas ya no están/ ni suben al desván/ moradas de pasión, soñando
como ayer;/ rondé por mi taller, mas ya lo han derrumbado/ y han puesto en su
lugar, abajo un café-bar y arriba una pensión. Y es que la niebla gris también estaba entonces, densa y
fiel brotando de los fondos del río Sena; las lilas siguen luciendo su
esplendor por los patios y por los bulevares, hermosas y oferentes; los
pequeños talleres de Montmartre continúan acalmando pasiones de enamorados y de
artistas.
¿Cuál es,
entonces, la causa de tanto desconsuelo? ¡Ah!, lo expresa la canción un poco
más atrás: teníamos salud, sonrisa,
juventud. No, no es que París, la Tierra, tan lenta, hubieran cambiado, es
que a veces sin comer y siempre sin
dormir… la mesa del café felices nos reunía/ hablando sin cesar, soñando con
llegar.
Desde muy
joven, me acompañan estos versos del gran poeta español Dámaso Alonso: Hoy
me miré al espejo, y luego dije:/ Alégrate, Dámaso, / porque pronto vendrá la
primavera,/ y tienes veinte años. Cuando los leí por primera vez ansiaba llegar a tan
“avanzada”, prometedora edad. Y llegas. Pasas luego.
Después,
ya más mayor, Dámaso Alonso escribiría: Y ha de llegar un día / en que el mundo será sorda maraña / de vuestros
fríos brazos,/ y una charca de pus el ancho cielo,/ raíces vengadoras,/ ¡oh
lívidas raíces pululantes,/ ¡oh malditas raíces/ del odio/ en mis entrañas,/ en
la tierra del hombre.

Ahora bien, aunque el tiempo todo lo devore, hay que mantener las
ansias, el hambre de vivir, y enmarcarse en la frente, en la conciencia, los
versos del poeta romántico inglés William Wordsworth, llevados con maestría a
la película “Esplendor en la hierba”, de Elia Kazan: Aunque mis ojos ya no
puedan/ ver ese puro destello/ que en mi juventud me deslumbraba,/ aunque nada
pueda devolver/ la hora del esplendor de la hierba,/ de la gloria en las
flores,/ no debemos afligirnos,/ porque la belleza siempre subsiste en el
recuerdo. https://www.youtube.com/watch?v=8CPPj2efmEQ
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