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domingo, 15 de diciembre de 2024

 RECONOCIMIENTO A GABRIEL MONTESINOS

En la Urbanización “Río Caya”, de Badajoz, hemos rendido un homenaje el pasado 14 de diciembre, más que merecido, a Gabriel Montesinos, Secretario de la Junta Directiva desde hace ya muchos años, y que viene demostrando un talante singular.

A Gabriel lo conocí en el “tajo” de los tiempos de ilusión democrática, sabiendo de su lucha obrera, sindical, política. Pero profundicé más en el conocimiento en la gestión representativa popular, cuando fue alcalde de Badajoz entre 1991 y 1995 y yo era portavoz en la oposición. Generosamente me ofreció, a pesar de las disidencias, la concejalía de Relaciones con Portugal, que se creaba por primera vez en el Ayuntamiento, y la ejercí con entusiasmo en tanto mis compañeros de formación política me lo permitieron, que fue por tiempo breve: seis meses. Después vinieron turbulencias que le dolieron mucho, y sobre todo porque se acumulaban a las de sus propios compañeros, los enemigos internos: los peores. Aún así mantuvo la dignidad, la fuerza de las ideas y la realización de los proyectos de progreso. Seguirían después las dentelladas que impidieron que su propio partido lo presentara en una siguiente convocatoria a la alcaldía, en una decisión injusta y torpe.

Tras un paso más como diputado autonómico, volvería (en realidad nunca lo dejó) a la acción solidaria, concienciada con los más desfavorecidos, marginados y explotados de otras geografías: a los proyectos y realizaciones con zonas tan desposeídas como comunidades indígenas de Ecuador o cooperativas de mujeres campesinas en São Tomé, en lo que sigue.

Pero ese tesón manifestado en lo que constituye una proyección pública, tiene cierto grado de compensación social y personal porque lleva consigo un reconocimiento general: en el caso de la alcaldía, por lo importante del cargo y su repercusión mediática (prensa, radio, televisión…); en el de la acción solidaria, por lo extenso de la misma y el agradecimiento de las comunidades respectivas. Lo difícil, porque pasa desapercibido para la generalidad, es empeñarse en llevar adelante gestiones al nivel más básico: la ejecución de proyectos sistematizados en grupos reducidos, como comunidades de vecinos.

Ya le viene de atrás, de su antigua gestión en cooperativas y grupos de base social. Pero el que año tras año, lustro tras lustro, esté cada día atento a todas las necesidades de sus vecinos, con generosidad, entrega, disciplina, a cambio de nada material y a veces, sí, de la crítica acerada de quien se opone a todo por sistema, tiene un mérito añadido.

Es lo que le ha ocurrido, lo que le ocurre, con la Comunidad de Vecinos “Río Caya”. Como Secretario y encargado de supervisión le correspondería hacer funciones burocráticas y de vigilancia de los trabajos que la empresa de mantenimiento ordinario viene realizando. Pero su labor se extiende a los aspectos más variados, desde especializados (revisión y primeros arreglos de motores de captación e impulsión de agua, control de tuberías de distribución de este agua; intervención ante averías eléctricas, cortes de luz, problemas en contadores y líneas de distribución, luminarias, etc.), a lo que dedica día y noche (recorriendo la propia urbanización para ver el correcto funcionamiento y atajar deficiencias sobrevenidas); igualmente, intervención junto a los operarios sobre las incidencias que se presentan en viales, linderos, accesos generales, desbroces, etc., sin olvidar compra de materiales, maquinarias de todo tipo, buscando por todas partes la mejor opción.

O sea, poniendo en la incansable labor sus conocimientos técnicos y su entrega sistemática. Desvelos que llegan a lo personal, pues ya cualquier vecino con algún problema de tipo particular recurre a sus conocimientos y entrega incondicional.

Justo homenaje, por tanto, a quien todo lo hace con agrado, sin reparo de ningún tipo y de forma plena, en la que el tiempo que dedica a todo ello nunca sea inconveniente, aunque le prive de atención a lo suyo particular. Como siempre y en todo momento lo ha hecho, para lo grande y lo pequeño, a lo largo de su vida.

Y sé que este reconocimiento, humilde por su trascendencia pública, pequeño, recatado, le llega a lo profundo, porque sabe que el valor de las cosas está en la grandeza de lo mínimo elevado a lo universal, por el ejemplo intrínseco de la fraternidad ofrecida sin esperar contrapartida.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

domingo, 6 de noviembre de 2022

 MUJERES EXCEPCIONALES


MOISÉS CAYETANO ROSADO


A finales de octubre, con pocos días de diferencia, he coincidido con dos mujeres excepcionales. Tras ocasiones anteriores, volver a hacerlo en un tiempo tan cercano, tratando cuestiones relativas a su vida en relación a sus respectivos maridos, prematuramente fallecidos, me impulsa a realizar unas breves reflexiones.

Hablo de Marisol Hinchado, esposa del que fuera Alcalde de Badajoz, Manuel Rojas, ganador de las elecciones locales en tres ocasiones consecutivas por mayoría absoluta, y de Natercia Maia, casada con el “Capitão de Abril” Fernando Salgueiro Maia, decisivo en el triunfo de la “Revolução dos Cravos”, de Portugal.

Ambas son profesionales ya jubiladas de dos de los “oficios” más que satisfactorios: la sanidad y la enseñanza respectivamente. Trabajadoras que pueden sentirse orgullosas de su trayectoria, no interrumpida por la trascendencia pública de sus respectivas parejas.

Al margen de ello, admiro su temple, serenidad, elegancia, discreción y fortaleza para sobrellevar esa “sombra alargada” del pasado en que la celebridad de sus cónyuges nunca interrumpió su tarea profesional, y después, con su muerte en plena madurez (Manolo con 55 años y Salgueiro Maia con 48), han aceptado la participación en homenajes y reconocimientos al político y al militar -respectivamente- verdaderamente excepcionales.

Siempre, en esos actos de exaltación, se han mostrado apacibles, con la sonrisa eterna que las caracteriza, humildes en su presencia, como pasando desapercibidas, pero reforzando con firmeza el recuerdo cálido, admirable de aquellos con los que compartieron ilusiones y luego tanto dolor. Dolor no solamente por la pérdida tras una larga enfermedad, sino por lo que en los últimos años de las vidas del alcalde tan querido y el militar valeroso, tuvieron que padecer con los desaires de los que tanto le deben a su abnegada labor.


Manolo Rojas creó una ilusión ciudadana inédita por la política municipal, reforzó la potencia de un partido -el socialista- cuando acababa de renacer, impulsó una ciudad moderna desde la escasez de medios y recursos. Salgueiro Maia llevó sus tropas de Santarém a Lisboa, tomando la Praça do Comercio, jugándose la vida ante un brigadeiro que ordenó dispararle a cañonazos, consiguió atraerse a los militares al mando de su enemigo, subió al Quartel do Carmo, donde estaba refugiado el Presidente de Gobierno (Marcelo Caetano) y logró su rendición… Pero luego, con el paso de los años, pocos años, fueron “castigados” por ser mitificados en su entorno, pese a que nunca pretendieran la entronización.

Uno se vio obligado a dimitir como alcalde, apenas seis meses después de su última reelección, agobiado por las presiones internas; el otro sufrió destinos profesionales injustos y humillantes en lugar del reconocimiento profesional bien merecido. Los dos murieron conscientes del agravio. Que yo sepa, no lo manifestó expresamente Manolo Rojas, pero sé de su desaliento. Quien sí lo diría sin rodeos fue el ya entonces teniente coronel: le confesó a su compañero de armas Vasco Lourenço el deseo de que en su funeral se cantase “Grândola, Vila Morena”, para que algunas de las personalidades que asistirían de manera oportunista a su funeral se vieran obligadas si no a cantarla, al menos tener que oírla en silencio.


¿Por qué esa persecución? “Por envidia”, me diría entre otros un amigo del militar portugués, el General Adelino Matos Coelho. “A los héroes no se les perdona su actuación”, me comentó el coronel Vasco Lourenço,  Presidente de la Associação 25 de Abril. Por lo mismo, decimos tantos respecto a Manolo Rojas, al que en el año próximo habrá que tributar los merecidos homenajes por la conmemoración del 40 aniversario de su primer triunfo en las elecciones municipales. ¿Qué se cantará, y quién, en las actividades que se programen?

Marisol Hinchado “dará la talla”, como siempre. Como la da Natercia repetidamente. Y con esa sonrisa y esa elegancia que en estos días me han vuelto a regalar. Ese saber estar de unas mujeres excepcionales.

viernes, 12 de diciembre de 2014

¡PÓRTATE BIEN, QUE VIENE EL DE PODEMOS!
Moisés Cayetano Rosado 
Es maravillosa la capacidad que tenemos todos para “enmiedarnos”. Para entrar en pánico y para hacer que entren en pánico los demás. Siempre nos ha gustado mucho eso de “¡Que viene el Coco!”. En mi pueblo se decía: “¡Que viene el tío Mangarras!”, y los niños nos comíamos la sopa de pan, ajo y tocino como si fuera un batido de crema y chocolate.
No es de extrañar que los holandeses digan, o dijeran, a sus hijos: “¡Duérmete niño, que viene el Duque de Alba!”. Porque aquel gobernador español de Flandes entre 1567 y 1573 no se las andaba con chiquitas y sabía cómo dar un pescozón por poco que se les indispusieran los rebeldes.
Algo así pasaba en Cuba, donde a los pequeños traviesos se les hacía entrar en razones invocan a Weyler. “¡Mira que viene Weyler!”, y los muchachos temblaban como el mimbre ante la invocación del Capitán general de la Isla de entre febrero de 1896 y octubre de 1897, en que le dio tiempo a crear un terror generalizado y una terrible represión contra los independentistas o sospechosos de colaborar con ellos.
Ahora que todo eso ha quedado anticuado y que en la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) apenas si se nombra al Duque de Alba y menos a Valeriano Weyler (y si se hace, maldito el caso que le hacen los rebeldes e incrédulos preadolescentes)…, ahora que lo del Coco, el tío Mangarras y otras zarandajas no sirven ni para hacer juegos de ordenador con que quitarse de encima a la chiquillería, ha de inventarse algo nuevo que dé juego y sea de máxima eficacia.
Y yo creo que lo tenemos en la mano: “Niño, o joven, o adulto, o cosa así o casi así: ¡pórtate bien, que viene Pablo Iglesias, el de Podemos!”. ¡Ahí es “ná”! Comedor de niños crudos, abusador de adolescentes, comunista de aquellos tan malos, simpatizante de etarras o algo más, bolivariano de espadón en alto, amparador de investigadores universitarios que no cumplen con sus deberes, violador de reglas y no sabemos si de alguna otra cosa.

“¡Que viene Pablo Iglesias!”. Hay que ver, otro Pablo Iglesias para poner patas arriba el orden que nos ha durado más de un siglo. ¿No sería mejor dejar las cosas como están, apalancarnos bien en la barra y decir como acostumbraba el anterior alcalde de Badajoz, tan memorable en sus sentencias: “Bebe que te llenen, y que a quien Dios se la dio San Pedro se la bendiga”?