miércoles, 8 de abril de 2026

 

ENTREVISTA AL GENERAL EZEQUIEL MORO CÁRDENAS

EL AYUNTAMIENTO DE BADAJOZ LO RECONOCIÓ COMO HIJO PREDILECTO EN 1993

ENTRE MÚLTIPLES CONDECORACIONES, POSEE LA GRAN CRUZ DE LA ORDEN DEL MÉRITO MILITAR CON DISTINTIEVO BLANCO

“EL DESTINO EN EL PAÍS VASCO FUE MÁS DURO, MÁS INSEGURO QUE EL DE SIDI IFNI EN GUERRA”

“LAS ETAPAS MÁS FELICES LAS HE VIVIDO EN BADAJOZ”

Moisés Cayetano Rosado y Gabriel Montesinos Gómez


Un general Hijo Predilecto de Badajoz.

Cuando el 30 de junio de 1993 el Ayuntamiento de Badajoz -a instancias de su alcalde, Gabriel Montesinos Gómez- tomó el Acuerdo Plenario de nombrar Hijo Predilecto al general de brigada, Gobernador militar de la plaza y la provincia, Excmo. Sr. D. Ezequiel Moro Cárdenas, tanto el grupo municipal gobernante, el PSOE, como el mayoritario en la oposición, el PP, votaron a favor por unanimidad. Solamente el grupo minoritario de IU -con dos concejales- se abstuvo.

Al acto solemne de entrega del título acreditativo asistirían todos los concejales del PSOE (15), del PP (10) y el portavoz de IU, Moisés Cayetano Rosado, a pesar de aquella “abstención consensuada” de su grupo. El general Moro, como le llamábamos, nos recibió a todos con su sonrisa generosa, su simpatía tan alabada siempre por sus subordinados y compañeros de armas, y tuvo especial deferencia con el portavoz de IU, con el que le unía de tiempo atrás un cierto vínculo: el suegro del “político”, Sergio Rodríguez Juárez, había sido sargento a las órdenes del entonces oficial Moro Cárdenas.

A principios del siglo XXI, ahora ya gobernando la ciudad con mayoría absoluta el Partido Popular, se decidiría poner su nombre a una calle de la margen derecha del río Guadiana, cercana a la Avenida de Elvas y al Puente Real.


Fama y vivencias de un militar ejemplar.

La fama de buen militar y magnífica persona no solamente es impresión nuestra sino constatada en numerosos testimonios, unos obtenidos directamente y otros leídos en “redes sociales” (ejemplo: https://www.facebook.com/groups/antiguomenacho/posts/25628261556772891/). Su paso como capitán y después comandante en los años setenta del siglo pasado, así como teniente coronel en los años ochenta, en el Cuartel de Menacho de Badajoz, dejó profunda huella en quienes le conocieron.

Antes, recién nombrado teniente, en 1955, con veintidós años de edad, tendría un primer destino en Sidi Ifni, para pasar después, con la misma graduación, al País Vasco, y ambos lugares son lo primero que evoca en nuestra conversación, en nuestras conversaciones, porque es algo que le quedó muy grabado, con aquellos años juveniles, antes de cumplir los treinta, y que le supusieron enfrentarse a lo más duro de su carrera.

Pero lo peor -nos dice- fue lo del País Vasco, pues en Sidi Ifni estábamos ante un enfrentamiento directo, cara a cara, con el enemigo delante. En cambio, lo del País Vasco era terrible, porque te podían abordar, asesinar por la espalda, como le ocurriría al comandante del que yo era ayudante: Diego Fernández-Montes Rojas.

Diego Fernández-Montes Rojas -entonces coronel retirado- se dirigía el 17 de diciembre de 1978 a la Delegación del Ministerio de Cultura de San Sebastián para trabajar como funcionario de la misma, cuando dos miembros del Comando Gamboa de ETA abrieron fuego contra él. Los terroristas le esperaban y le dispararon en cuanto entró en el edificio. La víctima quedó gravemente herida e intentó refugiarse en los portales. Los terroristas huyeron con la ayuda de un tercer etarra, que les esperaba con un automóvil, siendo encontrado por el portero del edificio. Fue trasladado al hospital Nuestra Señora de Aránzazu, donde fue sometido a una operación de tres horas, pero falleció en la mañana del día siguiente debido a la gravedad de las heridas. De nada le valió estar incardinado en la sociedad, casado con una mujer vasca y ser una persona socialmente apreciada.

Como tampoco le valdría a otro buen amigo suyo, el primer Jefe  de la Ertzaina, Carlos Díaz Arcocha, bilbaíno, y que había sido teniente coronel del Ejército de Tierra, igualmente asesinado, éste el 7 de marzo de 1985.

 Las etapas más felices -remarca- las he vivido en Badajoz.

¡Y en Sevilla, desde luego!, añade; algo con que concuerda su mujer, Pilar García Doncel, con quien se casó en 1962, teniendo Ezequiel 28 años y Pilar 20. Un matrimonio inseparable, de apoyo mutuo constante, junto a su familia, especialmente sus tres hijas y un hijo, que siempre los tienen presentes en sus anécdotas de la vida sevillana y badajocense. Antes de ello, superaría los cursos correspondientes de Estado Mayor: tres años de mucha exigencia física e intelectual, remarca, preparándose desde el País Vasco.

Boda del entonces teniente Ezequiel Moro con Pilar García, en 1962

En Badajoz -destinado primero como capitán- vería sus ascensos de comandante y teniente coronel, y a Badajoz volvería -tras una estancia en El Pardo al ascender a coronel- como Jefe de la Brigada de Infantería Mecanizada XI y Gobernador militar de la plaza y provincia, nombrado por Orden de 1 de marzo de 1991 (BOE de 7 de marzo del 91). Dos años antes había sido promovido a General de Brigada de Infantería (Consejo de Ministros del 5 de mayo de 1989), ocupando desde cuatro días más tarde el puesto de Jefe de Estado Mayor de la Segunda Región Militar, Región Militar “Sur”, con residencia en Sevilla.

 Por Real Decreto de 19 de junio de 1992 obtendría la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar con distintivo blanco, que es una de las máximas condecoraciones militares en España.

Condecoraciones de su carrera militar

 

Pasos señalados de una trayectoria en Ifni.

Las preguntas sobre su trayectoria nos llevan al inicio de su andadura, a la Academia de Infantería.

--- ¿Cómo recuerda su paso por las academias militares?

--- Era una vida dura, de mucha disciplina, de sacrificio físico y esfuerzo intelectual. Primero en la Academia General Militar de Zaragoza y después en la Academia de Infantería de Toledo. Pero cuando se es joven se aguanta todo con ilusión.

Seguimos linealmente su trayectoria. Primero su destino en África, que le ha marcado profundamente, y al que de forma reiterada vuelve para contar anécdotas de aquellos más de dos años que allí pasó, los de 1955 a 1958:

--- En Ifni padecimos diversos asedios por parte de grupos pertenecientes al autollamado Ejército de Liberación de Marruecos, una organización no oficial, pero alentada por el propio Gobierno marroquí. En una ocasión duró veinte días, siendo auxiliados por un destacamento de la Legión, que los puso en rápida huida. El jefe de este “Ejército” era Ben Hammu, un antiguo suboficial o mercenario marroquí que sirvió en la Legión Extranjera francesa.

La colaboración francesa, precisamente, fue crucial para la eliminación de estas bandas rebeldes. En 1956 fue nombrado comandante en jefe de las Fuerzas Militares del África Occidental Francesa (AOF), con sede en Dakar, el General de División Charles Bourgund, y desde este puesto llegaría a un acuerdo con España para una operación militar conjunta que acabaría con ellas, fijando las fronteras al norte de Mauritania y del territorio español de la Saguía el Hamra. El entonces teniente Ezequiel Moro, ahora general de de brigada en la reserva, lo recuerda con agrado, por su valía profesional e incondicional colaboración con España.

Los asedios, emboscadas, ataques por sorpresa se daban con cierta regularidad, y nuestro entrevistado recuerda algunos hechos luctuosos, como la muerte en emboscada de otro teniente, compañero suyo, Antonio Ortiz de Zárate y Sánchez de Movellán, primer oficial paracaidista del Ejército de Tierra español que allí murió en combate: el 26 de noviembre de 1957.

El teniente Antonio Ortiz de Zárate

Recuerdo -nos dice- la asistencia de su madre, Mariana Sánchez de Movellán, al entierro: con gran expresión de dolor y dignidad, manteniendo la compostura. ¡Una lección inolvidable para los que asistimos al sepelio!.

Se dan las circunstancias de que ese joven teniente era hijo del coronel Joaquín Ortiz de Zárate López, que también murió en combate en 1936, durante la guerra civil española.

Pero el general Moro también nos cuenta otros hechos que “suavizan” estos recuerdos trágicos. Así, nos comenta cómo un brigada bajo su mando, pese a los asedios de las tribus bereberes de Ifni (Ait Baamarani: guerreros montañeses organizados en varias cabilas enfrentadas a las tropas españolas de Tiradores y a la Policía Territorial), pactaba con ellos una especie de “alto el fuego” para ir a comprar los jueves pollos al zoco local, atravesando las “líneas de combate” sin hostigamiento.

Y también recuerda cómo su asistente, un nativo, en una ocasión insistía en que se fuera a dormir al Cuartel (pues tenía vivienda aparte), y ante la negativa del joven teniente Ezequiel Moro, este fiel servidor permaneció toda la noche en la puerta de la vivienda, con el cuchillo en las manos para defenderlo en caso de intento de atentado. E igualmente rememora cómo pescaba para él en el mar tempestuoso de Ifni.

En cualquier caso, recuerda este territorio como hostil geográficamente, y habitado por tribus independentistas que no reconocían la ocupación española:

Me preguntaba muchas veces -nos señala-: yo qué hago aquí, qué hacemos aquí, frente a un mar ruidoso, tumultuoso, donde no se puede ni pescar y que a veces no te deja ni dormir, y que parecía la razón de la presencia española, aunque me daba la sensación de que lo que Franco no quería es ser menos que los franceses y lo tomaba como un enclave estratégico colonial.

Esta “vena de rebeldía” la enlaza con otra anécdota que tiene que ver con otro compañero de armas, el que en aquellos enfrentamientos también era teniente: Antonio Torrecillas Velasco. En 1958 resultó herido gravemente al pisar una mina “antipersona”, a resultas de lo cual perdió una pierna... y no la vida gracias a la intervención de Ezequiel Moro, que con su cinturón le hizo un torniquete para evitar que se desangrara. Antonio Torrecillas siguió en la vida militar, pero al aspirar al generalato fue recusado por esta mutilación. Ante ello, Ezequiel, también aspirante al mismo grado, se enfrentó al tribunal militar:

Este compañero militar ha perdido una pierna en acto de servicio, no en una juerga callejera. Si él no es digno de ascender, yo tampoco quiero el ascenso, exclamaría. Fue atendida la reclamación, y los dos consiguieron el generalato.

Antonio Torrecillas Velasco (ya fallecido), con uniforme de general


Por otra parte nos cuenta cómo uno de los reclutas que tuvo bajo su mando fue el badajocense Enrique Sánchez de León, que en el Primer Gobierno de la actual democracia sería Ministro de Sanidad, destinado, bajo su gestión, en la Policía Territorial. Policía en la que estaban destinados también nativos de la zona, de los que nos cuenta que terminaron por desertar prácticamente todos, llevándose además su armamento personal.

Los que desertaron de mi unidad -nos apunta- también lo hicieron con sus armas, pero su jefe (caid), llamado Abd el-Krim (como el famoso líder militar rifeño) nos devolvió todo el armamento robado.


La difícil estancia en el País Vasco.

Pasamos ahora a recordar su destino en el País Vasco. El general insiste en las diferencias entre estos dos primeros destinos: el de Ifni, con un enfrentamiento abierto y el enemigo “enfrente”, y el del País Vasco, con un grupo incipiente de oposición violenta que iba creciendo en esos finales años cincuenta del pasado siglo.

Vuelve a recordar a sus amigos asesinados, su comandante Diego Fernández-Montes y el Jefe de la Ertzaintza Carlos Díaz Aroca, en los años terribles de los atentados a Fuerzas del Orden, a servidores uniformados como él, a compañeros queridos, integrados en la sociedad, en el entorno; casado el primero con una vasca, y vasco el segundo.

--- ¿En el País Vasco vivía acuartelado o en Residencia Militar? ¿Aislado de la población civil?

---- Vivía en la Residencia Militar de San Sebastián, en el barrio de Loyola, a orillas del río Urumea, que por cierto me sorprendió al verlo todo cubierto de espuma blanca, de las fábricas de papel de la zona. Y no estaba aislado de la población civil, sino que tenía buenos amigos vascos; en aquellos años aún salíamos a la calle vestidos de militar. E incluso tuve una novia vasca, aunque al saber el padre que su hija se relacionaba con un oficial del Ejército incluso le prohibió salir de casa.

---- ¿Cómo vivían los familiares de los militares la situación?

---- En esos años finales de los cincuenta ya había cierta inquietud, sobre todo entre los militares que tenían familiares viviendo con ellos. Eran los años de creación de la ETA, que luego se irían recrudeciendo.

Recuerda, ya en los años ochenta, siendo coronel destinado en El Pardo, que vivía en las cercanías del Puente de Segovia, con lo que el traslado cotidiano a su destino lo hacía en coche oficial, custodiado por dos motoristas delante y otros dos detrás, dadas las amenazas crecientes del grupo terrorista, así como los atentados con víctimas que ya se prodigaban. En una ocasión, al haber un atasco circulatorio en el Puente, una señora que llevaba niños en un coche en paralelo al suyo entró en ataque de pánico, gritando que se alejaran de allí, pues les estaba poniendo en peligro mortal. ¡Difícil alejamiento con todo lleno de vehículos sin posibilidades de avanzar satisfactoriamente!

En otra ocasión, los motoristas que iban detrás de su coche oficial, al sospechar de un vehículo que los estaba siguiendo, echaron sus motos a un lado de la calzada y sacaron su armamento, dirigiéndose a ellos… ¡y resultaron ser otra escolta de incógnito! Así era la situación de inseguridad en que vivían en esos “años de plomo”.


Llega el sosiego.

Pasaron esas duras vivencias, para iniciar una larga etapa de mayor tranquilidad y satisfacción. Primero en su prolongada estancia en Badajoz, en la Brigada Extremadura, como capitán, comandante y teniente coronel, que ya vimos. Siempre querido por subordinados, compañeros de grado, superiores… Y, tras el paréntesis de coronel en Madrid, sus “etapas de madurez”: general de brigada desde mayo de 1989, con cargo de Jefe de Estado Mayor en la Región Militar “Sur”, con sede en Sevilla y, finalmente, Gobernador Militar en Badajoz desde marzo de 1991.

El 5 de mayo de 1993 pasa a la reserva activa, jurando por última vez bandera, en una emotiva ceremonia que cierra una larga etapa de servicio a España en destinos tan señalados como Ifni, el País Vasco, Badajoz, Madrid, Sevilla y otra vez y por último Badajoz, en donde contribuiría a gestionar la actual Base Militar de Bótoa.


Su vida apacible, a los 92 años de edad (nació el 4 de septiembre de 1933), está llena de recuerdos. Transcurre ahora, junto a Pilar, su mujer, principalmente en su querido Badajoz, donde goza del cariño de los que le conocieron directamente y los que han oído hablar de su buen hacer y capacidad humana y militar. Y, por supuesto, con la cercanía de sus tres hijas y un hijo, tan apegados a ellos, así como sus siete nietos.


Siempre da gusto encontrarse con unas personas tan cercanas, a la vez con tantas vivencias y altas responsabilidades, llenas de generosidad y espíritu de amistad, que nos ofrecen su tiempo y dan constante ejemplo de vitalidad y entrega. Y brindar con ellos por la vida, la salud y la paz.

 

Ezequiel Moro Cárdenas y Pilar García Doncel nos han hecho sentirnos como en casa en esa su casa del barrio de Pardaleras -antes vivieron diecinueve años en la finca familiar El Carpio-; siempre remansos de tranquilidad para ellos, que tanto se movieron de un lado y otro, sin que hayan perdido la querencia a los viajes, ahora proyectados como aventuras de placer.