viernes, 21 de abril de 2017

De Madrid a Collioure, con parada y fonda en Barcelona (y V)

DESPEDIDA EN EL MUSEU NACIONAL D’ART DE CATALUNYA Y VUELTA CON PARADA EN TRUJILLO
Para el último día de este periplo reservamos la visita al Museu Nacional D’Art de Catalunya, al que llegamos temprano, para ver antes desde su plazoleta de entrada la magnífica vista que se nos ofrece de Barcelona.
El Museo -en el Palacio Nacional construido para la Exposición Internacional de 1929, con estilo ecléctico o revival historicista, donde se alternan los elementos renacentistas y barroco- es en sí un espacio de gran atractivo arquitectónico, que se ve rebasado por un contenido fuera de lo común. Estamos ante la más completa colección de arte románico del mundo, destacando en especial sus frescos eclesiásticos, obtenidos fundamentalmente de las iglesitas pirenaicas que habían sucumbido al abandono y la ruina, y de donde se extrajeron obras tan inigualables como el ábside de San Clemente de Tahull, en el que destaca el soberbio Pantócrator, en su mandorla mística, rodeado de los símbolos de sus cuatro evangelistas, con la mano derecha en actitud de bendecir y sosteniendo con la izquierda un libro sagrado donde resalta la frase EGO SUM LUX MUNDI. Su extrema frontalidad e hieratismo, la acentuada geometría de las partes corporales y los ropajes, con policromía donde predominan el azul y el rojo, resultan fantásticos.
Del amplio románico pasamos al profuso gótico, donde dominan los retablos y cuadros de altares, para pasar a un renacimiento, manierismo y barroco en que abundan los lienzos, con autores tan sobresalientes como José de Rivera, El Greco, Zurbarán, Velázquez, Rubens o Goya. Del arte moderno también hay una extensa representación, llamándonos la atención la presencia de obras de Edward Munch, Dalí, Picasso, Tàpies o Gaudí. Dibujos, carteles, fotografía, numismática, van completando una serie en la que nos “perdemos”.
Pero el tiempo apremia y hay que visitar la exposición temporal sobre Insurrecciones, abierta de 24 de febrero al 21 de mayo.
Insurrecciones reúne casi 300 obras, entre pinturas, dibujos, grabados, fotografías, películas y manuscritos,  de mediados del siglo XIX a la actualidad, realizados por más de un centenar de artistas. El tema común es de las emociones colectivas y los acontecimientos políticos, revueltas, insumisión, agitación política, movimientos sociales y revoluciones de todo tipo. A la alta calidad de lo expuesto se une la emoción que transmite y el hilo conductor que significan acontecimientos que, separados en el tiempo por casi siglo y medio, tienen el mismo transfondo: la injusticia, el sufrimiento que conlleva, la rebelión de masas una y otra vez atropelladas en su dignidad. Nos recordó en buena parte el exilio que se respirabaen Collioure y en los pasos de los Pirineos que visitamos el día anterior.
Ya de vuelta, desembarcados en Madrid en un AVE envidiablemente rápido, tomamos el coche de regreso, haciendo una ligera parada en Trujillo, ciudad encantadora con su recio castillo granítico de los siglos IX al XII protegiendo a la ciudad desde lo alto, tan visible. Llegamos a su Plaza Mayor cuando se comienzan a mover los pasos de Semana Santa de un viernes de dolores especialmente relevante. El renacentista Palacio de la Conquista tardará poco en iluminarse, como la gótica iglesia de Santa María la Mayor, en diagonal con el anterior. A sus pies está la gigantesca estatua ecuestre de Francisco Pizarro, conquistador del Perú, obra realizada en 1929 por el escultor estadounidense Charles Cary Rumsey, que desde los soportales del Mesón la Troya ofrece unas vistas seductoras.
Y allí, en el premiado y afamado Mesón, terminamos laaventura, con sus raciones generosas y su frenético ajetreo, en tanto la procesión, su cristo, virgen, santos, sayones, nazarenos, penitentes, hermandades, desfilantes, curiosos... recorren las múltiples iglesias y los apacibles rincones de la población.
Moisés Cayetano Rosado

(Puede leerse, descargarse, imprimirse, compartirse, etc. la crónica completa desde el Documento 81 de mi enlace: http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html)

jueves, 20 de abril de 2017

De Madrid a Collioure, con parada y fonda en Barcelona (IV)
ATRAVESANDO LOS PIRINEOS ORIENTALES
Conducir por Barcelona es un placer. Esas avenidas y calles tan anchas, con semáforos que parecen dispuestos siempre a abrirse conforme vas llegando; esa visibilidad tan espectacular que ofrecen los chaflanes de las manzanas edificadas; esas enormes plazas con precisos indicadores de marcha… Así, partiendo de la Plaza de España -al suroeste-, vamos dejando atrás, por la Gran Vía de las Corts Catalanes, todo el Casco Antiguo y enfilamos en la Plaza de las Glòries Catalanes (donde contemplamos la grandiosa Torre AGBAR) la Avenida de la Meridiana, para salir al noreste camino de Gerona, sin sentir el stress circulatorio de otros grandes cascos urbanos.
Ya en Gerona, merece hacer una parada aunque sea mínima para acercase a su envidiable, dinámico y artístico casco histórico, donde el callejeo es una delicia. Los rincones, pasadizos, placitas, caserío en general, son un remanso de paz y de tranquilidad. Y la catedral, subida en el gran pódium que antecede una interminable escalinata, nos recibe con su portada-retablo: barroco de múltiples columnas y hornacinas, presidias por el gran óculo de su rosetón coronado, con el rótulo del año central de la construcción: 1733.
¿Qué decir también de sus espléndidas murallas carolingias, del siglo IX, las más extensas de Europa, paseables en su camino de ronda, y con base romana reconocible en muchos tramos? ¿Y de sus múltiples iglesias de torres airosas, gigantescas? ¡Lástima que no nos coja a la hora de comer, porque en sus terrazas y restaurantes podemos saborear una escudella (comido típico catalán), guisos, pucheros y estofados de ternera y cordero, con buenos complementos de las huertas cercanas, que nos quitan las prisas de momento!
Un pequeño contratiempo: no tomé nota del lugar donde aparcamos el coche, creyendo conocerlo, y nos costó algún rato y apuros dar con él. Y es que siempre hay que anotar el lugar donde se deja uno el vehículo, en lugares poco conocidos.
Pero hay que seguir y pasamos al lado de Figueres: otra tentación, y no solo por todo el legado de Dalí sino por ese fuerte sin igual que es el Castillo de Sant Ferran, de mediados del siglo XVIII, el más gigantesco de la Península y obra cumbre de la ingeniería militar de toda la Edad Moderna. De largo vemos su imponen silueta agazapada, como corresponde a todo fuerte enfrentado a la potente artillería del momento.
Allí hay que optar para atravesar los Pirineos: o al extremo oriental, por Portbou-Cerbère, o un poco más al interior, por La Jonquera-le Perthus. Decidimos hacer una ronda circular, entrando por el primero, para salir después por el segundo. Y así, enfrentamos las curvas y recurvas litorales, que nos dejan contemplar los bellísimos paisajes del Mar Mediterráneo; éstos no nos abandonarán hasta llegar a Collioure, la pequeña comuna francesa donde falleció, exiliado, el poeta español Antonio Machado, enterrado en su cementerio.
Es Collioure un pueblo apacible, crecido desde el fondo del valle hacia los montes de sus alrededores, y regalado por una playa concurrida, festiva y rodeada de fortificaciones, como corresponde a una población clave en la frontera franco-española, tan agitada en todos los tiempos, especialmente en los modernos. Admiramos dificultosamente sus vistas, porque resulta complicado encontrar aparcamiento: es lo que tienen las poblaciones encajadas en valles que desembocan en el mar, pero merece el riesgo de una parada comprometida…
A partir de ahí todo es remembranza de exiliados españoles, que un poco más arriba tienen recuerdos de escalofrío, en la vecina Argelès-sur-Mer. En su playa fueron recluidos y cercados por alambre de espinos -custodiados por tropas coloniales marroquíes y senegalesas de trato brutal- más de 100.000 de los 550.000 refugiados republicanos que huyeron de España en 1939, perseguidos por el terror, las bombas, la metralla de los vencedores de la guerra.
Precisamente entramos a Francia por uno de los pasos que más frecuentaron estos desafortunados: Portbou, y retornamos por la otra “gran puerta de entrada”: la Jonquera.
Pero en ese camino de vuelta, tras llegarnos hasta Perpignan, paramos casi en la mismísima frontera: en el Fuerte de Bellegarde (en lo alto de le Perthus), imponente construcción de finales del siglo XVII, de gran cuerpo central pentagonal alargado y amplio reducto adelantado hacia España, comunicados ambos por camino cubierto. Pasando de manos españolas a francesas en los siglos XVII y XVIII, fue durante la II Guerra Mundial cárcel de la Gestapo. Desde esta elevación pirenaica, las vistas hacia España y Francia son extraordinarias: todo verdor, montes y valles, exuberancia y tranquilidad en lo que un día fue tanto sufrimiento, dolor, humillación.
Bajando el puerto, el hambre nos hace aparición, porque había sido un día de bocadillos y chucherías. Mis nietos reivindican algo más contundente, que obtenemos en uno de los múltiples restaurantes rayanos.
No era hora de “tomar posesión” de un self service con 175 platos a elegir (¡o tomar de todos!), pero el chuletón de 400 gramos y los bistec de 300 gramos que nos ofrecen (más surtido de setas, patatas y huevos fritos, chorizo, ensalada…) no están mal… ¡aunque no sobraron más que los huesos! No obstante, Moi y Marco tomarían buena cuenta de salchichas alemanas, alitas de pollo y algunos aditamentos en el restaurante que descubrimos al lado de la estación de metro de Plaza del Centre (aledaño a nuestro alojamiento y cercano a la estación de Sants), regentado por chinos y servido por indios y magrebíes.
Entre una y otra refección, en la Plaza de España pudimos contemplar ese espectáculo único que ofrece la Fuente Mágica de Montjuïc y sus complementos de fuentecitas y cataratas: música, juegos de colores y movimientos artísticamente acompasados, que son la admiración de todos y embobamiento de neófitos.

Moisés Cayetano Rosado

miércoles, 19 de abril de 2017

De Madrid a Collioure, con parada y fonda en Barcelona (III)
DEL PARQUE GÜELL AL CAMP NOU DE BARCELONA
Cuando paramos de mañana en la Estación de metro de Lesseps, camino del Parque Güell, al norte de Barcelona, mi nieto Marco tiene suerte: encontramos un bar donde sirven churros con chocolate (que después veremos, y comeremos, en diversos lugares de la ciudad); mi otro nieto, Moi, prefiere la butifarra catalana y el café con leche, que tampoco están mal. Y ya, ¡quedamos bien dispuestos para un día de mucho caminar!
Las aglomeraciones en el Parque Güell están aseguradas todo el año, como cualquier cosa que “suene” a Gaudí. Pero el espacio general es suficientemente amplio como para albergar a miles de turistas que deambulamos de un lado para otro. Las 18 hectáreas de este Patrimonio de la Humanidad (como lo es también la Sagrada Familia, que habíamos visto, y las Casas Milà y Batlló, del Paseo de Gracia, que veremos después), propiedad del rico empresario Eusebi Güell, fueron acondicionadas por el artista entre 1900 y 1914, y en ellas derrochó su gran imaginación hasta extremos delirantes, constituyendo la “balconada”, el mirador escalonado (con desnivel de 60 metros) hacia la urbe barcelonesa más cautivador que podamos contemplar.
La rejería de la entrada baja -inspirada en las deshilachadas hojas de palmito- da acceso a una azulejería multicolor, con fuentes escultóricas, que desembocan en gigantesca galería con 86 columnas en estilo dórico, arriba de la cual tenemos el primer gran mirador: plaza de 2.694 m2, polivalente como zona de celebraciones.
Subiendo por las escaleras laterales, vamos ganando terrazas, salvando diversos viaductos de ladrillos, revestidos de piedra rústica, de columnas inclinadas, irregulares, y bóvedas de cañón igualmente deformadas, evocando los estilos románico, gótico y barroco, tan del gusto de Gaudí. Pabellones, palacetes, casas de diversas facturas, completan un conjunto sobresaliente.
Así, con esta lección de estilo artístico peculiar, es fácil encontrar en esa columna vertebral que constituye el Paseo de Gracia los dos grandes edificios emblemáticos del singular arquitecto. Y no solo por las colas de turistas que aguardan para entrar y los que los fotografían sin descanso, sino por la singularidad de sus fachadas: la Casa Milà, a la izquierda según bajamos a la Plaza de Cataluña, popularmente conocida como “la Pedrera”, de 1906-1912, haciendo chaflán con la calle Provenza, grandiosa, curvilínea, profusamente abalconada, de grandes chimeneas sinuosas, en color blanco como todo el conjunto; un poco más abajo, a la derecha, la Casa Batlló, de 1904-1906, con fachada floreada, multicolor, igualmente de curvilíneas balconadas adelantadas, que cuando la vimos por la noche parecía que estuviéramos ante una casita encantada de cuentos infantiles.
Bajando a la elegante Plaza de Cataluña, claro, hay que hacer un alto en el Corte Inglés: ya sabemos… ¡las zapatillas de moda! Pero la multitienda que las atesora está un poco más abajo, en la Puerta del Ángel. No obstante, las zapatillas que buscábamos no íbamos a verlas allí sino en una de las tiendas del antiguo coso taurino de la Plaza de España, lugar que hace las delicias de los “consumidores”.
Estando ya en el meollo del Casco Antiguo de Barcelona, es preciso recorrer con calma el Barrio Gótico, volver a la Catedral, a la Plaza de Sant Jaume, a las Ramblas para disfrutar -siendo la hora de la comida- de la oferta variada del Mercado de la Boquería, tan repleto de bares-restaurantes (¡y abarrotados de clientes!), con puestos de toda clase de zumos refrescantes a un euro o euro y medio el vaso largo con pajita.
Luego es cuestión de bajar aún más, cerca de la Vía Layetana, hacia lo que para mí es uno de los templos más fascinantes que conozco: la Basílica de Santa María del Mar, magnífico ejemplo del gótico catalán, del siglo XIV: imponente en su reciedumbre, en su extraordinaria altura que alcanza los 33 metros en la nave central (lo mismo que su anchura, teniendo a lo largo 80 metros); edificio de tres naves, sin crucero, con amplio deambulatorio, todo cubierto con bóveda de crucería sostenida por dieciséis columnas octogonales de 1’6 metros de grosor.
Muy cerca, hacia el noreste nos topamos con el antiguo Mercado del Born y a continuación el Parque de la Ciudadela. El Mercado del Born fue construido a partir de 1871, en estructura metálica, con la finalidad de albergar los puestos que desde la Edad Media habían estado presentes en la zona y fueron arrasados para construir la gran Ciudadela que ideó Felipe V en 1715 para dominar la ciudad que se había opuesto a su proclamación.
El mercado estuvo activo hasta 1971, acometiéndose su rehabilitación en 2013, siendo en la actualidad un centro de exposiciones permanentes y temporales, una memoria de lo que fueron y significaron los mercados históricos de la ciudad, al tiempo que -en su zona central- un espacio arqueológico donde contemplar los restos de viviendas y mercado arrasados al levantar la Ciudadela.
Ahora paseamos por lo que fue esa fortaleza abaluartada de cinco puntas con cinco revellines (inmenso pentágono de 28’6 hectáreas), levantada entre 1715 y 1751, y derribada durante la Revolución de 1868. Parece que estuviéramos en el Retiro madrileño: todo verdor, arboledas, palacetes y también una laguna donde podemos remar a placer con barquitas similares. Cientos de personas, incluso en bañador y bikini, toman el sol, ajenos a tiempos duros de represión y miedo.
En fin, un día ajetreado que terminamos cerca de nuestro lugar de alojamiento: en el Camp Nou, Estadio del Fútbol Club de Barcelona -al oeste de la población-, que es un complejo futbolístico y de tiendas donde venden todo tipo de “aparejos” deportivos, con unos precios que se suben por las nubes. ¡No en vano mandan allí los de Qatar!

Moisés Cayetano Rosado

martes, 18 de abril de 2017

De Madrid a Collioure, con parada y fonda en Barcelona (II)
DE MONTSERRAT A LA SAGRADA FAMILIA Y REGRESO POR LAS RAMBLAS
Cuando llegas por la noche a la Estación de Sants, en Barcelona, puedes sentirte un poco despistado ante la inmensidad de sus plazas y las calles anchísimas, tan rectas, infinitas. Pero enseguida que te orientas un poco comprendes que el trazado de la expansión urbana barcelonesa es ideal para orientarse. El Ensanche, del arquitecto Ildefonso Cerdá, de mediados del siglo XIX, nos ha proporcionado una ciudad en cuadrícula con manzanas achaflanadas que permiten una visión peatonal y circulatoria dinámica y segura.
Alrededor de la Estación hay una oferta de hoteles para todos los gustos y posibilidades económicas (dentro de una carestía superior a la media española), con una boca Metro siempre a mano, pues la red del suburbano es de una densidad envidiable, como lo es la frecuencia de paso.  ¡Qué decir, también, de sus restaurantes y pequeños supermercados,  que parecen abiertos a toda hora y dispuestos a cualquier servicio… regentados y atendidos mayoritariamente por chinos, indios y norteafricanos (algo parecido habíamos visto en Madrid). No hay problemas para obtener en ellos comida italiana, alemana, española o mezclada de diversas nacionalidades, sin que su precio se suba por las nubes.
Y una vez descansados, hay que planificar la estancia. Optamos por coger un combinado en la Estación de Plaza de España, que nos lleva a Montserrat: tren de cercanías hasta Montserrat AERI (una hora), que hace un par de decenas de paradas antes de llegar; teleférico desde allí hasta los pies del Monasterio benedictino (donde se rinde culto a “la Moreneta”, imagen románica de la Virgen, encontrada según la tradición en el año 880), a donde se llega en 5 minutos en que podemos admirar el paisaje abrupto de la montaña y los valles de alrededor; paseo por el complejo creado en el lugar, y dos opciones nuevas: subir montaña arriba en el funicular de Sant Joan, o bajar en el de la Santa Cova.
Como al principio le coge a uno de refresco, lo mejor es cumplir ahora con la primera opción y echar unos minutos de funicular por el desfiladero que nos lleva a lo alto, de donde parten diversos caminos pedestres, el principal de los cuales nos permiten ascender aún más: de los 720 metros sobre el nivel del mar del Monasterio a los 1.028 de la ermita tardorrománica de Sant Joan. Es buen lugar para tomar un respiro, pero merece continuar ascendiendo por las diversas sendas, ya que el paisaje de las enormes moles de conglomerados (emergidos casi verticalmente del mar con la orogenia alpina hace alrededor de 50 millones de años) y los tremendos abismos entre ellos nos ofrecen unas vistas inigualables.
Cuando llegamos a los 1.200 metros de altura, procediendo de la ciudad que está a nivel mismo del mar, los oídos nos avisan de la altura. Y las sendas se hacen estrechas, cada vez más rocosas, protegiéndonos del “mareo” y el peligro vallas de madera a prueba de vértigo. Parece que estuviéramos en el “Caminito del Rey”, del desfiladero de los Gaitanes de Málaga, o el del Cares, en los Picos de Europa.
Descendiendo de nuevo, en la explanada donde tomamos el funicular de subida, también se nos ofrece el otro que baja a la Santa Cova, el lugar donde se encontraría a la Virgen. Éste nos deja en la senda (construida entre 1691 y 1704) que conduce a la cueva, pasando por las estaciones penitentes de los quince misterios, en cada uno de los cuales hay un bajo o altorrelieve, escultura exenta o grupo historiado, elaborados entre 1896 y 1916 por diversos artistas. La belleza del paisaje vuelve a ser cautivante: hacia arriba las tremendas montañas enmarcando al Monasterio y hacia abajo el valle inabarcable, lleno de verdor.
Como la oferta restauradora es amplia y no abusiva en precios, regresaremos a Barcelona con buen ánimo y estupendos recuerdos, ejercicio físico cumplido y recreo visual extraordinario, que podemos completar con un vistazo de atardecer y noche en la ciudad.
Una buena opción es acercase al Templo de la Sagrada Familia, la titánica obra iniciada por Antoni Gaudí en 1882 y que aún sigue en construcción, estando prevista su terminación para dentro de más de cinco años.
Esta obra modernista, evocadora del gótico más florido, llena de imaginación, ensueños y caprichos, es todo un derroche de originalidad, e igualmente nos evoca una catedral francesa de la altivez de Amiens o Reims, o una gruta gigantesca erosionada por el viento y el agua a lo largo de siglos, de milenios.
En Semana Santa, además, se tiene la oportunidad de asistir a un espectáculo de luces, de colores, sonidos y explicaciones en la fachada de la Pasión que nos hace sentirnos ante la prédica medieval de los clérigos, acercándoles el evangelio a los fieles iletrados, por medio de los conjuntos escultóricos que la abarrotan. ¡Cuánto fiel y curioso alrededor procedentes de los más diversos rincones del mundo, especialmente orientales, que todo lo invaden!
Terminado el espectáculo y rindiendo culto también al estómago entre la múltiple oferta gastronómica de la zona, qué mejor que encaminarse (vía metropolitano) a la Catedral y el Barrio Gótico del Casco Antiguo. Disfrutar en la penumbra de ese gótico recreado casi todo a finales del siglo XIX y principios del XX, llegando hasta la Plaza de Sant Jaume, donde se encuentra el Palacio de la Generalitat frente a frente con el Ayuntamiento, formando un conjunto monumental gótico-renacentista meritorio.
De allí -bullicio y deambular masivo- bajamos a Las Ramblas por la calle/carrer/ de Ferran (atestada de tiendas con todo tipo de souvenirs), no sin antes darnos una vuelta por la aledaña Plaza Real, neoclasicista, de mediados del siglo XIX, porticada con arcos de medio punto, atestada de veladores y de gente.

Por el medio de Las Ramblas -columna vertebral de la ciudad vieja- cogemos el metro en la estación Liceu, buscando el descanso de un día de ajetreo, al que esperan jornadas no menos movidas.
Moisés Cayetano Rosado

lunes, 17 de abril de 2017

De Madrid a Collioure, con parada y fonda en Barcelona (I) 

RECALAR EN MADRID
Aunque nuestro destino era fundamentalmente Barcelona, decidimos estirarlo como si fuera un chicle, a un lado y otro y por el medio. Se trata de pasar unos días recorriendo la Península desde Badajoz hasta la frontera pirenaica oriental, degustando especialmente la ciudad condal y con un ligero internamiento en la Francia mediterránea, donde el recuerdo trágico de los exiliados republicanos españoles sigue presente en medio de la belleza del paisaje.
Estudiadas las diversas opciones, la mejor nos resultó coger el coche propio y dirigirnos a Madrid, reservando aparcamiento al lado de la Estación de ferrocarril de Atocha. Una vez llegados, visitamos el exuberante jardín tropical de la estación, en el antiguo edificio de viajeros, de hierro y cristal, donde se atesoran en sus 4.000 metros cuadrados 7.200 plantas de 260 especies, aparte de multitud de tortugas y peces de colores.
Al frente mismo nos queda el antiguo Palacio de Fomento, actual Ministerio de Agricultura, imponente edificio terminado en 1897, de factura neo-renacentista, uno de los más emblemáticos de la ciudad. A continuación, la Cuesta de Moyano, con sus librerías de viejos, algunas ya cerradas, en decadencia, pero con joyas bibliográficas envidiables todavía.
Un poco más arriba el Parque del Retiro, repleto como siempre, y donde era de rigor fotografiarse bajo el Ángel Caído, de Ricardo Bellver (1885), uno de los poquísimos monumentos de este tipo en el mundo, y el más significativo.
Ya en el Retiro -magnífico parque iniciado a principios del siglo XVII y abierto al público desde 1767 (hace ahora 250 años) y donde se come a placer entre su arboleda acogedora-, se hace casi preceptivo remar en una barca por el lago, tras pasar por el Palacio de Cristal. Siempre al principio parece difícil para el no iniciado “navegar” entre tanto turista despistado, y parece que estuviéramos entre coches chocantes de la feria, pero enseguida se le coge el truco.
Madrid da para mucho, pero disponíamos apenas de unas cuantas horas, por lo que se hizo necesario escoger, decidiéndonos por una ruta prácticamente circular en la zona central de la ciudad: Puerta de Alcalá, Paseo del Prado, fuentes de Cibeles y Neptuno, Carrera de San Jerónimo con su airosa escalinata del Congreso de los Diputados y los leones guardianes que parecen un poco despistados… y enseguida la Puerta del Sol.
Como en este punto cero de España “gobierna” el Corte Inglés y sus múltiples dependencia, y como voy con niños, se hace obligatorio subir y bajar por las escaleras mecánicas buscando ropas, zapatos deportivos, curioseando precios y modelos: ellos me ilustran de lo que apenas sabía, esa enormidad de marcas con sus precios subidos que constituyen el “sello de distinción” de las nuevas generaciones. Luego, calles antiguas, castizas, hasta llegar a la Plaza Mayor, atestada de turistas embobados con los “hombres estatuas” que se ganan la vida inmovilizando figuras legendarias, monstruos y héroes, en medio del calor que ya castiga.
Enseguida, mercado tradicional de San Miguel, en la Calle Mayor, ya casi transformado por completo en tiendas de refrescos para el turismo y bares-restaurantes abarrotados que invaden el antiguo espacio de las carnicerías, fruterías, pescaderías,  ultramarinos de antaño, pero que conserva el colorido y mantiene el bullicio de otros tiempos, recordándome un poco al de La Boquería barcelonesa.
Desembocamos en la Catedral de la Almudena -templo construido entre finales del siglo XIX y finales del XX-, tan enorme y pretenciosa en su neogótico interior y neoclásico de fachada, para seguir en su también neorrománico de la cripta, bosque de columnas y bóvedas de piedras bien talladas, donde aún quedan espacios libres para seguir ganando el cielo en sepulturas de privilegio.
Al lado, el barroco Palacio Real, como siempre, se luce con colas de curiosos que te hacen desistir de colocarte en fila bajo el sol, pero merece curiosear por su gran patio desde la enorme rejería exterior.
Pasan casi sin sentir las siete horas programadas para la capital y es tiempo de regreso a la Estación de Atocha, donde coger el AVE con el ánimo puesto en Barcelona, a donde se llega en poco más de dos horas, sin paradas intermedias esta vez. Casi la mitad de lo que tardamos en coche desde Badajoz a Madrid (400 kilómetros), aunque haya casi 250 kilómetros más. ¡Y no digo si nuestro primer trayecto lo hubiéramos hecho en tren, que hubiéramos tenido que echar también la cena en la talega!

Moisés Cayetano Rosado

sábado, 8 de abril de 2017

ESCUCHANDO LOS HIMNOS MILITARES DE TIEMPOS COLONIALES
Desastre de Annual, 1921. Negativa del Rey Alfonso XIII a pagar una suma alta de dinero por el rescate de  prisioneros: «...anda que no se ha puesto cara la carne de gallina» (Filtración a raíz del informe a las Cortes del general Juan Picasso)

Me he puesto a escuchar los himnos militares
y he sentido el temblor de los muchachos
llamados a la guerra.
Y he sentido la fiebre
y el amor por la patria,
tan sincero,
de aquellos que creen en sus misiones.
Pero, ¿quiénes ganaban las batallas
en los terrenos ocupados?
¿Quiénes se enriquecían con el sudor esclavo, sojuzgado,
de los desposeídos de su tierra?
¿No eran los mismo que hubieron conseguido,
a basa de dinero,
que no fueran sus hijos a la dura manigua,
a los desiertos,
al campo de exterminio de las frecuentes emboscadas?
¿Y no eran los chiquillos
de los ojos brillantes por la emoción del canto
aquellos que dejaron su terruño y su familia,
azotados por el dolor y la miseria
de siglos irredentos?
Sí, me he puesto a escuchar los himnos militares
y sentido el cuchillo
de la crueldad, del atropello;
del cinismo absoluto volcado en los discursos
que convierten la patria en una mercancía
donde cualquier revés hace que exclamen:
“¡Lo cara que se ha puesto la carne de gallina!”.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

domingo, 2 de abril de 2017

CERRANDO EL CICLO DE VALORIZACIÓN DE FORTIFICACIONES DE LA RAIA/ARAYA LUSO-ESPAÑOLA
El 29 de abril cerramos en Almeida el ciclo de “Jornadas de Valorización de Fortificaciones de la Raia/Raya luso-española”, iniciado en Badajoz en 2012 y continuadas anualmente en Castelo de Vide, Castro Marim, Chaves y Vila Viçosa.
Todas las ediciones celebradas han sido publicadas por la Revista Transfronteriza “O Pelourinho”, y pueden ser consultadas, impresas, compartidas, etc. desde el enlace http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html, en sus documentos 42, 47, 56, 64 y 73.
Este cierre de lujo es posible por el impulso de la Câmara Municipal de Almeida, con su Presidente da Câmara (António Baptista Ribeiro) y el Consultor (Dr. Arquitecto João Campos) a la cabeza.
La previsión de intervenciones es la que sigue: abriré las sesiones de trabajo haciendo un recorrido por el contenido de las distintas “Jornadas de Valorização das Fortificações Transfronteiriças”, su desarrollo y participantes técnicos.
A continuación, João Campos (que ha enriquecido con su sabiduría diversas ediciones de estas Jornadas) se extenderá sobre la “Candidatura de Almeida a Patrimonio de la Humanidad”, dentro de la Serie ya incluida en la Lista Indicativa de Portugal, desde mayo de 2016, junto a Valença do Minho, Marvão y Elvas.
El arquitecto Fernando Cobos, de tan dilatado currículum como investigador, divulgador y arquitecto director de proyectos de rehabilitación de fortificaciones, desarrollará la ponencia sobre las “Fortificaciones de Castilla-León en el sistema de la Raya de Portugal”.
Margarida Alçada, experta en Patrimonio y Turismo, desde la coordinación de la candidatura de las fortificaciones de la Raia, tratará "DE DOSSIER A PROCESSO: a candidatura das Fortificações Abaluartadas da Raia à Lista do Património Mundial".
Un “Panel de la Escuela de Arquitectura de Valladolid” será coordinado por los profesores arquitectos Valeriano Murillo y Javier Blanco, inaugurando una Exposición Académica con trabajos sobre Almeida. E igualmente, desde el Departamento de Engenharia Civil da Universidade do Minho, presentarán “Protocolo de colaboração e Teses de Mestrado concluídas”, con el profesor ingeniero Luís F. Ramos.
El profesor y consultor de diversas cámara municipales de la zona del Minho, Custódio Oliveira, será el encargado de explicar “O proceso de candidatura de Valença do Minho  e sua organização”.
Nuestro veterano colaborador, el profesor de la Universidad de Salamanca, Ramón García Gómez, abordará una de las zonas que menos ha sido considerada en estos encuentros y cuya inclusión es de importante valor: las “Fortificaciones rayana/raianas do Minho/Atlántico”.
Por su parte, el técnico superior da Câmara Municipal de Évora nas áreas da Cultura e Património, Francisco Bilou tratará de "As fortificações de Évora: imagem, valor e recurso", como el técnico superior de la Câmara Municipal de Elvas, Rui Jesuíno lo hará de la otra ciudad rayana que también es Patrimonio de la Humanidad, Elvas, de la que establecerá una semblanza de “A formação da cidade-quartel e de sua monumentalidade única”.
El siguiente interviniente será el profesor de la Universidad de Extremadura y documentalista Faustino Hermoso, que presentará una propuesta para las “Fortificaciones de la Raya/Raia y las redes de información europeas”.
Después, la Técnica Superior del Municipio de Almeida, Paula Sousa defenderá la "Valorização patrimonial em curso em Almeida".
Rui Carita, de la Universidad de Madeira intervendrá con As fronteiras do Império Ultramarino Português com a Aclamação de D. João IV.
Y el Director de la Escuela de Arquitectura de Valladolid, Darío Álvarez Álvarez, cerrará las sesiones hablando de "Paisaje Cultural y Patrimonio en la Raya".
Portas de Santo António, Almeida, en cuyo interior se celebrarán las VI
Jornadas de Fortificaciones
Posteriormente, durante el día 30 de abril, se realizará una visita a diversos lugares de la fortaleza de Almeida, así como a otros lugares patrimoniales de los alrededores, terminando con un acto musical en el Auditorio Municipal.
La Revista “O Pelourinho” publicará posteriormente las actas de las Jornadas en formato papel y digital.
Haga el que pueda un hueco en su agenda y comparta con nosotros una actividad de reconocimiento del valor patrimonial, monumental, histórico y artístico de la Raia/Raya, su gran potencialidad unida, y disfrute de una de las fortificaciones y entorno más espectaculares que podamos contemplar.

Moisés Cayetano Rosado

miércoles, 29 de marzo de 2017

¿GUERRA DE SEPARACIÓN, DE RESTAURACIÓN O DE SECESIÓN?
Moisés Cayetano Rosado
Visito de nuevo la remodelación del Baluarte de la Trinidad en Badajoz. Ese bodrio infamante que contraviene todo lo convenido desde la Carta de Atenas de 1931 hasta el Plan Nacional de Arquitectura Defensiva del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (2015), pasando por documentos tan emblemáticos como la Carta de Venecia (1964) o la Carta de Nara (1994), y que haría removerse en su tumba al viajero Antonio Ponz, a tenor de lo que escribió en su Viaje de España (1784).
Me reafirmo en su feísmo, en el desacertado tratamiento de recuperación de un Patrimonio Histórico-Artístico, Cultural, donde se encuentran restos arqueológicos de la Cerca Vieja medieval, y se alza un baluarte del siglo XVII, con el nombre del convento que motivó ese trazado para preservarlo: el de la Trinidad, cuya cimentación debe estar ahí debajo, aunque no se ha tenido en cuenta en la reciente actuación de devastación y transfiguración.
Pero, en fin, ahora no quería llegar al sofoco que ya en otras ocasiones manifesté… Mas sí llamar la atención sobre una curiosa cartelería explicativa, donde nos ilustran sobre “La Cerca Vieja y la  Puerta Medieval de la Trinidad”.
Expuesto en español, portugués e inglés, nos hablan de que entre 1640 y 1668 se reforzó con algunos baluartes. Y aquí viene lo curioso: en la redacción española, a ese periodo lo llama la Guerra de Separación de Portugal (así exactamente en el cartel); en la inglesa the Portuguese Restoration (así exactamente), y el escrito en portugués a guerra de secessão (exactamente así en el cartel).

¡Qué cosa esto de las traducciones! Pero el caso es que en Portugal se le llama siempre Guerra de Restauração (¡y con mayúsculas!, que aquí han sido olvidadas, aunque en los otros dos idiomas no). Restaurção-Restoration, como respetan en la exposición en inglés. Y sí, los españoles procuramos, a veces, ponerle ese nombre de Separación… pero hacerle ese feo a nuestros hermanos portugueses en esta cartelería… Yo creo que ya que la desgracia del bodrio es difícilmente reparable, al menos que lo sea lo de la grafía del cartel, por rigor expresivo y comprensivo.

martes, 28 de marzo de 2017

EL HEREDERO DE ABDEL
Autor: Evaristo Laguna Téllez.
Edita: Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, 2016. 232 págs.


El XXXV Premio de Novela Felipe Trigo recayó en una obra singular: El heredero de Abdel, del experimentado y galardonado sevillano Evaristo Laguna Téllez, que nos ofrece un relato poliédrico y apasionante, donde lo histórico, lo policíaco, el espionaje internacional y lo kafkiano se aúnan en una doble historia separada por cuatrocientos sesenta y cinco años, el ciclo de un cometa que “alumbra” el hilo conductor de las tramas.
La brillantez del primer capítulo atrapa enseguida, con su ironía y discurrir ligeramente quijotescos, para llevarnos -como antesala- a un mundo de intrigas en que el personaje de Marie Sybille Rishmart -en la España supersticiosa y clerical del primer tercio del siglo XVI- se desenvuelve con un desparpajo extraordinario, jugando sus bazas como una experta jugadora de ajedrez que lleva las técnicas del juego a su estrategia de supervivencia y sus objetivos inusuales para una condición femenina de la época y de la sociedad.
Otra mujer, Rosalía, se encargará de fortalecer la trama que se teje casi quinientos años después, y donde dos personajes enigmáticos, Abdel y Guzmán, harán de ella el soporte y confidente de “su misión” el primero y de sus soledades el segundo.
Noble y rica Marie, sencilla cocinera de gustos inspirados la segunda, ambas tienen un papel central en esta obra que nos recuerda en las ideas y acciones de la primera a la Utopía de Tomás Moro, y en la segunda a la mujer sencilla que en las dificultades se crece, con dignidad insuperable, como la madre-mujer-coraje que no había podido ser y que al final podrá lograrlo.
Y es una obra de tintes históricos por el “fresco” que nos ofrece de la situación española de comienzos de la Edad Moderna, con sus intrigas palaciegas, eclesiásticas e inquisitoriales, y aún más por el discurrir de finales del siglo XX, con los espionajes de los servicios secretos españoles, entrecruzados con los americanos e israelíes, llevándonos así a una fuerte intriga que se interna en lo policíaco y lo supera incluso. Y en ello se llega a lo kafkiano, pues las situaciones de crimen, detenciones, acusaciones, envolvimientos… nos recuerdan la trama de “El Proceso” de Kafka, llevándonos a la inquietud de que… posiblemente cualquiera podríamos vernos envueltos en el mismo.
Particularmente creo que la maestría del primer capítulo, de esas primeras brillantísimas seis páginas, no logra mantenerse en el resto, sin  que falten momentos excepcionales a lo largo de las más de doscientas páginas; pero el resultado de conjunto es más que aceptable, muy digno, de mucho gancho para el lector exigente tanto en lo que respecta a “buena” literatura como a planteamiento histórico de la trama.
Ciertamente, se lee “de un tirón”… si se tiene tiempo para ello. O se vuelve a sus páginas, hasta acabar, con gusto. La intriga se mantiene con agilidad. El lenguaje es desenvuelto, fresco, agradable. Una aportación a los “Felipe Trigo” de alto valor, que revalida la importancia de un premio que tiene en el panorama nacional un lugar de primera línea bien justificado y revalidado.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

sábado, 25 de marzo de 2017

DON QUIJOTE. PUBLICACIÓN DE HUMOR Y DE COMBATE

Edición anotada de Eutimio Martín.
Edita: Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, 2016. 79 págs. Más periódicos facsímiles.

Nos ofrece el Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz una joya bibliográfica, magníficamente impresa y compuesta. Se trata de un libro-estuche en que, además de una extraordinaria introducción del profesor Eutimio Martín, de 79 páginas, incluye una edición facsímil de los nueve números (de gran formato y cuatro páginas cada uno) que entre junio de 1946 y marzo de 1947 se editaron del periódico “Don Quijote, Publicación de humor y de combate”, por exiliados españoles en Francia, de los que no sabemos su verdadera identidad, pues como director figura el mismo Don Quijote y como redactor-jefe Sancho Panza, firmando los distintos trabajos personajes de nuestra inmortal novela.
Se incluye también el único ejemplar que en septiembre de 1954 se lanzó de “Aquelarre (Barataria de Don Quijote)”, de dos páginas tamaño cuartilla, que parece como un apéndice frustrado del anterior. Por último, completa el estuche un ejemplar -también dos páginas, pero de tamaño como el primero nombrado- de “Reconquista de España” (Órgano de la Junta Suprema de Unión Nacional), correspondiente a mayo de 1944. Los tres, facilitados por la Bibliotheque Nationale de France.
Eutimio Martín hace en su introducción un trabajo riguroso, comprometido, agudamente crítico, en dos capítulos, más una introducción de “Advertencia al lector” (especie de resumen de lo que luego sigue) y una “Adenda” sobre el Memorial levantado en la localidad francesa de Rivesaltes, en 2015, como homenaje a los exiliados españoles, huidos de nuestra terrible Guerra Civil.
El primer capítulo: “El exilio de los republicanos españoles en Francia” es de una crudeza impresionante. El profesor no ahorra adjetivos para calificar aquel “terror programado”, como llama a la huida, con el exterminio en el camino “por tierra, mar y aire” (pág. 19) de niños, personas civiles, ancianos… heridos, mutilados, hambrientos, por todo el territorio español y en especial la costa levantina y los Pirineos Orientales, no sin detenerse antes con dolor en la matanza indescriptible de la Plaza de Toros de Badajoz, que “provocará la primera ola de refugiados a escala internacional” (pág. 17).
Pero el terror continuará en los campos de refugiados, campos de concentración franceses, especialmente el vecino de Argelès-sur-Mer, donde son abandonados tantos miles de desamparados republicanos españoles en las arenas del mar, sin apenas más ayuda que la solidaridad particular de los vecinos y de paisanos “emigrantes económicos”, llegados antes, y férreamente vigilados para evitar su salida. Se prolongará la agonía y la muerte con el enrolamiento en batallones internacionales contra la invasión nazi, el internamiento en campos de exterminio alemanes… y la esperanza fallida de una “Reconquista de España”, tras vencer las potencias occidentales al nazi-fascismo.
El segundo capítulo se centra en el estudio de la prensa del exilio en general y especialmente de este “Don Quijote. Publicación de humor y de combate (1946-1947)”, cuyos ejemplares analiza pormenorizadamente, y que nos dan cuenta, entre humor, risas, ironías… y amarguras, de cómo transcurrían las luchas fratricidas entre los distintos grupos de exiliados, según sus afiliaciones (comunistas, anarquistas, socialistas, republicanos…) e incluso dentro de ellas, especialmente en las filas socialistas entre partidarios de Negrín y de Indalecio Prieto.
Los sueños de invadir España con un batallón mal formado y equipado, los tejemanejes de unos y otros por hacerse con el control del cargamento económico del Vita, los enfrentamientos cotidianos, los sueños que se caen por momento y el sentimiento de derrota final y absoluta, pasan por las páginas de este periódico que Eutimio Martín disecciona con maestría, y sin esconder críticas a los muchos fallos cometidos entre todos los dirigentes en el exilio, divididos, enfrentados, rencorosos tantas veces. Y sin ahorrar dardos también para los que, ya reinstaurada la democracia en España, no han tenido para con aquellos exiliados, los anónimos, los más sufrientes, el reconocimiento que finalmente sí supo dar Francia, teniendo precisamente como jefe de Gobierno a Manuel Valls, descendiente de españoles, y como alcalde de Argelès-sur-Mer (y diputado) a Pierre Aylagas, “cuyo padre, campesino castellano, inauguró las alambradas de Argelès a principios de 1939” (pág. 79).
La amplia bibliografía que la Diputación de Badajoz va dando sobre la Guerra Civil, la represión subsiguiente y el exilio, se ve enriquecida con esta aportación hemerográfica de lujo y este estudio valiente y riguroso de Eutimio Martín, que llama en sus páginas a las cosas por su nombre, “revisando el revisionismo” de ciertos historiadores complacientes con la ignominia y el olvido.

MOISÉS CAYETANO ROSADO