martes, 15 de enero de 2019


IGNORAR LA HISTORIA. OLVIDAR EL PASADO.

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

En la celebración del “I Congreso Mundial de la Ciudadanía Extremeña en el Exterior”, desde el público nos increpó airadamente un asistente, diciendo que se sentía ofendido por llamar emigrantes a los extremeños en Cataluña, pues él era un “ciudadano extremeño que se había desplazado dentro de España”, no que había emigrado.
Fue la primera vez que oí semejante argumento en los más de 45 años que llevo hablando de este tema dentro y fuera de nuestra región. Sin embargo, he vuelto a toparme con el mismo argumento en las redes sociales en distintas ocasiones desde entonces. ¡Madre mía! -pienso- cientos de trabajos universitarios, tesinas y tesis doctorales sobre movimientos migratorios interiores tendrán que ser revisadas, y ya veremos si no nos quitan a más de uno la titulación obtenida con esas investigaciones. Entonces, ¿ya no hablamos de 48% de saldo migratorio extremeño entre 1951 y 1975, sino del 6% de emigrantes: lo que marchó legalmente a Europa?
Por otra parte, cuando en algunos foros he mencionado expulsiones habidas en los años cincuenta de trabajadores con origen extremeño, andaluz, castellano… en Cataluña y Madrid, directamente se me ha dicho que es mentira. Y cuando he publicado la Disposición de 4 de octubre de 1952 del Gobernador de Barcelona ordenando la expulsión de los que allí no acreditaran vivienda y trabajo, internándolos en tanto duraba la tramitación en un Pabellón habilitado a tal fin, aún han seguido algunos negando la evidencia. Evidencia también para la provincia de Madrid que también he mostrado en el Decreto de 23 de agosto de 1975, publicado en el Boletín Oficial de la Provincia el 24 de septiembre (tres días después de que lo hiciera el Boletín Oficial del Estado).
En ese mismo Congreso, un ponente atestiguó que él había sido víctima del proceso en Barcelona, y parece que tampoco se le creyó lo suficiente. ¡Cuántos trabajadores hacían la última parte del trayecto a pie, para evitar la detención por parte de la entonces Policía Armada!
Pero como parece que lo de “negar tres veces” es una especie de maldición bíblica, también asisto últimamente a la aseveración contundente de que jamás hubo emigración ilegal a Europa. Nosotros -aseguran los convencidos de la verdad universal a través de su experiencia personal- siempre fuimos con contrato en regla, asistidos por las autoridades españolas, controlados en frontera y destino.
No vale que incluso el propio Instituto Español de Emigración (entonces encargado de la “emigración asistida”, legalizada) reconozca que entre 1961 y 1975 (los años en que hubo convenios bilaterales generalizados de prestación laboral) más del 35% de nuestra emigración fue irregular, contrastando las fuentes de padrones municipales de los lugares de recepción. No sirve que se explique que era práctica generalizada en esos años de “desarrollismo” acelerado, con premura continua por mano de obra en la industria y los servicios, que acudía desde Turquía (fundamentalmente a Alemania), España (Alemania, Francia, Suiza), Marruecos, Argelia y Portugal (estos tres esencialmente a Francia).
Precisamente el caso portugués podría servirles de reflexión: un millón y medio de emigrantes en esos quince años para una población de menos de nueve millones de habitantes, que entre 1961 y 1975 precisamente se vio envuelta en guerras coloniales con Angola (desde 1961), Guinea (desde 1963) y Mozambique (desde 1964), con masivo reclutamiento militar de población civil, dificultando extraordinariamente la salida al extranjero de los comprendidos entre 16 y 35 años de edad (los más demandados en Europa). ¿Cómo fueron casi el 40% de ellos? Pues cruzando ilegalmente las fronteras de España y Francia, en un periplo digno de novelas de aventuras en muchos de los casos.
¿Por qué hay quien se niega a aceptar que la movilidad interregional es movilidad migratoria? ¿Por qué califican de mentira las expulsiones que están acreditadas con disposiciones y decretos oficiales, aparte de testimonios personales? ¿Y por qué cerrarse en banda ante la aceptación de que nosotros también nos vimos envueltos en emigración exterior irregular (no olvidemos que la oferta laboral exterior establecía cupos inferiores a la demanda), cuando a los testimonios de los protagonistas se suman los razonamientos históricos, cual es el caso portugués y los padrones municipales de los lugares de recepción?

domingo, 6 de enero de 2019


DE TOLEDO A CUENCA, CON DESPEDIDA EN UCLÉS
Catedral de Toledo. Campanario Iglesia S. Pedro de Cuenca.
Medallón artesonado Monasterio de Uclés.
Moisés Cayetano Rosado

Termino un año de múltiples viajes con una provechosa visita a la Sierra de Cazorla, todo verdor, agua, cascadas, pueblos encantadores y castillos, entre los que me deja sin palabras ese “nido de águilas” que es el templario, con raíces musulmanas, de Iruela: pocas visitas para las muchas que merece, aunque -egoístamente- mejor es así: sobrecogedor en su grandeza silenciosa.
Y pasamos después a Porto, donde su Casco Antiguo -Patrimonio de la Humanidad- tiene desde el río una espléndida vista que es difícil olvidar; aquí sí, demasiados visitantes. Entre uno y otro, y antes y después, ese rosario de pueblos como parados en el tiempo que siembran el Alentejo, por otra parte cada vez más alarmantemente despoblado.
Pero ahora toca, inaugurado el año, un viaje relámpago que nos lleva a pasar el día en Toledo, para recalar con algo más de calma en Cuenca y su Serranía, con una vuelta admirativa al monasterio de Uclés.
Toledo -ciudad Patrimonio de la Humanidad- es cada vez más una ciudad de visita complicada. El turismo lo acapara, abarrota todo, y pienso que en la calle es difícil encontrar algún nativo; desde luego, hay menos que visitantes orientales, que en grandes grupos invaden iglesias, museos, comercios y el Alcázar, tan difícil, imposible, contemplar desde dentro de la ciudad, dados los abusivos anexos que se le han adosado para instalar el Museo Militar que, junto a la Biblioteca Pública, lo ocupa por completo.
El Alcázar ya “no es lo que era”. Aquella exhibición de heroísmo y orgullo nacionalista, enfrentado a las hordas rojas asediadoras y crueles, con un valor que nos mostraban en ruinas el asedio, la desgarradora conversación del coronel Moscardó con su hijo apresado y sacrificado por el honor patrio… Ahora, mucho armamento, trajes militares, medallas, escuderías, etc. bien seriados y explicados, pero cuidando la “corrección política”, tras tantos años de ardor guerrero en el bastión que no se rindió a la barbarie y esas cosas que tanto se exhibían con todo lujo de detalles.
Me gusta la estación de ferrocarril de Toledo. Al ir hacia Cuenca es la última vista que nos ofrece la ciudad. De un neomudéjar hecho a conciencia, con fachada llena de arcos y ventanas polilobulados; mucho adorno geométrico y ladrillo de buen porte. Además, de eficaces líneas de enlace, que para el que procede de una tierra maltratada de trenes del siglo XIX (Extremadura), constituyen un tesoro lejos de nuestro alcance.
Y cuando llegas a Cuenca y asciendes serpenteando monte arriba hasta el Casco Antiguo, ¿qué es lo que sorprenden en especial? Las hoces de sus dos ríos, el Huécar y el Júcar -del que el primero es afluente-, que lo abrazan, lo levantan increíblemente a considerable altura, casi en el vacío, formando sendos cañones de más de cien metros de profundidad.
Pasear en la noche, por las callejuelas que dan a ambas gargantas, asomarse al precipicio por el cercado que en algunos lugares casi cuelga en el vacío, resulta sobrecogedor. Pero en la mañana del invierno, con heladas nocturnas de -6º, nos ofrece una visión casi irreal. ¡No en vano también esta ciudad es Patrimonio de la Humanidad! A esta belleza natural, que el agua ha excavado en la piedra calcárea y en los bancales arcillosos, se une la armonía de sus palacios, palacetes, caserones, iglesias, conventos, plazoletas, y esa hermosa catedral donde el gótico anglo y franconormando adquiere una belleza que en su doble girola se hace sublime.
Hacer senderismo por el borde limitador del Casco Antiguo, bajar la pendiente hasta los ríos, contemplar el paisaje urbano interior, de sabor medieval, y el paisaje exterior, de fuerte componente kárstico, modelado, torneado, estratificado a lo largo de casi un centenar de millones de años, es una experiencia altamente recomendable.
Y a continuación, lo es la visita a la “inevitable” y cercana Ciudad Encantada, iniciando por el sur la Serranía de Cuenca, donde nos esperan gratas sorpresas, como es esa propia Ciudad al sur y el nacimiento del río Cuervo al norte.
La Ciudad Encantada, fondo del mar de Thetis hace 90 millones de años, acumuló a lo largo de más de 50 millones de años los depósitos de esqueletos de corales, algas, crustáceos y mariscos, así como sales marinas carbonatadas, que con la orogenia alpina ascendieron y se elevador hasta más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, plegándose los estratos, que luego serían erosionados por los agentes atmosféricos: agua de lluvia, hielo, viento, corrientes fluviales, acción invasora de la vegetación rastrera y arbórea (en especial pinos), así como la propia actuación de la fauna que lo habitaba, de la que quedan jabalíes y ciervos por la Serranía.
Muchas películas de aventuras se han filmado en este espacio encantado, sobresaliendo la de “Conan el Bárbaro”, con la imponente interpretación de Arnold Schwarzenegguer deambulando por las caprichosas formaciones rocosas.
Toda la Serranía, Parque Natural, es un espacio de verdor, de pinos de gran porte, de pueblecitos disimulados en los valles, de riachuelos con aguas heladas en este mes de enero, llegando a la culminación de la explosión de vida vegetal y saltos acuáticos en el nacimiento del río Júcar y, sobre todo, del río Cuervo, que alcanza una soberbia belleza, precipitándose los chorros semihelados monte abajo en diversas cascadas que han merecido la declaración de Monumento Nacional en 1999. La abundancia de carbonato cálcico disuelto hace que se superpongan estalactitas y estalagmitas en las múltiples cavidades del corte de montaña, recubiertas de musgo y, ahora, de hielo, como cristales transparentes.
Bien merece tanta belleza acompañarla con un receso para tomar un ajo arriero (patatas, huevo, ajo y aceite, en frío), seguido de morteruelo (carne e hígado de cerdo, pollo, conejo, volatería y otra carne de caza, desmenuzadas y fritas) y zarajos (intestinos de cordero lechal enrollados en sarmientos, asados al horno), para terminar con un poco de alajú (almendra y miel). Y si hace falta, para reforzar, un asado completo de churrasco, embutidos y panceta
Volvemos a nuestra tierra pasando por Uclés, cuyo monasterio sería casa matriz de la Orden de Santiago, bajo cesión del rey Alfonso VIII, quedando solamente de la primera época tres torres y restos de muralla. En la actualidad, nos ofrece un extraordinario repaso a la historia del arte fundamentalmente plateresco, herreriano, barroco y churrigueresco (en su sorprendente fachada principal), yendo sus sucesivas aportaciones desde el reinado de Carlos I (1529) hasta el de Felipe V (1735). Entre 1939 y 1943 fue prisión política, pasando en 1949 a seminario menor.
Escapada ésta, primera del año, que ha de ser seguida por otras más cortas y más lejanas, dentro y fuera de nuestros límites, y espero que al alcance de nuestras limitaciones.

martes, 1 de enero de 2019


NÚMERO 19 DE LA REVISTA DEL CEAMA: CULMINACIÓN DE LO BIEN HECHO.

Moisés Cayetano Rosado

Saca a la luz la Câmara Municipal de Almedia un segundo número en 2018 de su Revista del Centro de Estudos de Arquitectura Militar (CEAMA): el 19 de su colección, imprescindible para los estudiosos y amantes de la Raia/Raya y la arquitectura militar en general, así como para los seguidores de las fortificaciones luso-hispanas en particular, todo lo cual tiene una obligada referencia anual en sus Seminários Internacionales, que el pasado mes de agosto cumplieron su XII edición.
Es de admirar la perseverancia, el esfuerzo que realiza este ejemplar municipio rayano, líder peninsular en los estudios temáticos más atrás referidos. E increíble resulta el tesón de su coordinador y guía de todos los procesos, el Consultor de Almeida, doctor arquitecto João Campos, cuyo entusiasmo no decae a pesar de las dificultades que entraña esta labor ingente, que encontró siempre apoyo en el anterior Presidente da Câmara Municipal, António Baptista Ribeiro, y en el actual, António José Monteiro Machado.
A lo largo de sus 190 páginas -presentadas en portugués o español (según los distintos autores), con traducción al inglés- se nos da cuenta esencialmente de las Actas do XII Seminário Internacional do Centro de Estudos de Arquitectura Militar de Almeida, con ponencias y reflexiones de los especialistas participantes, así como otros trabajos firmados por el mismo João Campos y otros integrantes y colaboradores del CEAMA.
Abre el número el Presidente da Câmara Municipal, celebrando el Seminário que discurrió en el pasado agosto y apostando por el gran desafío de llevar a término la Candidatura a Patrimonio Mundial de las “Fortaleza Abaluartadas da Raia”, el gran objetivo en que Almeida lleva empeñada tantos años.
João Campos y Ana Gesta Santos nos presentan a continuación un seductor proyecto: “Um desenho novo para o Largo do Padrão dos Centenários, às Portas interiores de Santo António”, espacio esencial del interior de la fortaleza, necesitado de una revalorización.
Enseguida vienen las reflexiones de los especialistas presentes en el XII Seminário, centradas en uno de los temas que más discusión suscitó en el mismo: los conceptos de Raia/Raya y Fronteira/Frontera, sobre lo que presentan sus textos Rui Loza, Moisés Cayetano Rosado, Fernando Cobos, Francisco Bilou, Margarida Alçada, Rui Carita, Isabel Magalhães, João Campos y Adelino de Matos Coelho (éste último, con un trabajo de mayor extensión, con rico aporte documental y cartográfico, y específica reflexión sobre los Tratados de Límites de 1864 y el Convenio de 1926). La particularidad de nuestra insistencia en denominar como “Raia/Raya” a la frontera luso-española, así como la denominación de “Fortificaciones abaluartadas”, tienen difícil encaje en su traducción a otros idiomas, por lo que se hacía preciso perfilar su conceptualización, que aparte de la significación de “límite”, generaliza la inclusión de un espacio indefinido en cuanto a que Raia/Raya posee una amplia significación no solamente política sino sociológica, económica, de relaciones humanas, intercambios…, de mayor riqueza; en cuanto a las fortificaciones abaluartadas, va más allá de los vocablos limitativos de “fuertes”, “plazas fuertes” y “bastiones”.
Dos sustanciales textos prosiguen en la publicación, correspondiente a las dos ponencias-marco presentadas en el XII Seminário: “Construção da fronteira e génese da fortificação abaluartada em França (séculos XVI-XVII)”, del historiador parisino de fortificaciones Nicolas Faucherre, cuyo título en inglés (traducido del francés por el editor) es bien significativo de lo que venimos diciendo: “Borders construction and the génesis of the bulwark fortification in France (16th-17th centuries)”. Y “El plan estratégico de Jorge Próspero Verboom en la frontera Hispano-Francesa Occidental (1725-176)”, del doctor arquitecto español Víctor Echarri Iribarren.
Nicolas Faucherre presenta un complejo trabajo sobre la evolución de las fortificaciones fronterizas francesas en los siglos del cambio de modelo constructivo fortificado, a medida que aumentaba la potencia de la pirobalística, así como las modificaciones de las fronteras francesas desde el año 985 al 1947, o sea, todo su deambular en la configuración del estado francés. Se detiene -tras un repaso a las actuaciones precedentes- en la labor crucial del ingeniero francés Sebastien Le Prestre de Vauban (1633-1707), sus tres sistemas básicos y sus aportaciones no solamente en cuanto a la construcción de fortalezas, sino a los sistemas de ataque y defensa, así como del urbanismo de las plazas en general y de la construcción de cuarteles en particular, todo lo cual marca una especie de “antes y después” en la forma de atacar, defender, construir y dotar interiormente a estas construcciones.
Víctor Echarri Iribarren se centraría precisamente en ese “alumno” especialmente dotado de Vauban, Jorge Próspero Verboom, que tuvo en su padre, Cornelio Verboom, igualmente un maestro estimable. Aparte de historiar su recorrido profesional como ingeniero general en España, muestra con detalle sus proyectos y realizaciones para Alicante (1721), Ceuta  (1722-1723), Fuenterrabía (1725), San Sebastián (1726), y especialmente Pamplona, a partir de 1726, modernizando y diversificando sus fortificaciones urbanas y exteriores. Precisamente su aporte en el diseño y construcción de fuertes avanzados en lugares estratégicos sería una de sus mayores contribuciones, evitando de este modo el acercamiento enemigo, siendo defendibles desde el recinto principal, al tiempo que se flanquean mutuamente.
Otras colaboraciones de esta nueva edición de la Revista, al margen del Seminário Internacional, son: la del historiador evorense Francisco Bilou sobre “Mateus de Couto e as fortificações de Lisboa e Nazaré. Alguns documentos inéditos, en que también da cuenta de su labor en el Alentenjo y costa alrededor de Lisboa. La del general de caballería retirado, nacido en Aldea del Obispo, Carlos Bravo Guerreira, sobre “La estrategia de las fortificaciones”, distinguiendo conceptualmente entre estrategia, táctica y poliorcética, ejemplificado fundamentalmente en las Invasiones Francesas y la Linha de Torres Vedras (1810-1811). La conjunta de Paula Sousa, Paula Ruivo, Elsa Amaral, Joaquim Guedes y João Campos, reivindicando la figura y el honor de “O Tenente-Rei Francisco Bernardo da Costa e Almeida. Um mártir ignorado injustamente”, y referida a una exposición al efecto llevada a cabo en el Museu Histórico-Militar de Almeida, en que se extiende sobre el papel de este militar defensor de la plaza, que hubo de rendirla tras la explosión del castillo el 16 de agosto de 1810, por lo que fue condenado posteriormente a muerte.
Finaliza el número con un curioso e interesante trabajo del historiador Carlos Alberto Chorão Teles, docente en Almeida, sobre “Toiros na Raia de Almeida/Sabugal (Guarda) e de Salamanca (Castilla y León)”, en el que nos muestra lo enraizado en este espacio rayano de las corridas de toros y capeas, formando parte de la cultura transfronteriza, que se pierde “en la noche de los tiempos”, heredándola de nuestra más remota historia mediterránea.
La versión electrónica de este número, en PDF, puede ser consultada en el Documento 103 del enlace http://moisescayetanorosado.blogspot.com/p/paginaprueba.html. En dicho enlace también se pueden obtener diversos números anteriores de la Revista del CEAMA.

sábado, 22 de diciembre de 2018


I CONGRESO MUNDIAL DE LA CIUDADANÍA EXTREMEÑA EN EL EXTERIOR
(Foto de Julián Rocha)
Moisés Cayetano Rosado

He participado en la sesión del día 21 del “I Congreso Mundial de la Ciudadanía Extremeña en el Exterior”. No he podido asistir a las sesiones de grupos de trabajo del día 22, que eran más concretas, en el sentido de discutir planes de actuación en los lugares de emigración, propuestas para el retorno y asistencia a las asociaciones de emigrantes. Espero que las conclusiones que se saquen de esos grupos se asuman por parte de la Junta de Extremadura, y lo que es más importante, que se lleven a efecto, pues el sentir de aquellos con quienes pudo hablar es que se efectúe una política de apoyo e incentivos a los que deciden quedarse en los lugares de acogida y a los que prefieren retornar a esta tierra llena de dificultades.
Acompañado por Julián Rocha, un luchador
incansable por Extremadura, que tanto ha hecho
por las reivindicaciones de los emigrantes
Pero, a pesar del esfuerzo que han realizado los organizadores y colaboradores, al entusiasmo de muchos, hay varias cuestiones de fondo que no comparto.
Primero, el propio nombre: “Mundial de la Ciudadanía Extremeña en el Exterior”. Sobra la grandilocuencia de “Mundial” y resulta oscurecedor de las realidades lo de “Ciudadanía Extremeña en el Exterior”. Hubiera preferido “Congreso de Emigrantes Extremeños”. El “IV Congreso”, puesto que antes hemos celebrado tres. Más claro, directo, consecuente con los antecedentes históricos y con la realidad de ese “Exterior”, que no es otra cosa que la emigración masiva por razones de falta de trabajo, precariedad, escasez de alicientes en origen y necesidad de expectativas de futuro.
Segundo, el hecho de “traer” figuras de relumbrón a que nos cuenten sus triunfos, hazañas y conquistas. Desde la inauguración por un astronauta con ascendientes extremeños a un premiado presentador de televisión americana (de nacencia emeritense) encantadísimo de haberse conocido, que se marcó un show en que únicamente hizo falta que se pusiera a claquear al estilo hollywoodiense. Pareciera que queremos ser otra vez aquellos que “triunfaron en América”, como en los versos de Luis Chamizo, reviviendo las “gestas” de nuestros “abuelos” conquistadores de México, Perú, los Mares del Sur y otras tierras allende los mares… y aquende también, o sea en todos los lugares a donde vamos, ignorando que esa minoría es anecdótica en medio del dolor y los problemas de la emigración forzosa y forzada.
Tercero, los muchos participantes en las Mesas Redondas: ocho, nueve… para hora y media, que nos dejaba a los ponentes sin tiempo para comunicar unas mínimas ideas fundadas, y a los asistentes sin poder desarrollar un debate esclarecedor, lo que frustró en muchos momentos a unos y otros, vaciando de contenido esencial esas mismas Mesas.
(Foto Julián Rocha)
Y cuarto: esa obsesión por reservar varias filas para autoridades políticas y otros cargos, invitados especiales e incluso ponentes, que relegaba al resto de los participantes a una especie de “gallinero” o filas secundarias, cuando eran los auténticos protagonistas. Aparte de ello, ¡qué feo quedó el que tras la inauguración del Congreso esas filas quedaran vacías, como si ya se hubiera cumplido el cometido esencial!
A ver si para lo sucesivo se aprende de lo que creo que son errores, y se es más humilde, apegados a la realidad, prácticos, participativos y profundos, huyendo de triunfalismos, figuroneos, frivolidades y superficialidades.

jueves, 20 de diciembre de 2018


EXTREMEÑOS RESIDENTES EN EL EXTERIOR

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

Los días 21 y 22 de diciembre se celebra en Mérida el “I Congreso Mundial de la Ciudadanía Extremeña en el Exterior”, un encuentro con asombroso nombre eufemístico que sustituye a lo en otros momentos se llamó “Congreso de Emigrantes Extremeños”, de los que se han celebrado tres entre 1978 y 1986.
No todas las asociaciones de emigrantes están de acuerdo con este nombre y esta celebración, que puede resultar en su formato tentadoramente triunfalista. Baste indicar que la conferencia inaugural la pronunciará Miguel López-Alegría, al que se presenta como “Astronauta de origen extremeño. Excomandante de la Estación espacial internacional y divulgador científico”.
Pero, en cualquier caso, roto el hilo de aquellos congresos reivindicativos y centrados en experiencias directas de los protagonistas y sus grupos asociativos, no es mal momento para recomponer lo que debe ser un debate sobre el ayer y hoy de nuestra emigración, así como las acciones de futuro a tomar con respecto a la libertad de movimiento poblacional, la facilitación del retorno voluntario y la potenciación y ayuda a las federaciones, casas y centros regionales en el exterior.
En ese sentido se plantean precisamente las dos mesas redondas del día 21: “Extremadura en el mundo. Conectando el conocimiento y la identidad extremeña en el mundo” y “Conectando la emigración clásica y la nueva diáspora”, así como la exposición de experiencias y de ideas sociales, empresariales y culturales de los protagonistas de la emigración. Tres grupos de trabajo se desarrollarán el día 22: “El futuro de las Comunidades de extremeños en el exterior”, “Conexión y redes de extremeños en el exterior” y “Los desafíos demográficos, el retorno y la atracción de talento”.
¿Cuál es la presencia demográfica de Extremadura en el mundo? Pues la derivada de nuestra sangría migratoria del siglo XX, que tiene su máxima expresión entre 1951 y 1975: veinticinco años en que perdimos más de 670.000 habitantes (el 48% de la población de 1950), que con los antecedentes de la primera mitad del siglo XX llegan a 800.000, y que únicamente ven cortadas las salidas a causa de la Crisis Mundial de 1973, su acentuación en 1979 y prolongación de ausencia de ofertas laborales en todo lo que restó de centuria.
¿Y qué ha pasado y pasa en el siglo actual? Pues que tras unos primeros años de bonanza en que incluso fuimos por primera vez receptores de población extranjera (casi 50.000 entre 2000 y 2008), la Crisis Mundial de 2008 nos ha llevado a un nuevo éxodo, con 31.220 inscritos en Extremadura que fueron a residir al exterior hasta 2018, si bien más de la mitad corresponden a extranjeros que dejaron nuestra región para retornar a su lugar de origen ante la falta de perspectivas laborales en nuestra tierra.
¿Cuál es la diferencia fundamental entre aquella “vieja” y esta “nueva” emigración?: por un lado la masificación indiscriminada de la primera, siendo la reciente más selectiva; por otro, el grado de especialización de los que marchan: más preparados, titulados, estos últimos, frente a una masa campesina que se enfrentó a una dinámica laboral de sectores industrial y de servicios ante los que no podían acceder sino a puestos de peonaje y baja cualificación.
Las experiencias laborales, sociales, convivenciales, etc. de una y otra hornada migratoria serán una aportación importante a este congreso para profundizar en su conocimiento, intercambiar estrategias para abordar el porvenir y conocer de primera mano las aspiraciones de futuro de unos y de otros,
Cuando en el segundo día se aborde el futuro del asociacionismo de nuestros emigrantes, entraremos en una problemática muy especial. Si en los años de fuerte flujo migratorio los centros y hogares extremeños sirvieron como lugares de encuentro, consuelo, identificación y -después- reivindicación de unos servicios por parte de las instituciones extremeñas para con ellos y sus descendientes en el exterior, así como demanda de planes que facilitaran el retorno, ahora ha cambiado la dinámica de los mismos. Los jóvenes de la “segunda y tercera generación” (hijos y nietos de emigrantes) poseen un arraigo con los lugares de procedencia más difuso y una “vocación” de asociacionismo regionalista bastante mermado; los nuevos emigrantes tampoco tienen ese afán de búsqueda del “paisanaje” en los lugares de acogida; así, el futuro de estas Comunidades se ve amenazado, mermado, siendo su conexión y redes bastante débil. Necesario será hacer un esfuerzo institucional para reforzar los lazos afectivos, culturales, y también los proyectos de actuación económica, empresarial, laboral, para rescatar una actividad asociativa atractiva y rentable para todos.
Y en cuanto al desafío demográfico y el retorno, difícilmente podemos ser optimistas. Tenemos ahora prácticamente la misma población que hace un siglo: 1.070.000 habitantes, en tanto España pasó de 21 millones a cuarenta y seis (mucho más del doble). De ser el 5% de la población, hemos quedado en 2’34%, aunque representamos el 8’23% del territorio nacional. Y el futuro no conduce al optimismo: el propio Instituto Nacional de Estadística prevé que para el año 2033 bajaremos del millón de habitantes, mientras el conjunto español subirá de 49 millones: ¿qué se puede esperar en una región con el mayor índice de envejecimiento de España, causado por aquella emigración masiva de jóvenes en edad laboral, y sin atractivo de empleo y desarrollo empresarial suficiente?
Y por lo que al retorno se refiere, las expectativas “soñadas” a finales del siglo XX y principios del XXI no se han cumplido, pues el arraigo interfamiliar creado en los lugares de acogida y la “fijación” en ellos de los descendientes de aquellos que marcharon un día con ánimo incluso de volver, condicionan mucho la vuelta definitiva, que por otra parte no encuentra ofertas diferenciales suficientemente atractivas como para aventurarse a un nuevo arraigo/desarraigo. Madrid, Cataluña, Andalucía y Euskadi siguen liderando la presencia de extremeños, con el 36, 22, 10 y 9 por ciento del total, respectivamente, no llegando a este último porcentaje el total de residentes extremeños nacionalizados en el extranjero. Más de 600.000 personas en total, que nacieron en Extremadura, y que junto a sus descendientes superan al millón de habitantes: tantos o más que los que en la región residen. A ellos va dedicado en especial este Congreso, que deberá profundizar en su problemática y abordar ayudas y soluciones, aparte del relumbrón del nombre del mismo y las “figuras estelares” que han sido convocadas en la primera línea del mismo.

martes, 18 de diciembre de 2018


LA SERENA NOSTALGIA DE RUFINO FÉLIX MORILLÓN

MOISÉS CAYETANO ROSADO

Autor: Rufino Félix Morillón.
Edita: Beturia Ediciones. Madrid, 2018. 61 páginas.

De Rufino Félix Morillón he hablado y escrito tanto que cualquier añadido a lo expresado no podrá ser más que repetir. Repetir mi asombro por lo mucho que es capaz de producir su inabarcable sensibilidad poética; repetir mi convencimiento de que estamos ante una de las voces literarias más lúcidas, precisas, pulcras en la palabra, redondas en la metáfora, elegantes en la expresión, que ha producido Extremadura en la contemporanidad. Y al decir Extremadura hay que hacerlo extensivo a la universalidad de las letras, pues nuestra región ha dado en los últimos años escritores de talla extraordinaria, que no quedan por debajo de los que han ido produciendo otras latitudes.
Ahora nos enriquece con un nuevo libro de poemas: Y el alba no vendrá, que publica Ediciones Beturia, asociación cultural fundamentalmente de extremeños residentes en Madrid, con largo recorrido editorial de calidad.
Abre el poemario con un “guiño” a los versos de William Wordsworth en “Esplendor en la hierba”, que ya nos resume el contenido, sintetizado aún más en el título de la obra: La hierba tuvo su hora del deslumbre./ Fue cuando la belleza de las flores/ irisaba los ojos, como pedrería/ fulgente en la mirada/. Pero el paso del tiempo/ agostó la hermosura, el lozano verdor (pág. 9).
El poeta lleva ya décadas obsesionado con el paso del tiempo, que desgrana, persigue, se le escapa en libros sucesivos, dando lugar a una letanía nostálgica, llena de belleza y una tenue amargura remansada, testimoniando el paso del tiempo que También son la alegría/ de poder dar al aire mis palabras/ que pugnan por no ser atardecidas (pág. 12)
Y esas palabras le llevan  a contemplar la vida, los paisajes, el paisanaje que contiene y que contuvo, los grandes poetas que le acompañan siempre, como Ezra Pound, Leopoldo Panero, Luis Cernuda… (págs. 22, 23, 25)
Siente sus ausencias, como sombras inquietas, viejas sombras, que le hacen retroceder años, décadas, y así: Busco afanosamente: las estancias/ sólo son viejas sombras de mi infancia./ Cuánto dolor hiriendo la mirada/ con esta visión turbia que me sangra (pág. 37).
Todo el libro está impregnado de ese leve dolor de la pérdida que la propia vida y su paso nunca detenido nos depara, por lo que no faltan las alusiones repetidas a las “sombras” (pág. 37, 43), al vacío existencial (págs. 38-39), al abandono (pág. 42), los lutos (pág. 44), las pérdidas irreparables (págs. 50, 52, 55), hasta llegar al desgarrado final, en el poema “Epitafio posible”, donde aguardo el reencuentro, tras testimoniar que Me acompañó el amor./ Mi vida fue feliz,/ aunque en los días oscuros padeciera/ congoja por la ausencia (pág.61).
Este “dulce amargo” de Rufino Félix Morillón -hombre alegre en el trato y tan profundo en el verso desgarrado- nos invita a reflexionar sobre la vida y sus batallas, a serenar impulsos y embestidas, y a disfrutar de la magia de unos versos donde triunfa la belleza, “el esplendor en la hierba y la gloria en las flores”.

martes, 4 de diciembre de 2018


LA FUERZA VOLCÁNICA DE TOMÁS CHISCANO

Autor: Tomás Chiscano Andújar. Prólogo de  G. Paniagua Parejo.
Autoedición. Villanueva de la Serena, 2018. 85 páginas.

Cuando a mediados de los años setenta del pasado siglo se desarrolló una intensa actividad cultural, literaria, por parte de los poetas extremeños de dentro de la región y de los distintos lugares de asentamiento de nuestra emigración, una de las voces que irrumpió con fuerza sería la de Tomás Chiscano Andújar.
 Tomás Chiscano, un maestro de Educación Primaria con destino entonces en Euskadi, comenzó una intensa actividad inaugurada con el Primer Premio “Lecturas” (Barcelona) en 1975 y otro Primer Premio en su localidad de nacimiento, Villanueva de la Serena, el mismo año. Después sería finalista de los I, III y IV Premio de Narraciones Cortas “Antonio García-Orio Zabala” del periódico HOY (1981, 1983 y 1984), y a continuación otros más en esa década.
Pero no fue hasta los primeros años del siglo actual cuando vio publicados sus libros de poemas (siete con el actual, “Sensaciones Vitales”, más un libro de relatos cortos, una novela y una investigación del vocabulario de su ciudad, “Vocabulario Serón”, con dos ediciones, en 2007 y 2008.
En toda su producción resalta el apasionamiento por las temáticas que trata, y en su poesía particularmente esa fuerza volcánica que arrasa en unos versos generalmente libres en su forma y aún más en su fondo, dispuesto siempre a la denuncia, a poner el dedo en la llaga de lo que considera injusto.
Por todo ello, en estas Sensaciones Vitales, se hace constante su denuncia genérica: Nada importa./ Sólo el vasallaje/ de las respuestas,/ las inclinaciones de cabezas,/ el arrodillamiento ante el señor/ que todo lo manda,/ que todo lo puede,/ que todo lo ordeña,/ que todo lo chupa,/ que todo lo mancha,/ que todo lo escupe,/ que todo lo ignora (pág. 25). Mas también la más concreta: La noticia localista, impregnada de falsedad,/ surcaba el cielo de la nada./ Era desolador, lo más cercano,/ lo más necesario,/ siempre tiene que acabar/ en la mentira (pág. 31).
Pero al mismo tiempo, muestra la dulzura de su corazón de “niño grande”, de hombre “de otro tiempo”, remansado, cuando escribe: Ven,/ siéntate aquí, a mi vera, en esta/ mesa acamillada y endulzada por un brasero/ hirviente de picón y carbonilla,/ con su alambrera marcando las distancias,/ y la falda recubriendo lo invisible./ Ven,/ cuéntame esas historias/ que sólo ocurrían en tu imaginación,/ y que eran necesarias a la soledad/ que imperaba en nuestras carencias (pág. 42).
Y es que Tomás Chiscano, tan lleno de emotividad en sus versos, como también en su vida cotidiana -como sabe todo el que lo conoce-, es un poeta, un hombre, de búsquedas y de necesidad de afecto compartido: Habrá una mano extendida/ que se agarre a tu amistad./ Habrá un abrazo emocionado/ valorando tu silencio, escribe, ¡grita!, más adelante (pág. 67). Y lo reafirma una y otra vez: Pues yo,/ le digo,/ me conformo/ con un apretón de manos,/ con un abrazo sentido,/ con un saludo sincero (pág. 73).
Versos de luz los suyos, cálidos, fieramente humanos como diría Blas de Otero. Y por eso y para eso escribe, porque Escribir un poema/ es sentirse un poco Dios,/ un mucho Niño,/ un bastante Hombre/ y empuñar la bandera/ de la/ LIBERTAD (pág. 85). Con ello cierra este poemario, al que a buen seguro sucederán otros más, pues varios son los que tiene inéditos, como algunos de novela y narraciones cortas, aparte de infinidad de artículos que está recopilando, buena parte publicados en su sección “La Sirena canta”, de cuando era corresponsal del diario HOY en Villanueva.
MOISÉS CAYETANO ROSADO