miércoles, 18 de enero de 2017

POSESIÓN DE LA TIERRA Y LUCHAS CAMPESINAS EN LA RAIA/RAYA DURANTE LA EDAD CONTEMPORÁNEA
Pintura mural alusiva à Reforma Agrária no Alentejo em 1975
De nuevo, el jueves 19 de enero, tendré una intervención de un par de horas en las clases de postgrado de la Universidad de Mayores de Badajoz, en la que están matriculados más de 200 alumnos, con los que da gusto compartir conocimientos, por su extraordinaria disposición y su capacidad. A continuación va el resumen de lo que tengo preparado para esa sesión de tarde (de 17’00 a 19’00) en el Salón de Actos de la Facultad de Educación.

REPARTO DE TIERRAS EN LA BAJA EDAD MEDIA.
Tras la reconquista cristiana de los siglos XI, XII y XIII se adjudicaron las tierras ocupadas a las poderosas Órdenes Militares del Temple, Santiago y Alcántara, así como a grandes señores civiles y eclesiásticos. De esta manera, se forman fundamentalmente dos grupos desiguales que se reafirman en la Edad Moderna: grandes latifundistas y campesinos sin tierras. Gerald Brenan, en su libro The Spanish labryrinth (1943), escribe: Viajando al sur del Tajo hacia La Mancha y Extremadura, se ve cómo las fincas aumentan de extensión y el número de pequeños propietarios y arrendatarios disminuye. Estas grandes fincas tienen origen diferente de las de Castilla la Vieja. Se constituyeron durante la segunda etapa de la Reconquista, entre 1085 y 1248, cuando los reyes de Castilla empezaron a incorporarse territorios que contaban ya con una población musulmana bien asentada. La tierra que iban conquistando era entregada, no a individuos de la nobleza, sino a las recién constituidas órdenes militares que, formando el núcleo principal de la caballería del reino, eran más capaces de defenderlas.
DESAMORTIZACIONES.
Pero en España se comienza  la venta de bienes de los jesuitas y reparto de propiedades municipales en la temprana fecha de 1766; ya en 1798 y hasta 1808, Godoy llevará a efecto la desamortización de parte de los bienes de la iglesia. En Portugal, de 1798 a 1820, se ponen en venta algunas encomiendas de las órdenes militares y de bienes de la Corona. Durante el Trienio Liberal (1821-1823), que coincide en ambos países, se ponen a la vez en venta parte de los bienes del clero regular. La segunda mitad del siglo XIX vine marcada en España por la desamortización de bienes municipales, también del clero, Instrucción Pública, beneficencia y la Corona, llevada a efecto por Madoz, importantísima en volumen. En Portugal, continúa la venta de bienes religiosos, baldíos municipales y de Instrucción Pública, aunque con menos impacto.
Ahora bien, el pueblo, con la implantación y consolidación del sistema liberal en el siglo XIX, no ve mejorar su vida. El escritor extremeño de principios de siglo XX Felipe Trigo escribe en su obra Jarrapellejos, publicada en primera edición en 1914:
- ¿Qué quieren? ¿Qué piden?
- ¡No sé! –dijo el alcalde.
- No se les entiende.
- A ver que abramos el balcón –decidió Jarrapellejos.
Asomáronse. En la confusión horrenda pudieron escuchar lo que pedían: “¡Pan! ¡Pan! ¡Abajo los ricos miserables! ¡Abajo las limosnas!... ¡Que nos entreguen el pósito...!”

DINÁMICA LABORAL Y LUCHA CAMPESINA.
Estas situaciones eran habitualmente controladas con “cargas” de las fuerzas del orden público y fuertes represiones: encarcelamientos y torturas. En su libro recopilatorio Sessenta anos de luta nos presenta el PCP esta represión sangrienta en el distrito de Beja, en 1954: De tras de um molho de favas surge o tenente Carrajola, apontando uma pistola-metrahadora. Dirige-se para a mulher que segue à frente da delegação e grita-lhe: “Que queres, bruta!” Catarina respondeu: “O que eu quero é pão para matar a fome aos meus filos. Quero pão. Tenho fome!” E então Carrajola, friamente, afasta os pés do filho que Catarina traz ao colo e dispara três tiros.
De otro lado, cualquier plante por exigencias laborales o salariales en las épocas cruciales de recolección o cultivo -en las que el tiempo es clave para evitar pérdidas graves- era resuelto con incorporación de mano de obra trasladada de otros lugares. Escribe Saramago en Levantado do Chão:
Están ahora dos grupos de jornaleros frente a frente, diez pasos los separan. Dicen los del norte, Hay leyes, fuimos contratados y queremos trabajar. Dicen los del sur, Aguantáis que os paguen menos, venís aquí a perjudicarnos, marchaos a vuestra tierra, ratinhos. Dicen los del norte, En nuestra tierra no hay trabajo, sólo piedras y aliagas, somos de la Beira, no nos llaméis ratinhos, que es ofensa. Dicen los del sur, Ratinhos, sois ratones, venís aquí a roer nuestros mendrugos. Dicen los del norte, Tenemos hambre. Dicen los del sur, También nosotros, pero no queremos sujetarnos a esta miseria, si aceptáis trabajar por ese jornal, nos quedamos nosotros sin trabajo.
El historiador Fernando Sánchez Marroyo lo expone así: A comienzos del otoño de 1870 un grupo de jornaleros portugueses, que había llegado en busca de trabajo, fue agredido y obligado a abandonar la ciudad de Badajoz. El motivo de la disputa radicaba en que estaban dispuestos a trabajar en la vendimia por un real menos.
Ya al filo del siglo XX los trabajadores van organizándose de manera más sistemática, creándose Centros Obreros y Casas del Pueblo. La sociedad La Germinal en Badajoz, de creciente fuerza e importancia como grupo de presión y negociación, en su periódico El Obrero expone: Planteado el régimen colectivista, la propiedad sería de todos, sin ser exclusivamente de ninguno; y entonces, cuando nadie fuera dueño exclusivo de nada, seríamos económicamente iguales. (30-06-1901)
En enero de 1912 se organiza la “Primeira Greve Geral de Solidaridade” en la historia del movimiento obrero portugués, que fue duramente reprimida.
Felipe Trigo denuncia con este cuadro sobrecogedor la situación de los campesinos: Sobre un camastro, una extenuadísima mujer se abrasaba al calor de la terciana, procurando acallar con sus flácidos pechos, agotados, el llanto de dos mellizos; la abuela, cojeando por los reúmas y por sus setenta y cinco años, hacíala a la lumbre de taramas caldo de peces y morcilla. El médico se renegó. Aquello, que a un sano le haría echar el estómago por la boca, mal podía servir para la enferma. ¡No disponían de otro alimento!
El periodista Luis Bello publicaba en El Sol, de Madrid: En la plaza de Don Benito hay, por las mañanas, trabajadores de todos los oficios, especialmente jornaleros del campo y albañiles, que aguardan ajuste en las esquinas y alrededor del cafetín. Suelen ir un rato hasta los obreros fijos y los que ya tienen jornal; pero pronto se ve cuáles son los que van a jugarse el albur del jornal módico o del paro forzoso. Aumenta el número de días difíciles como el de hoy. A medida que la mañana va avanzando, se desparraman y, a falta de jornal, buscan ocupaciones libres. Serán pajareros, pescadores, esparragueros... Cuando el campo no da nada, en épocas en que todo se niega, son las mujeres las que salen a los portales demandando socorro. Los pobres se ayudan unos a otros y el primer remedio es el préstamo de pan entre compañeros.
Y en otra entrega, el mismo periodista expone: ¿Qué importa el mejor plan de enseñanza? Diez maestros –pobres para diez escuelitas de pobres en ciudad industrial de doce mil habitantes, pueden hacer muy poco. Señor Filipe Chavais, profesor primario oficial de Portalegre -¡tan correcto, tan inteligente, tan agudo! ¡Sr. Cesáreo Augusto Marques, compañero de lucha: los tiempos son malos! La escuela se ve obligada a esperar. A un lado y a otro de la frontera, ¡paciencia!
REFORMAS AGRARIAS.
Y en medio de tanta necesidad, una esperanza: la creada por la II República española de 1931. Había llegado el tiempo para España, y en concreto para Extremadura, de la soñada Reforma Agraria.
Ocupaciones-tierras-Badajoz-ARMHEx.
El 23 de septiembre de 1931 se publica la Ley de laboreo forzoso (boicoteada por los latifundistas), el 9 de septiembre de 1932 se aprueba la Ley de Bases para la Reforma Agraria (faltaban los decretos de desarrollo) y el 1 de noviembre de 1932 un Decreto de intensificación de cultivos (ante tanta tierra mal explotada, permitiendo la ocupación forzosa en arrendamiento durante dos temporadas). Pero en diciembre de 1933 -más de un año después de este decreto de emergencia- en Extremadura sólo hay 110.000 ha. ocupadas, y apenas se contemplan partidas presupuestarias oficiales para seguir arrendando en los presupuestos oficiales de 1934 y 1935. Sólo con el triunfo del Frente Popular el 16 de febrero de 1936 se acelerará el proceso.
Cuando el 25 de abril de 1974 los jóvenes capitanes del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) dan el golpe contra el gobierno portugués, el pueblo se echa a la calle, en apoyo inmediato y masivo. Atrás quedaban las indescriptibles torturas de la PIDE, a las que fueron sometidos tantos campesinos alentejanos y que alcanzan una crueldad impresionante, como denuncia el dirigente obrero António Gervásio en un relato estremecedor:
É difícil exprimir por palabras a violencia da célebre tortura do sono, que consiste en não deixar dormir o preso durante 5, 6, 8, 10, 12, 13, 14, 15 16 e mais dias e noites seguidos (eu estive na última prisão 18 dias e noites, seguidos nesta tortura, impedido de dormir); tortura que é acompañada de espancamentos, de gritos e pancadas nas paredes e outros ruidos, agua fria pela cabeça e corpo; tortura que provoca dolorosas alucinações visuais e auditivas e vai até ao esgotamento físico quase total do preso.
El primer decreto-ley de Reforma Agraria se dicta en abril de 1975, a un año del comienzo de la Revolución de los Claveles, y tres meses después han sido ocupadas 500.000 hectáreas en Alentejo. A finales del mes de julio se publican los más importantes decretos de Reforma, llegándose al final del verano a una ocupación de más de 1.000.000 de hectáreas, asentándose unos 70.000 campesinos en más de 500 UCPs.
En septiembre de 1975 existía el proyecto de continuar con las expropiaciones, y otro millón de hectáreas estaba ya en trámite de ocupación. Pero a partir de esas fechas, las luchas políticas en el gobierno de la nación provocaron una serie de crisis que desembocaron en noviembre de 1975 en un golpe militar que recondujo todo el proceso de nacionalizaciones de empresas y la Reforma Agraria.
EL DIFÍCIL FUTURO EN LA RAIA/RAYA.
Las enormes carencias de estas tierras del Sur, el Alentejo y Extremadura, llevarán a una impresionante sangría migratoria que despuebla su territorio entre 1955 y 1975, años de enorme despegue industrial en Centroeuropa y las grandes ciudades de ambos países, donde buscaban un medio de vida más esperanzador dentro de la industria y los servicios. Algo que se volverá a repetir con la nueva crisis económica mundial de principios del s. XXI.
La Política Agraria Común del mercado europeo, en que se encuentran España y Portugal desde su ingreso en la Comunidad Económica Europea en 1986, ha implantado una nueva dinámica en la cuestión agraria, creando un nuevo panorama, alejado del modelo de explotación de los siglos XIX y XX, pero el modelo sigue sin significar un impulso de desarrollo suficiente para los territorios de la Raia/Raya, siempre a la cola de los indicadores de bienestar de la Europa Comunitaria.
Moisés Cayetano Rosado

sábado, 14 de enero de 2017

PUBLICADO EL LIBRO El Portugal Salazarista frente a la Democracia (el asesinato de Humberto Delgado y sus implicaciones internacionales)
Sale en estos primeros días de enero de 2017 el libro El Portugal Salazarista frente a la Democracia (el asesinato de Humberto Delgado y sus implicaciones internacionales), producto de las Jornadas Conmemorativas de los 50 años del asesinato en la provincia de Badajoz del General Humberto Delgado, líder opositor a la dictadura salazarista, celebradas en el Salón Noble de la Diputación de Badajoz los días 19 y 20 de marzo de 2015 (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2015/03/congreso-internacional-humbertodelgado.html y http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2015/03/algunos-enlaces-informativos-del.html).
Un trabajo de la Imprenta de la Diputación de Badajoz, de 204 páginas, magníficamente impreso y encuadernado. 

En el Documento 78 del enlace: http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html transcribo mi aportación a dichas Jornadas, publicada en el libro del que ahora damos noticia.

Y a continuación transcribo la introducción que hacen los editores de la publicación, resumiendo las ponencias presentadas y publicadas:
Introducción
Antonio Muñoz, Francisco J. Rodríguez, Guillermo León
Con motivo de los cincuenta años del asesinato del general Humberto
Delgado y su compañera Arajaryr Campos, en marzo de 2015 se
celebró en Badajoz un congreso internacional de historia sobre uno de
los miembros más destacados de la oposición a la dictadura portuguesa,
quien fue víctima en tierras españolas de un crimen de estado urdido
por la policía política de Salazar. Entre los participantes de estas intensas
jornadas de reflexión y debate se contaron algunos de los mayores
expertos en la historia de las dictaduras ibéricas, de las relaciones entre
ellas, y de la propia figura de Humberto Delgado. La calidad de las presentaciones
animó a los organizadores del congreso a hacerlas accesibles
a un amplio público, resultando la publicación que el lector tiene ahora
entre sus manos.
El libro se abre con el ensayo Humberto Delgado, en la Historia y en
su sitio, una brillante pieza de análisis histórico firmada por Hipólito
de la Torre Gómez, el mayor especialista español sobre la sociedad y la
política portuguesas contemporáneas. Acercarnos a la figura de Humberto
Delgado, señala de la Torre, es hacerlo a los mitos fundacionales de
la democracia portuguesa, al edificio simbólico de nueva planta que de
forma acelerada se construyó sobre los escombros tanto de la dictadura
de Salazar como del Imperio colonial, durante siglos columna vertebral
de la identidad nacional lusa. El Humberto Delgado que es elevado a los
altares de los santos laicos durante la Revolución de los Claveles dista
del hombre real cuyas principales etapas vitales se trazan aquí con pinceladas
impresionistas. El Delgado idealizado no es aquel joven cadete
que abomina del parlamentarismo y se suma al movimiento militar que
liquida la I República. Tampoco es el fiel servidor de Salazar que durante
la guerra mundial cumple eficazmente la orden del dictador de
reforzar los lazos con la emergente potencia americana para asegurar la
supervivencia del Estado Novo tras la derrota del fascismo en Europa.
Ni siquiera el opositor al ahora odiado líder máximo, contra el que se
lanza sin programa, ni estrategia, ni estructuras, y cuyo individualismo
le hace perder poco a poco el norte una vez perdidas las elecciones pre6
sidenciales, convirtiéndose en presa fácil de la PIDE, que le atrae a su
trampa mortal en Olivenza una fría tarde de febrero de 1965.
El Humberto Delgado a quien el Portugal democrático rinde honores
una década más tarde, el que da nombre a calles y plazas en todo
el país y el que reposa para siempre entre los gruesos muros blancos
del Panteón Nacional es otro menos complejo que el de carne y hueso.
Es apenas el “general sin miedo”, el patriota que, en la mejor tradición
castrense lusa, se alza cual Quijote contra un orden injusto que ahoga
las libertades y frena el desarrollo de la nación. Es, en fin, ese hombre
de una pieza, sin esquinas ni contradicciones, al que se presenta como
inspirador y hasta pionero del movimiento de los capitanes que un luminoso
25 de Abril de eterna memoria abrió las puertas de un futuro
prometedor al viejo pueblo portugués.
Tomando como punto de partida el debate parlamentario en 1988
sobre la propuesta de ley para el traslado de los restos mortales de Humberto
Delgado al Panteón Nacional, el capítulo de Filipa Raimundo y
António Costa Pinto Memória e Reparação das Vítimas do “Estado Novo”
na democracia Portuguesa expone las líneas maestras de las políticas públicas
sobre el pasado dictatorial desarrolladas en el país vecino desde
la Revolución. Por el contraste con España, donde la Transición forjó
una democracia que puso en sordina la reparación, siquiera simbólica,
a las víctimas del franquismo, el texto resulta de especial interés para el
lector de este lado de la raya. Raimundo y Costa Pinto señalan como uno
de los rasgos definitorios de la política de la memoria en Portugal su
carácter consensual y no polémico. El apoyo unánime a la iniciativa de
rendir a Humberto Delgado el mayor honor que la República Portuguesa
concede a una persona a título póstumo sería así no una excepción,
sino la norma. En suma, reconocer a las víctimas del salazarismo está
fuera de discusión y forma parte del código genético de la democracia
portuguesa.
Este consenso ha favorecido una cierta continuidad de las políticas
de la memoria, si bien el interés por promoverlas fuera menor entre los
gobiernos conservadores, que tampoco escaparon a la tentación de blanquear
la dictadura. Más que con los vaivenes de la mayoría parlamentaria,
la política de la memoria evolucionó al ritmo de la propia sociedad portuguesa.
Tras la Revolución, en que la prioridad de los militares al mando
fue purgar al Estado de elementos fascistas y juzgar a los implicados en la
represión, los primeros gobiernos constitucionales enfocaron la política
de memoria a compensar a las víctimas y difundir entre la población el
conocimiento sobre el Estado Novo. Una comisión de la verdad elaboró
estudios pioneros sobre los presos políticos, la censura, la PIDE, etc. Más
adelante, la demanda social hizo que el interés se centrase en la cuestión
de la tutela y el acceso a los archivos de la dictadura. La consecuencia
fue un gran impulso a los estudios históricos sobre el periodo. Ya en el
nuevo milenio, y en línea con lo que ocurre en otros países, los relatos en
primera persona de las víctimas han pasado a ocupar el protagonismo
en el debate sobre el Estado Novo, impulsando una nueva faceta en las
políticas de la memoria democrática en Portugal que camina, con menos
trabas que en España, hacia su medio siglo de existencia.
Los capítulos de Juan Carlos Jiménez Redondo y de Josep Sánchez
Cervelló iluminan las dos caras de una misma realidad, la del desigual
combate entre las dictaduras ibéricas y sus opositores. En el primero se
presta especial atención a la cooperación establecida por los gobiernos
de Franco y Salazar con el objetivo de controlar y reprimir a la disidencia.
El segundo, por su parte, aborda la bastante menos eficaz colaboración
entre los movimientos democráticos de Portugal y España, que solo en
momentos fugaces como el protagonizado por Humberto Delgado en la
primavera de 1958, parecieron capaces de poner en riesgo la estabilidad
de las respectivas dictaduras.
Juan Carlos Jiménez Redondo inicia su texto El franquismo y el asesinato
del General Humberto Delgado describiendo los complejos mecanismos
de persecución política del Estado Novo y poniendo con ello en
evidencia la inconsistencia de una cierta corriente historiográfica condescendiente
con el alcance y la profundidad de la represión salazarista.
A continuación, repasa la colaboración entre los dos regímenes ibéricos,
iniciada en la guerra civil y sellada durante la guerra mundial con la
creación de un ampuloso “Bloque Ibérico”, concebido como instrumento
de auxilio mutuo en un contexto internacional sumamente incierto. Pasa
entonces a analizar la forma en la que los gobiernos de Madrid y Lisboa
afrontaron el peligro de una reanimada agitación opositora al calor del
terremoto provocado por Humberto Delgado al presentarse a las elecciones
presidenciales de 1958.
Tras narrar la destitución del “general sin miedo” de todos sus cargos
y su forzado exilio, se centra en el complot para asesinarlo, respondiendo
a varias preguntas relacionadas no sólo con las circunstancias
del asesinato, sino con las motivaciones que llevaron a Delgado a confiar
en un grupo sin ninguna vinculación con la oposición y no sospechar
que se trataba de una celada de la PIDE. Por último, Redondo apunta
sugerentes hipótesis para responder a interrogantes aún sin resolver del
que en su día fue llamado “crimen del siglo”, como la fecha exacta del
descubrimiento de los cuerpos de Humberto Delgado y su compañera
Arajaryr Campos por la policía española, el alcance de la misión que se
encomendó al comando que ejecutó el doble asesinato, las responsabilidades
del gobierno de Franco en el complot y, por último, quién dio en
Lisboa la orden del asesinato.
El texto del Josep Sánchez Cervelló, La oposición ibérica exilada para
acabar con las dictaduras ibéricas, pone el foco sobre la poco conocida colaboración
entre los movimientos de oposición a los regímenes conservadores
más longevos de Europa, y arroja luz sobre el relevante papel
jugado por Humberto Delgado. Sustentado fundamentalmente en las
actas del gobierno de la República Española en el exilio, y en la valiosa
correspondencia cruzada entre su presidente, el general el Emilio Herrera
(1960-1962), y el general Humberto Delgado, el ensayo analiza las
iniciativas desplegadas por las plataformas de colaboración de los demócratas
ibéricos y muestra sus escasos éxitos y sus muchos fracasos.
Atención especial recibe el Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación
(DRIL), un grupo guevarista partidario de la lucha armada nacido en
1959 de la fusión entre el Frente Único Democrático Español y la Unión
de Combatientes Españoles, y al que se unieron poco después destacados
activistas portugueses como Henrique Galvão y Humberto Delgado. El
DRIL tendrá su momento de gloria a comienzos de 1961 con la “Operación
Dulcinea”, el secuestro de un trasatlántico portugués en el Caribe.
Aunque fracasaron en su intención de llegar a Angola y poner de
su parte a las tropas portuguesas, los Quijotes del DRIL lograron un
enorme éxito propagandístico al despertar la conciencia de la comunidad
internacional sobre la lucha de los demócratas ibéricos. La presión
externa sobre las dictaduras de Franco y Salazar ya no dejará de crecer
a partir de entonces, y a ello contribuirán organizaciones de la sociedad
civil como Amnistía Internacional. Una institución impulsada por Peter
Benenson en Londres en 1962, indignado por la noticia de que en Lisboa
dos estudiantes habían sido encarcelados tras brindar por la libertad en
un bar. Sánchez Cervelló describe otras iniciativas y acciones de colaboración
entre los opositores ibéricos, en las que siempre los portugueses
se muestran más audaces, quizá por estar libres de la traumática experiencia
de una sangrienta guerra civil y por no haber conocido en su país
la brutal represión que sí vivieron sus compañeros españoles.
Los años sesenta en la Raya extremeño-alentejana: entre la pobreza, la represión
y la emigración, de Moisés Cayetano Rosado, complementa bien
los capítulos previos de Redondo y Cervelló. Si estos ofrecen una visión
desde arriba de la fracasada lucha de una elite opositora a Franco y a
Salazar, el de Cayetano Rosado brinda una mirada desde abajo de la
represión ejercida por los regímenes sobre la gente común. Y lo hace
con guiños comparativos entre Extremadura y el Alentejo, regiones hermanas
con numerosas concomitancias históricas y donde se producen
conatos esporádicos de rebeldía, sofocados aquí por la Guardia Civil,
allí por la Guardia Nacional Republicana y la PIDE. Rastreando esas semejanzas,
Cayetano explora obras literarias del siglo XX de ambos lados
de la raya. El grito de protesta condensado en Jarapellejos de Felipe Trigo
reverbera con acordes parecidos en Planície Heróica de Manuel Ribeiro.
También contrapone pasajes del Levantado do Chão de Saramago con la
obra cumbre de Patricio Chamizo, Paredes, un campesino extremeño. Y
encuentra relatos comunes sobre ejércitos de jornaleros con hambre de
tierra, que fluctúan entre la esperanza y la resignación a la mísera realidad
cotidiana. El miedo a los terratenientes, lusos o españoles, atraviesa
como hilo rojo los relatos de las vidas de estos hombres y mujeres del
campo. No extraña por ello que la candidatura de Humberto Delgado a
las elecciones presidenciales de 1958 se viviese en tierras alentejanas con
enormes deseos de cambio que no se apagarían tras el fracaso electoral y
el exilio del “general sin miedo”.
Cayetano Rosado describe cómo la oposición liderada por el Partido
Comunista mantuvo la llama de la esperanza en el Alentejo. El asalto al
cuartel de Beja en la Nochevieja de 1961 dirigido por el capitán Varela
Gomes fue punto álgido en el intento de derrocar a Salazar. El fracaso
de esta operación militar no desalentó por completo a los sectores movilizados
en el Alentejo, que a partir de entonces centraron su lucha en
la conquista de la jornada laboral de ocho horas. La segunda parte del
capítulo arranca con un final: la muerte en Olivenza del general Delgado.
Y concluye con la descripción de la masiva emigración que desangró
las tierras del Alentejo y Extremadura a partir de los años sesenta. La
sombra de aquel trasvase migratorio es aún alargada.
La contribución de Luís Nuno Rodrigues lleva por título As eleições
portuguesas de 1958 vistas pelo The New York Times. El texto analiza la
cobertura informativa que ofreció uno de los diarios más influyentes
del mundo sobre el proceso electoral portugués celebrado en junio de
1958. El trabajo está estructurado en cuatro partes: una primera sobre el
anuncio de las elecciones y la presentación de la candidatura del general
Humberto Delgado, donde se señala que su figura era conocida en
los círculos políticos estadounidenses, entre otras razones, por su activo
papel en el seno de la OTAN. Un segundo apartado se centra en el seguimiento
que el rotativo norteamericano hizo de la campaña electoral,
subrayando las medidas represivas que empleó la dictadura durante
la misma, como el uso de la fuerza, la censura, requisa de propaganda
electoral o detenciones arbitrarias de colaboradores de la candidatura
liderada por Humberto Delgado. Una tercera sección está dedicada al
análisis que hizo el periódico sobre los resultados de los comicios, en los
que resultó perdedor el general Delgado. La interpretación del rotativo
norteamericano fue bastante crítica con el proceder del gobierno de la
dictadura portuguesa durante el proceso electoral.
La última parte aborda, por un lado, el tratamiento informativo
dado a la trayectoria de Humberto Delgado después de las elecciones
y hasta su exilio a Brasil. Y, por otro lado, aspectos relacionados con las
prácticas represivas del régimen a lo largo del año siguiente, así como su
pérdida de apoyos entre la jerarquía católica portuguesa.En suma, Nuno
Rodrigues desgrana el tratamiento informativo y la interpretación de
uno de los diarios más influyentes del mundo sobre unas elecciones que
desafiaron la estabilidad de la dictadura salazarista, y cuya importancia
para Estados Unidos residía, en gran medida, en el valor estratégico
que representaba Portugal para la política exterior de Washington en
Europa. Firme aliado de la OTAN, el país ibérico fortalecía el flanco sur
europeo de la Alianza Atlántica en el marco de la Guerra Fría.
El capítulo de Umberto Berlenghini Italia y Portugal: la sutil línea
negra se ocupa de uno de los aspectos menos conocidos del complot de la
PIDE contra el general Humberto Delgado, el de su vertiente internacional.
En concreto, Berlenghini estudia el papel clave jugado por algunos
elementos de la ultraderecha en Italia, que convencieron a Delgado de
que viajara a Badajoz a una supuesta cita con opositores a Salazar. Al
calor de las investigaciones y el debate público en torno a esta trama
italiana de la “Operação Outono”, en los primeros años setenta la RAI
realizó en tierras pacenses un reportaje sobre Humberto Delgado. Se
trata de un documento de enorme valor histórico, que por primera vez
se pudo ver en España durante el congreso que celebramos en Badajoz
en 2015. El inicio de la cinta es fulgurante, con imágenes del cementerio
de Villanueva del Fresno y un primer plano de la pequeña tumba donde
descansaron los restos del general hasta su traslado a Lisboa en 1975. Siguen
planos de las calles de Badajoz, las mismas por las que muy pocos
años antes Humberto Delgado diera sus últimos pasos en libertad. . Giuliano
Vassalli, abogado de la familia Delgado en Italia y futuro ministro
de Justicia, explica las investigaciones que se llevan a cabo en su país
sobre el asesinato; el líder del Frente de Liberación Nacional portugués
en Argel recuerda otros crímenes políticos de Salazar; el camarero del
Hotel Simancas de Badajoz cuenta detalles de la estancia de Delgado y
su compañera antes de acudir a la cita con quienes creían compañeros y
resultaron ser sus verdugos.
Partiendo de esa rica pieza documental, Berlenghini trata de arrojar
luz sobre las sombras todavía existentes. Para ello ahonda en las vidas
de dos personajes reales, pero que bien pudieran ser protagonistas de
ficción, entre la dolce vita y lo detectivesco. El primero, Ernesto Maria Bisogno,
cuyas simpatías fascistas se mantuvieron intactas desde los días
de la II Guerra Mundial cuando, apenas adolescente, colaboró con los
ocupantes alemanes de su Roma natal. El segundo, Mario de Carvalho,
excéntrico portugués expatriado en Italia que siguiendo las indicaciones
de la PIDE se granjeó la confianza de Humberto Delgado persuadiéndole
para que viajase a Badajoz y cayera así en la trampa de la policía
salazarista. Por el texto desfilan también otros neofascistas italianos que
colaboraron con el Estado Novo hasta el final.
El capítulo que cierra el libro, “Não se fez Justiça!”. O caso Delgado
em Portugal, está firmado por el nieto del “general sin miedo”. Frederico
Delgado Rosa es autor de una enciclopédica biografía sobre su abuelo,
fruto de más de un lustro de minuciosas pesquisas en diversos países,
y coautor del guión de la película “Operação Outono”, . Con su intensa
dedicación a la investigación y a la difusión de la figura de su ilustre antepasado,
Delgado Rosa no persigue solo, ni principalmente, rendir homenaje
al abuelo que nunca conoció, sino sobre todo contribuir a fijar en el
imaginario colectivo de sus compatriotas la verdad histórica en torno a su
asesinato por parte del régimen de Salazar. Una verdad que no resplandeció
como todos los demócratas esperaban con la llegada de la libertad
a Portugal, cuando se celebró un desgraciado juicio al que se conocería
como “la segunda muerte de Humberto Delgado”. El texto de Delgado
Rosa se dedica precisamente a desentrañar ese proceso judicial, doloroso
y humillante para su familia, que pone de manifiesto cómo la reparación
a las víctimas del salazarismo no fue un proceso libre de espinas.
Días después del golpe militar que puso fin al Estado Novo, se presentó
una denuncia contra los asesinos de Humberto Delgado. Echó así
a andar el mecanismo que llevó a la apertura de juicio en el Tribunal Militar
de Lisboa contra diez miembros de la PIDE. La expectación dentro
y fuera del país fue grande. Se habló incluso de un Juicio de Nuremberg
a la portuguesa, que sacaría a la luz toda la miseria del salazarismo. Ocurrió
sin embargo todo lo contario. La larguísima instrucción del caso ya
hizo temer lo peor. Su responsable fue un juez conocido por favorecer a
los antiguos miembros de la PIDE. Al final, solo tres de los diez acusados
se sentaron en el banquillo. Los otros siete habían conseguido huir de
Portugal después del 25 de abril. La táctica de los acusados fue hacer
recaer toda la responsabilidad en uno de los prófugos conocido por su
brutalidad. Aferrándose a una de las tergiversaciones de la propaganda
salazarista, los acusados sostuvieron que la intención de la operación
policial no había sido matar a Humberto Delgado, sino apenas raptarlo
y llevarlo a Portugal para juzgarlo allí. Contra todas las evidencias presentadas
por la acusación particular y el fiscal, el juez dio credibilidad
a la versión de los PIDE, que no solo les exoneraba a ellos sino a los
responsables políticos de aquel crimen de estado.
Esta lamentable resolución judicial no hizo justicia a la memoria de
Humberto Delgado. Sin embargo, a partir de entonces y gracias a la labor
de los sucesivos gobiernos de Lisboa y de la propia sociedad civil portuguesa,
el papel histórico del “general sin miedo” nunca ha dejado de ser
reivindicado en el país vecino. Este impulso encuentra ahora eco a este
lado de la frontera, con iniciativas como la promovida por la Asociación
para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura para que
Badajoz dedique un espacio público a Humberto Delgado y a Arajaryr
Campos. Tras recabar numerosas adhesiones a ambos lados de la raya,
la propuesta fue elevada al Ayuntamiento de Badajoz, que aprobó con el
apoyo de todos los grupos políticos representados dedicar a Humberto
Delgado y Arajaryr Campos una avenida o plaza de la ciudad, aún por
determinar. De esta forma, Badajoz se convierte en la primera ciudad
española que rinde de manera perdurable y conjunta, un justo homenaje
al “general sin miedo” y a su valiente compañera (no pocas veces injustamente
olvidada en esta triste página de la historia), como iconos de la
lucha por la democracia en tierras ibéricas. Los nombres de Humberto
Delgado y Arajaryr Campos estarán así para siempre vinculados a Badajoz,
donde pasaron sus últimos momentos en libertad.
Esta publicación no hubiera visto la luz sin el apoyo de diversas
instituciones a las que los organizadores desean expresan su agradecimiento:
Área de Cultura y Deporte de la Diputación de Badajoz; Centro
Asociado UNED-Mérida-Badajoz; Instituto de Ciências Sociais da Universidade
de Lisboa; Ayuntamiento de Villanueva del Fresno; Asociación
para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura; y
Grupo de Estudios de Historia Contemporánea de Extremadura.

En su momento, daremos cuenta de los actos de presentación pública del libro, que será distribuido por el Área de Cultura de la Diputación de Badajoz.