viernes, 13 de julio de 2018


MEMÓRIAS DE UMA FALSIFICADORA, LUCHADORA DE LA LIBERTAD

Moisés Cayetano Rosado

Para el día 15 de mayo se anunciaba la presentación en el Museu do Aljube, de Lisboa, el libro de Margarida Tengarrinha Memórias de Uma Falsificadora, a Luta na Clandestinidade pela Liberdade em Portugal, y desde entonces he sentido la necesidad de leer las reflexiones de esta luchadora de 90 años, que con veinte inició su actividad política en la Escola Superior de Belas Artes de Lisboa; con veinticuatro fue expulsada de la misma y se le prohibió ejercer como profesora y asistir como alumna a cualquier Universidad; con veintisiete años pasó a la militancia comunista clandestina, y ya con treinta y cuatro partió para el exilio, retornando, volviendo a salir, continuando con su militancia política tras el 25 de Abril del 74.
Margarida Tengarrinha ha escrito un libro de una templanza, de una dulzura y de una firmeza comparable al que Helena Pato (tan cruzadas en sus vidas familiares y políticas) acaba de publicar (http://moisescayetanorosado.blogspot.com/2018/07/a-noite-mais-longa-de-todas-as-noites.html), bajo el sello de la misma editorial: Edições Colibri, que con tanta fortuna dirige Fernando Mão de Ferro. En su prólogo, el profesor Manuel Loff indica: O que hoje descrevemos como as conquistas de Abril, conseguidas nas lutas sociais que se desenvolveram durante a Revolução e que mudaram o destino coletivo dos portugueses, não é inteligível sem perceber o que elas devem a décadas de resistência antifascista. Y enseguida: daqueles que, como Margarida Tengarrinha, comprometeram toda a sua vida na opção que ela fez num dia de 1955 (pág. 13).
Y a ese compromiso se refieren estas Memorias, que en 176 emotivas páginas van desgranando los sacrificios, temores, privaciones, ausencias, terrores, que vivieron los resistentes de esa dictadura salazarista, que los ensangrentó en las prisiones, en las mazmorras, en la calle, en el dolor de los exilios y las separaciones.
Tras las luchas estudiantiles vendría en 1954 entrar para as fileiras clandestinas do Partido Comunista (pág. 19), lo que Margarida hará con su cuñada Maria Adelaide y su marido Carlos Aboím Inglez, y con su compañero José Diaz Coelho (intelectual y artista como ella).
Vivir en Lisboa como militantes clandestinos, de una casa a otra, con falsa identidad, sintiendo siempre el aliento de la PIDE -la omnipresente policía política portuguesa-, era ya en sí una tortura, y más aún cuando ya fueron padres de una niña, Teresa, que a partir de su cuarto año, por seguridad de todos, tendrían que dejar -a saber por cuánto tiempo- al cuidado de sus abuelos y tía: Pior do que a prisão, pior do que as torturas, no dizer de todas as camaradas que tiveram esas experiências, muito mais terrivel para todas elas, foi a separação dos filhos, escribe Margarida (pág. 53).
Y su cometido era ése: falsificadores. Hacer documentación falsa, identidades supuestas para los compañeros activistas. Crear un perfecto taller de expedición de todo tipo de documentos que facilitaran la movilidad de los militantes antifascistas, comunistas, dentro y fuera de Portugal. Trabajo burocrático, tedioso, nada “brillante”, pero absolutamente imprescindible para burlar el control de la precisa maquinaria del poder represor.
Linogravura de José Dias Coelho
Un día… A morte saiu à rua num dia assim…, como titula el apartado diecisiete (págs. 81-84) de los treinta y tres que componen el libro: José Dias Coelho, el militante comprometido, artista reconocido, compañero necesario, sería asesinado a quemarropa en la calle por un agente de la PIDE. Fue el 19 de diciembre de 1961.
En el apartado anterior y en el siguiente, Margarida reflexiona también sobre la personalidad de Dias Coelho, apartado tan vilmente del mundo a los treinta y siete años de edad. Pero será en este capítulo, encabezado con el nombre de la canción que le dedicó Zeca Afonso (https://www.youtube.com/watch?v=P3SPkq3hw-c), donde encontremos un testimonio, una denuncia aún más estremecedora ya que traspasa el tiempo de la dictadura y se centra en los de la democracia traída por la Revolução dos Cravos: quando o julgamento (del asesinato)se realizou, em 1977, já a situação política tinha sofrido tais recuos e o Tribunal Militar de Santa Clara mantinha uma composição tão reacionária, que a sentença foi de prisão de três anos e meio para o António Domingues (el asesino) enquanto os outros, entre eles o criminoso chefe de brigada José Gonçalves, que se apresentou como um velhinho que tinha perdido a memoria, saíram todos em liberdade (pág. 83): ¡cuánto sabemos también nosotros de eso en España… aunque aquí no hubo una Revolución progresista armada, sino una Evolución desde la dictadura!
Pero aún así viene ahora lo peor, ya que los familiares interpusieron recurso a la sentencia, logrando siete años de condena… que se cumplió solo en parte: Mas os pides, que o seu amigo Spínola sempre tinha protegido, estavam já nessa altura tão arrogantes e sentiam-se tão impunes, que não só assistiam às sessões do julgamento olhando para os juizes com um desplante ameaçador, como nesse dia da sentença do recurso fizeram alas na escaderia de Santa Clara e insultaram-nos provocatoriamente, com os palavrões mais soezes, a mim e à minha cunhada Maria Adelaide, quando vínhamos a descer (pág. 84): ¡a la compañera y a la hermana del asesinado! ¡Así fue “castigada” en buena parte la PIDE, como la Brigada político-social franquista en España, cuyo ejemplo sangrante en la persona de Antonio González Pacheco “Billy el Niño”, paradigma de integral represor, sigue disfrutando de tres medallas del mérito policial pensionadas, otorgadas ya en democracia!
Casi finalizando este emocionante libro de memorias, tras llevarnos de casa en casa clandestina, de huida en huida, de país en país durante el exilio, dedica un capítulo vibrante: A força ignorada de mães, país e avós, sobre estos familiares de los militantes perseguidos y represaliados (págs. 161-169). Y ahí leemos frases tan desgarradoras como éstas: a casa de Juliana Dias Coelho (su suegra, madre del asesinado José) foi assaltada pela PIDE e a neta, (mina filha) Maria Teresa Tengarrinha Dias Coelho, que estudava nas Belas-Artes, foi levada presa enquanto a irmã, minha filha Guida, então como treze anos, saía para a escola, escondendo na mochila manifestos estudantis de protesto pelo crime que poucos dias antes vitimara Ribeiro dos Santos, para sonegá-los às buscas que os pides estavam a fazer na casa dos avós, onde ambas viviam. A Teresinha foi interrogada e submetida à tortura do sono, impedida de dormir seis dias e seis noites, o que a deixaria desde então com graves perturbações do sono. Negou-se a responder às perguntas da PIDE, tal como aconteceu na segunda prisão, quando estava numa reunião, já perto do 25 de Abril (pág, 166).
Estremecedor, aleccionador relato todo él. Triste constatación de que tampoco en Portugal se ha hecho la Reparación y Justicia necesarias.

jueves, 12 de julio de 2018


A NOITE MAIS LONGA DE TODAS AS NOITES, MARTILLO DE REALIDADES.

Moisés Cayetano Rosado

Escribía el poeta español Eladio Cabañero en su poemario Recordatorio (1961): “saco a relucir vidas, materiales, historia/ de manera que nadie equivocado piense/ que escribo algún poema misterioso/ sino de alta protesta y de dolor”.
Me vienen estos versos nuevamente a la memoria tras leer el libro de Helena Pato A noite mais longa de todas as noites: 1926-1974, editado pulcramente -como todos los suyos- por la editorial lisboeta Colibrí, que dirige con admirable acierto Fernando Mão de Ferro.
Y es que a lo largo de sus 258 páginas -que vieron la luz el pasado mes de mayo y ahora se va presentando por la geografía portuguesa- salen a relucir vidas (magníficas descripciones de personas llenas de sensibilidad, tan fieramente humanas que parecen sacadas de los poemas del bilbaíno Blas de Otero o del beirense Eugénio de Andrade), materiales (documentos, fotografías, citas precisas), historia (certero recorrido por todo el salazarismo y sus tentáculos represivos)… que no conducen a la exposición de ningún misterio, sino que constituyen, ciertamente, un alegato de alta protesta y de dolor.
Y, como en la obra de Eladio Cabañero, o de Blas de Otero, o de Eugénio de Andrade y tantos grandes de nuestra literatura, todo ello lo hace con la hermosura de una prosa “tocada de la gracia”. No de la manoseada “gracia divina”, sino de la gracia, de la calidad literaria de quien sabe manejar el lenguaje y presentarnos con belleza formal lo que es un mensaje de penares, pesadilla, miedo: “O medo foi o que realmente me ficou com maior nitidez do regime fascista” (pág. 13).
El libro lleva un prólogo de la escritora Maria Teresa Horta, en que resalta su Luta após luta, após luta” (pág. 7), y unas palabras finales del historiador Luís Farinha, que resume magistralmente su contenido, resaltando la idea de la autora de “prestar um testemunho de vida, sempre compartilhada com outras vidas” (pág. 256) y del e que fuera Presidente de la República Jorge Sampaio, testigo y protagonista de buena parte de lo que Helena Pato expone en estas memorias, que “lêem-se de uma assentada” (pág. 257).
Dividido en 60 breves apartados, va haciendo un recorrido lineal por la vida de la autora desde su infancia hasta los años ochenta, con la democracia formal ya asentada en Portugal, tras pasar por los tétricos años de la dictadura salazarista, los cosméticos cambios de Marcelo Caetano, y -ya de pasada- la Revolução dos Cravos.
Pero, efectivamente, como indica Maria Teresa Horta, y la propia Helena Pato remarca, no “se trata de uma autobiografía” (pág. 11), sino de ofrecer una mirada reposada sobre toda esta larga y oscura época amordazadora siguiendo el hilo de una “resistente”; de una luchadora por la justicia, la dignidad y la libertad dentro de su país como anónima, clandestina, presa y torturada, y fuera como exiliada, sin sucumbir al desaliento, tal como tantas otras y tantos otros portugueses que expusieron su comodidad, su seguridad, su vida, ante la crueldad inmisericorde de la tiranía.
Todo el libro se lee -como indica Sampaio- de “una sentada”. Y nos atrapa desde el primer capítulo, donde describe los miedos como seña de identidad de los tiempos vividos.  Y nos encoleriza cuando narra su apresamiento y torturas, especialmente en los capítulos del 28 al 34 (págs. 127-149). Antes nos había enternecido con ilusiones juveniles, luchas estudiantiles compartidas, primer amor… (“O meu coração batia tolamente, baralhando o esforço da subida com a emoção por caminar ao lado dele”, pág. 36). O nos ofrecía una silente denuncia social al mostrarnos la mísera vida de una “criadita” que les ayudaba a sus padres en los años cuarenta y que les contaba como “os país travalhavam de sol a sol -na época das colheitas- mas a comida não chegava para todos” y “no Inverno, estavam condenados a satisfazer a fome com ervas que apanhavam nas valetas” (pág. 26), alcanzando una sublime y emotiva belleza en el capítulo 56: “Ana, una negrinha doce que tapava o riso”, encuadrada ya en el “Verão quente del 75”, en que traza un certero “aguafuerte” de la explotación de los nativos en las colonias, en medio del hambre y los castigos de látigo en mano (págs. 229-231).
En su último capítulo, el 60: “Valeu a pena, sim”, hay una frase final que es un perfecto resumen de todo lo que Helena Pato nos quiere transmitir: “De uma maneira ou de outra, aquí estamos nós, libertados, e libertando-nos de uma gigantesca memoria de violencia -da repressão, da guerra colonial, da brutalidade física e psicológica das prisões, da amargura do exílio, da pobreza e do atraso que grassavam no país-, mas como uma refrescante lembrança dos dias em que, apesar de tudo isso, fomos incomensuravelmente felizes” (pág. 240).
Los días de la ilusión, de la esperanza, de los sueños, de la juventud; del amor y el temor; del miedo y el coraje; del sufrimiento y de la rebeldía, están ahí, en este libro de memorias, delicado, elegante, sosegado, vencedor del horror que ahora sentimos como una pesadilla que hasta parece que nunca haya sido realidad.

lunes, 9 de julio de 2018


MEMORIA Y DIGNIDAD EN EL MUSEU DO ALJUBE 
Moisés Cayetano Rosado
Una vez más voy al Museu do Aljube en Lisboa (http://moisescayetanorosado.blogspot.com/2017/11/actividades-en-el-museu-do-aljube.html). Su director, Luís Farinha, va a efectuar una visita guiada, contando además con el testimonio directo de un exprisionero de este lugar en los tiempos siniestros del salazarismo, cuando la PIDE -la terrible policía política- lo utilizaba como centro de detención, interrogatorio y tortura: Adelino Silva, del que lo primero que te admira es su serenidad, su sonrisa bondadosa y la naturalidad con que nos va a contar episodios de un dolor desgarrador.
Luís llega, trayendo en la mano un paquete blanco que me ofrece. El paquete contiene dos libros que el excelente editor de Colibrí, Fernando Mão de Ferro, me hace llegar por su intermediación. Se trata de Memórias de uma falsificadora, de Margarida Tengarrinha, y A noite mais longa de todas as noites, de Helena Pato. Un tesoro, dos tesoros testimoniales, autobiográficos de la heroica lucha de los antifascistas y en concreto de estas dos mujeres excepcionales, cuya labor en la Resistencia les llevó a la clandestinidad, al sacrificio extremo en sus años juveniles, y después -ya en la democracia conquistada con la Revolução de Abril de 1974- a continuar en las tareas militantes de una izquierda comprometida y disconforme con la deriva acomodaticia que se nos vino encima. ¡Y además, qué prosa más ferviente, pulcra, cálida y cautivadora la de ambas escritoras, intelectuales, activistas! Tranquilamente, más adelante, iremos revisando con detalle ambos libros.
Antes de que comience la visita, reviso la Exposição Temporária en el “Nivel 0” del Museu (planta baja), donde estuvo el “Parlatório da Cadeia”, donde los presos podían hablar con sus visitas, bajo la atenta vigilancia de la PIDE. Exposición del artista, militante comunista, revolucionario, José Dias Coelho, asesinado a tiros por la PIDE -cuanto contaba 38 años de edad- en Lisboa. Obra escultórica y pictórica neorrealista en que los campesinos, los obreros, las clases explotadas, encuentran un eco lleno de fuerza desgarradora. Dias Coelho fue cantado por su amigo Zeca Afonso en su emocionante poema A Morte Saiu à Rua (https://www.youtube.com/watch?v=P3SPkq3hw-c), y su inolvidable obituario fue escrito para Avante! (del Partido Comunista Portugués) http://dorl.pcp.pt/index.php/combatentes-hericos-menumarxismoleninismo-108/jose-dias-coelho/576-jos-dias-coelho-a-morte-saiu--rua por su compañera Margarida Tengarrinha, con su prosa vibrante, en uno de los escritos que más le costó producir a Margarida.
LuísFarinha (a la izquierda) y Adelino Silva (derecha)
Luís Farinha nos va explicando cada una de las salas del Museu. En esta Planta Baja (Nivel 0) y los tres niveles superiores, dedicado el Nivel 1 al Fascismo portugués, la Oposición y la Clandestinidad y los Tribunales políticos. El Nivel 2, a la Resistencia, el Recorrido Carcelario y los Interrogatorios. El Nivel 3, a la Lucha anticolonial y la Revolución. En el Nivel o piso 4 está el Auditorio, donde se celebran presentaciones de libros, grabaciones, charlas, etc., y hay una pequeña boutique. También nos hemos asomado antes al Nivel -1, con un pequeño “expolio” arqueológico del lugar.
Un momento de la visita
Pero la explicación del director, a invitación suya, se ve constantemente acompañada por el testimonio vivo de Adelino Silva, que nos va detallando su lucha clandestina, el prendimiento por la PIDE, sus encarcelamientos, los catorce meses que pasó en esta prisión (aparte de en otras, como el Forte de Caxias y el de Peniche), los interrogatorios, aislamientos, apaleamientos, torturas en general, y en especial la “tortura do sono” durante 15 días (¡quince días sin que le dejaran dormir!, a base de ruidos, palizas, intimidaciones… “viendo visiones cada vez más tremendas a partir de la semana de castigo”), sin conseguir que delatara a ninguno de sus compañeros.
La PIDE, siempre la PIDE presente en su vida… incluso tras la Revolución, en que siguió viendo algunos de sus componentes por la calle, porque el juzgamiento de los criminales nunca sería completo. Porque la Revolução dos Cravos -hecha por militares procedentes del servicio en combate colonial- siguió teniendo esa asignatura pendiente.
Y es que, como dijo el Capitão de Abril Melo Antunes en las Conferências de Matosinhos en 1994: Não é segredo para ninguém que na guerra em África a PIDE era a principal fonte de informações para as operações militares… Todos os militares sabiam que se praticavam tortura e que se assassinavam pessoas para se obtenr informações. Así que a la PIDE, como a la policía política en España en el posfranquismo, había que tratarla con cierto… “tiento”. Téngase en cuenta que el mismo António de Spínola, Presidente de la República tras el Golpe militar de Abril, quería seguir manteniéndola en las colonias, donde su cifra había crecido exponencialmente tras el inicio de las Guerras Coloniales (antes apenas tenía implantación colonial), igualándose en el número de policías con el Portugal peninsular en 1.200 sujetos (1961), mientras que en 1972 esos eran los que había en la zona peninsular y casi el doble (2.260) en las colonias.
Pasan las horas sin que nos demos cuenta en esta visita provechosa, emocionante. Historia viva de los dos segundos tercios del siglo XX y de la actualidad. Memoria Histórica que, como en la de España, tanto hay que recapacitar, reflexionar y reconocer a estos héroes vivos de la contemporánea lucha por la libertad, la dignidad y la justicia social.
Volver, siempre hay que volver al Museu do Aljube, para aprender, comprender, compartir, ganar humanidad entre estos que son todo grandiosa Humanidad.

jueves, 5 de julio de 2018


OLIVENZA. FRONTERA DE GUERRA, FRONTERA DE PAZ.
Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia
Director de la I Jornada de Fortificaciones de Olivenza

El inmenso campo de batalla que a lo largo de la historia siempre fue la Península ibérica, tiene una sistemática línea de fricción en la frontera occidental desde la formación del reino portugués.
Cuando el primer rey de Portugal -don Afonso Henriques- inicia su expansión desde Guimarães en 1128, llegando hasta el sur de Extremadura, va reforzando los castillos conquistados a los musulmanes, para resistir ante ellos y marcar la frontera con León-Castilla. Labor que continuarán sus sucesores, destacando don Dinis, que parecen acabar las disputas al firmar con la regente castellana doña María de Molina (en nombre de su hijo menor de edad Fernando IV) el Tratado de Alcañices en  1297. Tratado en que Portugal recibe, entre otras plazas, la de Olivenza.
Sin embargo, las rivalidades continúan, siendo especialmente frecuentes en el reinado del portugués don Fernando (1367-1383). Por ello, las poblaciones de frontera van a reforzar sus defensas, modernizando castillos y amurallando ciudades con nuevas cercas, dadas las progresiones de los espacios urbanos fronterizos.
Bajo el reinado de don Manuel I de Portugal (1495-1521), yerno de los Reyes Católicos, su escudero Duarte de Armas recibe el encargo de hacer un levantamiento de las fortificaciones de la frontera con Castilla. Realizará el encargo en 1509, dejándonos el valioso documento iconográfico, donde nos muestra el “cosido de la raya”, en que ya se revela el estado de adecuación a las nuevas armas, al uso de la pólvora en la defensa de las poblaciones y en el ataque mediante la artillería.
Con la muerte del rey don Sebastián sin descendencia, así como de su sucesor y tío, el cardenal don Henrique, el trono de Portugal pasa al rey de España Felipe II, que reinaría el territorio luso con el nombre de Filipe I a partir de 1580, si bien en 1640 se inicia una guerra de separación que llevaría a la independencia de Portugal en 1668, bajo la dinastía de Bragança. Esta “Guerra da Restauração” portuguesa llevaría a un enorme esfuerzo económico, militar y constructivo en ambos lados de la Raia/Raya, empleando nuevas técnicas de fortificación en las ciudades fronterizas: modelo abaluartado, de gran complejidad, adaptado a la potencia de la artillería.
La “Frontera de Guerra” adquiere mayor dimensión y el modelo se perfeccionará con el tiempo, ya que la Guerra de Sucesión española (1701-1713) nos lleva a nuevas batallas, que tendrán el espacio extremeño-alentejano como protagonista principal, dada su situación en la línea directa Madrid-Lisboa, los espacios sin obstáculos geográficos para la incursión de la pesada artillería y los fértiles campos de promisión para los ejércitos (soldados y caballería).
Dentro de esta “Línea de incursión” entre ambas capitales, el principal escudo de defensa portugués lo formará la tenaza Campo Maior-Elvas-Olivenza, frente al empuje invasivo de Badajoz. Escudo y flecha de incursión que continuarán teniendo un protagonismo bélico de primera dimensión durante las invasiones napoleónicas, ante las que una vez más se refuerzan y perfeccionan nuestras defensas.
Habrá que esperar a mediados del siglo XIX para que toda esta maquinaria deje de tener esta función cruenta, quedando como testigo de tantos siglos de enfrentamientos y levantamientos defensivos, que ahora constituyen un patrimonio monumental de dimensiones colosales, sin par por su extensión, concebido como sistema territorial y muestra del ingenio técnico humano.
Por ello, en mayo de 2016 entró esta Raia/Raya fortificada en la Lista Indicativa a Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, bajo iniciativa de Valença do Minho, Almeida, Marvão y Elvas. Y por esto, se celebró en Olivenza -en marzo de este año- una Jornada de Fortificaciones, en que se resaltó el valor del conjunto, y el papel de esta población (alentejana hasta 1801, y extremeña desde entonces, a raíz de la Guerra de las Naranjas) en el sistema luso-español.
Y lo que podría ser un obstáculo diplomático y de sentimientos encontrados -el papel de Olivenza en el conjunto y en la propuesta de Candidatura Patrimonial-, debe ser una oferta singular por su papel en lo que fuera “Frontera de Guerra” y hoy “Frontera de Paz”.
En la Revista del “Centro de Estudos de Arquitectura Militar de Almeida” -que será presentada a finales de agosto en el “XII Seminário Internacional sobre Arquitectura Militar”, a desarrollar en Almeida, donde también se presentarán las Actas de la Jornada de Olivenza-, va un certero trabajo del arquitecto portugués Rui Ramos Loza, en el que dice: “este territorio debe elegir-se como patrimonio de Paz. Esse pode ser o destino histórico de Olivença, cidade patrimonial do mundo como símbolo desta raia desmilitarizada”. Y propone de cara a la Candidatura a Patrimonio Mundial: “Um órgão de Gestão conjunto, com sede em Olivença”, sustentado materialmente por los Gobiernos de España y Portugal.
Reto apasionante, que los mejores especialistas en historia y patrimonio avalan, como también el Gobierno portugués y el Presidente de la República. En las Actas de la Jornada de Olivenza, Presidente de la Junta de Extremadura, de la Diputación de Badajoz y Alcalde de Olivenza, respaldan la Candidatura y el papel de Olivenza. Es cuestión ahora de continuar el trabajo ya iniciado.

martes, 3 de julio de 2018


Éxodo rural de 1960-1975. Incidencia en el antiguo partido judicial de Fuente de Cantos.
Resumen:
Desde mediados de los años cincuenta se va acelerando un proceso de emigración campo-ciudad, que las circunstancias políticas del país habían retenido. En los años sesenta, y hasta la crisis económica mundial de 1973, será una auténtica sangría migratoria para las zonas agrarias del territorio nacional, dirigida hacia las zonas industrializadas de España y Europa occidental.
Extremadura perderá más de 500.000 personas entre 1960 y 1975, fundamentalmente jóvenes, quedando en la región  apenas un millón y una pirámide poblacional claramente envejecida. Comarcas como la cacereña Penillanura del Salor o la badajocense La Campiña perderían alrededor del 55 % de sus habitantes. La Sierra de Jerez vería partir al 38% de su población, y dentro de ella el antiguo Partido Judicial de Fuente de Cantos el 42%, más de la mitad de los cuales en el primer quinquenio.
Moisés Cayetano Rosado

sábado, 30 de junio de 2018


DE REGINA A LLERENA, PASANDO POR MINA LA JAYONA Y LA ERMITA DEL ARA.
Moisés Cayetano Rosado

Nos ofrece la Fundación Caja Badajoz “conocer Extremadura”. Y hace muy bien, porque somos muy dados a admirar valores arqueológicos, naturales, monumentales… de los más variados rincones del mundo, y dejamos atrás los que tan a mano tenemos en Extremadura. Por eso, en mayo organizó una excursión a la extraordinaria Olivenza, atravesando luego en barco el Guadiana para visitar la portentosa fortificación alentejana de Juromenha; por eso, en septiembre iremos a la admirable villa de Alburquerque, pasando después a Ouguela, atravesando la raya/raia por otro paraje histórico; por eso, continuarán después otras visitas, y por eso, en junio hemos tomado la ruta Regina-Jayona-Virgen del Ara-Llerena, en una jornada inolvidable.
Cuando te vas acercando -en el municipio de Casas de Reina- al yacimiento romano de Regina, se te ofrece en lo alto, a la derecha, la alcazaba árabe con cerca almohade de Reina, majestuosa, tentadora, que nos reta a una ruta pedestre para más adelante. Ahora toca recorrer lo que fue una ciudad romana, donde
admiramos su trama urbana, su admirable sistema de cloacas, y en especial su teatro, en el extremo noroeste, con diez filas de gradas de piedra arenisca (de las que se conservan completas las tres primeras) y un cuerpo escénico de caliza y mármol, recordándonos al de Mérida, aunque en menores dimensiones y sin jardín posterior. Mucho queda aún por excavar de lo que fuera una próspera ciudad minera y agroganadera, situada en la ruta Emérita-Corduba-Hispalis, comunicando los valles medios del Guadiana y del Guadalquivir, pero lo que se nos ofrece ya de Regina Turdulorum es verdaderamente espectacular.
De allí, hasta la Mina La Jayona -en Fuente del Arco-, vas dejando a la izquierda las llanuras para ir entrando a la derecha en el monte calcáreo adehesado de estas estribaciones de Sierra Morena, que nos conduce a la fractura de la Mina. Un portento de la naturaleza, explotada en su riqueza de hierro de gran calidad desde comienzos de nuestra Era, y muy intensamente en los veinte primeros años del siglo XX por una empresa belga que supo explotar a conciencia los riquísimos filones y… los casi quinientos mineros que a pico, pala y barrenos fueron horadando niveles superpuestos de túneles, inmensas galerías por sueldos de miseria.

Hoy nos queda de aquello el esplendor de un paisaje mágico. Una falla horizontal increíble; unos procesos kársticos que dan lugar a juegos vistosos de estalactitas; túneles de altura humana en que aún brilla el metal; oasis fantásticos de verdor -a cielo abierto-, con flora “selvática” de higueras, sauces, madroños, adelfas, zarzas, madreselva, retama, jara, romero… tan compacta, de tan intenso verdor, que pareciera que hemos sido transportados a valles atlánticos; oquedades en que nos sumergimos y parece que estuviéramos en el inter de un cráter de volcán (me recordó uno de ellos: la profunda boca del Algar do Carvão, en la Ilha Terciera de las Azores). Los sonidos de aves (águilas, búhos, cigüeñas, estorninos, zorzales, aviones roqueros, herrerillos, mirlos…) nos reafirman en este ambiente de selva particular.

Con la magia de este “viaje al centro de La Tierra”, que hubiera hecho las delicias de Julio Verne, nos acercamos a otro mundo de sorpresas: la cercana, pequeña ermita mudéjar de la Virgen del Ara, que se ha dado en llamar “Capilla Sixtina de Extremadura”, bellísima en su decoración pictórica con escenas del Génesis que cubren paredes y bóveda de cañón. Al exterior, su galería lateral porticada, con arcos de medio punto peraltado, y su espadaña de dos cuerpos, son de un equilibrio horizontal/vertical de magistral armonía.
Armonía que iremos descubriendo de continuo en el patrimonio monumental de Llerena, ciudad ejemplarmente rehabilitada en su legado artístico y urbano. Su Plaza mayor, porticada -antiguo coso taurino, mercado y lugar de variados festejos-, es  de una serenidad y belleza fuera de lo común. Y en ella destaca la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada -con su fachada barroca, los dos órdenes de arcadas de medio punto y su portentosa torre gótico mudéjar-, cuyo interior atesora excelente patrimonio retablístico, escultórico y pictórico, sobresaliente un magnífico Cristo Crucificado, de Zurbarán.
Conventos, como el de Santa Clara (cuyas monjas tienen “el don del azúcar en sus pastelillos”); palacios, como el de los Zapatas; puertas monumentales; muralla bajomedieval; esa joya que es la Biblioteca Municipal “Arturo Gazul”, ubicada en la antigua capilla del Convento San Juan de Dios… ¡Cuánto para ver! Y cuánto en su notable oferta gastronómica, donde lo judío y lo morisco se enriquecen con la aportación contundente de los “cristianos viejos”, llevando desde suaves sopas y gazpachos a contundentes cocidos, calderetas y potajes, “aligerados” con dulces de yema de huevos, miel y almendras.
Todo un reto para un día bien completo, que nos reafirma en la idea de que Extremadura tiene mucho que ver y mucho que descubrir. Es cuestión de ponerse manos a la obra.

miércoles, 27 de junio de 2018


DE TOMELLOSO A ALBACETE, ALREDEDORES DEL RÍO MUNDO Y LAS LAGUNAS DE RUIDERA (y III)
Moisés Cayetano Rosado
Lagunas de Ruidera

Conozco el Parque Natural de los Lagos de Plitvice, en Croacia. Una auténtica maravilla, aunque tan llena de turistas que agobia y atosiga. Pero aquí tenemos la suerte de contar con las Lagunas de Ruidera que, en años de lluvia como el actual, no le tiene envidia.
Las lagunas son como enormes charcas, acotadas por barreras de carbonato cálcico formadas a lo largo de milenios, que cortan el curso del río cuando no hay mucha cantidad de agua. Al llover abundantemente, el agua se trasvasa de una a otra, formando pequeñas cascadas, que en algunos casos, por hundimientos del terreno, adquieren una espectacular verticalidad: es el caso de lo que se llama “Mirador del Hundimiento”, donde nuevamente el verdor y el brillo del agua que se despeña nos invitan a una gozosa contemplación.
Las lagunas son en total 16 remansos, que invitan a la caminata, e incluso al baño (que en algunas no está aún prohibido, pero que en el fondo contribuye a contaminar el río, con nuestros afeites y… desechos), y siempre a la contemplación.
Al final de ellas, el Embalse de Peñarroya, ya en la provincia de Ciudad Real, nos despide de estos espacios naturales, que la hidrografía, combinada con la orografía y el sustrato calcáreo, contribuyen a ofrecer un oasis de verdor en medio del páramo.
Y vigilando este embalse, el castillo de Peñarroya se alza, entre ruinas y reconstrucciones. Arrebatado a los musulmanes en 1198, formó parte de la Orden Militar de San Juan desde principios del siglo XIII. Allí, según la tradición, un pastor encontró escondida en los muros del castillo una imagen de una virgen, a raíz de la conquista cristiana. Esa imagen, la Virgen de Peñarroya, es objeto de gran devoción y origen de dos romerías anuales en su honor.
Nosotros, con la vista cautivada por el contraste de paisajes, poblaciones, senderos y construcciones, nos encaminamos hacia Ciudad Real. Ciudad de no muchos atractivos, si bien su Plaza Mayor tiene el encanto de la variada oferta de restaurantes y bares de tapas, heladerías y soportales, recuadrando el espacio central, desde donde “leemos” el enigma de su diversidad urbanística, un poco misteriosa en su “caprichosidad”. ¡Pero vaya con el pisto manchego, con las migas contundentes, los duelos y quebrantos (¡de estómago en ardores!) y otros revueltos de huevos, chorizos, asadillos, tocinos, jamón frito, picatostes, sofritos…, que regamos con Valdepeñas y suavizamos con helado de queso, miel de tomillo y gelatina de vino, aparte de otros helados más de tipo tradicional (chocolate, pistacho, avellana, mango, limón…), que algunos/as -¡y no quiero señalar!- toman en proporciones que causan asombro.
¡Ufff! Cualquiera echa una carrera ahora para completar el “viaje ambiental” tan detalladamente programado. Autobús de regreso por el vitivinícola paisaje manchego, que en las Vegas del Guadiana obra el milagro de los cultivos hortifrutícolas y de arroz -agua y verdor de nuevo-, conseguido por los embalses de la Siberia extremeña, de dehesas de ovejas, pastos y encinares.