UNA “ESCUELA
VIVA” EN EL RECUERDO
Por MOISÉS CAYETANO ROSADO
Este
verano moría Paco Fernández Cortés, creador de “Escuela Viva”, un movimiento
pedagógico práctico que tuvo su desarrollo en el pueblecito extremeño de
Orellana la Vieja y que obtuvo una gran repercusión nacional e internacional,
gracias a la difusión de sus publicaciones en la mítica editorial madrileña ZERO-ZYX,
a principios de los años setenta, en los estertores de la dictadura franquista.
Ahora,
con el comienzo problemático del curso escolar, donde nuevamente el fantasma de
las estreches más extremas atenazan a muchos de nuestros jóvenes estudiantes,
como ocurriera hace un siglo en las escuelas que retrata el periodista Luis
Bello en su “Viaje a las escuelas de España” (y también de Portugal), cobrar
relevancia esta figura íntegra que supo conjugar la instrucción académica con
la educación ciudadana y la concienciación por la liberación de los seres
humanos personal y socialmente, enfrentándose a la problemática cotidiana.
Inspirado
en las ideas de la Escuela Nueva de principios de siglo XX y en la pedagogía
liberadora Latinoamericana de mediados de siglo, Paco Fernández creó su
peculiar, sereno, reflexivo, democrático, participativo, asambleario sistema de
enseñanza, donde los principios de creatividad, investigación y crítica tenían
prevalencia sobre el memorismo y alineación imperante.
Muy
cercano a la Escuela de Barbiana, el movimiento pionero italiano liberador y
autogestionario; pariente de la educación concienciadora del vienés Iván Illich,
de la pedagogía del oprimido del brasileño Paulo Freire, con raíces hundidas en
la Escuela por el Trabajo, del francés Cèlestin Freinet y del ruso Antón
Makarenko, nuestro maestro de Orellana la Vieja creó su propia forma de educar,
con tolerancia, inquietud científica y compromiso humano mediante el
conocimiento, la permanente dialéctica y la explicación de las circunstancias
del entorno (del cercano e inmediato, al más lejano), sin bajar la guardia ante
la crítica y la autocrítica. Sus “asambleas en la escuela” eran un foro de
saber, de confrontar, de escrudiñar -mediante el arma de la palabra- el sentido
de todos los problemas de nuestras vidas cotidianas, llegando a la
concienciación más firme y comprometida con la sociedad, tras el conocimiento
de los hechos, basados en la investigación profunda, contrastada, comprometida
y sistematizada.
Era un gusto ver a sus alumnos preadolescentes
analizar la realidad y ofrecer alternativas ante los problemas de la vida diaria,
ante la losa opresiva de un pueblo condenado a la emigración y la penuria como
era aquel en el que se desenvolvían.
Hoy, muerto aquel pionero de la educación
esencial, integral y profunda, con la que tantas veces se nos llena la boca que
no nos deja ni masticar nuestras ideas para digerirlas como debiéramos; ante
estas circunstancias terribles de penuria en que nos está colocando la crisis
ocasionada por los manejos de los “grandes del mundo”… es bueno volver sobre su
obra, su labor docente. Algo que en sus publicaciones sigue vivo, y en sus
alumnos -ya personas en la madurez- cobra testimonio de lo que debe ser la
educación para la vida, que no mera instrucción para colocarse en la orilla de
los que se aprovechan de su saber para medrar, caiga quien caiga en el camino,
sino liberación para una existencia más justa, feliz y solidaria para todos.
