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jueves, 31 de julio de 2014

SABIDURÍA DE BARRA DE BAR

MOISÉS CAYETANO ROSADO
Como es verano y el calor invita a las terrazas y las barras de bar, resulta más que instructivo pegar el oído a las disertaciones que con sabiduría se derrochan entre tubos de cerveza, cubas-libres y tintos con hielo y gaseosa.
¡Ay!, cuanta ingratitud al conceder los Premios Nobel de Economía, al no tener en cuenta las sabias sentencias de los parroquianos, que diseccionan los problemas actuales como si fueran cochinillo a asar en la parrilla y nos ofrecen remedios contundentes de forma gratuita.
Y no me explico cómo andan los equipos de fútbol gastando tanto dinero en entrenadores y seleccionadores, cuando entre copa y copa los paisanos ofrecen fórmulas mágicas que conducen siempre a la victoria.
No digamos, desde luego, lo que se ahorrarían en analistas (¡que también tienen lo suyo!), cuando quien entiende verdaderamente de política son los asiduos de empinar el codo, apoyados en la barra del bar o arrellanados en las terrazas refrescantes.
A veces me da rabia que se desperdicie tanta sabiduría, sin sacarle provecho, más allá del desahogo vocinglero que se prolonga en altas horas de la madrugada. Y mucho me gustaría que entráramos en razón y comprendiéramos de una vez por todas que la sapiencia se encuentra generosamente expuesta a gritos por las tabernas que siempre son tan abundantes y que incluso se multiplican en verano.

Tomen nota los que dirigen los destinos universales del país, del mundo entero: la solución a los problemas se encuentra en la magia vocinglera de los degustadores del tinto de verano, por mucho que su desgañitamiento incomprendido contribuya a que no reconciliemos bien el sueño, con el calor y las ventanas abiertas para que nos entre un tozudo aire fresco que no acaba de soplar.

jueves, 8 de mayo de 2014

DESALOJO Y COPA MUNDIAL DE FÚTBOL
Moisés Cayetano Rosado
Como entre el 12 de junio y el 13 de julio de este año se celebrará en Brasil la XX edición de la Copa Mundial de Fútbol, ha de ser ocultado el espectáculo de la pobreza para que brille en todo su esplendor el festival de los millones.
Ernesto Sábato exclamaba en su obra memorialística "Antes del fin" (comparable en desgarro, ternura y sencilla monumentalidad a “Platero y yo”, de Juan Ramón Jiménez): "¡Qué horror, el mundo!", evocando a un niño que mendigaba en un café de Buenos Aires y le pintó una casa con flores, ventanas y cortinas, de gran chimenea con humo de colores. “Esa magia encantatoria de los niños que ni la miseria pareciera borrar”, escribiría.
Qué horror, el carnaval del mundo “que en loca algarabía/gozaba y se reía”, cantó Carlos Gardel desde ese Buenos Aires querido que compartieron, donde yo también he visto niños rebuscar en la basura del lujoso, céntrico, Café Tortoni.
Hay que dar "buena imagen" ante los grandes acontecimientos futboleros, y "sobran" los excluidos.
Y es así que me detengo ante una foto que muestra lo que se cuece en la trastienda de ese gran espectáculo que mueve multitudes.
Qué impresionante la mirada de angustia y desamparo de ese hombre joven que lleva en sus brazos a dos críos desolados. Mirad como sostiene el niño su zapatilla derecha, presionando con los dedos; cómo aprieta los brazos el hombre, protegiendo: es la mínima defensa de lo suyo. También la imagen del policía impacta; ¿se limpia el sudor?, ¿contiene la emoción ante lo desgarrante? Sabe seguramente que su papel es tremendo, defendiendo una legalidad que atropella a los débiles, queriendo hacerlos invisibles.

Es la trastienda del juego del balón: el juego de la vida golpea a los de siempre, por siempre y para siempre.