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lunes, 5 de febrero de 2018

DESENVOLVIMIENTO SOCIO-ECONÓMICO DE PORTUGAL DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL. LA DIFÍCIL SITUACIÓN EN LA ZONA FRONTERIZA

Al norte del río Tejo, la zona rayana portuguesa se caracteriza por una propiedad minifundista, de mísera producción, que aboca a buen número de sus habitantes a la emigración transoceánica; al sur, los grandes latifundios mal explotados mantienen en la penuria a una población mayoritaria de jornaleros sin tierras, que llevan a anarquistas y socialistas a importantes movilizaciones desde 1909. Hambre, represión, abandono estatal y despoblación serán las señas de identidad de la Raia/Raya en el periodo bélico, que ahondará más los problemas.
MOISÉS CAYETANO ROSADO


martes, 27 de marzo de 2012


CASTELAO: Guerra, miseria, emigración

Tras sacar a la luz mi foto familiar sobre el retorno desde el “sueño americano” -que coincidió con el inicio de nuestra Guerra Civil, en medio de un ambiente social de miseria y desolación-, me han venido a la memoria los dibujos del médico, político, escritor, pintor, hombre comprometido con el Hombre que fue Castelao.

Pocos intelectuales han profundizado con tanta agudeza y descarnado realismo como Alfonso Daniel Rodríguez Castelao en la tragedia de la guerra y la miseria que azota a la gente más sencilla. Y menos los que han mostrado la terrible cara del desamparo, el duro revés del fracaso en aquellos que marcharon llenos de ilusiones a una emigración que les pintaron repleta de promesas y los devolvió sumidos en la desolación, heridos de muerte,  a su lugar de origen, donde se encontrarían con la inmensa tristeza de los suyos.

 Nacido en Rianxo (Galicia), en 1886, Castelao -que murió exiliado en Buenos Aires, en 1950- nos ha dejado unas viñetas imprescindibles para comprender -con sus “fogonazos”- plenamente nuestra historia de finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Entre todas, selecciono cuatro para mostrarlas y comentarlas brevemente aquí:


La “Mujer recogiendo a un fusilado en la Guerra Civil española” es una estampa de aire neobarroco estremecedora. Como una “Piedad” de nuestros escultores vallisoletanos, el joven fallecido presenta un escorzo suave que deja su cuerpo como signo de interrogación, quedando un hocino (herramienta de trabajo) debajo de su mano, por encima de la cual está -cerrada en puño- la de la mujer que le sostiene. “Esta door nom se cura com resiñación”, escribe al pie, con frase lapidaria y reflexiva como todas las suyas.

¿Por qué lucharía el joven desafortunado? Mirando  otra viñeta  (“Non soñan máis que cando dormen”), podemos explicarlo: porque quiso transformar sus sueños en realidad. Sacudirse la miseria que atenazaba a los suyos, expresado en el dibujo también con trazos diagonales y un claroscuro expresionista que nos comunica, en las dos figuras humildes -padre e hijo, seguramente- cuánto abandono y cuánta injusticia les envuelve.


Y ese abandono, esa injusticia, esa miseria, llevó a la búsqueda de un porvenir mejor en una emigración transoceánica que arrasó pueblos y comarcas, toda la Galicia natal de Castelao, toda la Cornisa Cantábrica, España, Europa entera… “En Galiza non se pide nada. Emígrase”, pone en la base del dibujo donde una innumerable masa de personas camina hacia la incógnita del nuevo destino, entreviéndose en primer plano una desgarrada despedida.


Pero en la mayoría de los casos, los largos años de penalidades en la emigración solo traerán fracaso y un regreso donde no suenan las trompetas triunfales sino campanas de agonía.

De las muchas viñetas que sobre el retorno oscuro y trágico publicó Castelao, una de las más desgarradoras presenta a la madre anciana, resignada, cadavérica, escuchando a su hijo, con aspecto más lúgubre aún, que le dice: “Eu non quería morrer alí, ¿sabe miña mai?”. Un pequeño crucifijo en la pared, varios frascos en la ventana y la vestimenta de Ultramar colgada como  inservible espantapájaros de un clavo, son testigos de su amargura y del fracaso.

De ahí la lucha, de ahí el círculo de esa tragedia en la vimos la muerte del miliciano -recogida como ofrenda por aquella mujer que le sostiene- y aquí se cierra con la madre impotente ante el hijo postrado en la cama, perdida su mirada, muerto ya mismo también como el guerrero soñador.

¡Soñadores todos de un mundo justo que no llegaron a alcanzar!