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domingo, 9 de febrero de 2014

FRONTERA Y GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
Autora: Dulce Simões. Prólogo de Francisco Espinosa. Traducción de Susana Gil Linás.
Edita: Departamento de Publicaciones. Diputación de Badajoz, 2013. 400 páginas.

Dulce Simões es una antropóloga entregada al estudio de la frontera apasionadamente. Fruto de ello fue su libro “Barrancos en la encrucijada de la Guerra Civil española”, publicado hace seis años en España y Portugal. Ahora nos da este extenso trabajo, “Frontera y Guerra Civil española. Dominación, resistencia y usos de la memoria”, que constituye su tesis doctoral por la Universidad Nova de Lisboa.
El historiador Francisco Espinosa ya nos adelanta en el prólogo que “la clave de la obra, sin duda, es la palabra solidaridad” (pg. 17), y esa solidaridad queda ejemplificada a lo largo de toda la obra, llegando en algunos momentos en que recoge testimonios orales a tomar una fuerza que emociona. Yo creo, desde luego, que Dulce Simões se ha empeñado fundamentalmente en eso: mostrar la solidaridad de la gente sencilla, la que hace historia cotidiana, la que en circunstancias difíciles se juega su tranquilidad, su vida, para ayudar al semejante, al “igual”, en momentos de miseria, de crueldad, de peligro.
En un capítulo introductorio analiza el ‘estado de la cuestión’, destacando el papel pionero “en este estudio” de la historiadora Iva Delgado y la importancia de César Oliveira en resaltar la participación de Portugal en el conflicto vecino y la ayuda oficial al éxito de la sublevación militar (pg. 25).
En el Capítulo I pone en valor “el movimiento social por la recuperación de la memoria histórica en España” insertado “en el proceso de dignificación, reparación, derecho a la justicia y reconocimiento social y político de los vencidos” (pg 43), conjugando el trabajo de campo y el archivos, en un encaje muy bien articulado.
Ya  en el Capítulo II entra en el estudio de “La frontera: territorio y relaciones fronterizas”, analizando las similitudes históricas de un lado y otro de la Raya/Raia, desde la influencia árabe, la reconquista y repoblación cristiana, los desencuentros bélicos, la política socio-económica, la necesaria subsistencia de la práctica del contrabando y esa sangría migratoria de los años sesenta del pasado siglo (pg. 63): caras similares, prácticamente iguales a un lado y otro del espejo rayano, lo que conformó inquebrantables lazos de amistad, parentesco y apoyo.
Es el Capítulo III aún más concreto, pues estudia “La sociedad barranqueña: los ricos, los pobres y los demás”, mostrando “una sociedad altamente estratificada” (pg. 101), que no difiere en sus usos y costumbres de los de sus vecinos extremeños y andaluces, donde los más débiles tienen que sobrevivir en un medio hostil “a través de redes de complicidad y de solidaridad bajo formas ocultas, las ‘armas de los débiles’” (pg. 119). Débiles que van a saber muy bien quiénes son los “suyos”, con quien comprometerse, sin fronteras políticas, nacionales, que les separen, poniendo de relieve su sensibilidad, espíritu de compromiso, emocionada hermandad.
Y ello a pesar de “El Estado Novo y la acción de sus representantes en la frontera”, como explican en el Capítulo IV. No hay que olvidar que “el comunismo constituía ante los ojos de Salazar ‘el mayor problema humano de todos los tiempos’” (pg. 161) y ahí estaba la Legión Portuguesa, creada en septiembre de 1936, para combatirlo. Era de esperar el apoyo del régimen portugués a los militares españoles sublevados, si bien a partir de 1937 “retrocede en su apoyo abierto a Franco, cediendo a las presiones de Inglaterra” (pg. 165). Aún así, las fuerzas desplegadas en la frontera (de la GNR, Guardia fiscal, la PSP y la terrible PVDE) se destinan a mantener no solo el orden interno sino también la vigilancia de frontera, si bien Dulce Simões nos va a mostrar rasgos de ayuda a refugiados por parte fundamentalmente de soldados y mandos de la Guardia fiscal que podrían resultarnos increíbles, de no avalarlos con documentos y testimonios orales de sobrevivientes.
Vuelve en el Capítulo V a centrarse de nuevo específicamente en la Raya. “La guerra en la frontera y los flujos de refugiados” -que es su título- nos desglosa los cuatro momentos de exilios masivos de refugiados españoles al territorio portugués: un primero en la última semana de julio de 1936; un segundo en la frontera de Caya a causa de la ocupación de Badajoz a mediados de agosto; un tercero también de ese mes, cuando los habitantes de Encinasola simpatizantes del golpe militar buscan refugio en Barrancos, siendo acogidos por las autoridades locales, y un cuarto también en la frontera de Barrancos, tras la ocupación de Oliva de la Frontera por los franquistas el 21 de septiembre de 1936 (pg. 225). Apunta las actuaciones en Elvas, en Campo Maior (que merecen también estudio profundo) y en especial Barrancos: “el caso más paradigmático será el protagonizado por el teniente António Augusto de Seixas, responsable del mando técnico de las operaciones de vigilancia y control de la frontera de Barrancos” (pg. 233), clave para la salvación de centenares de españoles, pues “según el Diari de Tarragona, desembarcaron 1.435 refugiados naturales de Extremadura (la gran mayoría)” (pg. 295), en lo que este teniente, como otros guardias y, en especial, la población de la localidad, fueron decisivos.
En el Capítulo VI reflexiona sobre los “Procesos de dominación y estrategias de resistencia”, analizando los métodos de subsistencia de una población fronteriza que sobrevive en medio de las dificultades, ganando el contrabando un particular protagonismo (pg. 333); “el estraperlo se convirtió en una forma de vida que afectaba a todas las relaciones sociales y la lucha por la comida exigía estrategias de resistencia para combatir el hambre” (pg. 353), algo que tras la guerra, en lo que llamamos ‘los años del hambre’, va a ser decisivo para la subsistencia.
Este objetivo, como indica en sus Conclusiones Dulce Simões, “unió a las poblaciones de Barrancos, Encinasola y Oliva de la Frontera a lo largo del tiempo, independientemente de la política de los estados ibéricos” (pg. 364). Y esos lazos de sostenido apoyo mutuo, de solidaridad, de compenetración y ayuda aún a riesgo de la integridad del “otro”, les llevó a la máxima entrega, al mayor desprendimiento en el terrible éxodo de 1936, que ha sido justamente reconocido con la concesión de la Medalla de Extremadura al pueblo de Barrancos en 2009.
Un importante aparato de fuentes y bibliografía, más un cuadernillo de Anexos, cierran el brillante trabajo de Dulce Simões, “investigación de referencia para lo acontecido en esta guerra en la frontera hispano-portuguesa”, como se destaca en la contraportada del volumen, publicado por la Diputación de Badajoz.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

lunes, 27 de mayo de 2013

FORTIFICACIONES EN LA RAYA SUR
MOISÉS CAYETANO ROSADO
El Plan de Arquitectura Defensiva de la Junta de Andalucía (PADA), ha editado en dos años sucesivos un par de publicaciones de alto interés, por lo que a las fortificaciones relacionadas con la frontera hispano-portuguesa en la zona sur se refiere.
En 2011 sacaba a la luz Guía de las fortificaciones abaluartadas del Bajo Guadiana (Itinerario cultural transfronterizo de la Raya de Huelva), firmada por Juan José Fondevilla Aparicio (Jefe del servicio de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura) y por Guillermo Duclós Bautista (arquitecto, responsable de importantes rehabilitaciones en la zona, que lleva el peso fundamental de la publicación).
En 2012 salía Fortificaciones bajomedievales de la Banda Gallega (Caracterización del itinerario cultural transfronterizo), del citado Juan José Fondevilla Aparicio, junto con Eduardo Romero Bomba (arqueólogo) y Timoteo Rivera Jiménez (geógrafo).
Ambos trabajos, de 83 y 95 páginas respectivamente, lujosamente impresos y con abundantes (y muy oportunas) ilustraciones, en formato apaisado y encuadernado con anillas -ofreciéndosenos como “libreta de trabajo”-, presentan sus textos en español, portugués e inglés, y tienen la misma metodología: un primer apartado justificativo de su importancia como itinerario cultural transfronterizo; un segundo, presentando su ubicación geográfica y cronológica; un tercero con desarrollo detallado en el contexto fronterizo, histórico y cultural; un cuarto, analizando el estado de la cuestión bibliográfica, de investigación y puesta en valor; un quinto, indicando sucintamente el conjunto, y por fin el último apartado -y más extenso- con el desarrollo descriptivo de los distintos enclaves defensivos.
Estos enclaves, para el caso de las fortificaciones abaluartadas, son (de sur a norte fronterizo onubense): baluarte de Las Angustias y hornabeque del Socorro, en Ayamonte; castillo de San Marcos y fuerte de San Jerónimo, en Sanlúcar de Guadiana; castillo-iglesia de Puebla de Guzmán; fuerte de Paymogo; muralla y torre de San Ginés, de Aroche; fuerte de San Juan y fuerte de San Felipe, en Encinasola. Estas seis localidades tienen enfrente su correspondiente portuguesa, que son respectivamente: Castro Marim, Alcoutim, Mértola (para Puebla de Guzmán y Paymogo), Serpa y Noudar (con Moura en retaguardia).
Para las bajomedievales -de proximidad a alejadas de la frontera-, al norte: Encinasola, Cumbres de San Bartolomé, Torres, Cumbres Mayores, Cala y Santa Olalla del Cala; algo más al sur: Aroche, Cortegana, Almonaster la Real, Aracena y Zufre. La “continuación” en Portugal la representan: Noudar frente a Encinasola, con Moura más atrás -como en el caso de las abaluartadas/artilladas-; Serpa en el “paralelo” de Aroche, y detrás Beja.
Estas importantes aportaciones para el conocimiento de las fortificaciones relacionadas con la Raya hispano-portuguesa, se vienen a unir con las cada vez más abundantes de otras latitudes de nuestra frontera, siendo muy profusa la bibliografía, cartografía y fotografías publicadas sobre todo del espacio extremeño-alentejano, así como del castellano/leonés-beiras portuguesas.
“Cruzar” las aportaciones de un lado y otro de la frontera y ofrecerlas en una misma publicación resulta conveniente para un mejor conocimiento de la necesidad de esas construcciones en el momento de su realización y evolución, así como para la oferta cultural y turística conjunta, como se viene haciendo en los casos de la Raya Central y de Extremadura/Alentejo.

En tanto, bienvenidas sean estas dos publicaciones que nos acercan a un espacio muchas veces contemplado deficientemente, cuando hablamos de fortificaciones de la frontera entre España y Portugal.