FRONTERA Y
GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
Autora: Dulce Simões. Prólogo de
Francisco Espinosa. Traducción de Susana Gil Linás.
Edita: Departamento de Publicaciones.
Diputación de Badajoz, 2013. 400 páginas.
Dulce Simões es una antropóloga entregada al
estudio de la frontera apasionadamente. Fruto de ello fue su libro “Barrancos
en la encrucijada de la Guerra Civil española”, publicado hace seis años en
España y Portugal. Ahora nos da este extenso trabajo, “Frontera y Guerra Civil
española. Dominación, resistencia y usos de la memoria”, que constituye su
tesis doctoral por la Universidad Nova de Lisboa.
El historiador Francisco Espinosa ya nos
adelanta en el prólogo que “la clave de la obra, sin duda, es la palabra
solidaridad” (pg. 17), y esa solidaridad queda ejemplificada a lo largo de toda
la obra, llegando en algunos momentos en que recoge testimonios orales a tomar
una fuerza que emociona. Yo creo, desde luego, que Dulce Simões se ha empeñado
fundamentalmente en eso: mostrar la solidaridad de la gente sencilla, la que
hace historia cotidiana, la que en circunstancias difíciles se juega su
tranquilidad, su vida, para ayudar al semejante, al “igual”, en momentos de
miseria, de crueldad, de peligro.
En un capítulo introductorio analiza el ‘estado
de la cuestión’, destacando el papel pionero “en este estudio” de la
historiadora Iva Delgado y la importancia de César Oliveira en resaltar la
participación de Portugal en el conflicto vecino y la ayuda oficial al éxito de
la sublevación militar (pg. 25).
En el Capítulo I pone en valor “el movimiento
social por la recuperación de la memoria histórica en España” insertado “en el
proceso de dignificación, reparación, derecho a la justicia y reconocimiento
social y político de los vencidos” (pg 43), conjugando el trabajo de campo y el
archivos, en un encaje muy bien articulado.
Ya en el
Capítulo II entra en el estudio de “La frontera: territorio y relaciones
fronterizas”, analizando las similitudes históricas de un lado y otro de la
Raya/Raia, desde la influencia árabe, la reconquista y repoblación cristiana,
los desencuentros bélicos, la política socio-económica, la necesaria
subsistencia de la práctica del contrabando y esa sangría migratoria de los
años sesenta del pasado siglo (pg. 63): caras similares, prácticamente iguales
a un lado y otro del espejo rayano, lo que conformó inquebrantables lazos de amistad,
parentesco y apoyo.
Es el Capítulo III aún más concreto, pues
estudia “La sociedad barranqueña: los ricos, los pobres y los demás”, mostrando
“una sociedad altamente estratificada” (pg. 101), que no difiere en sus usos y
costumbres de los de sus vecinos extremeños y andaluces, donde los más débiles
tienen que sobrevivir en un medio hostil “a través de redes de complicidad y de
solidaridad bajo formas ocultas, las ‘armas de los débiles’” (pg. 119). Débiles
que van a saber muy bien quiénes son los “suyos”, con quien comprometerse, sin
fronteras políticas, nacionales, que les separen, poniendo de relieve su
sensibilidad, espíritu de compromiso, emocionada hermandad.
Y ello a pesar de “El Estado Novo y la acción
de sus representantes en la frontera”, como explican en el Capítulo IV. No hay
que olvidar que “el comunismo constituía ante los ojos de Salazar ‘el mayor
problema humano de todos los tiempos’” (pg. 161) y ahí estaba la Legión
Portuguesa, creada en septiembre de 1936, para combatirlo. Era de esperar el
apoyo del régimen portugués a los militares españoles sublevados, si bien a
partir de 1937 “retrocede en su apoyo abierto a Franco, cediendo a las
presiones de Inglaterra” (pg. 165). Aún así, las fuerzas desplegadas en la
frontera (de la GNR, Guardia fiscal, la PSP y la terrible PVDE) se destinan a
mantener no solo el orden interno sino también la vigilancia de frontera, si
bien Dulce Simões nos va a mostrar rasgos de ayuda a refugiados por parte
fundamentalmente de soldados y mandos de la Guardia fiscal que podrían
resultarnos increíbles, de no avalarlos con documentos y testimonios orales de
sobrevivientes.
Vuelve en el Capítulo V a centrarse de nuevo
específicamente en la Raya. “La guerra en la frontera y los flujos de
refugiados” -que es su título- nos desglosa los cuatro momentos de exilios
masivos de refugiados españoles al territorio portugués: un primero en la
última semana de julio de 1936; un segundo en la frontera de Caya a causa de la
ocupación de Badajoz a mediados de agosto; un tercero también de ese mes,
cuando los habitantes de Encinasola simpatizantes del golpe militar buscan
refugio en Barrancos, siendo acogidos por las autoridades locales, y un cuarto
también en la frontera de Barrancos, tras la ocupación de Oliva de la Frontera
por los franquistas el 21 de septiembre de 1936 (pg. 225). Apunta las
actuaciones en Elvas, en Campo Maior (que merecen también estudio profundo) y
en especial Barrancos: “el caso más paradigmático será el protagonizado por el
teniente António Augusto de Seixas, responsable del mando técnico de las
operaciones de vigilancia y control de la frontera de Barrancos” (pg. 233),
clave para la salvación de centenares de españoles, pues “según el Diari de Tarragona, desembarcaron 1.435
refugiados naturales de Extremadura (la gran mayoría)” (pg. 295), en lo que
este teniente, como otros guardias y, en especial, la población de la
localidad, fueron decisivos.
En el Capítulo VI reflexiona sobre los
“Procesos de dominación y estrategias de resistencia”, analizando los métodos
de subsistencia de una población fronteriza que sobrevive en medio de las
dificultades, ganando el contrabando un particular protagonismo (pg. 333); “el estraperlo se convirtió en una forma de
vida que afectaba a todas las relaciones sociales y la lucha por la comida
exigía estrategias de resistencia para combatir el hambre” (pg. 353), algo que
tras la guerra, en lo que llamamos ‘los años del hambre’, va a ser decisivo
para la subsistencia.
Este objetivo, como indica en sus Conclusiones
Dulce Simões, “unió a las poblaciones de Barrancos, Encinasola y Oliva de la
Frontera a lo largo del tiempo, independientemente de la política de los
estados ibéricos” (pg. 364). Y esos lazos de sostenido apoyo mutuo, de
solidaridad, de compenetración y ayuda aún a riesgo de la integridad del
“otro”, les llevó a la máxima entrega, al mayor desprendimiento en el terrible
éxodo de 1936, que ha sido justamente reconocido con la concesión de la Medalla
de Extremadura al pueblo de Barrancos en 2009.
Un importante aparato de fuentes y
bibliografía, más un cuadernillo de Anexos, cierran el brillante trabajo de
Dulce Simões, “investigación de referencia para lo acontecido en esta guerra en
la frontera hispano-portuguesa”, como se destaca en la contraportada del
volumen, publicado por la Diputación de Badajoz.
MOISÉS
CAYETANO ROSADO