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martes, 5 de noviembre de 2019


SICILIA: LA PRESENCIA DEL ETNA Y EL REPASO A LA HISTORIA Y EL ARTE MEDITERRÁNEO
 
Moisés Cayetano Rosado

Vas a Sicilia y lo primero que se te hace presente, omnipresente, es el volcán Etna, que parece como si estuviese constantemente fumando una gran pipa inacabable.
Desde el avión crees que es una nube blanca que se alza al cielo, pero es el desahogo eterno del volcán, que a veces se enfurece y es un dragón de fuego.
Ya estamos en Catania, donde sorprende el barroquismo de su Catedral, de su Universidad, de sus grandes palacios, magníficos restos del anfiteatro romano… y el popular mercado en que las voces atronadoras de los pescaderos envuelven la belleza multicolor de peces y mariscos.
Solo los hombres venden; solo los hombres compran. Y es que dicen que “las mujeres se llevan lo superfluo” y “malgastan”. ¡Ese machismo mediterráneo del que aún se hace gala…!
Otro día, desde ese extremo centro oriental de la Isla, nos internamos hacia el noroeste hacia el Etna. Viaje por curvas y subida en autobús, al que reemplaza a continuación el teleférico y más arriba potentes vehículos 4x4, que desafían las pendientes y las curvas más curvadas que uno pueda coleccionar.
Y allí, el volcán, que son los volcanes, porque los cráteres del Etna son múltiples, y los picos y simas se suceden a un lado y otro de la elevación principal de 3.342 metros, entre la negrura de las leves piedras quemadas, muchas calientes y humeantes cuando abres un pequeño agujero en el suelo con las manos.
Bajando la falda del conjunto volcánico, nos acercamos hacia el este, un poco más al norte, a Taormina. Nueva belleza de paisaje hacia el interior y hacia el mar, que culmina con el portentoso teatro Greco-Romano de la población, desde cuyo graderío se nos ofrece la costa recortada, el mar inmenso, el verdor añorado más atrás en las quemadas tierras-piedras del Etna.
Así, desde las entrañas de la tierra hemos pasado a las entrañas de nuestra civilización mediterránea, en un día de contrastes y belleza, que habremos de completar con una buena “reposición” a base de pescados y mariscos de la zona, generosa en ellos.
Una asombrosa jornada nos esperará otro día, con la visita a la Villa Romana del Casale, ya casi al centro de la Isla. Los corrimientos de tierra preservaron del expolio y la ruina lo que es la más asombrosa colección de mosaicos romanos del mundo, donde la “mundanidad” representada en las escenas de la vida cotidiana se abrillanta con la habilidad artística de figuras, combinaciones de colores, movimiento y viveza que nos atestiguan el “buen vivir” de los poderosos… como siempre.
Merece subir al norte, una vez más a la costa, y visitar la deliciosa Cefalú, antigua plaza cartaginesa, de catedral normanda y mosaicos bizantinos, donde la figura de “Cristo Pantocrátor” (que se repetirá con igual mérito en otras iglesias y catedrales sicilianas) es una de las más impactantes que nos sea dado contemplar.
Y ya, a Palermo, la capital. ¡Qué decir de sus palacios (fuera de lo común el de los Normandos, con su Capilla Palatina, de gran derroche de mosaicos bizantinos. a cuya entrada se recuerda el destino de receptores de refugiados e inmigrantes, tan rechazados por las autoridades y apoyados tantas veces por una población que sabe bien de los sufrimientos de las partidas forzadas, porque la historia se las hizo vivir bastantes veces!
Resulta necesario acercarse a Monreale: ¡qué Pantocrátor, con sus dorados y azules increíbles!, en su Catedral árabe-normanda. Seguramente en mosaicos bizantinos no tenga rival.
Y de nuevo en Palermo, sus calles, sus palacios, sus iglesias, sus curiosos teatros de marionetas (Ópera dei Pupi), de extraordinario colorido, maestría en la ejecución de los movimientos hábilmente llevados entre bambalinas, historias de caballeros, damas y dragones, con sabor medieval, revivido en estos tiempos. A  pesar de nuestra “alta tecnología”, siguen subyugándonos con su ingenuidad y gracia.
De Palermo a Segesta, nos lleva el aliciente de contemplar su magnífico Templo Dórico, cuya singularidad lo hace más majestuoso. Enseguida en Érice y Trápani, ya en el extremo noroccidental de Sicilia, nos cautivará su caserío, su preservado urbanismo medieval, sus vistas al mar, su sosiego vital, que iremos contemplando en pueblos y pequeñas ciudades costeras y del interior.
Llegaremos, en el suroeste, a Agrigento, donde nos espera el admirable “Valle de los Templos”. Una especie de “torres vigías” rodeando a la populosa y desaparecida ciudad griega, de las que se preservan como una docena de restos significativos, entre los que destacan el Templo de Júpiter Olímpico y el Templo de la Concordia. ¡Cuesta un poco dejar atrás este conjunto armonioso de templos dóricos, uno de los cuales serviría a la UNESCO como símbolo de las ciudades, sitios y conjuntos declarados “Patrimonio de la Humanidad”!
Carretera adelante, un testimonio sobrecogedor de las miserias de las guerras: varios bunkers de la Segunda Guerra Mundial, testimoniando la desgracia de unos tiempos que esperemos no se vuelvan a repetir, siendo estas moles “aviso a navegantes”.
Continuamos nuestra visita “circular”, siguiendo al sureste, hacia Ragusa: ciudad barroca por excelencia, todo iglesias y palacios alternándose, como rivalizando en presencia y porte ostentoso, ornamental hasta la saciedad en fachadas, puertas, balconadas…
Un poco más adelante, la ciudad de Noto. Otra vez una catedral digna de admiración, donde encontramos testimonios desgarradores de lo que es la emigración a la desesperada en barcazas sin consistencia de miles de refugiados y emigrantes que huyen del horror, desde el norte de África. Aquí, con los maderos y otros restos de las embarcaciones, los artistas han levantado esculturas que sobrecogen, como una cruz formada por restos de uno de los múltiples naufragios.
Y finalmente, torciendo ligeramente al noreste, Siracusa, un mundo de sorpresas, tesoros y belleza. Su Catedral, en el barrio portuario de Ortigia, aprovecha en sus muros -empotradas- magníficas columnas de un anterior templo dórico (¡siempre el dórico en Sicilia!).
Su Museo Arqueológico es una tentación: se pasaría uno en él horas y horas, ante las espléndidas colecciones que comienzan con restos fósiles y estudios geomorfológicos, y va recorriendo la prehistoria, la historia antigua y medieval de la isla, clasificando los hallazgos por yacimientos, de cada uno de los cuales se nos muestra su estratigrafía civilizatoria de manera pormenorizada.
¿Para cuánto da Sicilia? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Un mes? ¡Más siempre, porque su admirable legado físico, geológico, arqueológico, arquitectónico, urbano, artístico en general, gastronómico no tiene rival! ¡Y encima, la “guinda” incomparable del volcán!

lunes, 28 de octubre de 2019


EXILIADOS Y REFUGIADOS: NUESTRA HISTORIA OLVIDADA

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia 
Ahora que una vez más se intensifica el drama de los refugiados por todo el mundo, no estará de más rememorar lo que a veces se esconde en los rincones del olvido. Aquello que  se vivió en el pasado de enfrentamiento civil y militar, del que guardamos una memoria confrontada: desplazamientos, refugio, exilio, huyendo de las represiones y la muerte.
En la Revista Transfronteriza “O Pelourinho”, que llevamos 25 años editando, bajo el patrocinio de la Diputación de Badajoz, publicábamos en 2018 un monográfico sobre “exilio, emigración y represión”, en que dábamos cuenta de nuestra tragedia de la Guerra Civil. Señalábamos la dureza en la desesperada huida de cerca de medio millón de españoles, mayoritariamente a través de los Pirineos, cuando la guerra estaba perdida para los republicanos.
Una de esas víctimas, Carlos Velo, lo narra así en el libro de Francisco Caudet “El exilio republicano de 1939”: “A patadas, a empellones, a culatazos, nos arrebañaron en una playa. Gente hambrienta, aterrorizada, liquidada toda esperanza./…/ Dormitábamos, que era estado permanente; esperar, sin esperar nada de nada. Y oímos de pronto un magnavoz. Salimos poco a poco. ¿Y sabes lo que estaba diciendo? Estaba diciendo: ‘¡Republicanos españoles: Lázaro Cárdenas, presidente de México, en nombre de su gobierno y de todos los mexicanos, les anuncia: México está abierto para ustedes; es su casa, será su nueva patria’. Hablaba de un barco que llegaría  de un momento a otro, de libertad, de pan, de respeto, de futuro”.
Fue decisivo para acelerar el proceso el informe del diplomático mexicano Isidro Fabela, enviado por el presidente Cárdenas, en el que señalaba al hablar del Campo de Concentración de Refugiados de Argelés: “Esta enorme avalancha humana de 100.000 personas quedó instalada frente al mar, sin otro límite que la playa y una cerca de alambre con púas fijadas en una extensión de dos kilómetros y medio de largo por uno y medio de ancho. Sin una tienda de campaña, ni una barraca, ni un cobertizo, ni un muro, ni una hondonada, ni una colina; ni tampoco árboles, arbustos ni piedras. Ni fuego para contrarrestar el frío invernal, ni un techo que les resguardara del cierzo, ni una pared que les defendiera de los aires marinos. Todos los días había muertos de frío y de hambre”.
Sí, sería especialmente México quien acogiera de forma definitiva a miles de exiliados españoles, que habían perdido la esperanza de un retorno más o menos cercano, tras refugiarse en un principio en Francia, Norte de África y la Raya con Portugal.
Precisamente de esto, de los republicanos “fronterizos” con el país vecino, tratará el próximo número de “O Pelourinho”, previsto para mediados de 2020. Ya en el anterior número aludido, la antropóloga Dulce Simões, escribía este adelanto: “O primeiro grande fluxo ocorreu na última semana de Julho de 1936, quando centenas de carabineiros e milicianos republicanos que haviam resistido às forças revoltosas de Pontevedra, Ourense, Tuy e Vigo procuraram refúgio no norte de Portugal. O segundo fluxo na fronteira do Caia, provocado pelos bombardeamentos e ocupação da cidade de Badajoz. O terceiro verificou-se a 12 de Agosto, quando os habitantes de Encinasola afetos ao golpe militar procuraram refúgio na vila vizinha de Barrancos, e foram acolhidos pelas autoridades locais. O ultimo êxodo registou-se na fronteira de Barrancos, nas margens do rio Ardila que serve de linha divisória entre Portugal e Espanha, após a ocupação da vila raiana de Oliva de la Frontera (Badajoz), a 21 de Setembro de 1936”.
El Portugal salazarista era muy poco receptivo a estos refugiados. Alrededor de 1.500 serían embarcados en octubre de 1936 con destino a la republicana Tarragona, procedentes de Extremadura, Andalucía y Galicia. Otros quedaron “escondidos”, viviendo cercanos a la frontera, e incluso en otros puntos de la geografía portuguesa, gracias a la solidaridad del pueblo vecino. Solidaridad que ha estudiado Dulce Simões con respecto al caso de Barrancos (que volverá a tratar), pero que en la publicación que estamos preparando nos expondrán para otros puntos geográficos Luis Cunha y Rui Rosado Vieira (caso de Campo Maior), Moisés Alexandre Antunes Lopes y Jacinto César (Elvas), Maria Fernanda Sande Candeias (que ha estudiado en general a refugiados en Alentejo), Bruno Sampaio Lobo (Figueira de Foz), Carolina Henriques Pereira (Caldas da Rainha), Jorge Fernandes Alves y Ángel Rodríguez Gallardo (con respecto a Galicia), y Paula Godinho, Manuel Loff, Fábio Faria, entre otros, sobre todo el proceso.
Lo había anticipado el mismo 13 de agosto de 1936 el periodista  Mário Neves en el “Diario de Lisboa”: “Os funcionarios do posto de Caia abriram uma subscrição entre os oficiais e outras pessoas presentes para matar a fome a os filhinhos dos emigrados”. ¡Historia de solidaridad que hoy más que nunca deberemos recordar!


En tanto se publicaba este texto en el Periódico HOY de Extremadura, visitando Sicilia, me encontré con estos dos testimonios escultóricos en la Capilla Palatina de Palermo y  en la catedral de Noto.
El primero, presentando un desembarco de africanos, tan frecuentes en la isla. Muy expresivo tanto por el monolitismo de los que están en tierra como por la esperanza actitud de los que desembarcan o están en la cubierta, de donde se disponen a bajar.
El otro encierra la tragedia de los naufragios, con el terrible añadido de que está construido con restos de maderas e hierros pertenecientes a una barcaza destruida en el mar: se conserva en el interior de la Catedral de Noto: dolor y esperanza, como dice el texto que acompaña a esta escultura de Elia Li Gioi.

jueves, 4 de mayo de 2017

LA ESCUELA DANDO EJEMPLO
¡Cuántas veces la Escuela, en medio de tanta miseria y miserables, nos viene dando ejemplo! La Escuela, con sus alumnos y profesores afanados en la cultura cálida y de calidad, profunda y solidaria, artística y creativa, investigando en todas nuestras potencialidades humanas y buscando en los rastros de la historia la explicación de un presente que hemos de mejorar para el futuro.
Y así, asistimos el 3 de mayo, gozándolo, a un espectáculo de extraordinario valor por lo que supone de esfuerzo colectivo, de ilusión compartida, de trabajo que universaliza todas las habilidades físicas e intelectuales, con resultados de verdadera garra formativa. Asistimos, sí, en el Teatro Romano de Mérida a una representación multicoral del “Mito del Vellocino de Oro” enredado con la situación actual  de refugiados y emigrantes que buscan en Europa el pan y la paz.
¿Y quiénes son los protagonistas de este espectáculo lleno de dinamismo, danzas asombrosas, música oportuna, discursos sobrecogedores, paralelismos convincentes? Pues decenas, centenares de alumnas y alumnos de Educación Primaria de distintos Centros Educativos de Mérida, dirigidos extraordinariamente por su profesorado, con colaboración entusiasmada y eficaz de sus familias, y coordinados por Manuela Honrado, que ha escrito la adaptación y dirigido el espectáculo con un acierto encomiable.
Una hora que se pasó volando, que no tuvo ni siquiera un minuto de bajón. Siempre arriba en tensión, exaltación, lucha, alegría de vivir, que las niñas y niños transmitían de forma sumamente emotiva y convincente. ¡Cuánto artista de la palabra, la danza, el movimiento, la expresión verbal y corporal, la luz y la alegría!
¡Ah! ¿Y el vestuario variado, tan lleno de formas y colores, lujoso, brillante, electrizante? Pues abrumadoramente de materiales reciclados, en especial papel, cartón y plásticos ingeniosamente combinados.
Gran lección de trabajo compartido, lleno de contenido de y concienciación, altamente educativo para los que lo protagonizaron y para los padres, abuelos (ese es mi caso, con mi nieta Sara en el escenario y mi otra nieta, Alicia, en las gradas), amigos, compañeros, vecinos de esta ciudad acogedora y entrañable que resulta ser, siempre, Mérida.

Moisés Cayetano Rosado

jueves, 3 de noviembre de 2016

LA PARADÓGICA ATENCIÓN A LOS REFUGIADOS

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

Sabemos mucho en España y en nuestra vecina Portugal de refugiados, de expulsiones, de huidas por el peligro para nuestra integridad. Los Reyes Católicos firman el decreto de expulsión de los judíos en 1492, tras que la Inquisición llevara tiempo actuando drásticamente contra ellos. D. Manuel de Portugal lo haría en 1496, en medio de cruentas represiones. Van a ser los territorios del norte de África y del Este del Mediterráneo quienes acojan en su diáspora a esta importante y emprendedora población.
Entre 1609 y 1613 será Felipe III quien eche de la Monarquía Hispánica a los moriscos. Nuevamente el norte de África y también el oeste europeo acogerán a la población desterrada, que supuso una enorme pérdida demográfica y productiva para España, sumada a la grave decisión anterior, tan lesiva para el desenvolvimiento y la prosperidad peninsular.
Las penalidades de judíos y moriscos en la Edad Moderna son bien conocidas por la amplia documentación divulgada en múltiples estudios publicados, que nos hacen ver lo ruin y ruinoso de unas decisiones tan injustas y traumáticas, tan crueles, tan desesperantes para las víctimas, que en su nuevo destino hubieron de abrirse camino  entre la desconfianza, la hostilidad, el menosprecio.
Pero esta violencia, las expulsiones y dificultades de refugio, no son exclusiva del choque por diferencia étnica o de creencias religiosas y de mentalidades. La doctora Emília Salvado Borges nos muestra en su documentadísima obra “A Guerra de Restauração no Baixo Alentejo (1640-1668)”, publicado por la lisboeta Edições Colibrí en diciembre de 2015, cómo en Moura se refugiaron  habitantes de aldeas cercanas de su propio término municipal (Póvoa y Amareleja) con las pocas cabezas de ganado ovino y caprino que les quedaban después de ser sistemáticamente robados por los vecinos enemigos españoles; participaban en las guardias y alarmas, pagando los mismos impuestos que los de allí, pero no les era permitido llevar sus rebaños a los pastos comunales, siendo multados por el poder municipal. También nos presenta casos de maltratos en la comarca de Beja a ganados y pastores alentejanos huidos de la primera línea de frontera, tildándolos de egoísmo y falta de solidaridad.
Dando un salto en el tiempo, vemos cómo los exiliados de la Guerra Civil española, a partir de 1939, atraviesan los Pirineos o el Estrecho de Gibraltar, encontrándose con las terribles alambradas de los campos de refugiados en playas sin abrigo y arenas de desierto. Campos de concentración y desesperación, de los que algunos republicanos optan por retornar a España, incluso sabiendo que les esperaba la implacable represión de los vencedores, “prefiriendo la cárcel e incluso la muerte”, como señala el catedrático de Historia Juan B. Vilar en “La España del exilio” (Editorial Síntesis, 2006 y 2012).
Después, los republicanos que logran llegar a México -gracias fundamentalmente al empeño personal del Presidente Lázaro Cárdenas-, sufrirán el rechazo no solo de buena parte de la población nativa, desconfiada de los “nuevos invasores”, sino -como escribe el poeta León Felipe en su desgarrador poemario “El español del éxodo y del llanto”- de “los viejos gachupines de América,/ los españoles del éxodo de ayer/…/ y ahora… nuevos ricos”.
¿Cómo extrañarse, entonces, de esta nueva, repetida, trágica avalancha de refugiados que vienen de las guerras de África, de las masacres de Oriente Medio, del juego de poderes mundiales que se libra en Siria, y ante la que se blinda Europa en las fronteras calientes del Mediterráneo?
Sin embargo, no todo es desesperanzador. No todo insolidaridad, egoísmo sin medida. Ahora publica Edições Colibrí en Portugal el libro de Dulce Simões “A Guerra de Espanha na Raia Luso-Espanhola” (al que antecedió su versión española, editado en 2013 por la Diputación de Badajoz, así como otro específico sobre Barrancos, población crucial en los sucesos, igualmente en español y en portugués). En él expone la fraternal acogida especialmente del Baixo Alentejo para con los huidos desde los pueblos limítrofes del norte de la provincia de Huelva y el sur de la de Badajoz: recibieron refugio, alimentación, abrigo… de la gente sencilla, trabajadora, así como del propio teniente de la Guardia Fiscal, António Augusto de Seixas, al mando en la zona, que improvisó campos de refugiados bajo su responsabilidad, y ello a pesar de la connivencia de la Dictadura portuguesa de Salazar con el ejército sublevado contra la República española.

Dos caras de la misma moneda: la actitud y acción humana frente a la adversidad del que se hunde en el espanto. Desoladora en los casos relatados en distintos momentos de la historia. “A luta desesperada das comunidades pela sobrevivencia, mas também o egoísmo e a falta de solidaridade”, que denuncia la citada Emília Salvado Borges. Pero esperanzada en esta “raya de luz” mostrada por Dulce Simões en “Frontera y Guerra Civil española”, que “unió a las poblaciones de Barrancos, Encinasola y Oliva de la Frontera a lo largo del tiempo independientemente de la política de los estados ibéricos” (pg. 364, en la edición de 2013). ¡Obligada lectura para todos y en especial para los que tienen en sus manos la responsabilidad directa de los actuales refugiados que mueren en el mar y entre las alambradas que se les ponen en nuestros territorios!

jueves, 21 de abril de 2016

REFUGIADOS, EL MUNDO DEL DOLOR Y DE LA INCOMPRENSIÓN

Moisés Cayetano Rosado
Doctor en Geografía e Historia

En el tomo III de 2007 de la Revista de Estudios Extremeños publiqué un extenso trabajo sobre el exilio extremeño en México, en colaboración con el dirigente socialista y sindicalista Antonio Rodríguez Rosa, exiliado en aquel país, tras la Guerra Civil española de 1936-39.
Por los testimonios de este histórico republicano, los otros muchos que recogí entonces y la bibliografía y documentación que consulté, pude palpar el dolor de aquellos refugiados, huidos a través de la frontera con Portugal, el norte de África y, principalmente, por los Pirineos hacia Francia.
¿Qué les esperaba en las tierras de “acogida”? En el Portugal salazarista de entonces, la más que probable devolución a la España franquista. En el norte de África dominada por Francia y en este mismo país vecino (a donde se dirigió casi el 90 % de los más de 500.000 exiliados), las condiciones más penosas de miseria, incomprensión y dolor.
Isidro Fabela, diplomático mexicano, denunciaba en un extenso informe de 1939: “En Argelès (sur de Francia) se concentraron aproximadamente 100.000 hombres. Esta enorme avalancha humana quedó instalada frente al mar, sin otro límite que la playa y una cerca de alambre con púas fijadas en una extensión de dos kilómetros y medio de largo por uno y medio de ancho”.
Refugiados españoles en el campo de internamiento de Argelés-Sur-Mer
Tampoco la posterior acogida en Rusia y en México, así como otros países latinoamericano,s fue un “camino de rosas”, sino que al sufrimiento del desarraigo, la separación familiar, la pérdida de seres queridos en la guerra… se unió la falta de comprensión y solidaridad incluso de gente cercana en los lugares de acogida. El gran poeta exiliado León Felipe lo retrata en unos versos desgarrados: “los españoles del éxodo de ayer/ que hace cincuenta años/ huisteis de aquella patria vieja para no servir al Rey/ y por no arar el feudo de un señor…/ y ahora… nuevos ricos,/ queréis hacer la patria nueva/ con lo mismo,/ con lo mismo/ que ayer os expatrió”.
Esa es la historia de la gente sencilla, que sufre la ignominia y ha de huir hacia un destino inseguro donde no se les quiere, y que ahora contemplamos en aquellos que nos llegan desde distintos territorios de África en conflicto tras el abandono de las potencias coloniales de Occidente; de las naciones del Oriente Próximo, que han tenido la “mala suerte” de estar geoestratégicamente situados en un lugar excepcional y además tienen codiciadas reservas de petróleo…
Nuestros campos de internamiento, nuestras “alambradas” están situadas en los bordes del conflicto: Grecia, Croacia, Eslovenia, Turquía… que han de hacer de “muro de contención”, de escenario donde se representa el espectáculo trágico de la deshumanización.
Los gobiernos de Occidente (que tanta responsabilidad tienen en la inestabilidad de estos territorios) discuten qué hacer con tal cantidad de refugiados, en tanto los empujan al abismo. Y así, asistimos a diario a las escenas más brutales de contención de masas humanas desesperadas, concentración en zonas insalubres, cargas policiales contra los más desesperados, desolación y muerte de inocentes, entre los que los niños se están llevando la peor parte.

Ahora como entonces, como siempre. Las lecciones que nos da el pasado sirven de poco, de nada incluso, porque por encima de cualquier otra consideración va primando -en los que todo lo manejan y dirigen- el egoísmo, la más inhumana insolidaridad. Decimos muchas veces: “hay que conocer los errores de la historia, para no repetirlos”; pero parece que conocemos los errores de la historia para empeñarnos en profundizar aún más en los terribles despropósitos que tanto -al estudiarla- nos asombran.

domingo, 20 de marzo de 2016

ESTABA ARDIENDO EL MUNDO
En el 6º Festival Internacional de Poesía y Arte (ver: http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2016/03/grito-demujer-asisto-al-6festival.html) presenté un poema recién escrito basado en los tremendos acontecimientos que nos están tocando vivir de guerra y exilio, con las horribles consecuencias de dolor e insolidaridad para con los que buscan un refugio, habiendo perdido su acomodo, familiares, amigos, casa y tierra, ¡todo!
Y me acordé -puesto que dedicábamos el Festival al Grito de Mujer- de aquel tremendo cuadro de Picasso, el Guernica, donde una mujer sostiene en brazos a un niño muerto, mientras levantan su cabeza, dislocado el rostro en un grito de dolor. Y me acordé también del extraordinario soneto de Antonio Machado, dedicado a la muerte del niño herido, que velaba su madre en una noche de brutales bombardeos; el chico deliraba, devorado por la fiebre (“¡Oh!, flor de fuego”, exclama, grita, la madre, preguntándose a la vez: “¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime?”), acabando muerto, mientras “el cristal del balcón repiquetea” (http://www.camino-latino.com/spip.php?article164).
Luego, sí, el exilio de aquella Guerra Civil, tan incivil. Las penalidades de un éxodo mal recibido entonces, como el de estos momentos. El sufrimiento de tantos afectados, entre los que la mujer habría de padecer aún más -en sus carnes, en su integridad, en su dignidad- la cruel vampirización de los que dijeron ser -¡como ahora otra vez!- los “salvadores”.
Vayan, por ello, los versos que ahora siguen.

Me he levantado esta mañana
y estaba ardiendo el mundo.
El fuego consumía las casas y las calles;
arrasaba los campos.
Era como una ola gigantesca;
era como un tsunami
que todo lo devora.
Un tsunami de llamas,
 de calor espantoso,
de lenguas retorcidas, brillantes,
crines enloquecidas que gritaban
como si fueran bocas en su último aliento.
Estaba ardiendo el mundo
y la gran muchedumbre, débil y desvalida,
hacía por apagarlo
con sus tristes escobas de tamujo,
que se ponían a arder también
al mínimo contacto.
El monstruo gigantesco bailaba
retorcía su figura, crepitando,
y unos cuantos vampiros resoplaban
para avivar las llamas,
ganando la partida.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

miércoles, 23 de septiembre de 2015

FOTOS DE VÍCTIMAS INFANTILES QUE CONVULSIONAN LA CONCIENCIA COLECTIVA

Moisés Cayetano Rosado 
Es claro que el mensaje emotivo es el que mueve fundamentalmente las conciencias. Y también que una buena imagen cala más profundamente que mil frases sesudas.
Por mucho que tratemos de razonar situaciones, causas y consecuencias, nunca llegaremos donde puede hacerlo un párrafo que se nos clava por su carga emocional como si fuera un estilete. Y menos si se trata de una fotografía que se traduce en nuestro cerebro como la frase contundente que nos convulsiona hasta noquearnos por completo.
Ahora, cuando vemos la imagen del niño sirio de tres años ahogado en la costa de Turquía, contemplamos a un mundo que se rinde a la evidencia de la calamidad más terrorífica: los huidos, los que buscan refugio, ante una guerra horrible de la que son víctimas absolutas, sin ninguna culpa por su parte. Culpa que otros sí han de buscar en medio de sus intereses estratégicos, económicos, armamentísticos, de obsesión por el control del mundo.
Puede que esta instantánea pase a la historia como la más significativa de las calamidades de esta segunda década del siglo XXI.
Y si hacemos un recordatorio, repasamos el último medio siglo, podemos traer a la memoria una imagen que puede definir el sufrimiento de cada década.
Así, de los años setenta, ¿quién no recuerda a “la niña del Napalm”, en 1972, de la Guerra del Vietnam. El ataque survietnamita a un pueblo cerca de Ho Chi Minh, coordinado con el mando estadounidense, ocasionó un fuego de 1.200 grados que afectó a una población civil totalmente indefensa. Y la foto de la niña desnuda, junto a otros niños huyendo del infierno, removió las conciencias e influyó más que cualquier razonamiento estructurado en el fin del conflicto.
En los años ochenta, aquella niña colombiana con el agua al cuello, víctima de la erupción del volcán Nevado del Ruiz de 1985, agonizando casi tres días, nos sobrecogió más que cualquiera de las 25.000 víctimas que hubo, y asistimos atónitos a sus reflexiones increíblemente maduras transmitidas por la televisión en directo, descubriéndonos como nadie la magnitud de las catástrofes naturales.
Ya en los noventa, ¿quién no recuerda al niño sudanés, aparentemente agonizante, de 1993, con un ave carroñera detrás, como esperando su hora de actuar, aunque después se pusiera en cuestión las circunstancias de la foto: nos impactó como pocos informes la miseria, el hambre, el abandono sufrido por los pueblos colonizados, saqueados, abandonados, de África.
Y en la primera década de este siglo actual, en el año 2000, esa instantánea del niño palestino asesinado por los israelíes (que tanto se han esforzado por decir que siguió vivo), con su padre intentando vanamente protegerlo, delante de una pared-paredón, de saliente que no les resguardaba, ¿no es el icono de una crueldad y saña que nos llenó de rabia y de dolor?

Estos iconos valen más que todos los informes, estudios, tesis, sobre el sufrimiento, el martirio de inocentes, la sinrazón, el egoísmo y las fuerzas todopoderosas, naturales o humanas, confabuladas contra la vida y la justicia. Lo importante, ahora y siempre, es que sirvan para evitar las causas, aunque también puedan ayudar a solidarizarse a posteriori y paliar en lo posible sus tremendos efectos destructivos.

domingo, 6 de septiembre de 2015

DE AQUELLOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS

Moisés Cayetano Rosado
La Cumbre de las Azores -reunión mantenida en las islas de este nombre el 16 de marzo de 2003 por los presidentes de Estados Unidos (George W. Bush), Reino Unido (Tony Blair), España (José María Aznar) y Portugal (José Manuel Durão Barroso)- llevó a la invasión de Irak el 20 de marzo de 2003, tras  lanzar un ultimátum de 24 horas al régimen iraquí encabezado por Saddam Hussein para su desarme.
Pero nunca se demostró la existencia en el territorio iraquí de armas químicas de destrucción masiva, principal argumento que se esgrimió para la declaración de guerra. Ni se llegó a la solución del conflicto árabe-israelí, que se esgrimió como argumento de “beneficios añadidos”.
La estrategia geopolítica de Estados Unidos, sus grandes intereses económicos petroleros en la zona y el campo de pruebas real para la industria militar estadounidense sí que estaban detrás de todo el “teatro de operaciones y argumentaciones”. Como lo ha estado detrás de todos los conflictos, de todas las facciones encumbradas, luego atacadas y destruidas, reemplazadas y vueltas a reemplazar en esos codiciados enclaves.
Los que en un momento eran aliados, héroes salvadores, se convertían al no doblegarse por entero a los intereses occidentales y, fundamentalmente, norteamericanos, en enemigos, monstruos a destruir, con toda una parafernalia propagandística ensordecedora de la enorme maquinaria militar desplegada, cedida, cambiada, vendida...
Y ha pasado como cuando se hostiga a un panal de abejas. Éstas se revuelven, atacan, agreden a lo que se mueve alrededor. Mantenía un orden la colmena, con sus normas a veces tan controvertidas para nuestros tipos de conducta (que por otra parte suelen saltarse los poderosos a su antojo), y aparecemos allí, codiciando su miel, apoderándonos de ella. Se defienden las que pueden, poniendo en marcha toda su potencia destructiva; otras, huyen despavoridas, buscan un nuevo lugar donde seguir subsistiendo, una vez su hogar ha sido arrasado: tal vez tratan de construir su nueva vida en el quicio de nuestra puerta, en un rincón de nuestras ventanas.
Leo una frase lapidaria del catedrático jubilado de la Universidad de Lisboa, Professor Doutor António Galopim de Carvalho: "Este drama começou nas Lages, Açores, com estes quatro senhores que a história há-de julgar". Se refiere a los presidentes de Estados Unidos (George W. Bush), Reino Unido (Tony Blair), España (José María Aznar) y Portugal (José Manuel Durão Barroso), que cité al principio.

Ahora, cuando tanto nos rasgamos las vestiduras por las consecuencias de los conflictos en la zona, con tantísimos miles de huidos que tratan de llegar al centro de la próspera Europa, y con la imagen terrible de un niño pequeño ahogado, solitario en la costa de Turquía, hemos de volver la vista atrás y reflexionar sobre lo que el doctor Galopim de Carvalho denuncia. Buscar en los orígenes del conflicto, cuyas consecuencias arrastramos todos, y causa millones de víctimas totalmente inocentes.