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viernes, 17 de noviembre de 2017

DEL MUSEU DO ALJUBE AL INSTITUTO CERVANTES EN LISBOA
Fernando Rosas, Cristina Clímaco e Fernando Mão de Ferro no Museu do Aljube.
Dulce Simões y José Manuel Corbacho en el Instituto Cervantes.
Moisés Cayetano Rosado

Salas do Museu do Aljube
Voy una vez más al Museu do Aljube de Lisboa. Desde la Baixa lisboeta es un agradable paseo, siguiendo por la acera al lado de los raíles del mítico “Eléctrico 28”, tranvía que viene desde el Cemitério dos Praceres, en Campo de Ourique, y llega hasta Estrela, recorriendo la ciudad de oeste a este por su zona más atractiva. Al lado mismo de la Sé-Catedral está, como ya vengo diciendo (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2017/11/actividades-en-el-museu-do-aljube.htm) esta secular cárcel, sede de torturas de la PIDE.
El historiador Fernando Rosas -quizá el mejor contemporaneísta de Portugal- presentó el día 14 de noviembre en el Museu el libro “Republicanos, Anarquistas e Comunistas no Exílio (1927-1936)”, de Cristina Clímaco, investigadora de la Universidad de París 8, y que es un resumen de la primera parte de su tesis doctoral, desarrollada en más de 4.000 páginas. El libro -editado por “Colibrí”, de referencia obligada en estudios locales y del antifacismo y resistencia portuguesa-, abarca en sus 385 páginas ese primer período del salazarismo, tremendamente duro y siniestro, que llevó a un importante exilio republicano en Francia, especialmente en los primeros cinco años, y después en España -al calor de la instaurada II República- en el lustro siguiente (http://www.edi-colibri.pt/Detalhes.aspx?ItemID=2106).
Extraordinaria disección de su contenido, buceando en la actividad  de estos exiliados portugueses del exterior, en colaboración con los que mantenían dentro la oposición, pese a la feroz represión política, que no ahorraba medios de tortura, hasta el límite de la resistencia humana, y más allá, hasta la muerte.
Y magnífica intervención de Cristina Clímaco, una investigadora incansable, volcada en el estudio del exilio, la emigración y la oposición al Estado Novo. Laborioso y fructífero su trabajo en los más variados archivos, entre los que valoró con especial énfasis los particulares de aquellos opositores y sus familiares, abogando porque estos últimos, sus herederos, pongan tan valioso material a disposición de los estudiosos, pues constituyen parte esencial de la reconstrucción de aquel tiempo tan oscuro y esforzado.
Parte del público asistente en el Museu do Aljube. Luís Farinha fotografiando.
Me gustó mucho saludar -entre otros conocidos de los muchos asistentes al acto- a Fernando Mão de Ferro, tan buen amigo, editor de Colibrí, con el que tanto he coincidido -y espero seguir haciéndolo- por distintas localidades de Alentejo, con las que tiene gran actividad editorial. Y fue un placer intercambiar reflexiones con Luís Farinha, director del Museu -otro gran estudioso de la resistencia al salazarismo, cuyos contactos con el Grupo Extremeño de Historia Contemporánea (GEHCEx) son fluidos-, así como Maria Judite Álvares, psicóloga del Servicio Educativo del Museu, tan amable, como todo el personal del mismo.
Al día siguiente, me aguarda otro acto de la “Memoria Histórica”, esta vez española, en el Instituto Cervantes de la capital, situado muy cerca de la Praça Marquês de Pombal, y en paralelo con la Avenida da Liberdade (en la Rua de Santa Marta). Allí, el Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEx), José Manuel Corbacho, y la antropóloga portuguesa Dulce Simões presentan el libro “Extremadura en el espejo de la Memoria” y el documental “Los Yunteros de Extremadura”, editado el pasado año (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2017/05/extremadura-en-el-espejo-de-la-memoria.html), como resultado de una serie de conferencias (que constituyen el material del volumen), celebradas en 2016, conmemorando el 85 aniversario de la proclamación de la II República española y el 80 aniversario del golpe militar del 18 de julio de 1936.
Vista parcial del público asistente en el Instituto Cervantes.
La introducción corrió a cargo del Director del Instituto, Javier Rioyo, auténtica “enciclopedia” cinematográfica y documentalista, que no en vano constituye su especialidad profesional, y que dinamizó sustancialmente el coloquio.
La conferencia de José Manuel, resumiendo los acontecimientos que se conmemoraron y el documental que luego se proyectaría, fue de una amenidad y rigor ejemplares, seguida con expectación por la nutrida asistencia.
En cuanto a la intervención de Dulce, resumiendo el contenido del libro en general y su aportación sobre la frontera en la Guerra Civil, solidaridad en la Raia/Raya y resistencias, sería como ella acostumbra: llena de calidad, amenidad y emotividad.
De izquierda a derecha: Javier Rioyo, José Manuel Corbacho,
Iva Delgado y Frederico Delgado.
Fue también muy agradable saludar, entre otros amigos presentes, a la hija del “General Sem Medo”, Humberto Delgado (la historiadora Iva Delgado, autora, entre otros libros de una biografía de su padre y del admirable “Portugal e a Guerra Civil de Espanha”) y al nieto del General e hijo de Iva, Frederico Delgado, también autor de una monumental biografía de su abuelo, con el que tuve el honor de participar en unas Jornadas sobre el militar candidato a Presidente de la República en 1958 (http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2015/03/congreso-internacional-humbertodelgado.html, http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2017/01/publicado-el-libro-el-portugal.html.
Actos como estos, uno y otro, le reconcilian a uno con el mundo. Y especialmente con este mundo de los investigadores, de los divulgadores, de los seres inquietos que pueblan el territorio dificultoso y sacrificado del análisis, interpretación y enjuiciamiento de documentos, a veces tan ásperos y luego -“volcados” por quien tiene la maestría de hacerlo con brillante, cual son los libros que comento-, tan clarificadores.

Ambos recorridos por la resistencia antifascista, la lucha por conseguir el pan, la libertad y la seguridad para todos, en los tiempos terribles del salazarismo, y de la Guerra Civil y franquismo, con un protagonismo extraordinario de personas sencillas, convertidas por los avatares del momento en héroes de la acción, nos ofrecen el mejor ejemplo de los extraordinarios hombres y mujeres que han dado nuestros países ibéricos en uno de los períodos más tristes de nuestra historia contemporánea peninsular.

domingo, 9 de febrero de 2014

FRONTERA Y GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
Autora: Dulce Simões. Prólogo de Francisco Espinosa. Traducción de Susana Gil Linás.
Edita: Departamento de Publicaciones. Diputación de Badajoz, 2013. 400 páginas.

Dulce Simões es una antropóloga entregada al estudio de la frontera apasionadamente. Fruto de ello fue su libro “Barrancos en la encrucijada de la Guerra Civil española”, publicado hace seis años en España y Portugal. Ahora nos da este extenso trabajo, “Frontera y Guerra Civil española. Dominación, resistencia y usos de la memoria”, que constituye su tesis doctoral por la Universidad Nova de Lisboa.
El historiador Francisco Espinosa ya nos adelanta en el prólogo que “la clave de la obra, sin duda, es la palabra solidaridad” (pg. 17), y esa solidaridad queda ejemplificada a lo largo de toda la obra, llegando en algunos momentos en que recoge testimonios orales a tomar una fuerza que emociona. Yo creo, desde luego, que Dulce Simões se ha empeñado fundamentalmente en eso: mostrar la solidaridad de la gente sencilla, la que hace historia cotidiana, la que en circunstancias difíciles se juega su tranquilidad, su vida, para ayudar al semejante, al “igual”, en momentos de miseria, de crueldad, de peligro.
En un capítulo introductorio analiza el ‘estado de la cuestión’, destacando el papel pionero “en este estudio” de la historiadora Iva Delgado y la importancia de César Oliveira en resaltar la participación de Portugal en el conflicto vecino y la ayuda oficial al éxito de la sublevación militar (pg. 25).
En el Capítulo I pone en valor “el movimiento social por la recuperación de la memoria histórica en España” insertado “en el proceso de dignificación, reparación, derecho a la justicia y reconocimiento social y político de los vencidos” (pg 43), conjugando el trabajo de campo y el archivos, en un encaje muy bien articulado.
Ya  en el Capítulo II entra en el estudio de “La frontera: territorio y relaciones fronterizas”, analizando las similitudes históricas de un lado y otro de la Raya/Raia, desde la influencia árabe, la reconquista y repoblación cristiana, los desencuentros bélicos, la política socio-económica, la necesaria subsistencia de la práctica del contrabando y esa sangría migratoria de los años sesenta del pasado siglo (pg. 63): caras similares, prácticamente iguales a un lado y otro del espejo rayano, lo que conformó inquebrantables lazos de amistad, parentesco y apoyo.
Es el Capítulo III aún más concreto, pues estudia “La sociedad barranqueña: los ricos, los pobres y los demás”, mostrando “una sociedad altamente estratificada” (pg. 101), que no difiere en sus usos y costumbres de los de sus vecinos extremeños y andaluces, donde los más débiles tienen que sobrevivir en un medio hostil “a través de redes de complicidad y de solidaridad bajo formas ocultas, las ‘armas de los débiles’” (pg. 119). Débiles que van a saber muy bien quiénes son los “suyos”, con quien comprometerse, sin fronteras políticas, nacionales, que les separen, poniendo de relieve su sensibilidad, espíritu de compromiso, emocionada hermandad.
Y ello a pesar de “El Estado Novo y la acción de sus representantes en la frontera”, como explican en el Capítulo IV. No hay que olvidar que “el comunismo constituía ante los ojos de Salazar ‘el mayor problema humano de todos los tiempos’” (pg. 161) y ahí estaba la Legión Portuguesa, creada en septiembre de 1936, para combatirlo. Era de esperar el apoyo del régimen portugués a los militares españoles sublevados, si bien a partir de 1937 “retrocede en su apoyo abierto a Franco, cediendo a las presiones de Inglaterra” (pg. 165). Aún así, las fuerzas desplegadas en la frontera (de la GNR, Guardia fiscal, la PSP y la terrible PVDE) se destinan a mantener no solo el orden interno sino también la vigilancia de frontera, si bien Dulce Simões nos va a mostrar rasgos de ayuda a refugiados por parte fundamentalmente de soldados y mandos de la Guardia fiscal que podrían resultarnos increíbles, de no avalarlos con documentos y testimonios orales de sobrevivientes.
Vuelve en el Capítulo V a centrarse de nuevo específicamente en la Raya. “La guerra en la frontera y los flujos de refugiados” -que es su título- nos desglosa los cuatro momentos de exilios masivos de refugiados españoles al territorio portugués: un primero en la última semana de julio de 1936; un segundo en la frontera de Caya a causa de la ocupación de Badajoz a mediados de agosto; un tercero también de ese mes, cuando los habitantes de Encinasola simpatizantes del golpe militar buscan refugio en Barrancos, siendo acogidos por las autoridades locales, y un cuarto también en la frontera de Barrancos, tras la ocupación de Oliva de la Frontera por los franquistas el 21 de septiembre de 1936 (pg. 225). Apunta las actuaciones en Elvas, en Campo Maior (que merecen también estudio profundo) y en especial Barrancos: “el caso más paradigmático será el protagonizado por el teniente António Augusto de Seixas, responsable del mando técnico de las operaciones de vigilancia y control de la frontera de Barrancos” (pg. 233), clave para la salvación de centenares de españoles, pues “según el Diari de Tarragona, desembarcaron 1.435 refugiados naturales de Extremadura (la gran mayoría)” (pg. 295), en lo que este teniente, como otros guardias y, en especial, la población de la localidad, fueron decisivos.
En el Capítulo VI reflexiona sobre los “Procesos de dominación y estrategias de resistencia”, analizando los métodos de subsistencia de una población fronteriza que sobrevive en medio de las dificultades, ganando el contrabando un particular protagonismo (pg. 333); “el estraperlo se convirtió en una forma de vida que afectaba a todas las relaciones sociales y la lucha por la comida exigía estrategias de resistencia para combatir el hambre” (pg. 353), algo que tras la guerra, en lo que llamamos ‘los años del hambre’, va a ser decisivo para la subsistencia.
Este objetivo, como indica en sus Conclusiones Dulce Simões, “unió a las poblaciones de Barrancos, Encinasola y Oliva de la Frontera a lo largo del tiempo, independientemente de la política de los estados ibéricos” (pg. 364). Y esos lazos de sostenido apoyo mutuo, de solidaridad, de compenetración y ayuda aún a riesgo de la integridad del “otro”, les llevó a la máxima entrega, al mayor desprendimiento en el terrible éxodo de 1936, que ha sido justamente reconocido con la concesión de la Medalla de Extremadura al pueblo de Barrancos en 2009.
Un importante aparato de fuentes y bibliografía, más un cuadernillo de Anexos, cierran el brillante trabajo de Dulce Simões, “investigación de referencia para lo acontecido en esta guerra en la frontera hispano-portuguesa”, como se destaca en la contraportada del volumen, publicado por la Diputación de Badajoz.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

lunes, 18 de noviembre de 2013

EXILIO, INCOMPRENSIÓN, REPRESIÓN Y OLVIDO:
CAUTIVOS EN LA ARENA
El Stambrook, donde embarcaron los últimos huidos hacia Argelia
Vean estos vídeos: https://www.youtube.com/watch?v=f-5ltcJvxKg&t=122shttps://www.youtube.com/watch?v=BmHlWVoPnQ0&t=2019s
No es fácil encontrar un reportaje más emotivo, riguroso y ejemplar  como el de estos 93 minutos. Entrevistas a los protagonistas de los hechos, a historiadores; fotos y grabaciones de la época; textos de acompañamiento… forman un conjunto bien hilado de alta calidad artística, técnica, histórica, social y didáctica, que merece ser visto para comprender lo que significó el exilio republicano español.
En este caso, concretado en los últimos republicanos embarcados en Alicante hacia la Argelia bajo dominio galo, donde miles de exiliados se encontrarían con lo que ya estaba sucediendo en el sur de Francia: incomprensión y represión, hasta límites inconcebibles, por su inhumanidad y extrema crueldad.
Hambre, sed, enfermedades, confinamiento, trabajos forzados; calor extremo, frío hasta lo insoportable; suciedad, miseria indecible; castigos brutales, sistematización de la explotación… para con refugiados “amigos”, tratados como los peores criminales huidos y peligrosos enemigos.
Y luego, tras la liberación europea del nazismo -a lo que eficazmente contribuyeron tantos exiliados, y a los que se les prometiera su propia liberación, la liberación de España de la atadura del franquismo-, el espeso olvido, el desentendimiento, al que siguió la lacerante colaboración, que en la Guerra Fría se les hizo más “conveniente” a las democracias occidentales, encabezadas por EE.UU.
La España de Franco era una garantía contra el “enemigo comunista”, contra la URSS, aunque para los que quedaran dentro fuera un calvario de sistematizada persecución, un exilio interior durísimo para millares de derrotados o sospechosos de colaboracionismo con los que fueron derrotados. Una España del miedo, de la miseria y posterior emigración (léase sobre ello, como ejemplo, Equipaje de amor para la tierra, de Rodrigo Rubio: un libro denso sobre ese exilio interior y nuestra traumática emigración a Europa).
¡Triste España, triste mundo occidental, con este lastre histórico que a todos nos golpea!

Moisés Cayetano Rosado
Ante este trato injusto a nuestros exiliados, cobra aún más grandeza si cabe la actuación que tuvieron en Barrancos (Portugal) con más de mil refugiados de la frontera andaluza y extremeña en 1936: ayuda y solidaridad del pueblo llano tras la protección valerosa y arriesgada del teniente Seixas, y a pesar de la simpatía del régimen salazarista con los militares españoles golpistas. El libro "Barrancos en la encrucijada de la Guerra Civil Española" (Barrancos na encruzilhada da Guerra Civil de Espanha), de Dulce Simões da cumplida y brillante cuenta de ello.

lunes, 5 de noviembre de 2012


LA SOLIDARIDAD DEL PUEBLO PORTUGUÉS PARA CON LOS ESPAÑOLES
Por Moisés Cayetano Rosado
Cuando visitamos los pueblos de la Raya luso-española, siempre nos salta la sangre derramada que se encargan de recordárnosla sus fortificaciones. Amurallamientos medievales con sabor a lucha entre musulmanes y cristianos; entre leoneses, castellanos, portugueses. Y fortalezas abaluartadas de la Edad Moderna que nos sitúan en los siglos difíciles de la Guerra de Restauração de la Corona portuguesa (1640-1668), de Sucesión española (1701-1714), la Guerra de las Naranjas (1801) y la Invasión francesa (1808-1815).
De todo ello nos ha quedado un patrimonio histórico-artístico de una monumentalidad extraordinaria, que nos enorgullece, pero también el testimonio del dolor. De un pueblo sometido a continuos cercos, saqueos, violaciones y muertes; a permanentes hambrunas, a la miseria extrema. Enfrentamiento entre vecinos que en épocas de paz han sabido complementarse y hermanarse como pocos.
Y en este sentido, quiero traer aquí uno de los ejemplos más emotivos de esa compenetración, de esa solidaridad entre vecinos tan unidos, tras las múltiples desavenencias en que los envolvieron los poderosos, los que dictan destinos, honras, vidas de masas indefensas ante sus múltiples desmanes.
Me refiero a la acogida que el pueblo portugués rayano brindó a los refugiados de la Guerra Civil española de 1936-1939, y la larga posguerra de delaciones, persecuciones y suplicios.
Maria Dulce Antunes Simões lo relató admirablemente en su libro Barrancos na encruzilhada da Guerra Civil de Espanha, publicado por ese municipio ejemplar en 2007, traducido y editado por la Editora Regional de Extremadura un año después. A base de memorias y testimonios de los protagonistas, descendientes de ellos, reflexiones propias y la colaboración del historiador Francisco Espinosa Maestre, Maria Dulce nos presenta la valentía de un pueblo y unos mandos y guardias de frontera, salvando la vida de cientos, más de mil refugiados llegados de las provincias de Huelva y Badajoz a esta población fronteriza de Barrancos, que dio acogida, protección y comida a esos perseguidos, condenados a una segura muerte.
Barrancos recibiría la Medalla de Extremadura en 2009 por esta ejemplar e impagable contribución, que borra las diferencias y nos une en lo más entrañable de los seres humanos: la solidaridad.
¡Cuántos ejemplos emotivos conozco en otras poblaciones de frontera! En mis vecinas Elvas y Campo Maior, a donde huyeron despavoridos republicanos españoles procedentes de esas otras cercanas, como Alburquerque o Badajoz: nombres tan ligados a los enfrentamientos más encarnizados de los siglos precedentes, en acciones que arrasaron con las pocas pertenencias de subsistencia de la gente sencilla, envileciendo en muchos casos sus comportamientos tantísimas veces fraternales.
Nutridos han sido los testimonios que he podido recoger de ancianos que eran jóvenes cuando la horrible guerra y oscurísimos tiempos de posguerra en España: ¡a cuantos se le han llenado los ojos de lágrimas cincuenta, sesenta, setenta años después, recordando el dolor, el hambre, el frío, el desamparo extremo de mis paisanos, llegados a sus pueblos envueltos en la mayor desolación!
Ahora, cuando visitamos con tanta frecuencia el patrimonio fortificado de un lado y otro de la Raya, rememoramos nuestras terribles luchas, nuestras devastaciones; pero también debemos recordar que esos muros, esas enormes fortalezas, han visto llegar hace setenta y seis años, setenta, sesenta… muchas centenas de españoles que salvaron la vida, a pesar de la persecución oficial que el salazarismo dispuso sobre ellos y el peligro que la ayuda significaba para los portugueses de la Raya, que les abrieron solidariamente sus puertas.