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martes, 2 de enero de 2018

Un siglo de la historia de la Guardia Civil en Extremadura. Desde su fundación a la lucha contra el Maquis (1844-1944)

Autor: Francisco Javier García Carrero.
Edita: Diputación de Badajoz, 2017. 518 páginas.

Cuando conocí en Barcelona, en 1972, al novelista Tomás Salvador, me recomendó su novela “Cuerda de presos”, a la que tenía especial cariño. La acción discurre a finales del siglo XIX y relata la conducción por dos guardias civiles de un asesino en serie y violador desde León a Vitoria durante once días, primero a pie y luego en tren, mostrándonos las penalidades cotidianas del servicio de estos agentes del orden en la España decimonónica.
La novela había sido escrita en 1953, el mismo año en que  el también novelista Ignacio Aldecoa terminó su obra “El fulgor y la sangre”, ambientada en las duras tierras de Castilla, con el asesinato de un cabo de la Guardia Civil, en una feria de pueblo, en tanto los familiares de los guardias envueltos en el servicio aguardan la llegada sin saber cuál es el desafortunado. El autor se vale del recuerdo de las mujeres de los guardias para mostrar la dureza de sus vidas cuartelarías y del discurrir de todos ellos desde los años difíciles, trágicos de la II República y la Guerra Civil.
Y como siempre he ido alternando la literatura que recrea la historia con el estudio documentado de la misma, me han servido estos dos amplios relatos para ponerle “acción” a la investigación profunda que el profesor, doctor en Historia, Francisco Javier García Carrero ha publicado bajo el título de Un siglo de la historia de la Guardia Civil en Extremadura. Desde su fundación a la lucha contra el Maquis (1844-1944), ganadora del Premio Arturo Barea-2016, de la Diputación de Badajoz.
Esa función de persecución y conducción de transgresores de la ley está muy presente en la obra del investigador, que nos ofrece detalladas estadísticas de los servicios efectuados, por períodos y modalidades: con delincuentes, ladrones, reos-prófugos, desertores, de faltas leves y contrabando. Y es que, como dice García Carrero en la “Justificación” inicial: “la Guardia Civil es uno de los pilares fundamentales de la seguridad española desde hace más de ciento cincuenta años” (pág. 21).
Y la vida sacrificada -acuartelados, aislados diríamos que “disciplinariamente” del entorno en que actúan, sometidos ellos y sus familiares a la tensión de un trabajo muchas veces arriesgado y malamente aceptado por las clases populares, en el período analizado en esta investigación e incluso durante la mayor parte de la etapa franquista- queda de manifiesto en esta obra. Dice en la Introducción (“Cien años en la historia del mundo rural extremeño”) el profesor Fernando Sánchez Marroyo: “Agrupados en la Casa Cuartel, los miembros de la Guardia Civil mantenían una prudente distancia con respecto a sus convecinos” (pág. 13), siendo “percibida por algunos como instrumento protector de los terratenientes y patronos y, por el contrario, perseguidor de los campesinos pobres y jornaleros” (pág. 14).
García Carrero divide su trabajo en 11 capítulos, más una breve Conclusión de seis páginas, que resume todo el abultado estudio; Anexo de los Jefes del Tercio en Extremadura durante los cien años estudiados, biografías de los principales oficiales y mandos que aparecen en la obra; ilustraciones fotográficas; fuentes y una amplísima bibliografía.
El primer capítulo lo dedica a “La seguridad interior antes de la fundación de la Guardia Civil”, detallando la historia de Hermandades, Apellido, Somatén, Guardas del General, Ballesteros del Centenar, Guardas de la Costa del Reino de Granada, Migueletes, Mozos de Escuadra y otros cuerpos regionales, señalados como remotos precedentes.
Un segundo capítulo, “Entre el absolutismo y el liberalismo: influencia francesa”, sigue repasando la evolución histórica de los cuerpos de seguridad, incardinados en la propia evolución de la historia nacional, impregnada en todo el siglo XIX por el condicionamiento de absolutistas y liberales. El tercero nos narra los “Últimos ensayos policiales previos a la creación de la Guardia Civil”, con diversos y “nuevos intentos por establecer ese cuerpo armado permanente” (pág. 69).
Ya el cuarto se entra en la “Creación de la Guardia Civil (1844)”, clarificando su misión principal de seguridad pública: “Cuerpo policial que tendría que especializarse en combatir la criminalidad, el bandidaje y los conflictos de orden público de media intensidad” (pág. 85), bajo un estricto código de honor, servicio y entrega a la sociedad.
En el siguiente capítulo, el quinto: “Estructura inicial de la Guardia Civil en Extremadura”, estudia la conformación del Cuerpo desde 1844 a 1861, detallando por bienios o trienios los servicios efectuados, y dando cuenta de la situación y evolución de las Fuerzas del Tercio a que se adscribe Extremadura.
Esta metodología estará presente en los siguientes capítulos, en los que la situación y evolución de las fuerzas gobernantes del país irán condicionando la actuación del Cuerpo. De esta forma, en el capítulo 6: “El Tercio IX y su ampliación: la Comandancia onubense”, nos indica que “La presencia progresista en el Gobierno, la aprobación de una Constitución democrática y el aumento de las libertades públicas generó en el campo extremeño numerosos conflictos de orden público en el campesinado que comienza a movilizarse. A destacar la invasión de fincas con la finalidad exclusiva en aquellos años de obtener los frutos para poder comer, sin cuestionarse entonces, el concepto de propiedad de la tierra” (pág. 161): algo que volverá a reproducirse, pero con una mayor intensidad y gravedad de enfrentamientos en la II República, como veremos, y además con un cuestionamiento ya manifiesto en cuanto al sistema de propiedad latifundista, enfrentada a la Reforma Agraria.
“La Guardia Civil extremeña en las postrimerías del siglo XIX” es el título del capítulo 7, en que pone de manifiesto “cómo las corporaciones locales, y los caciques de los pueblos, presionaban ante los mandos provinciales del Instituto o en la Dirección General del Cuerpo para que creasen un Puesto en determinada localidad” (pág. 201), como medio de control y represión del campesinado sin tierras por parte de los grandes propietarios. Algo que, dice García Carrero, “no fue del agrado de algunos mandos de la Guardia Civil” (pág. 201), pero que lógicamente han de acatar, por su supeditación reglamentaria al poder civil.
El siglo XX se inicia, y discurrirá en casi su primer tercio, con el reinado de Alfonso XIII. A ello se dedica el capítulo octavo: “La Benemérita en el reinado de Alfonso XIII (1902-1930)”. Época plagada de conflictos por motivos “económicos”, “escasez de trabajo”, “descontentos contra el resultado electoral” tan viciado por el caciquismo, o “anti-militares” (pág. 236). Los enfrentamientos campesinos-Guardia Civil son violentos de palabra y hechos, consiguiéndose el “deterioro definitivo de la imagen del Cuerpo ante las capas populares” (pág. 237). Ante ello, el autor de este trabajo subraya expresamente: “la culpa de esta situación no es tanto del Instituto armado como de la instrumentalización que se hizo del mismo” (pág. 237), en el mismo sentido que ya manifestó para la etapa anterior y, en el fondo, para todo el recorrido histórico de la Institución.
A continuación viene el capítulo más detallado en cuanto a conflictos, por ser el tiempo de mayores enfrentamientos, de un cariz trágico en gran parte de ellos, el noveno: “Guardia Civil y Segunda República (1931-1936)”. Expectación y esperanza; aguardo y frustración: “La llegada de la Segunda República -explica- abrió una etapa de intensa conflictividad social en el mundo rural extremeño como hasta entonces nunca se había conocido” (pág. 312). Y es que “Campesinos y obreros se sintieron engañados por un Gobierno al que acusaban de burgués” (pág. 312). El hambre se agudizaba en el campo extremeño, producto en buena parte de la crisis mundial de 1929 y del boicot a la República por los grandes propietarios absentistas, sin que el Gobierno hiciera las reformas exigidas por el movimiento obrero, los sindicatos y los partidos de izquierda.
Los enfrentamientos en multitud de pueblos son enumerados por Francisco Javier García Carrero con minuciosidad, describiendo la tragedia en algunos de ellos con especial atención, cual son los casos de Castilblanco, de Montemolín, de Santiago del Campo o Almoharín. Por todo ello, “la actuación de la Benemérita es que no sólo causó numerosas víctimas, con ser muy grave este dato, sino que generó un notable resentimiento hacia la Guardia Civil entre los campesinos más modestos que tardó muchos años en superarse” (págs. 337-338).
El penúltimo capítulo, el 10, trata de “Conspiración, Golpe y Guerra Civil: implicación de la Guardia Civil”, de entrega a la causa golpista manifiestamente en Cáceres y de muy escasa repercusión en Badajoz, pormenorizando por comandancias y puestos las actitudes y actuaciones de mandos y números.
Finaliza la obra -capítulo 11- con “Primer franquismo y Guardia Civil en Extremadura (1939-1944), analizando “la Ley de 15 de marzo de 1940 la que configuró la llamada Guardia Civil ‘nueva’” (pág. 417). Una Guardia Civil que “se tuvo que emplear a fondo en la lucha contra los guerrilleros antifranquistas” (pág. 426), lo que constituirá “su principal misión durante esta primera década” (pág. 431).
Así, en el último párrafo -en la Conclusión- de su profundo, detallado, documentado y ágilmente relatado libro, García Carrero afirma: “La Guardia Civil ‘nueva’ /…/ no al servicio del pueblo, sino al servicio del Estado que había ganado la cruenta Guerra Civil. Se convirtieron, por consiguiente, en los ‘guardias para una dictadura’” (pág. 454).
Unos “guardias” que atravesarán por diversas vicisitudes desde ese momento -1944- hasta la actualidad, lo que merecen otro estudio descriptivo, tan minucioso como el que ahora tenemos la oportunidad de leer. La interpretación crítica de vivencias está en la Memoria colectiva aún viva, novelada, cinematografiada, testimoniada, como en buena parte el periodo que en este libro se describe, y que en las dos novelas que al principio indiqué suponen un arranque y un final interpretativo, subjetivo, de amplio valor complementario para tan rico y documentado repaso histórico logrado por Francisco Javier García Carrero.
MOISÉS CAYETANO ROSADO


viernes, 10 de noviembre de 2017

DE LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA AL CANTO DE LA HISTORIA 

Moisés Cayetano Rosado
Voy de un lado a otro, a dos actos culturales de primera magnitud. La presentación del libro de Francisco Javier García Carrero, "Un siglo de Historia de la Guardia Civil en Extremadura. Desde su fundación a la lucha contra el Maquis (1844-1944)", XVI Premio Arturo Barea (de la Diputación de Badajoz), y el concierto de la Orquesta de Extremadura, bajo el título "La revolución francesa y las Cortes de Cádiz".
Habrá tiempo de hablar del libro de García Carrero, uno de los investigadores extremeños más rigurosos y comprometidos, ecuánimes, sosegados, de amplia trayectoria y firme apuesta por desvelarnos la trayectoria general de la Guardia Civil en Extremadura (a lo que dedicó su tesis doctoral) y a diversos agentes y autoridades singulares del Cuerpo: su trabajo monográfico sobre el "mando" Manuel Gómez Cantos, recientemente reeditado por la Diputación de Badajoz y la ARMHEX Memoria Histórica Extremadura, es de obligada lectura para entender las desviaciones del abuso de poder. Por lo que nos desveló en la presentación de esta historia General de la Guardia Civil, se profundiza en este tipo de desmanes, pero igualmente en lo que tantas veces significó este Cuerpo, de seguridad en los campos y los pueblos, de auxilio y colaboración con la sociedad. Importante reto para el lector, sin duda alguna, con opiniones y experiencias a veces bastante polarizadas.
En cuanto al Concierto de la Orquesta de Extremadura, con una primera parte de Beethoven: Sinfonía nº 7 en la Mayor op. 92 (1811-12) sobrecogedora, y una segunda de Franz Joseph Haydn: Misa in tempore belli (1796) inenarrablemente sublime, hay que decir que superó todas las expectativas. En esta segunda parte, con casi medio centenar de músicos en el escenario y otro tanto de integrantes del Coro de Cámara de Extremadura (cuya directora es Amaya Añúa), junto a la soprano Isabel Monar, el alto Marina Rodríguez-Cusí, el tenor Víctor Sordo y el barítono Sebastià Peris, dirigidos por Andrés Salado, el espectáculo fue sobrecogedor.
Una lástima que actos de tanta altura "casi" se sobrepongan en horarios (a las 19'30 el primero y a las 20'30 el segundo). Sobre todo porque la Orquesta de Extremadura en Badajoz "arrastra" siempre entre 700 y 900 personas (esta vez quizás más), y restan público a los otros. Aunque hay que decir que en la presentación del libro de Francisco Javier no bajaban del centenar. Bien "arropado" por el historiador Julián Chaves Palacios (su director de tesis); la directora del Área de Cultura de la Diputación de Badajoz, Elisa Moriano Morales, y el especialista en Arturo Barea y periodista inglés, Willian Chislett, el historiador García Carrero hizo una presentación muy didáctica (no en vano es un experimentado profesor de Secundaria), que aún invita más a la lectura.

Por lo que respecta a la Orquesta de Extremadura, decir que hay que seguir potenciándola (recuerdo esos años recientemente pasados en que el Gobierno Regional del PP estuvo a punto de "cargársela") y dignificando sueldos, contrataciones, materiales e instalaciones. Y decir también lo meritorio que es que un coro como éste de Cámara de Extremadura actúe "por amor al arte" (nunca mejor dicho); sería más que justo darle dotación presupuestaria mínima para sufragar gastos de desplazamiento, manutenciones en actuaciones, compra de uniformes y materiales, etc. Tomen nota aquellos que participan en la Fundación Orquesta de Extremadura (las dos diputaciones, la Universidad de Extremadura y, sobre todo, la Junta de Extremadura) y los que oficialmente deben sostener a este Coro ejemplar.

martes, 25 de abril de 2017

REIVINDICACIÓN DE LA REPÚBLICA
Moisés Cayetano Rosado
Inauguración de los actos en la Casa de la Cultura de La Albuera
No hemos tenido suerte en España con la implantación de la República. La Primera, proclamada por las Cortes el 11 de febrero de 1873, sucumbió el 29 de diciembre de 1874 bajo el “espadón” del general Martínez Campos, que restauró la monarquía borbónica. La Segunda República, declarada el 14 de abril de 1931, se vio atacada el 17 de julio de 1936 por el golpe de estado que consolidaría el régimen dictatorial del general Franco, tras una guerra civil de tres años, llegando a una nueva restauración monárquica en 1975, una vez muerto el general (que ya en sus leyes de sucesión había considerado esa restauración como legitimación de su levantamiento).
Todo ello, con gran lujo de detalles, nos lo recordaría el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, Javier Pérez Royo, en la “VIII Conjunción Amigos por la República”, desarrollada en La Albuera (Badajoz) el 22 de abril pasado, subrayando que España no ha realizado el necesario ajuste de cuentas con la monarquía, como sí lo han hecho Reino Unido, Francia o Portugal en diversos momentos de su historia, manteniendo una monarquía simbólica en el primer caso o sustituyéndola por una República sólida en los otros dos.
Esta memorable conferencia estuvo precedida en la localidad por la inauguración en su cementerio municipal de un monolito dedicado a las víctimas de la represión franquista, y luego en la Casa de la Cultura -donde se celebraron las siguientes actividades- por una salutación del Alcalde y de los organizadores, así como la interpretación, por la violonchelista Carmen Benito de Tena, del Himno de Riego: himno que cantaba la columna volante del teniente coronel Rafael del Riego tras la insurrección de éste contra el rey de España Fernando VII el 1 de enero de 1820.
A continuación se proyectó el documental inédito, perdido y desconocido hasta 2012 “Los yunteros de Extremadura”, realizado para el Instituto de Reforma Agraria de la Segunda República, haciendo su presentación José Manuel Corbacho, Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura. Es probable que fuera depositado en la Embajada rusa en París y posteriormente enviado desde allí a Moscú; en 2012 la Universidad Estatal Rusa de Humanidades entregó diversos materiales entre los que éste se encontraba. Se trata de un trabajo de 13 minutos que nos muestra la vida miserable de los trabajadores sin tierra de los campos del sur, que  -junto a su pareja de burros o de mulas, en el mejor de los casos- roturaban a jornal las fincas de secano. Trabajadores que vieron en el advenimiento de la República una oportunidad de Reforma Agraria, que se iría llevando a cabo, hasta que la involución franquista acabó con la experiencia liberadora.
Terminó la jornada con otra conferencia, esta vez del historiador Francisco Javier García Carrero, mostrando los “Mitos y leyendas sobre la II República”, que fueron lanzados y remarcados durante la dictadura franquista para justificar la sublevación militar y posterior represión. El profesor García Carrero desmontó las falacias sobre su seguidismo a la Unión Soviética, radicalismo marxista, etc. que solo apareció parcialmente durante la confrontación bélica posterior.
Todas estas actividades: inauguración del monumento funerario, conferencias, interpretación musical, constituyen una reivindicación de la República en España que se repite año a año en Extremadura, como también en otras regiones y nacionalidades del Estado español, bajo el símbolo de la bandera tricolor: rojo, amarillo y morado, que preside siempre estos actos de recuerdo y reafirmación. Recuerdo de lo que fueron nuestros dos momentos republicanos, llenos de convulsiones por la oposición de unas capas sociales tradicionalistas, aferradas a un modelo “Antiguo Régimen”, estamental, clerical, discriminatorio.

En la memoria colectiva concienciada quedan los avances de ambas, especialmente de la Segunda, en materias tan esenciales como el sufragio universal, la libertad de pensamiento, reunión y asociación, el laicismo social, la separación de poderes sin una representación hereditaria que arbitre medidas, que son prerrogativas de la soberanía popular. Y… queda la necesidad de seguir madurando para que esta reivindicación republicana pueda ser un día, sin grandes tardanzas, una flamante realidad.

viernes, 26 de diciembre de 2014

LA HERIDA ABIERTA: “CARTAS Y DIARIO DESDE LAS CÁRCELES FRANQUISTAS EN EXTREMADURA”

Moisés Cayetano Rosado

La piel superpuesta por el tiempo no puede curar la herida que no ha cicatrizado, por lo que el desgarro y el dolor continúan entre los que padecieron directamente las consecuencias del golpe profundo y se alarga en la vida de los que les suceden.
Esto es lo se desprende de tantos testimonios como se han ido y se van conociendo, en los que se nos muestra la brutalidad de nuestra Guerra Civil de 1936-39, así como las consecuencias terribles de “represión, miedo y violencia”, como nos indica el historiador Francisco Javier García Carrero en la “Introducción” de su libro Cartas y diario desde las cárceles franquistas en Extremadura (Consejo de guerra y fusilamiento de José Vera Murillo), que coeditan la Diputación de Badajoz y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura, en un cuidado libro en formato “de bolsillo”, de 147 páginas.
La obra  se nos ofrece con una carga emotiva, testimonial y de rigor histórico considerables. El punto de partida -como el autor dice en “Nota aclaratoria” inicial- es un ejercicio de fin de curso de una de sus estudiantes de 2º de Bachillerato: Isabel Holguera Vera, que trataba sobre su bisabuelo José Vera Murillo, luchador republicano que padeció la captura, encarcelamiento y muerte por parte del franquismo triunfante, utilizando como fuente principal el propio abuelo de la alumna, hijo del biografiado.
Con prólogo sentido del presidente de la Diputación, Valentín Cortés Cabanillas, y riguroso epílogo del presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura, José Manuel Corbacho, el libro se divide en cuatro capítulos. A ello se une un índice de siglas y anexos de transcripción de cartas de José Vera Murillo sacadas clandestinamente desde la cárcel de Badajoz, dirigidas a su esposa, hija Engracia e hijos José y Juan, despidiéndose de ellos poco antes de morir fusilado, en mayo de 1940. Termina con amplia bibliografía y anexo fotográfico de José Vera Murillo (única foto que se conserva, vestido de militar republicano), su mujer, Inocencia, y sus hijos Engracia, Juan y José.
En el primero de los capítulos hace una introducción sobre el concepto de represión en el primer franquismo y sus componentes esenciales de violencia y miedo, acompañándose de notas bibliográficas de refuerzo, entre las que destacan las de los historiadores extremeños Julián Chaves Palacios y Francisco Espinosa Maestre, que junto a las publicaciones de José Luis Gutiérrez Casalá, entre algunos otros, serán recurso frecuente en sus consideraciones generales sobre la guerra e inmediata posguerra en Extremadura.
Un segundo capítulo trata sobre los consejos de guerra franquistas, destacando su contenido inquisitorial, la falta de garantías procesales y el final fatídico para gran parte de los encausados: la sentencia de muerte, que se ejecuta tras un breve plazo de encarcelamiento, de los que muestra Francisco Javier algunos ejemplos. Con ellos nos traslada emotivas cartas de despedida familiar, recurriendo a los testimonios publicados por otros autores, como los citados anteriormente y algunos más entre la amplia relación de los historiadores que afortunadamente se suman cada vez en mayor número al estudio de esta etapa de largas décadas hasta hace poco intencionadamente ignoradas.
El tercer capítulo entra de lleno en el estudio de José Vera Murillo, siendo el más extenso, quedando dividido en tres subcapítulos. Un primero se alarga sobre la biografía del protagonista hasta su detención. Destaca su compromiso social y su participación activa en la vida de su pueblo, Campillo de Llerena, especialmente durante la Segunda República, así como su participación en la Guerra Civil, primero en Campillo y después en diversos frentes (Extremadura, Brunete, Teruel, Madrid), alistado como voluntario, llegando a ostentar el grado de capitán.
Un segundo apartado se extiende presentando y analizando las cartas enviadas desde las cárceles extremeñas por las que pasó tras su detención cuando, acabada la guerra, en lugar de huir se acercaba a su pueblo para velar por su familia. Cartas de esperanza a su mujer, sabiéndose inocente, cumplidor siempre de su deber, recto y humanitario en su proceder en los tiempos confusos del golpe militar, que muchos aprovecharon de un lado y otro para “ajuste de cuentas”. Confiados testimonios del que aún piensa en salvarse, basándose en una justicia, que poco a poco va viendo inexistente, como reflejaría en su diario sacado clandestinamente de la prisión de Badajoz.
El último apartado de este tercer capítulo ya es un relato de la muerte anunciada. “Turbación y muerte”, dice Francisco Javier García Carrero. Desesperanza, asesinato, desamparo y desgarro familiar total, con notas sacadas de las cartas familiares de los últimos días, que se transcriben completas en anexo.

Llega así a la breve Conclusión del libro, donde reflexiona sobre las consecuencias dilatadas en el tiempo para la familia de los represaliados, de los asesinados, a los que se les condenó al dolor de estas muertes injustas y crueles, uniéndose a ello el estigma, la burla y el silencio durante varias décadas, hasta que muy entrada la democracia han ido descubriéndose los casos tan sangrantes que libros como éste nos muestran con rigor y emocionada ejemplaridad.