Mostrando entradas con la etiqueta II Guerra Mundial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta II Guerra Mundial. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de febrero de 2015

LAS NUEVAS UVAS DE LA IRA

Moisés Cayetano Rosado
Acabo de ver nuevamente Las uvas de la ira, película dirigida por John Ford en 1940, basada en la novela de ese nombre, publicada por John Steinberk en 1939 -que he vuelto a releer-, en que se recrean con maestría las consecuencias de la tremenda crisis económica de 1929.
Parece un tópico aquello de “la historia se repite” y “el hombre  es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, pero es que con esta doble obra maestra (novela y película) comprobamos la cruda realidad de ambas sentencias.
Una primera parte es la historia de un desahucio masivo: casas y tierras arrendadas a campesinos que se arruinan tras varios años de malas cosechas, vendidas a grandes corporaciones que arrasan con todo para implantar su nuevo sistema productivo, enriquecedor de los mismos.
La segunda parte es la historia de la errancia, del éxodo, de la emigración desesperada en busca de un lugar, un trabajo para vivir, para sobrevivir, llamados por los cantos de sirena de las ofertas laborales que aprovechan el río revuelto de la desesperación para estrujar el “limón humano” de los que todo lo perdieron.
En ambas ocasiones, los poderosos se sirven de fuerzas organizadas, armadas, para hacer su voluntad, tras amañar leyes y normativas, o incluso por las bravas, a base de extorsiones.
¿Pero es que acaso no lo estamos viviendo otra vez más? ¿No es eso lo que ocurre ahora con los desahucios de viviendas, incluso de propiedad pública, vendidas a “fondos buitres” cuya finalidad es ganar dinero a costa de lo que sea y de quien sea, dejando en la calle a los más desasistidos? ¿Y no estamos volviendo a una búsqueda de empleo donde la garantía de una estabilidad o un sueldo digno suenan ya a pasadas utopías?

Las crisis de 1929 -la mayor del siglo XX- y la actual -comenzada alrededor de 2008- tienen raíces parecidas: especulación bursátil, voracidad bancaria, expansión inmobiliaria incontrolada, movilidad masiva de capitales volátiles y de mano de obra… La anterior desembocó en la II Guerra Mundial. Al menos hay que esperar que esa lección sí la hayamos aprendido todos y sepamos encauzar las soluciones sin escarbar en el proceso crudo, desesperado, cruel de los años treinta, que llevó a la catástrofe de los cuarenta.

miércoles, 29 de mayo de 2013

EL FORTE DE S. BRÁS: 450 AÑOS DE UTILIZACIÓN. USO Y EJEMPLO.


Moisés Cayetano Rosado
El actual Museu Militar dos Açores -ubicado en el Forte de S. Brás, en el Puerto de Ponta Delgada- se abrió al público en junio de 2006, obteniendo así el edificio (que sigue albergando el Cuartel General de la Zona Militar de las Azores) un uso para el disfrute y conocimiento general de la ciudadanía. Compatibiliza de esta forma, muy acertadamente, el destino militar para el que fue creado con el cultural, museístico, de expansión y recreo.
El Forte recibe el nombre de la primitiva ermita que había en ese lugar y es un símbolo ejemplar de la arquitectura militar renacentista-manierista, proyectado por el ingeniero italiano Rommaso Benedetto y construido entre 1560 y 1577. De planta cuadrada, con baluartes en las esquinas y amplio patio central, defendía a la ciudad contra la piratería y los corsarios, y fue el primer fuerte abaluartado construido en Portugal, al que seguirían en la época diversos más en estas islas frecuentadas por los cargamentos procedentes de las Indias Occidentales (América).
Bajo el reinado de Felipe I (Felipe II de España), resistió a las tropas francesas aliadas del Prior de Crato en 1582 y contuvo a las naves de guerra inglesas en 1585, con lo que su función de salvaguarda contra la piratería se vio relevada en gran parte por la de las luchas ligadas a las rivalidades “continentales”: en este primer caso, de la ocupación del reino de Portugal por la Casa de Austria, reinante en España.
Un primer refuerzo de su maquinaria de guerra defensiva le vendría dado por la construcción de un revellín en su lado Este (abierto al puerto), a finales del siglo XVI y principios del XVII, obra de Luis Gonçalves Cota.
Un segundo refuerzo se añadiría entre 1756 y 1763 -al participar Portugal en la Guerra europea de los Siete Años-, consistente en tres baterías exteriores -donde ya había sido colocado el revellín-, obra de João Leite de Chaves. La estructura del Fuerte no se modifica en su interior, lienzos y baluartes, sino que únicamente se “blinda” en el espacio vulnerable del puerto, permitiendo la colocación del armamento cada vez más potente de defensa artillera.
Será con motivo de las Guerras Napoleónicas cuando se le dote de otros añadidos, esta vez completando la defensa en la zona este con nuevas cañoneras, además de la construcción de tres baterías acasamatadas en el Suroeste, Sur y Sureste, un almacén abovedado, seis polvorines y un foso terrestre en todo el perímetro del Oeste y el Norte (elemento este último que fue eliminado durante la I Guerra Mundial), obra del ingeniero Francisco Borges da Silva.
Pero, a diferencia de la mayoría de las fortificaciones abaluartadas, no pierde su uso militar tras los conflictos bélicos del siglo XIX, sino que incluso durante la II Guerra Mundial será un elemento defensivo de consideración, que trata de evitar la utilización de este espacio estratégico isleño por las Potencias del Eje (Alemania e Italia). Se construyen túneles y refuerzos antiaéreos en las terrazas, que sin desvirtuar el trazado original adaptan el Fuerte a la ofensiva aérea y naval de la época.
Ahora, su utilización como Cuartel General se conjuga con la de Museo, dotado de exposiciones temporales renovables, así como armamento, utensilios y aparatos de los cuerpos de artillería, ingeniería, intendencia, telecomunicaciones, servicios sanitarios militares, etc., a lo que se une la posibilidad para el visitante de recorrer sus paseos de ronda, explanadas, baluartes…


Ello hace de este Forte de S. Brás un ejemplo de uso permanente en el tiempo, con la evolución lógica de los avatares históricos de cada momento, que ha de servir de ejemplo para todos. Ejemplo al no alterar el legado monumental, al mantener un uso práctico y al conjugarlo con el museístico y de disfrute ciudadano abierto, sin las restricciones y alteraciones que suele suponer la conversión en meros espacios de hostelería y restauración, que es una tentación a la que muchas veces se sucumbe, por no hablar de los frecuentes abandonos que llevan a la degradación.