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sábado, 15 de agosto de 2015

8º SEMINÁRIO INTERNACIONAL DE ALMEIDA – 28 a 30 de AGOSTO de 2014. FORTALEZAS E FRONTEIRAS.

Ponencia: Conflictos en la frontera y fortificaciones abaluartadas del triángulo Badajoz-Elvas-Campo Maior.
 
Moisés CAYETANO ROSADO.
(Ver ponencia completa en el Documento nº 61 de mi enlace: http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html )
Cabecera de la publicación que contiene la ponencia (ver completo el contenido de la revista
en el enlace anterior, Documento nº 60)
Resumen:
Cuando Portugal se alza contra la dominación filipina en 1640, ante el ataque de los ejércitos artillados de Felipe IV de España, ha de organizar urgentemente la defensa de la frontera, construyendo fortificaciones abaluartadas que protejan sus principales núcleos poblacionales y rutas de penetración territorial.
Los conjuntos defensivos se desarrollan de manera espectacular en el espacio alentejano-extremeño, principal línea de fricción en la comunicación Madrid-Lisboa, destacando el triángulo Badajoz-Elvas- Campo Maior.
En Badajoz comenzó a establecerse el refuerzo abaluartado construyendo el Fuerte de San Cristóbal, terminado en 1645. De los ingenieros militares que participaron en el diseño y construcción de sus fortificaciones destaca el nombre de Francisco Domingo.
Elvas pasó a ser la plaza mejor fortificada de la Raya extremeño-alentejana (bajo responsabilidad fundamental de Joannes Pascácio  Cosmander). Campo Maior contará con los diseños de Cosmander y, en especial, de Nicolau de Langres.
Al morir sin heredero el rey Carlos II de España en 1700, nos veremos envueltos en una encarnizada confrontación internacional. Otra vez el triángulo Badajoz-Elvas-Campo Maior desempeñará papel crucial, siendo sus defensas reforzadas, aunque mostraban deficiencias apuntadas por diversos tratadistas y cronistas de la época.
Durante la invasión francesa de comienzos del siglo XIX, Badajoz sufrirá cuatro asedios, que castigan duramente a su población y defensas.  Al otro lado de la frontera (tras diversos avatares bélicos durante la “Guerra Fantástica” de 1762 y la “Guerra de las Naranjas” de 1801), Campo Maior es sitiada en marzo de 1812, sufriendo grandes daños. Elvas había sido concienzudamente reforzada en sus fortificaciones y desempeñará un importante papel como “hospital de retaguardia”.
Pasadas las Guerras Napoleónicas, al tiempo que se va restableciendo la concordia peninsular, se asiste a una expansión urbana extramuros, constituyendo las fortificaciones para la mentalidad de la época un “corsé que aprisiona y asfixia”. Elvas, a pesar de ello, ha mantenido su patrimonio abaluartado en un encomiable estado de conservación, constituyendo uno de los mejores legados abaluartados del mundo.
En cambio, ha sido destruido gran parte del de Badajoz, siendo especialmente penosa la desaparición del Fuerte de Pardaleras, el Baluarte de San Juan, varios lienzos de muralla, revellines, cuarteles…, así como ocupados sus glacis. En la actualidad se emprende una acción rehabilitadora, a veces controvertida.
Campo Maior ha perdido su Fuerte de São João Batista, grandes tramos de muralla, revellines, equipamientos, glacis, etc., manteniendo lo que resta en estado precario, necesitado de urgente actuación de consolidación y rehabilitación.
En las murallas de Almeida

miércoles, 29 de mayo de 2013

EL FORTE DE S. BRÁS: 450 AÑOS DE UTILIZACIÓN. USO Y EJEMPLO.


Moisés Cayetano Rosado
El actual Museu Militar dos Açores -ubicado en el Forte de S. Brás, en el Puerto de Ponta Delgada- se abrió al público en junio de 2006, obteniendo así el edificio (que sigue albergando el Cuartel General de la Zona Militar de las Azores) un uso para el disfrute y conocimiento general de la ciudadanía. Compatibiliza de esta forma, muy acertadamente, el destino militar para el que fue creado con el cultural, museístico, de expansión y recreo.
El Forte recibe el nombre de la primitiva ermita que había en ese lugar y es un símbolo ejemplar de la arquitectura militar renacentista-manierista, proyectado por el ingeniero italiano Rommaso Benedetto y construido entre 1560 y 1577. De planta cuadrada, con baluartes en las esquinas y amplio patio central, defendía a la ciudad contra la piratería y los corsarios, y fue el primer fuerte abaluartado construido en Portugal, al que seguirían en la época diversos más en estas islas frecuentadas por los cargamentos procedentes de las Indias Occidentales (América).
Bajo el reinado de Felipe I (Felipe II de España), resistió a las tropas francesas aliadas del Prior de Crato en 1582 y contuvo a las naves de guerra inglesas en 1585, con lo que su función de salvaguarda contra la piratería se vio relevada en gran parte por la de las luchas ligadas a las rivalidades “continentales”: en este primer caso, de la ocupación del reino de Portugal por la Casa de Austria, reinante en España.
Un primer refuerzo de su maquinaria de guerra defensiva le vendría dado por la construcción de un revellín en su lado Este (abierto al puerto), a finales del siglo XVI y principios del XVII, obra de Luis Gonçalves Cota.
Un segundo refuerzo se añadiría entre 1756 y 1763 -al participar Portugal en la Guerra europea de los Siete Años-, consistente en tres baterías exteriores -donde ya había sido colocado el revellín-, obra de João Leite de Chaves. La estructura del Fuerte no se modifica en su interior, lienzos y baluartes, sino que únicamente se “blinda” en el espacio vulnerable del puerto, permitiendo la colocación del armamento cada vez más potente de defensa artillera.
Será con motivo de las Guerras Napoleónicas cuando se le dote de otros añadidos, esta vez completando la defensa en la zona este con nuevas cañoneras, además de la construcción de tres baterías acasamatadas en el Suroeste, Sur y Sureste, un almacén abovedado, seis polvorines y un foso terrestre en todo el perímetro del Oeste y el Norte (elemento este último que fue eliminado durante la I Guerra Mundial), obra del ingeniero Francisco Borges da Silva.
Pero, a diferencia de la mayoría de las fortificaciones abaluartadas, no pierde su uso militar tras los conflictos bélicos del siglo XIX, sino que incluso durante la II Guerra Mundial será un elemento defensivo de consideración, que trata de evitar la utilización de este espacio estratégico isleño por las Potencias del Eje (Alemania e Italia). Se construyen túneles y refuerzos antiaéreos en las terrazas, que sin desvirtuar el trazado original adaptan el Fuerte a la ofensiva aérea y naval de la época.
Ahora, su utilización como Cuartel General se conjuga con la de Museo, dotado de exposiciones temporales renovables, así como armamento, utensilios y aparatos de los cuerpos de artillería, ingeniería, intendencia, telecomunicaciones, servicios sanitarios militares, etc., a lo que se une la posibilidad para el visitante de recorrer sus paseos de ronda, explanadas, baluartes…


Ello hace de este Forte de S. Brás un ejemplo de uso permanente en el tiempo, con la evolución lógica de los avatares históricos de cada momento, que ha de servir de ejemplo para todos. Ejemplo al no alterar el legado monumental, al mantener un uso práctico y al conjugarlo con el museístico y de disfrute ciudadano abierto, sin las restricciones y alteraciones que suele suponer la conversión en meros espacios de hostelería y restauración, que es una tentación a la que muchas veces se sucumbe, por no hablar de los frecuentes abandonos que llevan a la degradación.

miércoles, 5 de septiembre de 2012


Morreu o "Capitão de Abril" Augusto Monteiro Valente

Por Moisés Cayetano Rosado
Siempre me llama la atención Almeida, por la cuidadosa atención para con su patrimonio artístico monumental, uno de los mejores y más cuidados de la Península ibérica. Y por su eficaz actividad cultural, en la que no escatiman tampoco sacrificios.
Esta vez, al ir a participar en su Seminario Internacional y Conmemoraciones del Cerco de las Guerras Napoleónicas, me llevé la sorpresa de la instalación, reciente, del “Memorial 25 de Abril”. Una obra recia, escalonada en granito de firmes barras horizontales que ascienden apoyándose entre sí, concebida con fortuna por el arquitecto João Campos -inquieto director del Seminario- y esculpida por João Antero, colocada delante de las Portas de S. Francisco, que dan acceso al interior de la fortificación abaluartada.
Memorial do 25 de Abril. Almeida.
Manifesté a mis acompañantes mi admiración por la Revolução dos Cravos y por los Capitães de Abril y uno de mis compañeros de Seminario -y ya amigo- José Luis Lima García, me dijo: “Pues nos acompaña uno de esos Capitães: el general en la reserva Augusto Monteiro Valente”. Para mí fue una agradable sorpresa saber que había estado cambiando impresiones históricas y artísticas con uno de aquellos militares, con uno de los jóvenes capitanes que se rebelaron contra la dictadura exponiendo no solo su brillante porvenir profesional, sino su libertad, su vida, que entonces no pasaba de los treinta años.
Monteiro Valente consiguió alzar la  guarnición de Guarda y ocupar la frontera en Vilar Formoso, arriesgándolo todo, como tantos de aquellos jóvenes militares que supieron priorizar la democracia, la justicia y la libertad por encima de la obediencia ciega y el acomodo a una situación en la que ellos, los jóvenes oficiales del ejército portugués, tenían asegurado el mando, la autoridad, los privilegios.
Era, como tantos de estos, además de un hombre de acción, un humanista, una persona culta, un inquieto estudioso, investigador, titulado universitario en su materia militar y en historia, que hasta el final de su vida supo cultivar, aumentando saberes y compartiendo conocimientos en intervenciones eruditas en foros y revistas.
Era, digo, porque a pocos días de volver de Almeida, recibo la noticia de su muerte. José Luis García me lo comunica y lo leo, incrédulo, en los periódicos.
Aquel militar moderado en los tiempos convulsos del “verão quente del 75”, progresista, conciliador y a la vez inconformista con el neoliberalismo insolidario que nos está envolviendo, ha fallecido en su domicilio de Coimbra, donde era tan querido. Y nos deja a todos nostálgicos, dolidos, heridos por una noticia que nadie se esperaba.
Joven aún -joven siempre, pues a los 30 años asumió la responsabilidad histórica de la Revolução-, con 68 años, nos deja un poco más huérfanos como en cada ocasión que muere un hombre de bien, notable, decisivo.
Visita al Castelo de Sabugal.
Me quedo, ahora, con esa imagen suya en la visita a Sabugal -con sombrero y gafas de sol, siguiendo sereno las explicaciones eruditas del guía-, el 24 de agosto, en una de las sesiones del Seminario de Almeida en que lo conocí, y donde pensaba verlo el año 2013 para hablar con él de los entresijos de esa Revolução que tanto me apasiona, de la que tanto he escrito y de la que pensaba ahora escribir algo nuevo contando con su ayuda. Ayuda que no será posible porque el destino nos lo arrebató. ¡Gloria a su nombre de revolucionario, joven eternamente y en la memoria para siempre!