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domingo, 20 de septiembre de 2015

VIAJE A ESLOVENIA, CROACIA, BOSNIA Y HERZEGOVINA, LA EXYUGOSLAVIA OCCIDENTAL (II)

DE ZAGREB AL PARQUE NACIONAL DE PLITVICE
Teatro Nacional de Croacia. 1895
Zagreb, la capital de Croacia, ha de saborearse con un lento recorrido a pie, que nos haga deambular por entre los palacios, grandiosos monumentos de la Ciudad Baja, donde tras el destructivo terremoto de 1880 se reconstruyeron los edificios públicos y oficiales con extraordinaria grandeza.
La rememoración del renacimiento y el barroco está presente en lugares tan emblemáticos como el Museo Mimara (de 1887) y el Teatro Nacional de Croacia (de 1895), respectivamente. O el Museo Nacional de Arte y Artesanía (1880) y el Pabellón de Arte (1896). Todos historicistas y con ese esplendor dorado, en medio de amplios jardines y avenidas, que forman en su parte esencial una enorme “U”  abierta hacia la Ciudad Alta.
Y es ahí, en ese laberinto de callejuelas que conforman el casco antiguo, donde otra vez hay que hacer “parada y fonda”, como lo exige su sabor medieval, igualmente reconstruido tras el terremoto de finales del siglo XIX.
Amurallamiento alrededor de la catedral de Zagreb
Magnífica es su Catedral de la Asunción de la Virgen María, de un airoso neogótico, con dos enormes torres delanteras de 105 metros, así como las murallas que la circundan (excepto en la parte delantera, donde fueron destruidas al reconstruir la catedral). El amurallamiento se realizó entre 1512 y 1521, ante la amenaza turca, y conserva tres de los cuatro gruesos torreones cilíndricos con cubierta cónica que tuvo: se le considera una de las murallas renacentistas mejor conservadas de Europa.
Al lado de la Catedral tenemos uno de los mercados al aire libre más amplios y populares de Zagreb: el de Dolac, donde los productores venden frutas y verduras, carnes y pescados desde primera hora de la mañana; tiene también una sección cubierta, de tres plantas, construido en 1930.
Pero quizás lo más pintoresco y admirado de la Ciudad Alta sea la Iglesia de San Marcos, cerca de lo anterior, ascendiendo por sus empinadas calles. Está en medio de la Plaza del mismo nombre, plaza mayor de la primitiva población.
Reconstruida en estilo neo-gótico a finales del siglo XIX, ostenta un tejado multicolor con el escudo del reino formado por Croacia, Dalmacia y Eslavonia, y otro de la ciudad de Zagreb.
Las callejuelas de los alrededores son un dédalo de recodos y vías empinadas, con caserío popular en el que destacan pequeñas buhardillas de madera, donde es corriente ver ropa tendida.
Bajando de allí al centro de Croacia, nos encontramos con el Parque Nacional de los Lagos de Plitvica, inscrito como Bien Natural en la Lista del Patrimonio de la Humanidad en 1979.
Como discurre a través de rocas calcáreas y dolomíticas, sus aguas han ido depositando barreras de roca carbonatada, travertina, que han creado (y siguen haciendo, en continua modificación) presas naturales, dando lugar a un variado conjunto de lagos (16 en total; en uno de los cuales se puede hacer paseo en barco), cascadas y cataratas (92), cavernas, desniveles… de extraordinaria belleza.
El Parque tiene una extensión de 30.000 hectáreas (casi un tercio es agua), siendo el más grande de los ocho parques nacionales que tiene Croacia. Su vegetación es extraordinaria y de gran porte y variedad (aunque las hayas suponen el 90%), dando cobijo a gran cantidad y variedad de aves (126 especies), reptiles y mamíferos. Y en sus aguas, increíblemente cristalinas y azuladas, hay una enorme cantidad de peces, que se agolpan en las orillas, por cuyo borde caminamos, sin que se asusten lo más mínimo.

Aunque las cascadas y cataratas son una constante del paseo por el Parque, al final del recorrido turístico se nos presenta una multiforme, enorme, de múltiple caída, que nos acompaña hasta el final del viaje por el mismo y constituye su mayor “reclamo”.
Moisés Cayetano Rosado

miércoles, 12 de marzo de 2014

FORTIFICACIONES DE LAGOS: UN PASEO ENTRE EL MAR Y LA HIERBA
 Moisés Cayetano Rosado
Aunque algo distanciado de la Raya, tendiendo hacia la punta oeste del Algarve marítimo, Lagos es una población muy apreciada por los que desde nuestra frontera nos decidimos por las playas soleadas e inmensas del sur de Portugal.
Pero al margen de ese tesoro que constituyen las arenas doradas de una costa que parece inacabable, Lagos pose el conjunto amurallado más extenso y completo del Algarve marítimo, con origen romano, reconformación musulmana (siglo X), con restauración y ampliación a finales del siglo XIII (bajo el rey D. Dinís) hasta mediados del XIV (reinado de D. Afonso IV), lo que se conserva con mucha integridad en la zona que mira al mar, hacia el este.
La mucha importancia que Lagos tuvo con los descubrimientos portugueses se materializa en numerosas partidas de expediciones al norte de África, la costa hasta Cabo Bojador Azores y Madeira, durante el siglo XV, lo que obliga a una constante revisión de la fortaleza costera, como lugar de resguardo de embarcaciones y preparación de flotas.
D. Manuel I (1495-1521) ordenó reconstruir la parte de muralla que con los años se había ido descuidando, se inicia el edificio de Paço dos Gobernadores (especie de Torre del Homenaje, frente al mar) y se comienza una segunda línea de murallas, a partir de 1521, más amplia y con diseño adaptado a las nuevas armas ofensivas de la artillería. Esta segunda cerca se concluye bajo el reinado de su hijo D. João III (1521-57), levantándose diversos baluartes, hasta alcanzar un total de 14: seis mirando hacia el mar y ocho hacia tierra, sector menos atendido hasta aquel tiempo.
Con estas actuaciones, Lagos pasa a tener la primera muralla abaluartada de Portugal -la Cerca Nova-, si bien el sistema es aún muy primario, pues salvo las esquinas (con dos escudos formando ángulo agudo, como flechas cubriendo torres adelantadas), los extensos paños de muralla apenas poseen torres cuadrangulares con plataforma delantera sobresaliendo, como orejones rectos. Eso sí, todos estos escudos y plataformas presentan amplias aberturas abocinadas, para instalación de artillería.

En la actualidad, no conservan ni fosos, ni contraescarpa al exterior; ni revellines protegiendo las extensas cortinas; ni taludes de refuerzo interior, como es propio de las fortificaciones abaluartadas, ni garitas, y ni siquiera caminos de ronda en adarves. De esta manera, más parece un amurallamiento tardomedieval reforzado con torreones recrecidos para disponer elementos artilleros, a los que por delante se les hubiese dotado de unas “mamparas” a manera de escudos artillados, planos en el recorrido de los paños y como flechas en las esquinas.
Un interesante debate en el Grupo de facebook “Fortificaciones Abaluartadas de la Raya a Patrimonio Mundial” reconfirman la novedad de este modelo abaluartado en Portugal (Fabián Lavado), con aportación de interesantes reseñas bibliográfica (Fabián Lavado y Juan Luis de la Montaña), cartográficas (Julián García Blanco, Guillermo Duclós Bautista) y modelos comparables (Javier Santi Petric y Fernando Cobos), así como de posibles diseñadores (Fernando Cobos piensa que el diseño es del portugués Francisco de Holanda, en el siglo XVI), entre otras valiosas consideraciones.
Plano de Lagos. Publicado en facebook por Julián García Blanco
Toda la fortificación es revisada, reforzada y modernizada en 1598 (tras los ataques del corsario inglés Francis Drake), en 1621 (al aumentar la importancia del embarcadero de Lagos), en 1642 (por las Guerras de Restauração contra España) y tras el destructivo terremoto de 1755.
Actualmente, por la zona sur y oeste, que forman entre sí casi un ángulo recto, se conservan tres baluartes triangulares (en las puntas y el vértice) y cuatro rectos (dos en cada cortina).  Hacia el norte (bajando desde la colina interior hacia la ría que da de inmediato al mar), apenas queda un trozo de la muralla, habiendo desaparecido el resto engullido por la expansión urbana, lo que ocurre a lo largo de toda la ría, hasta su tramo final: zona, por cierto, de gran bullicio turístico.
En el tramo del este, ya llegando al mar, no solo se conserva la muralla medieval (Cerca Velha) en buen estado -con magnífica puerta de entrada flanqueada por dos altivas torres albarranas-, sino un refuerzo de finales del siglo XVI (Cais da Ribeira: Embarcadero de la Ría), con diseño “a la moderna”, envolviendo al Paço dos Gobernadores, de principios de ese siglo. Éste presenta almenas con saeteras como el resto de la Cerca Velha, algo que no aparece en el resto de las murallas.

Enfrente, asentado en la orilla del mar, se construyó entre 1680 y 1690 el Forte da Ponta da Bandeira, como defensa del acceso al embarcadero y de la propia muralla medieval de la ciudad. Magnífico ejemplo de fuerte con planta cuadrangular, gruesas paredes de plano inclinado, foso, puente levadizo y garitas cilíndricas restauradas. Visitable, didáctico, con singular capilla forrada por azulejos del siglo XVII.

Puede recorrerse todo el perímetro exterior de estas murallas -exento de edificaciones al demolerse las adosadas a partir de 1955-, pasear cómodamente en casi su totalidad por una senda sinuosa apenas separada de la escarpa y rodeada de vegetación arbustiva y césped, lo que hace del paseo una delicia artística, histórica y… deportiva.