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lunes, 13 de noviembre de 2017

O MUNICÍPIO DE LOULÉ NOS FINAIS DA ÉPOCA MODERNA
Moisés Cayetano Rosado
Me admira la capacidad de trabajo que tiene la historiadora Teresa Fonseca. Y su versatilidad: capaz de abordar temas generales de historia socio-política de la Edad Contemporánea, como remontarse a estudios locales de la Edad Moderna, monografías de personajes relevantes del pasado siglo, estudios del “tiempo presente”, abordando la vida cotidiana de ciudadanos comunes distinguidos por su capacidad de lucha y resistencia o divulgación histórica para los más jóvenes.
Sus publicaciones en libros singulares o revistas especializadas, se han convertido en cotidianas, y gozosas para todos, por su facilidad para comunicar los temas más ásperos, difíciles o penosos, ofreciéndonos un “producto” lleno de amenidad, calidez y calidad.
Ahora, en tanto atiende con celeridad y eficacia nuestro pedido para que colabore en el número monográfico que estamos preparando en la Revista Transfronteriza “O Pelourinho” sobre “Emigração, Exílio e Repressão”, nos llega una “joya” de su producción: O Município de Loulé nos finais da época moderna. Economia, sociedade e administração, editado por el Arquivo Municipal de Luolé.
Un tomo extraordinariamente impreso, y encuadernado con pasta dura, de 152 páginas, fruto de un trabajo minucioso, “buceando” por los archivos de Torre do Tombo, el Arquivo Municipal de Loulé/Câmara Municipal de Luolé y la Biblioteca Nacional de Portugal, además de una amplísima bibliografía y fuentes impresas.
Este detallado estudio local discurre entre 1750 y 1834; desde la entronización de D. José hasta el término del régimen de monarquía absoluta, con lo que Portugal “entra” en la Historia Contemporánea.
Dividido en tres partes, precedidas de una Introducción aclaratoria y de agradecimientos, y cerrado por una sustanciosa y conclusiva Reflexión Final, más el apartado de Fuentes y Bibliografía, con 202 anotaciones a pie de página, plasma el decorrer del apogeo del absolutismo, muy arraigado y defendido en esta población.
Las tres partes del cuerpo principal del libro llevan sucesivamente estos enunciados:
Primera Parte: Loulé e o seu termo: uma breve caracterização. Con estudio del territorio y sus especificidades, la evolución demográfica en el periodo y su desenvolvimiento económico, específicamente agropecuario de pequeñas y medianas propiedades (hecho diferencial en la economía de las poblaciones del litoral algarvío), resaltando finalmente el papel destacado de la mujer en el ámbito laboral informal.
Segunda Parte: Administración municipal. Pausada y pormenorizada descripción de los poderes municipales, procesos electorales, otros agentes de la administración municipal, profesionales y actividad desde la Câmara, y los conflictos entre poderes: los propiamente locales muy apegados al absolutismo político y los foráneos (juízes de fora), más modernizadores.
Tercera parte: Impacto local das crisis político-militares. Invasiones francesas y Guerra Peninsular; Revolución liberal de 1820; Vila-Francada y Abrilada; cartismo, D. Miguel y el fin del absolutismo. La historiadora subraya las dificultades de comunicaciones por tierra y mar, lo tardío e insuficiente de las ayudas en periodos de guerra, y el apego en las crisis a sus dos instituciones “salvadoras”: la Iglesia y la Câmara, regida por la nobleza, lo que acentúa su apego al tradicionalismo, asociando además el liberalismo a los franceses, tan denostados.

Un libro digno de leer con atención, y con proyección más allá de lo local indudablemente, por la temática global analizada y la posibilidad de extrapolación y comparación con otros territorios y localidades en esta época convulsa, apasionante y apasionada de la Historia de Portugal.

domingo, 1 de octubre de 2017

PLAYA DE LAS CATEDRALES Y “VIGILANTES DE LA PLAYA”
Moisés Cayetano Rosado
Nos acercamos a la Playa de las Catedrales, en el municipio de Ribadeo (Galicia), a pocos kilómetros al oeste de la población. Bueno, realmente, Playa de Aguas Santas, pero que popularmente ha ido tomando el anterior apelativo por las formaciones rocosas que se levantan sobre la arena, que parecen pináculos y arbotantes de grandes iglesias bajomedievales.
Es casi un kilómetro de playa limitado hacia la tierra por elevadas rocas de cuarcita y pizarra, formadas hace unos 500 millones de años, y que posteriormente, por colisión de los supercontinentes Laurasia y Gondwana, se elevarían tanto como la actual cordillera del Himalaya: desde esos 350 millones de años transcurridos hasta ahora, el roquedal se ha ido remodelando, erosionando, fracturando, con un buzamiento de estratos inclinados hacia el mar, que ha facilitado aún más la erosión ante el embate de las olas y la fuerza del viento.
Así, se han formado grutas profundas, algunas de las cuales han colapsado, formando furnas (cavidades abiertas en altura), arcos rocosos, con más de 30 metros en la actualidad, y pináculos de igual altura, en un proceso sucesivo de fracturación y modelado.
Todo ello, es plenamente visible y “paseable” en la bajamar, siendo bastante cerrado y de menor vistosidad en la pleamar. Por ello, los visitantes esperamos el momento magnífico de la marea baja, para… bajar las escaleras que desde lo alto nos conducen a la playa y disfrutar como niños entre este bosque de columnas, arcadas y grutas naturales, reino de percebes, mejillones y lapas.
Y por eso, en esta “romería” se forman colas apresuradas, lanzadas desde autobuses de turistas y coches particulares que se agolpan en los aparcamientos, dando la sensación de una cola de racionamiento, todos con el papelito de entrada en la mano (o grabado en el móvil) o amparados por el guía que mete prisa a sus parroquianos porque “hemos de entrar todos juntos”.
Sí, es que aquí se entra, se baja, con “entrada”, con permiso, con un control vigilante para que no se “cuele” nadie. Y es cierto que los miles de turistas de verano pueden ser un problema de “aforo”, por lo que hay “númerus clausus” en esta “Universidad de la Geología y la Geomorfología”, de lo que -dicho sea de paso- apenas se da información en los carteles de la zona.
Algarve. Entre Portimão y Albor.
La belleza del lugar, desde luego, merece bien el acercarse; incluso con esto de los trámites de “permiso”, que resulta un poco extraño. Eso sí, no menos espectacular es la zona de playas entre Portimão y Albor en el Algarve, o los acantilados de Peniche (al norte de Lisboa), de formaciones geomorfológicas igualmente grandiosas, y allí no hay esta peregrinación. Es cuestión, claro, de modas y de marketing. A la Playa de las Catedrales se va “a ver”; a las del Algarve a bañarse y pasear (también un poco a mirar), como a las de Peniche, ignorándose un poco el espectáculo de sus acantilados.
Acantilados de Peniche
Pero que ahora -cuando vamos a finales de septiembre- sigan los “vigilantes de la playa” pidiendo permisos de entrada, resulta excesivo. Así, cuando llegamos tan contentos a su “puesto de control”, nos encontramos con la barrera humana que pide el salvaconducto, a pesar de la asistencia moderada de turistas. Pequeño inconveniente -si no lo llevas- que te hace allí mismo conectarte a internet, dar nombres y números de DNI para que de inmediato te franqueen “telemáticamente” la entrada. Pequeño inconveniente… si no “chocas” con algún/a vigilante playero insolente, maleducado, prepotente y chulesco, que de malos modales se pone en jarras para impedir el libre tránsito por no llevar el “papelín” que te permite bajar las escaleras. Menos mal que siempre hay algún otro profesional sabiendo “quitar hierro” al asunto e informar de cómo solucionar el burocrático problema.

En cualquier caso, repito, merece recorrer, en bajamar, esta Playa de Aguas Santas, mágica como las anteriores que nombré. Pero merecería también que las autoridades encargadas de controlar el paso controlaran también a quien contratan para regularlo, porque la imagen que dan del lugar resulta pésima, y hay que tener mucho temple para no mandarla escaleras abajo, como una ola más que contribuya a la erosión de la zona, ¡que bastante la erosiona con su comportamiento!

jueves, 23 de abril de 2015

Tierras del Sur de Portugal y España
Moisés Cayetano Rosado
Las tierras del Sur de Portugal y España han padecido secularmente una grave situación de pobreza y miseria, afectando a una inmensa mayoría de su población, campesinado sin tierras, a merced de las contrataciones estacionales en extensas propiedades, muchas veces infraexplotadas, y donde los salarios por trabajos “de sol a sol” apenas daban para la subsistencia.
El “hambre de tierras” de esta población desasistida fue fugazmente atendida por la Reforma Agraria de la II República y Guerra Civil en el bando republicano en cuanto a España y la de los Gobiernos Revolucionarios de los años 1975 y 1976 en Portugal, sin mayor proyección en el tiempo, volviéndose a la situación latifundista infrautilizada anterior.
La situación para el campesinado sería extremadamente difícil, entrando en los años cincuenta y sesenta en una etapa de éxodo que llevaría a gran parte de la población a las zonas industrializadas de sus respectivos países y a Centroeuropa. En tanto, los que quedaban en la tierra de origen seguían padeciendo la situación de calamidades y hambre que les llevaba a buscar su subsistencia, aparte de en los escasos y magros jornales, en diversas modalidades de “rebusca”, furtivismo y contrabando estrechamente perseguido por la GNR y Guardia Civil, respectivamente.
La presencia opositora del general Humberto Delgado en 1958 supuso un “aire de esperanza” en Portugal, que se vio enseguida frustrado por el fraude electoral, que llevaría al general al exilio, la oposición clandestina y finalmente la muerte (asesinado en Badajoz), como le ocurriría a tantos portugueses en general y alentejanos en particular.
En los años centrales de prosperidad desarrollista -los años sesenta-, el impulso a las infraestructuras, la extracción minera, la industrialización, la urbanización de grandes espacios y la construcción de viviendas y lugares de recreo, hace que la demanda de mano de obra se dispare. De las zonas rurales hacia las urbanas y de los países mediterráneos al centro y norte de Europa, grandes masas de “capital humano” se desplazan buscando un porvenir que en origen tienen dificultoso.
Portugal y España serán dos de las naciones que entre 1961 y 1975 más se vean afectadas por el trasvase poblacional: casi el 11% de la población portuguesa y más del 4% de la española se envuelven en el proceso, siendo Alemania, Francia y Suiza los principales receptores.
El caso de Portugal resulta más extremo (el porcentaje lo delata), pues la dureza de las guerras coloniales -que se desenvuelven principalmente en Angola (desde 1961), Guinea (desde 1963) y Mozambique (desde 1964)- suponen una sangría económica para la nación que acentúa la pobreza, al tiempo que una espoleta para la emigración de los más jóvenes, que “huyen” de una guerra en la que se ven forzosamente enrolados.
El desarrollo es desigual en España, pues ante un “norte” que prosperaba existía un “sur” de pobreza y forzada emigración, que nutre de capital humana a las zonas más prósperas.
Desde su destino, los emigrantes ahorrarán cuanto puedan -incluso pasando estrecheces y a veces miseria de alimentación y hospedaje- para remitirlo a sus pueblos, donde queda buena parte de familia y donde invierten en el pago de deudas, compra de viviendas, pequeños negocios (bares, comercios…), tierras, etc. que suponen un balón de oxígeno para la economía peninsular, pues contribuyen con eficacia a equilibrar la Balanza exterior de pagos.
No obstante, las regiones emisoras, como Extremadura y Alentejo, Andalucía y Algarve presentan al final del proceso unos indicadores socio-económicos que les siguen situando en la cola del mundo occidental, en tanto las regiones receptoras estaban y siguen tras el proceso migratorio a la cabeza del bienestar. De otra parte, esa pérdida de habitantes (los más jóvenes, en edad de tener descendencia) continúa siendo una muesca irrecuperable en la envejecida pirámide de todas las zonas de emigración.

De nuevo, esa situación se reproduce con la crisis mundial en la que estamos ahora hundidos. Otra vez el sur emigrando a Centroeuropa, y otra vez vaciando unas regiones secularmente envejecidas, empobrecidas y ennegrecidas en cuanto a su futuro.

viernes, 6 de marzo de 2015

LÍNEAS DE INVASIÓN Y HERENCIA MONUMENTAL EN LA RAYA

Líneas de invasión sobre mapa de Nicolau de Fer, de 1703
Moisés Cayetano Rosado

La Raia/Raya entre España y Portugal ha sido frecuente línea de confrontaciones, especialmente durante la Edad Media y la Moderna. Primero en la Alta Edad Media, en el sentido norte-sur, desde Galicia a  Minho/Tras Os Montes, por el empuje cristiano contra los musulmanes. Después -creado el reino de Portugal en el siglo XII-, se presentarán los conflictos en los corredores este-oeste, por la rivalidad entre los reinos luso y castellano-leonés. Posteriormente, tras la reunificación de los reinos peninsulares bajo Felipe II, una etapa de paz desembocará en 1640 en la guerra de separación, que tendrá réplicas bélicas en diversos momentos del siglo XVIII y principios del XIX.
Todo ello ha llevado a altos grados de sufrimiento para la población fronteriza, así como a extraordinarias obras de defensa y contención, pero también de invasión, que nos han dejado un legado extraordinario. Los castillos medievales y las fortificaciones abaluartadas modernas son la expresión material de esos desencuentros, pero al mismo tiempo los magníficos representantes del ingenio humano, manifestado en construcciones de alto bajo militar y artístico, que en buena parte nos ha llegado en aceptable estado de conservación, rehabilitadas en muchas ocasiones con acierto (pese a las destrucciones y alteraciones abundantes) y mantenidas en la actualidad.
Tuy visto desde Valença do Minho
Hay una primera línea de invasión en la zona de Galicia/Minho, en la que deberemos destacar las fortificaciones de A Guarda y Goyan, al lado mismo del Atlántico, frente a las de Caminha y Vila Nova de Cerveira, con ese sentido de “botón y ojal” tan frecuente en toda nuestra frontera, de “mutua vigilancia y contención”. Al este, las gallegas Tuy y Salvatierra de Minho se enfrentan a Valença do Minho (doble fortificación moderna que supone uno de los hitos fundamentales de la ingeniería militar) y Monção.
Fortificaciones medieval y moderna de Chaves
A continuación, hacia el este, la parte más oriental de Galicia se enfrenta a Tras os Montes en esas dos fortalezas que, como muchas de las que presenta la Raia/Raya, presenta un magnífico castillo medieval protegido posteriormente por recinto abaluartado, como es el caso de la fortificación de Monterrey (Verin) frente a Chaves. O las del norte de la región leonesa con las del este de Tras os Montes, de las que debemos destacar Toro y Zamora con sus vecinas Bragança y Miranda do Douro.
Detalle de la fortificación de Almeida
La siguiente línea de invasión, entre el Duero y el Tajo, presenta un corredor de enorme interés, que del lado español tiene sus fortificaciones de vanguardia, medievales y abaluartadas, en San Felices de los Gallegos y Ciudad Rodrigo. A ellas se enfrentan una cantidad importante de castillos roqueros, como los de Castelo Rodrigo, Castelo Bom y Castelo Mendo, aunque la maquinaria de guerra más espectacular será la de Almeida, de castillo medieval desaparecido por explosión de sus almacenes de pólvora, pero con una de las fortificaciones abaluartadas en estrella más espectaculares que existen.
Baluarte de la fortificación de Badajoz
Ya metidos entre Extremadura y Alentejo, la abundancia de castillos bajomedievales y fortificaciones abaluartadas nos delatan la importancia de este corredor en la línea Madrid-Lisboa y sus alrededores. Al norte, Alcántara, Brozas y Valencia de Alcántara frente a Castelo de Vide, Marvão y Portalegre, con una segunda línea en retaguardia, donde destacan Crato y Alter do Chão. Al sur, Alburquerque, Badajoz y Alconchel, frente a ese “muro de contención” que forman fundamentalmente Arronches, Ouguela, Campo Maior, Elvas (una de las fortificaciones más completas del mundo), Olivença (entonces de Portugal), Juromenha… y más abajo Monsaraz, Mourão y Moura, con retaguardia en Vila Viçosa, Estremoz, Évora y Montemor-o-Novo, casi todas con la “doble presencia”: medieval y moderna.
Vista de la fortificación moderna desde el castillo medieval. Casstro Marim
Por último, al sur peninsular, la Raya/Raia Andalucía-Algarve, con hitos básicos en Sanlúcar de Guadiana y Ayamonte enfrente de Alcoutim y Castro Marim (con prolongación en Cacela Velha y toda la línea algarvía).

Todo un rosario de fortalezas espectaculares, de gran vistosidad, alarde técnico y belleza formal, que invita a zigzaguear por esta línea que fue de separación y que ahora debe ser de unión, de cultura y recreo para todos. Y en la que estamos empeñados tantos en que alcance la merecida clasificación de Patrimonio Mundial, por su singularidad, su representatividad de un largo periodo histórico de la humanidad y buen estado de autenticidad e integridad.

miércoles, 12 de marzo de 2014

FORTIFICACIONES DE LAGOS: UN PASEO ENTRE EL MAR Y LA HIERBA
 Moisés Cayetano Rosado
Aunque algo distanciado de la Raya, tendiendo hacia la punta oeste del Algarve marítimo, Lagos es una población muy apreciada por los que desde nuestra frontera nos decidimos por las playas soleadas e inmensas del sur de Portugal.
Pero al margen de ese tesoro que constituyen las arenas doradas de una costa que parece inacabable, Lagos pose el conjunto amurallado más extenso y completo del Algarve marítimo, con origen romano, reconformación musulmana (siglo X), con restauración y ampliación a finales del siglo XIII (bajo el rey D. Dinís) hasta mediados del XIV (reinado de D. Afonso IV), lo que se conserva con mucha integridad en la zona que mira al mar, hacia el este.
La mucha importancia que Lagos tuvo con los descubrimientos portugueses se materializa en numerosas partidas de expediciones al norte de África, la costa hasta Cabo Bojador Azores y Madeira, durante el siglo XV, lo que obliga a una constante revisión de la fortaleza costera, como lugar de resguardo de embarcaciones y preparación de flotas.
D. Manuel I (1495-1521) ordenó reconstruir la parte de muralla que con los años se había ido descuidando, se inicia el edificio de Paço dos Gobernadores (especie de Torre del Homenaje, frente al mar) y se comienza una segunda línea de murallas, a partir de 1521, más amplia y con diseño adaptado a las nuevas armas ofensivas de la artillería. Esta segunda cerca se concluye bajo el reinado de su hijo D. João III (1521-57), levantándose diversos baluartes, hasta alcanzar un total de 14: seis mirando hacia el mar y ocho hacia tierra, sector menos atendido hasta aquel tiempo.
Con estas actuaciones, Lagos pasa a tener la primera muralla abaluartada de Portugal -la Cerca Nova-, si bien el sistema es aún muy primario, pues salvo las esquinas (con dos escudos formando ángulo agudo, como flechas cubriendo torres adelantadas), los extensos paños de muralla apenas poseen torres cuadrangulares con plataforma delantera sobresaliendo, como orejones rectos. Eso sí, todos estos escudos y plataformas presentan amplias aberturas abocinadas, para instalación de artillería.

En la actualidad, no conservan ni fosos, ni contraescarpa al exterior; ni revellines protegiendo las extensas cortinas; ni taludes de refuerzo interior, como es propio de las fortificaciones abaluartadas, ni garitas, y ni siquiera caminos de ronda en adarves. De esta manera, más parece un amurallamiento tardomedieval reforzado con torreones recrecidos para disponer elementos artilleros, a los que por delante se les hubiese dotado de unas “mamparas” a manera de escudos artillados, planos en el recorrido de los paños y como flechas en las esquinas.
Un interesante debate en el Grupo de facebook “Fortificaciones Abaluartadas de la Raya a Patrimonio Mundial” reconfirman la novedad de este modelo abaluartado en Portugal (Fabián Lavado), con aportación de interesantes reseñas bibliográfica (Fabián Lavado y Juan Luis de la Montaña), cartográficas (Julián García Blanco, Guillermo Duclós Bautista) y modelos comparables (Javier Santi Petric y Fernando Cobos), así como de posibles diseñadores (Fernando Cobos piensa que el diseño es del portugués Francisco de Holanda, en el siglo XVI), entre otras valiosas consideraciones.
Plano de Lagos. Publicado en facebook por Julián García Blanco
Toda la fortificación es revisada, reforzada y modernizada en 1598 (tras los ataques del corsario inglés Francis Drake), en 1621 (al aumentar la importancia del embarcadero de Lagos), en 1642 (por las Guerras de Restauração contra España) y tras el destructivo terremoto de 1755.
Actualmente, por la zona sur y oeste, que forman entre sí casi un ángulo recto, se conservan tres baluartes triangulares (en las puntas y el vértice) y cuatro rectos (dos en cada cortina).  Hacia el norte (bajando desde la colina interior hacia la ría que da de inmediato al mar), apenas queda un trozo de la muralla, habiendo desaparecido el resto engullido por la expansión urbana, lo que ocurre a lo largo de toda la ría, hasta su tramo final: zona, por cierto, de gran bullicio turístico.
En el tramo del este, ya llegando al mar, no solo se conserva la muralla medieval (Cerca Velha) en buen estado -con magnífica puerta de entrada flanqueada por dos altivas torres albarranas-, sino un refuerzo de finales del siglo XVI (Cais da Ribeira: Embarcadero de la Ría), con diseño “a la moderna”, envolviendo al Paço dos Gobernadores, de principios de ese siglo. Éste presenta almenas con saeteras como el resto de la Cerca Velha, algo que no aparece en el resto de las murallas.

Enfrente, asentado en la orilla del mar, se construyó entre 1680 y 1690 el Forte da Ponta da Bandeira, como defensa del acceso al embarcadero y de la propia muralla medieval de la ciudad. Magnífico ejemplo de fuerte con planta cuadrangular, gruesas paredes de plano inclinado, foso, puente levadizo y garitas cilíndricas restauradas. Visitable, didáctico, con singular capilla forrada por azulejos del siglo XVII.

Puede recorrerse todo el perímetro exterior de estas murallas -exento de edificaciones al demolerse las adosadas a partir de 1955-, pasear cómodamente en casi su totalidad por una senda sinuosa apenas separada de la escarpa y rodeada de vegetación arbustiva y césped, lo que hace del paseo una delicia artística, histórica y… deportiva.

miércoles, 6 de febrero de 2013


FORTIFICACIONES ABALUARTADAS, GUERRA CONTRA LAS INVASIONES FRANCESAS, AVATARES POSTERIORES Y FUTURO

Por Moisés Cayetano Rosado
FORTIFICACIONES RAYANAS AL COMENZAR EL S. XIX.
El mantenimiento de las fortificaciones siempre supuso un coste económico muy gravoso para los respectivos países y para las poblaciones que las tenían. En la Raya hispano-portuguesa -de tantas confrontaciones bélicas a lo largo de los siglos XVII y XVIII- su mantenimiento se hacía aún más dificultoso, pues la economía de España y Portugal, y en particular de las regiones rayanas, tocaba fondo.
Por eso, a comienzos del siglo XIX, las deficiencias son generales en todas ellas, y las necesidades de reparación se veían dificultadas por todo este cúmulo de problemas; además, hay que tener en cuenta que la complejidad de las obras en el interior de las plazas (cuarteles, depósitos de intendencia, polvorines, almacenes de pertrechos militares, hospitales…), en la cintura de murallas (parapetos, cortinas, baluartes, garitas, cañoneras… de mayor grosor y consistencia), en los elementos exteriores (amplios fosos, revellines y mediaslunas,  glacis, galerías, contraminas…), etc. exigían una mayor inversión, para enfrentarse con éxito a una artillería de ofensiva cada vez más potente.

PRIMERA INVASIÓN FRANCESA EN LA RAYA. RESISTENCIA DE CASTRO MARIM.
En medio de estas circunstancias de deficiencias materiales y necesidades económicas, se producirán las primeras acciones de ocupación francesa en la Raya.
El Algarve se revuelve a mediados de año contra la administración francesa encomendada al general Antoine Maurin desde febrero de 1808. Castro Marim, notablemente fortificado (con castillo medieval adaptado a la ofensiva artillera, fuerte abaluartado en lado opuesto, cerco envolvente de murallas y baluartes, baterías exteriores, imponente revellín…), se constituye en primordial núcleo de resistencia, conteniendo el intento de invasión del coronel Marazin, y no vuelve a ser molestada en toda la contienda, estando bien dotada de soldados y armas. Posteriormente, entre 1819 y 1829, verá reforzados sus baluartes, cortinas y casamatas, acogiendo el Batalhão de Caçadores 4; solo a mediados de siglo se romperán las murallas de comunicación, por la expansión urbana.
En julio del mismo año, Évora y Estremoz -que se rebelan contra los franceses- sufrirán la represión de las tropas invasoras, que entraron por la Beira Baixa, donde destruyeron parcialmente el Fuerte de la Concepción, elemento esencial en este eje de penetración, entre Ciudad Rodrigo y Almeida.

SEGUNDA INVASIÓN. DESTRUCCIÓN PUENTE DE ALCÁNTARA.
Tras haber salido de Portugal, por la Convención de Sintra -al ser vencidos por los ingleses en septiembre de 1808-, protagonizarán una segunda invasión al año siguiente. Entran esta vez por el norte, comandados por el mariscal Soult, tomando Chaves. En estas ofensivas de marzo a mayo de 1809, sufrirá Alcántara un saqueo y destrucción importante el 14 de mayo de 1809, a lo que los aliados “responderán” el 10 de junio destruyendo el segundo arco del Puente romano, vía crucial de comunicación entre España y Portugal.
Sir Arthur Wellesley, futuro Duque de Wellington, consigue repeler esta segunda invasión, ocasionando una penosa retira de Soult en dirección a Ourense. No obstante, las acciones más duras de la invasión francesa aún no se habían producido; éstas serán sistemáticas en la Raya desde mayo de 1810 a junio de 1811.

TERCERA INVASIÓN. TOMA DE CIUDAD RODRIGO Y ALMEIDA.
Así, el mariscal Michael Ney sitia Ciudad Rodrigo a finales de abril de 1810, ocupándola el 10 de julio. A consecuencia de ello, y para que no cayera en poder francés, el general inglés Robert Crawford -de acuerdo con Wellington- mandó volar el cercano Fuerte de la Concepción ese mismo mes, quedando en ruinas hasta la actualidad (aunque con menos piedras, por las muchas que se han ido llevando los lugareños…), en que parcialmente se ha restaurado para funciones hoteleras e histórico-culturales.
A consecuencia del sitio de Ciudad Rodrigo, el brigadier Herrasti -al mando de la plaza- consiguió con su resistencia retrasar la penetración en Portugal, permitiendo a Wellington reorganizar la defensa general y construir las “Linhas de Torres Vedras”. Las “Linhas” son un conjunto de fortificaciones y otros elementos situados en el norte y noreste de la península de Lisboa, para su defensa y en caso de derrota permitir el embarque seguro del ejército británico en repliegue. Precisamente, en esta tercera invasión, consiguen impedir que el ejército francés al mando de André Masséna acceder a la capital del reino, y finalmente provocan su retirada de Portugal. 
Inmediatamente, Masséna, pasó a Almeida, que cercaría el 24 de julio y toma el 28 de agosto, tras hacer estallar un proyectil francés su polvorín principal el día 26, causando fuertes destrozos.
Wellington la recuperó en 1811, cercándola del 12 de abril al 10 de mayo; los franceses volvieron a volar la fortificación al huir, destruyendo tres de los seis baluartes. Previamente, ambos ejércitos habían mantenido una importante Batalla, entre Vilar Formoso (Portugal) y Fuentes de Oñoro (España), del 3 al 5 de mayo, en la que el mariscal Masséna, con 40.000 infantes y 5.000 de caballería, fracasó frente a Wellington, que comandaba a 34.500 soldados de infantería y 1.500 de caballería. A partir de ahí, el mando francés pasaría al mariscal Marmont, que mantiene diversos enfrentamientos con los aliados, culminando en la Batalla de Arapiles (en Salamanca, julio de 2012), donde fue derrotado por Wellington.
Antes de esta batalla, el mariscal inglés consiguió recuperar Ciudad Rodrigo, el 19 de enero de 1812, tras doce días de asedio, siendo sometida la ciudad a terribles saqueos, violaciones, asesinatos: el gobernador de la plaza, Barrié, se había negado a rendirse y ésta era la “compensación” de guerra a que la soldadesca asaltante tenía derecho.

ASEDIOS A BADAJOZ, OLIVENZA, ALBURQUERQUE, CAMPO MAIOR.
Durante esta tercera invasión francesa, Badajoz sufrirá cuatro asedios. El primero a cargo de los franceses, del 26 de enero al 10 de marzo de 1811, en que tras morir en la ofensiva el gobernador de la misma -general Menacho-, fue sustituido por el general Imaz, el cual capituló ante el mariscal Soult, que había abierto brecha de más de 30 metros entre los baluartes de Santiago y San Juan, en la zona sur de la ciudad, a la izquierda del río Guadiana.
El segundo asedio, de 8 a 14 de mayo (primero de los aliados), es dirigido por el general Beresford, que “se encontró con una fortificación más fortificada y perfeccionada de lo que se esperaba y tuvo que optar por atacar la ciudad desde la orilla derecha del Guadiana, dirigiendo sus ataques contra el fuerte de San Cristóbal y la Alcazaba”, como afirma Carlos Sánchez Rubio en “Los asedios de Badajoz” (O Pelourinho, nº15, pg. 69). El sitio fue levantado para participar en la Batalla de la Albuera, que tuvo lugar a 22 kilómetros de Badajoz el 16 de mayo, con más de 60.000 contendientes y pírrica victoria aliada.
El día 20 de mayo, y hasta el 17 de junio, se retomaría el asedio. Este tercer asedio (segundo aliado), dirigido por el mismo Wellington, realizado desde las mismas posiciones que el anterior, se levantó también sin éxito, ante la inminente llegada de tropas de socorro encabezadas por Marmont y Soult, que efectivamente aparecieron el día 20.
Por fin, un cuarto asedio (tercero aliado) llevaría a la conquista de la plaza por éstos. Wellington la toma al asalto desde distintas brechas abiertas, tomando la ciudad “a sangre y fuego”, y siendo sometida durante más de dos días al pillaje, robo, destrucción, violaciones, asesinatos superiores incluso a los de Ciudad Rodrigo; también en esta ocasión el gobernador, general Philippon, se había negado a rendirse, y éste era el castigo aliado… para la población ¡invadida por los francés!
Olivenza igualmente padecería por estas fechas el asedio napoleónico; el mariscal Soult la tomó el 23 de enero de 1811, tras doce días de cerco. La reacción aliada triunfaría poco después, el 15 de abril, tras un asedio de seis días, al que siguió nueva recuperación francesa el 21 de junio, procediendo a destruir la fortificación en las jornadas posteriores. Once meses después pasaría a dominio español.
Otras poblaciones asediadas en este año trágico de 1811 serían Alburquerque, tomada por Latour-Maubourg el 16 de marzo, procediendo a continuación a destrozar los refuerzos artilleros. O, al otro lado de la frontera, Campo Maior, sitiada por el mariscal Mortier del 8 al 21 de marzo, en que se rinde el mayor Talaya -que la comandaba-, ante su inferioridad de efectivos y la falta de pólvora para continuar la defensa.
En esta zona, Elvas había sido concienzudamente reforzada en sus fortificaciones. Entre 1763 y 1792 se construyó el portentoso Forte de Nossa Senhora da Graça, bajo las propuestas del mariscal conde Lippe y la dirección de los ingenieros Valleré y Étienne. A inicios del siglo XIX se reforzaría el conjunto con fortines, dos flanqueando al Forte de S. Luzia y el otro al lado del acueducto.

BREVE CUARTA INVASIÓN DE PORTUGAL.
Durante el mes de abril de 1812, el ejército francés -que se había retirado de Portugal en el mes de junio del año anterior- vuelve a invadir, nuevamente al mando del mariscal Marmont, penetrando por el valle de Côa. El general Clausel intentó tomar, sin éxito, Almeida. Atacan también a Castelo Branco y saquean a continuación Pedrogão y Medelim. Pero el día 24 se retira Marmont de Portugal, acabando así cuatro años de ruina y destrucción, de sangrientos enfrentamientos, saqueos, robos, violaciones en unas poblaciones alternativamente invadidas, liberadas, vueltas a invadir y liberar… a pesar de sus fortificaciones, a veces abandonadas, pero otras veces reforzadas con gran esfuerzo, aporte humano y económico, y escasamente efectivas ante los avances de las técnicas de sitio y de la creciente potencia artillera.

AVATARES Y FUTURO DE LAS FORTIFICACIONES ABALUARTADAS.
Pasadas las Guerras Napoleónicas, al tiempo que se va restableciendo la concordia peninsular, se asiste paulatinamente a una expansión urbana extramuros en las poblaciones de frontera. Si a ello unimos lo costoso del mantenimiento de las fortificaciones y lo insalubre de los fosos al llenarse de agua de lluvia que se empantana, de escombros que allí se arrojan… se entiende que las poblaciones con fortificaciones abaluartadas vean en estos elementos defensivos “un corsé que aprisiona”, un escollo al progreso expansivo del urbanismo, una carga económica  y un peligro por los derrumbes que ocasiona su falta de mantenimiento.
Así, recurren a peticiones las entidades oficiales municipales, los vecinos, los medios incipientes de comunicación, en el sentido de desmantelar las murallas, a partir de mediados de siglo XIX.
Una Real Orden española de 22 de enero de 1859 mandaba, precisamente, abandonar las plazas y fuertes siguientes: Castillo de Jaca, Bayona, La Guardia, Ayamonte, Bayona, San Sebastián, Almería, Alicante, Ciudadela de Valencia, Alburquerque y Valencia de Alcántara (aunque conservándose sus castillos, enajenándose al mismo tiempo los terrenos y edificios militares interiores con arreglo a la Ley de Desamortización). En otras fortificaciones, como son Molina de Aragón, Berga, Denia, Peñas de San Pedro, Castro Urdiales, Motril, Guetaria, Ciudadela de Menorca y Olivenza, no debía invertirse cantidad alguna en su mejora, mandándose demoler lo que se considerara necesario.
Y así, por ejemplo, en el Plan de Ensanche de Valencia de Alcántara, en 1861, se permitía ampliar las casas contra la muralla, e incluso utilizar a éstas como canteras, comenzando por los revellines delante de las puertas de entrada. Hoy día, lo que queda de su fortificación abaluartada es solamente un baluarte, un fragmento de cortina de otro y una puerta de entrada, aparte del fuerte que rodea el castillo.
En Olivenza, desde 1859 se permitió construir libremente en el circuito abaluartado, consintiéndose la demolición de las murallas, utilizada en parte para cercado de parcelas rústicas. ¡Pero incluso a comienzos del siglo XXI se ha vaciado de tierra todo un baluarte, dejando la camisa peligrosamente “desnuda” y provocando la caída parcial de un caballero interior!
En Vila Viçosa, en los años treinta -de tantas modificaciones desafortunadas en el patrimonio fortificado- se eliminó una puerta de entrada al recinto medieval, lienzos y un revellín de su abaluartado (sometido ahora al abandono).
Y es que en el siglo XX continuaron las destrucciones, incluso contraviniendo el ordenamiento jurídico vigente, como es el caso de Badajoz en los años sesenta al arrasar con un baluarte y varios tramos de muralla, a lo que se opuso tajantemente la Dirección General de Bellas Artes, que logró paralizar en parte los derribos. ¡E incluso hoy día se eliminan partes significativas de las edificaciones militares interiores del Fuerte de San Cristóbal, para facilitar la construcción de una terraza-mirador cubriendo gran parte del espacio interior, con tal de utilizarlo en festejos, bodas, reuniones…!
En otras, ¡en tantas!, la destrucción, el abandono, la desidia, han ido haciendo estragos muchas veces irreparables. Pese a todo, nos queda en la Raya patrimonio abaluartado suficiente como para poder sumar todo un “rosario de fortificaciones” a la calificación de Patrimonio de la Humanidad, que a finales de junio de 2012 obtuvo Elvas, en la reunión de la UNESCO que tuvo lugar en San Petersburgo (Rusia).