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viernes, 29 de agosto de 2025

 EL “VERANO CALIENTE DEL 75”

Durante el verano de 1975, hace ya 50 años, mientras Portugal “ardía” en pleno periodo revolucionario, en España llevamos a cabo una intensa actividad artística-cultural por los pueblos y ciudades, protagonizada fundamentalmente por poetas y cantautores, de especial intensidad en Extremadura.

Era para nuestros vecinos el PREC (Processo Revolucionário em Curso), con masivas ocupaciones de tierras en Ribatejo y sobre todo en Alentejo, nacionalizaciones de la banca, los seguros, transportes públicos, empresas estratégicas… y masivas manifestaciones en la calle, “hermanados” trabajadores y militares, bajo el lema “Povo-MFA” (Pueblo-Movimiento de las Fuerzas Armadas).

En España vivíamos los estertores de la dictadura franquista, despuntando la contestación opositora, con baja intensidad todavía, aunque la lucha clandestina se configuraba, apoyada en manifestaciones artísticas y culturales, muchas veces sostenidas por los aparatos de los partidos políticos que aún no podían manifestarse abiertamente.

Fue el tiempo boyante de cantautores y el “rebrote” de la poesía social. Llenaban plazas, teatros, estadios, canchas deportivas, cantantes como Lluís Llach, Luis Eduardo Aute, Imanol, Elisa Serna, Hilario Camacho, Pablo Guerrero, Luis Pastor…, y resonaban poemas de los grandes de décadas anteriores, como Gabriel Celaya, Blas de Otero, José Hierro, Maria Elvira Lacaci, Manuel Pacheco, Luis Álvarez Lencero…

En Extremadura se prodigaron los recitales conjuntos de música y poesía, organizados por asociaciones y grupos culturales, detrás de los que estaban en muchas ocasiones partidos políticos aún ilegales y por tanto en el “anonimato organizativo”.

Fueron muchos los jóvenes poetas que entonces despuntaron, frecuentemente acompañados por el incansable y entusiasmado Manuel Pacheco, que por edad podía ser el padre de los otros. En cuanto a los cantautores, no era raro contar con la presencia de Pablo Guerrero y Luis Pastor, a los que también secundaban otros menos conocidos, pero igualmente llenos de energía, entusiasmo y firmeza en el deseo de transmitir que “están cambiando los tiempos”, como cantaba Luis Pastor.

Llegado el otoño, con la enfermedad irreversible de Franco, la censura oficial se iba tornando cada vez más rígida, y exigían frecuentemente consulta previa de las letras y poemas, como condición para autorizar los recitales. Era común que en la lectura de los mismos el censor tachara versos e incluso letras y poemas enteros, estando presentes en los actos públicos agentes oficiales camuflados, que comprobaban el cumplimiento de lo ordenado, con capacidad para interrumpirlos y levantar actas denunciando a los “infractores”. En esto eran muy celosos de su cometido especialmente el Delegado Provincial en Badajoz del Ministerio de Información y Turismo, Miguel Cerón, y su Secretario, Juan Moll: muchas veces me correspondió tratar con ellos la entrega de letras a cantar y recitar, asistiendo al tachado en rojo de lo que no podía ser expuesto.

Aún en 1976 seguiría el mismo procedimiento, e idéntico entusiasmo en organizadores y en poetas y cantautores, con notable presencia de público en los actos organizados por los que cada vez iban descubriendo más su procedencia política y sindical. Ya a partir de 1977, con las elecciones generales del 15 de junio, se fueron prodigando los mítines políticos y se relegaron los recitales, que había servido como una especie de “teloneros” de los que ya ocuparían todo el espacio público.

Como escribió el citado Luis Pastor, “todo cambió de repente,/ los políticos al frente/ de comparsa el trovador”. Y más adelante: “Cantautor a tus trincheras/ con corona de laurel/ y distintivo de honor,/ pero no des más la lata,/ que tu verso no arrebata/ y tu tiempo ya pasó”.

Fue el de 1975 un verano de música y poesía, de reivindicaciones sociales envueltas en versos y guitarras. Explosión cultural en España, presagio de nuevos tiempos, mientras nuestros vecinos protagonizaban un “terremoto revolucionario”. El 25 de noviembre cortaría el PREC un Golpe Militar, que recondujo la democracia portuguesa hacia posturas moderadas, en lo que volvió a coincidir con España, que unos días antes empezó a caminar hacia ella con la muerte del dictador.