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martes, 5 de julio de 2016

DE CASTELO BRANCO A PUEBLA DE SANABRIA Y REGRESO (IV)
Torre de la Iglreja Matriz de Moncorvo
ARTE RUPESTRE PALEOLÍTICO EN LA FRONTERA: DE FOZ CÔA A SIEGA VERDE

Moisés Cayetano Rosado

Impresionan los 30 metros de altura de la Igreja Matriz de Torre de Moncorvo. Su construcción duró casi un siglo, de principios del XVI a primeros años del XVII, y destacan en su fachada principal el bello pórtico renacentista y su enorme torre que le da verticalidad a un conjunto extraordinariamente extenso, en cuyo interior sobresalen los múltiples retablos de talla dorada.
Torre de Moncorvo, deliciosa vila de sur de Tras-os-Montes, nos sirve de reposo -en la “Casa Da Avó” sorprende el moderado precio para alojarse y desayunar de una manera deliciosa en casa señorial con muebles palaciegos-, antes de meternos en la “máquina del tiempo” que nos ofrece el vecino Vale Foz Côa, clasificado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 1998.
Sus grabados rupestres al aire libre, se cuentan por centenares, tal vez millares -muchos bajo las aguas del fondo del gran valle-, y representan fundamentalmente caballos, venados, cabras y bóvidos de gran precisión en el trazado, admirable realismo y una superposición de grabados, que son como páginas de un libro de Prehistoria escritas en la misma lámina. La datación, dentro del Paleolítico Superior, va de hace 22.000 a 10.000 años, lo que los convierte en una de las actividades humanas más antiguas de las que se tiene constancia en el mundo.
Los núcleos fundamentales para realizar visita a este legado (siempre guiada por personal especializado) son la Canada do Inferno (en la margen izquierda de Rio Côa), la Ribeira de Piscos (en Muxagata) y Penascosa (en la margen derecha del río).
Esta última estación arqueológica es la que ofrece más claridad en la visión de las muestras rupestres, a las que se accede desde el Centro de Recepción de Castelo Melhor, freguesia de Vila Nova de Foz Côa, de apenas 200 habitantes.
Castelo Melhor
En lo alto de un monte que le protege conserva los restos de un castillo de defensa del territorio de Ribacôa, con antecedentes de castro prerromano y construcción bajo el reinado de D. Dinis, tras el Tratado de Alcañices de 1297. Sería ampliado bajo el reinado de don Fernando (1365-1383) y artillado durante la Guerra de Restauração, para después pasar a la ruina y el olvido, pero ofreciéndonos hoy en día una impresionante estampa mientras se aguarda el viaje hasta la estación arqueológica de Penascosa, que se efectúa en coche todoterreno, por un paisaje intrincado de bellas panorámicas de viñedos plantados en bancales hasta coronar los cerros de los alrededores.
Viñedos del Alto Douro
Foz Côa-Siega Verde
Penascosa. Foz Côa
Impresiona ver los múltiples grabados en las rocas pizarrosas, utilizando las técnicas de percusión (golpeando a manera de cincel y martillo) y abrasión (desgaste por rozamiento), logrando las primeras figuras de gran definición, y más diluidas las segundas, pero cargadas de matices para un “ojo” educado en encontrar los misterios de estos admirables artistas paleolíticos.
De aquí merece acercarse “al otro lado de la Raia/Raya”, hacia el sureste, en la provincia de Salamanca, hasta Siega Verde, yacimiento arqueológico “hermano”, calificado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2010, como extensión de Foz Côa.
Sitio de arte rupestre prehistórico de Siega Verde, España.
El yacimiento español ofrece testimonios similares, habiéndose llegado a catalogar más de quinientos grabados, en las orillas del río Águeda. El acceso también ha de hacerse con personal cualificado. Pero la cercanía de la estación arqueológica al puente que salva al río en la carretera de Castillejo de Martín Viejo a Villar de la Yegua es tal que los grabados que se visitan están precisamente a un lado y el otro de dicho puente, por lo que la entrada desde el Centro de Recepción (allí mismo ubicado) se hace a pie.

¡Y que cerca de Siega Verde queda una escapada a las monumentales Almeida y Ciudad Rodrigo, en Portugal y España respectivamente, rodeadas a la vez de otra poblaciones monumentales de gran patrimonio medieval y moderno, como Castelo Rodrigo y Castelo Mendo al norte y sur respectivamente de Almeida (sin olvidar el cercano Vila Formoso, cuya estación de ferrocarril tiene una de las azulejerías más hermosas de Portugal), y San Felices de los Gallegos y Aldea del Obispo (con su Fuerte de la Concepción) al noroeste de Ciudad Rodrigo!

jueves, 12 de noviembre de 2015

DE LA GRUTA DO ESCOURAL AL CROMLECH DOS ALMENDRES
En la entrada de la Gruta do Escoural
Moisés Cayetano Rosado
Las zonas calcáreas de Portugal y España son propicias a la formación de cuevas y grutas, donde admirar el bellísimo capricho de las estalactitas, estalagmitas y columnas que en su interior se forman. Y aunque en algunas de España están presentes representaciones de arte paleolítico en sus paredes, en Portugal solamente es conocida una: la Gruta do Escural, en el concelho de Montemor-O-Novo, no lejos de la carretera que lleva de esa población a la de Évora.
Entrada de la Gruta
Descubierta en 1963, la cavidad se encuentra en terrenos calcáreos cristalinos metamórficos, que se intercalan con fajas de gneis (roca también metamórfica, pero similar en composición y dureza al granito), y presenta diversas cavidades, algunas de las cuales son visitables.
Han sido descubiertas más de cien figura naturalistas (bovinos, ciervos, caballos…), pintadas en negro y rojo fundamentalmente, así como más de sesenta representaciones de carácter abstracto, aunque el visitante puede observar de manera clara una decena aproximada entre pinturas y grabados, a lo que se unen restos de huesos humanos incrustados en la roca caliza.
En el Centro de Interpretación de Santiago do Escoural (población a 2’5 kilómetros de la Gruta) podemos obtener una información muy intuitiva del monumento, su ocupación sucesiva, instrumentos líticos encontrados y representaciones pictográficas y grabados. Así, podemos saber que su primera ocupación se remonta al Paleolítico Medio: grupos de cazadores-recolectores neanderthalensis la utilizan como abrigo temporal, hace alrededor de 50.000 años. En el Paleolítico Superior (35.000 a 8000 a.C.), se reaprovecha por cromañones como santuario, dejando ya vestigios decorativos figurativos. En el Neolítico (5.000 a 3.000 a.C.) se transformaría en cementerio, y de este periodo serán los motivos esquemáticos y estilizados de arte rupestre. A continuación, la Gruta queda cerrada, sin que se sepa la causa, pasando comunidades calcolíticas (2.000 a.C.) a ocupar el espacio superior de la misma.
Interior Gruta do Escoural. IGESPAR-Ministerio de Cultura.
El paseo guiado por el interior, muy didáctico, nos permite comprobar estos aspectos y disfrutar de la belleza natural del amplio espacio, que sigue conformándose, con la filtración de agua que disuelve la caliza.
A pocos kilómetros de allí, en un territorio donde abundan los dólmenes (antas) y menhires, merece acercarse, camino de Évora, al gran Menhir y al Cromlech dos Almendres.
Menhir dos Almendres
A poco más de un kilómetro de este último, por el mismo camino, se encuentra el Menhir, de 3’5 metros de altura, que ostenta en su tercio superior una decoración compuesta de un báculo y una faja de líneas onduladas. Al mismo se accede a pie por una vereda vallada a ambos lados, de medio kilómetro aproximadamente..
Pero enseguida tenemos la “estrella” de estos vestigios neolíticos, levantados entre el sexto y el tercer milenio antes de Cristo: el Cromlech dos Almendres.
Alrededor del sexto milenio (Neolítico Antiguo), fue levantado un conjunto de monolitos de mediano tamaño, agrupados en tres círculos concéntricos.
 Cromlech dos Almendres. Estudio de
Mário Varela Gomes
En el Neolítico Medio (quinto milenio), se levanta un nuevo recinto de dos elipsis concéntricas, tangentes al anterior triple círculo, con monolitos de mayor tamaño que los anteriores, llegando algunos a 2’5 metros.
En el Neolítico Final (tercer milenio) se remodelaron los recintos, posiblemente por funciones religiosas, grabándose algunas de las paredes de diversas piezas, con círculos, bastones, cazueletas, incisiones esquemáticas…, aplanándose algunos, transformándolos en estelas.

Parece ser que en el periodo calcolítico dejó de utilizarse, abandonándose este recinto, amplio espacio de 70 por 40 metros, con 95 monolitos graníticos conservados, donde da gusto “perderse” y contemplar desde allí el agreste espacio exterior, denso alcornocal con potente sotobosque heredado “de la noche de los tiempos”.
Cromlech dos Almendres