miércoles, 6 de julio de 2016

DE CASTELO BRANCO A PUEBLA DE SANABRIA Y REGRESO (y V)
Castelo de Trancoso
DE TRANCOSO A LINHARES, RECALANDO EN CELORICO DA BEIRA
Moisés Cayetano Rosado

Tras visitar los grabados rupestres de Foz Côa y Siega Verde, nos “adelantamos” unos cuantos milenios para recalar en la Baja Edad Media que representa toda la Serra da Estrela (ese Parque Natural de impresionante valle glaciar), donde esta vez solo toca “rozarla por el norte”, bajando desde Trancoso a Linhares, una de las poblaciones más deliciosas de la Serra, y donde nos recomiendan que después volvamos sobre nuestros pasos para no perdernos Celorico da Beira, que parece (¡solo parece!) un pariente pobre del rico tesoro asentado en el profundo meandro del Mondego, ribete azulado del Parque Natural.
Trancoso es la población donde se casaron el rey D. Dinis y doña Isabel de Aragón en 1282. Y también la “Tierra de Bandarra”, Gonçalo Anes, un zapatero, trovador y profeta, perseguido por la Inquisición, por sus profecías mesiánicas, muy seguidas por el pueblo.
Pero lo que más me admira de la población es su núcleo amurallado, levantado en los reinados de D. Afonso III y D. Dinis, y perfeccionado bajo D. Fernando: de mediados del siglo XIII a finales del XIV, conservándose en casi su totalidad. Dentro de él, en su extremo nororiental, se encuentra el castillo, recinto almendrado, con cinco torres de planta cuadrangular, inmenso torreón de entrada y una espléndida Torre del Homenaje, de silueta tronco-piramidal y planta cuadrada, a la que accedemos por puente colgado a media altura.
Igreja de S. Pedro y Pelourinho manuelino de Trancoso
El casco histórico es una delicia por su traza urbana laberíntica, sus casas de sillería y sillarejo granítico y el empedrado de sus calles, muchas de las cuales repletas en sus laterales de hortensias que arrancan del encuentro de las fachadas y el suelo. En el centro tenemos la Igreja Matriz de S. Pedro -de finales del siglo XV-  y un esbelto pelourino manuelino, rematado “por uma gaiola, onde sobressaem os oito colunelos laterais, ornados com anéis e meias-esferas, e o coroamento com esfera armilar, sobrepujada por uma cruz em ferro”, como reza su cartel indicador.
Castelo de Linhares
De allí a Linhares, carretera con buenas panorámicas, que se adensa en bosque frondoso conforme nos adentramos en la Serra da Estrela. Linhares tiene una calzada romana de más de un kilómetro y un castillo que parece serpentear por lo alto de la elevación granítica en que se ubica: Torre de Homenaje, alto torreón defensivo y gran espacio de abrigo para la población, con puerta de entrada ojival, conforman la fortaleza altomedieval, a cuyos pies se extiende la vila, “detenida en el tiempo”, con su profusión de granito en paredes y suelos, calles quebradas y en tramos cubiertas.
Callejuela de Linhares da Beira
La Igreja Matriz data de la Plena Edad Media, aunque remodelada en los siglos XVII y XVIII, con interior de retablos manieristas. También tiene pelourinho del reinado de D. Manuel, época de mayor prosperidad de la zona, lo que se refleja en su urbanismo y construcciones.
Pero allí nos recomiendan volver hacia el norte, para visitar Celorico da Beira, ¡y comer en uno de sus restaurantes su arroz de pato delicioso! Nos indican “O Botas”, casero, apetitoso, económico, donde atienden con rapidez y simpatía, siempre te invitan a que repitas más de lo que pides (¡por el mismo precio!), y además de pato, preparan con maestría cabrito, borrego, trutas, bacalhau, y no digamos las sopas serranas, quesos “de untar” (los queijos de Celorico tienen fama de ser los mejores del país) y sobremesas caseras deliciosas.

Celorico da Beira
Castelo de Celorico da Beira
Su castillo del siglo X conserva un enorme torreón (no está claro que fuese en su día la Torre del Homenaje), a cuya entrada elevada se accede por escalera desmontable, y alterna en su recinto los elementos románicos con los góticos. También destaca en la población su Igreja de Santa Maria, de portada renacentista y capilla mayor y sacristía barrocas. Y ¡cómo no!, sus muchos pequeños comercios donde te ofrecen su irresistible queijo da Serra, buena alternativa al souvenir turístico con que a veces cargamos y que llegados a destino se arrincona. ¡Muy al contrario en este caso “tan apetitoso”!

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