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viernes, 6 de marzo de 2015

LÍNEAS DE INVASIÓN Y HERENCIA MONUMENTAL EN LA RAYA

Líneas de invasión sobre mapa de Nicolau de Fer, de 1703
Moisés Cayetano Rosado

La Raia/Raya entre España y Portugal ha sido frecuente línea de confrontaciones, especialmente durante la Edad Media y la Moderna. Primero en la Alta Edad Media, en el sentido norte-sur, desde Galicia a  Minho/Tras Os Montes, por el empuje cristiano contra los musulmanes. Después -creado el reino de Portugal en el siglo XII-, se presentarán los conflictos en los corredores este-oeste, por la rivalidad entre los reinos luso y castellano-leonés. Posteriormente, tras la reunificación de los reinos peninsulares bajo Felipe II, una etapa de paz desembocará en 1640 en la guerra de separación, que tendrá réplicas bélicas en diversos momentos del siglo XVIII y principios del XIX.
Todo ello ha llevado a altos grados de sufrimiento para la población fronteriza, así como a extraordinarias obras de defensa y contención, pero también de invasión, que nos han dejado un legado extraordinario. Los castillos medievales y las fortificaciones abaluartadas modernas son la expresión material de esos desencuentros, pero al mismo tiempo los magníficos representantes del ingenio humano, manifestado en construcciones de alto bajo militar y artístico, que en buena parte nos ha llegado en aceptable estado de conservación, rehabilitadas en muchas ocasiones con acierto (pese a las destrucciones y alteraciones abundantes) y mantenidas en la actualidad.
Tuy visto desde Valença do Minho
Hay una primera línea de invasión en la zona de Galicia/Minho, en la que deberemos destacar las fortificaciones de A Guarda y Goyan, al lado mismo del Atlántico, frente a las de Caminha y Vila Nova de Cerveira, con ese sentido de “botón y ojal” tan frecuente en toda nuestra frontera, de “mutua vigilancia y contención”. Al este, las gallegas Tuy y Salvatierra de Minho se enfrentan a Valença do Minho (doble fortificación moderna que supone uno de los hitos fundamentales de la ingeniería militar) y Monção.
Fortificaciones medieval y moderna de Chaves
A continuación, hacia el este, la parte más oriental de Galicia se enfrenta a Tras os Montes en esas dos fortalezas que, como muchas de las que presenta la Raia/Raya, presenta un magnífico castillo medieval protegido posteriormente por recinto abaluartado, como es el caso de la fortificación de Monterrey (Verin) frente a Chaves. O las del norte de la región leonesa con las del este de Tras os Montes, de las que debemos destacar Toro y Zamora con sus vecinas Bragança y Miranda do Douro.
Detalle de la fortificación de Almeida
La siguiente línea de invasión, entre el Duero y el Tajo, presenta un corredor de enorme interés, que del lado español tiene sus fortificaciones de vanguardia, medievales y abaluartadas, en San Felices de los Gallegos y Ciudad Rodrigo. A ellas se enfrentan una cantidad importante de castillos roqueros, como los de Castelo Rodrigo, Castelo Bom y Castelo Mendo, aunque la maquinaria de guerra más espectacular será la de Almeida, de castillo medieval desaparecido por explosión de sus almacenes de pólvora, pero con una de las fortificaciones abaluartadas en estrella más espectaculares que existen.
Baluarte de la fortificación de Badajoz
Ya metidos entre Extremadura y Alentejo, la abundancia de castillos bajomedievales y fortificaciones abaluartadas nos delatan la importancia de este corredor en la línea Madrid-Lisboa y sus alrededores. Al norte, Alcántara, Brozas y Valencia de Alcántara frente a Castelo de Vide, Marvão y Portalegre, con una segunda línea en retaguardia, donde destacan Crato y Alter do Chão. Al sur, Alburquerque, Badajoz y Alconchel, frente a ese “muro de contención” que forman fundamentalmente Arronches, Ouguela, Campo Maior, Elvas (una de las fortificaciones más completas del mundo), Olivença (entonces de Portugal), Juromenha… y más abajo Monsaraz, Mourão y Moura, con retaguardia en Vila Viçosa, Estremoz, Évora y Montemor-o-Novo, casi todas con la “doble presencia”: medieval y moderna.
Vista de la fortificación moderna desde el castillo medieval. Casstro Marim
Por último, al sur peninsular, la Raya/Raia Andalucía-Algarve, con hitos básicos en Sanlúcar de Guadiana y Ayamonte enfrente de Alcoutim y Castro Marim (con prolongación en Cacela Velha y toda la línea algarvía).

Todo un rosario de fortalezas espectaculares, de gran vistosidad, alarde técnico y belleza formal, que invita a zigzaguear por esta línea que fue de separación y que ahora debe ser de unión, de cultura y recreo para todos. Y en la que estamos empeñados tantos en que alcance la merecida clasificación de Patrimonio Mundial, por su singularidad, su representatividad de un largo periodo histórico de la humanidad y buen estado de autenticidad e integridad.

viernes, 7 de febrero de 2014

CIUDAD RODRIGO Y ALMEIDA, CARA A CARA EN LA FRONTERA
Fosos de Almeida
Moisés Cayetano Rosado
Como Valença do Minho y Tuy al norte. Como Castro Marim y Ayamonte al sur, o ligeramente más arriba Sanlúcar de Guadiana y Alcoutim. Como Badajoz y Elvas en el corredor Madrid- Lisboa… Ciudad Rodrigo y Almeida forman ese “ojal y botón que cose la frontera”.
En este caso es entre Castilla-León y las Beiras, y están acompañadas por otras fortalezas, que en España tiene sus hitos decisivos en San Felices de los Gallegos y el Fuerte de la Concepción de Aldea del Obispo -al noroeste de Ciudad Rodrigo-; en Portugal: en Castelo Rodrigo y Sabugal -al norte y sur, respectivamente, de Almeida-.
Castillo de Ciudad Rodrigo
El patrimonio artístico-monumental de Ciudad Rodrigo, una ciudad de menos de 14.000 habitantes, es increíblemente inabarcable. Su castillo de Enrique II de Trastámara, del siglo XIV, es un delicado, elegante Parador Nacional; junto a su Catedral de Santa María (de los siglos XII al XIV, con torre del siglo XVIII), hermoso conjunto románico de transición al gótico, forman lo que podríamos llamar “las joyas de la corona local”.
Sus murallas -imprescindibles en esta ciudad de frontera marcada por las guerras del Medievo y Edad Moderna- tienen más de dos kilómetros de perímetro y fueron iniciadas durante el reinado de Fernando II de León, en el siglo XII. Serían complementadas en el XVIII con refuerzos abaluartados y magníficos fosos que en buena parte se conservan.

A este patrimonio ha de unirse un gran número de palacios, palacetes, casonas señoriales, iglesias, conventos, plazas monumentales, de extraordinario valor y belleza, como es el caso del propio Ayuntamiento, el Hospital de la Pasión, los palacios de los Águila o el de los Ávila y Tiedra, renacentistas, como la propia Plaza Mayor.
Palacio de Ciudad Rodrigo

Ciudad Rodrigo, por su posición estratégica en la frontera, ha sido continuamente lugar de enfrentamiento, conquista, asentamiento militar, desde su repoblación en 1161 hasta la misma Guerra Civil en 1936. De ahí la importancia de su patrimonio militar amurallado, así como sus recias construcciones.
Y este es el caso también -al otro lado de la frontera- de Almeida, que pese a su reducida población (no llega a 1.500 habitantes en la zona intramuros) presenta una de las fortificaciones más admirables de la Raia/Raya, una de las más notables de las fortificaciones abaluartadas del mundo.
Su actual estructura se debe a la construcción iniciada en 1641, a raíz de las Guerras de Restauração (1640-1668), siendo perfeccionada sucesivamente a lo largo de los sucesivos enfrentamientos hispano-portugueses, especialmente de nuestra Guerra de Sucesión (1701-1714) y los cercos de 1762 -durante la Guerra de los Siete Años- y de 1810, durante la Invasión Francesa.
Esta envidiable fortificación presenta forma de estrella ligeramente irregular de seis puntas, con seis baluartes y seis revellines -uno de ellos doble- y un perímetro de 2.500 metros, abarcando una superficie de 650.000 metros cuadrados. Está dotada de un impresionante foso de doce metros de profundidad y una anchura mínima de diez metros y máxima de sesenta y dos.
Recreación de las Guerras Napoleónicas en Almeida
La fortaleza tiene dos extraordinarias puertas monumentales de entrada y un patrimonio interior de edificios militares ejemplarmente restaurado y puesto en uso, destacando también el aprovechamiento de las casamatas para Museo Histórico-Militar. Éste ocupa siete salas, cada una monográfica, destacando las dedicadas a las Guerras de Restauração, Guerras Peninsulares y la Guerra Civil Portuguesa de 1828-1834.
A este tesoro militar se une el propiamente urbano, presentando un caserío medieval muy cuidado en su estructura, morfología y tipología edificatoria, que hacen de esta ciudad-museo una de las más admirables “aldeias históricas de Portugal”, título que ostenta y cuida con excelente esmero.

Estación de Ferrocarril de Vilar Formoso
Y al medio, en la misma Raya/Raia, en la carretera que nos conduce de una población a la otra, Vilar Formoso: buena parada y fonda con deliciosa estación ferroviaria, cuya azulejería (del acuarelista Alves de Sá) es una de las más destacadas del siglo XX en Portugal.