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sábado, 15 de agosto de 2015

8º SEMINÁRIO INTERNACIONAL DE ALMEIDA – 28 a 30 de AGOSTO de 2014. FORTALEZAS E FRONTEIRAS.

Ponencia: Conflictos en la frontera y fortificaciones abaluartadas del triángulo Badajoz-Elvas-Campo Maior.
 
Moisés CAYETANO ROSADO.
(Ver ponencia completa en el Documento nº 61 de mi enlace: http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html )
Cabecera de la publicación que contiene la ponencia (ver completo el contenido de la revista
en el enlace anterior, Documento nº 60)
Resumen:
Cuando Portugal se alza contra la dominación filipina en 1640, ante el ataque de los ejércitos artillados de Felipe IV de España, ha de organizar urgentemente la defensa de la frontera, construyendo fortificaciones abaluartadas que protejan sus principales núcleos poblacionales y rutas de penetración territorial.
Los conjuntos defensivos se desarrollan de manera espectacular en el espacio alentejano-extremeño, principal línea de fricción en la comunicación Madrid-Lisboa, destacando el triángulo Badajoz-Elvas- Campo Maior.
En Badajoz comenzó a establecerse el refuerzo abaluartado construyendo el Fuerte de San Cristóbal, terminado en 1645. De los ingenieros militares que participaron en el diseño y construcción de sus fortificaciones destaca el nombre de Francisco Domingo.
Elvas pasó a ser la plaza mejor fortificada de la Raya extremeño-alentejana (bajo responsabilidad fundamental de Joannes Pascácio  Cosmander). Campo Maior contará con los diseños de Cosmander y, en especial, de Nicolau de Langres.
Al morir sin heredero el rey Carlos II de España en 1700, nos veremos envueltos en una encarnizada confrontación internacional. Otra vez el triángulo Badajoz-Elvas-Campo Maior desempeñará papel crucial, siendo sus defensas reforzadas, aunque mostraban deficiencias apuntadas por diversos tratadistas y cronistas de la época.
Durante la invasión francesa de comienzos del siglo XIX, Badajoz sufrirá cuatro asedios, que castigan duramente a su población y defensas.  Al otro lado de la frontera (tras diversos avatares bélicos durante la “Guerra Fantástica” de 1762 y la “Guerra de las Naranjas” de 1801), Campo Maior es sitiada en marzo de 1812, sufriendo grandes daños. Elvas había sido concienzudamente reforzada en sus fortificaciones y desempeñará un importante papel como “hospital de retaguardia”.
Pasadas las Guerras Napoleónicas, al tiempo que se va restableciendo la concordia peninsular, se asiste a una expansión urbana extramuros, constituyendo las fortificaciones para la mentalidad de la época un “corsé que aprisiona y asfixia”. Elvas, a pesar de ello, ha mantenido su patrimonio abaluartado en un encomiable estado de conservación, constituyendo uno de los mejores legados abaluartados del mundo.
En cambio, ha sido destruido gran parte del de Badajoz, siendo especialmente penosa la desaparición del Fuerte de Pardaleras, el Baluarte de San Juan, varios lienzos de muralla, revellines, cuarteles…, así como ocupados sus glacis. En la actualidad se emprende una acción rehabilitadora, a veces controvertida.
Campo Maior ha perdido su Fuerte de São João Batista, grandes tramos de muralla, revellines, equipamientos, glacis, etc., manteniendo lo que resta en estado precario, necesitado de urgente actuación de consolidación y rehabilitación.
En las murallas de Almeida

domingo, 7 de septiembre de 2014

8º SEMINÁRIO INTERNACIONAL DE ALMEIDA – 28 a 30 de AGOSTO de 2014. FORTALEZAS E FRONTEIRAS.
Comunicación: Conflictos en la frontera y fortificaciones abaluartadas del triángulo Badajoz-Elvas-Campo Maior.
Autor: Moisés CAYETANO ROSADO


Resumen:
Cuando Portugal se alza contra la dominación filipina en 1640, ante el ataque de los ejércitos artillados de Felipe IV de España, ha de organizar urgentemente la defensa de la frontera, construyendo fortificaciones abaluartadas que protejan sus principales núcleos poblacionales y rutas de penetración territorial.
Los conjuntos defensivos se desarrollan de manera espectacular en el espacio alentejano-extremeño, principal línea de fricción en la comunicación Madrid-Lisboa, destacando el triángulo Badajoz-Elvas- Campo Maior.
En Badajoz comenzó a establecerse el refuerzo abaluartado construyendo el Fuerte de San Cristóbal, terminado en 1645. De los ingenieros militares que participaron en el diseño y construcción de sus fortificaciones destaca el nombre de Francisco Domingo.
Elvas pasó a ser la plaza mejor fortificada de la Raya extremeño-alentejana (bajo responsabilidad fundamental de Joannes Pascácio  Cosmander). Campo Maior contará con los diseños de Cosmander y, en especial, de Nicolau de Langres.
Al morir sin heredero el rey Carlos II de España en 1700, nos veremos envueltos en una encarnizada confrontación internacional. Otra vez el triángulo Badajoz-Elvas-Campo Maior desempeñará papel crucial, siendo sus defensas reforzadas, aunque mostraban deficiencias apuntadas por diversos tratadistas y cronistas de la época.
Durante la invasión francesa de comienzos del siglo XIX, Badajoz sufrirá cuatro asedios, que castigan duramente a su población y defensas.  Al otro lado de la frontera (tras diversos avatares bélicos durante la “Guerra Fantástica” de 1762 y la “Guerra de las Naranjas” de 1801), Campo Maior es sitiada en marzo de 1812, sufriendo grandes daños. Elvas había sido concienzudamente reforzada en sus fortificaciones y desempeñará un importante papel como “hospital de retaguardia”.
Pasadas las Guerras Napoleónicas, al tiempo que se va restableciendo la concordia peninsular, se asiste a una expansión urbana extramuros, constituyendo las fortificaciones para la mentalidad de la época un “corsé que aprisiona y asfixia”. Elvas, a pesar de ello, ha mantenido su patrimonio abaluartado en un encomiable estado de conservación, constituyendo uno de los mejores legados abaluartados del mundo.
En cambio, ha sido destruido gran parte del de Badajoz, siendo especialmente penosa la desaparición del Fuerte de Pardaleras, el Baluarte de San Juan, varios lienzos de muralla, revellines, cuarteles…, así como ocupados sus glacis. En la actualidad se emprende una acción rehabilitadora, a veces controvertida.

Campo Maior ha perdido su Fuerte de São João Batista, grandes tramos de muralla, revellines, equipamientos, glacis, etc., manteniendo lo que resta en estado precario, necesitado de urgente actuación de consolidación y rehabilitación.

martes, 9 de abril de 2013


PATRIMONIO ABALUARTADO MALTRATADO: EL CASO DE ARRONCHES

Moisés Cayetano Rosado

Arronches, en el Alto Alentejo, es una población que ofrece magníficas panorámicas al viajero. Conforme vamos acercándonos se concretan en un conjunto armonioso de torres, caserío y ese abrazo semicircular del río Caia, que le permite unas vegas fértiles, llenas de verdor.
Sobrecoge su Iglesia Matriz, del siglo XVI, de un gótico tardío y renacimiento inicial muy bien preservados. ¡Lástima que de su castillo medieval, conformado tras anteriores actuaciones por D. Dinis en 1310, nos resten solamente las ruinas de una de sus torres!
Pero lo que me llama especialmente la atención es el tratamiento para con su recinto abaluartado, que debió ser magnífico. Ya Nicolau de Langres realizó un proyecto extraordinario a mediados del siglo XVII, y tenemos un plano de Nicolas de Fer, de 1705, que nos muestra su importancia: cinco baluartes y un gran reducto que protege la fortificación medieval, más un extenso atrincheramiento al este (paralelo a la actual carretera Campo Maior-Portalegre; el oeste queda salvaguardado por la depresión excavada por el Caia.


Arronches fue punto clave en las distintas guerras peninsulares, y así en julio de 1661 -durante la Guerra de Restauração- sufrió la invasión de D. Juan de Austria, que en los tres años de ocupación reforzó la fortificación medieval, si bien la explosión de su polvorín en 1663 la dañó considerablemente.
El 17 de junio de 1712 -con motivo de la Guerra de Sucesión a la Corona de España- fue cercada por los castellanos, pero los portugueses consiguieron vencerlos. Poco después, a causa del terremoto de 1755, los daños van a ser cuantiosos para la población, y para sus defensas remodeladas.
El 29 de mayo de  1801, la invasión española a cargo de Godoy destroza las defensas que con las guerras anteriores y los fenómenos naturales adversos estaban ya bastante maltratadas.
Pero será el sostenido tiempo de paz que seguirá a estas luchas, a lo largo de los siglos XIX y XX, quien actúe con voracidad sobre la fortificación, absorbiéndola, colmatándola, reaprovechando sus estructuras e incluso utilizando sus materiales para otras construcciones de la más diversa índole.
Y así, hoy en día, excepto el trozo comprendido entre el baluarte que alberga la Plaza de Toros, la cortina que sube hacia el norte y el siguiente baluarte -expeditos en su exterior, ajardinado el conjunto y abierto al uso público-, el resto ha quedado “hurtado” a la colectividad.
Hemos perdido las rondas interiores de la fortificación, ocupadas fundamentalmente por el caserío, que se aprovecha de las murallas para asentar sus traseras o patios en ellas: solo en el espacio anteriormente nombrado es “paseable”, al recorrerlo un vial compatible para vehículos y peatones. En muchos tramos, incluso se alzan las construcciones por encima, sirviéndoles de cimentación para elevar una y dos alturas. En algún caso, la garita de vigilancia parece una chimenea adosada a una vivienda que se superpone en la esquina del baluarte.

En cuanto a los exteriores, los fosos han sido ocupados por caserío que se sirve del amurallamiento como pared de fondo: se salva el tramo anteriormente nombrado y algún otro en la cara norte, donde hay diversas construcciones industriales y de servicios en semiabandono. El “estrangulamiento” interior, exterior y por encima de las murallas es lo predominante, siendo imposible contemplar buena parte del conjunto, que al mismo tiempo presenta grandes mutilaciones, especialmente irreversibles en la zona inmediata anterior al baluarte donde se ubica la Plaza de Toros.


No faltan las recurrentes aberturas en la muralla -como hachazos- para pasos peatonales o roturas para viales.

Un ejemplo más de maltrato al patrimonio fortificado (ver http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/2013/03/la-destrucciondel-patrimonio-historico.html), aunque el esfuerzo por conservar, resaltar y dignificar lo que se mantiene, es notorio. ¡Ojalá que el empeño continúe y se consiga poner en valor los tramos que aún pueden rescatarse y restaurarse, empezando por eliminar edificaciones ruinosas adosadas al exterior, infraviviendas, cercados sin uso que ocultan baluartes, cortinas, fosos… y arbolado que obstaculiza la visión de los tramos expeditos!

domingo, 24 de febrero de 2013


BADAJOZ 1811-1812. LOS ASEDIOS A TRAVÉS DE LA CARTOGRAFÍA

Autor: Carlos María Sánchez Rubio.
Edita: Servicio Publicaciones del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz, 2012. 185 páginas. Acompaña un DVD con los planos utilizados.


Carlos María Sánchez Rubio nos tiene acostumbrados a unas publicaciones rigurosas. Tanto como editor (de la empresa “4 Gatos”, dedicada a la edición, investigación, documentación histórica y producción de exposiciones) como investigador y divulgador: es coautor de “Planos, Guerra y Frontera. La Raya Luso-Extremeña en el Archivo Militar de Estocolmo” (Junta de Extremadura) y “Badajoz en el Krigsarkivet: el hallazgo de la visión más lejana” (Ayuntamiento der Badajoz) -Guerra de Restauração, de 1640 a 1668-; “Historia e Imagen de un asedio. Badajoz, 1705” (4 Gatos) -Guerra de Sucesión a la Corona española-, o el artículo -precedente del trabajo que ahora presenta- “Los asedios de Badajoz desde la cartografía” (monográfico sobre el Bicentenario de la Guerra de la Independencia, publicado por la revista O PELOURINHO), referido a los cuatro que padeció la ciudad entre 1811 y 1812, entre otras producciones.
La monografía “Badajoz 1811-1812. Los asedios a través de la cartografía”, que ahora nos ocupa, es un trabajo en el que se conjugan dos de sus grandes pasiones: la azarosa historia de Badajoz en la Edad Moderna y principios de la Contemporánea -envuelta en luchas de frontera-, y la cartografía, tan abundante como dispersa por archivos de toda Europa, en los que los ha rastreado con éxito.
El trabajo consta de nueve apartados, más una breve relación bibliográfica (me consta que ha manejado más publicaciones, pues ya las reseñaba con abundancia en el artículo publicado en “O Pelourinho”).
Tras una introducción sobre intenciones y valoración de los asedios (“la toma de Badajoz, junto con la de Ciudad Rodrigo, se convirtió en una obsesión para ambos ejércitos” -pg. 14-), pasa a una explicación detallada sobre la evolución histórica y la importancia de la cartografía como instrumento de información y propaganda (para “crear un estado de opinión favorable, mostrar el poderío militar propio o levantar la moral, como la simple transmisión de un hecho informativo, en nuestro caso el desarrollo de un asedio” -pg. 25-), y termina comentando sucintamente los planos que publica.
El tercer capítulo lo dedica a “La Guerra de la Independencia en Badajoz”, situando el papel relevante de la ciudad en el desarrollo de la Guerra “por ser la principal plaza militar de Extremadura y por su ubicación geográfica” -pg. 33-, pasando en los cuatro siguientes a desarrollar el contenido histórico y cartográfico de los asedios a la ciudad: el francés de 1811 y los tres aliados de ese año y de marzo-abril de 1812.
Aquí, Carlos María Sánchez Rubio despliega su conocimiento riguroso y capacidad interpretativa de los planos, mostrando una selección de la amplia producción de la época, a través de los cuales hila los acontecimientos vividos en la ciudad y su entorno. Toda la tensión de los contendientes, la angustia general, las estrategias enfrentadas y la dureza de las consecuencias, van surgiendo de la mano de estos documentos y de las memorias de los protagonistas, que va intercalando en las descripciones.
La importancia de la fortificación de Badajoz, sus deficiencias, las atenciones en su reparación y reforzamiento, por parte de los franceses que ocupan la plaza, así como el empeño aliado en los asedios -tan laboriosos en la zona ocupada por el Fuerte de la Picuriña y el Revellín de San Roque, al este de la ciudad, de los que se apoderan-, van apareciendo en las páginas del libro como en una sesión cinematográfica, a base de narración documentada y planos que son como viñetas sucesivas de la historia.
Un penúltimo capítulo nos sitúa ante las consecuencias de estas acciones sucesivas: “En tan sólo quince meses, Badajoz había sufrido cuatro asedios, dos de ellos victoriosos. Esta situación había provocado un despoblamiento general de la ciudad y unos daños estructurales elevados” (pg. 141), lo que vuelve a ilustrar con un último plano, “de obras que se executan y proponen en 24 de agosto de 1812”, de Domingo Luis del Valle (pg. 144-145). Antes habría analizado los de Lallemand y Collin, Manuel de Ynza, Baclesse, Houbloup, Manuel Fondós, Boyd y Leinster, Elphinstone y un anónimo, referidos a los distintos asedios.
Finalmente, vuelca en un Apéndice documental, seis interesantes documentos de los jefes intervinientes en los asedios y capitulaciones, que nos acercan de primera mano a la gravedad de los acontecimientos, de los que tan recientemente conmemoramos el segundo centenario y que Carlos María Sánchez Rubio ha contribuido eficazmente a esclarecer con sus publicaciones. Ésta es el broche de oro, y con ella el Ayuntamiento de Badajoz clausuró las Jornadas Multilaterales sobre la Guerra de la Independencia, celebradas en la ciudad en noviembre de 2012.
MOISÉS CAYETANO ROSADO

jueves, 20 de diciembre de 2012


FORTIFICACIONES ABALUARTADAS, GUERRA DE SUCESIÓN, GUERRA FANTÁSTICA Y DE LAS NARANJAS

Por Moisés Cayetano Rosado

LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA.
Acabada la Guerra de Restauração (1640-1668), en que Portugal se independiza de España, se vivirá en la Raya únicamente un período de  treinta y cinco años de paz. Apenas dará para rehacer la maltrecha economía de la zona de frontera, tan duramente castigada por los asedios, batallas, gravámenes por el sostenimiento y alojamiento de decenas de miles de soldados, depredaciones, saqueos, robos de todo tipo, incendios de campos, talas de bosques, muertes en enfrentamiento, asesinatos en ocupaciones, violaciones… destrucciones en pueblos, ciudades, recintos amurallados, etc.
(De 4gatos.es)
Al morir sin heredero el rey Carlos II de España, una encarnizada confrontación internacional se extenderá por todo el territorio europeo, entre los partidarios de los dos pretendientes al trono: el Archiduque Carlos de Austria y Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. De nuevo la Raya sufrirá las consecuencias, al coaligarse Portugal con los estados que apoya al Archiduque, esta vez con ejércitos aún más numerosos y mejor artillados, o sea más destructivos.

Felipe de Anjou entra por Alcántara el 4 de mayo, con 20.000 infantes y cuatro o cinco mil de caballería, tomando enseguida las poblaciones portuguesas de Salvaterra, Segura, Monsanto, Idanha-a-Nova, Idanha-a-Velha, Rosmaninhal, Castelo Branco, Alcains, Sardoal, y después Portalegre, Castelo de Vide y Marvão. Ello nos da idea de lo insuficiente de sus fortificaciones artilladas y abaluartadas, que no se perfeccionaron en los años de paz. Sin embargo, el Marqués de Minas, gobernador de Beira, lo recupera casi todo, saqueando e incendiando en la frontera, como lo habían hecho antes sus enemigos.
Por Andalucía la ofensiva se dirige hacia Moura y Nodar, y una contraofensiva portuguesa desde Castro Marim, bien fortificada, bombardea Ayamonte, destruyendo muchas casas de la población débilmente protegida.

ESTADO DE LAS FORTIFICACIONES.
Vicente Bacallar, militar e historiador al servicio de Felipe de Anjou, indica en su libro “Comentario de la guerra de España e historia de su rey Felipe V, El Animoso” que Portalegre estaba bien fortificada y defendida en 1704. Pero con su toma por los borbónicos serán obligados los habitantes a desmontar sus muros, antes de retirarse el 20 de julio.
En las “Memorias de los Generales”, reproducida en su antología “3º Centenário do Sitio de 1712”, por el historiador Francisco Galego, leemos que Arronches era una plaza mal fortificada, e incluso Elvas, y de Campo Maior señalan que “os parapeitos, en muitas partes estavam arruinados, mal terraplenadas as cortinas e revestidas de uma simples muralha, o fosso que não é profundo /…/; cinco rebelins imperfeitos /…/; na esplanada há muito falta de terra /…/; o forte de São João muito imperfeito”.
João T. Correia. Biblot. Nac. Portugal
Reunidas las tropas de Alentejo en Estremoz a finales de 1704, donde se establecerá el Cuartel General, los portugueses tomarán la iniciativa, ocupando en 1705 La Codosera, San Vicente, Valencia de Alcántara (que la retienen durante todo el conflicto, destruyendo sus murallas en 1708) y Alburquerque (también en su poder durante todo el enfrentamiento, pero aquí en lugar de destruir las defensas construyen una línea de redientes en las faldas del castillo, hacia la población, con cuatro cuerpos informes de diseño angular unidos por cortinas, como plataformas artilleras).

(De 4gatos.es)
(De 4gatos.es)
No consiguen el Conde de Galloway y el Marqués de Minas (al mando del ejército anglo-portugués) tomar Badajoz, a pesar de su “fortificación anticuada, mal formada y de poca fuerza sus baluartes” (en apreciación de V. Bacallar). El asedio de octubre de 1705 será desbaratado por el Marqués de Bay, llegando con refuerzos desde Talavera la Real, haciéndose la retirada hacia Elvas, de la que también Bacallar dice que es una “plaza mal fortificada”. 
No obstante, esta población también resistirá un importante cerco en 1706 y otro en 1712; cierto que su cerro da Graça no estaba fortificado y desde allí podía estar a tiro el castillo medieval, pero aún la distancia era considerable para la artillería ofensiva de la época (aunque ya incluso la Guerra de Restauração sirvió para un castigo considerable a la ciudad); hasta 1763 no se inicia la construcción del imponente Forte por el Conde Lippe.
En cualquier caso, la comparación entre estas dos plazas cruciales nos sitúa ante dos fortalezas en un grado muy distinto de defensa. Elvas resulta a esas alturas una plaza bien abaluartada, con revellines y glacis (más Fuerte -de Santa Luzia- y obra coronada hacia el este, el lado que conduce a Badajoz), de buena factura, mientras que Badajoz presenta un grado muy deficiente de aterraplanamientos, falta de revellines y nula defensa en su lado este (por donde le sitian en 1705), allá donde avanzado el siglo se construirán el Revellín -casi fuerte por sus dimensiones- de San Roque y el Fuerte de la Picuriña.
Por su parte, Alcántara no resistirá el asedio de abril de 1706, de más de 18.000 soldados dirigidos por el Marqués de Minas y Galloway, que toman a continuación Moraleja, Coria, Plasencia, Almaraz y Cáceres: otro grupo de ciudades cuyas fortificaciones no eran suficientes para la ofensiva  anglo-portuguesa-holandesa. Los refuerzos artillados de Jerez de los Caballeros, Alconchel y Barcarrota tampoco les serán obstáculo para su conquista. Aunque, en este “intercambio” de ocupaciones, Alcántara volverá a poder borbónico ocho meses después.
El 27 de mayo de 1706 los anglo-portugueses consiguen hacer capitular a Ciudad Rodrigo, que ya había sido brevemente asediada en septiembre de 1704: sus defensas abaluartadas resultaban insuficientes. Posteriormente tomarán San Felices de los Gallegos, donde los propios portugueses hacen reformas y levantan baluartes.

ACTUACIÓN SOBRE LAS POBLACIONES.

En los años posteriores, de 1707 a 1712, seguirán los asedios, ocupaciones, destrucciones, razias, saqueos de todo tipo, a las poblaciones enumeradas, que son las principales protagonistas y víctimas de la guerra en la frontera. Toda la acción constructiva de fortificación irá siendo contrarrestada por la destructiva en los asedios. Ocurrirá en Serpa, Moura (cuyos muros son destruidos), el Puente fortificado de Ajuda (entre Elvas y Olivença, bombardeado por orden del Marqués de Bay, tras la Batalla de la Gudiña, que ganó a los anglo-portugueses, los cuales huyeron hacia Olivença por allí), Elvas, Borba, Ciudad Rodrigo, Miranda do Douro… todo ello protagonizado por los castellanos.
(De "Ciudades y núcleos fortificados de la frontera
hispano-lusa", coord.: María Cruz Villalón)
Los dos últimos episodios importantes del enfrentamiento en frontera serán en Elvas y Campo Maior, en septiembre-octubre de 1712. Previamente, en mayo, el Marqués de Bay no consigue tomar el castillo de Barbacena y la ciudad fortificada de Arronches, al oeste de las anteriores. Ahora tampoco lo logrará en el sitio de Elvas (donde asentó a 21.000 hombres), ni en el de Campo Maior, prolongado del 28 de septiembre al 2 de noviembre, en el que cometió el error estratégico de cercar precisamente la zona más reforzada de la fortificación: el noroeste.
En cualquier caso, la guerra estaba concluida, pues las negociaciones de paz entre los contendientes eran un hecho diplomático, con las conversaciones abiertas en Utrecht en enero. El conflicto ya era solamente “peninsular”, y a partir de la retirada de Campo Maior se limitaba al interior de España, “civil”, por los enfrentamientos en Cataluña.
Otra vez más, la Península quedaba devastada y la Raya hispano-luso arruinada especialmente. Con su economía, su producción agro-ganadera, sus pueblos y ciudades, sus gentes, en las peores condiciones. Y de nuevo, sus fortificaciones defensivas destrozadas por efecto de los asedios y de las destrucciones en las ocupaciones temporales por los respectivos enemigos. ¿Cómo emprender, desde el estado calamitoso de las finanzas, su reparación, refuerzo y modernización? Esa será una gravosa, pero necesaria tarea para los años posteriores, en vista de la desconfianza (justificada) mutua entre los dos estados ibéricos.

LA GUERRA FANTÁSTICA Y GUERRA DE LAS NARANJAS.
Precisamente en 1762 van a verse involucrados en la Guerra europea de los Siete Años (1756-1763), cuando Portugal tenía a su ejército extraordinariamente reducido. Este nuevo enfrentamiento es conocido como “Guerra Fantástica”, pues fundamentalmente se basó, dentro de su brevedad (abril-noviembre de 1762), en acciones de guerrilla y milicias locales, sin auténticas confrontaciones militares.
Aún así, en mayo de 1762 una fuerza franco-española de 40.000 soldados toma Miranda do Douro, Bragança y Chaves por Tras-os-Montes, y a continuación Almeida (la única notablemente fortificada) y Castelo Branco por la Beira. También se producen ataques a Elvas, Campo Maior, Ouguela, y la toma de Marvão y Portalegre.
Los anglo-portugueses tomaron el 27 de agosto Valencia de Alcántara, desprovista de fortificaciones, pese a las continuas peticiones de la población, informes y proyectos al respecto: solo al recuperarla se actuará en este sentido, aunque únicamente construyendo algunas trincheras.
El conde de Lippe, nombrado mariscal general de Portugal, reorganizó su ejército con 20.000 hombres, dispuso la defensa del territorio y concibió el refuerzo de las defensas urbanas, debiéndose a él la construcción del Forte da Graça de Elvas (llamado también Forte de Lippe, construido ente 1763 y 1792).
João Tomás Correia. Biblioteca Nacional. Portugal.
El “descanso” en las contiendas repetidas será de nuevo menor a cuarenta años, pues en 1801 la “Guerra de las Naranjas” lleva al enfrentamiento entre Portugal y la coalición franco-española. Godoy ocupa sucesivamente Arronches, Castelo de Vide, Campo Maior, Portalegre, Olivenza, Juromenha y otras poblaciones menores, entre mayo y junio, con mínima resistencia portuguesa: las fortificaciones de todas estas plazas no serán obstáculo para la acción del primer ministro de Carlos IV, que por el Tratado de Badajoz (6 de junio de 1801) retiene para España Olivenza y su territorio comarcal.  Siete años después, entraremos en un nuevo conflicto, esta vez por la invasión peninsular de Napoleón.

lunes, 5 de noviembre de 2012


LA SOLIDARIDAD DEL PUEBLO PORTUGUÉS PARA CON LOS ESPAÑOLES
Por Moisés Cayetano Rosado
Cuando visitamos los pueblos de la Raya luso-española, siempre nos salta la sangre derramada que se encargan de recordárnosla sus fortificaciones. Amurallamientos medievales con sabor a lucha entre musulmanes y cristianos; entre leoneses, castellanos, portugueses. Y fortalezas abaluartadas de la Edad Moderna que nos sitúan en los siglos difíciles de la Guerra de Restauração de la Corona portuguesa (1640-1668), de Sucesión española (1701-1714), la Guerra de las Naranjas (1801) y la Invasión francesa (1808-1815).
De todo ello nos ha quedado un patrimonio histórico-artístico de una monumentalidad extraordinaria, que nos enorgullece, pero también el testimonio del dolor. De un pueblo sometido a continuos cercos, saqueos, violaciones y muertes; a permanentes hambrunas, a la miseria extrema. Enfrentamiento entre vecinos que en épocas de paz han sabido complementarse y hermanarse como pocos.
Y en este sentido, quiero traer aquí uno de los ejemplos más emotivos de esa compenetración, de esa solidaridad entre vecinos tan unidos, tras las múltiples desavenencias en que los envolvieron los poderosos, los que dictan destinos, honras, vidas de masas indefensas ante sus múltiples desmanes.
Me refiero a la acogida que el pueblo portugués rayano brindó a los refugiados de la Guerra Civil española de 1936-1939, y la larga posguerra de delaciones, persecuciones y suplicios.
Maria Dulce Antunes Simões lo relató admirablemente en su libro Barrancos na encruzilhada da Guerra Civil de Espanha, publicado por ese municipio ejemplar en 2007, traducido y editado por la Editora Regional de Extremadura un año después. A base de memorias y testimonios de los protagonistas, descendientes de ellos, reflexiones propias y la colaboración del historiador Francisco Espinosa Maestre, Maria Dulce nos presenta la valentía de un pueblo y unos mandos y guardias de frontera, salvando la vida de cientos, más de mil refugiados llegados de las provincias de Huelva y Badajoz a esta población fronteriza de Barrancos, que dio acogida, protección y comida a esos perseguidos, condenados a una segura muerte.
Barrancos recibiría la Medalla de Extremadura en 2009 por esta ejemplar e impagable contribución, que borra las diferencias y nos une en lo más entrañable de los seres humanos: la solidaridad.
¡Cuántos ejemplos emotivos conozco en otras poblaciones de frontera! En mis vecinas Elvas y Campo Maior, a donde huyeron despavoridos republicanos españoles procedentes de esas otras cercanas, como Alburquerque o Badajoz: nombres tan ligados a los enfrentamientos más encarnizados de los siglos precedentes, en acciones que arrasaron con las pocas pertenencias de subsistencia de la gente sencilla, envileciendo en muchos casos sus comportamientos tantísimas veces fraternales.
Nutridos han sido los testimonios que he podido recoger de ancianos que eran jóvenes cuando la horrible guerra y oscurísimos tiempos de posguerra en España: ¡a cuantos se le han llenado los ojos de lágrimas cincuenta, sesenta, setenta años después, recordando el dolor, el hambre, el frío, el desamparo extremo de mis paisanos, llegados a sus pueblos envueltos en la mayor desolación!
Ahora, cuando visitamos con tanta frecuencia el patrimonio fortificado de un lado y otro de la Raya, rememoramos nuestras terribles luchas, nuestras devastaciones; pero también debemos recordar que esos muros, esas enormes fortalezas, han visto llegar hace setenta y seis años, setenta, sesenta… muchas centenas de españoles que salvaron la vida, a pesar de la persecución oficial que el salazarismo dispuso sobre ellos y el peligro que la ayuda significaba para los portugueses de la Raya, que les abrieron solidariamente sus puertas.

domingo, 4 de noviembre de 2012


COMEMORAÇÃO DO III CENTENÁRIO DO CERCO DE 1712. CAMPO MAIOR.
Un momento de las sesiones de trabajo.
Expone el teniente coronel Ribeiro. Sentados: Luis Limpo y Francisco Galego.
Por Moisés Cayetano Rosado

Tal como estaba programado, en el Centro Cultural de Campo Maior se celebró, en la tarde del 3 de noviembre, el Coloquio “O Sítio de 1712”, con motivo del III Centenario del Cerco sufrido por la población de hace trescientos años, desde finales de septiembre al 2 de noviembre, por espacio de treinta y seis días.
Abrió el acto -al que asistieron alrededor de un centenar de personas, pese a la tarde desapacible y lluviosa- el Presidente de la Câmara Municipal, Ricardo Pinheiro, que mostró su disposición a reivindicar el importante papel de las fortificaciones abaluartadas de la Raya, tanto por la historia de las confrontaciones históricas como por la importancia del legado artístico-patrimonial que de ello nos queda. En este sentido mostró su satisfacción por el camino iniciado en la reunión de autoridades municipales en Badajoz, el pasado 19 de octubre, para trabajar coordinados en Red transfronteriza, que aspire a alcanzar la clasificación de Patrimonio Mundial por la UNESCO al tiempo que consiguen una promoción cultural y turística conjunta.
El teniente coronel de artillería, Pedro Márques de Sousa, de la Academia Militar, fue el encargado de la primera ponencia, bajo el título de “A cojuntura Nacional e Internacional da Guerra de Sucessão de Espanha”, haciendo un detallado recorrido por las causas de la confrontación, debido a la aspiración al trono vacante de España por francés Felipe de Anjou (apoyado por la coalición franco-española) y el archiduque austríaco Carlos (sustentado por la coalición austro-británica-holandesa, a la que se unirá Portugal), subrayando el alcance internacional de la misma. Posteriormente, se detuvo en la ruptura de la indecisión inicial de Portugal, que le llevaron a entrar en un conflicto dos años después, proporcionando una importante base territorial de operaciones a los aliados, con consecuencias desastrosas para nuestro territorio.
A continuación, me correspondió el turno de intervenciones, que centré en las repercusiones de la Guerra en el triángulo formado por Badajoz, Elvas y Campo Maior. Se establecieron cercos en  octubre de 1705 (Badajoz), abril de 1706 y septiembre de 1712 (Elvas) y a continuación, desde finales de septiembre a comienzos de noviembre de 1712 (Campo Maior), sin que estas poblaciones fortificadas fueran tomadas, pese a las importantes brechas abiertas en las dos últimas, y la enorme cantidad de bombas lanzadas contra sus murallas y población. En medio, tendría lugar la Batalla de la Gudiña: 7 de mayo de 1709, al lado del río Caya, con resultados adversos para los anglo-portugueses y victoria para los franco-españoles comandados por el Marqués de Bay, presente en todos estos acontecimientos.
Cerró este primer bloque el profesor de historia Francisco Galego, coordinador del Coloquio, con su aportación “O Sitio de Campo Maior de 1712 no contexto da Guerra de Sucessão de Espanha”, subrayando la trascendencia del conflicto, dadas las potencias participantes, con territorios y colonias extendidos por todo el Mundo, lo que le dio un auténtico carácter “mundial”, y especificando que el Sitio de Campo Maior ya se produjo en un momento tardío de la situación general, pues las conversaciones de paz estaban en curso. Por otra parte, este suceso sería el último de lo que llamaríamos Guerra internacional, pues el resto de batallas, centradas en la antigua Corona de Aragón hay que encuadrarlas en una auténtica “Guerra civil entre españoles”. Asimismo, destacó el papel valeroso de la defensa de la plaza y puso de relieve los errores estratégicos del Marqués de Bay en el sistema y lugar elegido del Cerco.
Tras un descanso, el segundo bloque contaría con dos ponentes:
El teniente coronel de infantería José Ribeiro, subdirector del Museu Militar de Elvas, realizó un “Estudo comparativo entre as fortificações de Elvas e Campo Maior”, comparando la consistencia desigual de sus fortificaciones (más potentes en Elvas); el problema de los “padrastros” de los alrededores: más montículos que dificultan la defensa al ofrecer base de asentamiento a la artillería enemiga, de mayor abundancia en Campo Maior; el abastecimiento de agua, tan importante en un cerco prolongado, más dificultoso en Elvas al tener menos y más lejanas fuentes; la importancia de sus cuarteles, de mayor espacio en Campo Maior, pese a la menor guarnición, y la capacidad de su Asiento: local de abastecimiento, de mayor volumen en fabricación de pan nuevamente en Campo Maior.
Por último, Luis Limpo, archivero-bibliotecario y cronista oficial de Olivenza, disertó sobre “La destrucción del puente de Ajuda en 1709 por el Marqués de Bay”, haciendo un detallado estudio sobre la importancia estratégica de dicho puente, que comunicaba directamente a Elvas (a la orilla derecha del Guadiana) con Olivenza (a la izquierda). Puente, por otra parte difícil de defender, dada los montículos que le “vigilan” en ambas orillas, siendo fortificada la izquierda, y reforzados a prueba de artillería los muros y tablero del mismo. Pero con la huída por él del ejército luso-británico tras la Batalla de la Gudiña, el Marqués de Bay ordena su voladura. “La toma de Olivenza en 1801 por Godoy -diría Limpo- fue posible precisamente por la destrucción del puente por el general franco-español en 1709”. El puente en ruinas aún en los tiempos actuales es un testimonio presente de aquellos desencuentros.
Cerró el acto el Jefe de Estado Mayor del Ejército de Portugal, general Artur Pina Monteiro, que manifestó su agrado al rememorar acontecimientos y aprender detalles de los mismos, dentro del necesario conocimiento de la historia para el avance de los pueblos. Al mismo tiempo, se sumaba al deseo de una buena coordinación de las poblaciones de la Raya con fortificaciones, para su promoción y reconocimiento internacional como alto valor histórico-artístico y patrimonial de la Humanidad.
Presentación de la exposición.
Finalmente, se abrió una interesante exposición de paneles murales informativos sobre la Guerra de Sucesión, los acontecimientos de Campo Maior en la misma, testimonios de la época y planos de la fortificación campomaiorense y su evolución a lo largo de la Edad Moderna. Se completa, en el centro de la sala, con una gran maqueta de la población, sus amurallamientos abaluartados y alrededores; expositores con reediciones de libros sobre fortificaciones de los siglos XVII y XVIII, así como armamento y pertrechos de infantería en otros expositores laterales. La exposición estará abierta hasta el 22 de noviembre en el Centro Cultural.
Con Julián Blanco (profesor e historiador) y Fernando Ortiz (teniente coronel e historiador).
Ante la maqueta de Campo Maior y sus alrededores.
Foto de Álvaro Meléndez (comandante e historiador).
Durante el acto se distribuyó entre los asistentes el libro “3º Centenário do Sitio de 1712”, antología de textos y documentos de los siglos XVIII al XX -editado por el Municipio de Campo Maior-, recopilados por Francisco Galego, que hace un interesante resumen introductorio de los mismos, y una orientativa cronología final.