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lunes, 18 de marzo de 2019


RUTA SENDERISTA-CULTURAL POR LOS GLACIS Y FOSOS DE LAS FORTIFICACIONES DE ELVAS
Moisés Cayetano Rosado

Que Elvas tiene uno de los conjuntos de fortificaciones abaluartadas más extensos, íntegros y auténtico del mundo, con un valor universal y una significación histórica y patrimonial que representa una de las etapas más significativas de nuestra historia moderna y contemporánea, está fuera de toda duda. No en bajo fue así reconocido por la UNESCO al darle la calificación de Patrimonio de la Humanidad en 2012, habiendo profundizado aún más en su puesta en valor desde entonces para acá.
Miles de personas de todas partes visitan de continuo su impresionante Forte da Graça, “donde se culminó el genio creativo y constructivo militar del siglo XVIII”. No menos son los que admiran el conjunto patrimonial de las construcciones defensivas de la Plaza, así como se acercan a esa otra joya del siglo XVII: el Forte de Santa Luzia, sin olvidar sus fortines de S. Mameede, S. Pedro y S. Domingos, aparte de su admirable serie de cuarteles, polvorines, cisternas, hospitales y otros edificios militares.
Sin embargo, muy pocos se han dado el gusto de realizar una ruta a pie por buena parte de este conjunto, que es lo que alguna que otra vez he realizado con amigos, grupos asociativos, y ahora con nuestros buenos amigos los “Caminheiros da Casa do Povo de Freixo (Redondo)”. Más de 60 personas que en la maña del 16 de marzo partimos del Forte de Santa Luzia, lo rodeamos por sus glacis (1 kilómetro), pasamos después por su camino cubierto hasta la Porta de Olivença de la Plaça Forte (otro kilómetro), iniciando el recorrido de la misma por sus glacis, para penetrar en los fosos a partir de la Porta de S. Vicente y culminar el recorrido periurbano en el final de los fosos de las naranjas (5 kilómetros más). Antes nos detuvimos, a la altura de la Porta da Esquina, en el actual Mercado Municipal (la antigua Casa das Barcas, levantada entre 1703 y 1705 para construir y almacenar barcas que servían para hacer “pontes de barcas” y atravesar los ríos Caya y Guadiana durante nuestros enfrentamientos), un lugar privilegiado para compras de productos hortofrutícolas, pescados, quesos, aceites, pan, dulces, “farturas” y tomar un buen café.
No está demás, desde ahí, bajar siguiendo la línea del Acueducto de Amoreiras en el valle de San Francisco y acercarnos hasta el fortín de S. Domingos (el más grande de los tres que se conservan, pues se eliminó el de S. Franciso al hacer el cementerio), construido a principios del siglo XIX con la finalidad defenderlo. Ida y vuelta añaden 2 kilómetros más a nuestra caminada, pero merece darse el gusto de deambular bajo las arcadas de 31 metros de alzado y 850 arcos en cuatro órdenes, y ver esa otra perspectiva de todo el conjunto fortificado, tan fotogénico desde allí.
Es de admirar la pulcritud, la limpieza de la pradera verde de los glacis, de las sendas de tierra de los fosos, caminos cubiertos, paseos de ronda, escarpas y contraescarpas. La extraordinaria grandeza de los baluartes y revellines. La belleza de sus tres puertas principales, espectacularmente ornamentadas tanto en las primeras entradas -de los revellines- como de la cortina principal. La perfección geométrica del conjunto. Las siluetas que se nos dan desde los distintos puntos del recorrido de su caserío, en el que se vislumbran las dos cercas musulmanas y algunos vestigios de la fernandina, solapada por la íntegra y de preservada autenticidad que constituye la abaluartada.
Desde allí, tras esos 7 o 9 (si nos acercamos al fortín de S. Domingos) kilómetros, nos desplazamos en vehículo hasta la entrada del Forte da Graça. Las vistas desde allá hacia la Plaza Fuerte, el acueducto en el valle de San Francisco, el Forte de S. Luzia al fondo, los cerros y valles de los alrededores, y al fondo norte Campo Maior, así como al este Badajoz, son magníficas. Y el recorrido de 1’5 kilómetros alrededor de la empinada fortaleza, un pequeño desafío a nuestra destreza al caminar, pues si los tramos anteriores eran relativamente horizontales (excepto el trozo en cuesta entre la Puerta de S. Vicente y la base del castillo medieval), ahora iremos “subiendo y bajando” por veredas y rampas que para salvarlas es aconsejable que nos ayudemos de un bastón o palo consistente.
Esta visión del Forte desde fuera, “como si fuésemos a conquistarlo”, es un privilegio: pasar al lado de las “covas de lobo”, de los inmensos fosos…, salvar terraplenes, asomarnos a las poternas, incluida la que conduce al interior por las escaleras desde donde se subía el agua desde la Fonte do Mariscal, contemplar la inmensidad de los paisajes, compensa el esfuerzo de la caminada.
Y también lo compensa tomar un refuerzo alimentario en los aparcamientos de la entrada, antes de realizar una visita al interior, tan grandioso, tan fabulosamente perfecto como maquinaria defensiva y ofensiva, tan bien acondicionado en las estancias de tropa, oficiales, Casa del Gobernador… ¡Historia, arte, deporte y convivencia unidos en una visita, una ruta senderista-cultural que no se olvidará fácilmente!

miércoles, 18 de abril de 2018


UNA ESCAPADA POR ALMERÍA (y IV)

Moisés Cayetano Rosado

Poblado de Los Millares.

De nuevo en la ciudad de Almería -tras atravesar los pelados Campos de Níjar, inmortalizados por la prosa de Juan Goytisolo en un descarnado relato de viajes, en que expone su fascinación por el paisaje y denuncia la miseria de sus habitantes, abandonados a una suerte adversa-, planificamos el regreso, visitando de mañana el fantástico y cercano poblado de Los Millares, cita obligada para meternos en el túnel del tiempo y retroceder 5.000 años de nuestra historia.
El yacimiento arqueológico de Los Millares es un asentamiento prehistórico de la Edad del Cobre (3.200-2.200 a. C), formado por el poblado y su necrópolis con una extensión de 6 y 13 hectáreas respectivamente, más fortines de vigilancia y defensa exterior.
Situado en el municipio de Santa Fe de Mondújar, se localiza sobre un gran espolón amesetado que forma el Río Andarax y la Rambla de Huéchar sobre la que se construyó un poblado con 4 líneas de muralla, una necrópolis formada por unas 80 tumbas colectivas y una doble línea de 13 fortines que controlan visualmente los accesos a todo el conjunto arqueológico, alertan y defienden en primera instancia.
En el morro superior que da al río se encuentra la Ciudadela: primer núcleo habitado. Conforme crecía la población y se necesitaba más espacio para sus habitantes y su desenvolvimiento alfarero, artesanal en general y metalúrgico, se fue expandiendo el urbanismo hacia el interior (la cortadura vertical del río limitaba hacia ese lado la ampliación), siempre cercado por murallas protectoras, dotadas de torres, bastiones, barbacanas en las puertas de entrada y fosos, hasta completar esas cuatro líneas de murallas.
En los cerros de los alrededores se edificaron los 13 fortines, de disposición circular, con fosos, torres salientes, y a veces doble anillo de amurallamiento, e incluso reducto central de última defensa. Maquinaria bélica exterior elaborada a conciencia, con asombroso sentido estratégico-defensivo y de red de salvaguarda.
Todo un alarde de ingenio guerrero, que asombra tuviera esa perfección hace cinco milenios, y del que se hace provechoso uso, estimulando la presencia de jóvenes estudiantes, incluido pequeños de cinco años -como vimos- que disfrutan viendo las réplicas del poblado instaladas en un espacio anexo… y modelando el barro, “oculando” sus vasijas como lo hicieron nuestros antepasados e iniciándose en la comprensión de otras formas de vida, lucha por la subsistencia cotidiana y salvaguarda de la comunidad.
En fin, un viaje recomendable que iniciamos con una parada pintoresca en Archidona, de portentosa fortaleza y… curioso bar en el centro del pueblo, nostálgico de las viejas glorias del franquismo rememoradas en sus botellas especialmente elaboradas para este establecimiento. En Mojácar nos ofrecerían “la otra cara de la moneda” en un Bar-Pública, con bandera tricolor, proclamas revolucionarias y ron “guerrillero” de puños en alto. ¡La cara y cruz de la moneda de la vida, que cada uno interpreta o con la que empatiza a su manera!
Para terminar, un vistazo a la Alhambra de Granada, población, enorme vega y Sierra Nevada como telón de fondo desde el mirador de San Miguel, en el viaje de regreso. Retornamos a la Raia/Raya lusitana y “musulmana”, cristiana de luchas, tan sufrida y sufriente, atractiva, variada y rica en legado histórico y natural como las tierras que acabamos de visitar.

lunes, 18 de mayo de 2015

CIDADE-QUARTEL DE ELVAS E SUAS FORTIFICAÇÕES

Coordinador: Domingos Bucho.
Edita: Edições Colibri y Câmara Municipal de Elvas. 2014. 338 páginas.

En gran formato y con todo lujo gráfico, abundancia de fotos, planos y documentos, y con texto en portugués e inglés, la Câmara Municipal de Elvas -por medio de la Editorial Colibri-, pone a nuestro alcance un amplio dossiers que resume lo que fue la candidatura de Elvas a Patrimonio Mundial.
Aquella arriesgada apuesta, en unos momentos en que la UNESCO no tenía entre sus prioridades dar la calificación a candidaturas unitarias (priorizaba las redes y conjuntos) ni a solicitudes procedentes de países ampliamente representados en su codiciada lista (como es el caso de Italia, Francia, España y Portugal), fue aprobada -junio de 2012- y desde entonces ostenta este preciado galardón como Cidade-Quartel Fronteiriça de Elvas e suas Fortificações.
La comisión técnico-científica de la candidatura estuvo coordinada por el profesor del Instituto Politécnico de Portalegre, Domingos Bucho, que ahora también coordina el trabajo que se acaba de publicar, en el que la mayoría de los textos son de su autoría. Ha contado con la colaboración, en algunos de sus apartados, con los investigadores António Ventura, Luís Portugal, Jorge Rodrígues, Mário Mendoça, Ray Bondin y José Ribeiro, además del diseño y fotografías de Raul Ladeira; ejecución de plantas e información arqueológica de Ruth Pereira e Isabel Pinto; colaboración científica y documental de Rui Jesuino, y traducción al inglés de Connie Cabral-Botelho, además de fotografías y documentos de variada procedencia.
El libro consta de unos Prefacios, con las aportaciones del Presidente de la Câmara Muncipal de Elvas, la Presidenta de la Comisión Nacional de la UNESCO, la Presidenta del ICOMOS de Portugal y el Presidente del ICOFORT (estos dos últimos organismos, consultores de la propia UNESCO).
A continuación, tras una Presentación del coordinador de la obra, vienen los cuatro capítulos de la misma, donde se identifica geográfica y cartográficamente el bien (capítulo 1); se describe y relata su proceso histórico (el grueso del trabajo: capítulo 2); se justifican los motivos para su inscripción en la lista de Patrimonio de la Humanidad, siguiendo las exigencias de la UNESCO (capítulo 3), y se muestran la gestiones y actuaciones sobre el mismo (capítulo 4), terminando con tres breves apartados de Fuentes y Bibliografía, Ficha Técnica y Componentes de la Comisión Técnico-Científica da la Candidatura.
Hay que destacar que la apuesta por la calificación como Patrimonio de la Humanidad está basada en uno de los criterios que establece el organismo internacional que califica, concretamente el Criterio IV: Ser un ejemplo extraordinario de un determinado tipo de construcción, conjunto arquitectónico, tecnológico o paisajístico, que represente un momento significativo de la Historia de la Humanidad, como se recuerda en la pg. 278. Y efectivamente, en la Síntesis que a continuación se hace y luego se desarrolla con detalle se especifica:
a) Elvas constitui o maior conjunto de fortificações abaluartadas terrestres, de fosso seco, do mundo, que chegou aos nossos días.
b) As fortificações do centro histórico constituem, na actualidade, o melhor testemunho do Primeiro Método Holandês de fortificação a nível mundial.
c) O Forte de Santa Luzia (...) antecipa o sistema de Pagan (1645) e as cidadelas de Vauban em Arras e em Lille (1668).
d) A excelência da concepção e da construção do Forte da Graça (...) considerado por experimentadíssimos militares europeus (...) obra-prima da fortificação, cuja arte se esgotou aqui completamente.
e) Uma das singularidades mais importantes (...) cidade-fortaleza (cidade-quartel na Idade Moderna) da fronteira.
f) paisagem que permanece, mesmo extramuros, num grau de integridade e de conservação ímpares, sem ser afectada pela expansão urbana.
Esta larga cita nos sirve, estimo, suficientemente para entender la importancia del patrimonio fortificado de Elvas, por lo que obtuvo su calificación mundial.
El punto a) se determina claramente con la tabla comparativa de dimensiones de las distintas fortificaciones del mundo: solamente la supera un conjunto urbano marítimo, Valletta, en Malta (pg. 300).
El b) se hace -entre algunos especialista-, controvertido, y para sustentarlo dedican en el trabajo varias páginas justificativas, especialmente el subcapítulo 2.6. Sistemas de fortificação abaluartada adoptados em Elvas (pgs. 149-178), en que se concluye: através de Cosmander, as fortificações de Elvas seguiram o Primeiro Método Holandês; aliás, variando as diversas medidas em função de algumas que se tomam como fixas, é nestas que a correspondência é maior: ângulos de flanco rectos, ângulos de espalda não inferiores a 105º, ângulos flanqueados preferencialmente rectos, existência de flancos secundários, respeito pela eficácia do mosquete na linha de defesa fixante. (pg. 178). O sea, no hablan de un “Método Holandés” por lo que en principio se nos puede venir a la cabeza: fosos inundados, amurallamientos formados esencialmente de tierra, construcción en planicie…, sino por su composición geométrica, poligonal, angular.
El c) tiene una especial atención en el apartado 2.6.2., que trata del Forte de Santa Luzia,, donde concluye que O FSL precede, assim, em 25 anos, as primeiras construções de Vauban com ángulos de flanco obtusos e sem flancos secundários: as cidadelas de Arras (1668-1670), que realizou com Aspremont, e de Lille (1668-1671), baptizada por Vauban como “Reine des citadelles” (pg. 194).
El d) también es objeto de atención especial, en el apartado 2.6.3., especificando: a haver alguma influencia internacional na concepção do Forte da Graça, ela foi francesa e ainda do primeiro sistema Vauban, muito ligado ainda a Pagan que, como já provámos, tem no Forte de Santa Luzia uma clara antecipação (pg. 199).
Para el e) la explicación está a lo largo de todo el libro, pues la singularidad de Elvas como ciudad-cuartel es descrita con detalle en toda la obra, y especialmente en el extenso capítulo 2 (pg. 15 a 275).
Por último, el punto f) aparece claramente reflejado en el abundante aparato fotográfico -especialmente en el aéreo- de la publicación, donde podemos comprobar cómo la expansión urbana no ha afectado substancialmente al entorno de las fortificaciones, apareciendo la plaza principal, sus fuertes y fortines con los glacis expeditos, sin que hayan desaparecido elementos cruciales (apenas el Fortim de São Francisco, donde fue construido el cementerio municipal), al tiempo que las construcciones militares y de apoyo logístico del interior permanecen en su mayoría, estando buena parte en servicio público.
Es, por tanto, la publicación un acierto, y un buen servicio para entender el galardón concedido por la UNESCO a esta ciudad y estas fortificaciones, cuyo papel histórico en la Raia/Raya fue decisivo a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX (por no hablar de sus precedentes medievales), cuya monumentalidad es objeto de admiración por parte de expertos y público en general, y cuyo estado de conservación, integridad y autenticidad han estado presididas por la sensibilidad y el rigor.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

viernes, 24 de mayo de 2013


Elvas, Patrimonio Mundial
Por MOISÉS CAYETANO ROSADO
“La Guarnición fronteriza y fortificaciones de la ciudad de Elvas” fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad durante la 36ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial celebrada en San Petersburgo, Rusia, entre el 24 de junio y 6 de julio de 2012.
Ello incluye las tres murallas medievales, la muralla y el Forte de Santa Luzia del siglo XVII, el Forte da Graça del siglo XVIII, los tres fortines del siglo XIX (S. Mamede, S. Pedro y S. Domingos), el Acueducto de Amoreira y también el Centro Histórico.
Proceso de la declaración de Patrimonio Mundial.
Esto constituye la culminación de un largo proceso, que tuvo un antecedente decisivo cuando en 2004 las fortificaciones elvenses fueron propuestas en la Lista Indicativa de Bienes Portugueses a Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la UNESCO por la Comisión Nacional de Portugal. Para ello se hizo valer que constituyen el mayor conjunto de fortificaciones abaluartadas terrestres del mundo, con una extensión de 8 a 10 kilómetros, aparte de sus enormes explanadas, sus glacis, y la ligazón entre el Forte de Santa Luzia, el Forte da Graça, los tres fortines, así como el acueducto de Amoreira, infraestructura de gran trascendencia logística.
Si el acueducto, construido entre 1537 y 1622, con más de 8 kilómetros de longitud (y otros varios de ramales subsidiarios y acopios subterráneos), constituye una de las obras de ingeniería más impresionantes del Portugal renacentista (con directores de obra tan señalados como Francisco de Arruda), la fortificación abaluartada sería la construcción culminante del genio artístico, técnico, logístico y militar de la Edad Moderna. Iniciada por el jesuita João Pascacio Cosmander en 1642 a instancias de D. João IV durante la Guerra de Restauração, sería continuada por Gilot, Lassart y Nicolau Langres, culminando en el siglo XVIII, en el Forte de Nossa Senhora da Graça, bajo las propuestas del mariscal conde Lippe y la dirección de los ingenieros Valleré y Étienne. Posteriormente, se reforzaría el conjunto con los fortines, dos flanqueando al Forte de S. Luzia y el otro al lado del acueducto, donde se inicia el profundo desnivel del valle que lleva a la Porta da Esquina.
Castillo y cercas medievales.
Pero la importancia de las fortificaciones de Elvas se remonta a tiempos anteriores. Así, su imponente Castillo medieval data del reinado de D. Sancho II, asentándose sobre una estructura musulmana con antecedentes en la Edad del Hierro, de la que aún se conservan parte de las murallas. La ciudad fue tomada a los moros -allí asentados desde el año 714- brevemente por D. Afonso Henríques en 1166 y, tras nueva conquista musulmana, la asedia Sancho I en 1200. Su castillo -y población- no se tomaría definitivamente hasta el reinado de D. Sancho II, culminándose su reedificación en 1228.
Torreones y matacanes del castillo se introdujeron en el reinado de D. Dinis, y ya en los mandatos de D. João II y D. Manuel I (finales del siglo XV y principios del XVI) se adaptó para la defensa artillera, al tiempo que adquiría un carácter más residencial, integrándose en el conjunto abaluartado seiscentista, como elemento de transición entre lo medieval y lo moderno.
A este legado monumental hay que unir la importancia de sus recintos amurallados del medievo. Se conservan vestigios aún de las dos cercas musulmanas que sucesivamente se construyeron a medida que se expandía la ciudad desde lo alto del castillo. D. Fernando (1367-1383) la dotó de una tercera cintura amurallada, reforzada por torres. Así, al iniciarse el siglo XVI, ostentaba triple amurallamiento, veinte dos torres, once puertas y barbacana, como podemos ver en el “Livro das Fortalezas” (1509) de Duarte de Armas.
Legado de la Edad Moderna.
Con los conflictos peninsulares de la Edad Moderna, el nuevo amurallamiento, que une aportaciones holandeses y propiamente de las escuelas portuguesas de ingenieros militares, adquirirá esa monumentalidad que hoy contemplamos. No solo la Guerra de Restauração (1640-1668) ya mencionada, sino la de Sucesión a la Corona española (1701-1714), la Guerra de las Naranjas (1801) y las Guerras de la Invasión Napoleónica (1808-1814), llevarán a un continuo perfeccionamiento y reforzamiento de lienzos, baluartes, medios baluartes, obra coronada, revellines, fosos, glacis, defensas exteriores… que forman ese impresionante conjunto monumental que afortunadamente hoy se puede contemplar.
Pero esta actividad bélica generó también una actividad constructiva interior extraordinaria ligada a las necesidades militares. Cuarteles de alojamiento de tropa, caballerizas, polvorines, almacenes de intendencia, cisternas, hospitales… serán construidos a lo largo de los siglos XVIII y XIX para dar servicio a una guarnición que en muchas ocasiones doblaba en número a la población civil, llegando a estar compuesta de más de 15.000 efectivos. De ello queda un importante legado, que casi nos ha llegado íntegro, y del que destacan el actual Museu Militar, antiguo cuartel que ocupó el Convento de Santo Domingos; el Quartel do Trem, hoy Escuela Superior Agraria; la Casa das Barcas, ahora Mercado Municipal, o el Hospital Militar, en la actualidad hotel de cuatro estrellas.
Patrimonio religioso.
A este patrimonio militar hay que unirle un extraordinario legado artístico monumental religioso, con sus veinte iglesias y seis conventos, que tiene sus hitos fundamentales en:
La Iglesia de Santa María de Alcáçova, templo construido en el siglo XIII a partir de una antigua mezquita musulmana, por debajo del castillo.
La Iglesia das Domínicas, junto a la primera cerca islámica, obra del siglo XVI, de planta octogonal, completamente revestida de azulejos del siglo XVII, frescos renacentistas y talla dorada.
La Iglesia de São Pedro, de 1227, edificada sobre parte de la segunda cerca musulmana, con portal románico-gótico muy singular y poco frecuente en el sur de la Península.
La Iglesia del convento de Santo Domingos, en el borde interior de la muralla fernandina, con fachada barroca, valiosas tablas de la escuela portuguesa del siglo XVI  y azulejería del XVIII; cabecera de gótico purísimo y excelente traza.
La Iglesia de Nostra Senhora da Assunção, ubicada “presidiendo” la Praça da República (antigua Praça Real, construida a partir de 1517). Iniciada ese año -en estilo manuelino- por Francisco de Arruda, sería Sé entre 1570 y 1881. Posee extraordinarios altares barrocos de mármol y portentoso órgano del siglo XVIII.
Otras más, como la Iglesia de S. Salvador, S. Juan de la Corujeira, la de la Orden Terceira de S. Francisco, la de S. Lourenço, S. Martinho, Misericordia, etc. completa el patrimonio, sobre el que se ha hecho en los últimos años un gran esfuerzo de rehabilitación.
Otros elementos.
Con ello no acaba el rico patrimonio de esta histórica ciudad rayana, marcada por los acontecimientos fronterizos, y a la postre enriquecida por ellos, como legado de ese pasado convulso.
Y así, cuenta con una Picota (Pelourinho) manuelina. Situada en la plazoleta de Santa Clara, delante de la Iglesia de las Domínicas y al lado de la Porta do Templo, del periodo almohade.
Cuatro arcos en sus cercas medievales: Miradero, de Nostra Senhora da Encarnação, del Reloj y del Obispo.
Espléndida Torre Fernandina, construida en el siglo XIV sobre la segunda cerca islámica, musealizada.
Enorme sinagoga, con tres naves, cuatro tramos y cobertura soportada por pilares octogonales, que pasó después a ser la Iglesia del Salvador y posteriormente Açougue Público, manteniéndola ahora la Câmara Municipal como almacén, que habría de poner en su valor original.
Interesante Cementerio de los Ingleses, al lado del mirador del castillo medieval, donde yacen militares ingleses caídos en las batallas contra la invasión napoleónica.
Un portentoso Coliseo, pabellón multiusos para 6.500 lugares sentados, donde se celebran acontecimientos multitudinarios, desde “touradas” a actuaciones musicales y pista de hielo. Una bien dotada Biblioteca Pública, abierta a múltiples actos culturales. Museo Municipal de Fotografía. Museo de Arte Contemporáneo. Diversas pistas de atletismo y campos de fútbol. Fuentes urbanas ornamentales. Espaciosos jardines. Santuarios exteriores… Sin olvidar su oferta comercial y gastronómica, que siempre han sido un reclamo importante en su entorno y para los españoles de la vecina Extremadura.
En fin, todo un tesoro multiforme que convierte a esta ciudad, justamente llamada “Chave do Reino” durante la Guerra de Restauração, en “Cofre de tesoros monumentales” que todos debemos descubrir.

jueves, 15 de noviembre de 2012


ELVAS DESDE EL AIRE
Por Moisés Cayetano Rosado
Elvas es una ciudad hermosa. Blanca; derramada desde lo alto de un cerro de mediano tamaño hasta un ligero valle que ve llegar la falda de otros montículos, formando como un papel de aluminio blanco y verde que se arruga suavemente. El verde de los campos que le rodean, de los glacis de su formidable fortaleza que la hizo invencible en todas la convulsa Edad Moderna y el siglo XIX. Y el azul de sus cielos que en el otoño completa la visión como una bandera muy particular: franja celeste al norte; verdosa hacia los lados y abajo; blanco de coronas rojas en el centro, bordeado por el granito y la caliza -pardo- de los cinturones de amurallamiento.
Vista desde  al nivel del suelo, es desde fuera una sorpresa conforme uno se acerca: de los glacis de tierra se llega a la contraescarpa, que se precipita en unos fosos portentosos. Y allí los caminos cubiertos, revellines, mediaslunas, las escarpas de cortinas, baluartes, dobles puertas… Por dentro el callejero laberíntico, los restos de las murallas fernandina y árabe; el castillo portentoso en la cima, tras ver antes iglesias, conventos, edificaciones militares, plazas, plazuelas… de una belleza que sorprende. Y sorprende por su propia concepción y por la meritoria conservación, preservación, autenticidad e integridad de tantos bienes que en numerosas poblaciones hemos visto esfumados a manos de la especulación, arrasados sin contemplaciones.
Pero si tenemos la oportunidad de ver todo este patrimonio, serenamente, despacio, a media altura, como ocurre cuando se hace desde un “balão de ar quente”, desde un globo aerostático, entonces la belleza del conjunto y lo asombroso de cada detalle cobran un valor que supera todas las previsiones.
Es desde el aire como se ve enteramente la grandeza del conjunto. Lo espectacular de una conjugación tan acertada de urbanismo popular (el caserío antiguo) con las nuevas trazas periurbanas que en modo alguno desentonan, pese a inevitables descuidos tan difíciles de prever. Los “cosidos” de la historia, por medio de murallas, torreones, delimitando en arcos de circunferencia espacios de las laderas a medida que va creciendo el número de habitantes. Los hitos memorables de plazas, plazoletas, palacetes, iglesias y cuarteles; la cintura definitiva de la muralla abaluartada con sus glacis tan afortunadamente preservados.
 Desde el aire, el acueducto, los fuertes, los fortines, son de por sí todo un espectáculo, hacia los que apuntan las flechas de los baluartes agudos de la “praça”. Y alrededor, el campo verde y alomado, los barrios periféricos, la arboleda, las huertas que milagrosamente sobreviven en una tierra que tuvo en ellas señal de identidad, pero que muchas poblaciones de estas comarcas rayanas han perdido.

Elvas, desde el aire, reafirma lo acertado de la distinción de la UNESCO al declararla Patrimonio de la Humanidad el pasado 30 de junio: es un legado ejemplar; testimonio excepcional de una civilización convulsa, conflictiva, llena de enfrentamientos en las luchas territoriales y de religión de la Edad Media, así como confrontaciones por anexiones, liberaciones y alianzas de la Edad Moderna. Un ejemplo sobresaliente como conjunto arquitectónico que ilustra esas etapas significativas de la historia europea. Una obra maestra del genio creativo humano, capaz de concebir y levantar tan gigantescas defensas, preservarlas en su autenticidad y legarlas en su integridad.
Una gran mayoría podemos acudir un día u otro día -y repetir- al reclamo de Elvas para un disfrute a pie, en un largo paseo que a mí nunca me cansa. Pero saborearla desde el aire puede que sean muy pocos los que consigan tener semejante oportunidad, tal privilegio. ¡Ojalá! que la experiencia sirva para que se institucionalice y sea convocatoria frecuente -al menos semestral, en las estaciones intermedias-, este Festival de “balões de ar quente”. Muchos pagaríamos con gusto por tener, repetir la experiencia. Y sería un reclamo cultural y turístico para la ciudad y la zona, que unir a sus propios atractivos y a esa distinción mundial obtenida con toda justicia por la ciudad.